Posaba en bragas con una confianza que hablaba más alto que cualquier gesto. Tenía esa elegancia atrevida que convierte una escena simple en algo que reclama atención sin pedirla. Su postura, medida pero natural, dejaba claro que sabía exactamente el impacto que provocaba.
Había en ella una mezcla muy precisa de sensualidad y aplomo: no buscaba escándalo, buscaba estilo… y lo conseguía con una facilidad inquietante. Cada línea, cada sombra y cada gesto parecían trabajar a su favor, creando una imagen que atrapaba la mirada por pura presencia.

