Espejismos

berserk37

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Espejismos

Me llamo Silvia hace unos años me diagnosticaron una enfermedad coronaria degenerativa que me terminaría matando tarde o temprano, para mis padres fue muy duro asimilar que posiblemente me sobrevivirían, mi padre era el que consentía y mi madre era la que demostraba mano dura, pero los quería mucho y me dolía mucho verlos sufrir fue la primera vez que vi llorar a mi madre que era dura como el pedernal.

Conocer ese dato me hundió en una depresión muy fuerte que incluso me quito las ganas de vivir, ¿para qué luchar si mi destino ya estaba sellado?, mis padres movieron cielo y tierra para encontrar una solución, también ayudaba ser los dueños de una de las empresas más fuertes del país. Al final encontraron un tratamiento experimental que podía alargar mi vida dándome calidad de vida, como el dinero no era problema se pusieron en contacto con la clínica donde habían hecho el estudio y consiguieron que me aceptaran, eso sí, me tuve que hacer pruebas para ver si era compatible con el fármaco o no.

A mi lado siempre estuvo Sara mi mejor amiga de toda la vida, nuestros padres tenían negocios en común y nos conocíamos desde que éramos unas niñas. Ella siempre me acompañaba la semana que duraba el tratamiento, una semana que solía ser durísima, puesto que el tratamiento era tan fuerte que no solo provocaba en mí grandes dolores, sino que también solía sufrir fiebres altas. Aunque el tratamiento en sí se me administraba en un día, los seis restantes eran para recuperarme.

Fue allí donde conocí al amor de mi vida, su nombre era Marcos y fue mi enfermero en la última sesión, tengo que decir que era el enfermero más guapo que había visto en mi vida, a Sara tampoco le fue indiferente, pero no sé por qué no pujo por el como si lo hubiera hecho en otras ocasiones, Tal vez se apiadó de mí aunque tengo que decir que no siempre era ella quien terminaba conquistando al hombre en la que las dos nos habíamos fijado, pero ella jugaba con una ventaja de la que yo carecía y en muchas ocasiones era determinante para que mi relación se fuera al traste.

Al tener una enfermedad tan grave mi desempeño sexual estaba muy limitado, puesto que mis pulsaciones y tensión arterial tenían un límite del que yo no podía pasar, de hecho llevaba un reloj que media mis pulsaciones y tensión arterial constantemente y sonaba una alarma cuando excedía el límite. Algunos hombres lo comprendían, pero otros no y terminaban dejándome y en muchas ocasiones terminaban en la cama de Sara.

Nunca me moleste con ella, esos chicos y yo ya no teníamos nada y ella era una mujer libre sin ninguna atadura por eso cuando Marco salió de la habitación después de ponerme el gotero con la medicación mi sonrisa muto en un deje de tristeza.

- Joder Silvia, menuda cara se te a quedado–dijo Sara–. Ni que el enfermero fuera feo como un sapo, pero si me he fijado los ojitos que le has puesto.

Sara se reía mientras yo le miraba con gesto de enfado.

- No es eso Sara–conteste–. Siempre pasa lo mismo, todo va bien hasta que llegamos a la cama y conocen mis limitaciones, después de eso la relación se va a pique tal vez lo mejor sea que deje las cosas como están, todo tuyo.

- Mira que eres idiota–dijo Sara–. Te has puesto tan tontorrona que no te has fijado en como te ha mirado, yo era la mujer invisible para él.

- Eso lo dices para animarme–conteste–. No me creo que no se haya fijado en ti.

- Tú piensa en lo que quieras–dijo Sara–. Pero verás como con el tiempo me das la razón.

Y así fue, durante toda esa semana Marcos entro en la habitación con una sonrisa que iluminaba la estancia y me demostró con hechos que esa sonrisa era para mí, así que reuní todo el valor del que disponía y me dispuse a pedirle una cita.

- Lo siento Silvia–. Dijo Marcos–. No va a poder ser.

- Ya, entiendo–conteste–. Ya tienes pareja, ¿verdad?

- No me has dejado acabar–dijo Marcos–. No puede ser ahora porque no salgo con pacientes, pero una vez te den el alta estaré encantado en salir contigo.

No me puse a dar saltos de alegría porque estaba en un hospital, se me saldría la vía y podía sufrir un infarto, pero la sonrisa de alegría no se me quito en toda la semana. Gracias a eso tuve que aguantar los vaciles de Sara, pero como prometió, en cuanto me dieron el alta Marcos accedió a tomar algo conmigo.

- ¿Qué te pido?–pregunto Marcos.

- Una infusión de espino blanco, por favor–conteste–. No me mires así es bueno para el corazón.

- La verdad es que no suena a una bebida muy deliciosa–dijo Marcos con una sonrisa–. Pero marchando.

- No sabe muy bien–conteste–. Pero al final te acostumbras.

Él se sacó un café y estuvimos toda la tarde hablando de nosotros, él me contó que era de otra ciudad y gracias a una beca pudo estudiar enfermería y después ejercer esa profesión que tanto amaba, yo le conteste que acababa de terminar derecho y una vez me colegiara trabajaría en el departamento legal de la empresa de mis padres.

Marcos se sorprendió al ver que había terminado la carrera siendo mucho tan joven.

- Apenas puedo salir por culpa de mi enfermedad–dije–. Así que en vez de usar todo ese tiempo lamentándome lo use para estudiar y ahora soy abogada.

Marcos me miro con orgullo y así fueron pasando los días y para cuando nos dimos cuenta ya éramos pareja, ese era un momento que me creaba ansiedad y eso no era bueno para mi corazón y Marcos lo noto.

- ¿Qué ocurre Silvia?–pregunto Marcos–. Llevas los últimos días muy inquieta y eso no es bueno para tu enfermedad.

- Pues que llevamos unas semanas saliendo y a llegado el momento que más miedo me da–dije.

Marcos viendo que no era capaz de mirarle a los ojos solo pudo sumar dos más dos.

- Tienes miedo al momento del sexo, ¿verdad?–pregunto Marcos.

- Pero no por lo que tú crees–conteste.

- He sido tu enfermero–dijo Marcos–. Conozco de sobra tus limitaciones y no son un problema para mi.

- Ya, eso decís todos–conteste–. Hasta que me dais la patada.

- No adelantes acontecimientos–dijo Marcos–. Dejemos que todo fluya y luego ya veremos.

Yo no las tenía todas conmigo, pero no me quedaba más que confiar en él, pasados dos días desde esa conversación que tuvimos me llamo para decirme que había reservado una habitación en uno de los mejores hoteles de la ciudad y también teníamos reserva en el restaurante de ese hotel que decían que era muy bueno y se comía muy bien. Cuando le fui a decir que no podía comer cualquier cosa que tenía una dieta que seguir me comento que no me preocupara que ya tenía eso resuelto, se había puesto en contacto con el director del hotel y este no puso ninguna pega y más cuando le dio mi nombre y mis dos apellidos.

Empezaba a pensar que eso había sido lo que había girado las tornas y no mi enfermedad mortal, pero no me podía quejar. Durante la semana estuve contando las horas, cuando se lo conté a Sara esta enseguida me lio para que fuéramos de compras fui a ponerle la excusa de que no podía caminar mucho, porque ir de compras era lo que más le gustaba y cada vez que la acompañaba terminaba muy cansada, pero Sara sabia perfectamente que los doctores me habían dicho que podía caminar mientras fuera en llano, sin escaleras ni cuestas y como las escaleras de los centros comerciales eran mecánicas no tenía ninguna excusa.

No me quedo más remedio que aceptar, la verdad es que con Sara me lo pasaba muy bien y la verdad es que tenía muy buen gusto. Al final me decidí por un vestido largo de color negro con la espalda descubierta y una apertura en el lado derecho. Sara enseguida me dio su visto bueno y rauda me llevo para comprar lencería, opte por un tanga de color negro con trasparencias, tengo que reconocer que estaba deslumbrante, pero también pensaba que tal vez era demasiado. El diablillo que llevaba dentro me susurraba que solo se vive una vez y que lo mejor era que disfrutara de la vida mientras pudiera.

Por fin llego la noche en donde se decidiría todo, me prepare a conciencia, un poco antes de que llegara la hora en la que habíamos quedado que se pasaría a recogerme sonó el móvil para indicarme que ya se encontraba abajo. Por suerte para mí mis padres habían salido ese fin de semana de viaje de negocios y no volverían hasta el lunes, si no a mi padre le hubiera dado un ataque.

Cuando baje y me monte en el coche pude ver que Marcos también venía impecable con un traje de color azul marino y una camisa blanca, la verdad es que estaba guapísimo, si algo tenía claro era que no pasaríamos desapercibidos y así fue. Nada más entrar en el restaurante todos se giraron a mirarnos y eso me dio mucha vergüenza, pero todo se pasó cuando Marcos cogió mi mano y me dijo al oído que todo iría bien.

La cena estuvo estupenda y eso que la dieta que tengo que seguir no es que esté repleto de platos deliciosos, pero tengo que reconocer que el cocinero de ese restaurante se las arreglo para que los platos fueran deliciosos, cosa que le agradecí en cuanto tuve oportunidad. Intente alargar ese momento todo lo que pude, pero llegado el momento Marcos estiro su mano para coger la mía y dirigirnos al ascensor que nos llevaría a nuestra habitación.

Al entrar en esta estaba muy nerviosa, de hecho mi reloj las pulsaciones se estaban disparando, pero todo cambio cuando Marcos me beso con tal dulzura que todos mis nervios desaparecieron, Nos separamos sin dejar de mirarnos a los ojos mientras veíamos como nos íbamos desnudando el uno delante del otro, yo me quite el vestido con cuidado quedándome solo con el tanga y los zapatos y cuando me fui a quitar el tanga Marcos me lo impidió, se acercó a mí posando su mano sobre mi empapado tanga haciendo círculos con los dedos sobre mi clítoris que me estaba proporcionando un placer indescriptible. Parecía que Marcos sabia lo que hacía porque cuando veía que mis pulsaciones iban a pasar del límite paraba y dejaba que volviera a recuperar el aliento. Esto era lo que no gustaba a los otros amantes, pero veía en los ojos de Marcos que lo estaba disfrutando y lo iba a alargar todo lo que pudiera.

Cunado mis pulsaciones volvieron a su cauce volvió otra vez a la carga, pero esta vez mientras me besaba. Volvió a parar, pero solo para poder agacharse y aspirar el aroma que mi sexo estaba desprendiendo, entonces hizo a un lado mi tanga y metió su lengua en mis pliegues, sus movimientos eran pausados, pero no por ello me daban menos placer. Mis piernas empezaron a temblar y eso significaba que estaba cerca del orgasmo que fue atronador y de no ser por Marcos me hubiera caído redonda al suelo.

Esta vez sí que tuvimos que parar un rato, porque el pecho me empezó a doler y la presión que sentía era cada vez más fuerte. Aunque me dolía, tenía el sexo de mi novio al alcance de mi mano y no pude evitar cogerlo y empezar a masturbarlo despacito para que pudiéramos disfrutarlo los dos. Una vez el dolor y la presión desaparecieron me agaché metiéndome su polla en la boca empezando una de las mejores mamadas que había hecho en mi vida. Pude notar como la polla de Marcos iba creciendo dentro de mi boca hasta que estallo en un brutal orgasmo que me obligo a sacarme su polla que seguía escupiendo poniéndome perdida al ser incapaz de tragármelo todo.

El problema vino cuando intentamos follar, la verdad es que en esos momentos lo estaba deseando incluso estaba tan mojada que su polla entro dentro de mí sin ningún esfuerzo empezando un mete saca pausado y acompasado, todo iba bien, pero según empezó a crecer el placer y la excitación también lo hicieron las pulsaciones y la tensión arterial, hasta que mi reloj se puso a pitar como un loco mientras a mí me faltaba el aire.

A Marcos no le quedo más remedio que salirse de mí y abrazarme, ¿por qué me volvía a ocurrir lo de siempre?, no pude evitar volver a temer que nuestra relación se había acabado, pero su rostro me indicaba lo contrario. Paso toda la noche abrazado a mí sin soltarme, estaba casi segura que esta vez había dado con la persona adecuada, digo casi por qué había una parte de mí que había escarmentado y todavía se esperaba una sorpresa.

No soy tonta y no era ciega para darme cuenta de que Marcos se quedaba insatisfecho, que mis mamadas no eran suficiente para saciar todo su ardor, pero yo no podía hacer nada más lo intente en más de una ocasión hasta que un día me excedí y estuve a punto de sufrir un infarto, cosa que nos asustó muchísimo a los dos y más cuando tuve que estar una semana hospitalizada en observación.

Menudo cabreo se cogió mi madre y no le faltaba razón, menuda nos cayó a los dos, a mí por imprudente y a Marcos por no hacerme entrar en razón, como si eso fuera fácil, había salido a ella, así que era más que consciente que cuando algo se nos metía a las dos entre ceja y ceja no parábamos hasta conseguirlo, mi padre no dijo nada, pero podía notar que Marcos no le gustaba y no intentaba disimularlo.

Una vez mis padres bajaron a casa a ducharse para volver a subir más tarde Marcos y yo tuvimos una conversación.

- Esta vez hemos estado cerca del desastre Silvia–dijo Marcos.

- Lo sé, ¿pero qué quieres que haga?–pregunte–. Veo como te quedas insatisfecho en cada ocasión que lo intentamos hacer y sé cómo terminara esto.

- ¡No lo sabes!–contesto Marcos–. Además, yo tengo mis maneras de desahogarme.

- ¿Que maneras son esas?–pregunte intrigada.

- Es secreto–contesto Marcos–. Ahora intenta dormir un poco.

Eso es lo que hice, pero cuando desperté Marcos ya no se encontraba en la habitación y en su lugar se encontraban mis padres, sabía que ellos subirían, pero me parecía raro que Sara no estuviera y más cuando me mando un mensaje diciéndome que subiría en un ratito. Sara no tardó en llegar, estaba sofocada y traía los pelos alborotados, pensé que habría venido corriendo teniendo en cuenta lo impuntual que era.

- Siento haber llegado tarde–dijo Sara–. Me he entretenido.

- ¿Con quién te habrás entretenido tú?–pregunte.

Sara después de escuchar mi pregunta puso cara de susto, como si le hubieran descubierto en una fechoría, me pareció extraño, pero decidí no darle más vueltas cambiando de tema, cosa que Sara agradeció. La semana termino pasando y después de hacerme las últimas pruebas dictaminaron que me podían dar el alta, la verdad es que lo agradecí porque en el hospital me aburría muchísimo.

Una vez en casa hablé con mis padres con la intención de invitar a Marcos a cenar con nosotros y de esa forma presentarlo formalmente, a mi padre no le hacía mucha gracia, pero a mi madre le pareció una muy buena idea, después de hablar con Marcos quedamos para el viernes a las ocho. La semana se me hizo eterna, pero por fin llego el viernes pasando todo el día muy nerviosa y esos nervios se fueron incrementando según se acercaba la hora, como supondréis eso no era bueno para mí, pero por fortuna me habían cambiado la medicación y esta tenía mi enfermedad bastante controlada.

Marcos tocó el timbre a las ocho en punto saludando con dos besos a mi madre y alargando su brazo con la intención de estrechar la mano a mi padre, pero este último parecía no estar muy por la labor de devolverle el saludo y mi madre tuvo que intervenir con un codazo para que mi padre reaccionara.

La cena terminó siendo un desastre total, mi padre cada vez estaba más cabreado y empezó hacer preguntas incómodas y de mal gusto a Marcos hasta que este se cansó y decidió que lo mejor que podía hacer era marcharse. Eso me cabreo mucho, a tal punto que por un instante mi padre cambio su expresión seria por una de preocupación al ver como me tenía que sentar mientras me agarraba el lado izquierdo del pecho con mucha fuerza.

- ¡No entiendo tu actitud papa!–dije enfadada–. ¡Pensé de verdad que me apoyarías y no intentarías sabotear mi relación!

- Tú no lo entiendes hija–contesto mi padre–. Ese chico no te conviene, es un lobo con piel de cordero.

- ¿Y tú como lo sabes?–pregunte–. ¿Acaso tienes alguna prueba que sustente tus palabras?

- No tengo pruebas hija–contesto mi padre–. Pero sé dé lo que hablo.

- ¡No dejaré mi relación por un capricho tuyo!–dije muy seria.

- ¡Tú harás lo que yo diga mientras vivas bajo mi techo!–contesto mi padre dando por terminada la conversación.

Mire a mi padre con sumo desprecio y subiendo a mi habitación saque mis maletas y empecé a llenarlas hasta que metí todo lo que me pertenecía en ellas, hacía tiempo que pensaba en independizarme y había encontrado un piso cerca de la empresa familiar habiendo pagado la fianza, solo esperaba el momento idóneo para decírselo a mis padres, ese momento había llegado.

- Viendo que si me quedo en esta casa solo podre hacer la voluntad de papa, me voy–dije.

- ¿A dónde vas a ir Silvia?–pregunto mi madre.

- Mamá, hace tiempo quería independizarme y para ello busque una casa y ya he pagado la fianza–conteste–. Estaba buscando el momento idóneo para decíroslo, pero papá lo ha precipitado todo.

Mi padre ni se inmutó, tenía el semblante del que se sabe con la razón y no piensa en retroceder ni un ápice; sin embargo, mi madre me abrazo y se puso a llorar, sabía que me echaría de menos, pero le dije que podía pasarse todas las veces que quisiera. Con el tiempo la relación entre mi padre y yo se fue deteriorando hasta que terminamos siendo dos desconocidos eso casi les cuesta el matrimonio a mis padres, pero mi padre no cedió, siempre me pregunte que sabía sobre Marcos y porque no me lo contaba.

Solo nos hablábamos en horas de trabajo y sobre el trabajo, fuera de eso ni una palabra, eso me entristecía mucho, porque mi padre y yo habíamos sido uña y carne él era el que me consentía y después tenía que venir mi madre a poner límites, pero hora para él, era una empleada más. Con el tiempo y gracias a mi insistencia Marcos termino mudándose a mi casa y menos mal porque con nuestro horarios llego un momento en que casi no nos veíamos, pero al estar viviendo juntos ese problema se solventó en parte.

Ya había pasado el año y me tocaba ingresar en el hospital para tomar la medicación que mantenía a raya mi enfermedad, era la peor semana del año con diferencia, no sé lo que me metían en el cuerpo, pero los efectos secundarios me dejaban para el arrastre, esta vez Sara se comprometió a estar conmigo el día que me daban la medicación porque me solía subir mucho la fiebre y tenía que estar alguien vigilando para avisar a las enfermeras lo antes posible.

Junto a la medicación me daban unos analgésicos y un sedante para controlar el dolor, la fiebre y para que pudiera descansar, así que pasado un tiempo me quede dormida. No sé cuanto tiempo había pasado, pero al despertarme me di cuenta de que me encontraba sola en la habitación, no le di más importancia e intente dormirme otra vez cuando empecé a escuchar gritos a fuera, pude reconocer la voz de mi madre, pero ignoraba a quien le estaría echando la bronca.

No tarde en averiguarlo, puesto que mi madre entro en la habitación hecha un basilisco.

- Si Sara tenía un compromiso que no se hubiera comprometido a pasar el día contigo–dijo mi madre–. De habérmelo dicho hubiéramos subido tu padre o yo,

- Mi padre lo dudo–conteste–. No creo que me siga considerando su hija.

- No digas eso–dijo mi madre–. Él te quiere.

- Ya veo lo mucho que me quiere–conteste mientras me daba la dando por terminada la conversación.

Al día siguiente vino Sara, se disculpó conmigo diciendo que le surgió algo muy importante que no pudo eludir y me dejo sola mientras dormía pensando que lo solucionaría rápido, pero la cosa se alargó más de la cuenta. En esta ocasión venía con el peinado intacto, pero el día anterior cuando entro para despedirse volvía a tener el pelo alborotado y parecía que hubiera corrido una maratón.

En que lío se habría metido esta vez, bueno no le diría nada y esperaría a que me lo contara como lo había hecho todas las veces anteriores, eso sí, Marcos paso a verme los pocos momentos que su trabajo se lo permitía. Por fin la semana paso y pude volver a casa, pero por poco tiempo, pues la siguiente semana tenía que viajar por asuntos de trabajo, me iría el viernes y estaría de vuelta el domingo por la noche. Sabiendo esto Marcos adelanto la cena de antiguos alumnos con los que solía quedar una vez al año, de esa manera la espera se le haría más llevadera.

A mí me pareció una buena idea y una vez tuve la maleta hecha me despedí de Marcos yendo directamente al aeropuerto. Podría haber hecho el viaje conduciendo, pero sería un gran esfuerzo para mi corazón y en avión llegaba en media hora. Estábamos en invierno y en muchos lugares del país había empezado a nevar y ese fue el problema que en el aeropuerto en el que mi avión tenía que aterrizar tenía varias pistas cerradas por una ventisca que no permitía aterrizar a los aviones.

Mi vuelo no había sido cancelado, pero si había sufrido un retraso, decidí llamar a los clientes con los que me tenía que reunir para contarles lo que ocurría ellos me dijeron que no me preocupara y si el vuelo al final se cancelaba les llamara para concertar una cita más adelante. Al final es lo que paso, el vuelo fue cancelado y después de hablarlo con los clientes estos me dieron una nueva fecha para el mes siguiente.

Viendo lo visto decidí volver a casa y darle una sorpresa a Marcos cuando volviese. Al llegar a casa y dejar la maleta en nuestro dormitorio decidí darme una ducha y ponerme ropa más cómoda para estar por casa. Me sentí tentada a avisarle, pero la idea de sorprenderlo me seguía pareciendo muy atractiva, así que me hice una infusión de espino blanco y me senté en el sofá con la intención de ver una peli mientras hacía tiempo hasta que Marcos volviera.

Sobre la mesa del salón estaba su portátil encendido y lo que más extraño me pareció era que la contraseña estaba metida y por primera vez en mi vida podía fisgar. Por un momento decidí no hacerlo porque me parecía una violación de su intimidad, pero la curiosidad pudo más y moví el ratón haciendo que él salva pantallas desapareciera y mostrara la pantalla donde tenía el Whatsapp abierto.

Sé que tendría que haberlo cerrado y apagado el portátil, pero como ya había dicho la curiosidad me pudo y me puse a leer la conversación que había mantenido con Sara, más me hubiera valido hacer caso a mi primer instinto, porque como dice el dicho la curiosidad mato al gato.

CONVERSACIÓN WHATSAPP

- ¿Silvia se ha tragado lo de la cena de antiguos alumnos?–pregunto Sara–. Tu novia es muy inocente.

- Cambiando de tema–dijo Sara–. El padre de Silvia te calo, ¿verdad?, parece ser que los infieles desalmados os reconocéis entre vosotros.

- Pues yo no lo cale a él–dijo Marcos–. Me pareció un hombre de lo más normal, pero muy irritante.

- Qué razón tiene el dicho, que más sabe el diablo por viejo que por diablo–contesto Sara.

- Mira quien fue a hablar–contesto Marcos–. Como si tú no fueras infiel también.

- Yo seré una cabrona, pero no soy ninguna infiel–dijo Sara–. Yo no tengo que dar ninguna explicación a nadie, ni le debo fidelidad a nadie, en ese caso serias tú y el padre de Silvia los que tendríais que haberos guardado la polla en el pantalón, pero mejor para mí que no lo hicierais.

- ¿Cómo sabes que el padre de Silvia es como yo?–pregunto Marcos.

- Quien te crees que me rompió el culo por primera vez–contesto Sara–. Ninguno me folláis el culo como lo hace él, no te lo tomes a mal.

- No me lo tomo a mal–dijo Marcos–. Él es viejo y yo todavía estoy en la plenitud de mi vida.

- No te confíes–contesto Silvia–. Porque el viejo como tú le llamas tiene cuerda para rato.

- Ahora empiezo a entender esa hostilidad que tuvo hacia mí en aquella cena–dijo Marcos–. Menudo hipócrita, el sí puede follarse a todo lo que se mueva, pero yo no me puedo enamorar de su hija mientras me follo a otras.

- ¿Crees de verdad que quieres a Silvia?–pregunto Sara–. O te lo has dicho a ti mismo hasta que te lo has creído.

- Si para seguir con ella tendría que dejar de verte lo haría–contesto Marcos–. ¿Acaso tú tampoco la quieres?

- La quiero a mi manera, pero ahí una parte de mí que disfruta cada vez que quedamos todos juntos sabiendo que horas antes esa boca con la que la besas a estado comiéndome el coño y el culo–dijo Sara–. De hecho estoy segura de que no te la limpias y la besas con tus labios impregnados con mis sabores.

- El que calla otorga–dijo Sara–. Porque veo que no lo niegas.

- No lo niego–contesta Marcos–. Reconozco que disfruto de saber que Silvia besa unos labios que has estado hurgando en tu culo y coño.

- De verdad que no le deseo nada malo a mi mejor amiga–dijo Sara–. Pero es superior a mí, diría que en ocasiones mejor que el sexo.

- Tengo que serte sincero, durante la cena me imagine a la madre de Silvia pasando su lengua por mi culo–contesto Marcos–. Estuve muy tentado, pero algo dentro de mí me dijo que no lo hiciera.

- Hiciste bien–dijo Sara–. Esa mujer es igual de pánfila que su hija, pero tiene mucha mala leche.

- Es verdad–dijo Marcos–. Menuda bronca te echo el otro día en el hospital.

- Si y eso que no sabía que aproveche uno de los momentos que Silvia se quedó dormida para llamarte a ti y subir a follar contigo al baño de la cuarta planta como habíamos hecho infinidad de veces–contesto Sara–. Tendría que haber estado ahí con Silvia, pero el picor de mi coño pudo más.

Deje de leer la conversación para secarme las lágrimas que recorrían mi rostro como si fueran un torrente, sabía que era mala idea, pero abrí una carpeta llena de videos y fotos. Para mi sorpresa había unas cuantas fotos donde salía una mujer comiéndole la polla a mi novio y en la última con la cara llena de lefa, fue entonces cuando me di cuenta de que era la camarera de la cafetería donde solíamos ir Marcos y yo, era la misma chica con la que me reía y me parecía tan amable y resultaba que también se follaba a mi novio, durante cuanto tiempo se habría reído de mí.

Eso no fue todo, al abrir uno de los videos aparecía una de mis vecinas con una bola metida en la boca mientras mi novio la penetraba salvajemente por atrás, no sabía si la estaba enculando, pero por como mordía la bola y las lágrimas que descendían por su rostro parecía que sí. Cerré ese y abrí el siguiente donde aparecía Sara a cuatro patas mientras Marcos le comía el culo desde atrás y Sara tenía una expresión de sumo placer.

Había más videos, había más fotos y conversaciones, pero decidí no mirar más, mi corazón ya había estallado en mil pedazos metafóricamente y estaba a punto de suceder literalmente. Decidí hacer una copia de todo lo que había en esas carpetas y enviárselo a la única persona que sabría como hacérselo pagar a todos los que habían destruido mi última oportunidad de ser feliz.

Hacía rato que mi reloj estaba pitando, casi no podía respirar y tenía tal opresión en el pecho que creía que este me iba a implosionar. Al ponerme de pie noté un pinchazo que hizo que llevara mi mano y apretara mi pecho para calmar el dolor que cada latido me producía, con sumo esfuerzo fui hacia el baño con la intención de tomar la medicación que me había mandado el médico, algo dentro de mí me decía que ya era demasiado tarde que la medicación ya no podría parar lo que estaba por venir, pero si conseguía aliviarme el dolor ya era algo.

Mientras me tomaba la medicación me puse el aparato que media la tensión y la cifra que dio era incompatible con la vida, todo lo sufrido al enterarme de que lo que había vivido con mi novio y la que creía mi mejor amiga era un espejismo había llevado a mi cuerpo al punto de no retorno, solo me quedaba intentar llegar a la cama y esperar a que llegara mi final.

No sabía si él llegaría antes de que llegara mi hora, pero hubiera vendido mi alma solo por ver su expresión antes de morir, algún ser poderoso tuvo que escuchar mi súplica porque escuche la puerta de la entrada abrirse y las risas de dos personas. Risas que se cortaron de golpe cuando se presentaron en el dormitorio besándose, Sara me vio primero y se puso a gritar como una histérica, pero el rostro de Marcos no tuvo precio, desencajado, al ver la pantalla del portátil que había llevado a la habitación con la conversación del whatsapp y videos que contenían todas las carpetas que estaban abiertas en la pantalla como testigo de que ya sabia toda la verdad.

En ese momento fue consciente que él era el culpable de esta situación, entonces acercándose a mí y cogiéndome del rostro pude ver como las lágrimas recorrían su rostro mientras gritaba a Sara que llamara a una ambulancia, con una sonrisa en el rostro y con mis últimas fuerzas le dije mientras levantaba mi brazo y también el dedo corazón de mi mano.

- ¡Ya es demasiado tarde mamón!

Después de decir eso, todo se volvió oscuro y pude notar como una sensación de paz me envolvía como si fuera un cálido abrazo.

EPÍLOGO

Me encuentro en frente de la tumba de mi hija, esta será la última vez que pueda visitarla en mucho tiempo, pero vengo con buenas noticias para ella. Todos los que la hicieron daño ya están pagando por sus fechorías y voy a empezar por Sara, qué decepción me he llevado con ella, pensé que quería a Silvia como si fuera su hermana, pero ha resultado que a la única persona que quería era a sí misma.

A ella solo le importaban dos cosas, mantener ese ritmo de vida alto y la libertad para hacer lo que se le antojase, pues eso era precisamente lo que le había quitado. La empresa de su padre se mantenía directamente gracias al contrato que tenían con nosotros con el cual tenían una serie de ventas anuales aseguradas. Al rescindir el contrato la entrada de dinero bajo considerablemente y con ello el dinero que le permitía a Sara mantener ese tren de vida.

En las carpetas que Silvia me mando había muchas conversaciones que Sara mantenía con Marcos donde indicaba que tenía algunos de los encuentros grabados sin que la otra persona tuviera conocimiento de ello, eso fue suficiente para que la policía requisase su ordenador y hallaran esos videos por los que fue imputada y el juicio no le fue nada bien cayéndole unos cinco años de cárcel.

En cuanto a Marcos no le ha ido mucho mejor que a Sara, muchos de los videos que tenía eran sin el consentimiento de las mujeres que aparecían en él y todas y cada una de ellas le han denunciado llevándolo a juicio cayéndole incluso más años de cárcel que a Sara, lo que más me duele es que no fui capaz de ver más haya de esa careta de chico bueno que portaba para esconder lo podrido que estaba por dentro, si me hubiera dado cuenta como lo hizo tu padre tal vez el final hubiera sido otro.

Por último he dejado a tu padre para el final, en su momento no entendí esa hostilidad que mostró hacia Marcos en aquella cena, pero después de haber visto las conversaciones de Sara y los videos que tu padre guardaba en su propio ordenador he terminado por entenderlo, tu padre calo a Marcos porque era tan miserable como él, pero lo ha pagado bien caro.

Con la intención de no pagar impuestos tu padre tenía unas cuentas en paraísos fiscales donde metía parte del dinero que ganábamos al año, yo no participaba en ello, pero sabía lo que estaba haciendo y al no denunciarlo eso me convertía en su cómplice. Nunca lo denuncie por lo mucho que lo amaba, pero una vez descubierta la verdad que no era otra más que ese hombre no me quiso nunca lo denuncie a sabiendas de que yo tendría que confesar mi implicación, el juicio fue como me había imaginado los dos salimos culpables y pasaremos unos anitos a la sombra, pero mereció la pena por ver la cara que puso al saber que fui yo quien lo delato.

Ese hombre no solo me ha hecho daño a mí, sino también te lo ha hecho a ti y si para que él pagara yo tenía que ir a la cárcel es un precio que estaba dispuesta a pagar. Me dieron la oportunidad de reducir mi condena, pero preferí que me permitieran visitar tu tumba por última vez y decirte que ya puedes descansar en paz al haber sido vengada.

Por último besé la lápida de mi hija mientras las lágrimas recorrían mi rostro y fui ayudada por dos policías para poder ponerme de pie, puesto que al estar esposada no podía usar mis brazos para impulsarme, una vez de pie mire la lápida por última vez antes de que me metieran en el coche patrulla rumbo a la cárcel que sería mi hogar durante los siguientes años.

Mi hija creyó tener dos pilares fuertes donde poder sostenerse para seguir adelante y luchar contra su enfermedad, pero lo que ella nunca supo fue que esos dos pilares estaban llenos de grietas, grietas que terminaron por precipitarla al vacío.

FIN.
 
No quería ser injusto, pero es que entre la basura de equipo que tengo y leer un relato tan triste e injusto pues no es ni mejor noche
A parte del final tan triste de Silvia, me da pena que la Madre haya acabado en la cárcel por culpa del golfo de su Padre.
Y de los otros dos tampoco voy a hablar mejor, vaya porquería de novio y de amiga que tenía. No me da pena el final de ellos.
 
No quería ser injusto, pero es que entre la basura de equipo que tengo y leer un relato tan triste e injusto pues no es ni mejor noche
A parte del final tan triste de Silvia, me da pena que la Madre haya acabado en la cárcel por culpa del golfo de su Padre.
Y de los otros dos tampoco voy a hablar mejor, vaya porquería de novio y de amiga que tenía. No me da pena el final de ellos.

No eres injusto, Imagínate lo que me he llegado a cabrear yo al escribirlo, te entiendo perfectamente, porque a mi también me a afectado, estuve a punto de dejarlo a medias, pero lo justo es que si empiezas algo lo acabes.
 
Con todo mi respeto.
Mereces mi opinión honesta porque creo que el relato lleva una historia que funciona con gran intriga.
Lo de Silvia y cómo su enfermedad condiciona su forma de relacionarse es un buen punto de partida, sin embargo, su ejecución va demasiado directo a los momentos decisivos, falta un necesario recorrido entre ellos, con Marcos avanza muy rápido y eso hace que el giro, aunque impacta, se siente más abrupto que inevitable, algo similar con Sara y su padre, cumplen su función en la trama, pero su desarrollo sólo sirve para que se entienda lo que pasa, no alcanzas a sentir los personajes.
Me quedó la sensación de que el relato está más cerca de ser una primera versión, una especie de borrador a la espera de una versión final.:cool:
 
Con todo mi respeto.
Mereces mi opinión honesta porque creo que el relato lleva una historia que funciona con gran intriga.
Lo de Silvia y cómo su enfermedad condiciona su forma de relacionarse es un buen punto de partida, sin embargo, su ejecución va demasiado directo a los momentos decisivos, falta un necesario recorrido entre ellos, con Marcos avanza muy rápido y eso hace que el giro, aunque impacta, se siente más abrupto que inevitable, algo similar con Sara y su padre, cumplen su función en la trama, pero su desarrollo sólo sirve para que se entienda lo que pasa, no alcanzas a sentir los personajes.
Me quedó la sensación de que el relato está más cerca de ser una primera versión, una especie de borrador a la espera de una versión final.:cool:

No va a ver versión final, este relato nace porque mi cuñada me dijo que era muy blandito en mis relatos y me reto a escribir uno en la que primará la crueldad, bueno ya le he demostrado que puedo escribir relatos crueles, pero que prefiero escribir relatos esperanzadores.

Esos me inspiran a adentrarme en los personajes y desarrollarlos, estos personajes que aparecen en el relato que he escrito, exceptuando a Silvia y su madre, no los tocaría ni con un palo.
 
No va a ver versión final, este relato nace porque mi cuñada me dijo que era muy blandito en mis relatos y me reto a escribir uno en la que primará la crueldad, bueno ya le he demostrado que puedo escribir relatos crueles, pero que prefiero escribir relatos esperanzadores.

Esos me inspiran a adentrarme en los personajes y desarrollarlos, estos personajes que aparecen en el relato que he escrito, exceptuando a Silvia y su madre, no los tocaría ni con un palo.
A ver qué te dice ahora!!!!
 
A quedado complacida, no por el relato por el cual me a dicho que se me ido un poco la mano, sino por comprobar que aunque me gusten los relatos luminosos, también soy capaz de escribir relatos más oscuros y crueles.
 
A quedado complacida, no por el relato por el cual me a dicho que se me ido un poco la mano, sino por comprobar que aunque me gusten los relatos luminosos, también soy capaz de escribir relatos más oscuros y crueles.
Jolín con tú cuñada. Se ve que le deben gustar las cosas malas.
 
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