luismariagranada
Miembro activo
María y Luis habían hablado sutilmente de aquella fantasía durante meses, un secreto a fuego lento que los excitaba a ambos, aunque ella no lo dijera.
La idea para ella, completamente entregada y a ciegas, en un lugar donde el deseo era tan palpable como el olor a palomitas, era el camino hasta llegar al punto culminante de sus juegos. Después de meditarlo y hablarlo, decidimos hacer realidad esa fantasía, vivir una experiencia nueva e inolvidable.
La tarde del sábado, Luis le entregó una venda de seda negra en el coche. "¿Lista, mi amor?", susurró, su voz ya cargada de anticipación. Maria asintió, su corazón latiéndole fuerte contra las costillas. Se la ató con cuidado, sumergiéndola en una oscuridad total que agudizó sus otros sentidos. El zumbido del motor, el roce de la tela de su corto vestido de cuero negro con una gran cremallera que la desnudaría en segundos, la mano cálida de Luis en su pierna.
El cine no era uno de los grandes complejos comerciales. Era un sexshop muy discreto desde donde se accedía a nuestro destino, con un cartel discreto que prometía "tardes de Cine para Adultos". El olor que los recibió nada más entrar, era una mezcla de polvo y perfumes, algo más primitivo, a sudor y a sexo. Luis la guio por el pasillo, y María podía sentir las miradas de los hombres que estaban allí, como un peso físico sobre su piel.
Nada más atravesar la cortina que separaba el sexshop de la zona de "juegos" encontramos una habitación muy pequeña con unas taquillas para guardar las pertenencias, guié a Maria hasta esa habitación, y la apoye contra la pared, su respiración se aceleraba por segundos y su cuerpo se arqueaba cada vez que besaba su cuello y acariciaba sus piernas desnudas.
Muy despacio baje la cremallera del vestido hasta la mitad, dejando ver sus preciosas tetas casi por completo, su respiración era cada vez más agitada. María estaba envuelta en un tsunami de sensaciones, semidesnuda, en un lugar desconocido, inmersa en una oscuridad casi total que le proporcionaba la venda, sabiendo que no estábamos solos en aquel sitio y su cuerpo indicaba que estaba preparada para dejarse llevar y disfrutar esa experiencia al máximo, sin culpas, sin vergüenza, sin miedos, solo entregarse y ser ella misma.
María estaba apoyada en la pared y lentamente me arrodille ante ella llevando mis manos a sus caderas por debajo del vestido, empezé a bajar lentamente las braguitas negras transparentes que llevaba hasta quitárselas por completo.
Acerqué mi boca a su entrepierna, quería ser el primero en saborear ese coño recién depilado, antes de llegar a el, ya notaba el calor y la humedad que desprendía, acercándome cada vez más empezé a lamer su abultado clítoris y a recorrer con mi lengua toda su raja mojada, dejándome toda la boca impregnada de su delicioso néctar.
Decidí que ya era hora de explorar las diferentes salas de aquel oscuro cine. Nada más salir de aquella habitación nos encontramos un largo pasillo con varios agujeros en la pared, los hombres que estaban allí, no dejaban de mirar a María mientras se masturbaban, deseosos de brindarle una tarde inolvidable.
Caminamos hasta la cabina gloryhole, despacio, por aquel pasillo rodeada de hombres desnudos que esperaban su turno para vaciarse con ella. Tomando a María de la mano, la acompañe al interior de la cabina y cerré la puerta. Allí estábamos los dos, en sitio desconocido a punto de iniciar otra experiencia inolvidable.
Dentro de la cabina, que no era muy grande, había una banqueta, un cojín y un agujero en cada una de las dos paredes. Con mucho cuidado senté a María en la banqueta y tomando sus manos, las puse apoyadas una en cada agujero.
No tardó en aparecer el primer miembro por uno de los agujeros, tocando la mano de María que se sobresaltó cuando la rozo aquella polla gruesa y dura, no tardó ni dos segundos en agarrarla fuerte y empezar a moverla de arriba a bajo. Por el otro agujero apareció otra polla, esta era más delgada y más larga, también la cogió con su mano y empezó a masturbarla, mientras lamia con su lengua el hinchado capullo de la gruesa polla
María seguía sentada en la banqueta , masturbando una polla y chupando la otra con ganas, aproveché para abrir sus piernas y volver a lamer su mojado coño como a ella le gusta.
Cada vez que pasaba mi lengua por su coño y su culo, ella movía y chupaba aquellas pollas con más intensidad, su respiración, sus movimientos y la dedicación que ponía en sus movimientos indicaba que estaba disfrutando el momento, no existía nada más, solo nosotros dos y varias personas más a las que usar como nuestros juguetes sexuales, a nuestro antojo, estaban allí simplemente para dar placer.
Mientras María se encarga de masturbar y chupar aquellas dos pollas anónimas, lentamente fuy bajando la cremallera hasta el final, abriéndose el vestido y dejando ver por completo su precioso cuerpo desnudo. Uno de los dos anónimos dió unos golpecitos en la mano de María, señal de que estaba a punto de correrse a lo que María siguió chupando aquella polla con más fuerza, quería sentir el semen caliente en sus tetas, se escuchó un gruñido fuerte que venía del otro lado de la pared, acompañado de un gran chorro de semen caliente que le bajaba por el cuello y las tetas de María, que al sentir como bajaba por su cuerpo no dudo en esparcir con su mano aquel regalo por todo su torso, lentamente, desde sus tetas hasta su entrepierna, frotando su clítoris con sus dedos impregnados de aquel semen todavía caliente.
Levanté a María de la banqueta y la puse pegada a la pared, haciendo coincidir su coño con el agujero donde estaba la polla larga y delgada, ese miembro duro y mojado por la saliva de María se retiro y apareció una mano que empezó a tocar el coño mojado de María, introduciendo dos dedos dentro de ella, mientras la polla que había brindado la lluvia de placer a María, desaparecía del agujero.
Aquel desconocido seguía jugando con los dedos dentro de ella y aproveché para quitarle por completo el vestido a María. Allí estaba, desnuda, con los ojos vendados y sintiendo como una mano desconocida se adentraba en ella.
Otra erección apareció por el agujero que había quedado libre, separe a María de la pared, y colocandola entre los dos agujeros guié su cabeza para que pudiera saborear al nuevo visitante, lo cual hizo nada más notarla en sus labios. En aquella postura, mientras María chupaba el nuevo juguete, su coño quedó justo en el agujero contrario, al momento, la polla larga que había antes, apareció de nuevo y empezó a frotarse en el coño mojado de María, con el capullo le rozaba el clítoris moviéndose de alante a atras, impregnándose de los fluidos de María, acercándose y rozando la entrada de su coño y su culo. María estaba ya muy excitada, y arqueaba se espalda para facilitar el acceso, quería sentir ese trozo de carne dentro de ella, soltó la polla que estaba chupando y puso las manos en su culo, separándolo para facilitar el acceso. Aquel desconocido, al notar el coño de María abierto, deseoso de ser penetrado, lentamente fue empujando su pene empapado en flujos dentro de ella, con movimientos cortos y continuos, adentrandose a cada movimiento un poco más dentro de María.
Luis estaba allí, al lado de María, disfrutando del espectáculo que le estaba brindando la musa de todas sus fantasías, mientras por un lado, María chupaba aquella polla, por el otro separaba cada vez más su culo para sentir esa polla más dentro de ella, y yo con una mano pellizcaba sus pezones y apretaba sus tetas resbaladizas, todavía impregnadas por el semen del primer participante, con la otra frotaba su clítoris abultado, empapado de una mezcla de fluidos. Los movimientos cada vez eran más rápidos, los gemidos se mezclaban con el olor a sexo que envolvía aquel pequeño cuarto, las embestidas de aquel extraño cada vez eran más fuertes y rápidas provocando que María soltara un chorro de placer a cada enbestida que recibía.
Me puse delante de María, apartando su cabeza del agujero y metí mi polla en su boca, que empezó a chupar con una mezcla de desinhibición, placer y sumisión a los instintos más básicos del ser humano, a cada empuje que recibía por detrás, más profundamente se introducía mi polla en su boca, al cabo de un rato, el extraño que estaba penetrando a María, retiró su polla y empezó a masturbarse muy cerca de ella, cada vez más rápido, hasta que un chorro de semen caliente salió disparado, impactando en el ano y el coño de María, correando por sus piernas, al mismo tiempo que María soltaba un fuerte chorro de placer, empapando todo el suelo de la habitación.
La incorporé justo en centro de la habitación y me abracé fuerte a ella, fundiendo nuestros cuerpos con una mezcla de sudor y fluidos. Me acerqué a su oído y le pregunté "cómo estás?" Ella contestó "bien, muy bien" con una voz suave, casi imperceptible. " Quieres que te quite la venda?" , "no, todavía no" contestó María. "Quieres que te limpie?", "no, aún no, quiero sentirme sucia y usada" , contestó ella luciendo una pícara sonrisa. "Quieres que nos vayamos o quieres seguir explorando el local?", "ya que estamos aquí, llévame a ver que hay por ahí fuera", exhaló con dificultad por la respiración entrecortada.
Tome a María de la mano, abrí la puerta de la cabina y salimos al pasillo, los dos desnudos, María era el centro de atención de todos los hombres que estaban alli, continuamos por el pasillo hasta una oscura sala, iluminada únicamente por una pantalla gigante donde emitían una película porno, la sala no era muy grande y tenía tres filas de asientos, justo debajo de la pantalla , una gran cama separaba el televisor de las sillas.
Nos dirigimos a un asiento individual en medio de una fila casi vacía. Luis la sentó y se deslizó a su lado. La película en la pantalla era una borrosa de luces y sombras para María , pero el verdadero espectáculo estaba a punto de comenzar.
"Recuerda las reglas", murmuró Luis en su oído. "No digas nada. No mires. Solo siente, se tu misma y disfruta".
María asintió, con su respiración ya entrecortada. Luis se levantó y se alejó un momento. Cuando regresó, no estaba solo. María sintió cómo el asiento a su izquierda crujía bajo un nuevo peso. Una mano, más grande y áspera que la de Luis, se posó sobre su muslo. Se sobresaltó, pero las sensaciones reemplazaron al susto. La mano subió lentamente, rozando todo el camino que la llevaría a su entrepierna . María se estremeció, sin poder contener un gemido suave.
Otra mano se apoyó en el respaldo de su silla, por encima de su hombro. Un aliento cálido y ronco rozó su cuello. "Qué rica estás", susurró una voz desconocida. Maria sintió un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal. La primera mano ya había llegado a su entrepierna, y los dedos hábiles comenzaron a masajearla.
Luis, desde su derecha, tomó su mano y la guio hacia su propia entrepierna, ya dura y ansiosa. María sintió una oleada de placer al ser el centro de atención, al ser deseada por tantos hombres a la vez. El hombre de su izquierda se inclinó y le mordisqueó el lóbulo de la oreja mientras sus dedos se deslizaban dentro de ella, encontrándola húmeda y dispuesta.
María arqueó la espalda, perdiendo toda noción del tiempo y del espacio. Solo existían las manos que la exploraban, las voces susurrantes que la excitaban y la presencia reconfortante de Luis a su lado. Entonces sintió el calor de un miembro erecto en su mano izquierda. Instintivamente, comenzó a moverlo, mientras la mano derecha seguía trabajando en la polla de Luis.
La situación era tan sucia, tan prohibida, que la excitación era casi insoportable. Se levantó ligeramente, sintiendo cómo el hombre de su izquierda tiraba de ella.
Con la ayuda de Luis, que la guió, se sentó sobre él, dejando que la llenara con un solo movimiento. María soltó un grito ahogado de placer. El hombre comenzó a moverse, lentamente al principio, luego con más fuerza, mientras Luis le besaba el cuello y le susurraba palabras sucias.
Otro hombre se acercó por el frente, y Maria sintió un nuevo miembro en su mano derecha. Estaba siendo usada, poseída, y lo amaba. Era una diosa del deseo en ese templo de lujuria, y cada hombre en la sala era un adorador más. El ritmo se aceleró, los jadeos y los gemidos llenaban el aire, mezclándose con el sonido de la película. Maria sintió el orgasmo acercarse como una ola, creciendo y creciendo hasta que la devoró por completo. Su cuerpo se convulsionó, se levantó de golpe y soltó un gran chorro que empapó por completo a aquel desconocido.
La levanté de la silla y la acompañé a la cama, tumbandola boca arriba, varias manos recorrían el cuerpo de María, sin dejar ni un centímetro de piel por tocar, ya solo quedabamos 3 hombres en la sala de cine, así que tumbe a uno de ellos y senté a María encima de el, aquella polla gruesa entró dentro de ella rápidamente y María empezó a moverse, marcando el ritmo. El otro hombre que quedaba, se puso de pie en frente de ella y metió su polla en la boca de maría, mientras yo ya estaba introduciendo mi polla en su coño, la polla de aquel desconocido que estaba dentro de ella, tan gruesa, hacia que se notará mucha presión a medida que iba entrando, María soltó un gemido de placer que eclipsó el sonido de la película, se sentía llena, dos pollas bombeando al mismo tiempo en su coño, cada vez hacia movimientos más rápidos, y su respiración se aceleraba por momentos. Saqué mi polla de su interior y me apoye sobre ella, para que no se moviera, con la polla de ese hombre dentro, empezé a rozar su culo, haciendo suaves movimientos para ir dilatandolo, hasta que poco a poco fue entrando, María se arqueaba para facilitar la entrada, queria sentir todos sus agujeros llenos. Empezamos a acelerar el ritmo, coordinando nuestros movimientos para que los empujones fueran constantes. por la excitación del momento, decidí parar y tumbar a María, ahora llegaría su regalo sorpresa, le abrí las piernas y le introduje mi miembro, ya casi estábamos a punto de corrernos todos, así que empezé a follarla con fuerza, deseaba correrme dentro de ella, inundarla con mi semen, mientras los dos hombres estaban esperando su turno. No tardé en correrme, soltando un gemido sordo, mientras mi semen caía por su culo a cada empujón que daba.
Me levanté y me puse al lado de la cabeza de María, acariciaba su pelo empapado en sudor, y mientras le daba un beso en la frente, para que sintiera mi presencia, uno de los hombres, de golpe la penetró y empezó a bombear con fuerza, María pegó un sobresalto acompañado de un gemido, mientras me apretaba fuerte las manos. Aquel hombre se inorporó y soltó un enorme chorro de semen muy caliente que llenó toda la barriga de María, empapando también su depilado coño, al mismo tiempo el otro hombre tensó todos sus músculos para regalarle también su esencia, que cayó sobre las tetas de María.
Cuando todo terminó, Maria permaneció tumbada y exhausta, con todo su cuerpo lleno de una mezcla de varios hombres. Luis la ayudó a arreglarse y le quitó la venda. La luz de la pantalla le cegó por un momento. Miró a su alrededor y vio a varios hombres sonriéndole, algunos ya abrochándose los pantalones. Se sintió poderosa, viva y más unida a Luis que nunca.
Nos levantamos, limpiamos y salimos de la sala, dejando atrás el olor a sexo y la oscuridad. En el coche, de vuelta a casa, Luis le tomó la mano. "Lo disfrutaste, mi amor?", preguntó.
Maria lo miró a los ojos, con una sonrisa pícara en los labios. "Fue la noche más excitante y loca de mi vida", respondió. "Y la próxima vez, quiero que tú tengas tú premio".
La idea para ella, completamente entregada y a ciegas, en un lugar donde el deseo era tan palpable como el olor a palomitas, era el camino hasta llegar al punto culminante de sus juegos. Después de meditarlo y hablarlo, decidimos hacer realidad esa fantasía, vivir una experiencia nueva e inolvidable.
La tarde del sábado, Luis le entregó una venda de seda negra en el coche. "¿Lista, mi amor?", susurró, su voz ya cargada de anticipación. Maria asintió, su corazón latiéndole fuerte contra las costillas. Se la ató con cuidado, sumergiéndola en una oscuridad total que agudizó sus otros sentidos. El zumbido del motor, el roce de la tela de su corto vestido de cuero negro con una gran cremallera que la desnudaría en segundos, la mano cálida de Luis en su pierna.
El cine no era uno de los grandes complejos comerciales. Era un sexshop muy discreto desde donde se accedía a nuestro destino, con un cartel discreto que prometía "tardes de Cine para Adultos". El olor que los recibió nada más entrar, era una mezcla de polvo y perfumes, algo más primitivo, a sudor y a sexo. Luis la guio por el pasillo, y María podía sentir las miradas de los hombres que estaban allí, como un peso físico sobre su piel.
Nada más atravesar la cortina que separaba el sexshop de la zona de "juegos" encontramos una habitación muy pequeña con unas taquillas para guardar las pertenencias, guié a Maria hasta esa habitación, y la apoye contra la pared, su respiración se aceleraba por segundos y su cuerpo se arqueaba cada vez que besaba su cuello y acariciaba sus piernas desnudas.
Muy despacio baje la cremallera del vestido hasta la mitad, dejando ver sus preciosas tetas casi por completo, su respiración era cada vez más agitada. María estaba envuelta en un tsunami de sensaciones, semidesnuda, en un lugar desconocido, inmersa en una oscuridad casi total que le proporcionaba la venda, sabiendo que no estábamos solos en aquel sitio y su cuerpo indicaba que estaba preparada para dejarse llevar y disfrutar esa experiencia al máximo, sin culpas, sin vergüenza, sin miedos, solo entregarse y ser ella misma.
María estaba apoyada en la pared y lentamente me arrodille ante ella llevando mis manos a sus caderas por debajo del vestido, empezé a bajar lentamente las braguitas negras transparentes que llevaba hasta quitárselas por completo.
Acerqué mi boca a su entrepierna, quería ser el primero en saborear ese coño recién depilado, antes de llegar a el, ya notaba el calor y la humedad que desprendía, acercándome cada vez más empezé a lamer su abultado clítoris y a recorrer con mi lengua toda su raja mojada, dejándome toda la boca impregnada de su delicioso néctar.
Decidí que ya era hora de explorar las diferentes salas de aquel oscuro cine. Nada más salir de aquella habitación nos encontramos un largo pasillo con varios agujeros en la pared, los hombres que estaban allí, no dejaban de mirar a María mientras se masturbaban, deseosos de brindarle una tarde inolvidable.
Caminamos hasta la cabina gloryhole, despacio, por aquel pasillo rodeada de hombres desnudos que esperaban su turno para vaciarse con ella. Tomando a María de la mano, la acompañe al interior de la cabina y cerré la puerta. Allí estábamos los dos, en sitio desconocido a punto de iniciar otra experiencia inolvidable.
Dentro de la cabina, que no era muy grande, había una banqueta, un cojín y un agujero en cada una de las dos paredes. Con mucho cuidado senté a María en la banqueta y tomando sus manos, las puse apoyadas una en cada agujero.
No tardó en aparecer el primer miembro por uno de los agujeros, tocando la mano de María que se sobresaltó cuando la rozo aquella polla gruesa y dura, no tardó ni dos segundos en agarrarla fuerte y empezar a moverla de arriba a bajo. Por el otro agujero apareció otra polla, esta era más delgada y más larga, también la cogió con su mano y empezó a masturbarla, mientras lamia con su lengua el hinchado capullo de la gruesa polla
María seguía sentada en la banqueta , masturbando una polla y chupando la otra con ganas, aproveché para abrir sus piernas y volver a lamer su mojado coño como a ella le gusta.
Cada vez que pasaba mi lengua por su coño y su culo, ella movía y chupaba aquellas pollas con más intensidad, su respiración, sus movimientos y la dedicación que ponía en sus movimientos indicaba que estaba disfrutando el momento, no existía nada más, solo nosotros dos y varias personas más a las que usar como nuestros juguetes sexuales, a nuestro antojo, estaban allí simplemente para dar placer.
Mientras María se encarga de masturbar y chupar aquellas dos pollas anónimas, lentamente fuy bajando la cremallera hasta el final, abriéndose el vestido y dejando ver por completo su precioso cuerpo desnudo. Uno de los dos anónimos dió unos golpecitos en la mano de María, señal de que estaba a punto de correrse a lo que María siguió chupando aquella polla con más fuerza, quería sentir el semen caliente en sus tetas, se escuchó un gruñido fuerte que venía del otro lado de la pared, acompañado de un gran chorro de semen caliente que le bajaba por el cuello y las tetas de María, que al sentir como bajaba por su cuerpo no dudo en esparcir con su mano aquel regalo por todo su torso, lentamente, desde sus tetas hasta su entrepierna, frotando su clítoris con sus dedos impregnados de aquel semen todavía caliente.
Levanté a María de la banqueta y la puse pegada a la pared, haciendo coincidir su coño con el agujero donde estaba la polla larga y delgada, ese miembro duro y mojado por la saliva de María se retiro y apareció una mano que empezó a tocar el coño mojado de María, introduciendo dos dedos dentro de ella, mientras la polla que había brindado la lluvia de placer a María, desaparecía del agujero.
Aquel desconocido seguía jugando con los dedos dentro de ella y aproveché para quitarle por completo el vestido a María. Allí estaba, desnuda, con los ojos vendados y sintiendo como una mano desconocida se adentraba en ella.
Otra erección apareció por el agujero que había quedado libre, separe a María de la pared, y colocandola entre los dos agujeros guié su cabeza para que pudiera saborear al nuevo visitante, lo cual hizo nada más notarla en sus labios. En aquella postura, mientras María chupaba el nuevo juguete, su coño quedó justo en el agujero contrario, al momento, la polla larga que había antes, apareció de nuevo y empezó a frotarse en el coño mojado de María, con el capullo le rozaba el clítoris moviéndose de alante a atras, impregnándose de los fluidos de María, acercándose y rozando la entrada de su coño y su culo. María estaba ya muy excitada, y arqueaba se espalda para facilitar el acceso, quería sentir ese trozo de carne dentro de ella, soltó la polla que estaba chupando y puso las manos en su culo, separándolo para facilitar el acceso. Aquel desconocido, al notar el coño de María abierto, deseoso de ser penetrado, lentamente fue empujando su pene empapado en flujos dentro de ella, con movimientos cortos y continuos, adentrandose a cada movimiento un poco más dentro de María.
Luis estaba allí, al lado de María, disfrutando del espectáculo que le estaba brindando la musa de todas sus fantasías, mientras por un lado, María chupaba aquella polla, por el otro separaba cada vez más su culo para sentir esa polla más dentro de ella, y yo con una mano pellizcaba sus pezones y apretaba sus tetas resbaladizas, todavía impregnadas por el semen del primer participante, con la otra frotaba su clítoris abultado, empapado de una mezcla de fluidos. Los movimientos cada vez eran más rápidos, los gemidos se mezclaban con el olor a sexo que envolvía aquel pequeño cuarto, las embestidas de aquel extraño cada vez eran más fuertes y rápidas provocando que María soltara un chorro de placer a cada enbestida que recibía.
Me puse delante de María, apartando su cabeza del agujero y metí mi polla en su boca, que empezó a chupar con una mezcla de desinhibición, placer y sumisión a los instintos más básicos del ser humano, a cada empuje que recibía por detrás, más profundamente se introducía mi polla en su boca, al cabo de un rato, el extraño que estaba penetrando a María, retiró su polla y empezó a masturbarse muy cerca de ella, cada vez más rápido, hasta que un chorro de semen caliente salió disparado, impactando en el ano y el coño de María, correando por sus piernas, al mismo tiempo que María soltaba un fuerte chorro de placer, empapando todo el suelo de la habitación.
La incorporé justo en centro de la habitación y me abracé fuerte a ella, fundiendo nuestros cuerpos con una mezcla de sudor y fluidos. Me acerqué a su oído y le pregunté "cómo estás?" Ella contestó "bien, muy bien" con una voz suave, casi imperceptible. " Quieres que te quite la venda?" , "no, todavía no" contestó María. "Quieres que te limpie?", "no, aún no, quiero sentirme sucia y usada" , contestó ella luciendo una pícara sonrisa. "Quieres que nos vayamos o quieres seguir explorando el local?", "ya que estamos aquí, llévame a ver que hay por ahí fuera", exhaló con dificultad por la respiración entrecortada.
Tome a María de la mano, abrí la puerta de la cabina y salimos al pasillo, los dos desnudos, María era el centro de atención de todos los hombres que estaban alli, continuamos por el pasillo hasta una oscura sala, iluminada únicamente por una pantalla gigante donde emitían una película porno, la sala no era muy grande y tenía tres filas de asientos, justo debajo de la pantalla , una gran cama separaba el televisor de las sillas.
Nos dirigimos a un asiento individual en medio de una fila casi vacía. Luis la sentó y se deslizó a su lado. La película en la pantalla era una borrosa de luces y sombras para María , pero el verdadero espectáculo estaba a punto de comenzar.
"Recuerda las reglas", murmuró Luis en su oído. "No digas nada. No mires. Solo siente, se tu misma y disfruta".
María asintió, con su respiración ya entrecortada. Luis se levantó y se alejó un momento. Cuando regresó, no estaba solo. María sintió cómo el asiento a su izquierda crujía bajo un nuevo peso. Una mano, más grande y áspera que la de Luis, se posó sobre su muslo. Se sobresaltó, pero las sensaciones reemplazaron al susto. La mano subió lentamente, rozando todo el camino que la llevaría a su entrepierna . María se estremeció, sin poder contener un gemido suave.
Otra mano se apoyó en el respaldo de su silla, por encima de su hombro. Un aliento cálido y ronco rozó su cuello. "Qué rica estás", susurró una voz desconocida. Maria sintió un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal. La primera mano ya había llegado a su entrepierna, y los dedos hábiles comenzaron a masajearla.
Luis, desde su derecha, tomó su mano y la guio hacia su propia entrepierna, ya dura y ansiosa. María sintió una oleada de placer al ser el centro de atención, al ser deseada por tantos hombres a la vez. El hombre de su izquierda se inclinó y le mordisqueó el lóbulo de la oreja mientras sus dedos se deslizaban dentro de ella, encontrándola húmeda y dispuesta.
María arqueó la espalda, perdiendo toda noción del tiempo y del espacio. Solo existían las manos que la exploraban, las voces susurrantes que la excitaban y la presencia reconfortante de Luis a su lado. Entonces sintió el calor de un miembro erecto en su mano izquierda. Instintivamente, comenzó a moverlo, mientras la mano derecha seguía trabajando en la polla de Luis.
La situación era tan sucia, tan prohibida, que la excitación era casi insoportable. Se levantó ligeramente, sintiendo cómo el hombre de su izquierda tiraba de ella.
Con la ayuda de Luis, que la guió, se sentó sobre él, dejando que la llenara con un solo movimiento. María soltó un grito ahogado de placer. El hombre comenzó a moverse, lentamente al principio, luego con más fuerza, mientras Luis le besaba el cuello y le susurraba palabras sucias.
Otro hombre se acercó por el frente, y Maria sintió un nuevo miembro en su mano derecha. Estaba siendo usada, poseída, y lo amaba. Era una diosa del deseo en ese templo de lujuria, y cada hombre en la sala era un adorador más. El ritmo se aceleró, los jadeos y los gemidos llenaban el aire, mezclándose con el sonido de la película. Maria sintió el orgasmo acercarse como una ola, creciendo y creciendo hasta que la devoró por completo. Su cuerpo se convulsionó, se levantó de golpe y soltó un gran chorro que empapó por completo a aquel desconocido.
La levanté de la silla y la acompañé a la cama, tumbandola boca arriba, varias manos recorrían el cuerpo de María, sin dejar ni un centímetro de piel por tocar, ya solo quedabamos 3 hombres en la sala de cine, así que tumbe a uno de ellos y senté a María encima de el, aquella polla gruesa entró dentro de ella rápidamente y María empezó a moverse, marcando el ritmo. El otro hombre que quedaba, se puso de pie en frente de ella y metió su polla en la boca de maría, mientras yo ya estaba introduciendo mi polla en su coño, la polla de aquel desconocido que estaba dentro de ella, tan gruesa, hacia que se notará mucha presión a medida que iba entrando, María soltó un gemido de placer que eclipsó el sonido de la película, se sentía llena, dos pollas bombeando al mismo tiempo en su coño, cada vez hacia movimientos más rápidos, y su respiración se aceleraba por momentos. Saqué mi polla de su interior y me apoye sobre ella, para que no se moviera, con la polla de ese hombre dentro, empezé a rozar su culo, haciendo suaves movimientos para ir dilatandolo, hasta que poco a poco fue entrando, María se arqueaba para facilitar la entrada, queria sentir todos sus agujeros llenos. Empezamos a acelerar el ritmo, coordinando nuestros movimientos para que los empujones fueran constantes. por la excitación del momento, decidí parar y tumbar a María, ahora llegaría su regalo sorpresa, le abrí las piernas y le introduje mi miembro, ya casi estábamos a punto de corrernos todos, así que empezé a follarla con fuerza, deseaba correrme dentro de ella, inundarla con mi semen, mientras los dos hombres estaban esperando su turno. No tardé en correrme, soltando un gemido sordo, mientras mi semen caía por su culo a cada empujón que daba.
Me levanté y me puse al lado de la cabeza de María, acariciaba su pelo empapado en sudor, y mientras le daba un beso en la frente, para que sintiera mi presencia, uno de los hombres, de golpe la penetró y empezó a bombear con fuerza, María pegó un sobresalto acompañado de un gemido, mientras me apretaba fuerte las manos. Aquel hombre se inorporó y soltó un enorme chorro de semen muy caliente que llenó toda la barriga de María, empapando también su depilado coño, al mismo tiempo el otro hombre tensó todos sus músculos para regalarle también su esencia, que cayó sobre las tetas de María.
Cuando todo terminó, Maria permaneció tumbada y exhausta, con todo su cuerpo lleno de una mezcla de varios hombres. Luis la ayudó a arreglarse y le quitó la venda. La luz de la pantalla le cegó por un momento. Miró a su alrededor y vio a varios hombres sonriéndole, algunos ya abrochándose los pantalones. Se sintió poderosa, viva y más unida a Luis que nunca.
Nos levantamos, limpiamos y salimos de la sala, dejando atrás el olor a sexo y la oscuridad. En el coche, de vuelta a casa, Luis le tomó la mano. "Lo disfrutaste, mi amor?", preguntó.
Maria lo miró a los ojos, con una sonrisa pícara en los labios. "Fue la noche más excitante y loca de mi vida", respondió. "Y la próxima vez, quiero que tú tengas tú premio".