FrankGoldman
Miembro activo
(RESUBIDO POR ELIMINACIÓN)
(SEGUNDA PARTE ESTÁ EN PROCESO)
Empezamos a hablar el miércoles por esa App de solteros ( o casados).
Match normal, conversación ligera: risas, memes, preguntas tontas de “qué haces este finde”.
Se puso un poco picante el jueves por la noche con fotos normales que se volvieron sugerentes (ella en pijama enseñando pierna, yo sin camiseta “recién salido de la ducha”).
Ninguno mencionó pareja, ni preguntó “¿estás soltero?”. Quedamos para el viernes directo: “Vente a tomar algo y vemos qué pasa”.
Nos vemos en un bar del centro. Ella llega guapísima, jeans ajustados, top escotado.
Charla, copas, roces “accidentales”. En un momento, entre risas, sale el tema: ella menciona casualmente “mi novio está de viaje este finde”. Yo me quedo pillado un segundo y suelto: “Joder… el mío también está fuera”.
Nos miramos, se hace un silencio raro y de repente nos echamos a reír como locos. “¿En serio los dos?” “Sí, joder”. En vez de cortarlo, el morbo nos pegó fuerte. “Pues nadie se va a enterar”, dijo ella con una sonrisa mala.
Pagamos y nos fuimos directos a un hotel cercano. En el ascensor ya nos besábamos como si lleváramos meses esperando. Entramos a la habitación y todo explotó: le quité la ropa rápido, ella me bajó los pantalones y se arrodilló.
Me la chupó mirándome a los ojos, diciendo entre jadeos: “Esto no se lo hago ni a él… pero contigo me muero de ganas”. La puse en la cama, le comí el coño hasta que se corrió agarrándome el pelo y susurrando “más… que se note mañana pero que no sospeche”.
La follé duro a cuatro patas, agarrándola de la cintura, tapándole la boca para que no gritara. Se corrió dos veces más, yo dentro, sin condón porque “confío en ti esta vez”.
Pasamos el finde entero juntos.
Sábado por la mañana en la ducha, sexo lento y profundo contra la pared.
Salimos a comer, ella sin bragas bajo la falda, yo metiéndole mano por debajo de la mesa.
Volvimos y seguimos: ella montándome, moviéndose despacio y diciéndome al oído “somos unos cabrones… pero qué bueno se siente”.
Domingo por la mañana, última vez cara a cara, besándonos mientras nos corríamos los dos.
El secreto nos pone más aún. Nadie pilló nada. Y ya estamos planeando la próxima.
(SEGUNDA PARTE ESTÁ EN PROCESO)
Empezamos a hablar el miércoles por esa App de solteros ( o casados).
Match normal, conversación ligera: risas, memes, preguntas tontas de “qué haces este finde”.
Se puso un poco picante el jueves por la noche con fotos normales que se volvieron sugerentes (ella en pijama enseñando pierna, yo sin camiseta “recién salido de la ducha”).
Ninguno mencionó pareja, ni preguntó “¿estás soltero?”. Quedamos para el viernes directo: “Vente a tomar algo y vemos qué pasa”.
Nos vemos en un bar del centro. Ella llega guapísima, jeans ajustados, top escotado.
Charla, copas, roces “accidentales”. En un momento, entre risas, sale el tema: ella menciona casualmente “mi novio está de viaje este finde”. Yo me quedo pillado un segundo y suelto: “Joder… el mío también está fuera”.
Nos miramos, se hace un silencio raro y de repente nos echamos a reír como locos. “¿En serio los dos?” “Sí, joder”. En vez de cortarlo, el morbo nos pegó fuerte. “Pues nadie se va a enterar”, dijo ella con una sonrisa mala.
Pagamos y nos fuimos directos a un hotel cercano. En el ascensor ya nos besábamos como si lleváramos meses esperando. Entramos a la habitación y todo explotó: le quité la ropa rápido, ella me bajó los pantalones y se arrodilló.
Me la chupó mirándome a los ojos, diciendo entre jadeos: “Esto no se lo hago ni a él… pero contigo me muero de ganas”. La puse en la cama, le comí el coño hasta que se corrió agarrándome el pelo y susurrando “más… que se note mañana pero que no sospeche”.
La follé duro a cuatro patas, agarrándola de la cintura, tapándole la boca para que no gritara. Se corrió dos veces más, yo dentro, sin condón porque “confío en ti esta vez”.
Pasamos el finde entero juntos.
Sábado por la mañana en la ducha, sexo lento y profundo contra la pared.
Salimos a comer, ella sin bragas bajo la falda, yo metiéndole mano por debajo de la mesa.
Volvimos y seguimos: ella montándome, moviéndose despacio y diciéndome al oído “somos unos cabrones… pero qué bueno se siente”.
Domingo por la mañana, última vez cara a cara, besándonos mientras nos corríamos los dos.
El secreto nos pone más aún. Nadie pilló nada. Y ya estamos planeando la próxima.