Bcn_Bi
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*Basado en hechos reales*
Noche de viernes, estoy solo en casa y aburrido. La película malísima sobre cocodrilos asesinos que acabo de ver no me ha ayudado mucho. Me apetece mirar el Grindr, necesito mejorar esta noche, pero es tarde. La una de la madrugada. Quizás no es buena idea, la poca gente que estará conectada… a saber qué tipo de gente es y seguro que pierdo el tiempo. Si estás leyendo este relato, ya te debes imaginar que he entrado igualmente.
Un perfil en la primera fila capta mi atención. A 80 metros tengo a un tío de unos 60 años que no está nada mal. Casi me dobla la edad, yo tengo 32. Las cuatro fotos de su perfil me ayudan a olvidarme de la diferencia de edad. En una va vestido, la menos favorita de su perfil, y en las otras tres se le ve en bañador o ropa interior. Tiene muy buen cuerpo para la edad que tiene. Le doy a la llamita y le mando un mensaje.
Ei, qué tal! Según esto estamos cerca.
Hola, guapo, sí. ¿Tienes alguna foto más?
Mi perfil es bastante más discreto que el suyo, sólo se ven un par de fotos de cuerpo sin cabeza y un meme con un pictograma de uno haciéndole una mamada a otro. Para estos casos tengo un álbum preparado para que me vea la cara y el cuerpo desnudo.
Uau, qué sexy - me dice. Tarda un poco en responder, algo que me impacienta porque se hace tarde y tengo ganas de quedar con alguien. Pero nadie más me está respondiendo.
Tú que me ves con buenos ojos - le digo mientras le da un par de likes a las fotos -. Cómo estás?
Jaja, algo cachondo tío.
Esto es bueno… para mí - le digo -. ¿Te gustaría quedar?
Acabo de llegar del curro, estoy un poco cansado - me dice jodiéndome la noche -.
Vaya… con las ganas que te tenía…
Ya…
Y con lo cerca que estamos - insisto por si cuela -.
No me responde. Espero cinco minutos y lanzo un último intento.
Seguro que no podrías un rato?
Perdona, que me estaba duchando.
¿Para quedar? - le digo añadiendo un emoji sonriente -.
Qué insistente eres…
Perdona…
No, no, está bien. Va, vente y ya vemos.
Me manda su ubicación, justo al otro lado de la manzana. Salgo rápido de casa y doy la vuelta. Me ha dicho que me esperaría abajo, que no llame. Y ahí está cuando llego, vestido con una camisa y pantalones de estar por casa y unas chanclas. Es clavado a las fotos, mi temor era que fueran de hacía unos pocos años y se viera más viejo, pero me parece el mismo tío guapo que he visto en la app. Nos damos la mano y entramos a la finca.
No quiero despertar a los vecinos, algunos son muy cotillas.
Ningún problema.
Subimos en el ascensor, mirándonos sin decirnos nada, pero intercambiando alguna sonrisa. Siempre me pasa lo mismo, por la app soy muy lanzado y en persona me pongo nervioso y me corto un poco. Inseguridades mías pensando que no voy a ser suficiente para el otro, supongo.
Cuando llegamos arriba, me enseña su casa. La sala de estar funciona como distribuidor y me señala varias habitaciones: “por ahí se va a la cocina, por ahí a mi habitación, esa puerta es un baño y eso de ahí es otra habitación.” Me quedo mirando una foto suya que está al lado de la tele en la que se le ve con una mujer. “Mi ex”, me dice.
Cuando me giro hacia él, me encuentro que va completamente desnudo. Sólo lleva un anillo alrededor de su miembro en reposo. Peludo y no muy grande, me da morbo que lleve ese juguetito alrededor.
Desnúdate tu también.
Las bambas y los calcetines son lo primero que me quito. Luego la camiseta y me detengo un par de segundos. Él parece satisfecho. Sólo me quedan los tejanos y como hoy no llevo ropa interior, me giro para que me vea el culo en pompa cuando me los bajo lentamente. Siempre he querido hacer esto, me hace sentir sexy. Me giro esperando que le haya gustado. Él me repasa de arriba a abajo.
¿Quieres ir a la habitación? - me dice acompañándolo con un gesto en dirección a la habitación -.
Vamos.
Voy rápido para ponerme delante de él, así me mira un rato más. Sigo nervioso, pero desnudos me siento más relajado. Su habitación es sobria, un armario empotrado a un lado, una ventana con las cortinas corridas en el lado opuesto, y en medio una cama de matrimonio enorme. Delante de la cama una mesita con un espejo y al lado de la puerta, otro espejo de cuerpo entero.
Cuando estoy en el borde de la cama, me giro. El se queda muy cerca mío, tanto que nuestros cuerpos se rozan suavemente y puedo notar su desodorante. Mi respiración se acelera, mezcla de los nervios y la creciente excitación que llevo. Ahora no hay marcha atrás posible. Él se inclina hacia mí para besarme mientras sus manos rodean mi cintura. Yo voy a corresponderle con un piquito para empezar y me sorprende su lengua abriéndose paso entre mis labios y entrando bien al fondo. Mientras, sus manos me aprietan contra él, con una me agarra con fuerza una nalga.
Estoy paralizado, no me esperaba esta energía nada más empezar. Me recompongo y mi lengua se enrosca con la suya mientras que mis manos agarran sus nalgas también con fuerza. Un rato más de besos y me aparto un poco para ver su polla, dura como una piedra, apuntando hacia mí. Le sonrío y le muerdo los pezones mientras mis manos siguen jugando con su culo. No tardo en bajar hasta el pilón y empiezo a comerle el rabo con muchas ganas. En una de estas que intento metérmela hasta el fondo, él agarra mi cabeza y me la sujeta, no dejándome sacarla. Me empieza a faltar un poco el aire, pero no me incomoda. Me suelte y yo tiro para atrás cogiendo todo el aire posible.
Repetimos la operación un par de veces. Ahora es él el que se aparta y se tumba en la cama. Yo me subo para seguir mamando, él me pide que hagamos un 69 y me giro poniéndole todo mi paquete en su cara. Sigo mamando y él me la empieza a comer, pero se cansa pronto y ahora me está comiendo el culo. Qué rico me lo está haciendo, metiendo un dedo de vez en cuando y apretando su lengua todo lo que puede. Mi polla está chorreando de lo cachondo que me está poniendo.
Me apetece darle un beso y me pongo a horcajadas sobre él. Le meto la lengua hasta el fondo y él no desaprovecha mi posición para buscar mi culo y empezar a penetrarme. Me lo ha trabajado tan bien que entra sola y yo le ayudo bajando un poco mi trasero para que termine de entrar.
Un poco bien - le digo -, pero ponte condón, ¿vale?
No te preocupes, ahora me lo pongo.
Y nos volvemos a besar mientras empieza a bombear con movimientos suaves de cadera, sus manos sujetándome por las nalgas para guiar mis movimientos. Al cabo de poco, la saca y yo me incorporo un poco, todavía en horcajadas sobre él, para apartarme.
Espera, espera… - me dice -.
¿Te gusta verme encima tuyo? ¿Te gusta lo que ves? - me arrepiento al momento de decir esto, no sé quién me he creído -.
Me alegro de haber quedado contigo al final.
Está diciendo esto cuando agarra un bote de lubricante y se lo empieza a echar por el rabo y me mete un dedo lubricado también.
Ponte el condón, anda - le digo -.
Un poco más, que no pasa nada…
Y vuelve a dirigir la punta de su rabo a mi ano, empujándome con las manos hacia abajo. Lo noto introducirse de nuevo dentro de mí, deslizándose como si nada, provocándome mucho placer. Cierro los ojos, sucumbiendo al placer de su rabo que se desliza hasta que llego al final. Estoy así, notando su rabo dentro de mí, cuando él con la mano todavía pringada de lubricante acaricia mi glande. Un relámpago de placer recorre mi cuerpo y empiezo a cabalgarlo suave, manteniendo todo el rabo que puedo dentro de mí. Un ratito más, sólo un ratito más, mientras él me masturba suave y nos miramos a los ojos sin decirnos nada. Podría explotar de placer en cualquier momento.
Él tiene otra idea. Se incorpora y me da la vuelta, quedándose encima mío y siguiendo el bombeo suave dándome un largo beso.
¿Alguna vez te han follado así?
No, nunca - digo. Es la primera vez que me da tanto placer que me follen. Y mi primera vez a pelo -.
¿Quieres que pare?
No, no pares.
¿No quieres que me ponga el condón? - dice provocadoramente-.
Te he dicho que no pares.
Nunca he sentido tanto placer y no quiero estropearlo. Él vuelve a besarme y sigue bombeándome suave. Luego me levanta las piernas, mis tobillos a la altura de su cabeza, y me empieza a follar más fuerte. Noto más placer todavía, punzadas de placer recorren mi cuerpo de punta a punta. Que haga conmigo lo que quiera, si sigue así no tardaré en explotar.
Me pone a cuatro patas frente al espejo al lado de la puerta y puedo ver cómo me está follando y su cara concentrada en mi culo. Nos miramos a través del espejo y me sonríe. Sus manos me sujetan muy fuerte por la cintura, seguro que me dejan marca, y sus embestidas son cada vez más fuertes. Yo empiezo a jadear y a gemir cada vez que sus huevos golpean con mi culo.
Se detiene de golpe y se tumba en la cama de nuevo. Yo lo vuelvo a montar y empiezo a cabalgarlo, esta vez más rápido que antes. Él me agarra las piernas y me va diciendo lo guarro que me he vuelto, que soy un cerdo… y yo que cabalgo más fuerte hasta que un chorro de leche sale disparado de mi rabo, cruzando todo su pecho. Siento mucho placer, como nunca antes, y sigo cabalgando a ver si él también se corre conmigo. Mi rabo sigue expulsando leche y él empieza a acariciarme el glande. Gimo mucho más, termino de expulsar lo que me queda de semen y empiezo a detenerme. Me siento desbordado y agotado de tanto placer y no puedo seguir.
Me salgo y me tumbo a su lado, él empieza a masturbarse. Nos miramos y se incorpora, poniéndose entre mis piernas y frotándose más rápido. Estoy esperando su lechazo sobre mi pecho, pero mi cuerpo tiene otra idea. Levanto mis piernas todo lo que puedo, ofreciéndole una vista privilegiada de mi culo. Él me mira, un poco sorprendido.
¿Estás seguro? - duda un poco mientras sigue pajeándose -.
Yo hago que sí con la cabeza, estoy demasiado exhausto ni para hablar. Él no insiste y la vuelve a introducir. Ahora no entra tan bien, pero no me duele y sigue dándome placer. Suelto un leve gemido. Él se pone encima mío, apoyado en sus brazos, y me mira mientras sus caderas van cogiendo un ritmo más alto. Nos miramos a los ojos sin decir nada hasta que su cara se contrae y me mete un apretón hasta el fondo, aguantándolo todo lo que puede. Otro empujón, uno más suave y un último.
Se deja caer encima de mí, apoyando todo su peso en mi cuerpo, sin sacarme el pene que se va poniendo flácido. Lo abrazo y le beso el cuello, él se gira y nos damos un beso en la boca, nuestras lenguas, ahora más calmadas, vuelven a encontrarse. Poco a poco, su polla se va relajando hasta que se sale de mi culo. Él se tumba a mi lado y yo me giro hacia él.
Qué cerdo eres - me dice -.
Soy lo que tú has provocado - sonrío al notar su semen resbalando por mis nalgas -, me voy a pasar un agua.
Me levanto y mis piernas flaquean. Esta follada me ha destrozado el equilibrio. Me siento en la cama y me río.
¿Te quieres quedar a dormir?
Yo me giro hacia él y no le digo nada, sólo hago que sí con la cabeza.
Noche de viernes, estoy solo en casa y aburrido. La película malísima sobre cocodrilos asesinos que acabo de ver no me ha ayudado mucho. Me apetece mirar el Grindr, necesito mejorar esta noche, pero es tarde. La una de la madrugada. Quizás no es buena idea, la poca gente que estará conectada… a saber qué tipo de gente es y seguro que pierdo el tiempo. Si estás leyendo este relato, ya te debes imaginar que he entrado igualmente.
Un perfil en la primera fila capta mi atención. A 80 metros tengo a un tío de unos 60 años que no está nada mal. Casi me dobla la edad, yo tengo 32. Las cuatro fotos de su perfil me ayudan a olvidarme de la diferencia de edad. En una va vestido, la menos favorita de su perfil, y en las otras tres se le ve en bañador o ropa interior. Tiene muy buen cuerpo para la edad que tiene. Le doy a la llamita y le mando un mensaje.
Ei, qué tal! Según esto estamos cerca.
Hola, guapo, sí. ¿Tienes alguna foto más?
Mi perfil es bastante más discreto que el suyo, sólo se ven un par de fotos de cuerpo sin cabeza y un meme con un pictograma de uno haciéndole una mamada a otro. Para estos casos tengo un álbum preparado para que me vea la cara y el cuerpo desnudo.
Uau, qué sexy - me dice. Tarda un poco en responder, algo que me impacienta porque se hace tarde y tengo ganas de quedar con alguien. Pero nadie más me está respondiendo.
Tú que me ves con buenos ojos - le digo mientras le da un par de likes a las fotos -. Cómo estás?
Jaja, algo cachondo tío.
Esto es bueno… para mí - le digo -. ¿Te gustaría quedar?
Acabo de llegar del curro, estoy un poco cansado - me dice jodiéndome la noche -.
Vaya… con las ganas que te tenía…
Ya…
Y con lo cerca que estamos - insisto por si cuela -.
No me responde. Espero cinco minutos y lanzo un último intento.
Seguro que no podrías un rato?
Perdona, que me estaba duchando.
¿Para quedar? - le digo añadiendo un emoji sonriente -.
Qué insistente eres…
Perdona…

No, no, está bien. Va, vente y ya vemos.
Me manda su ubicación, justo al otro lado de la manzana. Salgo rápido de casa y doy la vuelta. Me ha dicho que me esperaría abajo, que no llame. Y ahí está cuando llego, vestido con una camisa y pantalones de estar por casa y unas chanclas. Es clavado a las fotos, mi temor era que fueran de hacía unos pocos años y se viera más viejo, pero me parece el mismo tío guapo que he visto en la app. Nos damos la mano y entramos a la finca.
No quiero despertar a los vecinos, algunos son muy cotillas.
Ningún problema.
Subimos en el ascensor, mirándonos sin decirnos nada, pero intercambiando alguna sonrisa. Siempre me pasa lo mismo, por la app soy muy lanzado y en persona me pongo nervioso y me corto un poco. Inseguridades mías pensando que no voy a ser suficiente para el otro, supongo.
Cuando llegamos arriba, me enseña su casa. La sala de estar funciona como distribuidor y me señala varias habitaciones: “por ahí se va a la cocina, por ahí a mi habitación, esa puerta es un baño y eso de ahí es otra habitación.” Me quedo mirando una foto suya que está al lado de la tele en la que se le ve con una mujer. “Mi ex”, me dice.
Cuando me giro hacia él, me encuentro que va completamente desnudo. Sólo lleva un anillo alrededor de su miembro en reposo. Peludo y no muy grande, me da morbo que lleve ese juguetito alrededor.
Desnúdate tu también.
Las bambas y los calcetines son lo primero que me quito. Luego la camiseta y me detengo un par de segundos. Él parece satisfecho. Sólo me quedan los tejanos y como hoy no llevo ropa interior, me giro para que me vea el culo en pompa cuando me los bajo lentamente. Siempre he querido hacer esto, me hace sentir sexy. Me giro esperando que le haya gustado. Él me repasa de arriba a abajo.
¿Quieres ir a la habitación? - me dice acompañándolo con un gesto en dirección a la habitación -.
Vamos.
Voy rápido para ponerme delante de él, así me mira un rato más. Sigo nervioso, pero desnudos me siento más relajado. Su habitación es sobria, un armario empotrado a un lado, una ventana con las cortinas corridas en el lado opuesto, y en medio una cama de matrimonio enorme. Delante de la cama una mesita con un espejo y al lado de la puerta, otro espejo de cuerpo entero.
Cuando estoy en el borde de la cama, me giro. El se queda muy cerca mío, tanto que nuestros cuerpos se rozan suavemente y puedo notar su desodorante. Mi respiración se acelera, mezcla de los nervios y la creciente excitación que llevo. Ahora no hay marcha atrás posible. Él se inclina hacia mí para besarme mientras sus manos rodean mi cintura. Yo voy a corresponderle con un piquito para empezar y me sorprende su lengua abriéndose paso entre mis labios y entrando bien al fondo. Mientras, sus manos me aprietan contra él, con una me agarra con fuerza una nalga.
Estoy paralizado, no me esperaba esta energía nada más empezar. Me recompongo y mi lengua se enrosca con la suya mientras que mis manos agarran sus nalgas también con fuerza. Un rato más de besos y me aparto un poco para ver su polla, dura como una piedra, apuntando hacia mí. Le sonrío y le muerdo los pezones mientras mis manos siguen jugando con su culo. No tardo en bajar hasta el pilón y empiezo a comerle el rabo con muchas ganas. En una de estas que intento metérmela hasta el fondo, él agarra mi cabeza y me la sujeta, no dejándome sacarla. Me empieza a faltar un poco el aire, pero no me incomoda. Me suelte y yo tiro para atrás cogiendo todo el aire posible.
Repetimos la operación un par de veces. Ahora es él el que se aparta y se tumba en la cama. Yo me subo para seguir mamando, él me pide que hagamos un 69 y me giro poniéndole todo mi paquete en su cara. Sigo mamando y él me la empieza a comer, pero se cansa pronto y ahora me está comiendo el culo. Qué rico me lo está haciendo, metiendo un dedo de vez en cuando y apretando su lengua todo lo que puede. Mi polla está chorreando de lo cachondo que me está poniendo.
Me apetece darle un beso y me pongo a horcajadas sobre él. Le meto la lengua hasta el fondo y él no desaprovecha mi posición para buscar mi culo y empezar a penetrarme. Me lo ha trabajado tan bien que entra sola y yo le ayudo bajando un poco mi trasero para que termine de entrar.
Un poco bien - le digo -, pero ponte condón, ¿vale?
No te preocupes, ahora me lo pongo.
Y nos volvemos a besar mientras empieza a bombear con movimientos suaves de cadera, sus manos sujetándome por las nalgas para guiar mis movimientos. Al cabo de poco, la saca y yo me incorporo un poco, todavía en horcajadas sobre él, para apartarme.
Espera, espera… - me dice -.
¿Te gusta verme encima tuyo? ¿Te gusta lo que ves? - me arrepiento al momento de decir esto, no sé quién me he creído -.
Me alegro de haber quedado contigo al final.
Está diciendo esto cuando agarra un bote de lubricante y se lo empieza a echar por el rabo y me mete un dedo lubricado también.
Ponte el condón, anda - le digo -.
Un poco más, que no pasa nada…
Y vuelve a dirigir la punta de su rabo a mi ano, empujándome con las manos hacia abajo. Lo noto introducirse de nuevo dentro de mí, deslizándose como si nada, provocándome mucho placer. Cierro los ojos, sucumbiendo al placer de su rabo que se desliza hasta que llego al final. Estoy así, notando su rabo dentro de mí, cuando él con la mano todavía pringada de lubricante acaricia mi glande. Un relámpago de placer recorre mi cuerpo y empiezo a cabalgarlo suave, manteniendo todo el rabo que puedo dentro de mí. Un ratito más, sólo un ratito más, mientras él me masturba suave y nos miramos a los ojos sin decirnos nada. Podría explotar de placer en cualquier momento.
Él tiene otra idea. Se incorpora y me da la vuelta, quedándose encima mío y siguiendo el bombeo suave dándome un largo beso.
¿Alguna vez te han follado así?
No, nunca - digo. Es la primera vez que me da tanto placer que me follen. Y mi primera vez a pelo -.
¿Quieres que pare?
No, no pares.
¿No quieres que me ponga el condón? - dice provocadoramente-.
Te he dicho que no pares.
Nunca he sentido tanto placer y no quiero estropearlo. Él vuelve a besarme y sigue bombeándome suave. Luego me levanta las piernas, mis tobillos a la altura de su cabeza, y me empieza a follar más fuerte. Noto más placer todavía, punzadas de placer recorren mi cuerpo de punta a punta. Que haga conmigo lo que quiera, si sigue así no tardaré en explotar.
Me pone a cuatro patas frente al espejo al lado de la puerta y puedo ver cómo me está follando y su cara concentrada en mi culo. Nos miramos a través del espejo y me sonríe. Sus manos me sujetan muy fuerte por la cintura, seguro que me dejan marca, y sus embestidas son cada vez más fuertes. Yo empiezo a jadear y a gemir cada vez que sus huevos golpean con mi culo.
Se detiene de golpe y se tumba en la cama de nuevo. Yo lo vuelvo a montar y empiezo a cabalgarlo, esta vez más rápido que antes. Él me agarra las piernas y me va diciendo lo guarro que me he vuelto, que soy un cerdo… y yo que cabalgo más fuerte hasta que un chorro de leche sale disparado de mi rabo, cruzando todo su pecho. Siento mucho placer, como nunca antes, y sigo cabalgando a ver si él también se corre conmigo. Mi rabo sigue expulsando leche y él empieza a acariciarme el glande. Gimo mucho más, termino de expulsar lo que me queda de semen y empiezo a detenerme. Me siento desbordado y agotado de tanto placer y no puedo seguir.
Me salgo y me tumbo a su lado, él empieza a masturbarse. Nos miramos y se incorpora, poniéndose entre mis piernas y frotándose más rápido. Estoy esperando su lechazo sobre mi pecho, pero mi cuerpo tiene otra idea. Levanto mis piernas todo lo que puedo, ofreciéndole una vista privilegiada de mi culo. Él me mira, un poco sorprendido.
¿Estás seguro? - duda un poco mientras sigue pajeándose -.
Yo hago que sí con la cabeza, estoy demasiado exhausto ni para hablar. Él no insiste y la vuelve a introducir. Ahora no entra tan bien, pero no me duele y sigue dándome placer. Suelto un leve gemido. Él se pone encima mío, apoyado en sus brazos, y me mira mientras sus caderas van cogiendo un ritmo más alto. Nos miramos a los ojos sin decir nada hasta que su cara se contrae y me mete un apretón hasta el fondo, aguantándolo todo lo que puede. Otro empujón, uno más suave y un último.
Se deja caer encima de mí, apoyando todo su peso en mi cuerpo, sin sacarme el pene que se va poniendo flácido. Lo abrazo y le beso el cuello, él se gira y nos damos un beso en la boca, nuestras lenguas, ahora más calmadas, vuelven a encontrarse. Poco a poco, su polla se va relajando hasta que se sale de mi culo. Él se tumba a mi lado y yo me giro hacia él.
Qué cerdo eres - me dice -.
Soy lo que tú has provocado - sonrío al notar su semen resbalando por mis nalgas -, me voy a pasar un agua.
Me levanto y mis piernas flaquean. Esta follada me ha destrozado el equilibrio. Me siento en la cama y me río.
¿Te quieres quedar a dormir?
Yo me giro hacia él y no le digo nada, sólo hago que sí con la cabeza.