La habitación de al lado (Compartir piso con mi hermana universitaria)

Personalmente me ha faltado el trio con la novia y la hermana. Por lo demás un relato que engancha, muy morboso y que nos ha entretenido muchísimo. Gracias compartirlo.
Hombre….. algo se tendrá que quedar para la tercera parte……
 
Necesitamos el mismo relato pero en la cabeza de paula
Sí, la verdad es que eso sería interesante y no estaría mal. El relato, desde su perspectiva, de como va evolucionando en su relación con su hermano, David, desde no dejarle ni permitirle hacer prácticamente nada, hasta que acaban follando y como se acaba sintiendo.
 
El relato es impresionante, super bien descrito, con un hilo de frases que no te permite parar de leer, puro arte de escritor.. En mi opinion la historia debe quedarse en todo menos en la penetracion.. porque si no, la personalidad de Paula se nos cae.. yo espero que no llegue...por muchas ganas que tengan los dos.. es no pasar la frontera... es mejor asi.
 
El relato es impresionante, super bien descrito, con un hilo de frases que no te permite parar de leer, puro arte de escritor.. En mi opinion la historia debe quedarse en todo menos en la penetracion.. porque si no, la personalidad de Paula se nos cae.. yo espero que no llegue...por muchas ganas que tengan los dos.. es no pasar la frontera... es mejor asi.
Sí, bueno, pero creo que puede haber formas de contarlo, incluso con penetración, sin que la personalidad tenga por qué resentirse. Y lo digo con conocimiento de causa porque yo también soy escritor y guionista. Seguro que David sabe como hacerlo para no bajar el nivel, en caso de que haya penetración, que me da que acabará siendo así.
 

47​




No tuvo tiempo de negarse. Tampoco lo hubiera hecho.

Al borde del orgasmo, Paulo dejó que mi lengua rozara su clítoris y, al primer contacto, su cadera se tensó, acercándose a mí.

―¡¡Aaaaah, joder, David, aaaaah!!

Su pequeño botoncito estaba hinchado y sensible, y preferí no acariciar más esa zona para que Paula no se corriera de inmediato. Quería degustar su coño, saborearlo y, al mirar hacia arriba, me la encontré impaciente, sobándose ella misma las tetas y recogiendo los últimos restos de mi semen, para después meterse los dedos en la boca.

Los chupaba con ganas, dejándolos bien limpios, y gemía de manera apresurada, y de repente, me miró fijamente, apartándose el pelo que se le había quedado pegado en la frente por el sudor.

―¡Vamos! ¿A qué esperas? ¡¡¡Uffff, ya no puedo másss!!!

Mi lengua recorrió sus labios vaginales y luego la hundí en su interior, dejando que todos sus jugos se depositaran en ella. La penetré lo más profundo que pude, degustando ese fantástico sabor que se me quedó en las papilas gustativas.

Pensé que el coño de pija de Paula estaría más dulce, una niña de papá no podía desprender esa fragancia, y eso no me lo esperaba, en absoluto, ya que me encontré con un sabor muy fuerte. A sexo. Ese coño olía a puta, pero estaba delicioso, y mi hermana me lo restregaba por la cara impaciente, hasta que bajó las dos manos y las entrelazó entre mi pelo, aplastándome el rostro contra su entrepierna.

―¡¡¡Sííí, sííí, cómemelo, hermanito, aaaah, aaaah, cómemelo, cabrón!!!

A pesar de que lo hacía despacio y con mucha suavidad, yo sabía que su orgasmo se podía precipitar en cualquier momento y Paula se abrió todavía más de piernas, ofreciéndome ese manjar que, cada vez, emanaba más humedad.

Se había formado un pequeño charco debajo de ella y, al sacar la cadera hacia delante, observé su estrecho ano rosado delante de mí. Fue demasiado tentador y pasé la lengua por su ojete, cosa que pareció enloquecer todavía más a mi hermana.

―¡¡Aaaah, sííí, sííí, David, mmmm, qué bueno, qué bueno!!

Pero Paula ya no estaba para esas caricias. Ella quería correrse. Restregarme el coño por toda la cara y aplastarme la boca contra su cuerpo.

―¡¡Aaaah, aaaah, deja eso, hermanito, y cómemelo!! ¡¡Vamos, sigueeee, mmmm, estoy a punto, aaaaah!! ―jadeó, ofreciéndome el clítoris para que se lo lamiera.

Y en ese momento, Paula perdió el control de la situación y yo me hice el dueño y señor.

Ya no tenía que pedirle permiso para nada, mi hermana solo era una zorrita deseando correrse y yo ya podía hacer con ella lo que me diera la gana. Primero le clavé un dedo en el culo y lo moví despacio, haciendo círculos hasta llegar al final. Eso desesperó todavía más a Paula y volvió a suplicarme que se lo chupara, cuando un torrente de jugos se le escapó de su interior.

Estaba a mi merced y comencé a follarme su ano con mi dedo.

―¡¡Aaaah, aaaah, para, cabrón, aaaaah, aaaaah, para, para, aaaaah, saca ese puto dedo o vas a hacer que me corra así, aaaaah!! ―me advirtió Paula, pellizcándose los pezones.

Le solté un lametazo entre sus labios vaginales y tensó otra vez la cadera.

―¡¡¡Eso es, sííííí, más, mássss, mássss!!! ¡¡Ahora no te pares, David, aaaaah, no seas cabrón!!

―¿Quieres que te saque el dedo del culo?

―¡¡Aaaaah, me da igual, déjalo si quieres, pero sigue con la lengua, no pares con la puta lengua, aaaaah!!

Y continué un poquito más, follándome su estrecho culito con el dedo mientras rodeaba su clítoris con mis labios y lo percutía con la lengua, alternando además unos buenos lametazos de arriba a abajo.

Paula no podía más, mecía sus caderas desesperada y sus gemidos pasaron a ser pequeños grititos. Al mirar hacia ella, me la encontré aplastando los dedos en sus pechos y entonces me di cuenta de que ya estaba a punto de correrse.

De repente, retiré mi dedo de su culo y me incorporé, quedándome de pie frente a ella. Los dos completamente desnudos, me puse de puntillas porque no llegaba bien, me agarré la polla y le solté un azote en el coño antes de dejarla allí apoyada.

Paula miró horrorizada hacia abajo y me soltó un puñetazo en el pecho.

―¡Qué haces, idiota! ¡Joderrrrr, estaba a punto de correrme! ¡¡¡AAAAAHH!!! ―gimió al sentir mi polla restregándose en su coño―. ¿¡Pero, qué estás haciendo!? ¡¡¡AAAAH, AAAAH!!!

Moví la cadera hacia delante y todo mi tronco se deslizó entre sus labios vaginales, hasta que mis huevos chocaron con su cuerpo. Hundí la boca en su cuello y chupé con fuerza, devorando esa zona tan sensible mientras le acariciaba con ganas los pechos.

Parecía que estábamos follando.

―¡¡¡AAAAAH, AAAAAH, AAAAAH!!! ―gimió más alto mi hermana, acompasando mis movimientos delante y atrás, y al abandonar su cuello, apoyé la frente con la suya y nos quedamos así.

Mirándonos a los ojos. Jadeándonos en la cara.

―¡Haz que me corra, por favor! ¡Vamos, enano, haz que me corra!

Y agarré su cuello y tiré de Paula hacia mí, buscando sus labios. Saqué la lengua y ella permitió que la metiera en su boca, fundiéndonos en un morreo caliente y desesperado. ¡¡Por fin!! Acababa de vencer la penúltima resistencia de mi hermana, y ella me apartó el pelo del flequillo y se me quedó mirando.

―¡Qué guapo eres, hermanito! ―dijo antes de volver a lanzarse contra mí.

Esta vez, fue ella la que me buscó.

Nuestras lenguas se mezclaron y nos lamimos los labios, mordiéndonos, besándonos de manera rabiosa mientras yo mecía mi trasero, frotando mi polla cada vez más rápido contra su coño.

―¡¡¡Aaaaah, joder, no puedo másssss, aaaaah, no puedo mássss!!! ―jadeó Paula al borde de la locura.

Entonces se apartó de mí y apoyó las manos hacia atrás, separando nuestras caras. Con la cadera adelantada, observó cómo mi erecta polla no dejaba de mecerse entre sus labios vaginales y, de repente, me miró asustada.

Pude ver el verdadero terror en sus ojos.

―¡No podemos hacer esto, David! ―susurró con la voz entrecortada.

Yo solo podía contemplar su cuerpo, los restos de mi semen reseco por sus pechos, por su abdomen, el pelo sudado, sus tetazas hinchadas, los coloretes encendidos y esa respiración cada vez más agitada.

―Ya lo sé, hermanita, no podemos hacerlo ―dije sin detener mi lento vaivén.

―Deja de hacer eso, por favor, mmmmmm…, aaaah, aaaaah… Apártate…

Me agarré la polla y le di un par de golpecitos. Aquel coño abierto chapoteó al recibir esos azotes y, de puntillas como estaba, avancé un paso más, situando mi glande justo en su empapada entrada.

―¡¡¡Aaaaaah, David, noooo, noooo, aaaaah!!! ¡¡No lo hagasss, aaaaah!!

―¡¡No podemos follar, Paula, somos hermanos!! ―le solté, inclinándome sobre ella y besando su boca con varios picos suaves y cortos―. ¡Eso sería incesto!

Ella me correspondió los besos, ya no podía sacar más las caderas hacia delante o se caería de la encimera. Se restregaba contra mí sin parar de gemir y bajó la mano, atrapando mi polla, para volver a dejarla extendida sobre sus labios vaginales.

―No podemos, David, aaaaah… Lo siento… ―susurró Paula, aplastándome el tronco con la palma de la mano contra su entrepierna, sin dejar de moverse.

―¿Y si solo te la meto un poquito? Déjame, por favor, solo un poquito…

―No, David, aaaah… Tú mismo lo has dicho antes, no podemos seguir más, aaaaah, sino sería incesto…

―Ya lo sé, es algo prohibido, está mal… ¡Muy mal! Pero solo sería un poco, por probar lo que se siente…

―Aaaaah, David, méteme los dedos, por favor, juega conmigo, ¡hazme lo que quieras! Pero solo con los dedos… ¡Haz que me corra!

Y me agarré la polla y después acerqué mis dedos a su coño. Le colé tres hasta el fondo, dejando mi hinchado glande prácticamente a la entrada y comencé a moverme, follándomela con los dedos, pero con ese vaivén, conseguí que poco a poco mi polla se fuera introduciendo casi sin querer. Y cuando nos quisimos dar cuenta, ya casi tenía un par de centímetros dentro de Paula.

―¡Nooo, aaaah! ¡David, nooooo, aaaah…! ¡No hagas eso!, mmmmm… ¡Solo con los dedos, por favor!

Pero yo los retiré de su interior y después nos quedamos parados. Paula miró hacia abajo y vio que mi capullo había desaparecido, entonces se echó hacia delante y negó con la cabeza.

―¡¡Aaaaah!! ¿Qué estás haciendo? ¡¡¡Aaaaah!!! ―jadeó buscando mi boca para morrearse conmigo, momento que yo aproveché para dar un pequeño golpe de cadera y seguir adentrándome en ella.

Notaba el calor de su coño envolviéndome por completo y cuando nos quisimos dar cuenta, nuestros cuerpos ya habían chocado.

¡Tenía toda la polla dentro de mi hermana!

Y luego nos miramos y yo sonreí. Paula apoyó las manos en mi pecho y echó más si cabe la cadera hacia delante.

―¿¡Me la has metido!? ―preguntó como si todavía no se lo creyera.

―Sí, estoy dentro de ti, Paula…

―¡Ufffff, joderrrr…!

Muy despacio me fui saliendo de ella, y cuando estaba a punto de hacerlo, le solté otra embestida, esta vez, un poco más rápida, chocando otra vez contra su pubis. Y después otra más.

―Aaaaah, aaaaah… ¿qué estás haciendo? Mmmmm… ―me preguntó Paula.

―Gracias por haberme dejado… Era lo que quería… ―y la retiré muy despacio, dejándola otra vez extendida en su coño.

―¡Espera, espera!

―¿Qué…?

Y al mirarla a los ojos, supe lo que iba a decir. Si no lo hubiera hecho, me la habría follado igual, por supuesto que solo se la había sacado para hacérselo desear más, pero yo quería que ella me lo pidiera.

―¡Aaahhhggg, joderrr! ¡Vale, si quieres, vuélvela a meter un poquito! ―susurró muy bajo, como si se arrepintiera casi al momento de las palabras que acababan de salir de su boca.

―¿Estás segura, Paula?

―Sí, hazlo igual que antes…

―¿Es que te ha gustado tenerme dentro de ti?

―Aaaaaah, sí, me ha encantado… ¡Venga, solo un poco más…!

―Pero me acabas de decir que eso era inces…

―Ya lo sé, pero me da igual, ¡es que ya puedo resistirlo más! ―y ella misma situó mi capullo justo en su entrada―. ¡Vamos, empuja! ¡¡Métemela!! ―me ordenó cogiéndome los dos glúteos con sus manos y tirando hacia ella.

Y ese fue el gran momento en el que mi polla se fue deslizando en el interior de Paula con su permiso, y yo seguí avanzando hasta que nuestros pubis chocaron.

¡¡Otra vez estaba dentro de Paula y ahora ya no me iba a salir más!!

―¡¡¡AAAAAH, SÍÍÍÍÍ!!! ¡¡¡Qué rico, joderrrr!!!

―¿Te gusta así, despacito?

―¡¡Aaaah, síííí, síííí, aaaah, aaaah, aaaah!!

―¡Uf, qué pasada! ¿Lo sientes, hermanita? ―dije meciéndome muy despacio.

―¡Sííííí…!

―¡Mierda, Paula!

―¿Qué pasa? Mmmmm…

―Es que si sigo… ¡Ya no voy a poder parar!, ¡te voy a tener que follar! ¡¡Hasta el final!!

―¡¡Mmmm, Diossss!!

―¿Quieres que siga o paro? ―dije clavándosela hasta el fondo con un golpe de cadera rápido.

―¡¡¡AAAAAH, joder, síííí!!! ¡¡Sigueee, mmmm, sigueee, por favorrr!!

―¡Vale, Paula, mmmm, dime que te folle!

―¡¡Síííí!! ¡¡Vamos, fóllame, enano!!, es lo que querías, ¿no? ¡¡PUES FÓLLAME!!

Le solté una primera embestida seca y dura. Sus tetazas se bambolearon y Paula gritó de placer. Seguía con los dedos clavados en mi culo y yo, comencé a follármela buscando su boca para morrearme con ella. Y después nos abandonamos al mayor de los placeres.

El del INCESTO.

Agarrado a su cintura y sin dejar de penetrarla con rabia, intenté inmortalizar esa imagen en mi retina. Me volvía loco la cara de viciosa que ponía Paula mordiéndose los labios, gimiendo de manera primitiva y acompasando mis movimientos. Me hubiera gustado que aquello durara más, pero Paula ya estaba al límite.

Se corrió casi de inmediato y tuvo que soltarme el culo para abrazarse a mi cuello y morderme el hombro mientras se derretía en el mejor orgasmo de su vida.

―¡¡¡AAAAAH, AAAAAH, ME CORROOO!!! ¡¡AAAAH, AAAAH, MÁSSSS, MÁSSSS…!! ¡¡FÓLLAME, FÓLLAME, AAAAAH, SÍÍÍÍ!! ¡¡DIOSSSS, ME CORROOO, ME CORROOO, AAAAAH, AAAAAH!!

Yo pensé que después de haber eyaculado ya una vez, podría aguantar un poco más, pero esa sensación tan intensa de estar dentro de Paula, unido al calor que emanaba su coño, sus gemidos y las caricias que me brindaba, precipitaron también mi clímax.

―¡¡Paula, yo también me voy a correr, aaaaah, me voy a correr!! ¡¡Me corro, aaaaah, me corrooo!! ―le anuncié aumentando la velocidad de mis embestidas.

―¡¡Vale, sigueeee, sigueeee, aaaah, ni se te ocurra sacarla ahora!! ¡¡Aaaah, me da igual, aaaah, aaaah, córrete dentro si quieres, aaaah, córrete dentro, hermanito!! ―me pidió Paula enlazando un orgasmo tras otro.

Y yo me abandoné a mi propio placer, dejando que Paula me pasara la lengua por los labios. Acaricié uno de sus pechos, y todo mi semen fue saliendo de manera apresurada dentro de mi hermana.

―¡¡¡Aaaaah, Paula, no puedo másss, aaaah, aaaah, aaaah, qué rico, aaaaah!!!

―¡¡Sííí, sííí, eso es, córrete, aaaah, aaaah, córrete dentro de mí!! ¡Más, mássss, fóllame, fóllame!

El siguiente minuto fue casi un orgasmo conjunto, besándonos, tocándonos, derramándome dentro de ella sin parar de embestirla, y cuando terminé, todavía me quedé otros dos minutos disfrutando esa sensación y acariciando su espalda. Los dos permanecíamos en silencio. Solo se escuchaban nuestras respiraciones y yo sabía lo que venía a continuación.

El arrepentimiento de mi hermana.

―¡Joder, David! ¿Qué hemos hecho? ―dijo Paula separándose unos centímetros de mí.

Mi polla seguía dentro de ella y yo me quedé mirándola detenidamente. Mi hermana parecía otra, y en nada se parecía a la Paula elegante, con clase, seria, discreta, que tenía a todos encandilados; y es que tenía el pelo sudado y despeinado, las marcas de mis dedos en sus tetas, el semen reseco en su piel y jadeaba con intensidad, hinchando el pecho.

Retiré mi polla de su coño y un abundante reguero fue saliendo de su interior, goteando primero en la encimera y después en el suelo. Mi corrida había sido muy abundante y, a pesar de haber eyaculado ya un par de veces, la seguía teniendo muy dura, con las venas bien marcadas y completamente pringosa por todos los jugos que emanaba mi hermanita.

―¡Uf, ha sido una pasada, Paula! Anda… ¡Ven aquí! ―y ayudé a que se bajara, agarrándola por las axilas.

Nos quedamos de pie, frente a frente, y yo le di un tímido y casto pico en los labios. Luego cogí su mano y tiré de ella.

―¿Qué haces, David? ―protestó Paula.

―Vamos a tu habitación, ¡quiero volver a follarte!

Y ella dejó que la arrastrara hasta su cuarto y allí volvimos a hacerlo. En su cama. Primero la penetré en un misionero, sin dejar de comerla la boca y luego le pedí que se me pusiera encima, pues quería ver cómo se movía Paula y el bamboleo de sus tetazas delante de mi cara. Así me corrí por tercera vez y mi hermana se encargó después de volver a ponérmela dura, haciéndome una buena mamada.

Terminé la noche follándomela a cuatro patas, tirando de su pelo y haciendo que se corriera unas cuantas veces más, antes de eyacular en su boca el escaso semen que me quedaba en la reserva.

Nos dormimos juntos pasadas las ocho de la mañana, desnudos, abrazados, exhaustos y felices, después de más de tres horas de sexo intenso. Aquella noche fue inolvidable.

Una pasada.

Y así es como comenzó mi incestuosa historia con mi hermana Paula. Todavía quedaba un mes para terminar las clases y el año siguiente ya era el último de Paula en la facultad, por lo que tendríamos que compartir piso, al menos un curso más.

Los meses siguientes fueron muy interesantes, como os podéis imaginar, y aunque todo esto sucedió hace más de diez años; a día de hoy seguimos manteniendo una estrecha relación, a pesar de que ahora nos vemos muy poquito, pues vivimos en ciudades distintas, y ella está casada y yo tengo pareja estable.

Pero esa ya es otra historia…​


FIN
 
Uffff, aunque era esperado este final, le has dado una emoción y una intensidad extraordinaria. Gracias crack. Saudiños
 
Aunque lo esperaba como loco el final, siempre da pena que se acabe una historia, y una tan buena y que tanto me gusta.

Buen final, con lo que esperábamos, y olé que repitió nuestro prota.

Muchas gracias por la historia @David Lovia .

Y no recuerdo si alguien iba a juntar todo el relato en un documento o algo, por si hay que ponerse manos a la obra :)
 
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