gendickplus
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Hola pajeros del foro, os voy a contar mi historia con mi tía, la hermana de mi madre. Ella tiene 42 tacos pero está como un tren: morena, piel bronceada de tomar el sol, cuerpo fit de gimnasio con tetas pequeñas pero durísimas y puntiagudas, de esas que no caen ni un milímetro, con pezones rosados que se marcan en cualquier camiseta. Y el culo… joder, un culo grande, redondo y duro como piedra, de esos que te ponen la polla tiesa solo con verla caminar. Piernas tonificadas, cintura estrecha, toda una MILF que parece de 30. Os juro que desde que empecé a vivir con ella, no podía dejar de mirarla.
Capítulo 1: Viviendo con ella y descubriendo sus puterías
Todo empezó cuando me matriculé en la uni en su ciudad. Mis padres viven a tres horas de distancia, así que me ofrecieron quedarme en su piso para ahorrar pasta. Mi tía Marta estaba soltera desde hacía un par de años, después de romper con un novio, pero no era una monja ni de coña. Era una tía liberal, salía de vez en cuando y se notaba que follaba porque volvía con esa cara de satisfecha. Yo, al principio, la veía como familia, pero joder, viviendo juntos era imposible no fijarme en cómo se paseaba por casa en leggings ajustados que le marcaban el coño o en tops que dejaban ver sus tetitas firmes.
Ella tenía un ex novio negro, un tío alto y cachas, que la había dejado pero seguían follando de vez en cuando. Yo no lo sabía al principio, pero lo descubrí porque salía de fiesta los fines de semana con mis colegas de la uni. Volvía tarde, a las 4 o 5 de la mañana, y a veces notaba que la casa olía a sexo o que había condones usados en la basura mal escondidos. Un día, mientras hacía la colada porque ella me pedía que ayudara, rebusqué en el cesto de la ropa sucia y encontré unas bragas suyas, unas tanguitas negras de encaje, completamente manchadas de semen seco. Olían a coño y a corrida fresca, y me puse burro perdido solo de imaginarla. “¿Quién se la habrá follado?”, pensé, pero no dije nada.
Esa noche, no pude dormir de la curiosidad. Mi tía tenía una cámara de fotos vieja en el salón, de esas digitales que usa para sus viajes, y la cogí para ver si había algo. La encendí, revisé la galería y ¡hostia puta! Encontré una carpeta con fotos de ella follando. Eran como 20 pics: ella de rodillas chupando una polla negra enorme, gruesa y venosa, con la boca abierta y saliva cayendo; otras de ella a cuatro patas, con el culo en pompa y esa polla clavada hasta el fondo, su cara de placer con los ojos en blanco; y unas cuantas de después, con el coño chorreando semen blanco contra su piel morena, las tetitas pequeñas temblando. Se veía que eran recientes, porque reconocí su habitación. El negro la tenía bien abierta, y ella posaba como una puta profesional, sonriendo a la cámara.
Me las pasé todas a mi PC con un USB, borré el historial de la cámara para que no se enterara, y esa misma noche empecé a pajearme con ellas. Me encerré en mi cuarto, me saqué la polla y me corrí tres veces seguidas mirando cómo el ex la follaba. Imaginaba que era yo el que le metía mano a ese culo duro, chupando esos pezoncitos rosados mientras ella gemía. Desde entonces, cada vez que salía de fiesta, esperaba que ella trajera al negro para espiar o algo, pero sobre todo, me obsesioné con sus fotos. Las tenía en una carpeta oculta y me pajeaba todos los días pensando en follármela, aunque era mi tía. Joder, qué morbo.
Si veo que tiene muchos comentarios y apoyo, seguiré con la historia.
Capítulo 1: Viviendo con ella y descubriendo sus puterías
Todo empezó cuando me matriculé en la uni en su ciudad. Mis padres viven a tres horas de distancia, así que me ofrecieron quedarme en su piso para ahorrar pasta. Mi tía Marta estaba soltera desde hacía un par de años, después de romper con un novio, pero no era una monja ni de coña. Era una tía liberal, salía de vez en cuando y se notaba que follaba porque volvía con esa cara de satisfecha. Yo, al principio, la veía como familia, pero joder, viviendo juntos era imposible no fijarme en cómo se paseaba por casa en leggings ajustados que le marcaban el coño o en tops que dejaban ver sus tetitas firmes.
Ella tenía un ex novio negro, un tío alto y cachas, que la había dejado pero seguían follando de vez en cuando. Yo no lo sabía al principio, pero lo descubrí porque salía de fiesta los fines de semana con mis colegas de la uni. Volvía tarde, a las 4 o 5 de la mañana, y a veces notaba que la casa olía a sexo o que había condones usados en la basura mal escondidos. Un día, mientras hacía la colada porque ella me pedía que ayudara, rebusqué en el cesto de la ropa sucia y encontré unas bragas suyas, unas tanguitas negras de encaje, completamente manchadas de semen seco. Olían a coño y a corrida fresca, y me puse burro perdido solo de imaginarla. “¿Quién se la habrá follado?”, pensé, pero no dije nada.
Esa noche, no pude dormir de la curiosidad. Mi tía tenía una cámara de fotos vieja en el salón, de esas digitales que usa para sus viajes, y la cogí para ver si había algo. La encendí, revisé la galería y ¡hostia puta! Encontré una carpeta con fotos de ella follando. Eran como 20 pics: ella de rodillas chupando una polla negra enorme, gruesa y venosa, con la boca abierta y saliva cayendo; otras de ella a cuatro patas, con el culo en pompa y esa polla clavada hasta el fondo, su cara de placer con los ojos en blanco; y unas cuantas de después, con el coño chorreando semen blanco contra su piel morena, las tetitas pequeñas temblando. Se veía que eran recientes, porque reconocí su habitación. El negro la tenía bien abierta, y ella posaba como una puta profesional, sonriendo a la cámara.
Me las pasé todas a mi PC con un USB, borré el historial de la cámara para que no se enterara, y esa misma noche empecé a pajearme con ellas. Me encerré en mi cuarto, me saqué la polla y me corrí tres veces seguidas mirando cómo el ex la follaba. Imaginaba que era yo el que le metía mano a ese culo duro, chupando esos pezoncitos rosados mientras ella gemía. Desde entonces, cada vez que salía de fiesta, esperaba que ella trajera al negro para espiar o algo, pero sobre todo, me obsesioné con sus fotos. Las tenía en una carpeta oculta y me pajeaba todos los días pensando en follármela, aunque era mi tía. Joder, qué morbo.
Si veo que tiene muchos comentarios y apoyo, seguiré con la historia.