Tiravallas
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Para mi sobrina Emma soy como su diario y me cuenta todas sus andanzas sexuales. La cosa empezó un día que vino a mi casa a hacerme de comer mientras mi mujer y yo nos dábamos un tiempo. Era verano y llegó ligera de ropa, vestía una camiseta blanca, larga, de tiras y ceñida al cuerpo, que le hacía de vestido, donde se marcaban los pezones y que dejaba ver casi la totalidad de sus bellas piernas. Yo estaba sentado a la mesa de la cocina y Emma estaba pelando unas patatas junto a la encimera, de espaldas a mí. Le dije:
-Me encantan tus tatuajes.
Dejó de pelar patatas se giró, me sonrió y me preguntó:
-¿Cuál te gusta más, el del brazo o el de la pierna?
-El de la pierna, está más cerca del..., por poco digo una barbaridad.
Sonrió pícaramente.
-Dila, no te cortes.
-¿Y si te parece mal?
-No creo que me parezca mal.
-No, mejor no digo nada.
Volvió a lo que estaba haciendo. Dándome la espalda, preguntó:
-¿El comentario era sobre mi culo?
-Podría haber sido, tienes un culo precioso.
-Pero no lo era.
-No, pero era algo muy parecido.
-Ibas a decir que estaba más cerca de mi coño.
-Tú lo has dicho, yo no he dicho nada.
-Pues has debido decirlo, me gusta oír cosas picantes.
Sus palabras eran una declaración de intenciones, y por si fuera poco se agachó para recoger una monda de patata que le había caído, y como no llevaba bragas, me enseñó el coño, un coño gordo que hizo que mi polla lo saludara poniéndose en pie. Fui a su lado y le dije:
-Te acabo de ver el coño.
No se cortó un pelo.
-Ando caliente. Lo raro sería que no me lo hayas visto.
Le eché las manos al culo, la apreté contra mi cuerpo y le metí la lengua en la boca, me la chupó y luego me dio la suya a chupar, después las lenguas se acariciaron y se volvieron a chupar, o sea, nos dimos un primer beso de esos que se recuerdan toda la vida. Le dije:
-Besas de maravilla.
-Eso dicen.
Le levanté la camiseta, me puse en cuclillas y le lamí su coño, una, dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y tantas veces. Después la giré y le lamí el culo otras tantas veces, y mientras esto hacía, le magreé las tetas. Al incorporarme le quité la camiseta y vi sus tetas redondas, con areolas oscuras y bellos pezones. Las agarré con las dos manos, las junté, y luego, magreándoselas, se las lamí, se las mamé..., le di un repaso de los buenos. Cachonda perdida, me dijo:
-Hoy vamos a comer tarde.
-Yo ya estoy comiendo.
Se puso en cuclillas, me bajó los pantalones, me agarro la polla empalmada, y me dijo:
-En ese caso yo también quiero comer.
Me gustó como mamó la cabeza de mi polla, envolviéndola con su lengua..., pero lo que más me gustó fue las ganas con que mamó, mamaba con ansia viva, con lujuria, lujuria que siguió en aumento cuando lamió y chupó mis huevos. Casi hace que me corra.
Cuando se puso en pie, me desnudé del todo, la senté en mi regazo y la besé con lengua. Emma se abrió de piernas, me cogió una mano y me la llevó al coño. Era obvio que quería que la masturbara. Mojé tres dedos en su coño y luego comencé a mover mis dedos sobre su clítoris, sin prisa, pero sin pausa. Después le metí dos dedos dentro de la vagina y acaricie su punto G, haciéndole el "ven aquí". Al rato dejó de besarme y arqueó su cuerpo para correrse. No dejé que se corriera. La senté sobre la mesa, ella se echó hacia atrás. Le lamí el clítoris haciendo el mismo movimiento que había hecho con los dedos y en menos de un minuto se vino en mi boca, diciendo:
-¡Me corro, papi!
Al acabar de gozar. La tiré hacia mí, le eché las manos a las tetas, se la clavé en el coño, y magreándole las tetas le di a mazo.
Emma me miraba a los ojos y mordía el labio inferior. Tiempo después me dijo:
-Me voy a correr otra vez.
La follé más rápido.
-¡Mira como me corro, mira!
Comenzó a convulsionarse. Yo sentí como su vagina apretaba mi polla y luego cómo la bañaba con los jugos de su corrida. Me dijo.
-¡Córrete conmigo, papi!
-¿Dentro?
Me respondió cogiendo mis nalgas y apretándome contra ella.
Al acabar de corrernos saqué la polla de su coño. La vagina, pulsando, comenzó a echar mi leche fuera. Le lamí el coño y la leche pringó mi lengua y todo su coño. Me dijo:
-Enséñame la lengua.
Dejé de lamer, saqué la lengua y se la enseñé pringada de leche. Me sorprendió al decirme:
-Bésame.
La besé y me chupó la lengua, luego me echó las manos a su cabeza y me llevó la boca a su coño, después frotó su pelvis contra la lengua, lo hizo cada vez más aprisa y acabó corriéndose otra vez en mi boca.
-¡Qué ricoooo!
Un par de minutos después se bajó de la mesa y me dijo:
-Siéntate en la silla que te quiero follar yo a ti.
Me senté en la silla. Emma rodeó mi cuello con sus brazos y mirándome a los ojos, me dijo:
-Métemela.
Le puse la polla en la entrada de la vagina, empujé y le metí la mitad. Emma bajó el culo, la clavó hasta el fondo y me dijo:
-Te voy a follar como nunca antes te follaron.
Con la polla en el fondo de su coño movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, lentamente y dándome picos. Un par de minutos después, los movimientos de culo se aceleraron un poco y los besos fueron con lengua, pero muy cortos, unos cinco o seis minutos más tarde, los besos ya eran más largos y los movimientos de culo más potentes. La primera vez que sacó un poco la polla del coño fue para darme las tetas a mamar.
-Juega con ellas
Las agarré, y amasándolas, lamí sus pezones, se los mordí sin fuerza, lamí sus areolas y luego le mamé las tetas
-¿Te gustaron mis tetas, papi?
-De ti me gusta todo.
Cuando bajó el culo, lo dejó caer de golpe, y ya no paró. El culo subió y bajó a toda ostia hasta que sintió cómo mi leche anegaba su coño, en ese momento, me dijo:
-¡Te voy a comer la polla con mi coño!
Corriéndose, me lo comió, menos mal que el coño no tenía dientes.
Al acabar, me besó y me dijo:
-Hora de hacer de comer.
No me pareció el momento adecuado para que volviese al trabajo.
-¿Y si pedimos unas pizzas?
Me tomó la palabra.
-La mía con ternera y champiñones.
Emma y Pamela
Pamela era una de las primas de Emma y por ende, otra de mis sobrinas. Tenía veinte y pocos años, era algo más alta que ella y estaba como un queso de tetilla.
Tomando un café y hablando de sus cosas, le dijo Pamela a Emma:
-Tengo ganas de comprar un vibrador.
-No andas bien de verga.
-Ni bien ni mal, no ando.
-Pues cómpratelo.
-Es que me da apuro ir sola a un sitio de esos, si me acompañaras...
-Puedes pedirlo por internet.
-Hay que dar el número de la tarjeta, o de la cuenta corriente y no me fío. ¿Me acompañarías a comprar uno?
-Sin problema.
Fueron a un sito al que llamaban el Laberinto del Sexo. Allí había de todo. En una sección había lencería, trajes de colegiala, uniformes de policía... En otra sección estaban los consoladores y los vibradores con diferentes diseños y de todos los tamaños y grosores. Había lubricantes, aceite orgásmico, potenciadores del orgasmo... Pamela pilló un vibrador negro, muy grande y muy grueso.
-Este se debe llamar el revienta coños.
-O el revienta culos.
-¿Es qué tú...? Ya sabes.
-Sí, cariño, sí, pero con moderación.
Mientras bromeaban cruzaron miradas y se sonrieron con el cajero del Laberinto del Sexo y con el vendedor, que eran dos hombres de unos cincuenta años.
Luego fueron a la sección de vestidos, fueron solo por curiosear. A Emma le gustó una ropa de colegiala y una lencería negra muy bonita, con sujetador, ligas y medias. Puso enfrente de ella la ropa de colegiala y se miró en el espejo. Le quedaba bien. A Pamela le gustó uno de policía y también lo puso delante de ella frente al espejo. Eran ropas para un baile de disfraces, o para darle una sorpresa a alguien en una velada de sexo. El vendedor llegó al lado de las primas.
-En el almacén tengo de vuestra talla. La verdad es que con esas ropas estaríais rompedoras.
Emma, que era una tremenda coqueta, le preguntó:
-¿Qué me regalarías si me comprase la ropa de colegiala?
-¿Qué te gustaría que te regalara?
-La lencería que yo quisiera.
-Ya la puedes ir escogiendo.
Pamela le preguntó:
-¿Y a mí me regalaría un par de vibradores y un consolador si me llevo el uniforme de policía?
-Sí, y además te regalaría lubricante.
Al rato llegó el vendedor con unas ropas de colegiala y un uniforme de policía.
-Detrás de esa cortina están los probadores, id y probarlos.
Pamela no quiso probarlo, se fiaba del ojo de vendedor. Emma cruzó la cortina y se encontró con otra sección, donde había revistas, películas pornográfica y media docena de pantallas dando contenido porno. Vio a un tipo masturbándose, el tipo, que tenía una gran verga, la miró, sonrió y luego siguió a lo suyo. Emma se metió en el probador. Aquel probador era muy raro, en él había una pantalla en la que se veían escenas porno. Emma se desnudó y luego se puso la tanga y las medias de la lencería que le había regalado el vendedor. De pronto salió una gran verga por uno de los agujeros que había en un tabique de madera. Emma se asustó. El caso es que se había equivocado, el probador estaba más adelante, aquel era un cuarto donde las mujeres se masturbaban y se la mamaban a los hombres y luego, si querían, tenían sexo... En fin, que se vistió y volvió junto a su prima, que le dijo:
-Estás bien buena.
Al vendedor se le caía la baba.
-Date una vuelta para que te veamos mejor.
La dio sin ruborizarse. El vendedor se emocionó.
-¡Eres la sexualidad hecha mujer!
A Emma le gustaba que la piropearan, por eso sonrió al oír las palabras del vendedor.
-No es la cosa para tanto. Por cierto, a ver si señalan mejor los probadores.
El vendedor la pilló por el aire.
-¡¿No me digas que te equivocaste y te metiste en el cuarto del sexo?!
-Sí, te digo.
-¿Apareció algo por alguno de los agujeros?
-Apareció.
-¡Qué afortunado ha sido Anselmo al verte desnuda!
No le preguntó quien era Anselmo porque supo al momento quien era. Pamela le preguntó a su prima:
-¡¿Qué salió por el agujero?!
-Nada, y nada va a salir porque no me volveré a equivocar.
Pamela era muy curiosa.
-¿Que salió por el agujero, señor?
El vendedor estaba deseando decírselo.
-Verás, tenemos cuartos donde las mujeres se masturban mientras varios los hombres las miran. Los hombres ponen la polla a través de los agujeros que hay en un tabique de madrea y si las mujeres quieren los masturban o se la chupan. Nada es a la fuerza. Los sábados se juntan muchos hombres. La mayoría son hombres maduros y sin pareja. Si este sábado os apetece venir....
-¿Hay que pagar?
-Esto es un negocio.
Luego de haberse cambiado Emma, se fueron del Laberinto del Sexo. Salieron bromeando.
-¿Cómo era la polla que has visto, Emma?
-No era una polla.
-¡¿No?! ¿Qué era?
-Una verga cómo no había visto otra.
-¿De grande?
-Y de gorda.
-¿Y estaba dura?
-Supongo, porque tiesa estaba.
Se metieron en el auto de Pamela. Nada más sentarse le preguntó:
-¿Vamos este sábado, Emma?
-No soy tan puta.
-Si hay que pagar no seremos dos puta, las putas, cobran.
Emma le dio un empujón y al hacerlo, sin querer, le tocó una teta. Pamela puso música en su reproductor y luego le dijo:
-No me vuelvas a empujar por donde lo has hecho que me pones nerviosa.
La coqueta que llevaba Emma dentro salió a la luz.
-¿Cómo de nerviosa?
-Muy nerviosa.
-Uy, será mejor hacerte caso porque estás armada y puedes ser peligrosa.
-¿Armada con qué?
-Con dos vibradores, un consolador y lubricante.
Pamela no entendió que era un coqueteo en broma y se lanzó al vacío.
-¿Sigues viviendo sola?
-Sí.
-Me gustaría verte otra vez vestida de colegiala.
Asociando lo de vivir sola con lo de colegiala, a Emma le salió que Pamela le estaba tirando los tejos, pero siguió coqueteando.
-¿Y por qué no quieres verme con el tuyo de policía?
-Con el que tú quieras.
-No vayas por ahí, que por ahí vas mal.
-¿Por dónde crees que voy?
-De momento estás en la linea de salida. No sigas
-No seguiré, pero...
-¿Pero qué?
-Pero nada.
-Algo querrías decir.
-Es que llevo tanto tiempo sin ligar que ya no sé ni cómo empezar.
-¿Reconoces que querías ligar conmigo?
-No puedo negar lo evidente.
-¿Tan necesitada estás?
-Va a ser que sí, y como tú estás tan buena...
-Me encanta que me digan que estoy buena porque me sube la autoestima, pero que me lo diga otra mujer...
-Debía subírtela más, nunca se lo había dicho a ninguna otra.
-Pues has pinchado en hueso.
-De hueso, nada, estás maciza.
-Sabes que pinchar en hueso significa otra cosa.
-Claro que lo sé, lo de maciza era por piropearte. ¿Te puedo hacer una pregunta personal?
-Hazla.
Pamela encendió el coche y emprendiendo la marcha, le preguntó:
-¿Te mojas mucho cuando te calientan?
-¿Te mojas mucho tú?
-Sí, se me llena el coño de babas.
-Lástima que seas una mujer.
-¿Si fuera un hombre me llevaría a tu casa y me dejarías seco?
-Si, pero eres una mujer.
-Para todo hay una primera vez
-¿Sería tu primera vez con una mujer?
-No. ¿No tienes curiosidad?
-Tengo, pero la curiosidad no es buena.
-En ciertos casos es buena, y este es uno de ellos.
-¿Qué podríamos hacer tú y yo?
-Lo que hacen en los videos lésbicos. ¿Nunca has visto uno?
-Alguno he visto
-¿Y te mojaste?
-¿Te has mojado tú al verlos?
-Claro, me mojé, me toqué y me corrí. ¿Te animas?
-No sé....
-Yo solo de hablar contigo ya estoy mojada.
-¿Tanto te pongo?
-Ni te puedes imaginar cuanto.
El polvo
Emma salió de su habitación vestida de colegiala. Pamela la estaba esperando en el salón vestida de policía y al verla, le dijo:
-Con esa ropa la voy a tener que detener por escándalo público, señorita.
-¡Qué bonita se ve jefa!
-Hacerme la pelota no le va a servir de nada. La voy a cachear por si lleva droga escondida.
-Adelante.
Pamela fue junto a su prima la cacheó, palpando sus tetas por fuera del sujetador y por dentro de él, palpando su coño, por dentro y por fuera de la tanga, palpando sus costillas y palpando el interior de sus muslos.
-¿Estoy buena, inspectora?
-¡Un respeto a la autoridad!
-La autoridad a mí me la suda.
-Así que te la suda, eh.
Pamela se sentó en un sillón, puso a Emma en sus rodillas y le dio las del pulpo por encima de la minifalda y de la tanga.
-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!
Emma se quejó.
-¡Los castigos corporales están prohibidos!
-Yo hago lo que me sale del coño, para eso soy la autoridad.
-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!
Después de los azotes, la puso en pie, se levantó ella, le puso las esposas, la cogió por una oreja, la llevó a su habitación y la echó sobre la cama.
-Ahora te voy a enseñar modales.
Pamela, echada en la cama, la besó y le lamió la cara, el cuello y las orejas, le dio un par de picos, después la ayudó a sentarse y se sentó ella.
-Me gusta su lección, inspectora.
Pamela se puso seria.
-Se acabaron los juegos, prima.
Le desabotonó la blusa blanca, la abrió y vio sus bellas tetas. Le agarró la teta izquierda, le dio un beso en el pezón y después se lo chupó. A continuación le lamió el pezón y la areola y luego le mamó la teta. Le quitó la blusa hasta dejarla sobre las esposas y después le agarró las tetas y jugó con ellas hasta que los pezones quedaron tan duros como los cuernos de un toro. Emma :le djo
-Quítame las esposas que me molestan.
Se las quitó y con ellas le acabó de quitar la blusa. Luego le quitó la minifalda a cuadros rojos y blancos y la tanga negra. Emma se abrió de piernas, le echó la mano derecha a la nuca a su prima y le llevó la boca al coño. Pamela metió todo el gordo coño en la boca, le enterró la lengua en él y después se lo mamó. Segundos más tarde abrió el coño con dos dedos y lamió sin parar, de abajo a arriba. Mirando a su prima a los ojos, le preguntó:
-¿Te gusta?
-Sí.
-¿Te correrás si sigo lamiendo así?
-Sí, y si apuras un poco más me correré antes.
Aceleró las lamidas y al rato, Emma, le echó las dos manos a la cabeza y le apretó la boca contra su coño. Pamela lamió a toda mecha y Emma se corrió en su boca.
-¡Qué corrida!
Aún pulsaba su coño cuando la puso boca abajo. Le separó, las nalgas y le lamió el ojete, luego le metió dos dedos dentro de la vagina, y masturbándola, le lamió y le folló el ojete... Pasado un tiempo, cuando Emma sintió que se iba a correr, le dijo a Pamela:
-¡Para, para!
Emma se puso boca arriba.
-Anda, cómemela otra vez.
-¿Y tú no me la vas a comer a mí?
-Estaba esperando a que me lo pidieras. Ponme el coño en la boca.
-Antes me vas a comer las tetas.
-Dámelas.
Pamela le dio las tetas a mamar un buen rato. Luego le puso el coño en la boca y haciendo un 69 se comieron los coños hasta que se corrieron una en la boca de la otra.
No habían usado los juguetes, pero lo harían, ya que era el principio de una larga relación.
El laberinto del Sexo
El sábado, luego de ir a bailar, fueron al Laberinto del Sexo. Eran casi las 1.45 pm. El lugar tenía la puerta cerrada. Emma llamó a la puerta, les abrió el vendedor, y le dijo:
-Está cerrado, pero vosotras podéis entrar.
Entraron y cerró la puerta.
-Si queréis un par de cuartos para gozar, como ya hemos cerrado, serán gratis.
A eso habían ido, por eso Pamela le dijo:
-Queremos.
Les dio a un cuarto a cada una. Luego regresó con dos botellas de licor con y dos copas. Se la llevó primero a Emma, le sirvió una copa y le dijo:
-Cortesía de la casa.
Emma se mandó la copa de un trago. Ya había bebido en el baile y esta copa la puso a tono. El vendedor le dijo:
-Te dejo la botella por si te apetece tomar más, como ya te he dicho, es cortesía de la casa. Ahora voy junto a tu amiga.
Emma miró para la pantalla y vio a un negro que estaba follando a una rubia que gritaba como una loca. Se puso a mirar el video y al rato ya estaba mojada y deseando tener sexo.
Emma se había comprado un vestido ese día y por debajo solo llevaba una tanga de hilo. Con una mano comenzó a tocarse las tetas por encima del vestido, luego se tocó los muslos y al final se tocó el coño. Sabía que la estaban mirando por los agujeros y esto la excitaba Sentada en un banco que allí había, se quitó la blusa y luego se acarició las tetas, después se quitó la falda y el tanga, se abrió de piernas, y mirando a la pantalla comenzó a darse dedo
Ya estaba a punto de correrse cuando oyó ruidos del otro lado del tabique de madera. Por dos agujeros salieron dos vergas empalmadas. Emma les pasó un dedo por la cabeza, luego las agarró y las masturbó. Estaba perra perdida. Frotó las tetas contra las pollas y luego se arrodilló y las mamó con lujuria.
-¡Qué ricas!
En el momento en que las soltó, las pollas desaparecieron. Emma sintió llamar a una puerta lateral y abrió. Las pollas que habían mamado eran las de dos enmascarados. Esos enmascarados éramos el vendedor y yo. El vendedor hizo que se inclinara y le lamió el coño. Emma agarró mi polla y me la mamó. Como si no la conociera, le dije:
-Con la carita de ángel que tines, que puta que eres.
Reconoció mi voz al momento, pero también hizo como que no me conocía.
-Las apariencias engañan, papi.
El vendedor, luego de comerle el culo, le puso la polla en el coño y la masturbó con ella, moviéndola de abajo a arriba y de arriba abajo entre los labios vaginales y después clavándole la puntita en el ojete. Al rato, Emma, dejo de mamar mi polla y le dijo al vendedor:
-Por favor, fóllame el culo, papi.
Se la metió poquito a poco.
-¡Qué pervertida saliste!
También reconoció la voz del vendedor, pero iba a seguir fingiendo que no conocía a ninguno de los dos.
-A ti bien que te gusta que sea pervertida, papito.
La nalgueó y le siguió dando... A Emma le costaba respirar mientras mamaba mi polla, pero ella seguía y seguía mamando mientras la otra polla le taladraba el culo. Quería mi leche en su boca, pero no se la iba a dar. Me separé de ella, le levanté las piernas y se la metí en el coño.
Suspendida en el aire, con sus brazos rodeando mi cuello y con las dos pollas entrando y saliendo de su culo y de su coño, empezó a gemir con ganas. Poco después el vendedor se corrió dentro de su culo y luego se la quitó. Con la leche de la corrida del vendedor saliendo de su culo, le di con saña. Me comió a besos, y comiéndome a besos, explotó.
-¡¡¡Me corro!!!
Después del grito de Emma sentimos los gritos de placer de Pamela e imaginé que también le estaban haciendo una doble penetración, pero días más tarde supe que no, a ella no le estaban follando el culo y el coño, le estaban follando el culo, el coño y la boca.
Después de corrernos en sus tetas, y antes de salir de cuarto, el vendedor. le preguntó:
-¿Cuánto ganas al mes en tu trabajo?
Le dio una cifra superior a lo que ganaba, pues debió intuir que le iba a ofrecer dinero por hacer algo, y así era.
-... Y cobrarás cinco veces más de lo que ganas al mes.
-De acuerdo, acepto el trabajo.
Unos quince minutos más tarde, Emma y Pamela estaban sobre dos mesas paralelas, con diademas de flores en sus cabezas, enmascaradas y vestidas con dos enaguas cortas de seda, transparentes, en la que se veían sus tetas y sus coños. Entré acompañado de dieciséis hombres más (uno de ellos llevaba una cámara para gravar.) Íbamos todos enmascarados y nos pusimos alrededor de las mesas. Emma y Pamela, tal y como habían sido instruidas, subieron lentamente las enaguas y luego sus manos se posaron en sus coños. Nosotros sacamos las pollas y comenzamos a menearlas viendo a dos bellezas masturbándose. Mirando cómo los dedos entraban y salían de sus coños, viendo cómo miraban para las pollas y escuchando sus gemidos, nos pusimos todos como motos, hasta el cámara, que estaba curtido en la materia, no se pudo resistir a aquella escena erótica. Sin parar de gravar, sacó la polla y comenzó a menearla. Emma y Pamela se incorporaron, sacaron las enaguas y luego se volvieron a echar sobre las mesas. Ahora acariciaban sus tetas con la mano izquierda y se masturbaban con los dedos de la mano derecha. El que más y el que menos empezó a darle caña a la polla. Ellas, que veían como las pelábamos, aceleraron el mete y saca de sus dedos. Al ratito vimos como se miraban y oímos como Emma le decía Pamela:
-Córrete conmigo.
Pamela viendo como se corría su prima, le dijo:
-¡Me corro contigo!
Con ellas nos corrimos los diecisiete, ocho en la cara y las tetas de Emma, ocho más en la cara y las tetas de Pamela, y el cámara se corrió en el piso.
Al acaba de gozar y luego de cobrar, salieron del Laberinto del Sexo. Iban sonrientes, cansadas de correrse y con unos dineritos con los que no contaban.
El trío y las comparaciones
Yo estaba sentado en un sillón en el salón de mi casa. Sonó el timbre de la puerta. Emma, que estaba sentada en mi regazo, y que llevaba puesto un vestido de color rojo muy corto y ceñido al cuerpo, se levantó y me dijo:
-Debe ser Pamela.
Efectivamente, era Pamela. Traía puesto un vestido como el de Emma, pero en color negro. Las dos calzaban sandalias con tacones altos. Al entrar en el salón, sonrió y me dijo:
-Buenas noches, tío.
-Buenas, estáis las dos.
Emma le dio un pico a Pamela.
-Dile que estamos mejor que buenas.
Pamela le dio un beso con lengua y luego le dijo:
-Mejor se lo demostramos.
Pamela no quería perder el tiempo y Emma tampoco. Se quitaron los vestidos, y como no llevaban ropa interior, quedaron totalmente desnudas.
Pamela tenía las tetas más grandes que Emma, sus areolas eran rosadas y sus pezones gordos.
Las vi caminando hacia mí y casi no me creía la suerte que tenía. Al llegar a mi lado, Pamela, se inclinó y me puso la teta izquierda en la boca. Se la agarré, la magreé, le lamí los pezones y las areolas y se la mamé. Luego fue Emma la que me puso en la boca su teta izquierda, también le lamí los pezones y las areolas, se la magreé y se la mamé. Luego vino la pregunta de Emma, una pregunta con mala fe.
-¿Cuál de las dos tiene las tetas más ricas?
-No sé, tendría que volver a probar.
Me dieron sus tetas derechas a mamar. Se las mamé. Al acabar de mamar, Pamela me preguntó:
-¿Qué conclusión has sacado?
No sé porque motivo preguntaban, ya que sabían que no me podía decantar por una de ellas o se jodería el trío.
-Es imposible decir quién tiene las tetas más ricas.
Emma volvió a la carga.
-Entonces vamos a besarte a ver quien besa mejor.
Me dieron unos morreos que me dejaron la polla mojada de aguadilla, tan mojada que había mojado mi pantalón y hecho un lamparón en él. Pamela, que había sido la segunda en besarme, preguntó:
-¿Beso mejor yo, o besa mejor Emma?
No me iban a pillar.
-¿Por qué no os besáis las dos y salís de dudas?
No se lo tuvieron que pensar, se comieron las bocas con lujuria. Verlas morreándose y abrazadas la una a la otra me puso tan malo que de mi polla salió aguadilla en cantidad y el lamparón del pantalón se hizo más grande.
Al acabar de besarse le dijo Pamela a Emma:
-Besas mejor tú.
-No, besas mejor tú.
-No, tú.
Aquel era el cuento de nunca acabar. Las tuve que parar.
-Besáis las dos de maravilla.
No habían acabado de jugar conmigo, de hecho, solo acaban de empezar. Pamela, me dijo:
-A ver si esta vez te decides por uno de los coños.
Me puso su coño baboso en la boca. Se lo lamí y se lo saboreé unas veinte veces. Luego me lo puso Emma. Cuando iba por la décima o onceava lamida, me agarró la nuca con su mano derecha y moviendo su pelvis se frotó el coño contra mi lengua. Pamela dijo:
-¡Eso no vale! No es lo que habíamos hablado. Estás haciendo trampa.
Haciendo trampas o no, Emma, siguió frotando su coño contra mi lengua y se corrió en mi boca.
Al acabar de correrse y de convulsionarse, le dije a Pamela:
-Para comparar también te tienes que correr tú en mi boca.
-Sí, eso será lo justo.
Me puso el coño en la boca. ¡Cómo lo tenía! Aquello más que un coño parecía un pilón lleno de babas. Lamí y saboreé. Pamela estaba tan cachonda que en menos de dos minutos me llenó la boca con los jugos de una espectacular corrida, y llenándola, exclamó:
-¡Me voy a morir de placer!
Emma se había sentado en un sillón para descansar. Pamela, luego de correrse y tambaleándose, se sentó en otro sillón y me preguntó:
-¿Con qué coño te quedas?
-Con los dos, los dos son igual de sabrosos.
No pude más, saqué la polla y mirando para ellas comencé a menearla. Emma se puso en pie, vino a mi lado, se arrodilló y puso su lengua sobre mi polla. El contacto de su lengua con mi meato hizo su efecto y en nada me corrí. Al correrme, Emma, retiró la lengua, abrió la boca, me mamó la polla y se tragó la leche de la corrida.
Era hora de tomar algo. En la nevera tenía tres botellas de champán bien frío, unas cervezas y un par de botellas de vino. En la alacena tenía unos pasteles y en el horno una empanada de atún, pollo frito y dos docenas de pasteles.
Cenamos de todo un poco y bebimos vino y cervezas, vino lo tomé yo, que estaba cenando vestido, y cervezas las tomaron ellas, que estaban cenando desnudas. No comento lo que hablamos durante la cena porque hablamos de cosas intrascendentes, y las cosas intrascendentes es mejor obviarlas.
Volvamos al turrón.
Llegamos a la habitación de los invitados. Emma se metió en la cama dando un salto y luego preguntó:
-¿Quién me quiere dar mimitos?
Pamela le preguntó a ella:
-¿En el coñito?
Se puso a cuatro patas.
-En el coñito y en el culito.
Pamela le separó las piernas y se arrodilló detrás de ella. Yo me fui desnudando viendo como Pamela le magreaba las tetas a Emma y como lamía desde su coño hasta su culo.
Al meterme en la cama, coloqué a Pamela a cuatro patas y le hice lo mismo que le estaba haciendo ella a su prima. Al rato, vuelta de la burra al trigo.
-Para, Pamela, para. Vamos a darle las dos el culo a ver cuál prefiere.
Se pusieron las dos a cuatro patas y esperaron para ver donde la metía primero. No eran falsas, eran lo siguiente, pero a mí no me iban a joder. Les metí dos dedos dentro de la vagina a las dos y comencé a masturbarlas. Emma dijo:
-Esto no es lo que queríamos, pero bueno, ya que estás, sigue.
Estaba y sabía estar. Cuando ya andaban gimiendo como condenadas, me dijo Pamela:
-Fóllame el culo con la lengua.
-¿Para decir que te lo follé a ti primero?
-No es por eso, si quieres fóllaselo a Emma primero y después me lo follas a mí.
Se lo follé a ella.
-¡Gané!
Emma se sintió engañada.
-¡Has hecho trampa!
-Como tú antes.
Hasta los cojones me tenían. Dejé de jugar con Pamela, le eché las manos a las tetas a Emma, se la clavé en el coño de un trallazo y después le di leña para quitarle la tontería, aunque lo que le iba a quitar era una corrida bestial.
-¡Dame, dame, dame, dame que ya la siento! -le di a mazo- ¡¡Me corro!!
Al acabar de correrse, se dio la vuelta y quedó mirando hacia arriba y respirando con dificultad. Agarré a Pamela por la cintura. Se la clavé en el coño de un trallazo, y cuando le iba a dar a romper, dijo:
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!
Creí que se había terminado lo de las comparaciones, pero no era así, hasta para ir a a orinar compitieron para ver quién llegaba antes. Esta vez me hizo gracia verlas competir, pues se iban agarrando, pellizcando, empujando... Agarrándose cayeron una encima de la otra y luego se revolcaron. Parecía que se les pasaran las ganas de orinar, ya que estando Emma encima de Pamela, se comenzaron a besar. Aproveché para ir a orinar yo y luego para pillar una botella de champán en la nevera y tres copas en un mueble.
Cuando llegué junto a ellas, Pamela le comía las tetas a Emma. Puse las copas en el piso, abrí la botella, el corcho dio en el techo, el champán salió a presión y las baño a las dos. La calentura que tenían se la quito el champán frío. Emma exclamó:
-¡Está muy frío!
Me disculpé.
-No lo hice aposta. Os quería invitar a un trago.
Pamela abrió la boca.
-Dame el mío desde ahí arriba.
Dejé caer champán en su boca y luego se lo eché sobre las tetas.
Emma abrió la boca. No tuvo que decir nada. Le di de beber como le había dado a Pamela y luego también se lo derramé por las tetas. Después eché un buen trago, tan bueno que vacié la botella.
El piso había quedado perdido y era peligroso porque al ser de baldosas se podía resbalar en él. Fui a por la fregona y a por unas bayetas. Ellas fueron a orinar.
Cuando volví a la cama, me dijo Emma:
-Queremos que nos digas quién la mama mejor y quién folla mejor.
-¡No! Otra vez, no.
-Ven, que lo vas a pasar bien.
Fui hasta la cama con la polla más blanda que un flan, pero a Emma le dio igual, me la mamó y en nada la puso dura.
-Lo difícil ya está hecho. Ahora mama tú, Pamela.
Pamela metió la polla entre las tetas, las juntó con las manos y empezó a hacerme una cubana.
A Emma no le gustó lo que estaba viendo.
-Eso no es mamar.
-No, esto es para ponérsela dura del todo.
-Si ya estaba dura.
-No tanto como ahora.
-Porque tú lo digas
-A ti lo que te jode es que tienes las tetas pequeñas y no se la puedes hacer.
Emma la apartó, metió la polla entre sus tetas, las apretó con las manos y comenzó a hacerme la cubana.
-¿Puedo o no puedo?
-Lo dije para picarte y así saber una cosa. ¿Te pones cachonda al masturbarlo con las tetas?
-Un poco.
-A mí me pone muy cachonda. ¿Se la mamamos juntas y nos dejamos de tonterías?
-Sí, me gusta la idea.
Emma quitó mi polla de entre sus tetas. Cogieron mi polla y me masturbaron a dos manos. Emma lamió el glande, por un lado. Pamela lo lamió por el otro. Sus lenguas se rozaron, se miraron y luego se besaron largamente y sin dejar de masturbarme. A continuación Emma me la mamó y Pamela me lamió y me chupó los huevos, luego fue Emma la de los huevos y Pamela la de la mamada. Al rato le preguntó Emma a Pamela:
-¿Quién lo folla primero?
-Me da igual.
-Fóllalo tú que yo le voy a dar el coño a mamar.
Dicho y hecho. Emma me puso el coño mojado en la boca y Pamela me montó y me folló. Estaban una enfrente de la otra magreándose las tetas, besándose y con mi lengua y con mi polla entrando y saliendo de sus coños. Las dos se movían buscado el orgasmo... Tiempo después quien lo alcanzó fue Pamela. Al correrse se quedó quieta, dejó de gemir y comenzó a convulsionarse. No pude evitar correrme dentro de ella. Emma frotó su coño contra mi lengua a mil por hora, pero no se corrió.
Pamela, corriéndose, cayó de su montura, y echando leche por el coño, acabó de correrse en posición fetal. Emma ocupó su lugar, me dio duro y en muy poco tiempo se corrió cómo una loba.
-¡Sí, sí, sí, sí, síííí!
Nada más acabar se echó al lado de Pamela. Ya no follamos más, y fue porque al día siguiente tenían que ir a trabajar. La verdad es que me salvó la campana, lo digo porque uno ya tiene una edad.
-Me encantan tus tatuajes.
Dejó de pelar patatas se giró, me sonrió y me preguntó:
-¿Cuál te gusta más, el del brazo o el de la pierna?
-El de la pierna, está más cerca del..., por poco digo una barbaridad.
Sonrió pícaramente.
-Dila, no te cortes.
-¿Y si te parece mal?
-No creo que me parezca mal.
-No, mejor no digo nada.
Volvió a lo que estaba haciendo. Dándome la espalda, preguntó:
-¿El comentario era sobre mi culo?
-Podría haber sido, tienes un culo precioso.
-Pero no lo era.
-No, pero era algo muy parecido.
-Ibas a decir que estaba más cerca de mi coño.
-Tú lo has dicho, yo no he dicho nada.
-Pues has debido decirlo, me gusta oír cosas picantes.
Sus palabras eran una declaración de intenciones, y por si fuera poco se agachó para recoger una monda de patata que le había caído, y como no llevaba bragas, me enseñó el coño, un coño gordo que hizo que mi polla lo saludara poniéndose en pie. Fui a su lado y le dije:
-Te acabo de ver el coño.
No se cortó un pelo.
-Ando caliente. Lo raro sería que no me lo hayas visto.
Le eché las manos al culo, la apreté contra mi cuerpo y le metí la lengua en la boca, me la chupó y luego me dio la suya a chupar, después las lenguas se acariciaron y se volvieron a chupar, o sea, nos dimos un primer beso de esos que se recuerdan toda la vida. Le dije:
-Besas de maravilla.
-Eso dicen.
Le levanté la camiseta, me puse en cuclillas y le lamí su coño, una, dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y tantas veces. Después la giré y le lamí el culo otras tantas veces, y mientras esto hacía, le magreé las tetas. Al incorporarme le quité la camiseta y vi sus tetas redondas, con areolas oscuras y bellos pezones. Las agarré con las dos manos, las junté, y luego, magreándoselas, se las lamí, se las mamé..., le di un repaso de los buenos. Cachonda perdida, me dijo:
-Hoy vamos a comer tarde.
-Yo ya estoy comiendo.
Se puso en cuclillas, me bajó los pantalones, me agarro la polla empalmada, y me dijo:
-En ese caso yo también quiero comer.
Me gustó como mamó la cabeza de mi polla, envolviéndola con su lengua..., pero lo que más me gustó fue las ganas con que mamó, mamaba con ansia viva, con lujuria, lujuria que siguió en aumento cuando lamió y chupó mis huevos. Casi hace que me corra.
Cuando se puso en pie, me desnudé del todo, la senté en mi regazo y la besé con lengua. Emma se abrió de piernas, me cogió una mano y me la llevó al coño. Era obvio que quería que la masturbara. Mojé tres dedos en su coño y luego comencé a mover mis dedos sobre su clítoris, sin prisa, pero sin pausa. Después le metí dos dedos dentro de la vagina y acaricie su punto G, haciéndole el "ven aquí". Al rato dejó de besarme y arqueó su cuerpo para correrse. No dejé que se corriera. La senté sobre la mesa, ella se echó hacia atrás. Le lamí el clítoris haciendo el mismo movimiento que había hecho con los dedos y en menos de un minuto se vino en mi boca, diciendo:
-¡Me corro, papi!
Al acabar de gozar. La tiré hacia mí, le eché las manos a las tetas, se la clavé en el coño, y magreándole las tetas le di a mazo.
Emma me miraba a los ojos y mordía el labio inferior. Tiempo después me dijo:
-Me voy a correr otra vez.
La follé más rápido.
-¡Mira como me corro, mira!
Comenzó a convulsionarse. Yo sentí como su vagina apretaba mi polla y luego cómo la bañaba con los jugos de su corrida. Me dijo.
-¡Córrete conmigo, papi!
-¿Dentro?
Me respondió cogiendo mis nalgas y apretándome contra ella.
Al acabar de corrernos saqué la polla de su coño. La vagina, pulsando, comenzó a echar mi leche fuera. Le lamí el coño y la leche pringó mi lengua y todo su coño. Me dijo:
-Enséñame la lengua.
Dejé de lamer, saqué la lengua y se la enseñé pringada de leche. Me sorprendió al decirme:
-Bésame.
La besé y me chupó la lengua, luego me echó las manos a su cabeza y me llevó la boca a su coño, después frotó su pelvis contra la lengua, lo hizo cada vez más aprisa y acabó corriéndose otra vez en mi boca.
-¡Qué ricoooo!
Un par de minutos después se bajó de la mesa y me dijo:
-Siéntate en la silla que te quiero follar yo a ti.
Me senté en la silla. Emma rodeó mi cuello con sus brazos y mirándome a los ojos, me dijo:
-Métemela.
Le puse la polla en la entrada de la vagina, empujé y le metí la mitad. Emma bajó el culo, la clavó hasta el fondo y me dijo:
-Te voy a follar como nunca antes te follaron.
Con la polla en el fondo de su coño movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, lentamente y dándome picos. Un par de minutos después, los movimientos de culo se aceleraron un poco y los besos fueron con lengua, pero muy cortos, unos cinco o seis minutos más tarde, los besos ya eran más largos y los movimientos de culo más potentes. La primera vez que sacó un poco la polla del coño fue para darme las tetas a mamar.
-Juega con ellas
Las agarré, y amasándolas, lamí sus pezones, se los mordí sin fuerza, lamí sus areolas y luego le mamé las tetas
-¿Te gustaron mis tetas, papi?
-De ti me gusta todo.
Cuando bajó el culo, lo dejó caer de golpe, y ya no paró. El culo subió y bajó a toda ostia hasta que sintió cómo mi leche anegaba su coño, en ese momento, me dijo:
-¡Te voy a comer la polla con mi coño!
Corriéndose, me lo comió, menos mal que el coño no tenía dientes.
Al acabar, me besó y me dijo:
-Hora de hacer de comer.
No me pareció el momento adecuado para que volviese al trabajo.
-¿Y si pedimos unas pizzas?
Me tomó la palabra.
-La mía con ternera y champiñones.
Emma y Pamela
Pamela era una de las primas de Emma y por ende, otra de mis sobrinas. Tenía veinte y pocos años, era algo más alta que ella y estaba como un queso de tetilla.
Tomando un café y hablando de sus cosas, le dijo Pamela a Emma:
-Tengo ganas de comprar un vibrador.
-No andas bien de verga.
-Ni bien ni mal, no ando.
-Pues cómpratelo.
-Es que me da apuro ir sola a un sitio de esos, si me acompañaras...
-Puedes pedirlo por internet.
-Hay que dar el número de la tarjeta, o de la cuenta corriente y no me fío. ¿Me acompañarías a comprar uno?
-Sin problema.
Fueron a un sito al que llamaban el Laberinto del Sexo. Allí había de todo. En una sección había lencería, trajes de colegiala, uniformes de policía... En otra sección estaban los consoladores y los vibradores con diferentes diseños y de todos los tamaños y grosores. Había lubricantes, aceite orgásmico, potenciadores del orgasmo... Pamela pilló un vibrador negro, muy grande y muy grueso.
-Este se debe llamar el revienta coños.
-O el revienta culos.
-¿Es qué tú...? Ya sabes.
-Sí, cariño, sí, pero con moderación.
Mientras bromeaban cruzaron miradas y se sonrieron con el cajero del Laberinto del Sexo y con el vendedor, que eran dos hombres de unos cincuenta años.
Luego fueron a la sección de vestidos, fueron solo por curiosear. A Emma le gustó una ropa de colegiala y una lencería negra muy bonita, con sujetador, ligas y medias. Puso enfrente de ella la ropa de colegiala y se miró en el espejo. Le quedaba bien. A Pamela le gustó uno de policía y también lo puso delante de ella frente al espejo. Eran ropas para un baile de disfraces, o para darle una sorpresa a alguien en una velada de sexo. El vendedor llegó al lado de las primas.
-En el almacén tengo de vuestra talla. La verdad es que con esas ropas estaríais rompedoras.
Emma, que era una tremenda coqueta, le preguntó:
-¿Qué me regalarías si me comprase la ropa de colegiala?
-¿Qué te gustaría que te regalara?
-La lencería que yo quisiera.
-Ya la puedes ir escogiendo.
Pamela le preguntó:
-¿Y a mí me regalaría un par de vibradores y un consolador si me llevo el uniforme de policía?
-Sí, y además te regalaría lubricante.
Al rato llegó el vendedor con unas ropas de colegiala y un uniforme de policía.
-Detrás de esa cortina están los probadores, id y probarlos.
Pamela no quiso probarlo, se fiaba del ojo de vendedor. Emma cruzó la cortina y se encontró con otra sección, donde había revistas, películas pornográfica y media docena de pantallas dando contenido porno. Vio a un tipo masturbándose, el tipo, que tenía una gran verga, la miró, sonrió y luego siguió a lo suyo. Emma se metió en el probador. Aquel probador era muy raro, en él había una pantalla en la que se veían escenas porno. Emma se desnudó y luego se puso la tanga y las medias de la lencería que le había regalado el vendedor. De pronto salió una gran verga por uno de los agujeros que había en un tabique de madera. Emma se asustó. El caso es que se había equivocado, el probador estaba más adelante, aquel era un cuarto donde las mujeres se masturbaban y se la mamaban a los hombres y luego, si querían, tenían sexo... En fin, que se vistió y volvió junto a su prima, que le dijo:
-Estás bien buena.
Al vendedor se le caía la baba.
-Date una vuelta para que te veamos mejor.
La dio sin ruborizarse. El vendedor se emocionó.
-¡Eres la sexualidad hecha mujer!
A Emma le gustaba que la piropearan, por eso sonrió al oír las palabras del vendedor.
-No es la cosa para tanto. Por cierto, a ver si señalan mejor los probadores.
El vendedor la pilló por el aire.
-¡¿No me digas que te equivocaste y te metiste en el cuarto del sexo?!
-Sí, te digo.
-¿Apareció algo por alguno de los agujeros?
-Apareció.
-¡Qué afortunado ha sido Anselmo al verte desnuda!
No le preguntó quien era Anselmo porque supo al momento quien era. Pamela le preguntó a su prima:
-¡¿Qué salió por el agujero?!
-Nada, y nada va a salir porque no me volveré a equivocar.
Pamela era muy curiosa.
-¿Que salió por el agujero, señor?
El vendedor estaba deseando decírselo.
-Verás, tenemos cuartos donde las mujeres se masturban mientras varios los hombres las miran. Los hombres ponen la polla a través de los agujeros que hay en un tabique de madrea y si las mujeres quieren los masturban o se la chupan. Nada es a la fuerza. Los sábados se juntan muchos hombres. La mayoría son hombres maduros y sin pareja. Si este sábado os apetece venir....
-¿Hay que pagar?
-Esto es un negocio.
Luego de haberse cambiado Emma, se fueron del Laberinto del Sexo. Salieron bromeando.
-¿Cómo era la polla que has visto, Emma?
-No era una polla.
-¡¿No?! ¿Qué era?
-Una verga cómo no había visto otra.
-¿De grande?
-Y de gorda.
-¿Y estaba dura?
-Supongo, porque tiesa estaba.
Se metieron en el auto de Pamela. Nada más sentarse le preguntó:
-¿Vamos este sábado, Emma?
-No soy tan puta.
-Si hay que pagar no seremos dos puta, las putas, cobran.
Emma le dio un empujón y al hacerlo, sin querer, le tocó una teta. Pamela puso música en su reproductor y luego le dijo:
-No me vuelvas a empujar por donde lo has hecho que me pones nerviosa.
La coqueta que llevaba Emma dentro salió a la luz.
-¿Cómo de nerviosa?
-Muy nerviosa.
-Uy, será mejor hacerte caso porque estás armada y puedes ser peligrosa.
-¿Armada con qué?
-Con dos vibradores, un consolador y lubricante.
Pamela no entendió que era un coqueteo en broma y se lanzó al vacío.
-¿Sigues viviendo sola?
-Sí.
-Me gustaría verte otra vez vestida de colegiala.
Asociando lo de vivir sola con lo de colegiala, a Emma le salió que Pamela le estaba tirando los tejos, pero siguió coqueteando.
-¿Y por qué no quieres verme con el tuyo de policía?
-Con el que tú quieras.
-No vayas por ahí, que por ahí vas mal.
-¿Por dónde crees que voy?
-De momento estás en la linea de salida. No sigas
-No seguiré, pero...
-¿Pero qué?
-Pero nada.
-Algo querrías decir.
-Es que llevo tanto tiempo sin ligar que ya no sé ni cómo empezar.
-¿Reconoces que querías ligar conmigo?
-No puedo negar lo evidente.
-¿Tan necesitada estás?
-Va a ser que sí, y como tú estás tan buena...
-Me encanta que me digan que estoy buena porque me sube la autoestima, pero que me lo diga otra mujer...
-Debía subírtela más, nunca se lo había dicho a ninguna otra.
-Pues has pinchado en hueso.
-De hueso, nada, estás maciza.
-Sabes que pinchar en hueso significa otra cosa.
-Claro que lo sé, lo de maciza era por piropearte. ¿Te puedo hacer una pregunta personal?
-Hazla.
Pamela encendió el coche y emprendiendo la marcha, le preguntó:
-¿Te mojas mucho cuando te calientan?
-¿Te mojas mucho tú?
-Sí, se me llena el coño de babas.
-Lástima que seas una mujer.
-¿Si fuera un hombre me llevaría a tu casa y me dejarías seco?
-Si, pero eres una mujer.
-Para todo hay una primera vez
-¿Sería tu primera vez con una mujer?
-No. ¿No tienes curiosidad?
-Tengo, pero la curiosidad no es buena.
-En ciertos casos es buena, y este es uno de ellos.
-¿Qué podríamos hacer tú y yo?
-Lo que hacen en los videos lésbicos. ¿Nunca has visto uno?
-Alguno he visto
-¿Y te mojaste?
-¿Te has mojado tú al verlos?
-Claro, me mojé, me toqué y me corrí. ¿Te animas?
-No sé....
-Yo solo de hablar contigo ya estoy mojada.
-¿Tanto te pongo?
-Ni te puedes imaginar cuanto.
El polvo
Emma salió de su habitación vestida de colegiala. Pamela la estaba esperando en el salón vestida de policía y al verla, le dijo:
-Con esa ropa la voy a tener que detener por escándalo público, señorita.
-¡Qué bonita se ve jefa!
-Hacerme la pelota no le va a servir de nada. La voy a cachear por si lleva droga escondida.
-Adelante.
Pamela fue junto a su prima la cacheó, palpando sus tetas por fuera del sujetador y por dentro de él, palpando su coño, por dentro y por fuera de la tanga, palpando sus costillas y palpando el interior de sus muslos.
-¿Estoy buena, inspectora?
-¡Un respeto a la autoridad!
-La autoridad a mí me la suda.
-Así que te la suda, eh.
Pamela se sentó en un sillón, puso a Emma en sus rodillas y le dio las del pulpo por encima de la minifalda y de la tanga.
-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!
Emma se quejó.
-¡Los castigos corporales están prohibidos!
-Yo hago lo que me sale del coño, para eso soy la autoridad.
-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!
Después de los azotes, la puso en pie, se levantó ella, le puso las esposas, la cogió por una oreja, la llevó a su habitación y la echó sobre la cama.
-Ahora te voy a enseñar modales.
Pamela, echada en la cama, la besó y le lamió la cara, el cuello y las orejas, le dio un par de picos, después la ayudó a sentarse y se sentó ella.
-Me gusta su lección, inspectora.
Pamela se puso seria.
-Se acabaron los juegos, prima.
Le desabotonó la blusa blanca, la abrió y vio sus bellas tetas. Le agarró la teta izquierda, le dio un beso en el pezón y después se lo chupó. A continuación le lamió el pezón y la areola y luego le mamó la teta. Le quitó la blusa hasta dejarla sobre las esposas y después le agarró las tetas y jugó con ellas hasta que los pezones quedaron tan duros como los cuernos de un toro. Emma :le djo
-Quítame las esposas que me molestan.
Se las quitó y con ellas le acabó de quitar la blusa. Luego le quitó la minifalda a cuadros rojos y blancos y la tanga negra. Emma se abrió de piernas, le echó la mano derecha a la nuca a su prima y le llevó la boca al coño. Pamela metió todo el gordo coño en la boca, le enterró la lengua en él y después se lo mamó. Segundos más tarde abrió el coño con dos dedos y lamió sin parar, de abajo a arriba. Mirando a su prima a los ojos, le preguntó:
-¿Te gusta?
-Sí.
-¿Te correrás si sigo lamiendo así?
-Sí, y si apuras un poco más me correré antes.
Aceleró las lamidas y al rato, Emma, le echó las dos manos a la cabeza y le apretó la boca contra su coño. Pamela lamió a toda mecha y Emma se corrió en su boca.
-¡Qué corrida!
Aún pulsaba su coño cuando la puso boca abajo. Le separó, las nalgas y le lamió el ojete, luego le metió dos dedos dentro de la vagina, y masturbándola, le lamió y le folló el ojete... Pasado un tiempo, cuando Emma sintió que se iba a correr, le dijo a Pamela:
-¡Para, para!
Emma se puso boca arriba.
-Anda, cómemela otra vez.
-¿Y tú no me la vas a comer a mí?
-Estaba esperando a que me lo pidieras. Ponme el coño en la boca.
-Antes me vas a comer las tetas.
-Dámelas.
Pamela le dio las tetas a mamar un buen rato. Luego le puso el coño en la boca y haciendo un 69 se comieron los coños hasta que se corrieron una en la boca de la otra.
No habían usado los juguetes, pero lo harían, ya que era el principio de una larga relación.
El laberinto del Sexo
El sábado, luego de ir a bailar, fueron al Laberinto del Sexo. Eran casi las 1.45 pm. El lugar tenía la puerta cerrada. Emma llamó a la puerta, les abrió el vendedor, y le dijo:
-Está cerrado, pero vosotras podéis entrar.
Entraron y cerró la puerta.
-Si queréis un par de cuartos para gozar, como ya hemos cerrado, serán gratis.
A eso habían ido, por eso Pamela le dijo:
-Queremos.
Les dio a un cuarto a cada una. Luego regresó con dos botellas de licor con y dos copas. Se la llevó primero a Emma, le sirvió una copa y le dijo:
-Cortesía de la casa.
Emma se mandó la copa de un trago. Ya había bebido en el baile y esta copa la puso a tono. El vendedor le dijo:
-Te dejo la botella por si te apetece tomar más, como ya te he dicho, es cortesía de la casa. Ahora voy junto a tu amiga.
Emma miró para la pantalla y vio a un negro que estaba follando a una rubia que gritaba como una loca. Se puso a mirar el video y al rato ya estaba mojada y deseando tener sexo.
Emma se había comprado un vestido ese día y por debajo solo llevaba una tanga de hilo. Con una mano comenzó a tocarse las tetas por encima del vestido, luego se tocó los muslos y al final se tocó el coño. Sabía que la estaban mirando por los agujeros y esto la excitaba Sentada en un banco que allí había, se quitó la blusa y luego se acarició las tetas, después se quitó la falda y el tanga, se abrió de piernas, y mirando a la pantalla comenzó a darse dedo
Ya estaba a punto de correrse cuando oyó ruidos del otro lado del tabique de madera. Por dos agujeros salieron dos vergas empalmadas. Emma les pasó un dedo por la cabeza, luego las agarró y las masturbó. Estaba perra perdida. Frotó las tetas contra las pollas y luego se arrodilló y las mamó con lujuria.
-¡Qué ricas!
En el momento en que las soltó, las pollas desaparecieron. Emma sintió llamar a una puerta lateral y abrió. Las pollas que habían mamado eran las de dos enmascarados. Esos enmascarados éramos el vendedor y yo. El vendedor hizo que se inclinara y le lamió el coño. Emma agarró mi polla y me la mamó. Como si no la conociera, le dije:
-Con la carita de ángel que tines, que puta que eres.
Reconoció mi voz al momento, pero también hizo como que no me conocía.
-Las apariencias engañan, papi.
El vendedor, luego de comerle el culo, le puso la polla en el coño y la masturbó con ella, moviéndola de abajo a arriba y de arriba abajo entre los labios vaginales y después clavándole la puntita en el ojete. Al rato, Emma, dejo de mamar mi polla y le dijo al vendedor:
-Por favor, fóllame el culo, papi.
Se la metió poquito a poco.
-¡Qué pervertida saliste!
También reconoció la voz del vendedor, pero iba a seguir fingiendo que no conocía a ninguno de los dos.
-A ti bien que te gusta que sea pervertida, papito.
La nalgueó y le siguió dando... A Emma le costaba respirar mientras mamaba mi polla, pero ella seguía y seguía mamando mientras la otra polla le taladraba el culo. Quería mi leche en su boca, pero no se la iba a dar. Me separé de ella, le levanté las piernas y se la metí en el coño.
Suspendida en el aire, con sus brazos rodeando mi cuello y con las dos pollas entrando y saliendo de su culo y de su coño, empezó a gemir con ganas. Poco después el vendedor se corrió dentro de su culo y luego se la quitó. Con la leche de la corrida del vendedor saliendo de su culo, le di con saña. Me comió a besos, y comiéndome a besos, explotó.
-¡¡¡Me corro!!!
Después del grito de Emma sentimos los gritos de placer de Pamela e imaginé que también le estaban haciendo una doble penetración, pero días más tarde supe que no, a ella no le estaban follando el culo y el coño, le estaban follando el culo, el coño y la boca.
Después de corrernos en sus tetas, y antes de salir de cuarto, el vendedor. le preguntó:
-¿Cuánto ganas al mes en tu trabajo?
Le dio una cifra superior a lo que ganaba, pues debió intuir que le iba a ofrecer dinero por hacer algo, y así era.
-... Y cobrarás cinco veces más de lo que ganas al mes.
-De acuerdo, acepto el trabajo.
Unos quince minutos más tarde, Emma y Pamela estaban sobre dos mesas paralelas, con diademas de flores en sus cabezas, enmascaradas y vestidas con dos enaguas cortas de seda, transparentes, en la que se veían sus tetas y sus coños. Entré acompañado de dieciséis hombres más (uno de ellos llevaba una cámara para gravar.) Íbamos todos enmascarados y nos pusimos alrededor de las mesas. Emma y Pamela, tal y como habían sido instruidas, subieron lentamente las enaguas y luego sus manos se posaron en sus coños. Nosotros sacamos las pollas y comenzamos a menearlas viendo a dos bellezas masturbándose. Mirando cómo los dedos entraban y salían de sus coños, viendo cómo miraban para las pollas y escuchando sus gemidos, nos pusimos todos como motos, hasta el cámara, que estaba curtido en la materia, no se pudo resistir a aquella escena erótica. Sin parar de gravar, sacó la polla y comenzó a menearla. Emma y Pamela se incorporaron, sacaron las enaguas y luego se volvieron a echar sobre las mesas. Ahora acariciaban sus tetas con la mano izquierda y se masturbaban con los dedos de la mano derecha. El que más y el que menos empezó a darle caña a la polla. Ellas, que veían como las pelábamos, aceleraron el mete y saca de sus dedos. Al ratito vimos como se miraban y oímos como Emma le decía Pamela:
-Córrete conmigo.
Pamela viendo como se corría su prima, le dijo:
-¡Me corro contigo!
Con ellas nos corrimos los diecisiete, ocho en la cara y las tetas de Emma, ocho más en la cara y las tetas de Pamela, y el cámara se corrió en el piso.
Al acaba de gozar y luego de cobrar, salieron del Laberinto del Sexo. Iban sonrientes, cansadas de correrse y con unos dineritos con los que no contaban.
El trío y las comparaciones
Yo estaba sentado en un sillón en el salón de mi casa. Sonó el timbre de la puerta. Emma, que estaba sentada en mi regazo, y que llevaba puesto un vestido de color rojo muy corto y ceñido al cuerpo, se levantó y me dijo:
-Debe ser Pamela.
Efectivamente, era Pamela. Traía puesto un vestido como el de Emma, pero en color negro. Las dos calzaban sandalias con tacones altos. Al entrar en el salón, sonrió y me dijo:
-Buenas noches, tío.
-Buenas, estáis las dos.
Emma le dio un pico a Pamela.
-Dile que estamos mejor que buenas.
Pamela le dio un beso con lengua y luego le dijo:
-Mejor se lo demostramos.
Pamela no quería perder el tiempo y Emma tampoco. Se quitaron los vestidos, y como no llevaban ropa interior, quedaron totalmente desnudas.
Pamela tenía las tetas más grandes que Emma, sus areolas eran rosadas y sus pezones gordos.
Las vi caminando hacia mí y casi no me creía la suerte que tenía. Al llegar a mi lado, Pamela, se inclinó y me puso la teta izquierda en la boca. Se la agarré, la magreé, le lamí los pezones y las areolas y se la mamé. Luego fue Emma la que me puso en la boca su teta izquierda, también le lamí los pezones y las areolas, se la magreé y se la mamé. Luego vino la pregunta de Emma, una pregunta con mala fe.
-¿Cuál de las dos tiene las tetas más ricas?
-No sé, tendría que volver a probar.
Me dieron sus tetas derechas a mamar. Se las mamé. Al acabar de mamar, Pamela me preguntó:
-¿Qué conclusión has sacado?
No sé porque motivo preguntaban, ya que sabían que no me podía decantar por una de ellas o se jodería el trío.
-Es imposible decir quién tiene las tetas más ricas.
Emma volvió a la carga.
-Entonces vamos a besarte a ver quien besa mejor.
Me dieron unos morreos que me dejaron la polla mojada de aguadilla, tan mojada que había mojado mi pantalón y hecho un lamparón en él. Pamela, que había sido la segunda en besarme, preguntó:
-¿Beso mejor yo, o besa mejor Emma?
No me iban a pillar.
-¿Por qué no os besáis las dos y salís de dudas?
No se lo tuvieron que pensar, se comieron las bocas con lujuria. Verlas morreándose y abrazadas la una a la otra me puso tan malo que de mi polla salió aguadilla en cantidad y el lamparón del pantalón se hizo más grande.
Al acabar de besarse le dijo Pamela a Emma:
-Besas mejor tú.
-No, besas mejor tú.
-No, tú.
Aquel era el cuento de nunca acabar. Las tuve que parar.
-Besáis las dos de maravilla.
No habían acabado de jugar conmigo, de hecho, solo acaban de empezar. Pamela, me dijo:
-A ver si esta vez te decides por uno de los coños.
Me puso su coño baboso en la boca. Se lo lamí y se lo saboreé unas veinte veces. Luego me lo puso Emma. Cuando iba por la décima o onceava lamida, me agarró la nuca con su mano derecha y moviendo su pelvis se frotó el coño contra mi lengua. Pamela dijo:
-¡Eso no vale! No es lo que habíamos hablado. Estás haciendo trampa.
Haciendo trampas o no, Emma, siguió frotando su coño contra mi lengua y se corrió en mi boca.
Al acabar de correrse y de convulsionarse, le dije a Pamela:
-Para comparar también te tienes que correr tú en mi boca.
-Sí, eso será lo justo.
Me puso el coño en la boca. ¡Cómo lo tenía! Aquello más que un coño parecía un pilón lleno de babas. Lamí y saboreé. Pamela estaba tan cachonda que en menos de dos minutos me llenó la boca con los jugos de una espectacular corrida, y llenándola, exclamó:
-¡Me voy a morir de placer!
Emma se había sentado en un sillón para descansar. Pamela, luego de correrse y tambaleándose, se sentó en otro sillón y me preguntó:
-¿Con qué coño te quedas?
-Con los dos, los dos son igual de sabrosos.
No pude más, saqué la polla y mirando para ellas comencé a menearla. Emma se puso en pie, vino a mi lado, se arrodilló y puso su lengua sobre mi polla. El contacto de su lengua con mi meato hizo su efecto y en nada me corrí. Al correrme, Emma, retiró la lengua, abrió la boca, me mamó la polla y se tragó la leche de la corrida.
Era hora de tomar algo. En la nevera tenía tres botellas de champán bien frío, unas cervezas y un par de botellas de vino. En la alacena tenía unos pasteles y en el horno una empanada de atún, pollo frito y dos docenas de pasteles.
Cenamos de todo un poco y bebimos vino y cervezas, vino lo tomé yo, que estaba cenando vestido, y cervezas las tomaron ellas, que estaban cenando desnudas. No comento lo que hablamos durante la cena porque hablamos de cosas intrascendentes, y las cosas intrascendentes es mejor obviarlas.
Volvamos al turrón.
Llegamos a la habitación de los invitados. Emma se metió en la cama dando un salto y luego preguntó:
-¿Quién me quiere dar mimitos?
Pamela le preguntó a ella:
-¿En el coñito?
Se puso a cuatro patas.
-En el coñito y en el culito.
Pamela le separó las piernas y se arrodilló detrás de ella. Yo me fui desnudando viendo como Pamela le magreaba las tetas a Emma y como lamía desde su coño hasta su culo.
Al meterme en la cama, coloqué a Pamela a cuatro patas y le hice lo mismo que le estaba haciendo ella a su prima. Al rato, vuelta de la burra al trigo.
-Para, Pamela, para. Vamos a darle las dos el culo a ver cuál prefiere.
Se pusieron las dos a cuatro patas y esperaron para ver donde la metía primero. No eran falsas, eran lo siguiente, pero a mí no me iban a joder. Les metí dos dedos dentro de la vagina a las dos y comencé a masturbarlas. Emma dijo:
-Esto no es lo que queríamos, pero bueno, ya que estás, sigue.
Estaba y sabía estar. Cuando ya andaban gimiendo como condenadas, me dijo Pamela:
-Fóllame el culo con la lengua.
-¿Para decir que te lo follé a ti primero?
-No es por eso, si quieres fóllaselo a Emma primero y después me lo follas a mí.
Se lo follé a ella.
-¡Gané!
Emma se sintió engañada.
-¡Has hecho trampa!
-Como tú antes.
Hasta los cojones me tenían. Dejé de jugar con Pamela, le eché las manos a las tetas a Emma, se la clavé en el coño de un trallazo y después le di leña para quitarle la tontería, aunque lo que le iba a quitar era una corrida bestial.
-¡Dame, dame, dame, dame que ya la siento! -le di a mazo- ¡¡Me corro!!
Al acabar de correrse, se dio la vuelta y quedó mirando hacia arriba y respirando con dificultad. Agarré a Pamela por la cintura. Se la clavé en el coño de un trallazo, y cuando le iba a dar a romper, dijo:
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!
Creí que se había terminado lo de las comparaciones, pero no era así, hasta para ir a a orinar compitieron para ver quién llegaba antes. Esta vez me hizo gracia verlas competir, pues se iban agarrando, pellizcando, empujando... Agarrándose cayeron una encima de la otra y luego se revolcaron. Parecía que se les pasaran las ganas de orinar, ya que estando Emma encima de Pamela, se comenzaron a besar. Aproveché para ir a orinar yo y luego para pillar una botella de champán en la nevera y tres copas en un mueble.
Cuando llegué junto a ellas, Pamela le comía las tetas a Emma. Puse las copas en el piso, abrí la botella, el corcho dio en el techo, el champán salió a presión y las baño a las dos. La calentura que tenían se la quito el champán frío. Emma exclamó:
-¡Está muy frío!
Me disculpé.
-No lo hice aposta. Os quería invitar a un trago.
Pamela abrió la boca.
-Dame el mío desde ahí arriba.
Dejé caer champán en su boca y luego se lo eché sobre las tetas.
Emma abrió la boca. No tuvo que decir nada. Le di de beber como le había dado a Pamela y luego también se lo derramé por las tetas. Después eché un buen trago, tan bueno que vacié la botella.
El piso había quedado perdido y era peligroso porque al ser de baldosas se podía resbalar en él. Fui a por la fregona y a por unas bayetas. Ellas fueron a orinar.
Cuando volví a la cama, me dijo Emma:
-Queremos que nos digas quién la mama mejor y quién folla mejor.
-¡No! Otra vez, no.
-Ven, que lo vas a pasar bien.
Fui hasta la cama con la polla más blanda que un flan, pero a Emma le dio igual, me la mamó y en nada la puso dura.
-Lo difícil ya está hecho. Ahora mama tú, Pamela.
Pamela metió la polla entre las tetas, las juntó con las manos y empezó a hacerme una cubana.
A Emma no le gustó lo que estaba viendo.
-Eso no es mamar.
-No, esto es para ponérsela dura del todo.
-Si ya estaba dura.
-No tanto como ahora.
-Porque tú lo digas
-A ti lo que te jode es que tienes las tetas pequeñas y no se la puedes hacer.
Emma la apartó, metió la polla entre sus tetas, las apretó con las manos y comenzó a hacerme la cubana.
-¿Puedo o no puedo?
-Lo dije para picarte y así saber una cosa. ¿Te pones cachonda al masturbarlo con las tetas?
-Un poco.
-A mí me pone muy cachonda. ¿Se la mamamos juntas y nos dejamos de tonterías?
-Sí, me gusta la idea.
Emma quitó mi polla de entre sus tetas. Cogieron mi polla y me masturbaron a dos manos. Emma lamió el glande, por un lado. Pamela lo lamió por el otro. Sus lenguas se rozaron, se miraron y luego se besaron largamente y sin dejar de masturbarme. A continuación Emma me la mamó y Pamela me lamió y me chupó los huevos, luego fue Emma la de los huevos y Pamela la de la mamada. Al rato le preguntó Emma a Pamela:
-¿Quién lo folla primero?
-Me da igual.
-Fóllalo tú que yo le voy a dar el coño a mamar.
Dicho y hecho. Emma me puso el coño mojado en la boca y Pamela me montó y me folló. Estaban una enfrente de la otra magreándose las tetas, besándose y con mi lengua y con mi polla entrando y saliendo de sus coños. Las dos se movían buscado el orgasmo... Tiempo después quien lo alcanzó fue Pamela. Al correrse se quedó quieta, dejó de gemir y comenzó a convulsionarse. No pude evitar correrme dentro de ella. Emma frotó su coño contra mi lengua a mil por hora, pero no se corrió.
Pamela, corriéndose, cayó de su montura, y echando leche por el coño, acabó de correrse en posición fetal. Emma ocupó su lugar, me dio duro y en muy poco tiempo se corrió cómo una loba.
-¡Sí, sí, sí, sí, síííí!
Nada más acabar se echó al lado de Pamela. Ya no follamos más, y fue porque al día siguiente tenían que ir a trabajar. La verdad es que me salvó la campana, lo digo porque uno ya tiene una edad.