maduradivorciada
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- 18 Dic 2025
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Trabajaba en una entidad financiera y con 55 años recién cumplidos me dijeron que podía irme a casa prácticamente ingresando lo mismo en mi cuenta. Corría 2015 y hacía un par de años que me había divorciado y aunque sexualmente siempre he sido muy activa lo cierto era que para evitar habladurías llevaba bastante tiempo (prácticamente no había probado polla desde mi divorcio) en el "dique seco". Como digo soy bastante activa y me resultaba bastante gratificante satisfacerme a mi misma y sinceramente, tampoco echaba mucho en falta los polvos con mi ex aunque el muy cabrón había intentado en varias ocasiones tener sexo conmigo después de divorciarnos . En el último año había comenzado a navegar por webs porno y de contactos y... desde luego sin intención alguna de relacionarme personalmente con desconocidos si había llegado algo lejos. Tan lejos como aceptar conexiones a través de chats y masturbarme mirando como a su vez un hombre se pajeaba oyéndome gemir mientras miraba alguna foto subida de tono (y con el rostro tapado) que le había enviado previamente.
En noviembre de 2016 recién cumplidos 56 años acepté, vestida, mostrarme para una pareja de Barcelona con los que llevaba chateando algunas semanas. Ana y Luis, un matrimonio un año más joven que yo y que se mostraban abiertamente para mi; no pedían que correspondiera de la misma forma, ya les había visto intimar en tres ocasiones y me había masturbado mirándoles tener sexo oral y follar. Luis era normal físicamente, una buena polla pero ni guapo ni feo, normal. Ana era muy alta, delgada pero con unas nalgas bien hechas y unos pechos grandes, ligeramente caídos por la edad y el tamaño pero que me excitaba verlos bailar con los empujones de Luis, algo que llamó mi atención desde el primer momento que la vi desnuda era su imponente mata de vello púbico que a decir de Luis era lo que más excitaba a los hombres que la habían tenido. Estaba claro que en todo seguía las instrucciones de él y lo que me atraía más de ella era su cara angulosa con labios carnosos y una mirada sensual que parecía pedir sexo continuamente. Tenía cara de viciosa, y sin hacer mohínes o gestitos imitando a actrices porno resultaba para mí excitante mirarla, y si esto fuera poco contribuía a alimentar mis fantasías las continuas frases y expresiones de Luis diciendo que su objetivo era pervertirla, pervertir a su esposa hasta el punto de hacer de ella (eran sus propias palabras) una puta capaz no solo de satisfacer a todos los hombres sino de disfrutar con ello y sentirse plenamente feliz. Como he dicho les vi tener sexo y me excité cada vez que conectábamos escuchando las frases de Luis hacia su mujer y que en cuanto me mostré receptiva también me dirigía a mi. Las últimas semanas recibía todos los días la invitación para visitarlos y, puesto que disponía de tiempo, a permanecer con ellos hasta que fuera también pervertida y disfrutar de mi nueva vida.
Viajé en tren y fueron a esperarme a la estación de Sants, tras pensarlo detenidamente acepté quedarme en su casa en lugar de reservar un hotel. Si ocurría algo raro siempre quedaba el recurso de decir adiós; llegué a la hora de comer del dos de enero de 2017 con intención de regresar el domingo ocho, a ver que pasaba. Para nada me defraudó ninguno de los dos, nunca había tenido nada con otra mujer pero nada más cruzar la mirada con Ana supe que ocurriría, sin saber la razón sentí que me humedecía nada más mirarnos. Y Luis no se andaba con rodeos. Ya en el coche y tras preguntarme por el viaje me dijo que aunque no lo necesitaba se había tomado una "pastilla" para darme la bienvenida y que estaba seguro que una vez les conociera no iba a arrepentirme de haber viajado. a Barcelona. El coche ya me decía que al menos gozaban de cierto nivel económico pero al llegar a su casa en la calle Lepanto ya me cercioré de que su nivel social era alto.
No hubo excesivos preliminares, probablemente en cualquier otra ocasión eso me hubiera parecido demasiado precipitado e incluso vulgar pero también yo estaba caliente. Cuando Ana se quitó el abrigo la vi solamente con un bustier de vinilo negro con unos ligueros que sujetaban unas medias negras.... su coño con una abundante mata de pelo... metió su lengua en mi boca para besarme, era la primera vez que tenía una relación de ese tipo con una mujer y sentía como me mojaba, como mi flujo se deslizaba desde el interior de mi coño. Luis se colocó a mi espalda y sentí como sus manos se enredaban en mi ropa tratando de despojarme de ella y cuando eché hacia atrás una de mis manos para tocarle observé de que él ya estaba totalmente desnudo... en unos segundos también yo desnuda estaba arrodillada frente a él y meneando despacio su polla fui acercándola a mis labios... ¡si! era gruesa, muy gruesa, y estaba dura como un hierro.
El calentón que llevábamos hizo que en los tan solo cinco u ocho minutos siguiente hiciéramos de todo para probarnos: Ana me había echado sobre la cama y con su cara metida entre mis piernas lamía y succionaba mi clítoris y labios vaginales mientras Luis, arrodillado junto a mi cabeza pasaba su polla entre mis labios hasta que me la metí en la boca. La de Ana, con su lengua revoloteando alrededor de mi "pepita" me hizo correr en los dos primeros minutos y al darse cuenta de ello se tumbó sobre la cama separando sus piernas en una clara invitación a que yo correspondiera con ella... mi primer coño, la primera vez que lamía un coño, estaba húmeda y me excitaba el sabor y todo lo demás. Sentí a Luis a mi espalda, pasaba su glande entre mis labios vaginales y casi sin darme cuenta le sentí entrar hasta el fondo. Con sus manos agarrando fuerte mis caderas inició un polvo casi agresivo en el que su pelvis al chocar fuerte contra mis nalgas ofrecía un sonido igual que si estuviera dándome cachetes.... estuvo apenas dos minutos follándome y salió sin llegar a correrse; Ana volvió a inclinarse sobre mi y succionó mi pepita hasta hacerme sentir un inmenso orgasmo... ¡joder! lo que había sentido antes evidentemente no había sido un orgasmo, esto que sentía ahora me estaba haciendo casi perder el sentido.... Luis se tumbó boca arriba sobre la cama y me invitó a sentarme sobre él; de nuevo metió su polla hasta el fondo, le sentía tan adentro que tenía la sensación de que me iba a taladrar.... agarrando fuertemente mis nalgas dirigía mis movimientos arriba y abajo limando las paredes de mi coño con su verga. Las manos de Ana acariciaban mis nalgas, se inclinó sobre ellas y sentí su lengua pasear entre las mismas antes de comenzar a jugar en la aureola de mi ano... ¡joder! otra vez tenía la sensación de que iba a correrme salvajemente. Metió ligeramente la punta de la lengua pero el movimiento de su marido al follarme añadía dificultad.... Luis aferrado a mis nalgas como si sus manos fuesen garras empujó hacia abajo de mi como si pretendiera meterse más todavía, me dijo unas cuantas palabras y frase obscenas que me encendieron más aún y añadió que iba a vaciarse dentro de mi... Ana volvió a pasar su lengua alrededor de mi ano y despacio pero con decisión comenzó a introducir en mi ano uno de sus dedos. Fué una sensación extraña, un poco incómoda al principio pero la novedad y situación me producía un morbo inesperado.. al tiempo que sentí que lo tenía totalmente dentro Luis empujó otra vez de mis nalgas hacia él y le sentí vaciarse en mi coño al tiempo que lanzaba un gemido más parecido a un gruñido. Al menos escupió cuatro veces dentro de mi hasta vaciarse y entonces estallé en un orgasmo como pensaba que nunca había tenido....
A lo largo de la noche, entre risas Luis me advirtió que no me acostumbrara a lo bueno, se refería a que gracias a la pastilla que se había tomado logró empalmarse cuatro veces, se corrió tres, la cuarta vez estuvo jodiéndonos a Ana y a mi más de una hora pero él, aunque con su polla dura como un hierro, no logró correrse una cuarta vez. Fué la primera noche con ellos y al despertarnos tuvimos Ana y yo sexo oral casi una hora mientras Luis preparaba nuestro desayuno y ocasionalmente nos grababa en vídeo. Hablamos en el desayuno, Luis me iba a "joder" todos los días, pero evidentemente todos los días no podían ser como la noche anterior. El se encargaría de dirigirnos a su mujer y a mi hasta que, según sus palabras, yo alcanzara el grado de "vicio y depravación" que ya tenía Ana y esperaba de mi. Volvieron a insistir si estaba preparada y de acuerdo con ello y al responder afirmativamente mi cabeza daba vueltas a muchas cosas: estaba decidida, caliente, deseando experimentar todo como había experimentado con Ana sorprendiéndome a mi misma por ello, pero no sabía hasta donde estaban dispuestos a ir ellos y si en algún momento llegaría a arrepentirme.
En noviembre de 2016 recién cumplidos 56 años acepté, vestida, mostrarme para una pareja de Barcelona con los que llevaba chateando algunas semanas. Ana y Luis, un matrimonio un año más joven que yo y que se mostraban abiertamente para mi; no pedían que correspondiera de la misma forma, ya les había visto intimar en tres ocasiones y me había masturbado mirándoles tener sexo oral y follar. Luis era normal físicamente, una buena polla pero ni guapo ni feo, normal. Ana era muy alta, delgada pero con unas nalgas bien hechas y unos pechos grandes, ligeramente caídos por la edad y el tamaño pero que me excitaba verlos bailar con los empujones de Luis, algo que llamó mi atención desde el primer momento que la vi desnuda era su imponente mata de vello púbico que a decir de Luis era lo que más excitaba a los hombres que la habían tenido. Estaba claro que en todo seguía las instrucciones de él y lo que me atraía más de ella era su cara angulosa con labios carnosos y una mirada sensual que parecía pedir sexo continuamente. Tenía cara de viciosa, y sin hacer mohínes o gestitos imitando a actrices porno resultaba para mí excitante mirarla, y si esto fuera poco contribuía a alimentar mis fantasías las continuas frases y expresiones de Luis diciendo que su objetivo era pervertirla, pervertir a su esposa hasta el punto de hacer de ella (eran sus propias palabras) una puta capaz no solo de satisfacer a todos los hombres sino de disfrutar con ello y sentirse plenamente feliz. Como he dicho les vi tener sexo y me excité cada vez que conectábamos escuchando las frases de Luis hacia su mujer y que en cuanto me mostré receptiva también me dirigía a mi. Las últimas semanas recibía todos los días la invitación para visitarlos y, puesto que disponía de tiempo, a permanecer con ellos hasta que fuera también pervertida y disfrutar de mi nueva vida.
Viajé en tren y fueron a esperarme a la estación de Sants, tras pensarlo detenidamente acepté quedarme en su casa en lugar de reservar un hotel. Si ocurría algo raro siempre quedaba el recurso de decir adiós; llegué a la hora de comer del dos de enero de 2017 con intención de regresar el domingo ocho, a ver que pasaba. Para nada me defraudó ninguno de los dos, nunca había tenido nada con otra mujer pero nada más cruzar la mirada con Ana supe que ocurriría, sin saber la razón sentí que me humedecía nada más mirarnos. Y Luis no se andaba con rodeos. Ya en el coche y tras preguntarme por el viaje me dijo que aunque no lo necesitaba se había tomado una "pastilla" para darme la bienvenida y que estaba seguro que una vez les conociera no iba a arrepentirme de haber viajado. a Barcelona. El coche ya me decía que al menos gozaban de cierto nivel económico pero al llegar a su casa en la calle Lepanto ya me cercioré de que su nivel social era alto.
No hubo excesivos preliminares, probablemente en cualquier otra ocasión eso me hubiera parecido demasiado precipitado e incluso vulgar pero también yo estaba caliente. Cuando Ana se quitó el abrigo la vi solamente con un bustier de vinilo negro con unos ligueros que sujetaban unas medias negras.... su coño con una abundante mata de pelo... metió su lengua en mi boca para besarme, era la primera vez que tenía una relación de ese tipo con una mujer y sentía como me mojaba, como mi flujo se deslizaba desde el interior de mi coño. Luis se colocó a mi espalda y sentí como sus manos se enredaban en mi ropa tratando de despojarme de ella y cuando eché hacia atrás una de mis manos para tocarle observé de que él ya estaba totalmente desnudo... en unos segundos también yo desnuda estaba arrodillada frente a él y meneando despacio su polla fui acercándola a mis labios... ¡si! era gruesa, muy gruesa, y estaba dura como un hierro.
El calentón que llevábamos hizo que en los tan solo cinco u ocho minutos siguiente hiciéramos de todo para probarnos: Ana me había echado sobre la cama y con su cara metida entre mis piernas lamía y succionaba mi clítoris y labios vaginales mientras Luis, arrodillado junto a mi cabeza pasaba su polla entre mis labios hasta que me la metí en la boca. La de Ana, con su lengua revoloteando alrededor de mi "pepita" me hizo correr en los dos primeros minutos y al darse cuenta de ello se tumbó sobre la cama separando sus piernas en una clara invitación a que yo correspondiera con ella... mi primer coño, la primera vez que lamía un coño, estaba húmeda y me excitaba el sabor y todo lo demás. Sentí a Luis a mi espalda, pasaba su glande entre mis labios vaginales y casi sin darme cuenta le sentí entrar hasta el fondo. Con sus manos agarrando fuerte mis caderas inició un polvo casi agresivo en el que su pelvis al chocar fuerte contra mis nalgas ofrecía un sonido igual que si estuviera dándome cachetes.... estuvo apenas dos minutos follándome y salió sin llegar a correrse; Ana volvió a inclinarse sobre mi y succionó mi pepita hasta hacerme sentir un inmenso orgasmo... ¡joder! lo que había sentido antes evidentemente no había sido un orgasmo, esto que sentía ahora me estaba haciendo casi perder el sentido.... Luis se tumbó boca arriba sobre la cama y me invitó a sentarme sobre él; de nuevo metió su polla hasta el fondo, le sentía tan adentro que tenía la sensación de que me iba a taladrar.... agarrando fuertemente mis nalgas dirigía mis movimientos arriba y abajo limando las paredes de mi coño con su verga. Las manos de Ana acariciaban mis nalgas, se inclinó sobre ellas y sentí su lengua pasear entre las mismas antes de comenzar a jugar en la aureola de mi ano... ¡joder! otra vez tenía la sensación de que iba a correrme salvajemente. Metió ligeramente la punta de la lengua pero el movimiento de su marido al follarme añadía dificultad.... Luis aferrado a mis nalgas como si sus manos fuesen garras empujó hacia abajo de mi como si pretendiera meterse más todavía, me dijo unas cuantas palabras y frase obscenas que me encendieron más aún y añadió que iba a vaciarse dentro de mi... Ana volvió a pasar su lengua alrededor de mi ano y despacio pero con decisión comenzó a introducir en mi ano uno de sus dedos. Fué una sensación extraña, un poco incómoda al principio pero la novedad y situación me producía un morbo inesperado.. al tiempo que sentí que lo tenía totalmente dentro Luis empujó otra vez de mis nalgas hacia él y le sentí vaciarse en mi coño al tiempo que lanzaba un gemido más parecido a un gruñido. Al menos escupió cuatro veces dentro de mi hasta vaciarse y entonces estallé en un orgasmo como pensaba que nunca había tenido....
A lo largo de la noche, entre risas Luis me advirtió que no me acostumbrara a lo bueno, se refería a que gracias a la pastilla que se había tomado logró empalmarse cuatro veces, se corrió tres, la cuarta vez estuvo jodiéndonos a Ana y a mi más de una hora pero él, aunque con su polla dura como un hierro, no logró correrse una cuarta vez. Fué la primera noche con ellos y al despertarnos tuvimos Ana y yo sexo oral casi una hora mientras Luis preparaba nuestro desayuno y ocasionalmente nos grababa en vídeo. Hablamos en el desayuno, Luis me iba a "joder" todos los días, pero evidentemente todos los días no podían ser como la noche anterior. El se encargaría de dirigirnos a su mujer y a mi hasta que, según sus palabras, yo alcanzara el grado de "vicio y depravación" que ya tenía Ana y esperaba de mi. Volvieron a insistir si estaba preparada y de acuerdo con ello y al responder afirmativamente mi cabeza daba vueltas a muchas cosas: estaba decidida, caliente, deseando experimentar todo como había experimentado con Ana sorprendiéndome a mi misma por ello, pero no sabía hasta donde estaban dispuestos a ir ellos y si en algún momento llegaría a arrepentirme.