Bueno, paso a contar lo que pasó,
Ese día, desde que salió de casa, Estaba especialmente linda, arreglada , cuidando cada detalle. No era solo verse bien: había una intención en su forma de moverse, en cómo se miraba al espejo antes de irse. Me dio un beso rápido y se fue. Eran cerca de las 20:00.
Al principio traté de hacer vida normal. Miré algo, di vueltas por la casa, pero la cabeza no paraba. Cada tanto pensaba en ella sentada frente a el, imaginando las miradas, las sonrisas, el tono de voz. No eran celos exactamente; era una mezcla de ansiedad, curiosidad y ese cosquilleo incómodo que se instala en el pecho y no se va.
Las horas pasaron lentas. Miraba el reloj más seguido de lo que quería admitir. Pensaba en qué me contaría cuando volviera… y en qué quizás no.
Cerca de la 01:00 escuché la puerta. Entró sin hacer ruido. Yo estaba despierto en el cuarto, esperando. Cuando apareció, la miré fijo. Tenía esa cara distinta, como cuando algo todavía le está recorriendo el cuerpo.
—¿Y? —le pregunté—. ¿Cómo te fue?
Sonrió apenas,y me dijo
—Bien… voy al baño y te cuento.
Se encerró un rato. Escuché el agua correr, pasos lentos Yo sentía cómo la expectativa me tensaba. Cuando salió, no vino directo a hablar. Se acercó a mí y nos besamos. Primero despacio, después con más ganas, como si los dos necesitáramos descargar algo acumulado.
El clima se fue calentando sin decir nada. Entre besos y cuerpos más cerca, empezó a contarme. Me dijo que hablaron mucho, que fue una charla tranquila al principio, risas, anécdotas, silencios que no incomodaban. Que durante la mayor parte de la salida no pasó nada “fuera de lo normal”.
Pero también me dijo que hubo miradas. Miradas que duraban un poco más. Que ella sentía cómo él la observaba, cómo se acercaba al hablarle. Y yo, mientras la escuchaba, trataba de imaginarla ahí, sabiendo que alguien más la deseaba.
Cuando salieron del lugar, ya de noche En la esquina se detuvieron, como si ninguno tuviera apuro por irse. Me contó que se miraron distinto, más cerca. Gaby fue el que dio el paso. Se acercó y la besó, sin vueltas.
Ese beso no fue tímido. Me dijo que fue firme, que duró más de lo que esperaba. Que las manos empezaron a moverse, a buscar. En un momento, él la apretó contra la pared, y sus manos subieron, tocándole las tetas , con decisión, sin apuro pero sin dudas.
Mientras me lo decía, yo la tenía contra mí. Sentía cómo se le aceleraba la respiración al recordarlo. No hacía falta que describiera más. La forma en que lo contaba, la manera en que su cuerpo reaccionaba, decía todo.
En ese momento me di cuenta que si bien no paso mas nada,claramente algo había quedado encendido.
Esa noche entendí que no se trataba solo de lo que pasó afuera,si no que había algo mas .
A la mañana siguiente me desperté antes que ella. Todavía tenía en la cabeza todo lo que me había contado la noche anterior. Su forma de hablar, cómo se le erizaba la piel cuando recordaba la despedida. No fue solo una anécdota, había quedado algo latiendo.
Cuando ella se despertó, se quedó un rato con el celular en la mano. Yo la miraba de reojo. Sonrió apenas, esa sonrisa contenida que ya conocía y se fue al baño, yo cuando pude agarre el celular y vi que Gaby le había escrito:
“Buen día… quería decirte que anoche la pasé muy bien. Fue una linda noche.”
Ella le respondió parecido
“Sí, la verdad que sí. Fue una linda noche me gustó mucho.”
Después vino el mensaje que lo dejó claro todo. Él fue más directo:
“Sobre todo la despedida… se me quedó grabada,lastima fue tan corta ”
Ella tardó un poco en contestar.
“Y le dijo si fue lo mas lindo,pero te tenias que ir
Después el le mando una foto de ella sacada de enfrente y le dijo lo mas lindo de la noche esto,Y ahí vino la justificación,casi una confesión
“Para que veas tenerte enfrente toda la noche así me tenté, Y no pienses este desubicado me miro las tetas toda la noche
Ella se rió y le puso una carita a la foto
Luego en la noche volví hablar con ella
le dije—. Cuando él te tocó… ¿te gustó?
No respondió enseguida. Me miró fijo, como midiendo cuánto podía decir.
—Sí —me dijo—. Me gustó.
Eso fue suficiente para que el clima se cargara del todo. Seguimos hablando, cada vez más calientes, y en un momento se lo pregunté sin rodeos:
—¿Vos querés estar con él? ¿Querés verlo de nuevo?
No bajó la mirada. No dudó.
—Sí —me dijo—. Quiero verlo.
Sentí cómo esa respuesta me atravesaba. Cuando ella dijo si , sentí ese golpe en el estómago que mezcla morbo, celos y deseo. No era solo lo que había pasado, sino cómo élla lo asumía, cómo lo deseaba todavía.
Y ahí vino la pregunta de ella vos queres que este con el ?
-- le dije si vos queres si---
y ahi me tiro
—Sabés que estás jugando con fuego con el ?
Sonrió, lenta, provocadora.y en ese instante entendí que ya no se trataba solo de una salida, ni de un beso en una esquina, ni de unas manos atrevidas.Es una tensión que sigue creciendo peligrosamente