Trabajos múltiples

ptinto

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1 Dic 2023
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Buenas, no soy escritor, pero relataré en estos micro-relatos las experiencias que me ha dado la vida, me he movido mucho por el mundo y he trabajado en muchos sitios… Todo es real, de algunas personas no me acuerdo ni del nombre, de otras conservo su amistad y algo más. Espero que os gusten:

La tienda de zapatos I.

Mi gusto por las señoras mayores, franja de 40-70 años, me viene porque de muy joven trabajé en una zapatería. Los primeros días me los pasaba ordenando cientos de cajas de zapatos en la enorme trastienda, tenía allí una mesa y casi no salía a la zona de exposición y venta. Poco a poco me dejaron atender al público, la dueña que era una señora judía muy avispada me tenía muy controlado. Llegaba una señora y mientras la dueña hablaba con ella, yo allí arrodillado en la alfombra le ayudaba a calzarse numerosos pares de zapatos. De hurtadillas veía sus muslos, blanquitos, flácidos, a algunas les veía las bragas, me ponía malísimo y en cuanto se iba con sus bolsas de zapatos, me llevaba las cajas sobrantes a ordenarlas en la trastienda. Me sentaba en mi mesa y me hacía unas pajas tremendas pensando en la señora que acababa de atender.

Después sigo… Saludos.
 
Sigo…

Pronto mi jefa me destinó nuevamente a mi aburrido trabajo del almacén a poner y quitar cajas, sacaba las más antiguas que ponía a la venta con nuevos precios, y tenía que cambiar cientos de cajas todos los días, escalera arriba y abajo, era bastante agotador. Se acabó el chollo, así que le dije a la dueña que me gustaba más mi trabajo cuando ayudaba en la tienda a probar zapatos, que por qué ahora no me dejaba. Me miró y me dijo que se había dado cuenta de que miraba la entrepierna de las clientas y que ello le iba a traer problemas. Me dijo que si me atraían las mujeres mayores, que era raro en un chico de mi edad. Yo le confesé que sí, que me gustaban mayores, y me preguntó si ella también me gustaba, me puse rojo como un tomate, me cogió una mano y la puso en su cintura. Me temblaban las piernas. Aunque ya tenía alguna experiencia con chicas y algún chico, no muchas, con una mujer mayor era diferente…
 
Sigo y termino:

Mi mano estaba en su cintura, no me la soltó, era cálida, y empezó a subir su mano junto a la mía, hasta tocar una de sus tetas que era bastante grande, pero sin exagerar, me preguntó si estaba cómodo, y me tiré a su cuello, empecé a besárselo y a acariciar su mejilla con la otra mano, me dijo espera, al poco volvió, después me enteré que puso un cartel de cerrado por una hora en el cristal de la puerta. Cuando volvió me llevó a la mesa se sentó en ella y empezamos a besarnos con mucha pasión, me empezó a empujar para abajo, yo ya sabía lo que quería, se alzó la falda y abrió sus piernas, no tenía bragas, seguramente se las había quitado cuando fue a poner el cartel de la puerta, le comí el coño que estaba bastante mojado, se corrió fácilmente entre temblores. Me sacó la polla y tras mirarla un poco me la chupó brevemente, pero enseguida me dijo que me la follara, se acomodó de nuevo en la mesa, abrió sus piernas y la penetré con mucha facilidad. Ella apoyaba sus piernas en mis hombros y al rato me corrí con un bendito, me dijo que siguiera un poco más y a los pocos segundos se corrió nuevamente. Nos limpiamos un poco y nos recompusimos la ropa. Le dije si podía ver sus tetas, a lo que accedió, las amasé y chupé los pezones. Nos dimos un beso y seguimos trabajando. Así seguimos durante unos meses, cuando cerrábamos para comer nos dábamos placer. Hasta que llegó otra nueva oportunidad laboral y como soy un trotamundos cambié de oficio.

Espero que os haya gustado. A mí me trae muy buenos recuerdos. Era una señora estupenda.
 
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