Mi hermanita no puede controlarse

Little Malay

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Mi hermanita no puede controlarse (1)



— Mi hermana no puede controlarse, tío… —dijo Alberto, rodeando con el brazo a Julián y apoyándole la cabeza en el hombro, con el aliento apestando a licor fuerte.

— ¡Eres imbécil! —le gritó Marga, su hermana, levantando la vista de la pantalla del móvil, desde el otro lado del enorme sofá.

— Mi costillo está tonto y borracho, nena, no le hagas caso. - añadió Elena, dándole un empujoncito con el hombro a su cuñada.

Elena conoció a su cuñada Marga el mismo día de su boda con Alberto, a los 22 añitos, aunque habían tenido seis años de noviazgo. Marga y su novio Julián aparecieron juntos en el salón, y, mientras Alberto y Julián se saludaban con un abrazo tan violento que rodaban por el suelo, Elena se atusó la falda del vestido de novia y miró fijamente, con una sonrisa, a Marga, que se lanzó en silencio a darle un abrazo, tímido pero afectuoso.

Le pareció una belleza: rubia, delgada, con unas curvas pronunciadas, buenas tetas y un rostro angelical de formas suaves… Pero vio todo eso a través de un vestido extremadamente prudente. Joder, sí que son una familia conservadora, pensó. No he visto a nadie menor de 70 años ir así a una boda en mi puta vida.

Descubrió en poco tiempo que Marga vivía intentando esconderse tras las gafas feas y hundiendo la cabeza en pantallas. Había conseguido congeniar con ella a través de los juegos móviles, y, siempre que se juntaban con ella y su marido, Elena dejaba que los dos amigos de la infancia se entretuvieran, y a su cuñada le enseñaba un juego nuevo para hacerla sentir cómoda.

Hoy, llevaban inmersas en el juego desde la sobremesa, y habían hecho poco caso de sus maridos, que bebían como cosacos, primero viendo vídeos chorras, después con el fútbol, y, conforme el alcohol había ido subiendo de tono, rememorando su infancia, juntos, ahí en Alicante.

La noche se acababa de cerrar. Alberto sonrió.

— Que te digo yo que no puede, nene, no me creo que no lo sepas ya…

Julián miraba a su mujer con una sonrisa, como disculpando a su amigo. Elena vio ese gesto y pensó oye, pues quizá no es tan mal momento.

— Ya será menos. El pescadero todavía no lo ha conseguido. — dijo Julián, riéndose. — Y mira que le tira…

Marga se puso colorada escuchando a su marido, y volvió a hundir la cabeza en la pantalla, musitando “gilipollas”. Elena la miró por un momento, miró a Alberto y sonrió.

Alberto le dio una palmada en la espalda a su amigo tras ver la sonrisa de su esposa — Vas a ver… Nena, vente pacá con mi pana — le dijo a Elena.

Ella, sonriente, se levantó arreglándose la falda y se dirigió al otro lado del sofá, mientras Marga la miraba irse con cara de pasmada. Su hermano ocupó el lugar de su cuñada, su aliento alcoholizado la golpeó y ella se puso colorada como un tomate. Se retrajo de hombros, apretó las piernas y pareció hundirse en el sofá.

Su hermano la rodeó con el brazo igual que había hecho con Julián, sutil pero firme.

— Mira tío, me llama imbécil y no me va a durar ni cinco minutos.

— Para, idiota… — Protestó Marga.

Elena se sentó pegada a Julián y le cogió el brazo por debajo, apoyando la cabeza en su hombro.

Alberto rozó el muslo de su hermana, subiendo la falda con los dedos. — Que pares… —protestó ella. Pero sus piernas aflojaron levemente la presión con la caricia.

— Ves, mira como no puede — dijo Alberto, sobando el interior de sus muslos.

Julián se quedó en silencio, con la sonrisa decayendo poco a poco, mientras Elena le apretaba el brazo con más fuerza y hundía la cabeza en su hombro.

Alberto separó los muslos temblorosos de su hermana mirando a Julián, con los ojos muy abiertos y la boca abierta en una risa muda. La piel de Marga se erizó y su cara se puso roja como un tomate.

— ¿Ves? Se abre.

Alberto subió la mano hasta su coño, y Marga cerró los ojos, abriendo aún más las piernas. La falda se amontonaba en su vientre y gimió suave cuando Alberto le acarició el coño sobre las bragas. Un leve movimiento de su culo, como espasmódico, hizo que su culo empujase contra la mano de su hermano.

— mff — Sonó al sentir el frotamiento de los dedos de su hermano en su clítoris — Pa.. Para.. — musitó, tan bajito que su marido, al otro lado del sofá, sólo pudo ver sus labios moverse. Sí veía sus tetas marcadas por la respiración agitada.

Alberto usó la mano que la rodeaba para llegar hasta sus tetas, y Marga se sintió atrapada por el cuello mientras su hermano agarraba su pecho. Alberto le pegó un tirón de la blusa y la abrió de golpe. El sujetador de Marga apareció, y los dedos dejaron marcas rojas en la carne blanca de los pechos, ante la mirada de su marido, que ya no tenía la sonrisa en la cara. Pero no decía nada. El borde rosado de las areolas sobresalía.

— Que no puede tío, no puede… Se recalienta en cero coma y pierde el norte… ¿verdad hermanita? — Dijo, atrayendo su cara hacia él para besarla en los labios.

Marga tenía los ojos cerrados, y sintió la lengua de su hermano en su boca, intentando abrirse paso. Los abrió, sin hacer un sonido, y atrapó su lengua, succionándola.. por unos segundos que a su marido, al otro lado del sofá, le parecieron eternos. Los labios carnosos de Marga se movían chupando la lengua de su hermano como si fuese una polla.

Alberto se tiró del cinturón para abrirlo y soltó el botón de su pantalón. Cogió la mano de su hermana y la llevó dentro, bajo los calzones. Marga gimió mientras succionaba la lengua extendida de su hermano al notar el calor de su polla en la mano.

Alberto liberó su lengua de la boca de su hermana. Marga abrió los ojos de par en par y le miró como un niño al que le quitas un juguete. Sintió la presión de la mano de Alberto en su cabeza, empujándola hacia abajo. Ella liberó rápidamente la polla de su hermano del calzón, a medio empalmar, mientras se abalanzaba con la boca abierta a por ella. El glup de su boca al tragarla resonó y Julián, que había abierto la boca también, con los ojos como platos, vio cómo los labios de su esposa engullían la polla de su hermano hasta hacer tope, con la boca en la base de la verga y las tetas en apretadas contra el muslo de Alberto.

— No se la folla el que no quiere, tío, mpffff ahhh — gimió Alberto, al sentir la cálida boca de su hermana abarcar su rabo, repasándolo dentro con la lengua — Lo que pasa es.. Que la gente no lo intenta así.. mm.. bufff hermanita, que boca tienes… mm… Lo que hacen es preguntarle o… Bbfff.. traga más, guarri… preguntarle o intentar ligársela… — Y los labios de Marga brillaban.

Glub, glog, glub, gloc, glub… la joven mamaba y tragaba en silencio, con los ojos cerrados, acomodando sus piernas sobre el sofá para tomar mejor posición, y el sonido de su boca mamando se volvía más y más húmedo. Alberto le tiró de la falda primero, hasta mostrar sus bragas, y después tiró de ellas, clavándoselas en el coño y mostrando sus nalgas; un gemido se escapó de la boca de Marga, chupando como un biberón el rabo creciente de su hermano.

Elena acariciaba el pecho de Julián sobre la camiseta.

— Se hace así… La coges, le das la lengua.. y ella chupa… le.. ahh le pones la polla en la boca.. y ella chupa.. tienes que tener cuidado porque te la follan así de fácil... Los demás agujeros son iguales..

Julián veía a su joven esposa en el sofá, chupándole la polla a su propio hermano, obediente, mientras la mano de Alberto tiraba de sus bragas, como unas riendas, mostrando sus nalgas redondas y tersas. Una parte del cerebro de Alberto buscaba aún pillar la broma. Elena se apretaba contra él, como sujetándolo, y suspiraba mirando a su marido devorado por Marga, chup, curp, slurp, chup, glog…

Alberto la apartó de la frente, obligándola a soltar su polla. Los ojos de Marga se abrieron como platos, y parecía no saber dónde estaba. Su boca brillaba, babeante y enrojecida, y de repente negó con la cabeza, mirando a su hermano.

—Shhh — le dijo este. Le pegó un tirón del sujetador, hacia abajo, liberando sus tetas. Agarró una y la empujó hacia atrás. Ella se dejó empujar y fue, primero incorporándose, y después cayendo hacia atrás, recostándose en el sofá, conforme Alberto la empujaba y se ponía sobre ella. Su hermano le abrió las piernas y le bajó las con las manos mientras ella trataba de protestar — Alber, por.. porfa… — pero ayudaba a la operación.

Marga, con la falda arremangada sobre el vientre, incluso acomodó las piernas para que le bajase las bragas. Alberto llevó la boca a sus tetas y empezó a devorarlas, mientras se bajaba más los pantalones y dirigía la polla hacia el coño brillante de su hermana.

— Jaja… Mejor que lo veas así, Julián, que no le pase por ahí con cualquiera — Dijo, volviendo la cara a donde estaban su amigo y su mujer.

Y volvió a lamer y succionar los pezones de su hermana. Ella miró a su marido, con los ojos como platos, sin poder articular palabra, mientras sentía la polla de Alberto invadirla, de un golpe. Los pezones de Marga, duros y rosados, brillaron húmedos bajo la boca de Alberto. Un "ahh" corto tembló en sus labios, con el coño apretado reluciendo al tragarse la gruesa polla.

Julián no sabía si su mujer le miraba pidiendo ayuda o sólo buscaba comprobar que la estaba mirando. Julián no podía ni hablar.

Elena empezó a sobar el bulto del pantalón de su cuñado mientras Marga sentía a su hermano metérsele dentro, empujando fácil y lentamente hasta el fondo. Una pierna de Marga muy abierta llegaba al suelo, y Julián pudo ver el rabo de su amigo abriéndose paso entre los labios del coño de su mujer, rosados, temblando alrededor de la polla dura. Las tetas se agitaban subiendo con cada embestida.

— Alb... mmaaahh.. ooo.. fff.. — balbuceaba y gemía ella, con los ojos en blanco. Plas, plas, plas...

— Así.. Así hermanita.. Ves como te gusta? — gruñía Alberto, pegado a su cuello. — Julián, ya verás cómo.. se deja… uf.. rellenar de leche.. No tiene.. límite.. Te la.. Te la preñan.. Así de fácil…

Y Marga asintió con los ojos cerrados mientras jadeaba, moviendo el culo para ayudar a la penetración de su hermano y sintiendo llegar el orgasmo.

— aahaaaa!!... ca- cariño.. aahhh.. — la cara congestionada de Marga se giró mientras se corría hacia su marido, paralizado al otro lado del sofá. Elena, apoyada en el hombro de este, apretó el bulto en su pantalón y empezó a tirar de su cinturón mientras se mordía el labio. Elena miraba alternativamente al culo de su marido apretándose para empalar a su cuñada y a la cara congestionada de esta después de cada pollazo.

— Buff… Se corre como un cohete, más que cuando lo busca ella… — dijo Alberto, mirando a su hermana y disfrutando, como siempre, de su cara de entrega y abandono.

Elena abrió el pantalón de Julián y metió la mano bajo su calzón, agarrándole la polla y hablándole al oído.

— ¿Te gusta?

Julián hizo amago de mirarla, pero tenía los ojos clavados en su esposa, y sólo respondió a la mano de Elena con los ojos entrecerrados y un suspiro de placer, mientras esta empezaba a masturbarle.

Marga continuaba gimiendo, ahora abrazada a su hermano, y este aceleraba la follada entre bufidos, plaf, plaf, uggg… enterrando su cara en el cuello de Marga, mientras continuaba corriéndose, y bajo su culo en el sofá empezaba a aparecer una mancha oscura.

Plas, plas! Alberto sentía la corrida de su hermana y aceleraba las embestidas…

— ¿Quiere… Leche, pequeña? ¿Quieres que te lefe? — Le dijo al oído, pero con fuerza para que le escuchasen Elena y Julián.

— ahh ahh, ahh…. n.. aaahaaaa nna no… No te… — gritó Marga, con los ojos cerrados. Aberto sacó la polla más, casi completa.

— ¿No? ¿No quieres? — Dijo, sacando la cara de su cuello y mirándola a los ojos, muy serio.

Plaf! Se la metió hasta los huevos de un golpe, sacándole a Marga un uuuu grave y haciendo que cerrase los ojos.

— ¿No?

— Buff… buff… — Marga asintió con la cabeza mientras sus manos buscaban el culo de su hermano. Sus piernas se levantaban buscándole los muslos, y trataba de llegar a su culo con los talones. Consiguió agarrarse con todo el cuerpo a él — Sí… sí… Por favor…

Elena se agachaba, pegada al pecho de Julián, y empezaba a masturbarlo, viendo a su marido rodeado por las piernas de Marga, que suplicaba que se la volviese a meter.

— Sí.. Dame leche… Dame…

— Aaaahhhh — Dijo Alberto, mordiéndose el labio y metiéndosela despacio, observando los ojos y la boca de su hermana abrirse.

— Aahhaaaaa…. per… perdóname… ca-cariño… — gritó Marga, dirigiéndose a su marido sin mirarlo.

Julián recibía la paja de Elena, y no dejaba de mirar a su joven esposa, volviendo a ser empalada por Alberto, dispuesta a que le llenasen el coño de leche con tal de seguir recibiendo polla.

Elena se relamía viendo el temblor de su cuñada al volver a recibir la barra de carne y no pudo aguantar más. Engulló despacio la polla de Julián, tragando el capullo, retirándose, volviendo a tragar hasta la mitad y volviendo a empujar hasta tragarla entera, con un gorgojeo continuo hasta que el gag! final hizo que Julián temblase. No hizo falta más. Julián empezó a correrse, para sorpresa de Elena, en cuanto el capullo hizo contacto con su garganta. La leche salió sin apenas pulso, como si tuviese tanta presión que los músculos no necesitasen empujar. Elena abrió los ojos de par en par y, a pesar de su boca llena, se la podía notar sonreir mientras sentía la leche dispararse dentro de ella. Por la posición, empezó a escapar un poco por su boca, y en tres chorros bajaba por la comisura de sus labios hasta los huevos y el calzón de Julián.

— Buff… Hermanita, que putica eres… — Alberto empujaba despacio mientras Marga jadeaba con la boca abierta, mirándole, y ni siquiera se daban cuenta de cómo Julián estaba deslechándose en la boca de Elena.

Marga hizo un “a” oclusivo y tuvo un nuevo orgasmo. Agarraba a su hermano del culo con las manos y los talones. Los ojos se le pusieron en blanco mientras la mancha del sofá aumentaba.

— Ssshhh… así… así… córrete preciosa, córrete… ssshhh…

Marga fue dejando su cabeza caer hacia atrás, y su hermano se retiró de dentro de ella. Despatarrada. con la falda arremangada, la blusa abierta de par en par, el sujetador bajado mostrando las dos grandes tetas, con su coño rosado brillando en el gran brazo del sofá chaise long y su propia corrida mojándole el culo.

Su hermano la contemplaba con una sonrisa ebria. Giró la cabeza hacia Julián y Elena, y vio a su mujer con la boca aún enterrando la polla de su cuñado, la leche saliéndole por las comisuras y manchando los huevos de éste y el calzón.

— ¡Jaja! Sí que te ha gustado cabrón, sí…

Julián abrió los ojos, con el ceño fruncido, mirando a su amigo.

— Vas a ver cómo le gusta correrse chupando, que igual no te has enterado todavía — Dijo Alberto.

Se acabó de bajar el pantalón, se quitó la camisa y pasó por encima de su hermana, deshecha aún en el sofá, con los ojos cerrados y respirando agitadamente.

Su polla hinchada botó al ponerse de rodillas junto a Marga. Llevó su polla cerca de ella y le dijo “venga nena, a chupar a cuatro patas”.

Marga abrió los ojos y vio la polla de su hermano casi encima de ella. Negó con la cabeza y miró a su marido Julián.

— No… Cariño lo.. lo siento…

Pero Alberto se inclinó para abrirle la falda y tirar de ella hasta sacarla, mientras Marga se quejaba.

— No imbécil, para… — repetía, pero ayudaba con su culo a la operación. Albertó la levantó con una mano en la espalda y empezó a sacarle la blusa por los brazos, después le desabrochó el sujetador y Marga fue poniéndose ella sola, completamente desnuda, a cuatro patas mientras seguía con la vista la polla de Alberto por el sofá, hasta estar a cuatro patas junto a ella. Alberto le puso un cojín bajo la barriga y se tumbó, con la polla a la altura de su boca. Mara empezó a engullirla de inmediato, glob, glob… .

— Dale el culo, coño, que lo vean bien — le dijo su hermano. La agarró de la cadera y tiró de su cuerpo hasta que Alberto y Elena, que ya había soltado su polla y empezaba a desvestirse, tuvieron en línea recta las piernas abiertas de Marga, con su coño y su culo, brillantes y mojados, en línea recta.

Marga chupaba y chupaba, enterrada entre las piernas de su hermano, glob glob, glub… Y este le empujó la cabeza para que tragase más, GLOG!! mientras se dirigía a Julián, con la polla aún gorda y dura a pesar de la corrida.

— Me voy a correr en su boca para no preñártela… Y así te enseño cómo… ahh.. cómo le gusta… Se corre si le follas la boca y le azotas el culo al mismo… TRAGA MÁS COÑO! — Le gritó a su hermana, moviéndose en su boca y empujándola de la cabeza — si la azotas mientras traga se corre en plan puta, ya verás…

Glog, glog… Marga seguía engullendo hasta el fondo, aunque Julián ahora no podía verlo bien. Por algún motivo, eso le hizo sentirse más humillado aún. Elena se desvistió completamente.

— Eehh! No exagerabas, cariño… Vaya con la mosquita muerta… — Y, diciendo eso, se tumbó delante de Julián, en el centro del sofá, con las piernas abiertas — Venga cuñadito, que ahora estás para aguantar. Fóllame bien mientras miras a tu mujercita.

Julián tenía delante a su cuñada Elena, con su cuerpo perfecto y sus tetas redondas y duras, su coño rosa y depilado, abierta de piernas, sonriéndole y pidiendo que se la follase. A menos de metro y medio de ella, el coño recién follado de su esposa Marga, con la nalga cubierta por la mano de su amigo, despatarrada mamando como una posesa.


Plas! Sonó el primer azote de Alberto en el culo de su hermana, respondido por un GGOGGG!!, un gemido de Marga mientras tragaba rabo hasta el fondo.

— Venga nene, follamos todos o la puta al río, jaja! - Dijo Alberto, sacando la lengua entre los dientes y mirando a su mujer abierta de piernas frente a él, esperando la follada. — Pero que buena que estás, guarraza…

Plas! Volvió a azotar el culo de Marga

Elena sonrió a su marido echando la cabeza hacia atrás y movió el chocho en círculos, llamando a Julián.

Este suspiró. Miró de nuevo a Alberto, al coño de su mujer.

Plas! Otro azote y un nuevo y sonoro gemido de Marga… GGGoooogoooOOO!!!!

— ¡Que te la folles coño! — Le gritó Alberto a su cuñado.

Julián se quitó la camiseta despacio, y se bajó los pantalones hasta las rodillas. Acto seguido, miró al cuerpo de Elena. Un cuerpo de modelo, pálido y con la piel brillante. Se acercó andando con las rodillas sobre el sofá hasta llegar a ella y se agachó, poniendo las manos a ambos lados. Elena le acarició las caderas y buscó su culo con las manos.

— Venga… Venga… Yo también quiero follar… — dijo, con la lengua fuera.

Julián apoyó la polla en sus labios y Elena empujó hacia arriba mientras él empezaba a bajar, uniéndose con el culo de ella aún en el aire y la polla completamente enterrada. Mientras Julián tiraba todo su peso sobre su cuñada, clavándola contra el sofá, volvió a sonar.

PLAS! PLAS!! PLAS!

GloggglogloglloggoooooUUOOOO!!!!

La piel clara del culo de Marga enrojecida por los azotes temblaba incluso entre ellos, mientras su boca engullía el rabo de su hermano. Este se apoyó de costado y Marga, con la cabeza ladeada, recibió los azotes que hacían sonar su garganta repleta.

PLAS! GLOG! PLAS! GLOG!

Julián tiró todo su peso sobre Elena, que gimió aplastada. Su cuñado empezó a follarla frenéticamente, mirándola primero a ella y luego al culo de su mujer, azotado por Alberto.

Plas! PLAS! GLOG!!

Marta gorgojeaba tragando, empujando salvajemente su cabeza contra la polla de su hermano, mientras recibía los azotes.

Julián embestía a Elena, descontrolado, plaf, plaf, plaf!!

— Así pequeña — PLAS! — traagaa — PLAS! PLAS! — buff…. que boca de puta más rica… le vas a chupar luego el culo a tu cuñada, guarra — PLAS PLAS!

— Ummpfff, ufffmmm… ahh ahh… — gemían Elena y Julián casi al unísono.

El temblor en el culo de Marga aumentó, entre las palmadas.

—Ahora verás, ahora, ahora… — Plas! — Marga la leche, la leche, me corro en tu boca… ooaaaAAhHH!!!

Y Alberto sujetó la cabeza de su hermana con una mano, mientras agarraba su nalga y tiraba de ella con violencia, abriéndole el ojete y el coño para que Julián observase.

Elena miró hacia atrás, y tanto ella como Julián miraban el coño de Marga, mientras Julián se mordía el labio, embistiendo el coño de su cuñada, plAF! PLAF! PLAF!

— AAhhhhhhhhh… — Gimió Alberto, con la mano contra el pelo de Marga, que sonaba detrás en un jjjj mientras el semen de su hermano le entraba por la garganta. Como si la leche disparada contra su garganta se hubiese transformado en su orgasmo, su coño abierto y estirado por la mano de Alberto en su nalga empezó a latir rápido y manar de inmediato una eyaculación salvaje, y la explosiva corrida caía sobre el sofá mientras Julián abría la boca, mirándola, y se corría de nuevo, esta vez dentro del coño de su cuñada Elena.


………………….


— No me dejéis sola nunca.

Marga se abrazó a su marido sollozando, pero sin llorar, mientras Elena se acurrucaba sonriente con Alberto.

“Dejéis”, pensó Julián. “¿Tiene que ser una responsabilidad compartida con ellos?” La introversión de Marga cobró un significado completamente diferente para Julíán. Revisitaba y resignificaba un recuerdo diferente de su relación cada pocos segundos.

— Pero tú… cariño, tú disfrutas.
— Sí. No lo puedo evitar.
— ¿Pasa con otros? O sea, ¿Ha pasado alguna vez con alguien que no fuese tu hermano?

Alberto miró de reojo a Marga, y ésta volvió a ponerse colorada.

— Muy pocas, no doy ocasión. Cuando ha pasado, casi siempre estaba con él.
— ¿Por ejemplo? — preguntó Julián.
— Pues… En el banco, con Pedro y Salva. — dijo, mirando a su hermano, que intervino.
— Por aquel entonces, ella tampoco se lo acababa de creer. Y quise comprobarlo. Yo era muy joven, y probablemente hoy no lo haría. Pero sí, así fue. Y por lo menos lo comprobé.


..

Eran las 11:30 de la noche. Alberto y Marga estaban sentados en el parque con Pedro y Salva, dos amigos de Alberto.

Salva trajo una litrona que le había dado su hermano mayor y empezaron a beber.

Entre una conversación adolescente intrascendente y otra, Alberto comenzó a abrazar a su hermana. Y ella tembló de excitación y de miedo.

Siempre hacía lo que quería con ella. No podía evitarlo. Era superior a sus fuerzas. En cuanto le ponía una mano encima, entraba en trance y sólo podía pensar en que siguiese tocándola. Por fuera y por dentro. La imagen de la polla de su hermano aparecía como sobreimpresionada en su retina.

Alberto le metió la mano dentro del pantalón mientras hablaban. Pedro se dio cuenta, pero no dijo nada. Pasaron minutos hasta que Salva se percató, y ambos se miraron alucinados, aunque continuaron hablando.

Su hermano entonces continuó la conversación como si nada, pero le divirtió la reacción de estupor compartido y silencioso de sus amigos, y pronto metió la mano bajo el culo de su hermana y la levantó hasta ponérsela encima, sobre sus rodillas, con el culo bien pegado a su paquete, mirando a sus amigos.

El joven chochito de Marga daba palmas y no podía evitar apretar su culo contra el bulto del pantalón de Alberto. Pegaba su espalda a él y su boca abierta y su rubor dejaron atónitos a Pedro y Salva.

Alberto siguió hablando de fútbol, hasta que, en medio de los aspavientos, su mano se depositó sobre la teta de Marga, que llevaba un pequeño escote de palabra de honor.

Al ver a sus amigos devorar con los ojos las tetas de su hermana bajo su mano, decidió subir la apuesta. Bajó el escote muy despacio, ante la atónita y silenciosa mirada de los dos muchachos, hasta que su mano era lo único que cubría el pecho de Marga.

Pedro se dio la vuelta, y Salva dijo “tío! aquí no hagáis esas cosas, jajaja”

Pero Alberto llevó ambas manos a las tetas de su hermana y bajó del todo la camiseta, agarrándole las tetas por debajo y exponiéndolas desnudas a sus amigos.

— ¡Guau! — dijo Salva — ¡Que tetas, Marga!

Pedro se echaba las manos a la cabeza y se reía nerviosamente.

Alberto amasó los pechos de su hermana, mientras ella no podía evitar dejar caer su cabeza hacia atrás y abandonarse al magreo.

— Bájate el pantalón, cariño. — Ordenó, susurrándole al oído.

Marga llevó su mano izquierda al botón, y la derecha al borde del pantalón. Abrió y empezó a empujarlo por sus muslos, levantando un poco el culo y dando a los chicos un primer vistazo de su coño en movimiento, marcada la raja por una leve humedad que traspasaba las bragas.

El parque estaba solitario, y era un parque muy grande, al que todos los chavales de la urbanización iban regularmente, obteniendo bastante privacidad y una sensación de espacio vital muy importante para adolescentes.

Marga deslizaba su pantalón hacia abajo como si necesitase hacerlo sin despegarse de su hermano, a empujoncitos. Sin levantar la cabeza, que seguía echada hacia atrás y pegada a Alberto. Gemía levemente mientras él le apretaba y sobaba las tetas, dando pequeños pellizcos a sus pezones.

Cuando el pantalón se arrugó un poco en su culo, interponiéndose en la bajada y haciendo difícil para ella obedecer sin separarse del cuerpo de Alberto, frunció el ceño, con los ojos cerrados, y extendió los brazos para empujarlo todo lo posible, con agresividad.

En ese momento Alberto empezó a lamerle el cuello, mientras seguía magreando y estrujando sus tetas. Con el pantalón suficientemente bajado, Marga cruzó una pierna hacia adelante y se tiró del pantalón con el pie, consiguiendo bajarlo bajo la rodilla sin tener que separarse más.

Las braguitas de algodón de la chiquilla dejaban ver una mancha de humedad clara ahora, y ella, al dejar caer el pantalón por sus tobillos, abrió las piernas y echó el culo hacia atrás, acomodándose hasta que el bulto del pantalón de Alberto tocó con fuerza la raja de su coño.

Alberto lamía su cuello y Marga giraba la cara hacia él, buscando su boca.

Pedro y Salva no sabían dónde meterse. Estaban atónitos e hipnotizados. Salva se acariciaba el paquete, con menos miedo que Pedro, pero ambos estaban duros como piedras.

Alberto empezó a restregarle la mano por el coño a su hermana, mientras esta aumentaba el volumen de sus gemidos.

— Ahh…

Y Salva, viéndola abandonarse, fue el primero en atreverse a participar.

— ¿Me puedo dar una paja? — preguntó.

Alberto se rió, mientras agarraba las bragas de Marga y tiraba de ellas hacia arriba, hincándoselas en el coño. Miró a sus amigos y empezó a restregarle los dedos por la raja del chocho a su hermana.

— Claro… pero despacio, despacio, date la paja sin prisa, que ya verás…

Albertó levantó un poco el culo de Marga con la mano, dándole una orden para que tuviese claro lo que quería.

— Levanta el coño un poco que lo vean, nena.

Marga apoyó bien los pies en el suelo, con sus finas sandalias, y elevó el culo hacia delante con la espalda apoyada en su hermano, hasta que su coño, con las bragas visiblemente metidas por la raja, se expuso de manera obscena a los dos muchachos.

Salva tenía la polla fuera y se la sacudía. Pedro se abrió el pantalón, mirando a su alrededor, sin preguntar.

Alberto aprovechó la separación del cuerpo de Marga para bajarse las bermudas que llevaba y se sacó la polla, mientras su hermana se giraba para comerle la boca.

— Tranquila, tranquila, que te la doy, tranquila… — dijo el muchacho.

Y bajó las bermudas hasta que su rabo saltó. Marga le tiraba lengüetazos desesperados buscando su boca y llevaba las manos hacia atrás, buscando la cabeza de su hermano con el culo levantado, mientras este tiraba de sus bragas hacia abajo. Pero las piernas abiertas de Marga no se lo permitían. La joven no conseguía coordinar lo que hacía salvo para buscarle a él con todo su cuerpo.

— Levántate. — ordenó Alberto.

Y Marga, con una expresión desnortada, se puso de pie. Respiró, miró a Pedro y a Salva y vio sus pollas. De repente, su expresión parecía de susto.

Alberto se levantó detrás de ella y agarró una de sus tetas mientras llevaba una mano a su boca. Marga recuperó su expresión obnubilada y chupó como si le fuera la vida, cerrando de nuevo los ojos. Cuando los párpados se le abrían un poco sólo se veía el blanco de sus ojos. Chupaba y mamaba como una ternera los dedos de su hermano

Mientras, Alberto empezó a bajarle las bragas y Salva seguía pajeándose, con los ojos como platos.

— Hostia Marga, que buena que estás. ¡Tienes el chocho depilado!

Alberto le bajó las bragas con una mano mientras hablaba.

— Se lo depilé ayer, tío. No quería, pero le di un abrazo y un besito y me dejó, ¿verdad?

Marga, abrió los ojos levemente para asentir, mientras mamaba los dedos de su hermano — ohóo

Alberto se sentó de nuevo, sacándole los dedos de la boca a Marga, y se colocó en el banco con la polla hacia arriba. Cogió a su hermana del culo y la atrajo.

— Ahora cariño, siéntate.

Y Marga aulló, con la boca abierta, mientras se sentaba en la polla de su hermano, clavándosela en el coño.

— Ufff… Que chocho más rico, hermanita… chicos… Otro día os enseño cómo le doy por culo… Abre las piernas cariño…

Y Marga se abrió de piernas. Primero una, luego la otra, equilibrándose así para no tener que sacarse la polla del coño.

— Buah! Hostias tío, esto es… buah! — gritó Salva.

Ambos se pajeaban delante de Marga, gimiendo descontrolada.

— Ahh! mm.. AhhahaaauUaaa!!

Alberto le tapó la boca y Marga chilló contra su mano, empezando a convulsionar

— Así, así, córrete, córrete… — le decía Alberto, en un gruñido junto a su oreja.

Los dos muchachos de pie tenían la visión espectacular de Marga con la camiseta en el estómago y su coño manando flujos sobre la polla hincada de su hermano. Alberto la recostó sobre él y empezó a mover el culo, penetrándola desde abajo mientras le tapaba la boca.

— Chilla más flojo nena, que si nos pillan la liamos… ahh… así… que chocho más rico, preciosa…
— MMM!!! OOFFFFFAAAAHHHHMMMM!!!

Marga no aflojaba el volumen, y se le oía a pesar de la mano de Alberto tapándole la boca.

— Salva! Ven, súbete al banco.
— ¿Qué?
— Que te subas, coño, que te la va a chupar
— Pero tío…
— Ponte de pie en el banco, joder… ahh…

Y Salva, indeciso pero obediente como un robot, se subió al banco y siguió pajeándose. Marga miró su polla con los ojos como platos mientras seguía gimiendo. Pedro se acercó al banco, pero no se subió.

— Tú también, Pedro! — gritó Alberto.

Salva acercó su polla a la cara de Marga mientras se la cascaba. Alberto liberó la boca de su hermana y llevó su cara hacia la polla de Salva, pero ella ya estaba lanzando su mano directa a la polla del muchacho, tirando de ella y engulléndola hasta la campanilla.

— A-diosssss — gimió Salva, mientras Marga mamaba y mamaba, poseída.

Alberto seguía empalándola, chof, chof… desde abajo, y Pedro empezó a subirse al banco mientras Alberto hablaba.

— Uff… ahh… a la boca… métesela tú también, perico, venga…

Marga seguía chupando la polla de Salva mientras sus ojos intentaban dirigirse a Pedro, aunque por mucho que los girase no lo tenía a la vista.

Alberto cogió su cabeza y la obligó a soltar la polla de Salva, girándola al otro lado. La mano izquierda de Marga alcanzó los huevos de su amigo Pedro mientras, con la lengua por delante, se apoderaba de el rabo y lo engullía desesperadamente, glob, glob, slurp…

Lamía y chupaba, mientras su mano derecha, volvía a tientas a buscar a Salva. Este cogió la mano que la chica le tendía y la colocó alrededor de su polla, para empezar a moverse como un poseso, pajeándose con su mano, mientras Alberto daba instrucciones.

— Échasela en las tetas eh! Cuidado… ahh… con darme, que te hostio… mmm… así nena…

Marga empezó a correrse de nuevo en cuanto la leche de Pedro empezó a invadir su boca…

— Mmmm mmmmm!! mmmmaammm! aauumMMMm!!!

Y mamó y mamó, tragando y tragando mientras Pedro gemía y Salva follaba frenéticamente su mano.

El orgasmo de Marga chorreaba la polla de su hermano mientras este empezaba a disparar el contenido de sus huevos en el fondo de su coño, y Salva empezaba a eyacular directamente sobre sus tetas. El contacto del semen hizo que el orgasmo de Marga creciese y gimiese más fuerte mientras tragaba a Pedro.




Julián no daba crédito a lo que escuchaba, mientras Alberto acababa de contar.

— Tío, una vez me contó que un profesor había estado a punto, pero escuchó un ruido y salió corriendo. Un imbécil el tío, durante una fiesta de fin de curso, y encima en el aula. Fui a darle de hostias con el Pedro, que es militar ahora y antes era el animal más animal del pueblo. No he visto una paliza igual, era como las de las películas. El tío ni denunció ni nada.

Y Marga repitió:

— No me dejéis sola.





Continuará.
 
Última edición:
"Alberto separo los muslos temblorosos de su hermana mirando a Alberto".

El relato esta muy bien, pero creo que tienes frases como esta, confusas, que tienes que corregir para que se entienda todo bien, porque creo que los dos personajes no se llaman igual.
 
"Alberto separo los muslos temblorosos de su hermana mirando a Alberto".

El relato esta muy bien, pero creo que tienes frases como esta, confusas, que tienes que corregir para que se entienda todo bien, porque creo que los dos personajes no se llaman igual.
Jeje, muy cierto, gracias! He juntado las partes pero no le he dado un repaso adicional hoy :)
 
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