Ángel y Lara llevaban veinticinco años casados, una rutina asfixiante en su piso de las afueras de Madrid. Él, con sus 50 años, 1,83 metros de altura, 80 kilos de músculo endurecido por años de gimnasio casero pero suavizado por una barriguita incipiente, se sentía como un volcán dormido. Su...