Han sido varias las ocasiones en que he encontrado conocidos en playas nudistas, pero hoy voy a contar una en concreto, la que más recuerdo que pasé vergüenza.
Fuimos con mi pareja a la playa nudista que tenemos más cerca de casa, pensando que la gente de aquí se iría a las más lejanas para no ser reconocidos. El caso es que nada más llegar y desnudarnos, ya se presentaron cuatro chicos, compañeros de trabajo de mi pareja; los conocía bastante a todos y ya me ruborizó que me vieran desnuda, con mis curvas y mis defectos, y ellos que no me quitaban ojo y me repasaron bien de arriba abajo, eso ya me avergonzó un poco.
La cosa se fue animando y continuaron hablando hasta el punto que se fueron a buscar sus parejas, toallas y sombrillas y plantarse con nosotros. La idea no me acabó de convencer, pero tuve que resignarme, pues a mi chico le pareció buena idea. ¿Qué fue lo peor? Que esos cuatro chicos se traían sus novias y parejas y las cuatro eran más jóvenes, más guapas y con cuerpos perfectos; es más, todas bien depiladitas y monas, y yo con todo el matojo que tanto le gusta a mi pareja.
Fui el hazmerreír de todas ellas, que no pararon de mirarme y burlarse disimuladamente entre risitas; me veían "rarita", porque ellas eran Barbies.
Ya ni qué contar cuando fuimos al agua; yo me moría de vergüenza en todo momento, y más cuando se tenía que correr o saltar las olas; yo era la fea del grupo y eso se notaba entre ellas.
Decidimos recoger e irnos a comer y... carai, se nos pegan a nosotros y propusieron paellita en un restaurante cercano, postre y sobremesa y, cómo no, hablar de sexo entre los tíos, fanfarroneando de lo que cada pareja había hecho o hacía, y allí fue donde les gané la batalla, cuando mi chico les presumió de lo bien que lo pasamos con el anal y lo mucho que nos gusta a los dos. Los cuatro chicos se quedaron con un palmo de narices, pues ninguno de ellos les cede ese honor y, es más, ninguno de ellos lo ha probado jamás con ninguna otra chica, así que me sentí reina por unos minutos, pero en definitiva, el día fue de vergüenza total.
Y ya después de eso, al vernos por la calle al día a día con alguno de ellos, no se podían evitar las ganas que me tenían por lo dicho ese día del sexo anal, al menos por probarlo una vez en su vida, y si podía ser conmigo, mucho mejor