La esposa que aprendio a mirarse

Intrigante este capítulo, y Javi los tiene cuadrados por no levantarse a despedir a Gema.
 
EL TREN, EL VIAJE, GENERANDO MORBO
Esa mañana llegué al trabajo con prisa, casi sin aliento. Me había entretenido demasiado en la cama, revisando una y otra vez los comentarios que habían recibido las nuevas fotos de Gema en *********. La red social había borrado una de ellas por “contenido explícito”. Aún no sabía si eso me jodía más… o si en el fondo me alegraba.

Me senté en mi mesa, encendí el ordenador y, como si estuviera esperando el momento exacto, el WhatsApp volvió a sonar.

PEPE (09:25) TIOOOO!!! Joder, qué barbaridad. Dejadme que os invite a tomar algo, en serio. Tu mujer está preciosa en esas fotos, Javi… Se merece un brindis como Dios manda.
Era temprano y el mensaje me pareció demasiado pesado, fuera de tono. No contesté. Guardé el móvil y traté de concentrarme en el trabajo.
Un par de horas después volvió a vibrar. Esta vez era ella.

Gema (11:15) Javi… estoy sentada en el tren. A mi lado hay un hombre de unos cincuenta años. Traje gris impecable, pelo canoso peinado hacia atrás, pinta de ejecutivo con dinero. Desde que me senté no para de mirarme. Al principio disimulaba, pero ya lo hace descaradamente. Me recorre las piernas, el escote, el culo cada vez que me giro un poco. Creo que se le ha puesto dura… se remueve en el asiento y se toca el pantalón por encima, como si intentara disimularlo.

Javi (11:17) Joder, Gema… estoy en el curro. No me lo pongas tan difícil. ¿Cómo te mira exactamente? ¿Se le nota mucho el bulto? ¿Ya te ha hablado?

Gema (11:20) Me mira como si quisiera arrancarme el vestido aquí mismo, en medio del vagón. Clava los ojos en mis tetas cada vez que respiro hondo. Se le marca todo en los pantalones… tiene una erección gorda, gruesa, que intenta tapar con la chaqueta del traje. Hace un momento me ha dicho, con voz ronca y baja, “Perdona… es que vas muy guapa”. Le he sonreído despacio, me he inclinado un poco hacia delante para sacar el móvil del bolso y le he contestado: “Gracias… tú también vas muy elegante”. Se le ha escapado un “joder…” casi inaudible y se ha mordido el labio inferior.

Javi (11:25) Serás zorra… no tienes límite. Me lo estoy imaginando muriéndose por dentro solo de verte. ¿Le has dejado ver más? ¿Te has abierto un poco de piernas? Así no hay quien trabaje, Gema. Me van a terminar echando.

Gema (11:28) Sí… he cruzado las piernas despacio y el vestido se me ha subido un poco más por los muslos. Ha tragado saliva con fuerza. Me ha preguntado si viajo sola a Barcelona. Le he dicho que sí, que voy sola, que tengo una sesión de fotos importante… y que quizá después esté libre para tomar algo. Se le ha iluminado la cara. Luego me ha preguntado si tengo pareja. Le he contestado que sí… pero que mi marido sabe que a veces necesito atención extra. Se ha quedado mudo un segundo, pero la polla se le ha marcado aún más. Javi… estoy empapada. El tanga se me pega completamente al coño y siento cómo me chorrea por la cara interna del muslo.
PD: Por tu trabajo no te preocupes. Creo que hoy voy a ganar un montón de pasta.

Javi (11:32) Joder… Dile que te pone muchísimo que los hombres maduros te miren así. Juega con él hasta Barcelona. Y cada vez que te diga algo, quiero que me lo cuentes todo. Sin saltarte ni una palabra.

A estas alturas el morbo ya me había invadido por completo. Las manos me temblaban otra vez. Aquella ya no era la Gema dulce y algo tímida con la que me casé. Se había transformado en una mujer insaciable, adicta a generar morbo, a provocarlo, a vivirlo… y lo peor de todo era que ya no sabía si prefería a la Gema de antes… o a esta nueva versión que me volvía completamente loco.

Gema (11:37) Ya se lo he dicho. Me he acercado a su oído y, casi susurrando, le he soltado, “Me encanta que un hombre como tú me mire con esa dedicación… me hace imaginar cosas… cosas que quizás algún día me atreva a hacer”. Se ha puesto rojo, pero no aparta la vista ni un segundo. Ahora me dice que si quiero, cuando lleguemos a Barcelona, me invita a una copa en un sitio tranquilo… que le gustaría conocerme mucho mejor. Le he respondido, “Pues… quién sabe. Si me convences durante el viaje… quizás acepte. Me gustan los hombres que saben lo que quieren… y que no tienen miedo de pedírmelo”. Se le ha escapado un gemido bajito y se ha tocado la polla por encima del pantalón. Javi… me estoy muriendo de ganas. Quiero que cuando vuelva me folles pensando en que este hombre está así por mi culpa… imaginando cómo me follaría.

Javi (11:50) Me estás matando, joder. Dile que te gusta su invitación. Sácale todo lo sucio que lleva dentro. Y luego me lo cuentas palabra por palabra. Quiero que me lo susurres esta noche mientras te tocas en el hotel, antes de la sesión de mañana. Quiero oírte gemir mi nombre mientras piensas en cómo él te follaba…Por cierto, ya tienes loco a Pepe otra vez.

Gema (12:05) ¿Sí? Pobrecito… lo pasó fatal el día de la playa. Quizás deberíamos tomarnos algo con él, aunque solo sea para jugar un rato.
Al de al lado le he dicho bajito, “Me pone mucho que me invites… dime cómo lo harías si aceptara”. Se ha acercado más, casi pegando su boca a mi oreja, y me ha susurrado, “Te quitaría ese vestido muy despacio… te pondría de rodillas y te metería la polla en la boca hasta que te atragantes…”. Lo he parado ahí, recordándole que soy una mujer casada. Javi… se me ha escapado un gemidito. Estoy tan mojada que siento cómo me chorrea por el muslo. Creo que se va a correr en los pantalones solo con hablar conmigo.

Javi (12:08) ¿De verdad quieres quedar con Pepe a solas? Joder, qué putada no haber podido acompañarte…

Gema (12:30) Me ha preguntado con quién hablo tanto y le he dicho la verdad, que con mi marido, que le estoy contando todo lo que me dice. Tendrías que haber visto su cara… Jajaja. Te mando un audio cuando llegue al hotel. Me está dando su número. Ha sacado una tarjeta elegante y me la ha puesto en la mano, rozándome los dedos despacio. Me ha dicho con voz grave: “Llámame cuando llegues… No suelo hacer esto, pero contigo… no puedo resistirme”. Le he sonreído lento, he guardado la tarjeta en el bolso y le he contestado: “Quién sabe… quizás te escriba. Si me convences durante el resto del viaje… quizás acepte esa copa… o algo más. Tienes hasta que lleguemos a Barcelona”. Se ha vuelto a tocar la polla por encima del pantalón. Javi… me estoy muriendo. Estoy tan caliente que creo que me voy a correr solo con sus palabras… y pensando en que te lo estoy contando todo a ti. Y si tú quieres… no me importaría volver a quedar con Pepe. Solo para jugar con él como estamos jugando ahora.

Javi (12:35) Me estás volviendo loco. Guarda esa tarjeta. No la uses… pero guárdala.
Mándame el audio cuando estés en la habitación. Quiero oírte gemir mi nombre mientras te metes los dedos, mientras piensas en él, en Noelia, en los chicos del bar… y en Pepe.

Gema (12:50) Prometido. Te mando audio cuando llegue. Y cuando vuelva… prométeme que me vas a follar como nunca. Te quiero, Javi.

Javi (12:53)T e quiero. Disfruta el viaje. Y acuérdate de mandarme las fotos de la otra noche y recordarme qué pasó exactamente.

Ya no recibí más mensajes. Me quedé mirando la pantalla un rato largo, con el corazón latiéndome fuerte. Volví a abrir la cuenta de @gema_hidden y empecé a leer y releer los comentarios. El morbo y el deseo ya volvían a correr por mis venas como una droga.

No me lo pensé mucho.

Me levanté de la mesa y fui directo al despacho de Pepe, pero no estaba. Pregunté por él y un compañero me dijo que se había pedido unos días libres hasta la semana que viene.

Javi (13:20) Gilipollas… ¿que te has pillado unos días? He ido a buscarte.

Pepe (13:23) Sí, tenía un viaje pendiente. Vuelvo la semana que viene. ¿Para qué me buscabas?

Javi (13:24) Para hablar contigo. Quería comentarte una cosa.

Pepe (13:25)¿ Qué cosa? Tío, me pongo nervioso cada vez que me escribes…

Javi (13:26) ¿A dónde has ido?

Pepe (13:28) Al norte, tenía unas visitas pendientes por aquí. Pero dime, ¿qué querías comentarme?

Javi (13:30) Ok. ¿Qué te han parecido las nuevas fotos de Gema?

Pepe (13:33) Joder, tío… ¿qué quieres que te diga?

Javi (13:35) Pues eso, si te han gustado.

Pepe (13:36) Eres tonto o te lo haces. Que se me pone dura cada vez que las veo… o que la veo a ella.

Javi (13:38) Eso ya lo sé. No hace falta que me lo digas. Si vieras la colección completa de fotos que se ha hecho… lo fliparías.

Pepe (13:38) No seas cabrón, no me digas eso y me dejes con la miel en los labios. Mándame alguna, anda.

Javi (13:40) Ni de coña. A saber dónde termina la foto. Bueno, aparte de eso… Gema dice de tomar algo un día de estos. Los tres.

Pepe (13:41)¿En serio? Los tres… esto promete.

Javi (13:42)No seas gilipollas, solo unas cañas.

Pepe (13:43)Vale, vale. Pero una fotillo… coño, que tampoco va a ser para tanto.

Javi (13:44)Puto pesado. Ahora te mando una. Bueno, que solo era eso. Buen viaje.

Pepe (13:44)Perfecto. Ya me avisáis. Gracias.

Las manos me temblaban cuando terminé de hablar con Pepe. En mi cabeza empezó a rondar una idea cada vez más fuerte.

«¿Y si el hombre del traje gris que va al lado de mi mujer… es él?»

Estaba excitado. Notaba mi polla dura, palpitando debajo del pantalón y de la mesa del despacho. Joder… ¿cómo era posible que esto me estuviera pasando? ¿Cómo podía ponerme tan cachondo el lugar al que Gema me estaba llevando? Y sin embargo, el único que había faltado de verdad a nuestra promesa de fidelidad había sido yo.

Abrí la galería con los dedos aún temblorosos, elegí una de las imágenes más explícitas —Gema de rodillas, con los pechos desnudos al aire, la mirada turbia y sensual llena de deseo— y pulsé “compartir”… directamente con Pepe.

Pepe (14:05) Su puta madre… qué buena está. Gracias, tío. Qué paja me voy a marcar esta noche en el hotel mirándola.

Me quedé mirando el último mensaje de Pepe durante casi un minuto entero.

«Qué paja me voy a marcar esta noche en el hotel mirándola.»

Esas palabras se me clavaron en el estómago como un gancho caliente. Sentí un latigazo de celos mezclado con una excitación tan fuerte que me costaba respirar. Cerré los ojos y, sin poder evitarlo, empecé a imaginarlo.

A Pepe. En una habitación de hotel. Sentado en la cama, con los pantalones bajados hasta los tobillos. La polla dura en la mano, gruesa y venosa, exactamente como Gema me había descrito alguna vez que se la imaginaba. Mirando la foto que yo mismo le acababa de mandar, mi mujer de rodillas, tetas al aire, labios entreabiertos, mirada de puta en celo.

Y mientras se pajea despacio, gruñendo bajito, pensando en ella. Pensando en follársela. Pensando en todas las veces que la ha visto en bikini, en las fotos cada vez más atrevidas, en cómo Gema lo provocó aquel día en la playa hasta dejarlo temblando.

Joder… ¿y si era él?

¿Y si el hombre del traje gris impecable, el que ahora mismo estaba sentado al lado de mi mujer, respirando su perfume, mirando cómo se le marcaban los pezones, escuchando cómo ella le contaba que su marido lo sabía todo… era Pepe?

La idea era absurda. Él había dicho que iba “al norte”. El tren de Gema iba a Barcelona, al este. Pero… ¿y si mentía? ¿Y si había cogido el mismo tren solo para vivir esto? ¿Y si llevaba semanas fantaseando con la posibilidad de encontrarse “por casualidad” con ella, solo, sin que yo estuviera delante?

Me recosté en la silla del despacho, la polla me dolía de lo dura que estaba. Miré la hora. El tren de Gema aún tenía casi unas horas de viaje. Horas en las que ella seguiría jugando con ese hombre… que quizás, solo quizás, era mi compañero de trabajo.

Volví a abrir el chat con Pepe. El último mensaje seguía ahí, provocándome.

Empecé a escribir, borré, volví a escribir. Las manos me temblaban más que nunca.

Javi (14:12) Disfrútala, cabrón. Pero dime una cosa… ¿dónde estás exactamente ahora mismo?

La respuesta tardó cuatro minutos eternos.

Pepe (14:16) En el tren, tío. Camino del norte, como te dije. ¿Por qué? ¿Pasa algo?

Mentira o verdad. No lo sabía. Y esa incertidumbre me estaba matando de la forma más deliciosa posible.

Me imaginé a Pepe sentado en ese mismo vagón, con el traje gris que siempre lleva cuando tiene reuniones importantes, si bien pepe no tenia ni la edad ni el pelo que mi mujer me había descrito de aquel hombre, la tarjeta de visita en el bolsillo… y Gema a su lado, con el vestido subido, el tanga empapado, contándole al “desconocido” que a su marido le gusta que se lo cuente todo.

Suspire bajito en la oficina. Tuve que taparme la boca con la mano.

Javi (14:18) Nada… simple curiosidad. Gema va en tren ahora mismo hacia Barcelona.
Me está volviendo loco contándome cómo un tío de unos 50, traje gris, pelo canoso, no para de comérsela con los ojos. Dice que el pobre ya tiene la polla como una piedra.

Dejé el mensaje en “enviado” y esperé. El doble check se puso azul casi al instante.

Pepe empezó a escribir… se detuvo… volvió a escribir.

Pepe (14:21) Joder…¿En serio? ¿Y qué le está contando exactamente?

No contesté enseguida. Quería que se cociera en su propia salsa. Quería que él también se pusiera nervioso. Quería ver hasta dónde llegaba su morbo.

Al final escribí despacio, saboreando cada letra.

Javi (14:24) Le está diciendo que le pone mucho que los hombres maduros la miren así. Que si el tío la convence durante el viaje, quizás acepte una copa en Barcelona… o algo más. Ah, y que le está contando todo a su marido en tiempo real. El pobre está a punto de correrse en los pantalones, según ella.

Esta vez la respuesta tardó casi dos minutos.

Pepe (14:26) Hostia puta, Javi… Le esta haciendo lo mismo que me hizo a mi. Eso es muy fuerte. ¿Y a ti te pone que le cuente esas cosas?

Javi (14:28) Me tiene la polla como una barra de hierro en mitad de la oficina. No dejo de imaginarme la escena. Y lo peor… es que no paro de pensar una cosa absurda.

Pepe (14:29)¿El qué?

Dejé pasar diez segundos antes de contestar. El corazón me iba a mil.

Javi (14:30) Que el del traje gris eres tú.

El mensaje se leyó al instante. Pepe empezó a escribir, borró, volvió a escribir. Tres veces.
Finalmente llegó su respuesta.

Pepe (14:33) Joder, tío… No sé si darte las gracias… o mandarte a la mierda por ponerme aún más cachondo. Porque ahora yo también me lo estoy imaginando. Sentado al lado de Gema. Ella contándome todo lo que le digo… mientras tú lo lees desde la oficina. Y yo con la polla a punto de reventar el pantalón mirándola. ¿Te gustaría que fuera yo?

Me quedé mirando la pantalla con la boca seca.

Javi (14:36) Déjalo estar, creo que solo es una confusión estúpida, que me está comiendo la cabeza

Esta vez no volvi a recibir respuesta de Pepe.

Cerré mi despacho, ya era tarde, quería pasarme a echarle un ojo a la cafetería, hacia días que ninguno de los dos pasábamos a controlar un poco el negocio.

Cuando ya estaba montado en el coche, con el motor aún en marcha y el aire acondicionado apenas empezando a refrescar el habitáculo, entró un nuevo mensaje. Pensé que sería de Pepe, pero el nombre que apareció en la pantalla hizo que se me acelerara el pulso al instante: Gema.

Me imaginé el tren siguiendo su marcha monótona hacia Barcelona. El paisaje del exterior se había convertido en una mancha borrosa de campos amarillos y pueblos lejanos que pasaban sin que ninguno de los dos les prestara la más mínima atención.

Gema tenía las piernas cruzadas con elegancia, pero ya no tan cerradas como al principio. El vestido corto y ceñido se había deslizado un poco más arriba de sus muslos, dejando a la vista el encaje negro de las medias. El ejecutivo de traje gris no perdía detalle. Intentaba inútilmente ocultar la evidente erección que le deformaba los pantalones de vestir, pero cada vez le resultaba más difícil.

Ella tecleaba despacio en el móvil, sabiendo perfectamente que cada palabra que me enviaba era como echar más gasolina al fuego.

Gema (16:18) Está sudando, Javi. Literalmente. Tiene una gota de sudor bajándole por la sien. Se ha aflojado un poco la corbata y no para de tragar saliva. Cada vez que cruzo y descruzo las piernas, sus ojos bajan como imanes hacia mis muslos. Creo que ya ha visto el encaje negro del borde de mi tanga… o quizás más. No lo sé. Pero respira como si le faltara el aire.

Yo estaba sentado en el coche, con la puerta cerrada, el móvil en la mano y la polla tan dura que me dolía contra la tela del pantalón. No conseguía estar cómodo en el asiento.

Javi (16:23) Descríbemelo todo. Despacio. Quiero imaginar cada segundo. ¿Qué hace ahora mismo?

Gema (16:25)Ahora mismo… acaba de girarse un poco hacia mí. Su rodilla casi roza la mía. Tiene la voz más grave todavía. Me ha preguntado en voz muy baja
“¿De verdad le cuentas a tu marido todo lo que te dicen los desconocidos?”
Le he contestado mirándole a los ojos, casi susurrando
“Todo. Absolutamente todo. Le gusta saberlo. Le pone mucho.”
Se ha quedado callado unos segundos. He visto cómo su mano derecha se movía despacio sobre su propio muslo, como si estuviera conteniéndose para no tocarse la polla delante de mí. Luego ha respirado hondo y ha dicho, casi gruñendo.
“Entonces… dile a tu marido que llevo media hora imaginando cómo sería follarte en el baño de este tren. Cómo te pondría contra la pared, te subiría ese vestido hasta la cintura y te metería la polla hasta el fondo mientras el tren sigue moviéndose.”
Me he mordido el labio tan fuerte que casi me hago sangre. He sentido un latigazo directo en el coño. Estoy empapada, Javi. El tanga ya no sirve de nada. Siento cómo me chorrea caliente por la cara interna del muslo izquierdo. Creo que, si me tocara ahora mismo, me correría en menos de un minuto.

Javi (16:28) Dios… ¿Y tú qué le has respondido?

Gema (16:35) Le he sonreído. Muy lento. He acercado mi cara un poco más a la suya, hasta que casi podía oler su colonia cara mezclada con el olor a deseo y sudor. Y le he dicho bajito, casi rozándole la oreja:
“Pues dile a mi marido… que me encantaría que lo intentaras. Pero que solo lo conseguirás si eres capaz de ponerme tan cachonda durante el resto del viaje que cuando lleguemos a Barcelona yo misma te arrastre al baño más cercano.”
Se le ha escapado un gemido ronco, casi un gruñido. Ha cerrado los ojos un segundo y he visto cómo su polla daba un latigazo dentro del pantalón. Ha tenido que recolocársela con la mano… pero esta vez lo ha hecho sin disimulo, apretándola descaradamente por encima de la tela. Creo que ha estado a punto de correrse solo con mis palabras.
Ahora está callado, mirándome fijamente. Ya no disimula nada. Me recorre las tetas, la boca, las piernas… como si estuviera decidiendo por dónde va a empezar a devorarme cuando por fin pueda tocarme.

Comencé a tocarme la polla por encima del pantalón mientras leía, casi como el inicio de una paja oculta, respirando cada vez más agitado.

El WhatsApp volvió a poner… “escribiendo…”

Gema (16:45) Javi… estoy temblando. Tengo los pezones tan duros que se marcan perfectamente contra la tela fina del vestido. Él los está mirando ahora mismo. No aparta la vista ni un segundo.
Y yo… yo solo puedo pensar en que cuando llegue al hotel voy a meterme el puño bien profundo mientras te grabo un audio contándotelo todo. Quiero que te corras escuchándome gemir su nombre… aunque todavía no sé cómo se llama.

Javi (16:46) Pregúntaselo. Quiero saber su nombre.

Gema (16:52) Acabo de hacerlo. Le he dicho: “Si vas a follarme en tu imaginación… al menos dime cómo te llamas.”
Ha sonreído por primera vez. Una sonrisa lenta, peligrosa.
“Me llamo José” —ha contestado, con esa voz grave que me está derritiendo por dentro—.
Javi… estoy tan mojada que si me levanto ahora mismo voy a dejar una mancha evidente en el asiento. Creo que él también lo sabe.

El coche ya rodaba por la autovía cuando el móvil vibró otra vez sobre el asiento del copiloto. El corazón me dio un vuelco. Pensé que sería Gema continuando la historia, pero el nombre que apareció en la pantalla fue el de Pepe.

Lo cogí con una mano mientras conducía, la otra apretaba el volante con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos. El mensaje un audio era largo.

Pepe (17:04) Tío… no dejo de darle vueltas a lo que me contaste antes.
Lo del traje gris, el pelo canoso peinado hacia atrás, la voz ronca…
Joder, me ha puesto malo imaginarme la escena.
¿Sabes qué es lo más fuerte? Que yo también voy en traje gris hoy.
Me lo puse esta mañana porque tenía una reunión importante antes de coger el tren.
Me estoy riendo solo aquí sentado, pero la verdad es que se me ha puesto dura otra vez solo de pensarlo.
¿Gema te ha dicho ya cómo se llama el tío?

Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos. Era verdad de fondo se escuchaba el susurro del tren sobre las vías. Un camión me pitó porque me había desviado ligeramente del carril. Corregí el volante con el corazón latiéndome en la garganta.

José. Se llama José. Me dije.

El nombre me golpeó como un puñetazo en el estómago. Pepe se llama José. José Ramón, pero todo el mundo lo llama Pepe desde que lo conozco. Siempre bromeamos con que “Pepe” es el diminutivo de José.

Coincidencia. Tiene que ser una puta coincidencia. Pero entonces llegó el siguiente mensaje de audio, casi inmediato

Pepe (17:07) Por cierto, estoy en un tren ahora mismo. Ventanilla derecha, lado pasillo.
Hace un rato se me ha ocurrido una tontería absurda…
Que ojalá la que estuviera sentada a mi lado fueras Gema.
Que me estuviera provocando como tú dices que está provocando a ese tío.
Que me contara al oído que su marido lo sabe todo… mientras yo me pongo cachondo escuchándola.
Joder, Javi. Estoy malo.
Tengo la polla hinchada dentro del pantalón pensando en la guarra de tu mujercita y no puedo hacer nada aquí sentado.
¿Me cuentas más? ¿Qué ha pasado desde el último mensaje que me mandaste?

El coche empezó a parecerme demasiado pequeño. El aire acondicionado no refrescaba lo suficiente. Sentía el sudor bajándome por la espalda. La polla me palpitaba dolorosamente contra los calzoncillos, tan dura que cada bache de la carretera me hacía apretar los dientes.

¿Ventanilla derecha, lado pasillo?
Gema siempre elige pasillo cuando viaja sola. Dice que le gusta tener espacio para cruzar las piernas.
¿Traje gris?
¿Se llama José?
La cabeza me iba a mil. Empecé a imaginarlo todo con una claridad enfermiza.

Pepe sentado exactamente dónde estaba “Pepe”… o “José”. Su rodilla casi rozando la de Gema. Su mano disimulando la erección mientras ella le susurra que su marido está leyendo cada palabra. Gema empapada, chorreado por el muslo, los pezones marcándose en el vestido fino.

Y Pepe… mi compañero Pepe… conteniéndose para no correrse en los pantalones del traje solo porque mi mujer le está diciendo que quizás lo arrastre al baño cuando lleguen a Barcelona.

Apreté el volante con las dos manos. El coche dio un pequeño bandazo. Reduje velocidad y puse el intermitente para meterme en el arcén. No podía seguir conduciendo así.

Me bajé del coche temblando. El aire del exterior era calido, pero no sirvió de nada. Apoyé las manos en el capó caliente y respiré hondo varias veces.

El móvil volvió a vibrar. Esta vez era Gema.

Gema (17:12) Javi… José acaba de poner su mano sobre mi rodilla.
Muy despacio. Como si pidiera permiso.
No la ha movido. Solo la tiene ahí, caliente, pesada.
Y yo… no se la he quitado.
Le he sonreído y le he dicho bajito, “Mi marido está leyendo esto ahora mismo”.
Se ha sonreído con malicia.
Creo que está a punto de pedirme que vaya al baño con él…

Por fin un pensamiento claro me vino a la cabeza, para descubrir si era Pepe quien viajaba a su lado.

Javi (17:18) Hazte un selfie con él, quiero ver al tipo que se va a follar a mi mujer.

Y luego me di cuenta, que ya era esclavo de mi propio mensaje. Fuese Pepe o no, acababa de autorizar a mi mujer a que el tipo que viajaba a su lado se la follara.

 

Archivos adjuntos

  • rel1.jpg
  • rel2.jpg
  • CltBD (1).jpg
  • rel3.jpg
  • rel7.jpg
  • M8wQb (1).jpg
  • rel6.jpg
  • a15495b6-af8d-423f-9866-ba76551b5484_0.jpg
  • a152b606-9735-45b8-b03f-b218f062cef8_0.jpg
Última edición:
EL TREN, EL VIAJE, GENERANDO MORBO
Esa mañana llegué al trabajo con prisa, casi sin aliento. Me había entretenido demasiado en la cama, revisando una y otra vez los comentarios que habían recibido las nuevas fotos de Gema en *********. La red social había borrado una de ellas por “contenido explícito”. Aún no sabía si eso me jodía más… o si en el fondo me alegraba.

Me senté en mi mesa, encendí el ordenador y, como si estuviera esperando el momento exacto, el WhatsApp volvió a sonar.

PEPE (09:25) TIOOOO!!! Joder, qué barbaridad. Dejadme que os invite a tomar algo, en serio. Tu mujer está preciosa en esas fotos, Javi… Se merece un brindis como Dios manda.
Era temprano y el mensaje me pareció demasiado pesado, fuera de tono. No contesté. Guardé el móvil y traté de concentrarme en el trabajo.
Un par de horas después volvió a vibrar. Esta vez era ella.

Gema (11:15) Javi… estoy sentada en el tren. A mi lado hay un hombre de unos cincuenta años. Traje gris impecable, pelo canoso peinado hacia atrás, pinta de ejecutivo con dinero. Desde que me senté no para de mirarme. Al principio disimulaba, pero ya lo hace descaradamente. Me recorre las piernas, el escote, el culo cada vez que me giro un poco. Creo que se le ha puesto dura… se remueve en el asiento y se toca el pantalón por encima, como si intentara disimularlo.

Javi (11:17) Joder, Gema… estoy en el curro. No me lo pongas tan difícil. ¿Cómo te mira exactamente? ¿Se le nota mucho el bulto? ¿Ya te ha hablado?

Gema (11:20) Me mira como si quisiera arrancarme el vestido aquí mismo, en medio del vagón. Clava los ojos en mis tetas cada vez que respiro hondo. Se le marca todo en los pantalones… tiene una erección gorda, gruesa, que intenta tapar con la chaqueta del traje. Hace un momento me ha dicho, con voz ronca y baja, “Perdona… es que vas muy guapa”. Le he sonreído despacio, me he inclinado un poco hacia delante para sacar el móvil del bolso y le he contestado: “Gracias… tú también vas muy elegante”. Se le ha escapado un “joder…” casi inaudible y se ha mordido el labio inferior.

Javi (11:25) Serás zorra… no tienes límite. Me lo estoy imaginando muriéndose por dentro solo de verte. ¿Le has dejado ver más? ¿Te has abierto un poco de piernas? Así no hay quien trabaje, Gema. Me van a terminar echando.

Gema (11:28) Sí… he cruzado las piernas despacio y el vestido se me ha subido un poco más por los muslos. Ha tragado saliva con fuerza. Me ha preguntado si viajo sola a Barcelona. Le he dicho que sí, que voy sola, que tengo una sesión de fotos importante… y que quizá después esté libre para tomar algo. Se le ha iluminado la cara. Luego me ha preguntado si tengo pareja. Le he contestado que sí… pero que mi marido sabe que a veces necesito atención extra. Se ha quedado mudo un segundo, pero la polla se le ha marcado aún más. Javi… estoy empapada. El tanga se me pega completamente al coño y siento cómo me chorrea por la cara interna del muslo.
PD: Por tu trabajo no te preocupes. Creo que hoy voy a ganar un montón de pasta.

Javi (11:32) Joder… Dile que te pone muchísimo que los hombres maduros te miren así. Juega con él hasta Barcelona. Y cada vez que te diga algo, quiero que me lo cuentes todo. Sin saltarte ni una palabra.

A estas alturas el morbo ya me había invadido por completo. Las manos me temblaban otra vez. Aquella ya no era la Gema dulce y algo tímida con la que me casé. Se había transformado en una mujer insaciable, adicta a generar morbo, a provocarlo, a vivirlo… y lo peor de todo era que ya no sabía si prefería a la Gema de antes… o a esta nueva versión que me volvía completamente loco.

Gema (11:37) Ya se lo he dicho. Me he acercado a su oído y, casi susurrando, le he soltado, “Me encanta que un hombre como tú me mire con esa dedicación… me hace imaginar cosas… cosas que quizás algún día me atreva a hacer”. Se ha puesto rojo, pero no aparta la vista ni un segundo. Ahora me dice que si quiero, cuando lleguemos a Barcelona, me invita a una copa en un sitio tranquilo… que le gustaría conocerme mucho mejor. Le he respondido, “Pues… quién sabe. Si me convences durante el viaje… quizás acepte. Me gustan los hombres que saben lo que quieren… y que no tienen miedo de pedírmelo”. Se le ha escapado un gemido bajito y se ha tocado la polla por encima del pantalón. Javi… me estoy muriendo de ganas. Quiero que cuando vuelva me folles pensando en que este hombre está así por mi culpa… imaginando cómo me follaría.

Javi (11:50) Me estás matando, joder. Dile que te gusta su invitación. Sácale todo lo sucio que lleva dentro. Y luego me lo cuentas palabra por palabra. Quiero que me lo susurres esta noche mientras te tocas en el hotel, antes de la sesión de mañana. Quiero oírte gemir mi nombre mientras piensas en cómo él te follaba…Por cierto, ya tienes loco a Pepe otra vez.

Gema (12:05) ¿Sí? Pobrecito… lo pasó fatal el día de la playa. Quizás deberíamos tomarnos algo con él, aunque solo sea para jugar un rato.
Al de al lado le he dicho bajito, “Me pone mucho que me invites… dime cómo lo harías si aceptara”. Se ha acercado más, casi pegando su boca a mi oreja, y me ha susurrado, “Te quitaría ese vestido muy despacio… te pondría de rodillas y te metería la polla en la boca hasta que te atragantes…”. Lo he parado ahí, recordándole que soy una mujer casada. Javi… se me ha escapado un gemidito. Estoy tan mojada que siento cómo me chorrea por el muslo. Creo que se va a correr en los pantalones solo con hablar conmigo.

Javi (12:08) ¿De verdad quieres quedar con Pepe a solas? Joder, qué putada no haber podido acompañarte…

Gema (12:30) Me ha preguntado con quién hablo tanto y le he dicho la verdad, que con mi marido, que le estoy contando todo lo que me dice. Tendrías que haber visto su cara… Jajaja. Te mando un audio cuando llegue al hotel. Me está dando su número. Ha sacado una tarjeta elegante y me la ha puesto en la mano, rozándome los dedos despacio. Me ha dicho con voz grave: “Llámame cuando llegues… No suelo hacer esto, pero contigo… no puedo resistirme”. Le he sonreído lento, he guardado la tarjeta en el bolso y le he contestado: “Quién sabe… quizás te escriba. Si me convences durante el resto del viaje… quizás acepte esa copa… o algo más. Tienes hasta que lleguemos a Barcelona”. Se ha vuelto a tocar la polla por encima del pantalón. Javi… me estoy muriendo. Estoy tan caliente que creo que me voy a correr solo con sus palabras… y pensando en que te lo estoy contando todo a ti. Y si tú quieres… no me importaría volver a quedar con Pepe. Solo para jugar con él como estamos jugando ahora.

Javi (12:35) Me estás volviendo loco. Guarda esa tarjeta. No la uses… pero guárdala.
Mándame el audio cuando estés en la habitación. Quiero oírte gemir mi nombre mientras te metes los dedos, mientras piensas en él, en Noelia, en los chicos del bar… y en Pepe.

Gema (12:50) Prometido. Te mando audio cuando llegue. Y cuando vuelva… prométeme que me vas a follar como nunca. Te quiero, Javi.

Javi (12:53)T e quiero. Disfruta el viaje. Y acuérdate de mandarme las fotos de la otra noche y recordarme qué pasó exactamente.

Ya no recibí más mensajes. Me quedé mirando la pantalla un rato largo, con el corazón latiéndome fuerte. Volví a abrir la cuenta de @gema_hidden y empecé a leer y releer los comentarios. El morbo y el deseo ya volvían a correr por mis venas como una droga.

No me lo pensé mucho.

Me levanté de la mesa y fui directo al despacho de Pepe, pero no estaba. Pregunté por él y un compañero me dijo que se había pedido unos días libres hasta la semana que viene.

Javi (13:20) Gilipollas… ¿que te has pillado unos días? He ido a buscarte.

Pepe (13:23) Sí, tenía un viaje pendiente. Vuelvo la semana que viene. ¿Para qué me buscabas?

Javi (13:24) Para hablar contigo. Quería comentarte una cosa.

Pepe (13:25)¿ Qué cosa? Tío, me pongo nervioso cada vez que me escribes…

Javi (13:26) ¿A dónde has ido?

Pepe (13:28) Al norte, tenía unas visitas pendientes por aquí. Pero dime, ¿qué querías comentarme?

Javi (13:30) Ok. ¿Qué te han parecido las nuevas fotos de Gema?

Pepe (13:33) Joder, tío… ¿qué quieres que te diga?

Javi (13:35) Pues eso, si te han gustado.

Pepe (13:36) Eres tonto o te lo haces. Que se me pone dura cada vez que las veo… o que la veo a ella.

Javi (13:38) Eso ya lo sé. No hace falta que me lo digas. Si vieras la colección completa de fotos que se ha hecho… lo fliparías.

Pepe (13:38) No seas cabrón, no me digas eso y me dejes con la miel en los labios. Mándame alguna, anda.

Javi (13:40) Ni de coña. A saber dónde termina la foto. Bueno, aparte de eso… Gema dice de tomar algo un día de estos. Los tres.

Pepe (13:41)¿En serio? Los tres… esto promete.

Javi (13:42)No seas gilipollas, solo unas cañas.

Pepe (13:43)Vale, vale. Pero una fotillo… coño, que tampoco va a ser para tanto.

Javi (13:44)Puto pesado. Ahora te mando una. Bueno, que solo era eso. Buen viaje.

Pepe (13:44)Perfecto. Ya me avisáis. Gracias.

Las manos me temblaban cuando terminé de hablar con Pepe. En mi cabeza empezó a rondar una idea cada vez más fuerte.

«¿Y si el hombre del traje gris que va al lado de mi mujer… es él?»

Estaba excitado. Notaba mi polla dura, palpitando debajo del pantalón y de la mesa del despacho. Joder… ¿cómo era posible que esto me estuviera pasando? ¿Cómo podía ponerme tan cachondo el lugar al que Gema me estaba llevando? Y sin embargo, el único que había faltado de verdad a nuestra promesa de fidelidad había sido yo.

Abrí la galería con los dedos aún temblorosos, elegí una de las imágenes más explícitas —Gema de rodillas, con los pechos desnudos al aire, la mirada turbia y sensual llena de deseo— y pulsé “compartir”… directamente con Pepe.

Pepe (14:05) Su puta madre… qué buena está. Gracias, tío. Qué paja me voy a marcar esta noche en el hotel mirándola.

Me quedé mirando el último mensaje de Pepe durante casi un minuto entero.

«Qué paja me voy a marcar esta noche en el hotel mirándola.»

Esas palabras se me clavaron en el estómago como un gancho caliente. Sentí un latigazo de celos mezclado con una excitación tan fuerte que me costaba respirar. Cerré los ojos y, sin poder evitarlo, empecé a imaginarlo.

A Pepe. En una habitación de hotel. Sentado en la cama, con los pantalones bajados hasta los tobillos. La polla dura en la mano, gruesa y venosa, exactamente como Gema me había descrito alguna vez que se la imaginaba. Mirando la foto que yo mismo le acababa de mandar, mi mujer de rodillas, tetas al aire, labios entreabiertos, mirada de puta en celo.

Y mientras se pajea despacio, gruñendo bajito, pensando en ella. Pensando en follársela. Pensando en todas las veces que la ha visto en bikini, en las fotos cada vez más atrevidas, en cómo Gema lo provocó aquel día en la playa hasta dejarlo temblando.

Joder… ¿y si era él?

¿Y si el hombre del traje gris impecable, el que ahora mismo estaba sentado al lado de mi mujer, respirando su perfume, mirando cómo se le marcaban los pezones, escuchando cómo ella le contaba que su marido lo sabía todo… era Pepe?

La idea era absurda. Él había dicho que iba “al norte”. El tren de Gema iba a Barcelona, al este. Pero… ¿y si mentía? ¿Y si había cogido el mismo tren solo para vivir esto? ¿Y si llevaba semanas fantaseando con la posibilidad de encontrarse “por casualidad” con ella, solo, sin que yo estuviera delante?

Me recosté en la silla del despacho, la polla me dolía de lo dura que estaba. Miré la hora. El tren de Gema aún tenía casi unas horas de viaje. Horas en las que ella seguiría jugando con ese hombre… que quizás, solo quizás, era mi compañero de trabajo.

Volví a abrir el chat con Pepe. El último mensaje seguía ahí, provocándome.

Empecé a escribir, borré, volví a escribir. Las manos me temblaban más que nunca.

Javi (14:12) Disfrútala, cabrón. Pero dime una cosa… ¿dónde estás exactamente ahora mismo?

La respuesta tardó cuatro minutos eternos.

Pepe (14:16) En el tren, tío. Camino del norte, como te dije. ¿Por qué? ¿Pasa algo?

Mentira o verdad. No lo sabía. Y esa incertidumbre me estaba matando de la forma más deliciosa posible.

Me imaginé a Pepe sentado en ese mismo vagón, con el traje gris que siempre lleva cuando tiene reuniones importantes, si bien pepe no tenia ni la edad ni el pelo que mi mujer me había descrito de aquel hombre, la tarjeta de visita en el bolsillo… y Gema a su lado, con el vestido subido, el tanga empapado, contándole al “desconocido” que a su marido le gusta que se lo cuente todo.

Suspire bajito en la oficina. Tuve que taparme la boca con la mano.

Javi (14:18) Nada… simple curiosidad. Gema va en tren ahora mismo hacia Barcelona.
Me está volviendo loco contándome cómo un tío de unos 50, traje gris, pelo canoso, no para de comérsela con los ojos. Dice que el pobre ya tiene la polla como una piedra.

Dejé el mensaje en “enviado” y esperé. El doble check se puso azul casi al instante.

Pepe empezó a escribir… se detuvo… volvió a escribir.

Pepe (14:21) Joder…¿En serio? ¿Y qué le está contando exactamente?

No contesté enseguida. Quería que se cociera en su propia salsa. Quería que él también se pusiera nervioso. Quería ver hasta dónde llegaba su morbo.

Al final escribí despacio, saboreando cada letra.

Javi (14:24) Le está diciendo que le pone mucho que los hombres maduros la miren así. Que si el tío la convence durante el viaje, quizás acepte una copa en Barcelona… o algo más. Ah, y que le está contando todo a su marido en tiempo real. El pobre está a punto de correrse en los pantalones, según ella.

Esta vez la respuesta tardó casi dos minutos.

Pepe (14:26) Hostia puta, Javi… Le esta haciendo lo mismo que me hizo a mi. Eso es muy fuerte. ¿Y a ti te pone que le cuente esas cosas?

Javi (14:28) Me tiene la polla como una barra de hierro en mitad de la oficina. No dejo de imaginarme la escena. Y lo peor… es que no paro de pensar una cosa absurda.

Pepe (14:29)¿El qué?

Dejé pasar diez segundos antes de contestar. El corazón me iba a mil.

Javi (14:30) Que el del traje gris eres tú.

El mensaje se leyó al instante. Pepe empezó a escribir, borró, volvió a escribir. Tres veces.
Finalmente llegó su respuesta.

Pepe (14:33) Joder, tío… No sé si darte las gracias… o mandarte a la mierda por ponerme aún más cachondo. Porque ahora yo también me lo estoy imaginando. Sentado al lado de Gema. Ella contándome todo lo que le digo… mientras tú lo lees desde la oficina. Y yo con la polla a punto de reventar el pantalón mirándola. ¿Te gustaría que fuera yo?

Me quedé mirando la pantalla con la boca seca.

Javi (14:36) Déjalo estar, creo que solo es una confusión estúpida, que me está comiendo la cabeza

Esta vez no volvi a recibir respuesta de Pepe.

Cerré mi despacho, ya era tarde, quería pasarme a echarle un ojo a la cafetería, hacia días que ninguno de los dos pasábamos a controlar un poco el negocio.

Cuando ya estaba montado en el coche, con el motor aún en marcha y el aire acondicionado apenas empezando a refrescar el habitáculo, entró un nuevo mensaje. Pensé que sería de Pepe, pero el nombre que apareció en la pantalla hizo que se me acelerara el pulso al instante: Gema.

Me imaginé el tren siguiendo su marcha monótona hacia Barcelona. El paisaje del exterior se había convertido en una mancha borrosa de campos amarillos y pueblos lejanos que pasaban sin que ninguno de los dos les prestara la más mínima atención.

Gema tenía las piernas cruzadas con elegancia, pero ya no tan cerradas como al principio. El vestido corto y ceñido se había deslizado un poco más arriba de sus muslos, dejando a la vista el encaje negro de las medias. El ejecutivo de traje gris no perdía detalle. Intentaba inútilmente ocultar la evidente erección que le deformaba los pantalones de vestir, pero cada vez le resultaba más difícil.

Ella tecleaba despacio en el móvil, sabiendo perfectamente que cada palabra que me enviaba era como echar más gasolina al fuego.

Gema (16:18) Está sudando, Javi. Literalmente. Tiene una gota de sudor bajándole por la sien. Se ha aflojado un poco la corbata y no para de tragar saliva. Cada vez que cruzo y descruzo las piernas, sus ojos bajan como imanes hacia mis muslos. Creo que ya ha visto el encaje negro del borde de mi tanga… o quizás más. No lo sé. Pero respira como si le faltara el aire.

Yo estaba sentado en el coche, con la puerta cerrada, el móvil en la mano y la polla tan dura que me dolía contra la tela del pantalón. No conseguía estar cómodo en el asiento.

Javi (16:23) Descríbemelo todo. Despacio. Quiero imaginar cada segundo. ¿Qué hace ahora mismo?

Gema (16:25)Ahora mismo… acaba de girarse un poco hacia mí. Su rodilla casi roza la mía. Tiene la voz más grave todavía. Me ha preguntado en voz muy baja
“¿De verdad le cuentas a tu marido todo lo que te dicen los desconocidos?”
Le he contestado mirándole a los ojos, casi susurrando
“Todo. Absolutamente todo. Le gusta saberlo. Le pone mucho.”
Se ha quedado callado unos segundos. He visto cómo su mano derecha se movía despacio sobre su propio muslo, como si estuviera conteniéndose para no tocarse la polla delante de mí. Luego ha respirado hondo y ha dicho, casi gruñendo.
“Entonces… dile a tu marido que llevo media hora imaginando cómo sería follarte en el baño de este tren. Cómo te pondría contra la pared, te subiría ese vestido hasta la cintura y te metería la polla hasta el fondo mientras el tren sigue moviéndose.”
Me he mordido el labio tan fuerte que casi me hago sangre. He sentido un latigazo directo en el coño. Estoy empapada, Javi. El tanga ya no sirve de nada. Siento cómo me chorrea caliente por la cara interna del muslo izquierdo. Creo que, si me tocara ahora mismo, me correría en menos de un minuto.

Javi (16:28) Dios… ¿Y tú qué le has respondido?

Gema (16:35) Le he sonreído. Muy lento. He acercado mi cara un poco más a la suya, hasta que casi podía oler su colonia cara mezclada con el olor a deseo y sudor. Y le he dicho bajito, casi rozándole la oreja:
“Pues dile a mi marido… que me encantaría que lo intentaras. Pero que solo lo conseguirás si eres capaz de ponerme tan cachonda durante el resto del viaje que cuando lleguemos a Barcelona yo misma te arrastre al baño más cercano.”
Se le ha escapado un gemido ronco, casi un gruñido. Ha cerrado los ojos un segundo y he visto cómo su polla daba un latigazo dentro del pantalón. Ha tenido que recolocársela con la mano… pero esta vez lo ha hecho sin disimulo, apretándola descaradamente por encima de la tela. Creo que ha estado a punto de correrse solo con mis palabras.
Ahora está callado, mirándome fijamente. Ya no disimula nada. Me recorre las tetas, la boca, las piernas… como si estuviera decidiendo por dónde va a empezar a devorarme cuando por fin pueda tocarme.

Comencé a tocarme la polla por encima del pantalón mientras leía, casi como el inicio de una paja oculta, respirando cada vez más agitado.

El WhatsApp volvió a poner… “escribiendo…”

Gema (16:45) Javi… estoy temblando. Tengo los pezones tan duros que se marcan perfectamente contra la tela fina del vestido. Él los está mirando ahora mismo. No aparta la vista ni un segundo.
Y yo… yo solo puedo pensar en que cuando llegue al hotel voy a meterme el puño bien profundo mientras te grabo un audio contándotelo todo. Quiero que te corras escuchándome gemir su nombre… aunque todavía no sé cómo se llama.

Javi (16:46) Pregúntaselo. Quiero saber su nombre.

Gema (16:52) Acabo de hacerlo. Le he dicho: “Si vas a follarme en tu imaginación… al menos dime cómo te llamas.”
Ha sonreído por primera vez. Una sonrisa lenta, peligrosa.
“Me llamo José” —ha contestado, con esa voz grave que me está derritiendo por dentro—.
Javi… estoy tan mojada que si me levanto ahora mismo voy a dejar una mancha evidente en el asiento. Creo que él también lo sabe.

El coche ya rodaba por la autovía cuando el móvil vibró otra vez sobre el asiento del copiloto. El corazón me dio un vuelco. Pensé que sería Gema continuando la historia, pero el nombre que apareció en la pantalla fue el de Pepe.

Lo cogí con una mano mientras conducía, la otra apretaba el volante con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos. El mensaje un audio era largo.

Pepe (17:04) Tío… no dejo de darle vueltas a lo que me contaste antes.
Lo del traje gris, el pelo canoso peinado hacia atrás, la voz ronca…
Joder, me ha puesto malo imaginarme la escena.
¿Sabes qué es lo más fuerte? Que yo también voy en traje gris hoy.
Me lo puse esta mañana porque tenía una reunión importante antes de coger el tren.
Me estoy riendo solo aquí sentado, pero la verdad es que se me ha puesto dura otra vez solo de pensarlo.
¿Gema te ha dicho ya cómo se llama el tío?

Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos. Era verdad de fondo se escuchaba el susurro del tren sobre las vías. Un camión me pitó porque me había desviado ligeramente del carril. Corregí el volante con el corazón latiéndome en la garganta.

José. Se llama José. Me dije.

El nombre me golpeó como un puñetazo en el estómago. Pepe se llama José. José Ramón, pero todo el mundo lo llama Pepe desde que lo conozco. Siempre bromeamos con que “Pepe” es el diminutivo de José.

Coincidencia. Tiene que ser una puta coincidencia. Pero entonces llegó el siguiente mensaje de audio, casi inmediato

Pepe (17:07) Por cierto, estoy en un tren ahora mismo. Ventanilla derecha, lado pasillo.
Hace un rato se me ha ocurrido una tontería absurda…
Que ojalá la que estuviera sentada a mi lado fueras Gema.
Que me estuviera provocando como tú dices que está provocando a ese tío.
Que me contara al oído que su marido lo sabe todo… mientras yo me pongo cachondo escuchándola.
Joder, Javi. Estoy malo.
Tengo la polla hinchada dentro del pantalón pensando en la guarra de tu mujercita y no puedo hacer nada aquí sentado.
¿Me cuentas más? ¿Qué ha pasado desde el último mensaje que me mandaste?

El coche empezó a parecerme demasiado pequeño. El aire acondicionado no refrescaba lo suficiente. Sentía el sudor bajándome por la espalda. La polla me palpitaba dolorosamente contra los calzoncillos, tan dura que cada bache de la carretera me hacía apretar los dientes.

¿Ventanilla derecha, lado pasillo?
Gema siempre elige pasillo cuando viaja sola. Dice que le gusta tener espacio para cruzar las piernas.
¿Traje gris?
¿Se llama José?
La cabeza me iba a mil. Empecé a imaginarlo todo con una claridad enfermiza.

Pepe sentado exactamente dónde estaba “Pepe”… o “José”. Su rodilla casi rozando la de Gema. Su mano disimulando la erección mientras ella le susurra que su marido está leyendo cada palabra. Gema empapada, chorreado por el muslo, los pezones marcándose en el vestido fino.

Y Pepe… mi compañero Pepe… conteniéndose para no correrse en los pantalones del traje solo porque mi mujer le está diciendo que quizás lo arrastre al baño cuando lleguen a Barcelona.

Apreté el volante con las dos manos. El coche dio un pequeño bandazo. Reduje velocidad y puse el intermitente para meterme en el arcén. No podía seguir conduciendo así.

Me bajé del coche temblando. El aire del exterior era calido, pero no sirvió de nada. Apoyé las manos en el capó caliente y respiré hondo varias veces.

El móvil volvió a vibrar. Esta vez era Gema.

Gema (17:12) Javi… José acaba de poner su mano sobre mi rodilla.
Muy despacio. Como si pidiera permiso.
No la ha movido. Solo la tiene ahí, caliente, pesada.
Y yo… no se la he quitado.
Le he sonreído y le he dicho bajito, “Mi marido está leyendo esto ahora mismo”.
Se ha sonreído con malicia.
Creo que está a punto de pedirme que vaya al baño con él…

Por fin un pensamiento claro me vino a la cabeza, para descubrir si era Pepe quien viajaba a su lado.

Javi (17:18) Hazte un selfie con él, quiero ver al tipo que se va a follar a mi mujer.

Y luego me di cuenta, que ya era esclavo de mi propio mensaje. Fuese Pepe o no, acababa de autorizar a mi mujer a que el tipo que viajaba a su lado se la follara.



Jajaja
Se va a follar a Manolo Lama
Jajaja



Gracias por el relato y aderezarlo con las imagenes.

Solo me chirría un poco el Comportamiento de Javi en el relato.
Es como si lo escribieran dos escritores y uno le diese un carácter en unos capítulos y otro le diese otra personalidad.
 
Atrás
Top Abajo