¡Necesito ayuda! ¿Qué me está pasando? (No es un relato erótico)

Hot_Velvet

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Como todas las mañanas salí a pasear con mis perros. Es algo que me relaja, pasear por el cercano parque, ver cómo ellos husmean por aquí y por allí. Yo me dejo pasear, siempre he pensado que son ellos los que me sacan a mí.

Pese a que estemos en invierno, esa mañana salió el sol. Al pasar por uno de los lugares habituales observé a una mujer de pelo rubio, apoyada en un murete de piedra, mirando el móvil. Me dio la impresión de que estaba preocupada. Seguí adelante con mi paseo. Encontré un banco donde daba el sol y me senté para disfrutar del momento. Uno de los perros jugaba con una piña, es su obsesión. En cambio el otro estaba pendiente de la mujer del pelo rubio.

Este segundo perro lo rescatamos de un refugio. Siendo cachorro alguien lo compró para su hijo y según iba creciendo se dio cuenta de que no podía tenerlo. Así que como si de un objeto perdido se tratara lo llevó a un refugio para animales. Cuando yo lo encontré tenía casi siete meses. No sabía pasear con correa, pegaba constantes tirones. Había pasado toda su corta vida encerrado en casa, sin contacto con otros perros y con humanos. Pero tuve suerte, es un perro cariñoso y aunque me costó adaptarlo ahora es muy especial. Tan especial que tiene un instinto natural para acercarse a las personas que le llaman la atención.

La mujer rubia venía hacia nosotros. Llevaba una muleta y cojeaba muy evidentemente de su pierna izquierda, hasta el punto de que en ocasiones adoptaba posturas que impedían mantuviera el equilibrio sino fuera por la ayuda de la muleta. Mi perro se puso a su lado y comenzó a “hablarle”. Es un husky y tienen esa habilidad. La mujer le hizo caso y le acarició.

Mi otro perro le llevó la piña para que jugara también con él. Así iniciamos una conversación, a cierta distancia, yo sentado en el soleado banco y ella de pie. Me sentí incómodo porque quizás ella necesitara más que yo sentarse. Finalmente se sentó a mi lado. Siempre que me siento en un banco lo hago en el extremo, quizás invitando a que alguien más lo comparta. Así fue.

Comenzamos a hablar de perros, como no podía ser de otra forma. Ella también había tenido uno y lo acompañó hasta que no tuvo más remedio que sacrificarlo. Cuando me lo contaba percibí brillo en sus ojos. Solo quien ha disfrutado de la compañía perruna sabe la huella que dejan.

Me llamaron mucho la atención sus ojos marrones, grandes, redondos, muy despiertos. Estábamos los dos sentados uno al lado del otro, mirando en la misma dirección y hablando de cosas intrascendentes. De cuando en cuando girábamos la cabeza para ver al otro. Fue cuando descubrí sus ojos llorosos. Apartó la mirada y entonces me fijé en su cara. Era muy bonita. Era más joven que yo. Me gustó.

Sus manos eran delicadas. Las tenía cuidadas pero sin grandes alardes. Su forma de hablar era pausada. Me daba muy buena sensación. Se notaba que era una persona culta, educada. Hablamos de libros, de la lectura. Mientras tanto mi perro juguetón seguía llevándole la piña que ella le arrojaba sonriendo. El otro se había acurrucado a sus pies para que de cuando en cuando lo acariciara.

No se cuánto tiempo compartimos, pero la sensación era muy agradable. En la distancia aparecieron dos personas. Son mi madre y mi hermano que he quedado con ellos aquí. Llegaron a nuestro banco y me los presentó. Apenas me fijé en ellos yo solo tenía ojos para ella. Había tocado algo.

De ese encuentro han pasado dos semanas y sigo acudiendo al mismo parquea diario con la ilusión, he de confesarlo, de volver a verla. Me creía ya inmune a esa sensación. Hace más de diez años que me divorcié. Fue una buena decisión porque nuestra relación había fracasado estrepitosamente, nos habíamos distanciado como si en mundos distintos viviéramos.

Yo estaba muy desorientado. Hasta el punto de que inicié una relación con la que fuera la novia de mi hijo. Todo en secreto. Para aquel entonces mis padres habían fallecido y me dejaron dos pisos y una cuenta corriente bien nutrida. Me fui de viaje con ella por La Toscana. Era un capricho, el viaje y ella.

Poco tiempo después comprendí por qué mi hijo la había dejado. Era algo que no entendía porque era una chica preciosa e inteligente. Pero fue mi claro: “No voy a estar con una tía a la que por 10 euros todo el mundo puede verle el coño”. Es que tenía página enonlyfans. A mí también me sorprendió y me cuadraron muchas cosas.

El vacío que me dejó fue importante. Traté de llenarlo con pastillas y fue mi hijo quien se encontró el panorama. Pudieron traerme devuelta. Luego vinieron meses de tratamiento, psiquiatras, psicólogos... Las piezas volvieron a encajar, esta vez creo que con mayor precisión. Una de ella es mi actual compañera. No vivimos juntos. Cada uno en su casa y nos vemos cuando realmente nos apetece. Hemos eliminado de nuestra relación la rutina y las labores de intendencia compartidas.

Ella es artista. Una persona muy especial. La quiero un montón. Pero ahora no entiendo por qué esta atracción por la desconocida de la muleta. Me siento mal, siento que estoy traicionando a mi pareja por sentirme atraído por otra persona. Y por otro lado me gustaría volver a verla.
 
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