berserk37
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La oveja negra
Me llamo Nikolai, me dirigía a una fiesta organizada por el que fue el peor enemigo de mi abuelo. Ahora los tiempos habían cambiado y eran socios empresarios, como mi abuelo no se fiaba me llevaba a mí para que monitorizara toda la transacción y me asegurara que no le intentaban estafar. Soy un genio de la informática, desde muy pequeño he podido hacer con un ordenador lo que los demás no podían ni soñar.
Aunque lo llamaba abuelo, no teníamos parentesco sanguino, mis padres trabajaban para él y decidió adoptarme cuando estos fallecieron, tuve una buena infancia, pues ese hombre duro como un pedernal siempre tuvo tiempo para pasarlo conmigo, fue quien me enseño a leer y me contagio ese gusto por la lectura. Tampoco escatimo ni un céntimo en darme los mejores estudios, gracias a él hablaba cinco idiomas a la perfección.
En lo único que no cedí fue en entrar en sus empresas, yo tenía otros planes, él estuvo de acuerdo mientras yo fuera su asesor. No tuve ningún problema con ello, pero lo que no me contó fue lo aburridas que eran esas fiestas, además de que la tensión se podía cortar con un cuchillo. Casi todos los presentes en esas fiestas habían sido enemigos en algún momento de sus vidas y los rencores seguían ahí.
Saber que el anfitrión de la fiesta había sido el peor enemigo de mi abuelo no ayudaba, el negocio que le había propuesto Malcolm parecía bueno sobre el papel, los dos ganarían mucho dinero, pero saldríamos de dudas pronto, pues esa noche los dos tendrían que depositar una suma de dinero para poner ese negocio en marcha. Mi trabajo sería verificar que Malcolm también ponía su parte y no era una treta para estafar a mi abuelo.
Malcolm era el único en la ciudad con el poder de plantar cara a mi abuelo, pero siempre sospeche que aquí había gato encerrado y después de una ardua investigación descubrí lo que era, pero de ello hablaremos más adelante. Por fin llegamos a la mansión de nuestro anfitrión, solo con ver aquel castillo inexpugnable eras más que consciente de que Malcolm nadaba en dinero.
- Cambia esa cara Nikolai–me reprocho mi abuelo–. Tú sonríe, seguro que luego te lo pasas bien.
- Seguro que si abuelo–conteste–. No creo que haya nada que haga cambiar esta expresión de extremo aburrimiento.
No vendas la piel del oso antes de cazarlo, no sé quién lo dijo, pero tenía razón, el anfitrión se encontraba sobre el tercer peldaño de una escalera empezando por abajo, del brazo de la mujer más hermosa que hubiera visto en toda mi vida, su pelo tenía el mismo brillo que el fuego y sus ojos eran tan azules como el mar. Podía notar como mis pulsaciones crecían amenazando con sacarme el corazón del pecho, amor a primera vista, siempre me reí de ello pensando que era un mito como el del Yeti.
Pero lo estaba sintiendo en mi cuerpo, mis manos sudorosas, mis pulsaciones desbocadas, mire a mi abuelo que reía divertido.
- ¿Te hace gracia verdad?– pregunté–. Tus sabías que ella estaría aquí, ¿verdad?
- Es la adquisición más valiosa de Malcolm–dijo el abuelo–. No pierde oportunidad de lucirla.
- Las mujeres no son objetos–conteste–. ¡Que ser más miserable!
- Se llama Erin–dijo mi abuelo–. Tenéis mucho en común.
Mientras pensaba en lo que mi abuelo me había dicho, este se fue a hablar con algunos de los invitados, seguramente para hablar de futuros negocios. La fiesta fue un coñazo como me imagine, pero pase el rato observando a aquella preciosa mujer, también fui consciente de que ella no me quitaba la vista de encima, entonces me sonrió. Sentí como si mis pulmones se hubieran cerrado incapaces de almacenar oxígeno.
Mientras seguía inmerso en esos sentimientos nuevos para mí, no me fije en que uno de los gorilas de Malcolm se acercaba hacia mí, fui consciente de su presencia cuando me dio un buen golpe en la espalda como saludo.
- La oveja negra–dijo aquel mastodonte–. Así es como te denominan en tu familia, ¿verdad?
- Puede–conteste–. Pero no creo que sea de tu incumbencia.
Escuchar eso mientras le miraba fijamente a los ojos no fue del agrado de ese mastodonte.
- Podría matarte ahora mismo enano–dijo el mastodonte.
Acto seguido abriéndose la americana mostró una reluciente arma, si pensaba que con eso me iba a amedrentar estaba listo el musculitos.
- Yo no uso ni armas de fuego ni armas blancas–dije–. Las armas que yo uso se sustentan en ceros y unos, pero con eso puedo hacer que desaparezcas de la faz de la tierra, solo dejando un cuerpo vivo, pero sin identidad.
El musculitos se quedó mirándome furioso, pero sin saber como contestarme.
- ¿Cuánto crees que tardarían todos los que están aquí en quitarte del medio?–pregunte–. Piensa en ello.
Toda la sala se quedó en silencio, Malcolm y mi abuelo que se encontraban conversando en esos momentos dejaron de hacerlo para acercarse donde nos encontrábamos nosotros. Mientras el abuelo me pregunto si me encontraba bien, Malcolm le dijo algo en el oído al musculitos que hizo que este se quedara blanco como el papel.
La verdad es que no tenía ninguna intención de montar ningún espectáculo, pero me deje llevar, entonces fui donde un camarero para coger un chupito de vodka. Estaba muy bueno, la verdad es que Malcolm había demostrado tener un buen gusto para la bebida. Cogí otros dos chupitos y salí a una gran terraza que se encontraba al final de ese gran salón, apoyándome en el barandado tomando uno de los chupitos.
Podía notar como la bebida me rascaba la garganta, pero consiguió que la mala leche que ese musculitos me había puesto empezara a disminuir, entonces escuche unos pasos que se acercaban a mí.
- No está nada mal–dijo Malcolm–. Pocos le dejan sin palabras.
- Le pido disculpas–conteste–. No era mi intención estropearle la fiesta.
- Tutéame hombre, eso no es lo que me ha molestado, de hecho te has ganado mi respeto–dijo Malcolm.
- ¿Entonces que es lo que te ha molestado?–pregunte.
- Tu forma de mirar a Erin–contesto–. Ella es mía, que te quede claro.
- Lo primero, Erin no es propiedad de nadie–dije–. Pero reconozco que me he quedado prendado de su belleza y tal vez he sido muy irrespetuoso, después me disculparé con ella.
- ¡Con ella!, con quien tienes que disculparte es conmigo–dijo Malcolm–. Podría matarte por esto.
- Podrías–conteste–. Pero si yo fuera tú me miraría el pecho.
Cinco puntos rojos aparecían en su pecho, Malcolm al ser consciente pronuncio el nombre de mi abuelo.
- Él no tiene nada que ver–dije–. De hecho no sabe que están aquí.
- ¿Los has contratado tú?–pregunto–. Oveja negra, empiezo a entender de donde viene ese sobrenombre, eres el más peligroso de esa familia.
- Me han invitado a una casa llena de mafiosos–conteste–. Toda precaución es poca.
- Bien jugado–dijo Malcolm.
Después de eso se dio media vuelta con una tensa sonrisa, Cogiendo el último chupito me lo tomé de un trago. Estaba convencido de que iba a ser la noche más aburrida de mi vida y estaba siendo todo lo contrario, no había salido de un problema y ya me estaba metiendo en otro. Cerca del barandado había un banco de piedra, me senté en él mirando al cielo. Estaba despejado y se veían perfectamente las estrellas, eso aunado a que la temperatura había refrescado un poco sirvió para calmarme, pero la calma duro poco, pues alguien se sentó a mi lado.
- Oveja negra–dijo Erin–. He llegado a pensar que tendría un significado diferente, pero al final has resultado ser como los demás.
- No juzgues el libro por las tapas–conteste–. Además, ese apelativo no va por donde tú crees.
- ¿A no?, sorprenderme–me reto Erin.
- La fuerza lo es todo en mi familia, a mi abuelo le ha ido bien así–dije–. Yo prefiero usar la inteligencia y eso me hace débil a sus ojos, de ahí lo de la oveja negra, ¿te he sorprendido?
- Sí, lo has hecho–contesto Erin–. Y para bien tengo que decir.
La noche mejoro muchísimo, la Erin que se sentó a mi lado estaba a la defensiva, convencida que yo era igual a Malcolm o mi abuelo, pero al descubrir que no era así su forma de tratarme cambio completamente. Erin resultó una mujer divertida y con un abanico extenso de temas con los que poder conversar con ella. No solo era bella, sino que también muy inteligente y cercana, no pude evitar mirar por uno de los ventanales.
En él pude ver la sonrisa de mi abuelo mientras conversaba con Malcolm al que se le estaban llevando los demonios, si no hubiera contratado a esos tiradores que me protegían es muy posible que esa noche hubiera sufrido un lamentable accidente.
Cuanto más hablaba con Erin más me sorprendía de que estuviera casada con Malcolm.
- ¿Que tiene Malcolm contra ti?–pregunte–. Siento ser tan directo.
- Tiene secuestrada a mi hermana–contesto–. No me quedo otra que casarme con ese monstruo.
- Ya veo, Malcolm siempre tiene las cartas ganadoras–dije–. Igual que con mi abuelo.
- ¿Qué quieres decir?–pregunto Erin.
- Malcolm tiene los trapos sucios de todos los presentes en esta fiesta–dije–. De no ser así mi abuelo no estaría siendo tan amable con él.
- No solo secuestro a mi hermana–contesto Erin–. Mato a mis padres.
- Ahora me ha quedado claro lo que quería decir mi abuelo, con lo de que teníamos mucho en común–conteste–. Yo también perdí a mis padres.
Los dos nos quedamos en silencio mientras nos mirábamos a los ojos, su mirada me tenía hipnotizado y no pude evitar ponerme rojo como un tomate girando mi cabeza llena de vergüenza.
- Me gustaría disculparme contigo Erin–dije–. Te he mirado de forma indecorosa toda la noche y no era mi intención.
- No tienes por qué disculparte–contesto Erin–. Yo he hecho exactamente lo mismo.
- Encontraré a tu hermana–dije–. Dame tiempo.
- ¿Por qué quieres ayudarme?–pregunto Erin–. Si Malcolm se entera estarás en un lío.
- Esta noche al mirarte he sentido algo que no había sentido en mi vida– conteste–. El querer ayudarte nace de mi corazón.
No nos dio tiempo a hablar más, uno de los hombres de mi abuelo vino a buscarme para que supervisara la operación, Erin con gran disimulo y mucha destreza metió algo en mi bolsillo y se despidió de mí dándome un tierno beso en la mejilla, menos mal que Malcolm no estaba ahí para vernos. De haber estado, hubiera mandado que nos fusilaran, la transacción fue como la seda, Malcolm metió la misma cantidad que mi abuelo en una cuenta, después de eso la fiesta se acabó.
- Veo que has hecho buenas migas con Erin–dijo mi abuelo–- esa chiquilla ha sufrido mucho.
- Voy a ayudarla–conteste–. No te estoy pidiendo permiso.
- Lo sé–dijo mi abuelo–. Comprenderás que no podemos involucrarnos.
- Si–conteste–. Me las arreglaré, no te preocupes.
- No me preocupo–dijo mi abuelo–. Erin es un arma viviente, si Malcolm sigue con vida es porque tiene algo con que chantajearla.
- Es verdad que lo tiene–conteste–. ¿Cómo sabes que es tan peligrosa?
- Me hizo esta cicatriz en la mejilla–dijo mi abuelo–. Nadie se había acercado tanto a mí en mi vida y nadie lo ha vuelto a hacer.
- Pues eso me tranquiliza–conteste–. Sabes que la lucha cuerpo a cuerpo no es lo mío.
Mío abuelo empezó a reírse mientras asentía con la cabeza, al mirar el bolsillo tenía una nota con el número de Erin. Desde ese día nos estuvimos mandando mensajes todos los días, pero hice caso al consejo de mi abuelo de no quedar de momento con Erin, Malcolm era un mal enemigo. La primera vez que nos vimos en persona fue en el hospital, tenía mi propia empresa, una empresa legal que me aportaba grandes beneficios.
Parte de esos beneficios los utilizaba para ayudar a gente que no tenía recursos, como a la familia que gracias al dinero que había donado de forma anónima pudieron darle a su hijo un tratamiento experimental que había dado resultados esperanzadores. Mientras miraba desde la distancia note la presencia de una persona a mi espalda, al darme la vuelta pude ver que era Erin.
- Eres un Robin Hood moderno–dijo Erin–. Me gusta mucho esta faceta tuya.
- No soy exactamente un Robin Hood–conteste–. Solo que pienso que el dinero si da la felicidad si se utiliza como es debido, para ayudar y no para destruir.
- ¿Crees que se salvara?–pregunto Erin.
- No lo sé–conteste–. Pero ahora tiene una oportunidad de sobrevivir, el tiempo lo dirá.
- Y si no se salva–dijo Erin–. Será un golpe duro para sus padres.
Sabía qué estaba pensando en su hermana, en que haría si no conseguía salvarla.
- Ven-dije–. Quiero enseñarte algo.
Andando por un largo pasillo llegamos a planta de maternidad, la llevé hasta una de las habitaciones donde se encontraba una mujer con su hijo en brazos mientras lo miraba con la sonrisa más grande del mundo.
- Esta mujer fue diagnosticada con un cáncer en estadio cuatro–dije–. Le dieron seis meses de vida.
- ¿Ha podido quedarse embarazada tomando el tratamiento?–pregunto Erin.
- Los tratamientos convencionales no estaban resultando–conteste–. Pero había un tratamiento que podría frenar la metástasis concediéndole años de vida y sobre todo su deseo de ser madre.
- ¿Cuántos años?–pregunto Erin.
- De tres a cinco años–conteste–. En buen estado de salud.
- No crees que es un poco cruel–dijo Erin–. Ella morirá y no verá crecer a su hijo.
- Mírala bien, ha cumplido su sueño de ser madre y es feliz–conteste–. Además, tal vez ese niño le dé la fuerza suficiente para que se obre el milagro.
- ¿Ella lo sabe?–pregunto Erin–. ¿Sabe que como mucho durara cinco años?
- Si no se le ocultó nada–conteste–. Puede parecer una postura egoísta, pero esa mujer tiene una razón para luchar y para vivir, el tiempo lo dirá.
- ¿Por qué el común de los mortales no conoce estos tratamientos?–pregunto Erin–. Cuantas vidas se podrían salvar.
- Las personas que se lo pueden permitir se pueden contar con los dedos de las manos–conteste–. Además, a las farmacéuticas les interesan las enfermedades crónicas, cuanto más tiempo más dinero.
- ¡Cómo pueden dormir por las noches!–dijo Erin–. Yo sería incapaz.
- Pienso lo mismo–conteste–. Hace tiempo fui consciente que ir contra las farmacéuticas era inútil, según la ley no están haciendo nada malo, así que intento ayudar de esta manera, ojalá pudiera hacer más.
- El día de la fiesta la primera impresión que tuve de ti fue muy buena–dijo Erin–. Veo que no me equivoque, además tengo que decir que cada vez me gustas más.
No me esperaba una respuesta así, mi cara se sonrojó como si fuera un tomate. Erin cogiéndome del brazo coloco su cabecita sobre mi hombro mientras sonreía.
- ¿Cómo me has encontrado?–pregunte–. Muy pocas personas saben que vengo a este hospital.
- Tu abuelo me lo dijo–contesto Erin–. También me pidió que cuidara de ti.
-Así que te dijo eso–dije–. Ya le vale al carcamal.
- Seguro que lo dijo en broma–dijo Erin–. No creo que te haga falta para nada.
- No sé pelear–conteste–. La noche de la fiesta, si el gorila de Malcolm se hubiera arrancado contra mí me hubiera dado una buena paliza.
- ¿Cómo?–se sorprendió Erin–. No vi atisbo de miedo en tu mirada.
- No le tenía miedo–conteste–. Pero eso no cambia el hecho de que no sé pelear, cuando dos personas se pelean generalmente a uno le sube el ego y al otro le crece el rencor.
- Saber defenderse es importante–contesto Erin–. Aquella noche podría haber terminado muy mal.
- Tienes razón–dije–. Pero de verdad creo que un buen diálogo arregla más problemas que un puñetazo.
- ¿Y si el diálogo falla?–pregunto Erin–. ¿Qué harás entonces?
- Salir corriendo–conteste.
Esa contestación hizo que Erin soltara una carcajada, la verdad es que cada vez me gustaba más y era consciente que me estaba enamorando de ella mucho más deprisa de lo que me gustaría. La invité a tomar un café, cerca de aquel hospital había una cafetería en donde servían un café muy bueno.
Una vez allí, pedimos dos cafés con leche, mientras nos los servían decidí llamar a mi abuelo.
- Abuelo–dije–. Di a mis sombras que se tomen el resto del día libre.
- Eso no puede ser– contesto mi abuelo–. Si te atacan estarás en peligro.
- Estoy en una cafetería con Erin–dije–. ¿Te acuerdas de lo que le has pedido?
- Claro–contesto mi abuelo–. Le he pedido que cuide de ti.
- En tu opinión Erin es fuerte, ¿verdad?– pregunté–. Porque eso es lo que me dijiste.
- Su letalidad es igual a su belleza–contesto mi abuelo–. No tengas duda de eso.
- Entonces con quien estaré más a salvo será con ella–conteste.
Mi abuelo se quedó en silencio por un rato, eso hacía cuando solía sopesar las respuestas.
- De acuerdo–dijo mi abuelo–. Ordenaré que vuelvan.
- Es verdad lo que le dijiste a Malcolm–contesto Erin–. ¿Hoy no has contratado francotiradores para que te protejan?
- Hoy no me hacían falta–conteste–- guardarme el secreto por favor.
-Tu abuelo sigue pensando que eres una mosquita muerta–dijo Erin–. Menuda sorpresa se va a llevar el día que sepa la verdad.
Erin empezó a reírse a mandíbula partida, mientras todos nos miraban asombrados, después le pedí que viniera conmigo. Nos montamos en mi coche para dirigirnos a unas viejas oficinas que había comprado a las afueras de la ciudad. Era el lugar perfecto para montar nuestra base, nadie aparte de mí conocía este sitio, se las compré a un hombre que estaba a punto de jubilarse y pensaba reformarlo para convertirlo en mi refugio donde poder trabajar con tranquilidad.
- Te presento el que será mi Sancta sanctórum–dije–. Eres la única persona aparte de mí que conoce su existencia, guardarme el secreto.
- Claro, ¿pero qué hacemos aquí?–pregunto Erin.
- Esta será nuestra base–conteste–. Aquí descubriremos donde se encuentra tu hermana, además de saber donde esconde Malcolm los trapos sucios de toda la gente influyente de esta ciudad.
- ¿Cómo vamos a conseguir eso?–pregunto Erin–. Malcolm no confía en nadie.
- Con esto–conteste–. Eres la única que puede dar el cambiazo, sin que él note nada.
De uno de los armarios saque un móvil identifico al que usaba Malcolm, se lo clone la noche de la fiesta mientras salió a amedrentarme, tengo que reconocer que las bravuconadas de aquel musculitos me vinieron bien para llamar la atención del anfitrión. Una vez que Erin diera el cambiazo podríamos escuchar todo lo que Malcolm hablara, después solo era cuestión de tener paciencia, en algún momento desvelaría el paradero de la hermana de Erin y donde escondía los trapos sucios. No podía dejar de preguntarme que guardaba de mi abuelo, conocía todos los hechos delictivos que había cometido, lo que Malcolm tenía sobre la tenia que ser algo realmente espantoso, la verdad es que me daba miedo saberlo.
No me chupaba el dedo, sabía que mi abuelo era un mafioso y posiblemente el más peligroso de todos, pero conmigo siempre se portó bien y fue la única persona en este mundo que me demostró cariño. Aquella noche me queda en las oficinas a la espera de que Erin diera el cambiazo para dejar todo preparado y así poder grabar todo lo que se dijera a aquel móvil, la luz verde en la pantalla de mi ordenador se encendió, Erin había conseguido dar el cambiazo y mi ordenador había comenzado a grabar.
La curiosidad me pudo, poniéndome los cascos empecé a escuchar, tal vez hubiera sido mejor no haberlo hecho. Podía escuchar nítidamente como dos personas estaban follando, saber que Erin y Malcolm estaban follando no fue agradable, pero lo peor fue escuchar como Erin derramaba lágrimas, casi podía sentir la repugnancia que estaba sintiendo Erin al tener que soportar las embestidas del hombre que mato a sus padres y secuestro a su hermana.
El sexo no duro mucho, pude escuchar como un cuerpo se levantaba de aquella cama, era Malcolm que increpaba a Erin por su actitud. Después lo único que se escuchó fueron unos pasos y un portazo. Deje de escuchar, me sentía en parte responsable, estaba casi seguro que a Erin no le quedo más remedio que follar con él para poder hacer el cambiazo, tan absorto estaba en mis pensamientos que no escuche como alguien entraba en la habitación en donde me encontraba.
Al levantar mi rostro y mirar para arriba allí se encontraba Erin, todavía con los ojos rojos de llorar, me levante y la abrace, ella respondió al abrazo mientras las lágrimas volvían a recorrer su rostro.
-Lo siento Erin–dije–. No pensé…
- No es culpa tuya–contesto–. No había ninguna otra manera, si con esto consigo liberar a mi hermana habrá valido la pena.
- Lo he escuchado todo–dije–. Lo siento de verdad.
- Desde que me obligo a casarme con él, esta es la segunda vez que me acuesto con él–dijo Erin–. La primera fue para que me permitiera ver a mi hermana y esta segunda con la esperanza de verle destruido.
Hablamos durante horas, Erin odiaba profundamente a ese hombre, para ella que sus manos la rozaran era como si hierros candentes se hundieran en su piel, en cuanto llego a su casa sabia lo que tendría que hacer para que Malcolm bajara la guardia, así que no le quedo más remedio que usar lubricante, porque aunque Malcolm era un hombre atractivo que estaba en muy buena forma física la repugnancia que sentía Erin por el era tal, que de no ser por el lubricante la hubiera destrozado.
En aquellas oficinas lo primero que hice fue comprar una cama con un buen colchón, me conocía bien y sabía que una vez empezara a trabajar me pasaría más de una noche en vela, de esa manera podría descansar unas horas. Erin no quería volver a la casa que compartía con Malcolm, Erin estrenaría ese dormitorio improvisado que había montado, tenía un armario donde poner la ropa y una pequeña mesilla con una lámpara.
La habitación era un poco espartana, pero al mirarla, una sonrisa empezó a crecer en el rostro de Erin. Aquella habitación comunicaba con un pequeño baño con un plato de ducha pequeño, pero suficiente para darte una ducha relajante, eso es lo que hizo Erin, después me dijo que al día siguiente iría a casa en cuanto Malcolm se fuese para recoger sus cosas. Me ofrecí a ayudarla, pero se negó diciéndome que si entraba con ella los gorilas de Malcolm me harían pedazos, con una sonrisa me dijo que lo mejor que podía hacer era esperarla en esas oficinas con un buen desayuno para ella.
Después de ducharse se puso una camiseta mía y se metió a la cama, estaba muy cansada, espere junto a ella hasta que se durmió, después volví a sentarme delante del ordenador. Cogiendo los cascos para pasarme unas cuantas horas escuchando todo lo que se decía delante de ese móvil. Lo que creí que serían unas horas termino siendo toda la noche.
Malcolm frustrado por no poder follar con su trofeo como él llamaba a Erin se fue donde una de sus amantes para desquitarse, en cuanto llego a la casa de la amante deje de escuchar, deje los cascos sobre la mesa y me dirigí a la habitación donde dormía Erin, se había destapado, me acerque y la tape para después darle un beso en la frente. Volví a la sala y cogí un disco duro externo de nueve terabytes, configurándolo para que todo lo que se dijera se guardara en él.
Después me deje caer en el asiento, no sé cuando ocurrió, pero me quede dormido. Erin me despertó al día siguiente, comentándome que me duchara mientras ella hacia la cama, después me invitaría a desayunar en una cafetería que quedaba cerca de la casa de Malcolm, yo la tendría que esperar ahí, después los dos volveríamos a la oficina donde ella se quedaría escuchando las conversaciones mientras yo volvía a mi empresa como si no ocurriera nada.
A la orden pensé, como me pidió la espere en la cafetería, no tardo mucho en volver arrastrando una maleta.
- Has tardado poco–dije–. ¿Solo traes eso?
- Solo he cogido lo que traje yo a esta casa–contesto–. Todo lo que me ha comprado él ahí se ha quedado.
Desayunamos tranquilamente y volvimos a las oficinas donde Erin empezó a deshacer esa maleta metiendo toda su ropa en el armario, después saco una pistola que metió en uno de los cajones.
- Esto es como los condones–dijo Erin–. Es mejor tenerlos y no necesitarlos, que necesitarlos y no tenerlos.
- Lo entiendo–conteste–. Llevo toda mi vida viendo hacer eso a mi abuelo y no consigo acostumbrarme.
- La he traído por si acaso–dijo Erin–. Por si Malcolm llegara a encontrarnos.
Entonces se acercó a mí y me dio un tierno beso en los labios, me quede mirándola totalmente asombrado mientras me tocaba mis labios con la punta de mis dedos.
- ¿No te ha gustado?–pregunto Erin–. Si es así no lo hago más.
- Me ha gustado mucho–conteste–. Solo que me has pillado desprevenido, pero hazlo cuando quieras.
Erin se rio, después se puso a ordenar los cajones mientras me decía que llegaría tarde al trabajo, ¿tarde? Eran las once de la mañana, llegaba cuatro horas tarde, durante todo el día no pude dejar de pensar en ese beso, fue un beso porque ella sentía lo mismo que yo o solo era un beso de agradecimiento. Normalmente, solía hacerme ilusiones para después chocar con el muro de la realidad, rezaba para que esta vez no fuera igual, porque ya me había enamorado de Erin hasta el tuétano.
Al final decidí centrarme en el trabajo, puesto que no sacaría nada en claro. No volví a pensar en ello hasta que salí de las oficinas. Aunque era el jefe, solía ser el primero en entrar y el último en salir, la verdad es que no me gustaba dejar los trabajos a medias, así que me solía quedar hasta terminarlos, una vez en mi coche yendo a la base fue cuando volvió el beso a mi mente, necesitaba saber lo que sentía Erin, si me quería como yo a ella sería increíble, pero si no era así lo mejor era quitarse la tirita de golpe.
Al principio estaba muy seguro de querer saberlo, pero según me acercaba empezaron a crecer las dudas dentro de mí, una vez dentro de nuestra base no tuve que decir nada, mi cara lo decía todo, Erin se quitó los cascos y se acercó a mí.
- ¿Qué te ocurre?–pregunto Erin–. Tienes mala cara.
- Me gustaría saber si el beso de esta mañana era porque sientes algo por mí o por agradecimiento–dije–. Nunca quiero hacerme ilusiones, pero siempre me las hago y termino chafado.
- Siento algo por ti, de eso puedes estar seguro–contesto Erin–. Además si ese beso fuera por agradecimiento te hubiera invitado a unas cervezas.
Esto último me lo dijo con una cara que daba miedo, pero saber que Erin correspondía mis sentimientos no solo me tranquilizo, también me hizo muy feliz. Estaba acostumbrado a terminar casi siempre en la zona de amigo de las chicas, alguna vez que salí con los guardaespaldas de mi abuelo todas las chicas se fijaban él ellos terminando yo por ser el hombre invisible. En más de una ocasión me fui y nadie me echo de menos.
Estaba como en una nube, una mujer como Erin se había enamorado de mí, si os digo la verdad no me lo podía creer, una vez que la euforia se pasó pude ver la cara de preocupación de Erin, se movía inquieta en la silla con los cascos puestos.
- Que ocurre Erin–pregunte–. ¿Le ha pasado algo a tu hermana?
- No, Malcolm habla de todo con sus hombres, menos de mi hermana y donde tiene guardado la información con la que chantajea a tu abuelo–contesto Erin–. Es muy difícil no desmoralizarse.
- Este trabajo es así–dije–. Tenemos que tener paciencia.
La verdad es que era un trabajo arduo, donde se metían muchas horas y casi no se conseguían resultados, así estuvimos las siguientes semanas, todas las noches traía la cena para los dos. Cada noche nos acercábamos más el uno al otro hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Nuestros labios se fueron acercando cada vez más hasta que se juntaron en un lujurioso beso.
Nos estuvimos besando durante un buen rato, solo la falta de aire hizo que nuestros labios se separaran. Notaba todo mi cuerpo arder y viendo el estado de Erin ella debía de estar sintiendo lo mismo que yo, cogiéndome de la mano me llevo hasta el dormitorio. Erin solo llevaba una camiseta y unos pantalones cortos, al quitarse la camiseta aparecieron dos pechos de tamaño medio con unos grandes pezones rosados, no pude aguantarme y me lancé a chuparlos con glotonería mientas Erin posaba una de sus manos en mi cabeza para que no dejara de hacerlo. Los jadeos de Erin cada vez eran más fuertes hasta que termino explotando en un orgasmo que hizo que todo su cuerpo temblara. No fue la única que exploto en un brutal orgasmo, mientras yo me deleitaba con uno de sus pezones, Erin había metido su mano en mi pantalón cogiendo mi erecta herramienta, masajeándola de tal manera que me estaba proporcionando el mayor placer de mi vida.
Nos separamos para tomar un poco de aire, pero esto no había acabado, ni estaba cerca. Erin poniéndose de pies empezó a bajarse el pantaloncito corto, despacito para que me diera tiempo de recrearme en la visión de su coñito húmedo e hinchado. Una vez se deshizo del pantaloncito se tumbó sobre la cama con las piernas bien abiertas para que pudiera degustar el postre.
Según me iba acercando el olor y el calor que desprendían me embriago, en el momento que mi lengua hizo contacto con el clítoris de Erin, todo su cuerpo empezó a convulsionar, perdí la noción del tiempo, solo al notar cono la corrida de Erin me salpicaba toda la cara salí de mi sopor, un sopor en el que hubiera estado el resto de mi vida. Erin tenía una gran sonrisa, ahora era su turno, se deshizo de mis pantalones y calzoncillos con una velocidad y destreza que me dejaron pasmado, pero lo bueno estaba a punto de llegar, Erin cogiendo mi herramienta con su mano se la fue metiendo en la boca entonces cerro sus labios y empezó a succionar.
Tuve que sentarme sobre la cama, puesto que mis piernas eran incapaces de soportar el peso de mi cuerpo, apoye las manos sobre la cama y deje hacer a Erin, la mujer que me estaba proporcionando el mayor placer del mundo. Sabía que no aguantaría mucho más y le avise que estaba a punto de correrme, Erin en vez de sacarse mi polla de la boca se la incrusto en la garganta tragándose toda la corrida hasta que dejo secos mis huevos.
Todavía de rodillas vi como se relamía, volviendo a ponerse mi polla dura como el pedernal, Erin ayudada por mí se subió a la cama tumbándose con las piernas abiertas esperando a que la penetrara, lo hice poco a poco, disfrutando de cada centímetro de ese coñito apretado. Una vez la tuve dentro empecé un mete saca sin dejar de mirar sus preciosos ojos, esta vez también tenía lágrimas, pero no era de tristeza, sino de felicidad, con sus manos me atrajo hacia ella hasta que su boca quedo a la altura de mi oído, entonces fue cuando me dijo que me amaba.
Como respuesta la bese mientras nuestros cuerpos se contorsionaban al son de los jadeos que cada vez eran más fuertes hasta que terminaron en un grito, el orgasmo fue atronador, los dos nos miramos agotados, pero más que satisfechos. Erin colocó su cabecita sobre mi pecho mientras yo nos tapaba con el edredón, no tarde en escuchar como su respiración se acompasaba entrando en un profundo sueño.
No dormí en toda la noche, estaba satisfecho, llevaba deseando esto desde que la conocí, fue increíble y estaba deseando repetirlo, pero había sido partícipe de una infidelidad y eso me incomodaba en cierta manera. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me di cuenta de que Erin se había despertado.
- Te veo preocupado–dijo Erin–. ¿Te arrepientes?
- No me arrepiento, al contrario–conteste–. Pero saber que he participado en una infidelidad me incomoda en cierta manera.
- ¿Infidelidad?–contesto Erin–. Ese hombre mató a mis padres y secuestro a mi hermana para obligarme a casarme con él, yo no lo considero una infidelidad, sino justicia divina.
Erin se levantó de la cama enfadada en dirección al baño, la verdad es que tenía razón, había metido la pata hasta el cuello. La seguí para encontrarla llorando mientras el agua arrastraba sus lágrimas. La abracé desde atrás y pidiéndole perdón al oído, le dije que la quería, que la quise desde aquella fiesta desde que la vi por primera vez. Erin se dio media vuelta para decirme algo, pero poniéndole el dedo sobre sus labios le impedí hablar.
- Te quiero, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado–dije–. No tengo ninguna duda sobre eso.
- Quiero que sepas que él lleva acostándose con otras mujeres desde el principio–contesto Erin–. Lo que pasa es que para el que él lo haga está bien, pero si lo hago yo es la mayor de las traiciones, la hipocresía hecha carne y hueso.
- Perdóname Erin–dije–. Soy un mastuerzo insensible.
Erin con una sonrisa me beso cariñosamente mientras me decía que ya vería si me perdonaba, ninguno de los dos dijimos nada, pero sabía que ella pensó lo mismo que yo, lo que le podría hacer a su hermana de enterarse de que Erin y yo habíamos hecho el amor. Era imperativo encontrar a su hermana lo antes posible, no le he dicho, pero la hermana de Erin se llamaba Fiona. Mientras Erin se quedó escuchando las grabaciones yo fui a mi empresa, así fueron pasando las semanas hasta que un día se presentó Malcolm en mi despacho hecho una furia.
- ¿Dónde está Erin?–pregunto Malcolm–. ¡Más te vale que me lo digas!
- ¿Por qué tendría que saberlo?–pregunte–- es de mala educación meter a los demás en sus problemas conyugales.
- ¿Cómo sabes que tenemos problemas conyugales?–pregunto Malcolm–. Te lo ha dicho ella, ¿verdad?
- No, me lo acabas de decir tú entrando en mi despacho como un energúmeno–conteste–. ¿Qué te hace pensar que yo sé algo?
- Vi lo bien que os llevabais en la fiesta–dijo Malcolm.
- Bueno, también me llevo bien con mi secretaria y no se nada de su vida–dije–. Si no tienes nada más que decirme, ahí tienes la puerta.
- Como me entere de que sabes donde está y no me lo hayas dicho, ¡prepárate!–dijo Malcolm–. Nadie me roba y sale impune.
- ¿Tienes pruebas para sustentar lo que dices?–pregunte–. Ya veo que no, no me hagas perder más el tiempo.
- ¡Tú quien te has creído que eres!- grito un furibundo Malcolm.
- No, ¡quien te has creído tú que eres!–conteste–. No eres el único con poder en esta ciudad, piensa en ello.
Malcon reculo, sabía que mi abuelo tenía suficiente poder como para hacerle frente y terminar por destruirle, por esta vez Malcolm decidió plegar velas y salir del despacho dando un portazo, una vez que salió tuve que sentarme en el suelo porque mis piernas temblaban como una hoja ante un huracán. Me había venido arriba y estuve a punto de mearme encima. El resto del día intenté concentrarme en el trabajo, pero me fue imposible, Malcolm era un hombre del todo inestable, teníamos que encontrar a Fiona porque ese hombre podía hacerla mucho daño. Al llegar a nuestra base de operaciones Erin fue consciente de que algo había pasado. Después de pegarme una ducha y poner mis ideas en orden me senté junto a ella y le expliqué lo sucedido.
- ¡Ese monstruo me tiene más que harta!–dijo Erin–. Me dan ganas de presentarme ante él y ponerlo en su sitio.
- Tranquilízate Erin–conteste–. Malcolm está muy nervioso, estoy seguro de que pronto meterá la pata.
No tuvimos que esperar mucho para que a Malcolm se le escapara donde tenía retenida a Fiona y donde tenía guardada toda la información que usaba para chantajear a las demás familias con poder de la ciudad. Fue en una conversación con uno de sus socios, decía que si Erin no aparecía pronto se desquitaría con la hermana pequeña, escuchar eso hizo que Erin entrara en modo diosa de la guerra.
- ¿¡Tenemos que ir a rescatar a mi hermana ya!–dijo Erin.
- Tranquilízate–conteste–. Tenemos que rescatar a tu hermana y conseguir los discos duros con la información en la misma noche.
- ¿Cómo haremos eso?–pregunto Erin–. ¿¡Me lo quieres explicar!
- Mi abuelo se encargará de rescatar a Fiona–conteste–. Mientras tanto tú y yo conseguiremos los discos duros.
- Pero tu abuelo...–dijo Erin–. Tal vez lo haría por ti, pero por mi hermana…
- Lo hará–conteste–. No tengas dudas de eso.
- ¿Por qué?–pregunto Erin–. No veo en que le beneficia eso a tu abuelo.
- ¿Beneficiarlo?, en nada–conteste–. Lo hará porque se lo pediré yo.
Erin parece que se quedó más tranquila, ahora sabíamos donde tenían a Fiona, estaba en una empresa abandonada a las afueras de la ciudad, esa empresa era de una de las filiales de Malcolm, pero no aparecía reflejada en ningún sitio y por eso no pudimos dar con ella, el lugar donde tenía guardada la información era harina de otro costal. Digamos que ese edificio era como un banco de máxima seguridad, pero sin serlo. Un edificio diseñado para atraparte dentro de él, sí la entrada no había sido autorizada.
Lo sé porque mi empresa se encargó de diseñarlo, mis ingenieros y arquitectos se encargaron del edificio y yo me encargue del sistema de seguridad, un sistema que estaba diseñando para ser un cazador perfecto, una vez que estabas en su punto de mira te iba cercando hasta que no tenías escapatoria, el edificio era una trampa mortal, se inspiraron en el diseño del Tártaro que creo Hefesto.
Hefesto empezó a construir el Tártaro desde fuera hacia dentro, de esa manera una vez lo hubiera terminado tendría que quedarse dentro de la cárcel que él había creado, pero Hefesto se las arreglo para crear una salida que le permitiera salir y que solo él conocía. Bueno yo al final después de pasarme horas mirando los planos encontré una manera de salir de ese edificio, valía sobre el papel, pero jamás se había probado, así que pronto sabría si tenía razón o no.
Puse en antecedentes a Erin que se llevó las manos a la cabeza.
- ¿Cómo pretendes que entremos en ese edificio?–pregunto Erin– No solo entrar, ¿cómo pretendes salir?
-El sistema de seguridad utiliza cámaras térmicas, cada cuerpo tiene su huella de calor y el sistema los almacena todos, si detecta una entrada no autorizada y una huella térmica desconocida te empieza a cercar–dije–. Llevándote a un punto donde quedas atrapado.
- ¿No existe un traje que pueda camuflar la temperatura de tu cuerpo?–pregunto Erin–. Con eso ya puedes entrar.
- El sistema de seguridad tiene ojos en todas las plantas, no podrá ver el calor, pero te puede ver a ti–conteste–. Otra vez jaque mate.
- Lo estás poniendo imposible–comento una desesperada Erin–. ¡Mejor lo dejamos!
- La forma de entrar es por el circuito de refrigeración–conteste–. Fuera de las cámaras y de las cámaras térmicas.
- Claro, así de sencillo–dijo una furiosa Erin–. ¡Si fuera así de fácil ya lo hubieran intentado!
- No es tan fácil, las temperaturas oscilan entre los 0 grados y -10 grados–conteste–. El hueco es tan estrecho que tienes que entrar casi desnudo, muriendo de hipotermia.
Erin me miraba como si le estuviera tomando el pelo, entonces le enseñe una fotografía de un traje que parecía una segunda piel, una resistencia recorría todo el traje que trabajaba como una estufa para que la temperatura de tu cuerpo no bajara de los 36 grados. La idea era viable, pero el problema era que no habían sido probados y si fallaban los dos moriríamos congelados.
- Pues no nos queda otra–dijo Erin–. Tendremos que ser los conejillos de indias.
- ¿Estás segura?– pregunté.
- Si con esto puedo salvar a mi hermana–contesto Erin–. Que así sea.
Trazamos el plan durante semanas, hable con mi abuelo y me dijo que él se encargaría de salvar a Fiona no dejaría que le ocurriera nada malo, confiaba en él. La noche antes Erin y yo dimos rienda suelta a nuestros deseos, fue una forma de descargar tensiones y de amarnos una última vez por si las cosas no salían como las habíamos planeado. El día siguiente me lo cogí libre para pasar el día con Erin y repasar el plan por última vez.
Llego la hora de la verdad, entraríamos por el tejado, el edificio se construyo a las afueras de la ciudad entre dos pequeñas montañas. De esa manera las personas que guardaban su información dentro lo harían lejos de la vigilancia de la ley, de todas maneras las personas que contrataban los servicios de ese edificio eran tan poderosas que la policía hacia la vista gorda, como he dicho entraríamos por el tejado, había cámaras, pero entre todas ellas no tenían una visión de 360 grados, había un punto ciego que usaríamos para entrar.
Para ello usaríamos una especie de arpón para lanzar una cuerda que se clavara en el tejado y nos permitiera bajar en tirolina. Tengo que decir que Erin estaba en su salsa, pero yo estaba muy asustado. Erin me dijo que yo sería el primero en lanzarme, ella vendría detrás por si fallaba algo. Ya que estábamos allí y ya no había vuelta atrás me lance, no había mucha distancia, pero a mí se me hizo eterno. Se suponía que la tirolina tenía un freno que me frenaría antes de estamparme contra la pared, pero eso estaba cogiendo cada vez más velocidad y no tenía pinta de aminorar, al final sí que paro dejándome a escasos centímetros de una pared de hormigón. Aproveche el tiempo que las cámaras no apuntaban a la zona donde nos encontrábamos para poder hackearlas. Una vez me hice con ellas ya podíamos entrar.
El sistema de refrigeración tenía una especie de trampilla para los de mantenimiento, pero dentro hacía tanto frío que solían hacer las reparaciones desde fuera, otra cosa que sorprendió a Erin fue que no había ningún guardia. Los dueños de aquel edificio eran muy tacaños además de que confiaban ciegamente en el edificio que mi empresa había construido. Lo que nunca se hubieran imaginado era que el hombre que diseño el sistema de seguridad se atrevería a entrar a robarles.
Llevábamos el traje aislante debajo de la ropa, la verdad es que era bastante incómodo, pero era lo único que teníamos para poder sobrevivir ahí adentro, después llevábamos dos mochilas no muy grandes donde llevábamos todo el material que nos haría falta, yo llevaba un portátil y baterías para los trajes.
Las resistencias tendrían que estar encendidas todo momento y eso gastaba mucha energía, bueno había llegado la hora de comprobar si los trajes funcionaban o no, nos quitamos la ropa hasta quedarnos solo con los trajes, la respuesta era afirmativa, pero no funcionaban tan bien como lo hubiera esperado, pues sí que sentíamos algo de frío, pero por lo menos no moriríamos de hipotermia, Nos fuimos arrastrando por el circuito hasta que llegábamos a una zona donde el circuito se ponía vertical, para eso Erin trajo unas cuerdas que usaríamos para poder bajar o subir.
Mientras para Erin estaba siendo un paseo por el parque, mi resistencia física no era tan buena como la suya y estaba sufriendo lo mío, solo esperaba llegar de una pieza al final del trayecto.
- Lo siento Erin–dije apenado–. Te estoy ralentizando.
- No lo sientas Nikolai–contesto Erin–- No estás en tu elemento, será cuando entremos en ese cuarto cuando tengas que billar.
Ya no nos quedaba mucho para llegar, aunque el frío que sentíamos no era mucho, si estaba empezando a entumecer mis músculos y eso me repercutía a la hora de subir y bajar, el sitio era tan estrecho que apenas podía hacer fuerza con los pies. Erin que era la que subía primero tenía que ayudarme, pero pensaba compensárselo después, poco a poco fuimos avanzando hasta que llegamos a la sala.
Quitamos la rejilla con mucho cuidado, mire meticulosamente para desactivar cualquier sensor, pero había un sensor que disparaba un láser invisible sobre esa rejilla, al quitarla salto una alarma silenciosa, pero no era un aviso para la policía sino para el propio Malcolm que se puso en marcha. Erin ató una de las cuerdas y pudimos descender. Lo primero que hice fue sacar mi portátil y conectarla a uno de los puertos.
El sistema de seguridad se puso en marcha, metí algunos virus para distraerlo mientras yo usaba una puerta trasera que cree al mismo tiempo que el programa. Gracias a esa puerta trasera conseguiría hacerme con el programa de seguridad y gracias a eso con todos los sistemas del edificio. El sistema se adaptaba a los virus informáticos muy deprisa, era una lástima no tener tiempo para poder enfrentarme a él, antes de que destruyera el último, pude insertar el código que me dio el control de todo.
- Bien ya he conseguido hacerme con el control–dije–. El programa que diseñe era realmente duro.
- Pareces decepcionado de no poder enfrentarte a él–contesto Erin.
- Así es–dije–. Pero ahora no hay tiempo.
Entramos a la sala donde guardaban todos los discos duros externos, conecte mi portátil y entre en el índice. Al entrar pude ver que se había activado una alarma. Al hackearla para saber a quién había avisado me di cuenta de que fue a Malcolm, calcule que llegaría en un cuarto de hora más o menos.
- Se me ha pasado uno de los sensores y este ha avisado a Malcon–dije–. Llegará en quince minutos.
- ¿¡Que venga!–contesto Erin–. Le estaré esperando.
- Lo primero es lo primero–dije–. Cojamos los discos duros.
- Sabes que no vendrá solo, ¿verdad?–dijo Erin–. Me preocupa que te hagan daño.
Lo que Erin no sabía era que se me había ocurrido un plan para hacer que esa lucha fuera justa, desde la entrada de este edificio hasta la sala en la que nos encontrábamos había que cruzar un gran pasillo, este pasillo tenía unas puertas blindadas de acero templado de diez centimanos por cada cinco metros. Si alguien entraba y activaba uno de los sensores estas puertas se cerraban herméticamente haciendo imposible que pudieras destruir todas antes de que llegara la policía y rodeara el edificio haciendo imposible la fuga.
Como yo tenía el control absoluto haría que las puertas se fueran cerrando de tal forma que iría encerrando a los hombres de Malcolm hasta que solo quedara él para enfrentarse a Erin. No me hacía gracia, pero sabía que Erin necesitaba ese enfrentamiento, necesitaba sacar toda esa ira que se le había ido acumulando todo este tiempo que estuvo junto a el obligada para que no hicieran daño a su hermana.
- No te preocupes por eso–dije–. Are que llegue solo hasta aquí.
Erin era un portento, le había visto subir una de sus piernas hasta tocar la parte de arriba del marco de la puerta, me dolía solo de verlo. Todas las mañanas usaba su muñeco de madera donde practicaba sus catas de artes marciales, creo que me dijo que era Wing Chun o algo así, tenía claro que Erin sabia defenderse perfectamente, que se había preparado durante años para cuando llegara este momento, lo que no estaba seguro era si yo estaba preparado para verlo.
No me quedaba otra que hacer mi parte y rezar para que esa noche todo terminara bien.
EN OTRO LADO DE LA CIUDAD
Habíamos llegado a las coordenadas que Nikolai nos había mandado, Una vez allí mis mejores francotiradores se colocaron en posiciones estratégicas. Una vez di la orden acabaron con los guardias que estaban custodiando los alrededores de aquella vieja empresa, otros seis de mis hombres entrarían conmigo.
Al disparar con silenciadores, los hombres de Malcolm no fueron conscientes de lo que había ocurrido fuera hasta que fue demasiado tarde, mis hombres entraron en formación de abanico disparando a todo lo que se movía hasta que llegaron al cuarto donde tenían retenida a Fiona. Lo primero de lo que fui consciente era del frío que hacía en esa nave, las ventanas estaban rotas, dejando entrar un frio infernal, eso me dio mala espina. Dos de mis hombres abrieron la puerta apuntando al único hombre de Malcolm que quedaba en pie. Este tenía un cuchillo en el cuello de Fiona que tenía signos de estar sufriendo mucha fiebre, sus piernas a penas la sostenían. Dos puntos rojos se posaron en la frente de ese hombre.
- Suéltala–dije–. Te aseguro que te abatirán antes de que muevas un dedo.
Aquel hombre temblaba, se debatía entre soltar a la chiquilla y vivir un poco más hasta que su jefe se enterara o morir allí mismo intentando cumplir con lo que su jefe le había ordenado. Al final fue lo segundo, al primer intento de movimiento de ese hombre los míos dispararon sin titubear, aquel hombre cayó hacia atrás, dándome el tiempo suficiente para sujetar a una Fiona que había perdido el conocimiento por la fiebre y el miedo que había pasado.
Al posar mi mano sobre su frente fui consciente de que la cosa era grabe, estaba casi seguro que Fiona tenía una fiebre por encima de los treinta y nueve grados, la cogí en brazos y nos dirigimos a un hospital para que le hicieran todas las pruebas pertinentes.
- Nikolai, Fiona ya está a salvo–dije–. La llevamos a una hospital, puesto que tiene una fiebre muy alta.
- Gracias abuelo–contesto Nikolai–. Tenme al corriente.
- Así lo haré–conteste.
No podía evitar estar preocupado por mi nieto, sabía que Erin lo protegería, había experimentado la fuerza y destreza de esa mujer en mis propias carnes, la cicatriz que me hizo en la mejilla era testigo de ello, pero Malcolm era un mal bicho. Nunca había rezado, pero esa noche lo hice por Fiona, Erin y Nikolai.
DE VUELTA EN EL EDIFICIO DONDE SE ENCONTRABAN ERIN Y NIKOLAI
Vi como Erin se colocaba en el centro de aquella sala, se sentó dejando los cuchillos en el suelo, tenía la mirada fija en la puerta. En su rostro no veía ni miedo ni duda, solo esperaba a que Malcolm entrara por esa puerta. Pronto pude ver tres todoterreno que se acercaban a toda velocidad por las cámaras, aparcando en la entrada, el primero en bajar fue Malcolm que gritaba a sus hombres. Las cámaras no tenían sonido, así que no pude escuchar lo que les dijo.
Deje que entraran y se internaran en ese largo y estrecho pasillo, Malcolm se había traído veinte hombres que sumándole él hacía veintiuno, aquel pasillo tenía cinco puertas herméticas, mi idea era cerrar las cinco puertas a la vez para dejar que Malcolm llegara solo. Tenía la esperanza de que esas puerta aguantaran lo suficiente para dar tiempo a mi abuelo a llegar hasta aquí. Como pensé se pusieron en fila con Malcolm a la cabeza.
Era la primera vez que veía algo así, cuando iba con mi abuelo nosotros solíamos ir por la mitad, bien escoltados, tan claro tenía el resultado Malcolm que no se preocupaba ni en protegerse. Mejor para nosotros, solo tenía que esperar el momento justo, las puertas se cerrarían en un instante y Malcolm tendría que enfrentarse a Erin sin superioridad numérica. Fueron instantes de mucha tensión, si mi plan no salía como me había esperado estaríamos bien jodidos.
Entonces ocurrió lo que estaba esperando, los hombres de Malcolm empezaron a distanciarse unos de otros y ese fue el instante que accione el interruptor que cerro las puertas antes de que tuvieran claro lo que había pasado, Malcolm se quedó solo delante de la puerta que le daría acceso a nosotros, mire a Erin y una vez que con su cabeza me hizo la señal de adelante abrí la puerta. Erin se puso de pie con los cuchillos en la mano, cosa que hizo gracia a Malcolm. No podía evitar acordarme de la conversación que había tenido con Erin momentos antes.
- ¿Estás segura Erin?– pregunté–. Me dijiste que los cuchillos eran la especialidad de Malcolm.
- Si–contesto Erin–. Hay que atacar al enemigo en su punto fuerte, puesto que estará más confiado y eso hará que cometa más errores.
No nos dio tiempo a nada más, puesto que Malcolm y sus hombres ya habían entrado en el complejo, no podía evitar estar muy nervioso, veía a Malcolm muy seguro, Erin tenía una mirada fría. Los dos empezaron a andar en círculos mirándose fijamente a los ojos. Malcolm fue el primero en atacar, pero Erin lo esquivo con un rápido movimiento, contraatacando haciéndole un corte en el brazo.
Malcolm estaba desconcertado, Erin empezó a moverse de forma precisa como si estuviera bailando, pero ese especie de baile le otorgaba una defensa perfecta además de poder contraatacar a placer. Malcolm no se arrugó, volvió a atacar, pero el resultado fue el mismo, Erin volvió a esquivar el ataque asestándole otro corte. La expresión de Erin cambio, parecía que estaba dispuesta a terminar con esto. Empezó a moverse alrededor de Malcolm asestándole corte tras corte mientras este no tenía más opción que cubrirse lo mejor que podía.
Malcolm no se podía creer lo que le estaba sucediendo, el rey de la lucha a cuchillo estaba siendo superado ampliamente por alguien que él consideraba inferior por ser una mujer. Los cortes de Erin tenían una gran precisión, con cada corte los movimientos de Malcolm eran más lentos, de seguir así llegaría un momento que este no podría moverse, entonces viendo su inminente derrota y sintiéndose humillado decidió que moriría matando.
Soltando los cuchillos apunto a la sala de los discos duros donde me encontraba yo, sin pensárselo dos veces disparo, a mí solo me dio tiempo de cubrirme con los brazos como si eso fuera a detener una bala, los cristales de esa sala eran blindados, una vez que comprobé que estaba de una pieza pude observar que Malcolm se encontraba en el suelo. Erin se fue directa a su mochila y de ella saco unas bridas, mire los monitores y echando hacia atrás las cámaras para ver lo que habían grabado pude comprobar que en el momento que Malcolm disparo el pie de Erin se estampó contra la cara de este haciendo que cayera hacia detrás mientras sus dientes salían disparados en distintas direcciones.
Todo mi cuerpo temblaba, me costaba respirar y sentía que en cualquier momento mi corazón dejaría de latir.
- Erin tú sabías que estos cristales estaban blindados, ¿verdad?–pregunte.
- Si–contesto–. Me di cuenta en cuanto entre.
- ¿Por qué no me dijiste nada?–dije–. ¡Casi me da un infarto!
Erin sonrió por primera vez, una vez que termino de atar a un inconsciente Malcolm subió a donde yo estaba, me acaricio la mejilla mientras acercaba mi rostro al suyo hasta que terminamos en un apasionado beso, tengo que decir que ese beso me quito todos los males. Al poco rato recibí un mensaje diciéndome que había dejado algunos hombres en el hospital para proteger a Fiona y no venía salo.
Eso quería decir que venía con los demás jefazos de la ciudad para que Malcolm rindiera cuentas ante ellos. Erin y yo vimos la llegada de unos diez todoterrenos, de ellos bajaron el abuelo, Qiang jefe de la familia china, Hiro el jefe de la familia Japonesa y Francesco, el sucesor del anterior jefe fallecido por enfermedad. Abrí las puertas para que todos pudieran entrar, los hombres de Malcolm se rindieron enseguida, sabían que su vida dependía de ello. Erin despertó de Malcolm de una patada para que recibiera despierto a los jefazos.
Mientras el abuelo llegaba conté a Erin que el abuelo había rescatado a Fiona, pero que la encontró con mucha fiebre y la habían llevado a un hospital. Erin sabia perfectamente que el estado de su hermana era la forma que tenía Malcolm de castigarla, eso la cabreo mucho y eso se vio en el pedazo de patadon que le metió en las costillas. Por primera vez vi el terror en el rostro de Malcolm cuando enseñe a aquellos cuatro hombres que tenía los discos duros que les incriminaban.
Fue Francesco quien agachándose cogió a Malcolm por el cuello levantándolo hasta que sus piernas dejaron de tocar el suelo.
- ¿Ahora que vas a hacer gusano?–pregunto Francesco–. Ya no tienes nada que te proteja de nosotros.
Mi abuelo tuvo que pedirle a Francesco que se calmara, si no de seguir así lo terminaría matando y eso sería un regalo para ese infraser. Dos hombres entraron llevándose a un aterrorizado Malcolm, Erin fue donde mi abuelo y le pidió si podían llevarla hasta el hospital donde tenían a su hermana. Mi abuelo le dijo que nos llevaría él personalmente y así lo hizo.
Esperamos durante horas a que le hicieron todas las pruebas, al fin llegaron los resultados, Fiona tenía neumonía, tendría que quedarse ingresada en el hospital, pero su vida no corría peligro. Erin empezó a llorar mientras se abrazaba a mí, toda la tensión acumulada termino estallando en un llanto incontrolable, en cuanto subieron a planta a Fiona, Erin entro como un huracán a ver a su hermana.
Erin abrazó con fuerza a su hermana, no la soltó hasta que Fiona empezó a toser, entonces el médico nos pidió que saliéramos y la dejáramos descansar. Erin le dijo al médico a ver si podía pasar la noche junto a su hermana, este le dijo que sin ningún problema. Entre a la habitación para decirle a Erin que me iría con mi abuelo, puesto que teníamos cosas que aclarar y que al día siguiente a primera hora subiría para que ella pudiera descansar. Pude ver como Fiona sonreía al ver como besaba a su hermana.
Nos despedimos de las dos y fue cuando le pregunte a mi abuelo.
- ¿Que hay en estos discos duros sobre ti?–pregunte–. Y no me mientas que los terminaré viendo.
Mi abuelo me miraba fijamente a los ojos, después tomo aire y empezó a relatarme, él siempre había querido ser padre, pero mi difunta abuela estaba muy enferma y no pudo ser. Con el tiempo uno de sus hombres falleció dejando a un hijo huérfano, entonces mi abuelo decidió ser su tutor legal. Por fin pudo experimentar lo que significaba ser padre, lo crio, lo educo y le dio los mejores estudios con la idea de que algún día pudiera sucederle.
No tardo en darse cuenta de que aquel niño creció con una ambición desdemedida, pero de verdad estaba convencido de que sería cosa de la edad y que con el tiempo iría desapareciendo. No fue así, cuanto más años pasaban más crecía su ambición hasta el punto de que mi abuelo tomo la decisión de desheredarlo. Era consciente de que no se hubiera conformado con el poder que el abuelo ostentaba.
Para ese entonces yo ya había nacido, el abuelo me daba todas las atenciones y eso no gusto a mi padre. Una de las noches mi padre escucho como mi abuelo le decía a mi madre que estaba meditando ponerme a mí como su sucesor quitando a mi padre. Desde ese día el odio hacia el abuelo y hacia mí empezó a crecer dentro de mi padre. Viendo que se le acababa el tiempo una noche que se supone que tenía que ir a hacer un negocio, mi padre pidió a mi abuelo que cuidara de mi madre y de mí.
El abuelo aceptó encantado, todo iba bien, mi madre preparaba la cena mientras el abuelo jugaba conmigo, hasta que mi abuelo se fijó en un punto rojo que se posó en mi frente. De un rápido movimiento me cubrió con su cuerpo recibiendo el disparo. Viendo el asesino que había fallado volvió a apuntarme sabiendo que el abuelo me volvería a proteger y de esta formo podría darle el tiro de gracia, pero mi madre se interpuso en la trayectoria de un disparo que hubiera matado al abuelo y seguramente también a mí.
Mi madre murió en el acto, pero al asesino no le dio más tiempo, pues los hombres de mi padre consiguieron cazarlo antes de que haría ningún disparo más. Creyéndose a salvo en su casa, mi padre había dado la noche libre a sus hombres, pero fue mi madre quien les dijo que alguno se quedara cerca de casa por si acaso. Si mi madre sabia lo que iba a pasar nunca se sabrá, pero sí sé que dio su vida para protegernos.
Los hombres de mi abuelo interrogaron duramente a aquel mercenario hasta qué confeso que fue mi padre quien le había contratado para matarnos a mi madre, abuelo y por último a mí, Mi abuelo casi sin voz me confesó que aquella noche tomo una de las decisiones más duras de su vida, matar al hijo que quería y había criado desde que era un niño para poder proteger a su nieto.
Tardo bastante en dar con mi padre, pero cuando lo tuvo delante de rodillas ejecuto a su hijo, el abuelo no sabía quién ni como grabaron ese momento, pero pasados los años Malcolm le enseño un extracto de esa grabación, diciendo que de no hacer lo que él le dijera yo terminaría viendo como mataba a mi padre y me terminaría perdiendo para siempre.
- Abuelo–dije mirándole a los ojos–, ¡tú eres tonto de cojones!
- ¿Cómo?–pregunto el abuelo–. ¿A qué viene eso ahora?
- Te has sentido tan culpable de lo que tuviste que hacer esa noche para protegerme que no has sido consciente de lo más importante–conteste–. Ese hombre que decía ser mi padre pago a otro hombre para que nos matara, a mamá, a ti y a mí.
- Pero...–dijo el abuelo.
- Tú estuviste a mi lado cuando pase el sarampión, cuando me enamore por primera vez y me lleve mi primera decepción–conteste–. Has estado siempre en mis mejores momentos como en los peores y nadie va a cambiar eso.
El abuelo no pudo contener el llanto, durante toda su vida ha cargado con un gran peso, pero no era yo quien tenía que perdonarlo, se tenía que perdonar a sí mismo. Una vez que se calmó fuimos a donde los demás jefes para que entre todos destruyeran los discos duros, ahora nada les impedía dar su merecido a Malcolm. Este se encontraba suspendido en el aire por una grúa, al verme empezó a gritarme.
- Antes de destruir los discos duros deberías de ver la traición de tu abuelo–dijo Malcolm–. Se ve perfectamente como te traiciona matando el mismo a tu padre.
- No necesito ver nada–conteste–. Fue mi padre quien me traiciono.
Malcolm se quedó callado y en su mirada pude ver que todo lo que me había contado mi abuelo era verdad. Lo que ocurriera de ahí en adelante en ese almacén no era de mi incumbencia, me monte en uno de los coches de los hombres de mi abuelo y fui directo al hospital, al entrar en la habitación pude ver a Erin sentada en una de las sillas mientras tenía cogida la mano de su hermana, las dos dormían plácidamente.
La pesadilla se había acabado y sabía perfectamente que estaba ante la mujer que me haría feliz el resto de mi vida.
EPÍLOGO
Ha pasado un año desde que rescatamos a Fiona, Erin y yo reformamos aquellas oficinas que nos sirvieron como base convirtiéndolas en nuestro hogar, se encontraban en un lugar apartado y tranquilo. Erin terminó incorporándose a mi empresa como supervisora de puntos débiles de las estructuras.
Las empresas no solo nos contrataban para que les hiciéramos un sistema de seguridad a su medida, sino para que corrigiéramos posibles puntos ciegos por los que los posibles ladrones pudieran colarse saltándose todos los sistemas de seguridad, os tengo que decir que Erin resulto ser muy buena, gracias a eso nuestro reputación mejoro empezando no pudiendo dar abasto de tanto trabajo.
Hace unos días Erin me dio la mejor noticia de mi vida, vamos a ser padres, Fiona y el abuelo están encantados, miedo me da lo mucho que van a malcriar a la criatura, recuerdo perfectamente lo contento que me puse mientras me lo decía en el restaurante y como la cogí en brazos mientras dábamos vueltas besándonos, incluso el dueño del restaurante nos felicitó, la verdad es que no podemos ser más felices.
Hablando de Fiona, volvió a la universidad, aparte de volver junto a su hermana era lo que más deseaba el tiempo en el que estuvo retenida por Malcolm, su intención es doctorarse en ingeniería aplicada y sé que lo conseguirá porque es igual de tenaz que su hermana, me llevo muy bien con ella, es la hermana que siempre quise y nunca tuve, hasta ahora.
En cuanto el abuelo está pensando en jubilarse y dedicarse en cuerpo y alma a su familia, su relación con Erin y Fiona es estupenda, sobre todo con la segunda que la quiere como si fuera su hija, aquella noche que la rescato surgió una conexión muy fuerte entre los dos, Erin y yo nos alegramos mucho, Fiona había conocido la peor cara del ser humano y ahora estaba conociendo la mejor, nos alegrábamos de verdad por los dos.
En cuanto Malcolm, no sé qué ocurrió aquella noche en aquel almacén, pero si algo tenia claro es que no tuvo que ser agradable, la verdad es que no sabía si seguía vivo o lo habían matado, una noche hablando con mi abuelo le pregunte sin tapujos y me contesto que la muerte hubiera sido una liberación para ese gusano, lo único que me dijo es que no volveríamos a saber nada más de él, pero que sufriría hasta el último segundo de su vida.
Hemos llegado al final de la historia, ha sido un camino duro, pero sé que gracias a Erin tendré el futuro más esperanzador.
FIN.
Me llamo Nikolai, me dirigía a una fiesta organizada por el que fue el peor enemigo de mi abuelo. Ahora los tiempos habían cambiado y eran socios empresarios, como mi abuelo no se fiaba me llevaba a mí para que monitorizara toda la transacción y me asegurara que no le intentaban estafar. Soy un genio de la informática, desde muy pequeño he podido hacer con un ordenador lo que los demás no podían ni soñar.
Aunque lo llamaba abuelo, no teníamos parentesco sanguino, mis padres trabajaban para él y decidió adoptarme cuando estos fallecieron, tuve una buena infancia, pues ese hombre duro como un pedernal siempre tuvo tiempo para pasarlo conmigo, fue quien me enseño a leer y me contagio ese gusto por la lectura. Tampoco escatimo ni un céntimo en darme los mejores estudios, gracias a él hablaba cinco idiomas a la perfección.
En lo único que no cedí fue en entrar en sus empresas, yo tenía otros planes, él estuvo de acuerdo mientras yo fuera su asesor. No tuve ningún problema con ello, pero lo que no me contó fue lo aburridas que eran esas fiestas, además de que la tensión se podía cortar con un cuchillo. Casi todos los presentes en esas fiestas habían sido enemigos en algún momento de sus vidas y los rencores seguían ahí.
Saber que el anfitrión de la fiesta había sido el peor enemigo de mi abuelo no ayudaba, el negocio que le había propuesto Malcolm parecía bueno sobre el papel, los dos ganarían mucho dinero, pero saldríamos de dudas pronto, pues esa noche los dos tendrían que depositar una suma de dinero para poner ese negocio en marcha. Mi trabajo sería verificar que Malcolm también ponía su parte y no era una treta para estafar a mi abuelo.
Malcolm era el único en la ciudad con el poder de plantar cara a mi abuelo, pero siempre sospeche que aquí había gato encerrado y después de una ardua investigación descubrí lo que era, pero de ello hablaremos más adelante. Por fin llegamos a la mansión de nuestro anfitrión, solo con ver aquel castillo inexpugnable eras más que consciente de que Malcolm nadaba en dinero.
- Cambia esa cara Nikolai–me reprocho mi abuelo–. Tú sonríe, seguro que luego te lo pasas bien.
- Seguro que si abuelo–conteste–. No creo que haya nada que haga cambiar esta expresión de extremo aburrimiento.
No vendas la piel del oso antes de cazarlo, no sé quién lo dijo, pero tenía razón, el anfitrión se encontraba sobre el tercer peldaño de una escalera empezando por abajo, del brazo de la mujer más hermosa que hubiera visto en toda mi vida, su pelo tenía el mismo brillo que el fuego y sus ojos eran tan azules como el mar. Podía notar como mis pulsaciones crecían amenazando con sacarme el corazón del pecho, amor a primera vista, siempre me reí de ello pensando que era un mito como el del Yeti.
Pero lo estaba sintiendo en mi cuerpo, mis manos sudorosas, mis pulsaciones desbocadas, mire a mi abuelo que reía divertido.
- ¿Te hace gracia verdad?– pregunté–. Tus sabías que ella estaría aquí, ¿verdad?
- Es la adquisición más valiosa de Malcolm–dijo el abuelo–. No pierde oportunidad de lucirla.
- Las mujeres no son objetos–conteste–. ¡Que ser más miserable!
- Se llama Erin–dijo mi abuelo–. Tenéis mucho en común.
Mientras pensaba en lo que mi abuelo me había dicho, este se fue a hablar con algunos de los invitados, seguramente para hablar de futuros negocios. La fiesta fue un coñazo como me imagine, pero pase el rato observando a aquella preciosa mujer, también fui consciente de que ella no me quitaba la vista de encima, entonces me sonrió. Sentí como si mis pulmones se hubieran cerrado incapaces de almacenar oxígeno.
Mientras seguía inmerso en esos sentimientos nuevos para mí, no me fije en que uno de los gorilas de Malcolm se acercaba hacia mí, fui consciente de su presencia cuando me dio un buen golpe en la espalda como saludo.
- La oveja negra–dijo aquel mastodonte–. Así es como te denominan en tu familia, ¿verdad?
- Puede–conteste–. Pero no creo que sea de tu incumbencia.
Escuchar eso mientras le miraba fijamente a los ojos no fue del agrado de ese mastodonte.
- Podría matarte ahora mismo enano–dijo el mastodonte.
Acto seguido abriéndose la americana mostró una reluciente arma, si pensaba que con eso me iba a amedrentar estaba listo el musculitos.
- Yo no uso ni armas de fuego ni armas blancas–dije–. Las armas que yo uso se sustentan en ceros y unos, pero con eso puedo hacer que desaparezcas de la faz de la tierra, solo dejando un cuerpo vivo, pero sin identidad.
El musculitos se quedó mirándome furioso, pero sin saber como contestarme.
- ¿Cuánto crees que tardarían todos los que están aquí en quitarte del medio?–pregunte–. Piensa en ello.
Toda la sala se quedó en silencio, Malcolm y mi abuelo que se encontraban conversando en esos momentos dejaron de hacerlo para acercarse donde nos encontrábamos nosotros. Mientras el abuelo me pregunto si me encontraba bien, Malcolm le dijo algo en el oído al musculitos que hizo que este se quedara blanco como el papel.
La verdad es que no tenía ninguna intención de montar ningún espectáculo, pero me deje llevar, entonces fui donde un camarero para coger un chupito de vodka. Estaba muy bueno, la verdad es que Malcolm había demostrado tener un buen gusto para la bebida. Cogí otros dos chupitos y salí a una gran terraza que se encontraba al final de ese gran salón, apoyándome en el barandado tomando uno de los chupitos.
Podía notar como la bebida me rascaba la garganta, pero consiguió que la mala leche que ese musculitos me había puesto empezara a disminuir, entonces escuche unos pasos que se acercaban a mí.
- No está nada mal–dijo Malcolm–. Pocos le dejan sin palabras.
- Le pido disculpas–conteste–. No era mi intención estropearle la fiesta.
- Tutéame hombre, eso no es lo que me ha molestado, de hecho te has ganado mi respeto–dijo Malcolm.
- ¿Entonces que es lo que te ha molestado?–pregunte.
- Tu forma de mirar a Erin–contesto–. Ella es mía, que te quede claro.
- Lo primero, Erin no es propiedad de nadie–dije–. Pero reconozco que me he quedado prendado de su belleza y tal vez he sido muy irrespetuoso, después me disculparé con ella.
- ¡Con ella!, con quien tienes que disculparte es conmigo–dijo Malcolm–. Podría matarte por esto.
- Podrías–conteste–. Pero si yo fuera tú me miraría el pecho.
Cinco puntos rojos aparecían en su pecho, Malcolm al ser consciente pronuncio el nombre de mi abuelo.
- Él no tiene nada que ver–dije–. De hecho no sabe que están aquí.
- ¿Los has contratado tú?–pregunto–. Oveja negra, empiezo a entender de donde viene ese sobrenombre, eres el más peligroso de esa familia.
- Me han invitado a una casa llena de mafiosos–conteste–. Toda precaución es poca.
- Bien jugado–dijo Malcolm.
Después de eso se dio media vuelta con una tensa sonrisa, Cogiendo el último chupito me lo tomé de un trago. Estaba convencido de que iba a ser la noche más aburrida de mi vida y estaba siendo todo lo contrario, no había salido de un problema y ya me estaba metiendo en otro. Cerca del barandado había un banco de piedra, me senté en él mirando al cielo. Estaba despejado y se veían perfectamente las estrellas, eso aunado a que la temperatura había refrescado un poco sirvió para calmarme, pero la calma duro poco, pues alguien se sentó a mi lado.
- Oveja negra–dijo Erin–. He llegado a pensar que tendría un significado diferente, pero al final has resultado ser como los demás.
- No juzgues el libro por las tapas–conteste–. Además, ese apelativo no va por donde tú crees.
- ¿A no?, sorprenderme–me reto Erin.
- La fuerza lo es todo en mi familia, a mi abuelo le ha ido bien así–dije–. Yo prefiero usar la inteligencia y eso me hace débil a sus ojos, de ahí lo de la oveja negra, ¿te he sorprendido?
- Sí, lo has hecho–contesto Erin–. Y para bien tengo que decir.
La noche mejoro muchísimo, la Erin que se sentó a mi lado estaba a la defensiva, convencida que yo era igual a Malcolm o mi abuelo, pero al descubrir que no era así su forma de tratarme cambio completamente. Erin resultó una mujer divertida y con un abanico extenso de temas con los que poder conversar con ella. No solo era bella, sino que también muy inteligente y cercana, no pude evitar mirar por uno de los ventanales.
En él pude ver la sonrisa de mi abuelo mientras conversaba con Malcolm al que se le estaban llevando los demonios, si no hubiera contratado a esos tiradores que me protegían es muy posible que esa noche hubiera sufrido un lamentable accidente.
Cuanto más hablaba con Erin más me sorprendía de que estuviera casada con Malcolm.
- ¿Que tiene Malcolm contra ti?–pregunte–. Siento ser tan directo.
- Tiene secuestrada a mi hermana–contesto–. No me quedo otra que casarme con ese monstruo.
- Ya veo, Malcolm siempre tiene las cartas ganadoras–dije–. Igual que con mi abuelo.
- ¿Qué quieres decir?–pregunto Erin.
- Malcolm tiene los trapos sucios de todos los presentes en esta fiesta–dije–. De no ser así mi abuelo no estaría siendo tan amable con él.
- No solo secuestro a mi hermana–contesto Erin–. Mato a mis padres.
- Ahora me ha quedado claro lo que quería decir mi abuelo, con lo de que teníamos mucho en común–conteste–. Yo también perdí a mis padres.
Los dos nos quedamos en silencio mientras nos mirábamos a los ojos, su mirada me tenía hipnotizado y no pude evitar ponerme rojo como un tomate girando mi cabeza llena de vergüenza.
- Me gustaría disculparme contigo Erin–dije–. Te he mirado de forma indecorosa toda la noche y no era mi intención.
- No tienes por qué disculparte–contesto Erin–. Yo he hecho exactamente lo mismo.
- Encontraré a tu hermana–dije–. Dame tiempo.
- ¿Por qué quieres ayudarme?–pregunto Erin–. Si Malcolm se entera estarás en un lío.
- Esta noche al mirarte he sentido algo que no había sentido en mi vida– conteste–. El querer ayudarte nace de mi corazón.
No nos dio tiempo a hablar más, uno de los hombres de mi abuelo vino a buscarme para que supervisara la operación, Erin con gran disimulo y mucha destreza metió algo en mi bolsillo y se despidió de mí dándome un tierno beso en la mejilla, menos mal que Malcolm no estaba ahí para vernos. De haber estado, hubiera mandado que nos fusilaran, la transacción fue como la seda, Malcolm metió la misma cantidad que mi abuelo en una cuenta, después de eso la fiesta se acabó.
- Veo que has hecho buenas migas con Erin–dijo mi abuelo–- esa chiquilla ha sufrido mucho.
- Voy a ayudarla–conteste–. No te estoy pidiendo permiso.
- Lo sé–dijo mi abuelo–. Comprenderás que no podemos involucrarnos.
- Si–conteste–. Me las arreglaré, no te preocupes.
- No me preocupo–dijo mi abuelo–. Erin es un arma viviente, si Malcolm sigue con vida es porque tiene algo con que chantajearla.
- Es verdad que lo tiene–conteste–. ¿Cómo sabes que es tan peligrosa?
- Me hizo esta cicatriz en la mejilla–dijo mi abuelo–. Nadie se había acercado tanto a mí en mi vida y nadie lo ha vuelto a hacer.
- Pues eso me tranquiliza–conteste–. Sabes que la lucha cuerpo a cuerpo no es lo mío.
Mío abuelo empezó a reírse mientras asentía con la cabeza, al mirar el bolsillo tenía una nota con el número de Erin. Desde ese día nos estuvimos mandando mensajes todos los días, pero hice caso al consejo de mi abuelo de no quedar de momento con Erin, Malcolm era un mal enemigo. La primera vez que nos vimos en persona fue en el hospital, tenía mi propia empresa, una empresa legal que me aportaba grandes beneficios.
Parte de esos beneficios los utilizaba para ayudar a gente que no tenía recursos, como a la familia que gracias al dinero que había donado de forma anónima pudieron darle a su hijo un tratamiento experimental que había dado resultados esperanzadores. Mientras miraba desde la distancia note la presencia de una persona a mi espalda, al darme la vuelta pude ver que era Erin.
- Eres un Robin Hood moderno–dijo Erin–. Me gusta mucho esta faceta tuya.
- No soy exactamente un Robin Hood–conteste–. Solo que pienso que el dinero si da la felicidad si se utiliza como es debido, para ayudar y no para destruir.
- ¿Crees que se salvara?–pregunto Erin.
- No lo sé–conteste–. Pero ahora tiene una oportunidad de sobrevivir, el tiempo lo dirá.
- Y si no se salva–dijo Erin–. Será un golpe duro para sus padres.
Sabía qué estaba pensando en su hermana, en que haría si no conseguía salvarla.
- Ven-dije–. Quiero enseñarte algo.
Andando por un largo pasillo llegamos a planta de maternidad, la llevé hasta una de las habitaciones donde se encontraba una mujer con su hijo en brazos mientras lo miraba con la sonrisa más grande del mundo.
- Esta mujer fue diagnosticada con un cáncer en estadio cuatro–dije–. Le dieron seis meses de vida.
- ¿Ha podido quedarse embarazada tomando el tratamiento?–pregunto Erin.
- Los tratamientos convencionales no estaban resultando–conteste–. Pero había un tratamiento que podría frenar la metástasis concediéndole años de vida y sobre todo su deseo de ser madre.
- ¿Cuántos años?–pregunto Erin.
- De tres a cinco años–conteste–. En buen estado de salud.
- No crees que es un poco cruel–dijo Erin–. Ella morirá y no verá crecer a su hijo.
- Mírala bien, ha cumplido su sueño de ser madre y es feliz–conteste–. Además, tal vez ese niño le dé la fuerza suficiente para que se obre el milagro.
- ¿Ella lo sabe?–pregunto Erin–. ¿Sabe que como mucho durara cinco años?
- Si no se le ocultó nada–conteste–. Puede parecer una postura egoísta, pero esa mujer tiene una razón para luchar y para vivir, el tiempo lo dirá.
- ¿Por qué el común de los mortales no conoce estos tratamientos?–pregunto Erin–. Cuantas vidas se podrían salvar.
- Las personas que se lo pueden permitir se pueden contar con los dedos de las manos–conteste–. Además, a las farmacéuticas les interesan las enfermedades crónicas, cuanto más tiempo más dinero.
- ¡Cómo pueden dormir por las noches!–dijo Erin–. Yo sería incapaz.
- Pienso lo mismo–conteste–. Hace tiempo fui consciente que ir contra las farmacéuticas era inútil, según la ley no están haciendo nada malo, así que intento ayudar de esta manera, ojalá pudiera hacer más.
- El día de la fiesta la primera impresión que tuve de ti fue muy buena–dijo Erin–. Veo que no me equivoque, además tengo que decir que cada vez me gustas más.
No me esperaba una respuesta así, mi cara se sonrojó como si fuera un tomate. Erin cogiéndome del brazo coloco su cabecita sobre mi hombro mientras sonreía.
- ¿Cómo me has encontrado?–pregunte–. Muy pocas personas saben que vengo a este hospital.
- Tu abuelo me lo dijo–contesto Erin–. También me pidió que cuidara de ti.
-Así que te dijo eso–dije–. Ya le vale al carcamal.
- Seguro que lo dijo en broma–dijo Erin–. No creo que te haga falta para nada.
- No sé pelear–conteste–. La noche de la fiesta, si el gorila de Malcolm se hubiera arrancado contra mí me hubiera dado una buena paliza.
- ¿Cómo?–se sorprendió Erin–. No vi atisbo de miedo en tu mirada.
- No le tenía miedo–conteste–. Pero eso no cambia el hecho de que no sé pelear, cuando dos personas se pelean generalmente a uno le sube el ego y al otro le crece el rencor.
- Saber defenderse es importante–contesto Erin–. Aquella noche podría haber terminado muy mal.
- Tienes razón–dije–. Pero de verdad creo que un buen diálogo arregla más problemas que un puñetazo.
- ¿Y si el diálogo falla?–pregunto Erin–. ¿Qué harás entonces?
- Salir corriendo–conteste.
Esa contestación hizo que Erin soltara una carcajada, la verdad es que cada vez me gustaba más y era consciente que me estaba enamorando de ella mucho más deprisa de lo que me gustaría. La invité a tomar un café, cerca de aquel hospital había una cafetería en donde servían un café muy bueno.
Una vez allí, pedimos dos cafés con leche, mientras nos los servían decidí llamar a mi abuelo.
- Abuelo–dije–. Di a mis sombras que se tomen el resto del día libre.
- Eso no puede ser– contesto mi abuelo–. Si te atacan estarás en peligro.
- Estoy en una cafetería con Erin–dije–. ¿Te acuerdas de lo que le has pedido?
- Claro–contesto mi abuelo–. Le he pedido que cuide de ti.
- En tu opinión Erin es fuerte, ¿verdad?– pregunté–. Porque eso es lo que me dijiste.
- Su letalidad es igual a su belleza–contesto mi abuelo–. No tengas duda de eso.
- Entonces con quien estaré más a salvo será con ella–conteste.
Mi abuelo se quedó en silencio por un rato, eso hacía cuando solía sopesar las respuestas.
- De acuerdo–dijo mi abuelo–. Ordenaré que vuelvan.
- Es verdad lo que le dijiste a Malcolm–contesto Erin–. ¿Hoy no has contratado francotiradores para que te protejan?
- Hoy no me hacían falta–conteste–- guardarme el secreto por favor.
-Tu abuelo sigue pensando que eres una mosquita muerta–dijo Erin–. Menuda sorpresa se va a llevar el día que sepa la verdad.
Erin empezó a reírse a mandíbula partida, mientras todos nos miraban asombrados, después le pedí que viniera conmigo. Nos montamos en mi coche para dirigirnos a unas viejas oficinas que había comprado a las afueras de la ciudad. Era el lugar perfecto para montar nuestra base, nadie aparte de mí conocía este sitio, se las compré a un hombre que estaba a punto de jubilarse y pensaba reformarlo para convertirlo en mi refugio donde poder trabajar con tranquilidad.
- Te presento el que será mi Sancta sanctórum–dije–. Eres la única persona aparte de mí que conoce su existencia, guardarme el secreto.
- Claro, ¿pero qué hacemos aquí?–pregunto Erin.
- Esta será nuestra base–conteste–. Aquí descubriremos donde se encuentra tu hermana, además de saber donde esconde Malcolm los trapos sucios de toda la gente influyente de esta ciudad.
- ¿Cómo vamos a conseguir eso?–pregunto Erin–. Malcolm no confía en nadie.
- Con esto–conteste–. Eres la única que puede dar el cambiazo, sin que él note nada.
De uno de los armarios saque un móvil identifico al que usaba Malcolm, se lo clone la noche de la fiesta mientras salió a amedrentarme, tengo que reconocer que las bravuconadas de aquel musculitos me vinieron bien para llamar la atención del anfitrión. Una vez que Erin diera el cambiazo podríamos escuchar todo lo que Malcolm hablara, después solo era cuestión de tener paciencia, en algún momento desvelaría el paradero de la hermana de Erin y donde escondía los trapos sucios. No podía dejar de preguntarme que guardaba de mi abuelo, conocía todos los hechos delictivos que había cometido, lo que Malcolm tenía sobre la tenia que ser algo realmente espantoso, la verdad es que me daba miedo saberlo.
No me chupaba el dedo, sabía que mi abuelo era un mafioso y posiblemente el más peligroso de todos, pero conmigo siempre se portó bien y fue la única persona en este mundo que me demostró cariño. Aquella noche me queda en las oficinas a la espera de que Erin diera el cambiazo para dejar todo preparado y así poder grabar todo lo que se dijera a aquel móvil, la luz verde en la pantalla de mi ordenador se encendió, Erin había conseguido dar el cambiazo y mi ordenador había comenzado a grabar.
La curiosidad me pudo, poniéndome los cascos empecé a escuchar, tal vez hubiera sido mejor no haberlo hecho. Podía escuchar nítidamente como dos personas estaban follando, saber que Erin y Malcolm estaban follando no fue agradable, pero lo peor fue escuchar como Erin derramaba lágrimas, casi podía sentir la repugnancia que estaba sintiendo Erin al tener que soportar las embestidas del hombre que mato a sus padres y secuestro a su hermana.
El sexo no duro mucho, pude escuchar como un cuerpo se levantaba de aquella cama, era Malcolm que increpaba a Erin por su actitud. Después lo único que se escuchó fueron unos pasos y un portazo. Deje de escuchar, me sentía en parte responsable, estaba casi seguro que a Erin no le quedo más remedio que follar con él para poder hacer el cambiazo, tan absorto estaba en mis pensamientos que no escuche como alguien entraba en la habitación en donde me encontraba.
Al levantar mi rostro y mirar para arriba allí se encontraba Erin, todavía con los ojos rojos de llorar, me levante y la abrace, ella respondió al abrazo mientras las lágrimas volvían a recorrer su rostro.
-Lo siento Erin–dije–. No pensé…
- No es culpa tuya–contesto–. No había ninguna otra manera, si con esto consigo liberar a mi hermana habrá valido la pena.
- Lo he escuchado todo–dije–. Lo siento de verdad.
- Desde que me obligo a casarme con él, esta es la segunda vez que me acuesto con él–dijo Erin–. La primera fue para que me permitiera ver a mi hermana y esta segunda con la esperanza de verle destruido.
Hablamos durante horas, Erin odiaba profundamente a ese hombre, para ella que sus manos la rozaran era como si hierros candentes se hundieran en su piel, en cuanto llego a su casa sabia lo que tendría que hacer para que Malcolm bajara la guardia, así que no le quedo más remedio que usar lubricante, porque aunque Malcolm era un hombre atractivo que estaba en muy buena forma física la repugnancia que sentía Erin por el era tal, que de no ser por el lubricante la hubiera destrozado.
En aquellas oficinas lo primero que hice fue comprar una cama con un buen colchón, me conocía bien y sabía que una vez empezara a trabajar me pasaría más de una noche en vela, de esa manera podría descansar unas horas. Erin no quería volver a la casa que compartía con Malcolm, Erin estrenaría ese dormitorio improvisado que había montado, tenía un armario donde poner la ropa y una pequeña mesilla con una lámpara.
La habitación era un poco espartana, pero al mirarla, una sonrisa empezó a crecer en el rostro de Erin. Aquella habitación comunicaba con un pequeño baño con un plato de ducha pequeño, pero suficiente para darte una ducha relajante, eso es lo que hizo Erin, después me dijo que al día siguiente iría a casa en cuanto Malcolm se fuese para recoger sus cosas. Me ofrecí a ayudarla, pero se negó diciéndome que si entraba con ella los gorilas de Malcolm me harían pedazos, con una sonrisa me dijo que lo mejor que podía hacer era esperarla en esas oficinas con un buen desayuno para ella.
Después de ducharse se puso una camiseta mía y se metió a la cama, estaba muy cansada, espere junto a ella hasta que se durmió, después volví a sentarme delante del ordenador. Cogiendo los cascos para pasarme unas cuantas horas escuchando todo lo que se decía delante de ese móvil. Lo que creí que serían unas horas termino siendo toda la noche.
Malcolm frustrado por no poder follar con su trofeo como él llamaba a Erin se fue donde una de sus amantes para desquitarse, en cuanto llego a la casa de la amante deje de escuchar, deje los cascos sobre la mesa y me dirigí a la habitación donde dormía Erin, se había destapado, me acerque y la tape para después darle un beso en la frente. Volví a la sala y cogí un disco duro externo de nueve terabytes, configurándolo para que todo lo que se dijera se guardara en él.
Después me deje caer en el asiento, no sé cuando ocurrió, pero me quede dormido. Erin me despertó al día siguiente, comentándome que me duchara mientras ella hacia la cama, después me invitaría a desayunar en una cafetería que quedaba cerca de la casa de Malcolm, yo la tendría que esperar ahí, después los dos volveríamos a la oficina donde ella se quedaría escuchando las conversaciones mientras yo volvía a mi empresa como si no ocurriera nada.
A la orden pensé, como me pidió la espere en la cafetería, no tardo mucho en volver arrastrando una maleta.
- Has tardado poco–dije–. ¿Solo traes eso?
- Solo he cogido lo que traje yo a esta casa–contesto–. Todo lo que me ha comprado él ahí se ha quedado.
Desayunamos tranquilamente y volvimos a las oficinas donde Erin empezó a deshacer esa maleta metiendo toda su ropa en el armario, después saco una pistola que metió en uno de los cajones.
- Esto es como los condones–dijo Erin–. Es mejor tenerlos y no necesitarlos, que necesitarlos y no tenerlos.
- Lo entiendo–conteste–. Llevo toda mi vida viendo hacer eso a mi abuelo y no consigo acostumbrarme.
- La he traído por si acaso–dijo Erin–. Por si Malcolm llegara a encontrarnos.
Entonces se acercó a mí y me dio un tierno beso en los labios, me quede mirándola totalmente asombrado mientras me tocaba mis labios con la punta de mis dedos.
- ¿No te ha gustado?–pregunto Erin–. Si es así no lo hago más.
- Me ha gustado mucho–conteste–. Solo que me has pillado desprevenido, pero hazlo cuando quieras.
Erin se rio, después se puso a ordenar los cajones mientras me decía que llegaría tarde al trabajo, ¿tarde? Eran las once de la mañana, llegaba cuatro horas tarde, durante todo el día no pude dejar de pensar en ese beso, fue un beso porque ella sentía lo mismo que yo o solo era un beso de agradecimiento. Normalmente, solía hacerme ilusiones para después chocar con el muro de la realidad, rezaba para que esta vez no fuera igual, porque ya me había enamorado de Erin hasta el tuétano.
Al final decidí centrarme en el trabajo, puesto que no sacaría nada en claro. No volví a pensar en ello hasta que salí de las oficinas. Aunque era el jefe, solía ser el primero en entrar y el último en salir, la verdad es que no me gustaba dejar los trabajos a medias, así que me solía quedar hasta terminarlos, una vez en mi coche yendo a la base fue cuando volvió el beso a mi mente, necesitaba saber lo que sentía Erin, si me quería como yo a ella sería increíble, pero si no era así lo mejor era quitarse la tirita de golpe.
Al principio estaba muy seguro de querer saberlo, pero según me acercaba empezaron a crecer las dudas dentro de mí, una vez dentro de nuestra base no tuve que decir nada, mi cara lo decía todo, Erin se quitó los cascos y se acercó a mí.
- ¿Qué te ocurre?–pregunto Erin–. Tienes mala cara.
- Me gustaría saber si el beso de esta mañana era porque sientes algo por mí o por agradecimiento–dije–. Nunca quiero hacerme ilusiones, pero siempre me las hago y termino chafado.
- Siento algo por ti, de eso puedes estar seguro–contesto Erin–. Además si ese beso fuera por agradecimiento te hubiera invitado a unas cervezas.
Esto último me lo dijo con una cara que daba miedo, pero saber que Erin correspondía mis sentimientos no solo me tranquilizo, también me hizo muy feliz. Estaba acostumbrado a terminar casi siempre en la zona de amigo de las chicas, alguna vez que salí con los guardaespaldas de mi abuelo todas las chicas se fijaban él ellos terminando yo por ser el hombre invisible. En más de una ocasión me fui y nadie me echo de menos.
Estaba como en una nube, una mujer como Erin se había enamorado de mí, si os digo la verdad no me lo podía creer, una vez que la euforia se pasó pude ver la cara de preocupación de Erin, se movía inquieta en la silla con los cascos puestos.
- Que ocurre Erin–pregunte–. ¿Le ha pasado algo a tu hermana?
- No, Malcolm habla de todo con sus hombres, menos de mi hermana y donde tiene guardado la información con la que chantajea a tu abuelo–contesto Erin–. Es muy difícil no desmoralizarse.
- Este trabajo es así–dije–. Tenemos que tener paciencia.
La verdad es que era un trabajo arduo, donde se metían muchas horas y casi no se conseguían resultados, así estuvimos las siguientes semanas, todas las noches traía la cena para los dos. Cada noche nos acercábamos más el uno al otro hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Nuestros labios se fueron acercando cada vez más hasta que se juntaron en un lujurioso beso.
Nos estuvimos besando durante un buen rato, solo la falta de aire hizo que nuestros labios se separaran. Notaba todo mi cuerpo arder y viendo el estado de Erin ella debía de estar sintiendo lo mismo que yo, cogiéndome de la mano me llevo hasta el dormitorio. Erin solo llevaba una camiseta y unos pantalones cortos, al quitarse la camiseta aparecieron dos pechos de tamaño medio con unos grandes pezones rosados, no pude aguantarme y me lancé a chuparlos con glotonería mientas Erin posaba una de sus manos en mi cabeza para que no dejara de hacerlo. Los jadeos de Erin cada vez eran más fuertes hasta que termino explotando en un orgasmo que hizo que todo su cuerpo temblara. No fue la única que exploto en un brutal orgasmo, mientras yo me deleitaba con uno de sus pezones, Erin había metido su mano en mi pantalón cogiendo mi erecta herramienta, masajeándola de tal manera que me estaba proporcionando el mayor placer de mi vida.
Nos separamos para tomar un poco de aire, pero esto no había acabado, ni estaba cerca. Erin poniéndose de pies empezó a bajarse el pantaloncito corto, despacito para que me diera tiempo de recrearme en la visión de su coñito húmedo e hinchado. Una vez se deshizo del pantaloncito se tumbó sobre la cama con las piernas bien abiertas para que pudiera degustar el postre.
Según me iba acercando el olor y el calor que desprendían me embriago, en el momento que mi lengua hizo contacto con el clítoris de Erin, todo su cuerpo empezó a convulsionar, perdí la noción del tiempo, solo al notar cono la corrida de Erin me salpicaba toda la cara salí de mi sopor, un sopor en el que hubiera estado el resto de mi vida. Erin tenía una gran sonrisa, ahora era su turno, se deshizo de mis pantalones y calzoncillos con una velocidad y destreza que me dejaron pasmado, pero lo bueno estaba a punto de llegar, Erin cogiendo mi herramienta con su mano se la fue metiendo en la boca entonces cerro sus labios y empezó a succionar.
Tuve que sentarme sobre la cama, puesto que mis piernas eran incapaces de soportar el peso de mi cuerpo, apoye las manos sobre la cama y deje hacer a Erin, la mujer que me estaba proporcionando el mayor placer del mundo. Sabía que no aguantaría mucho más y le avise que estaba a punto de correrme, Erin en vez de sacarse mi polla de la boca se la incrusto en la garganta tragándose toda la corrida hasta que dejo secos mis huevos.
Todavía de rodillas vi como se relamía, volviendo a ponerse mi polla dura como el pedernal, Erin ayudada por mí se subió a la cama tumbándose con las piernas abiertas esperando a que la penetrara, lo hice poco a poco, disfrutando de cada centímetro de ese coñito apretado. Una vez la tuve dentro empecé un mete saca sin dejar de mirar sus preciosos ojos, esta vez también tenía lágrimas, pero no era de tristeza, sino de felicidad, con sus manos me atrajo hacia ella hasta que su boca quedo a la altura de mi oído, entonces fue cuando me dijo que me amaba.
Como respuesta la bese mientras nuestros cuerpos se contorsionaban al son de los jadeos que cada vez eran más fuertes hasta que terminaron en un grito, el orgasmo fue atronador, los dos nos miramos agotados, pero más que satisfechos. Erin colocó su cabecita sobre mi pecho mientras yo nos tapaba con el edredón, no tarde en escuchar como su respiración se acompasaba entrando en un profundo sueño.
No dormí en toda la noche, estaba satisfecho, llevaba deseando esto desde que la conocí, fue increíble y estaba deseando repetirlo, pero había sido partícipe de una infidelidad y eso me incomodaba en cierta manera. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me di cuenta de que Erin se había despertado.
- Te veo preocupado–dijo Erin–. ¿Te arrepientes?
- No me arrepiento, al contrario–conteste–. Pero saber que he participado en una infidelidad me incomoda en cierta manera.
- ¿Infidelidad?–contesto Erin–. Ese hombre mató a mis padres y secuestro a mi hermana para obligarme a casarme con él, yo no lo considero una infidelidad, sino justicia divina.
Erin se levantó de la cama enfadada en dirección al baño, la verdad es que tenía razón, había metido la pata hasta el cuello. La seguí para encontrarla llorando mientras el agua arrastraba sus lágrimas. La abracé desde atrás y pidiéndole perdón al oído, le dije que la quería, que la quise desde aquella fiesta desde que la vi por primera vez. Erin se dio media vuelta para decirme algo, pero poniéndole el dedo sobre sus labios le impedí hablar.
- Te quiero, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado–dije–. No tengo ninguna duda sobre eso.
- Quiero que sepas que él lleva acostándose con otras mujeres desde el principio–contesto Erin–. Lo que pasa es que para el que él lo haga está bien, pero si lo hago yo es la mayor de las traiciones, la hipocresía hecha carne y hueso.
- Perdóname Erin–dije–. Soy un mastuerzo insensible.
Erin con una sonrisa me beso cariñosamente mientras me decía que ya vería si me perdonaba, ninguno de los dos dijimos nada, pero sabía que ella pensó lo mismo que yo, lo que le podría hacer a su hermana de enterarse de que Erin y yo habíamos hecho el amor. Era imperativo encontrar a su hermana lo antes posible, no le he dicho, pero la hermana de Erin se llamaba Fiona. Mientras Erin se quedó escuchando las grabaciones yo fui a mi empresa, así fueron pasando las semanas hasta que un día se presentó Malcolm en mi despacho hecho una furia.
- ¿Dónde está Erin?–pregunto Malcolm–. ¡Más te vale que me lo digas!
- ¿Por qué tendría que saberlo?–pregunte–- es de mala educación meter a los demás en sus problemas conyugales.
- ¿Cómo sabes que tenemos problemas conyugales?–pregunto Malcolm–. Te lo ha dicho ella, ¿verdad?
- No, me lo acabas de decir tú entrando en mi despacho como un energúmeno–conteste–. ¿Qué te hace pensar que yo sé algo?
- Vi lo bien que os llevabais en la fiesta–dijo Malcolm.
- Bueno, también me llevo bien con mi secretaria y no se nada de su vida–dije–. Si no tienes nada más que decirme, ahí tienes la puerta.
- Como me entere de que sabes donde está y no me lo hayas dicho, ¡prepárate!–dijo Malcolm–. Nadie me roba y sale impune.
- ¿Tienes pruebas para sustentar lo que dices?–pregunte–. Ya veo que no, no me hagas perder más el tiempo.
- ¡Tú quien te has creído que eres!- grito un furibundo Malcolm.
- No, ¡quien te has creído tú que eres!–conteste–. No eres el único con poder en esta ciudad, piensa en ello.
Malcon reculo, sabía que mi abuelo tenía suficiente poder como para hacerle frente y terminar por destruirle, por esta vez Malcolm decidió plegar velas y salir del despacho dando un portazo, una vez que salió tuve que sentarme en el suelo porque mis piernas temblaban como una hoja ante un huracán. Me había venido arriba y estuve a punto de mearme encima. El resto del día intenté concentrarme en el trabajo, pero me fue imposible, Malcolm era un hombre del todo inestable, teníamos que encontrar a Fiona porque ese hombre podía hacerla mucho daño. Al llegar a nuestra base de operaciones Erin fue consciente de que algo había pasado. Después de pegarme una ducha y poner mis ideas en orden me senté junto a ella y le expliqué lo sucedido.
- ¡Ese monstruo me tiene más que harta!–dijo Erin–. Me dan ganas de presentarme ante él y ponerlo en su sitio.
- Tranquilízate Erin–conteste–. Malcolm está muy nervioso, estoy seguro de que pronto meterá la pata.
No tuvimos que esperar mucho para que a Malcolm se le escapara donde tenía retenida a Fiona y donde tenía guardada toda la información que usaba para chantajear a las demás familias con poder de la ciudad. Fue en una conversación con uno de sus socios, decía que si Erin no aparecía pronto se desquitaría con la hermana pequeña, escuchar eso hizo que Erin entrara en modo diosa de la guerra.
- ¿¡Tenemos que ir a rescatar a mi hermana ya!–dijo Erin.
- Tranquilízate–conteste–. Tenemos que rescatar a tu hermana y conseguir los discos duros con la información en la misma noche.
- ¿Cómo haremos eso?–pregunto Erin–. ¿¡Me lo quieres explicar!
- Mi abuelo se encargará de rescatar a Fiona–conteste–. Mientras tanto tú y yo conseguiremos los discos duros.
- Pero tu abuelo...–dijo Erin–. Tal vez lo haría por ti, pero por mi hermana…
- Lo hará–conteste–. No tengas dudas de eso.
- ¿Por qué?–pregunto Erin–. No veo en que le beneficia eso a tu abuelo.
- ¿Beneficiarlo?, en nada–conteste–. Lo hará porque se lo pediré yo.
Erin parece que se quedó más tranquila, ahora sabíamos donde tenían a Fiona, estaba en una empresa abandonada a las afueras de la ciudad, esa empresa era de una de las filiales de Malcolm, pero no aparecía reflejada en ningún sitio y por eso no pudimos dar con ella, el lugar donde tenía guardada la información era harina de otro costal. Digamos que ese edificio era como un banco de máxima seguridad, pero sin serlo. Un edificio diseñado para atraparte dentro de él, sí la entrada no había sido autorizada.
Lo sé porque mi empresa se encargó de diseñarlo, mis ingenieros y arquitectos se encargaron del edificio y yo me encargue del sistema de seguridad, un sistema que estaba diseñando para ser un cazador perfecto, una vez que estabas en su punto de mira te iba cercando hasta que no tenías escapatoria, el edificio era una trampa mortal, se inspiraron en el diseño del Tártaro que creo Hefesto.
Hefesto empezó a construir el Tártaro desde fuera hacia dentro, de esa manera una vez lo hubiera terminado tendría que quedarse dentro de la cárcel que él había creado, pero Hefesto se las arreglo para crear una salida que le permitiera salir y que solo él conocía. Bueno yo al final después de pasarme horas mirando los planos encontré una manera de salir de ese edificio, valía sobre el papel, pero jamás se había probado, así que pronto sabría si tenía razón o no.
Puse en antecedentes a Erin que se llevó las manos a la cabeza.
- ¿Cómo pretendes que entremos en ese edificio?–pregunto Erin– No solo entrar, ¿cómo pretendes salir?
-El sistema de seguridad utiliza cámaras térmicas, cada cuerpo tiene su huella de calor y el sistema los almacena todos, si detecta una entrada no autorizada y una huella térmica desconocida te empieza a cercar–dije–. Llevándote a un punto donde quedas atrapado.
- ¿No existe un traje que pueda camuflar la temperatura de tu cuerpo?–pregunto Erin–. Con eso ya puedes entrar.
- El sistema de seguridad tiene ojos en todas las plantas, no podrá ver el calor, pero te puede ver a ti–conteste–. Otra vez jaque mate.
- Lo estás poniendo imposible–comento una desesperada Erin–. ¡Mejor lo dejamos!
- La forma de entrar es por el circuito de refrigeración–conteste–. Fuera de las cámaras y de las cámaras térmicas.
- Claro, así de sencillo–dijo una furiosa Erin–. ¡Si fuera así de fácil ya lo hubieran intentado!
- No es tan fácil, las temperaturas oscilan entre los 0 grados y -10 grados–conteste–. El hueco es tan estrecho que tienes que entrar casi desnudo, muriendo de hipotermia.
Erin me miraba como si le estuviera tomando el pelo, entonces le enseñe una fotografía de un traje que parecía una segunda piel, una resistencia recorría todo el traje que trabajaba como una estufa para que la temperatura de tu cuerpo no bajara de los 36 grados. La idea era viable, pero el problema era que no habían sido probados y si fallaban los dos moriríamos congelados.
- Pues no nos queda otra–dijo Erin–. Tendremos que ser los conejillos de indias.
- ¿Estás segura?– pregunté.
- Si con esto puedo salvar a mi hermana–contesto Erin–. Que así sea.
Trazamos el plan durante semanas, hable con mi abuelo y me dijo que él se encargaría de salvar a Fiona no dejaría que le ocurriera nada malo, confiaba en él. La noche antes Erin y yo dimos rienda suelta a nuestros deseos, fue una forma de descargar tensiones y de amarnos una última vez por si las cosas no salían como las habíamos planeado. El día siguiente me lo cogí libre para pasar el día con Erin y repasar el plan por última vez.
Llego la hora de la verdad, entraríamos por el tejado, el edificio se construyo a las afueras de la ciudad entre dos pequeñas montañas. De esa manera las personas que guardaban su información dentro lo harían lejos de la vigilancia de la ley, de todas maneras las personas que contrataban los servicios de ese edificio eran tan poderosas que la policía hacia la vista gorda, como he dicho entraríamos por el tejado, había cámaras, pero entre todas ellas no tenían una visión de 360 grados, había un punto ciego que usaríamos para entrar.
Para ello usaríamos una especie de arpón para lanzar una cuerda que se clavara en el tejado y nos permitiera bajar en tirolina. Tengo que decir que Erin estaba en su salsa, pero yo estaba muy asustado. Erin me dijo que yo sería el primero en lanzarme, ella vendría detrás por si fallaba algo. Ya que estábamos allí y ya no había vuelta atrás me lance, no había mucha distancia, pero a mí se me hizo eterno. Se suponía que la tirolina tenía un freno que me frenaría antes de estamparme contra la pared, pero eso estaba cogiendo cada vez más velocidad y no tenía pinta de aminorar, al final sí que paro dejándome a escasos centímetros de una pared de hormigón. Aproveche el tiempo que las cámaras no apuntaban a la zona donde nos encontrábamos para poder hackearlas. Una vez me hice con ellas ya podíamos entrar.
El sistema de refrigeración tenía una especie de trampilla para los de mantenimiento, pero dentro hacía tanto frío que solían hacer las reparaciones desde fuera, otra cosa que sorprendió a Erin fue que no había ningún guardia. Los dueños de aquel edificio eran muy tacaños además de que confiaban ciegamente en el edificio que mi empresa había construido. Lo que nunca se hubieran imaginado era que el hombre que diseño el sistema de seguridad se atrevería a entrar a robarles.
Llevábamos el traje aislante debajo de la ropa, la verdad es que era bastante incómodo, pero era lo único que teníamos para poder sobrevivir ahí adentro, después llevábamos dos mochilas no muy grandes donde llevábamos todo el material que nos haría falta, yo llevaba un portátil y baterías para los trajes.
Las resistencias tendrían que estar encendidas todo momento y eso gastaba mucha energía, bueno había llegado la hora de comprobar si los trajes funcionaban o no, nos quitamos la ropa hasta quedarnos solo con los trajes, la respuesta era afirmativa, pero no funcionaban tan bien como lo hubiera esperado, pues sí que sentíamos algo de frío, pero por lo menos no moriríamos de hipotermia, Nos fuimos arrastrando por el circuito hasta que llegábamos a una zona donde el circuito se ponía vertical, para eso Erin trajo unas cuerdas que usaríamos para poder bajar o subir.
Mientras para Erin estaba siendo un paseo por el parque, mi resistencia física no era tan buena como la suya y estaba sufriendo lo mío, solo esperaba llegar de una pieza al final del trayecto.
- Lo siento Erin–dije apenado–. Te estoy ralentizando.
- No lo sientas Nikolai–contesto Erin–- No estás en tu elemento, será cuando entremos en ese cuarto cuando tengas que billar.
Ya no nos quedaba mucho para llegar, aunque el frío que sentíamos no era mucho, si estaba empezando a entumecer mis músculos y eso me repercutía a la hora de subir y bajar, el sitio era tan estrecho que apenas podía hacer fuerza con los pies. Erin que era la que subía primero tenía que ayudarme, pero pensaba compensárselo después, poco a poco fuimos avanzando hasta que llegamos a la sala.
Quitamos la rejilla con mucho cuidado, mire meticulosamente para desactivar cualquier sensor, pero había un sensor que disparaba un láser invisible sobre esa rejilla, al quitarla salto una alarma silenciosa, pero no era un aviso para la policía sino para el propio Malcolm que se puso en marcha. Erin ató una de las cuerdas y pudimos descender. Lo primero que hice fue sacar mi portátil y conectarla a uno de los puertos.
El sistema de seguridad se puso en marcha, metí algunos virus para distraerlo mientras yo usaba una puerta trasera que cree al mismo tiempo que el programa. Gracias a esa puerta trasera conseguiría hacerme con el programa de seguridad y gracias a eso con todos los sistemas del edificio. El sistema se adaptaba a los virus informáticos muy deprisa, era una lástima no tener tiempo para poder enfrentarme a él, antes de que destruyera el último, pude insertar el código que me dio el control de todo.
- Bien ya he conseguido hacerme con el control–dije–. El programa que diseñe era realmente duro.
- Pareces decepcionado de no poder enfrentarte a él–contesto Erin.
- Así es–dije–. Pero ahora no hay tiempo.
Entramos a la sala donde guardaban todos los discos duros externos, conecte mi portátil y entre en el índice. Al entrar pude ver que se había activado una alarma. Al hackearla para saber a quién había avisado me di cuenta de que fue a Malcolm, calcule que llegaría en un cuarto de hora más o menos.
- Se me ha pasado uno de los sensores y este ha avisado a Malcon–dije–. Llegará en quince minutos.
- ¿¡Que venga!–contesto Erin–. Le estaré esperando.
- Lo primero es lo primero–dije–. Cojamos los discos duros.
- Sabes que no vendrá solo, ¿verdad?–dijo Erin–. Me preocupa que te hagan daño.
Lo que Erin no sabía era que se me había ocurrido un plan para hacer que esa lucha fuera justa, desde la entrada de este edificio hasta la sala en la que nos encontrábamos había que cruzar un gran pasillo, este pasillo tenía unas puertas blindadas de acero templado de diez centimanos por cada cinco metros. Si alguien entraba y activaba uno de los sensores estas puertas se cerraban herméticamente haciendo imposible que pudieras destruir todas antes de que llegara la policía y rodeara el edificio haciendo imposible la fuga.
Como yo tenía el control absoluto haría que las puertas se fueran cerrando de tal forma que iría encerrando a los hombres de Malcolm hasta que solo quedara él para enfrentarse a Erin. No me hacía gracia, pero sabía que Erin necesitaba ese enfrentamiento, necesitaba sacar toda esa ira que se le había ido acumulando todo este tiempo que estuvo junto a el obligada para que no hicieran daño a su hermana.
- No te preocupes por eso–dije–. Are que llegue solo hasta aquí.
Erin era un portento, le había visto subir una de sus piernas hasta tocar la parte de arriba del marco de la puerta, me dolía solo de verlo. Todas las mañanas usaba su muñeco de madera donde practicaba sus catas de artes marciales, creo que me dijo que era Wing Chun o algo así, tenía claro que Erin sabia defenderse perfectamente, que se había preparado durante años para cuando llegara este momento, lo que no estaba seguro era si yo estaba preparado para verlo.
No me quedaba otra que hacer mi parte y rezar para que esa noche todo terminara bien.
EN OTRO LADO DE LA CIUDAD
Habíamos llegado a las coordenadas que Nikolai nos había mandado, Una vez allí mis mejores francotiradores se colocaron en posiciones estratégicas. Una vez di la orden acabaron con los guardias que estaban custodiando los alrededores de aquella vieja empresa, otros seis de mis hombres entrarían conmigo.
Al disparar con silenciadores, los hombres de Malcolm no fueron conscientes de lo que había ocurrido fuera hasta que fue demasiado tarde, mis hombres entraron en formación de abanico disparando a todo lo que se movía hasta que llegaron al cuarto donde tenían retenida a Fiona. Lo primero de lo que fui consciente era del frío que hacía en esa nave, las ventanas estaban rotas, dejando entrar un frio infernal, eso me dio mala espina. Dos de mis hombres abrieron la puerta apuntando al único hombre de Malcolm que quedaba en pie. Este tenía un cuchillo en el cuello de Fiona que tenía signos de estar sufriendo mucha fiebre, sus piernas a penas la sostenían. Dos puntos rojos se posaron en la frente de ese hombre.
- Suéltala–dije–. Te aseguro que te abatirán antes de que muevas un dedo.
Aquel hombre temblaba, se debatía entre soltar a la chiquilla y vivir un poco más hasta que su jefe se enterara o morir allí mismo intentando cumplir con lo que su jefe le había ordenado. Al final fue lo segundo, al primer intento de movimiento de ese hombre los míos dispararon sin titubear, aquel hombre cayó hacia atrás, dándome el tiempo suficiente para sujetar a una Fiona que había perdido el conocimiento por la fiebre y el miedo que había pasado.
Al posar mi mano sobre su frente fui consciente de que la cosa era grabe, estaba casi seguro que Fiona tenía una fiebre por encima de los treinta y nueve grados, la cogí en brazos y nos dirigimos a un hospital para que le hicieran todas las pruebas pertinentes.
- Nikolai, Fiona ya está a salvo–dije–. La llevamos a una hospital, puesto que tiene una fiebre muy alta.
- Gracias abuelo–contesto Nikolai–. Tenme al corriente.
- Así lo haré–conteste.
No podía evitar estar preocupado por mi nieto, sabía que Erin lo protegería, había experimentado la fuerza y destreza de esa mujer en mis propias carnes, la cicatriz que me hizo en la mejilla era testigo de ello, pero Malcolm era un mal bicho. Nunca había rezado, pero esa noche lo hice por Fiona, Erin y Nikolai.
DE VUELTA EN EL EDIFICIO DONDE SE ENCONTRABAN ERIN Y NIKOLAI
Vi como Erin se colocaba en el centro de aquella sala, se sentó dejando los cuchillos en el suelo, tenía la mirada fija en la puerta. En su rostro no veía ni miedo ni duda, solo esperaba a que Malcolm entrara por esa puerta. Pronto pude ver tres todoterreno que se acercaban a toda velocidad por las cámaras, aparcando en la entrada, el primero en bajar fue Malcolm que gritaba a sus hombres. Las cámaras no tenían sonido, así que no pude escuchar lo que les dijo.
Deje que entraran y se internaran en ese largo y estrecho pasillo, Malcolm se había traído veinte hombres que sumándole él hacía veintiuno, aquel pasillo tenía cinco puertas herméticas, mi idea era cerrar las cinco puertas a la vez para dejar que Malcolm llegara solo. Tenía la esperanza de que esas puerta aguantaran lo suficiente para dar tiempo a mi abuelo a llegar hasta aquí. Como pensé se pusieron en fila con Malcolm a la cabeza.
Era la primera vez que veía algo así, cuando iba con mi abuelo nosotros solíamos ir por la mitad, bien escoltados, tan claro tenía el resultado Malcolm que no se preocupaba ni en protegerse. Mejor para nosotros, solo tenía que esperar el momento justo, las puertas se cerrarían en un instante y Malcolm tendría que enfrentarse a Erin sin superioridad numérica. Fueron instantes de mucha tensión, si mi plan no salía como me había esperado estaríamos bien jodidos.
Entonces ocurrió lo que estaba esperando, los hombres de Malcolm empezaron a distanciarse unos de otros y ese fue el instante que accione el interruptor que cerro las puertas antes de que tuvieran claro lo que había pasado, Malcolm se quedó solo delante de la puerta que le daría acceso a nosotros, mire a Erin y una vez que con su cabeza me hizo la señal de adelante abrí la puerta. Erin se puso de pie con los cuchillos en la mano, cosa que hizo gracia a Malcolm. No podía evitar acordarme de la conversación que había tenido con Erin momentos antes.
- ¿Estás segura Erin?– pregunté–. Me dijiste que los cuchillos eran la especialidad de Malcolm.
- Si–contesto Erin–. Hay que atacar al enemigo en su punto fuerte, puesto que estará más confiado y eso hará que cometa más errores.
No nos dio tiempo a nada más, puesto que Malcolm y sus hombres ya habían entrado en el complejo, no podía evitar estar muy nervioso, veía a Malcolm muy seguro, Erin tenía una mirada fría. Los dos empezaron a andar en círculos mirándose fijamente a los ojos. Malcolm fue el primero en atacar, pero Erin lo esquivo con un rápido movimiento, contraatacando haciéndole un corte en el brazo.
Malcolm estaba desconcertado, Erin empezó a moverse de forma precisa como si estuviera bailando, pero ese especie de baile le otorgaba una defensa perfecta además de poder contraatacar a placer. Malcolm no se arrugó, volvió a atacar, pero el resultado fue el mismo, Erin volvió a esquivar el ataque asestándole otro corte. La expresión de Erin cambio, parecía que estaba dispuesta a terminar con esto. Empezó a moverse alrededor de Malcolm asestándole corte tras corte mientras este no tenía más opción que cubrirse lo mejor que podía.
Malcolm no se podía creer lo que le estaba sucediendo, el rey de la lucha a cuchillo estaba siendo superado ampliamente por alguien que él consideraba inferior por ser una mujer. Los cortes de Erin tenían una gran precisión, con cada corte los movimientos de Malcolm eran más lentos, de seguir así llegaría un momento que este no podría moverse, entonces viendo su inminente derrota y sintiéndose humillado decidió que moriría matando.
Soltando los cuchillos apunto a la sala de los discos duros donde me encontraba yo, sin pensárselo dos veces disparo, a mí solo me dio tiempo de cubrirme con los brazos como si eso fuera a detener una bala, los cristales de esa sala eran blindados, una vez que comprobé que estaba de una pieza pude observar que Malcolm se encontraba en el suelo. Erin se fue directa a su mochila y de ella saco unas bridas, mire los monitores y echando hacia atrás las cámaras para ver lo que habían grabado pude comprobar que en el momento que Malcolm disparo el pie de Erin se estampó contra la cara de este haciendo que cayera hacia detrás mientras sus dientes salían disparados en distintas direcciones.
Todo mi cuerpo temblaba, me costaba respirar y sentía que en cualquier momento mi corazón dejaría de latir.
- Erin tú sabías que estos cristales estaban blindados, ¿verdad?–pregunte.
- Si–contesto–. Me di cuenta en cuanto entre.
- ¿Por qué no me dijiste nada?–dije–. ¡Casi me da un infarto!
Erin sonrió por primera vez, una vez que termino de atar a un inconsciente Malcolm subió a donde yo estaba, me acaricio la mejilla mientras acercaba mi rostro al suyo hasta que terminamos en un apasionado beso, tengo que decir que ese beso me quito todos los males. Al poco rato recibí un mensaje diciéndome que había dejado algunos hombres en el hospital para proteger a Fiona y no venía salo.
Eso quería decir que venía con los demás jefazos de la ciudad para que Malcolm rindiera cuentas ante ellos. Erin y yo vimos la llegada de unos diez todoterrenos, de ellos bajaron el abuelo, Qiang jefe de la familia china, Hiro el jefe de la familia Japonesa y Francesco, el sucesor del anterior jefe fallecido por enfermedad. Abrí las puertas para que todos pudieran entrar, los hombres de Malcolm se rindieron enseguida, sabían que su vida dependía de ello. Erin despertó de Malcolm de una patada para que recibiera despierto a los jefazos.
Mientras el abuelo llegaba conté a Erin que el abuelo había rescatado a Fiona, pero que la encontró con mucha fiebre y la habían llevado a un hospital. Erin sabia perfectamente que el estado de su hermana era la forma que tenía Malcolm de castigarla, eso la cabreo mucho y eso se vio en el pedazo de patadon que le metió en las costillas. Por primera vez vi el terror en el rostro de Malcolm cuando enseñe a aquellos cuatro hombres que tenía los discos duros que les incriminaban.
Fue Francesco quien agachándose cogió a Malcolm por el cuello levantándolo hasta que sus piernas dejaron de tocar el suelo.
- ¿Ahora que vas a hacer gusano?–pregunto Francesco–. Ya no tienes nada que te proteja de nosotros.
Mi abuelo tuvo que pedirle a Francesco que se calmara, si no de seguir así lo terminaría matando y eso sería un regalo para ese infraser. Dos hombres entraron llevándose a un aterrorizado Malcolm, Erin fue donde mi abuelo y le pidió si podían llevarla hasta el hospital donde tenían a su hermana. Mi abuelo le dijo que nos llevaría él personalmente y así lo hizo.
Esperamos durante horas a que le hicieron todas las pruebas, al fin llegaron los resultados, Fiona tenía neumonía, tendría que quedarse ingresada en el hospital, pero su vida no corría peligro. Erin empezó a llorar mientras se abrazaba a mí, toda la tensión acumulada termino estallando en un llanto incontrolable, en cuanto subieron a planta a Fiona, Erin entro como un huracán a ver a su hermana.
Erin abrazó con fuerza a su hermana, no la soltó hasta que Fiona empezó a toser, entonces el médico nos pidió que saliéramos y la dejáramos descansar. Erin le dijo al médico a ver si podía pasar la noche junto a su hermana, este le dijo que sin ningún problema. Entre a la habitación para decirle a Erin que me iría con mi abuelo, puesto que teníamos cosas que aclarar y que al día siguiente a primera hora subiría para que ella pudiera descansar. Pude ver como Fiona sonreía al ver como besaba a su hermana.
Nos despedimos de las dos y fue cuando le pregunte a mi abuelo.
- ¿Que hay en estos discos duros sobre ti?–pregunte–. Y no me mientas que los terminaré viendo.
Mi abuelo me miraba fijamente a los ojos, después tomo aire y empezó a relatarme, él siempre había querido ser padre, pero mi difunta abuela estaba muy enferma y no pudo ser. Con el tiempo uno de sus hombres falleció dejando a un hijo huérfano, entonces mi abuelo decidió ser su tutor legal. Por fin pudo experimentar lo que significaba ser padre, lo crio, lo educo y le dio los mejores estudios con la idea de que algún día pudiera sucederle.
No tardo en darse cuenta de que aquel niño creció con una ambición desdemedida, pero de verdad estaba convencido de que sería cosa de la edad y que con el tiempo iría desapareciendo. No fue así, cuanto más años pasaban más crecía su ambición hasta el punto de que mi abuelo tomo la decisión de desheredarlo. Era consciente de que no se hubiera conformado con el poder que el abuelo ostentaba.
Para ese entonces yo ya había nacido, el abuelo me daba todas las atenciones y eso no gusto a mi padre. Una de las noches mi padre escucho como mi abuelo le decía a mi madre que estaba meditando ponerme a mí como su sucesor quitando a mi padre. Desde ese día el odio hacia el abuelo y hacia mí empezó a crecer dentro de mi padre. Viendo que se le acababa el tiempo una noche que se supone que tenía que ir a hacer un negocio, mi padre pidió a mi abuelo que cuidara de mi madre y de mí.
El abuelo aceptó encantado, todo iba bien, mi madre preparaba la cena mientras el abuelo jugaba conmigo, hasta que mi abuelo se fijó en un punto rojo que se posó en mi frente. De un rápido movimiento me cubrió con su cuerpo recibiendo el disparo. Viendo el asesino que había fallado volvió a apuntarme sabiendo que el abuelo me volvería a proteger y de esta formo podría darle el tiro de gracia, pero mi madre se interpuso en la trayectoria de un disparo que hubiera matado al abuelo y seguramente también a mí.
Mi madre murió en el acto, pero al asesino no le dio más tiempo, pues los hombres de mi padre consiguieron cazarlo antes de que haría ningún disparo más. Creyéndose a salvo en su casa, mi padre había dado la noche libre a sus hombres, pero fue mi madre quien les dijo que alguno se quedara cerca de casa por si acaso. Si mi madre sabia lo que iba a pasar nunca se sabrá, pero sí sé que dio su vida para protegernos.
Los hombres de mi abuelo interrogaron duramente a aquel mercenario hasta qué confeso que fue mi padre quien le había contratado para matarnos a mi madre, abuelo y por último a mí, Mi abuelo casi sin voz me confesó que aquella noche tomo una de las decisiones más duras de su vida, matar al hijo que quería y había criado desde que era un niño para poder proteger a su nieto.
Tardo bastante en dar con mi padre, pero cuando lo tuvo delante de rodillas ejecuto a su hijo, el abuelo no sabía quién ni como grabaron ese momento, pero pasados los años Malcolm le enseño un extracto de esa grabación, diciendo que de no hacer lo que él le dijera yo terminaría viendo como mataba a mi padre y me terminaría perdiendo para siempre.
- Abuelo–dije mirándole a los ojos–, ¡tú eres tonto de cojones!
- ¿Cómo?–pregunto el abuelo–. ¿A qué viene eso ahora?
- Te has sentido tan culpable de lo que tuviste que hacer esa noche para protegerme que no has sido consciente de lo más importante–conteste–. Ese hombre que decía ser mi padre pago a otro hombre para que nos matara, a mamá, a ti y a mí.
- Pero...–dijo el abuelo.
- Tú estuviste a mi lado cuando pase el sarampión, cuando me enamore por primera vez y me lleve mi primera decepción–conteste–. Has estado siempre en mis mejores momentos como en los peores y nadie va a cambiar eso.
El abuelo no pudo contener el llanto, durante toda su vida ha cargado con un gran peso, pero no era yo quien tenía que perdonarlo, se tenía que perdonar a sí mismo. Una vez que se calmó fuimos a donde los demás jefes para que entre todos destruyeran los discos duros, ahora nada les impedía dar su merecido a Malcolm. Este se encontraba suspendido en el aire por una grúa, al verme empezó a gritarme.
- Antes de destruir los discos duros deberías de ver la traición de tu abuelo–dijo Malcolm–. Se ve perfectamente como te traiciona matando el mismo a tu padre.
- No necesito ver nada–conteste–. Fue mi padre quien me traiciono.
Malcolm se quedó callado y en su mirada pude ver que todo lo que me había contado mi abuelo era verdad. Lo que ocurriera de ahí en adelante en ese almacén no era de mi incumbencia, me monte en uno de los coches de los hombres de mi abuelo y fui directo al hospital, al entrar en la habitación pude ver a Erin sentada en una de las sillas mientras tenía cogida la mano de su hermana, las dos dormían plácidamente.
La pesadilla se había acabado y sabía perfectamente que estaba ante la mujer que me haría feliz el resto de mi vida.
EPÍLOGO
Ha pasado un año desde que rescatamos a Fiona, Erin y yo reformamos aquellas oficinas que nos sirvieron como base convirtiéndolas en nuestro hogar, se encontraban en un lugar apartado y tranquilo. Erin terminó incorporándose a mi empresa como supervisora de puntos débiles de las estructuras.
Las empresas no solo nos contrataban para que les hiciéramos un sistema de seguridad a su medida, sino para que corrigiéramos posibles puntos ciegos por los que los posibles ladrones pudieran colarse saltándose todos los sistemas de seguridad, os tengo que decir que Erin resulto ser muy buena, gracias a eso nuestro reputación mejoro empezando no pudiendo dar abasto de tanto trabajo.
Hace unos días Erin me dio la mejor noticia de mi vida, vamos a ser padres, Fiona y el abuelo están encantados, miedo me da lo mucho que van a malcriar a la criatura, recuerdo perfectamente lo contento que me puse mientras me lo decía en el restaurante y como la cogí en brazos mientras dábamos vueltas besándonos, incluso el dueño del restaurante nos felicitó, la verdad es que no podemos ser más felices.
Hablando de Fiona, volvió a la universidad, aparte de volver junto a su hermana era lo que más deseaba el tiempo en el que estuvo retenida por Malcolm, su intención es doctorarse en ingeniería aplicada y sé que lo conseguirá porque es igual de tenaz que su hermana, me llevo muy bien con ella, es la hermana que siempre quise y nunca tuve, hasta ahora.
En cuanto el abuelo está pensando en jubilarse y dedicarse en cuerpo y alma a su familia, su relación con Erin y Fiona es estupenda, sobre todo con la segunda que la quiere como si fuera su hija, aquella noche que la rescato surgió una conexión muy fuerte entre los dos, Erin y yo nos alegramos mucho, Fiona había conocido la peor cara del ser humano y ahora estaba conociendo la mejor, nos alegrábamos de verdad por los dos.
En cuanto Malcolm, no sé qué ocurrió aquella noche en aquel almacén, pero si algo tenia claro es que no tuvo que ser agradable, la verdad es que no sabía si seguía vivo o lo habían matado, una noche hablando con mi abuelo le pregunte sin tapujos y me contesto que la muerte hubiera sido una liberación para ese gusano, lo único que me dijo es que no volveríamos a saber nada más de él, pero que sufriría hasta el último segundo de su vida.
Hemos llegado al final de la historia, ha sido un camino duro, pero sé que gracias a Erin tendré el futuro más esperanzador.
FIN.