Dolor de Cuernos. (Las cosas no son como esperabas)

Como bien comentas la mente de la mujer es muy diferente a la nuestra, te puedo asegurar que mi mujer no es la misma después de dar el paso, la noto cambiada en algunos aspectos con respecto a mí y en nuestra relación.

Después de estar con dos chicos, creo que está perfectamente preparada para otra experiencia que ya me ronda la mente.
Ummmmm... lastima que no esté en tus planes..😀
 
El perfil es muy importante, hay veces que encientras opciones muy buenas como la de nuestra segunda cita, un hombre casado y con hijos que viaja por trabajo y le divierte aprovechar esos momentos para disfrutar.

Un tipo con experiencia y las ideas claras da muchísima tranquilidad y sobre todo como he dicho tantas veces, que sepa su rol y como ejercerlo.

Así se evitan situaciones de celos y desconfianza, a mí me tranquiliza controlar al máximo la situación.
Es muy importante el equilibrio. Ambos en la misma situación, casados y en buena relación de pareja.
 
Como bien comentas la mente de la mujer es muy diferente a la nuestra, te puedo asegurar que mi mujer no es la misma después de dar el paso, la noto cambiada en algunos aspectos con respecto a mí y en nuestra relación.

Después de estar con dos chicos, creo que está perfectamente preparada para otra experiencia que ya me ronda la mente,.

Ahora la veo capaz de tener sexo sin pensarlo tanto y centrarse más en el placer y con menos ataduras.
Podrías ser más explícito, cambiada en qué aspectos?
 
Permaneció encima de él, cabalgando con un ritmo cadencioso, sus caderas giraban y subían, trazando círculos, mientras sus pechos, libres y pesados, se balanceaban con cada movimiento. La luz de la lámpara dibujaba el una imagen idílica, se sudoroso cuerpo brillaba por la curva de su espalda y la redondez de sus nalgas.

Mientras el macho gemía bajo ella, con las manos agarrando sus caderas con fuerza, ella le miraba fijamente. Su rostro estaba sonrojado, los labios entreabiertos, dibujando una sonrisa cómplice, llena de un secreto que solo ella entendía.

Él, tomo el control y la agarro con más fuerza por las caderas y comenzó a empujar desde abajo, acelerando el ritmo. Sus cuerpos chocaban ahora con un sonido húmedo. Ella cerró los ojos un momento, dejando escapar un gemido largo, pero volvió a abrirlos de inmediato en medio de un gesto de profundo placer.

—Así… —susurró—. Así me gusta…

Entonces, con un movimiento fluido pero firme, él la giró hasta ponerla boca arriba. Antes de colocarse sobre ella, se detuvo un momento y tomó su rostro entre sus manos. Sus bocas se encontraron en varios besos profundos pero breves, húmedos y audibles. Él le mordió el labio inferior suavemente antes de separar sus bocas.

Sin perder la intensidad de la mirada que se dedicaban, ella sonrió entre jadeos.

Después, él se colocó de rodillas entre sus piernas. Con sus manos firmes, abrió sus muslos hasta exponerla completamente ante mis ojos. Agarró sus caderas y, con un empuje decidido, comenzó a bombearla con fuerza. Cada embestida era profunda y resonante, haciendo temblar todo su cuerpo.

Sus pechos, ahora libres, botaban con violencia al ritmo del impacto. La piel de sus vientres chocaba con un sonido sordo y húmedo. Él mantenía los ojos fijos en el punto donde sus cuerpos se unían, concentrado en el ritmo que marcaba. Ella, con cada embestida, gemía más alto, y sus manos se aferraban a las sábanas arrugadas.

De pronto, se volvió a mirarme. Sus ojos vidriosos me sostuvieron mientras su cuerpo recibía aquellas embestidas cada vez más rápidas. Su sonrisa cómplice se transformó en una mueca de placer intenso, pero no dejaba de ser para mí.

—¡Sí! —gritó, y supe que aunque el grito era por la sensación que él le provocaba, su mirada me confirmaba que yo era el verdadero destinatario de su éxtasis.

Fue entonces cuando su cuerpo comenzó a convulsionar. Un temblor violento la recorrió de los pies a la cabeza, sus piernas se estiraron rígidas y sus dedos se crisparon en el aire. Un gemido largo y gutural escapó de su garganta mientras su vientre palpitaba alrededor del miembro que la llenaba. Él se detuvo por completo, clavado en lo más hondo de su interior, sosteniendo sus caderas con fuerza mientras ella sucumbía al orgasmo. Podía ver cada espasmo recorriendo su abdomen, cada contracción que hacía temblar sus muslos, y cómo sus pechos se tensaban con los pezones extraordinariamente erectos.

Permanecieron así, unidos en la quietud, durante lo que pareció una eternidad. Solo el jadeo de sus respiraciones y los últimos temblores de su cuerpo rompían el silencio. Él observaba orgulloso cómo los espasmos de placer la recorrían, manteniéndose profundamente dentro de ella como para prolongar cada contracción.

Lentamente, se desprendió y la giró suavemente hasta colocarla de lado. Se situó detrás de ella, curvándose sobre su espalda como una sombra protectora. Con una mano le abrió la pierna superior, exponiéndola de nuevo a mi vista, y volvió a penetrarla con movimientos suaves pero firmes.

Su boca se acercó a su oído y comenzó a susurrar. Yo, desde mi butaca, veía cómo sus labios se movían contra su piel, cómo sus palabras provocaban que una sonrisa traviesa apareciera en el rostro de ella.

Ella asentía levemente, sus ojos entrecerrados, mientras sus cuerpos se mecían con un ritmo sensual y constante.

Sus susurros eran inaudibles para mí, pero ella me miraba con sonrisa de complicidad me confirmaba que, aunque no pudiera oír las palabras, seguía siendo para ella parte de aquel momento. Sus manos se entrelazaron con las de él sobre su vientre, y pude ver cómo sus dedos se apretaban al ritmo de cada nueva penetración.

Entonces, su mano comenzó un lento recorrido por su cuerpo. Primero acarició su pecho desde atrás, tomando su peso en la palma de su mano, sintiendo cómo el pezón se endurecía aún más bajo su tacto. Los dedos ascendieron por su clavícula, trazando un camino húmedo sobre su piel sudorosa, hasta llegar a su cuello.

El macho continuaba penetrándola con ese ritmo constante, pero ahora su mano subía más, hasta llegar a su rostro. Dos dedos se deslizaron por su mejilla, recorrieron la línea de su mandíbula, y finalmente se posaron sobre sus labios entreabiertos. Ella los recibió abriendo la boca para envolverlos con su lengua.

Los chupaba con avidez, como si estuviera saboreandolos mientras sus ojos se cerraban. La saliva comenzó a escapar por las comisuras de sus labios. Él aumentó entonces el ritmo de sus embestidas, que pasaron de ser movimientos sensuales a empujes secos y profundos que hacían temblar todo su cuerpo.

Cada gemido de ella vibraba alrededor de sus dedos, cada jadeo se mezclaba con el sonido húmedo de su sexo siendo invadido.

Él mantenía sus dedos en su boca mientras su cadera marcaba un compás cada vez más rápido.

Ella seguía chupando sus dedos con devoción, mientras con la mano libre buscaba la nuca del macho para atraerlo más. Sus cuerpos estaban perfectamente sincronizados en ese ballet carnal, y yo era el privilegiado testigo de como ella se entregaba al placer con cada gemido.

Mi mujer no se olvidaba de mí en cada mirada, en cada sonrisa que me dedicaba entre jadeo y jadeo.

Pero eso lo vamos viendo otro día. 🤘🏻
Te felicito por el hilo que has creado, los relatos de las escenas de sexo están muy bien redactados, la cadencia entre escenas bien medidas para mantener el interés de los que los leemos, además de intercalar entre ellos las explicaciones de las sensaciones que tuvisteis en esos momentos que dan pie para que otros foreros den su opinión o cuenten las experiencias que han tenido en este tema.
Seguiré leyendo tu hilo con interés, aunque no pueda aportar experiencias propias porque nunca me ha llamado la atención explorar ese camino que veo que es muy gratificante para muchos de vosotros.
Agradecerte también el tiempo y el trabajo que te dará el hacerlo y desearte que tú y tu mujer sigáis disfrutando durante mucho tiempo de vuestra aventura 🤘
 
Interesante debate con opiniones y vivencias muy distintas. Esclarecedor a ratos para aquellas parejas que están en la fase de si, no, si, no, tal vez, a lo mejor.
 
Interesante debate con opiniones y vivencias muy distintas. Esclarecedor a ratos para aquellas parejas que están en la fase de si, no, si, no, tal vez, a lo mejor.
Hay que intentar que no se frivolice este asunto tan complejo que puede poner en riesgo todo el planteamiento de vida de la pareja.
Hay que ser conscientes de que es un riesgo que hay que asumir y que no es oro todo lo que reluce.
 
Hay que intentar que no se frivolice este asunto tan complejo que puede poner en riesgo todo el planteamiento de vida de la pareja.
Hay que ser conscientes de que es un riesgo que hay que asumir y que no es oro todo lo que reluce.
Estoy complementa mente de acuerdo en eso. Un poco de humor no viene mal, pero desde luego saber los pros y contras del mundo liberal es muy importante, luego que decidan lo que quieran.
 
Podrías ser más explícito, cambiada en qué aspectos?
No se trata de nada en concreto, pero la noto mucho más independiente y su actitud es diferente.
El pasado fin de semana salimos con amigos y en las conversaciones de mujeres sus amigas que son muy picantes cuando hablan, ella siempre ha sido muy pudorosa.

Se apoderó de la conversación y cuando sus amigas le dijeron que siempre había sido la monjita del grupo, ella le contestó ayer no tenían ni idea y después me miró con una enorme sonrisa, lo estaba disfrutando.

Después me comentó entre risas que si se enteraran se caerían de espaldas.
Nos reímos un rato imaginando las caras de todos y ella estaba orgullosa.

Ese es el tipo de cosas que no hubiera hecho hace no mucho tiempo.
 
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No se trata de nada en concreto, pero la noto mucho más independiente y su actitud es diferente.
El pasado fin de semana salimos con amigos y en las conversaciones de mujeres aua amigas son muy picantes cuando hablan y ella siempre ha sido muy pudorosa.
Ella se apoderó de la conversación y cuando sus amigas le dijeron que siemlre había sido la monjita del ella le contestó ayer no tenían ni idea y después me miró con una enorme sonrisa, lo estaba disfrutando.

Después me comentó risas que si se enteraran se caerían de espaldas.
Nos reímos un rato imaginando las caras de todos y ella estaba orgullosa.

Ese es el tipo de cosas que no hubiera hecho hace no mucho tiempo.
Yo creo que se ha empoderado, incluso ahora verá a sus amigas como unas corderitas 🐑 y ella se verá como un loba🐺
 
Al coger el condón, mi mirada se encontró con la de mi mujer. Sus ojos ya no pedían permiso, ni se cruzaron con los míos; solo mostraban una concentración absoluta centrada en quien ya era su macho en ese momento.

Se lo entregué y, sin mirarme, procedió a abrirlo con premura y colocárselo sin prisas. Su excitación facilitaba la tarea: con un solo gesto lo extendió y su miembro quedó cubierto por el condón hasta la base.

Su mano tomó su barbilla con dulzura y una orden salió de sus labios con firmeza: "Ponte a cuatro patas, mirando a tu marido".

Ella obedeció con movimientos fluidos, colocándose frente a mí. La visión era demoledora: su espalda formaba un arco perfecto que ofrecía sus nalgas redondeadas al macho. Sus pechos colgaban pesados, los pezones erectos señalando al suelo. Su cabello caía como un velo sobre su rostro, pero en su postura había una docilidad absoluta.

Él se colocó detrás. Con una mano aún agarrando su cadera, con la otra guió la punta de su miembro enfundado en el látex hasta la entrada humedecida. Rozó, presionó levemente, jugueteando con el umbral, haciendo que un estremecimiento de anticipación recorriera la espalda arqueada de ella. Luego, con decisión absoluta, fue poseyéndola centímetro a centímetro sin prisas, provocando que ella acomodara su cuerpo para él.

Se detuvo, clavado en lo más hondo, y sus manos se acomodaron a los lados de sus caderas para encontrar la posición correcta y comenzó a moverse con ritmo deliberado. Pronto sus cuerpos encontraron el compás.

Ella al principio mantuvo cierta compostura, respirando hondo; sus manos se aferraban a las sábanas no solo por placer, sino para mantener la posición, como el ancla que sostiene a un barco en medio del oleaje. Movía las caderas con determinación, como si aún pudiera controlar algo del ritmo, pero cada embestida más profunda, cada gruñido del macho, iba quebrando esa resistencia.

Comenzó a emitir gemidos que se hacían más continuos tras cada embestida, y su cuerpo empezaba a rendirse al placer que delataba la batalla perdida.

El macho disfrutaba del momento; las señales que mi esposa transmitía lo cargaban de confianza para continuar con esa cadencia que marcaban sus caderas y el sonido rítmico de los cuerpos chocando. Era como un martillo golpeando un hierro incandescente al que daba forma.

Un gemido desgarrador marcó su rendición. Sus manos se doblegaron y su cabeza se hundió en el colchón, quedando su cuerpo tendido mientras sus piernas abiertas dejaban su sexo completamente a merced del macho, que continuaba su labor de demolición. Ella se abandonó en ese momento y se dejó llevar por la sensación.

Él, viendo esta capitulación completa, no lo dudó. Con un movimiento ágil y decidido, se abalanzó sobre ella y, accediendo desde la nuca, se enredó con firmeza en su cabello y tiró hacia atrás. Los brazos de ella reaccionaron de manera instintiva al sentir el tirón, y su cuerpo se elevó arqueándose como un arco que está siendo tensado; fue tan brusco que hizo que sus pechos se estremecieran violentamente.

La imagen es de las que no se olvidan y se graban a fuego en la mente: sus ojos estaban brillantes con el rímel difuso, la boca entreabierta con restos de labial y su pelo cayendo en mechones desordenados sobre su rostro eran el marco perfecto de lo que estaba sintiendo.

Sin duda estaba hermosa, esa belleza que se refleja en el placer y la excitación de lo prohibido, que nunca pueden alcanzar los esposos.

El macho rompió ese momento mágico con una embestida seca que crispó el rostro de mi mujer, que apretó los dientes con un gesto mezclado de dolor y placer, y comenzó a moverse a un ritmo devastador. Estaba muy excitado y se le notaba en el rostro; el placer que estaba sintiendo le había sacado el instinto animal.

Su mano libre se separó de ella, que quedó sujeta solo por el pelo mientras recibía una lluvia incesante de embestidas que le arrancaban gemidos limpios. La estaba montando como un jinete a una yegua.

En ese momento se clavó como una punzada en el pecho y mi cuerpo se tensó ante la intensidad, miles de sensaciones y preguntas en unas décimas de segundo: "¿Estará bien?" rondó mi cabeza como excusa para que aquello parase. Pero su rostro, sus gemidos, sus pechos describiendo círculos con los pezones erectos a punto de estallar y el movimiento de sus caderas demostraban que estaba disfrutando, quizás como nunca.

Entonces, con su otra mano libre, descargó el primer azote; el sonido fue seco, cortante. Ninguno de los dos lo esperábamos y ella lanzó un grito agudo, mezcla de sorpresa y un dolor súbito que se transformaba al instante en placer, y se enredó con los jadeos que ya escapaban de su garganta. El macho brillaba bajo las luces de la habitación con las gotas de sudor recorriendo su cuerpo por el esfuerzo.

Su mano se había convertido en una fusta con la que podía castigar a su yegua si no galopaba como él quería.

El castigo se repitió varias veces y mi mujer salía revitalizada de cada golpe, con ánimos renovados. En una de las nalgadas, más sonora y fuerte, ella esbozó una sonrisa clara entre jadeo y jadeo, un gesto de placer y conformidad.

Le gustaba. Mi pregunta interna sobre cómo se encontraba se respondió con ese gesto, que fue un mensaje claro para mí: estaba bien y no había por qué preocuparse.

Sabía que ese ritmo era imposible de aguantar por mucho tiempo; para mí era impensable hacer el amor a mi mujer de esa forma ni tenerla en ese grado de excitación, ni ahora ni cuando era más joven. Quedaba claro que ella tenía un ojo clínico para elegir machos.

El ritmo se quebró con un gemido del macho que más bien era un gruñido de placer de una bestia. Sin soltarla del pelo, le retiró el miembro y la rodeó para colocarse frente a ella.

Él, con una sola mano, se sacó el condón y lo lanzó a un lado de la cama. Inmediatamente agarró su miembro y empezó a sacudirlo con mucha fuerza, con el tronco como una roca y la cabeza enrojecida; era un volcán a punto de estallar.

Lo prometido era deuda, y el macho giró la cabeza para mirarme con ese mensaje en la mirada.

Mi mujer tenía clavada la mirada en él y disfrutaba ver su excitación y los signos de su cuerpo antes del inevitable final.

Pero de eso ya hablaremos otro día. 🤘🏻
Te felicito por lo bien que relatas el encuentro. Hemos vivido alguna experiencia muy parecida a esta, y según lo relatas me parece que describas mi propia vivencia :love:
 
Te felicito por lo bien que relatas el encuentro. Hemos vivido alguna experiencia muy parecida a esta, y según lo relatas me parece que describas mi propia vivencia :love:
En el sexo y también en el mundo de los "cuernos", muchos patrones se repiten en las relaciones entre los tres protagonistas de este mundo es hasta cierto punto normal el que las experiencias se asemejen y nos sintamos identificados.
Momentos intensos los que en muchos casos nos unen a todos los que lo disfrutamos.

Un saludo.🤘🏻
 
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