Bueno, pues empezamos. Tras unas charlas por WhatsApp, acabamos quedando y le dije que la quería con una faldita, una camisa y los ojos vendados, y que me diese las bragas en la mano. El marido se quedaría sentado, mirando cómo evolucionaba la cosa.
Llamé al timbre, me abrieron la puerta y allí estaba ella. Una mujer con un tipazo, aunque con las tetas pequeñas; le faltaban un par de tallas, jejej. Nada más entrar me dio las bragas, que eran negras, y me puse detrás de ella, apartándole la melena y besándole y mordisqueándole el cuello, mientras le iba acariciando el culo y el coño. Mientras tanto, el marido empezaba a tocarse sentado en el sofá.
A ella se la notaba nerviosa, pero ya empezaba a soltar pequeños gemidos y a acelerársele la respiración, con lo cual la apoyé contra la pared y empecé a comerle el coño y el culo desde atrás. Ella ya empezó a gemir más y el marido estaba tocándose y mirando mi empalme.
Cuando le quité el antifaz a ella y le puse la mano en mi polla, le dije:
—Agáchate y sácala.
Empezó a mamármela mientras miraba a su marido de reojo, con cara de viciosa, mientras le preguntaba yo al marido si le gustaba lo puta que era su mujer. Él contestó que le encantaba y le dije:
—¿Quieres polla tú también?
Se mostró un poco reacio, pero acabó ayudándole a su mujer a hacerme una buena mamada. Cuando acabaron de mamármela y les había llenado la cara de lefa a los dos, le dije a ella:
—Pónmela dura otra vez, que ahora te voy a follar.
Tras un rato chupándomela, la puse a cuatro patas delante del cornudo y empecé a follármela, preguntándole en voz alta:
—¿Qué eres?
Ella respondía:
—Soy una puta.
A su marido le encantaba la situación mientras seguía pajeándose. Así estuvimos un rato, hasta que fui jugando con mi dedo en su ojete mientras la follaba. Ella no paraba de gemir y así estuvimos toda la tarde, follando en varias posturas, hasta que le dejé unirse al marido y la follamos entre los dos. despues de esto hubo mas encuentros que ire contando