Coitus interruptus

ikarusulu

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Hay un par de categorías en las podía haber sido incluido, humor o relatos cortos. Pero al fin y al cabo son dos chicos intentado tener sexo.



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Me metí en las duchas a quitarme el cloro del agua de la piscina. Solo había otro chico que parecía acababa de entrar pues en ese momento se estaba quitando el bañador.


Es una sala de esas con los caños y los mandos saliendo de la pared y un canalón en el suelo. Pero allí estábamos solos.


No me había fijado en él. Hasta ese momento aunque tuvimos que cruzarnos nadando o secándonos en el borde. Lo primero que vi es que tiene un buen cuerpo, un buen rabo y una cara interesante. Era curioso que con la edad que parecía tener, similar a la mía, estaba completamente depilado, como yo.


Al principio empecé pelándome los huevos, un poco por morbo. Luego fui quitándome cada vez más pelo del cuerpo hasta que del cuello para abajo no me quedaba ni un vello. Justo como ese tío cuarentón que estaba viendo completamente desnudo empezando a ponerse champú.


Tenía los ojos cerrados por culpa de la espuma así que no me veía. Era yo el que podía mirarle con toda impunidad. Y para que negarlo, en ese momento me recreé en las vistas.


Deslizaba las manos con el gel de ducha por su cuerpo lentamente casi de una manera lasciva. El agua caliente resbalaba por su piel y yo no perdía detalle. Llegó a su polla para limpiarla pero no sé en qué estaría pensando que la tenía más que medio morcillona.


Al fin se dio cuenta de que le miraba y no se ofendió en absoluto, incluso se esmeró en el espectáculo sonriendo. Durante unos momentos recorrió mi cuerpo con su mirada. Supongo que a juzgar por todo lo que pasó después le gustaba lo que estaba viendo.


Aún estábamos en silencio pero sin dejar de mirarnos. A los ojos. Ya era pura provocación. Estando desnudos del todo eso era muy fácil.


Por supuesto yo también acariciaba mi cuerpo con el gel de baño. Hacía espuma y la extendía por mi piel. Lento y sensual. Podía entrar alguien e interrumpir el momento, mágico por otra parte, pero no hacíamos nada, todavía. Solo nos duchábamos y nos mirábamos. Ahora sí con expresiones de lujuria en nuestros rostros.


Empezó a acariciarse el culo. También había que lavarlo, sobre todo si pensaba usarlo. Se giró y vi como se abría las nalgas con sus manos y pasar los dedos por toda la raja.


Se puso en cuclillas y empezó a meterse un dedo en el ano. Lo quería bien limpio y yo también. Ver eso terminó de ponerme la polla como el bauprés de un velero. Apuntaba directamente hacia su cara.


Procurábamos provocarnos, acariciando nuestras pieles con pura lascivia. No recuerdo quién dio el primer paso hacia el otro. Pero poco a poco nos fuimos acercando. Tengo clavado en la mente el momento en que estiró la mano y rozó mi pezón. En el que llevo un pircing, un pequeño aro de oro.


- Me gusta ese anillo que llevas ahí.


- Para eso me lo puse. Es excitante y morboso.


- Ya lo creo. ¿puedo?.


- Claro.


Lo pellizcó con suavidad excitándome todavía más. Sé me escapó un jadeo involuntario. Buena señal, pareció que le animaba. Se acercó más a mí. Entonces pude poner una mano en su pecho y acariciarlo.


- ¿Yo también puedo?.


- No te prives.


Sus pezones estaban tan duros como se habían puesto las dos pollas con ese juego de provocación. Nuestros rostros estaban tan cerca que el beso ya fue inevitable. Fui yo quién deslizó la lengua por sus labios. Pero pronto respondió con la suya buscando la saliva en mi boca.


Uní los dos rabos que apuntaban al techo en mi mano derecha y empecé a pajearlos juntos, frotándolos entre sí. El beso se hizo más guarro, más lascivo, más profundo. Dejando caer saliva sobre nuestros torsos.


- Si sigues así me voy a correr. Me has puesto muy cachondo. Te quiero comer la polla un rato.


- No creas que voy a aguantar mucho más. Yo también estoy muy caliente.


Pero no me dió más opción. Empezó a bajar lamiendo mi cuello, chupando mis pezones, que para sentirlos así me puse el pircing. Estuvo un rato con eso. parece que le había gustado por que jugó un buen rato con la lengua con el aro. Pero no había soltado mi polla y me acariciaba los testículos a la vez. Un chico multitarea.


Pensaba que como entre alguien más o nos monta un escándalo o se une. Pero ese día no había mucha gente en la piscina. Siguió hasta arrodillarse a mis pies buscando mi polla, no sin antes pasar por el vientre y meter la húmeda en mi ombligo.


Era tan morboso como yo. Me hacía justo lo que me gusta y lo que yo le suelo hacer a mis amantes. Se entretuvo lamiendo los testículos pajeándome suave con la mano. Mientras la otra la deslizaba entre los muslos para meter un dedo en mi ano y jugar con él. Estábamos bien limpios los dos no había problema.


Como estaba arrodillado no podía alcanzar más que su cabeza y hombros para acariciarlo. Pero quería que fuera a su ritmo. Se metió el glande en la boca apretándolo contra el paladar y lo acariciaba con la lengua. Yo no podía más que jadear y suspirar a punto de tener un orgasmo fenomenal con esa mamada.


Aún no sé si eso fue un error o lo mejor que pude hacer. Porque empezamos a oír ruidos fuertes en el vestuario. Ruidos mucho más fuertes de lo necesario para alguien que se está cambiando. Acojonados dejamos tan placentera faena para secarmos a toda prisa.


A posteriori me he dado cuenta de que lo hizo adrede y que esa persona se fue hacía la puerta de la charca. Pues cuando salimos de las duchas no había nadie en el vestuario. Pero en ese momento nos vestimos a toda prisa casi sin dirigirnos la palabra.


No conseguí su número, ni he vuelto a coincidir con él. Lo que es una verdadera lástima pues devoró hubiera sido un buen folla amigo. Y encima tuve que acabar yo solito en casa haciéndome una paja.






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