Mi inicio

Cuando acabamos de secarnos, me invita a salir primero del cuarto de baño. Conforme lo hago y paso por su lado, me lanza una palmada al culo. Bien fuerte, haciéndome daño.

Y antes de que me queje, me tapa la boca con una de sus manos y me aprieta contra él. Noto su polla bien dura entre mis nalgas, una de las cuales me duele por la palmada, pero su mano no me deja quejarme.

El brazo que me atrapa contra él, sube desde mi cadera hasta el pecho mientras la otra mano me tapa fuertemente, cerrándose y asustándome un poco. Pero noto su deseo, como su polla está enderezada detrás de mi y su lengua me recorre un hombro, hasta la oreja y vuelve a bajar quedándose en mi cuello. Soy un muñeco bajo el poderío de sus manazas...

Me lleva hasta la mesa del salón y me susurra al oído:

-Hoy es nuestro primer día, nene. Creo que ya estás preparado.

Me suelta y me gira cara a él. Nos besamos. Mis manos van a su pecho, acariciando su vello, mientras las suyas están en mi culo, magreándolo bien. Me arrodillo sin decirle nada y me pongo su polla en la boca. Poco a poco, sin prisa, la ensalivo toda, con los ojos cerrados, cogiéndola a dos manos, con cierta torpeza hasta que la tengo toda dentro.

Él me deja hacer y no me fuerza a nada, satisfecho de mi deseo y de mis ganas de agradarle.

Después, me hace sacar su pene y me ayuda a ponerme de pie, otra vez.

-Date la vuelta y apoya la cara en la mesa.

Así hago. Apoyo mi barriga en el borde y me inclino tal y como me dice. Obediente, tal vez demasiado, me viene a la cabeza en ese momento.

-Separa las piernas, Jose. Nos vendrá mejor a los dos.

Hago como él dice. Y noto como se aleja, oigo el sonido de un cajón que se abre y revuelven en él. Al poco, se acerca a mi y lo veo enfrente.

-Abre la boca

Obedezco y me pone un pañuelo doblado.

-Muérdelo.

Sin rechistar, muerdo el pañuelo.

-No se cuanto puedes aguantar el dolor y no se cuanto te voy a hacer, pero puede que no te duela. Lo importante es que disfrutemos y lo voy a hacer lo mejor posible, eso tenlo claro y también, ten claro que no vas a olvidar esta mañana.

Quieto me quedé, con los nervios en el estómago. A pesar de que confiaba en Paco y en su experiencia en la vida, nunca sabes que puede pasar.
 
Cuando acabamos de secarnos, me invita a salir primero del cuarto de baño. Conforme lo hago y paso por su lado, me lanza una palmada al culo. Bien fuerte, haciéndome daño.

Y antes de que me queje, me tapa la boca con una de sus manos y me aprieta contra él. Noto su polla bien dura entre mis nalgas, una de las cuales me duele por la palmada, pero su mano no me deja quejarme.

El brazo que me atrapa contra él, sube desde mi cadera hasta el pecho mientras la otra mano me tapa fuertemente, cerrándose y asustándome un poco. Pero noto su deseo, como su polla está enderezada detrás de mi y su lengua me recorre un hombro, hasta la oreja y vuelve a bajar quedándose en mi cuello. Soy un muñeco bajo el poderío de sus manazas...

Me lleva hasta la mesa del salón y me susurra al oído:

-Hoy es nuestro primer día, nene. Creo que ya estás preparado.

Me suelta y me gira cara a él. Nos besamos. Mis manos van a su pecho, acariciando su vello, mientras las suyas están en mi culo, magreándolo bien. Me arrodillo sin decirle nada y me pongo su polla en la boca. Poco a poco, sin prisa, la ensalivo toda, con los ojos cerrados, cogiéndola a dos manos, con cierta torpeza hasta que la tengo toda dentro.

Él me deja hacer y no me fuerza a nada, satisfecho de mi deseo y de mis ganas de agradarle.

Después, me hace sacar su pene y me ayuda a ponerme de pie, otra vez.

-Date la vuelta y apoya la cara en la mesa.

Así hago. Apoyo mi barriga en el borde y me inclino tal y como me dice. Obediente, tal vez demasiado, me viene a la cabeza en ese momento.

-Separa las piernas, Jose. Nos vendrá mejor a los dos.

Hago como él dice. Y noto como se aleja, oigo el sonido de un cajón que se abre y revuelven en él. Al poco, se acerca a mi y lo veo enfrente.

-Abre la boca

Obedezco y me pone un pañuelo doblado.

-Muérdelo.

Sin rechistar, muerdo el pañuelo.

-No se cuanto puedes aguantar el dolor y no se cuanto te voy a hacer, pero puede que no te duela. Lo importante es que disfrutemos y lo voy a hacer lo mejor posible, eso tenlo claro y también, ten claro que no vas a olvidar esta mañana.

Quieto me quedé, con los nervios en el estómago. A pesar de que confiaba en Paco y en su experiencia en la vida, nunca sabes que puede pasar.
Me cogí a la mesa como pude, mientras sus manos me recorrían la espalda y se pegaba a mis nalgas. Le notaba muy duro, algo en lo que ya me habia fijado en la ducha, pero que seguía llamando mi atención en alguien que ya tenía los 60.

Con firmeza, sus manos pasaban por mi espalda mientras su pene se asentaba en la puerta de mi ano, apretado. Al tiempo, bajó ambas manos a mi culo y me lo masajeó con fuerza.

Me metió un dedo en el culo, moviéndolo suavemente por dentro y dejándolo un buen rato.

Cuando intentó meter el segundo, le costó algo más, y al poco, sacó el que tenia metido y se fue del salón, unos segundos. Al volver, noto que lleva algo entre las manos y lo deja en un mueble detras mío.

Vuelve a mí y noto algo frío y gelatinoso en mi ano y como lo restriega con los dedos, mientras va metiendo de nuevo dos dedos dentro de mi. Esta vez, con más facilidad.

-Bueno, nene ¿Preparado?

Estas son las palabras que resuenan, de pronto, en el salón. Paco aparece a mi derecha, completamente desnudo y excitado, con un preservativo en la mano. Se lo lleva a la boca y rompe el envoltorio. Y delante de mí, se pone el condón.

Se pone detrás de mi y vuelvo a notar el frío del gel de antes y como pone la punta de la polla en la entrada de mi ano.

Mi excitación y mis nervios se mezclan. Cierro los ojos e, instintivamente, separo un poco más las piernas.

Noto como entra un poco, suavemente. Se queda parado.

Sus manazas buscan mi vientre y las pasa por debajo del cuerpo. Se coge y me aprieta.

Entra un poco más. Muerdo con fuerza el pañuelo y gimo.

Sigue entrando, sin prisa. Cogiéndome cada vez un poco más arriba. Y yo disfrutando del momento...

Lo noto muy dentro, abro la boca de manera instintiva y me cae un poco el pañuelo. Empieza a moverse de delante a atrás, con suavidad. Estamos en silencio, pero noto su esfuerzo por follarme. Él también suelta gemiditos cuando empuja.

Su ritmo va, poco a poco, en aumento. Su cadera golpea mis nalgas, cada vez con más frecuencia. Al final, pierdo el pañuelo de la boca y gimo de manera clara. Aquello me estaba gustando mucho. Tal vez, demasiado. Ese día, al menos, no tenía ganas de pensar, solo de disfrutar.

Tardó un poco, pero Paco se corrió dentro de mí. La cara de cansancio y satisfacción que tenia al retirarse, lo decía todo. No hacía falta ser novato con tíos como para no darme cuenta, jejeje.
 
Me cogí a la mesa como pude, mientras sus manos me recorrían la espalda y se pegaba a mis nalgas. Le notaba muy duro, algo en lo que ya me habia fijado en la ducha, pero que seguía llamando mi atención en alguien que ya tenía los 60.

Con firmeza, sus manos pasaban por mi espalda mientras su pene se asentaba en la puerta de mi ano, apretado. Al tiempo, bajó ambas manos a mi culo y me lo masajeó con fuerza.

Me metió un dedo en el culo, moviéndolo suavemente por dentro y dejándolo un buen rato.

Cuando intentó meter el segundo, le costó algo más, y al poco, sacó el que tenia metido y se fue del salón, unos segundos. Al volver, noto que lleva algo entre las manos y lo deja en un mueble detras mío.

Vuelve a mí y noto algo frío y gelatinoso en mi ano y como lo restriega con los dedos, mientras va metiendo de nuevo dos dedos dentro de mi. Esta vez, con más facilidad.

-Bueno, nene ¿Preparado?

Estas son las palabras que resuenan, de pronto, en el salón. Paco aparece a mi derecha, completamente desnudo y excitado, con un preservativo en la mano. Se lo lleva a la boca y rompe el envoltorio. Y delante de mí, se pone el condón.

Se pone detrás de mi y vuelvo a notar el frío del gel de antes y como pone la punta de la polla en la entrada de mi ano.

Mi excitación y mis nervios se mezclan. Cierro los ojos e, instintivamente, separo un poco más las piernas.

Noto como entra un poco, suavemente. Se queda parado.

Sus manazas buscan mi vientre y las pasa por debajo del cuerpo. Se coge y me aprieta.

Entra un poco más. Muerdo con fuerza el pañuelo y gimo.

Sigue entrando, sin prisa. Cogiéndome cada vez un poco más arriba. Y yo disfrutando del momento...

Lo noto muy dentro, abro la boca de manera instintiva y me cae un poco el pañuelo. Empieza a moverse de delante a atrás, con suavidad. Estamos en silencio, pero noto su esfuerzo por follarme. Él también suelta gemiditos cuando empuja.

Su ritmo va, poco a poco, en aumento. Su cadera golpea mis nalgas, cada vez con más frecuencia. Al final, pierdo el pañuelo de la boca y gimo de manera clara. Aquello me estaba gustando mucho. Tal vez, demasiado. Ese día, al menos, no tenía ganas de pensar, solo de disfrutar.

Tardó un poco, pero Paco se corrió dentro de mí. La cara de cansancio y satisfacción que tenia al retirarse, lo decía todo. No hacía falta ser novato con tíos como para no darme cuenta, jejeje.

En ese momento, me llevó hacia él para besarme. Me dejé hacer como ya me había pasado otras veces y muchas más que me quedaban todavía. Todavía andaba empalmado y con la cabeza dándome vueltas por lo que acababa de sentir.

-Ahora tú, termina lo que hemos empezado
-¿El qué?
-Hazte una buena paja, hombre.
-¿Ahora?
-Si, claro

Empecé a masturbarme delante de él, mientras daba unos pasos atrás para verme mejor. Sin dejar de sonreir mientras miraba.

-Tócate un pezón, anda

Y le hice caso, subiendo aún más mi excitación. En poco, saltaba el semen por el aire mientras, en pocos instantes, me avergonzaba de todo lo que había manchado. Eso sí, me sentía más relajado que nunca.

-Uf, como lo has dejado, nene. Y como te has ensuciado. Anda, dúchate otra vez y quitate todo eso.

Después de la ducha, quedamos para dos días después. Esta solo había sido la primera de muchas. Y los dos ya queriamos repetir.

Aquella noche no hice más que recordar lo que había pasado y lo mucho que había disfrutado con Paco. Y también lo discreto que tenia que ser todo para poder pasar algún rato más con él. Porque la verdad es que deseaba más encuentros. Lo que no imaginaba es que él ya tenía programado como iban a ser.

El día y medio hasta volver a vernos fue normal. Estaba impaciente por ir al piso, pero ya tenia el tranquillo para dejar todo preparado e irme pitando y poder volver con tiempo para hacer vida normal cuando volviera y que no se notara que me había ausentado un par de horas. Así que me iba con cierta confianza, a ver que hariamos ese día. Aunque claro, esperando que acabaramos como el anterior.

Su recibimiento no fue diferente a otras veces. Nos comimos la boca y me magreó a base de bien. Sus manazas ocupaban casi todo mi culo y me apretaba las nalgas con ganas. ¡Qué diferencia entre sus gestos al hablar y a cuando me tenía entre sus manos!

Cuando le pareció suficiente, me cogió de una muñeca y me llevó al centro del salón. Me hizo quedarme en un punto en el centro, como siempre, y cogió una silla. Se sentó a un par de metros de mí y me ordenó:

-¡Desnúdate!
 
En ese momento, me llevó hacia él para besarme. Me dejé hacer como ya me había pasado otras veces y muchas más que me quedaban todavía. Todavía andaba empalmado y con la cabeza dándome vueltas por lo que acababa de sentir.

-Ahora tú, termina lo que hemos empezado
-¿El qué?
-Hazte una buena paja, hombre.
-¿Ahora?
-Si, claro

Empecé a masturbarme delante de él, mientras daba unos pasos atrás para verme mejor. Sin dejar de sonreir mientras miraba.

-Tócate un pezón, anda

Y le hice caso, subiendo aún más mi excitación. En poco, saltaba el semen por el aire mientras, en pocos instantes, me avergonzaba de todo lo que había manchado. Eso sí, me sentía más relajado que nunca.

-Uf, como lo has dejado, nene. Y como te has ensuciado. Anda, dúchate otra vez y quitate todo eso.

Después de la ducha, quedamos para dos días después. Esta solo había sido la primera de muchas. Y los dos ya queriamos repetir.

Aquella noche no hice más que recordar lo que había pasado y lo mucho que había disfrutado con Paco. Y también lo discreto que tenia que ser todo para poder pasar algún rato más con él. Porque la verdad es que deseaba más encuentros. Lo que no imaginaba es que él ya tenía programado como iban a ser.

El día y medio hasta volver a vernos fue normal. Estaba impaciente por ir al piso, pero ya tenia el tranquillo para dejar todo preparado e irme pitando y poder volver con tiempo para hacer vida normal cuando volviera y que no se notara que me había ausentado un par de horas. Así que me iba con cierta confianza, a ver que hariamos ese día. Aunque claro, esperando que acabaramos como el anterior.

Su recibimiento no fue diferente a otras veces. Nos comimos la boca y me magreó a base de bien. Sus manazas ocupaban casi todo mi culo y me apretaba las nalgas con ganas. ¡Qué diferencia entre sus gestos al hablar y a cuando me tenía entre sus manos!

Cuando le pareció suficiente, me cogió de una muñeca y me llevó al centro del salón. Me hizo quedarme en un punto en el centro, como siempre, y cogió una silla. Se sentó a un par de metros de mí y me ordenó:

-¡Desnúdate!
Sin contestarle, lo hice. Me fui quitando la ropa lentamente hasta quedarme sin nada.

-Tápate la polla con las manos

Y eso hice. Puse mis dos manos sobre mi pene, aún flácido y me quedé quieto, esperando.

-¿Te gustó lo de anteayer?
-Claro, mucho.
-Ya sabía yo que te gustaría que un macho te follara, jeje
-¿Lo tenías claro?
-Al poco de conocerte, ya sabía que te iba eso.
-Ni yo lo sabía, Paco
-Creo que se más de tí que tú mismo, nene.
-No creo
-Eso ya lo veremos, corderito. Ya lo veremos.

Mientras hablábamos, vuelve a salir del salón y vuelve con dos objetos en las manos. Deja uno en la mesa en la que me había follado y con el otro, viene hacía mi.

-¿Sabes lo que es esto?
-Sí, hilo para las cometas
-Exacto, esto es hilo de cáñamo. Lo compré el año pasado para mi nieto. Hicimos una cometa juntos, pero se fue a volarla a un sitio con árboles y ya intuirás como acabó la cometa. Así que volvió a casa disgustado y con el hilo en la mano. Así que guardé el rollo, pensando en que este año volveriamos a hacer una cometa, pero no fue así. Y he pensado en darle uso.

Mientras hablaba, desenrrollaba un trozo de unos 70-80 cm y lo cortaba.

-¿Y que quieres hacer con el hilo?
-Aunque es un poco burdo y a mi me gustan las cosas más refinadas, voy a utilizar algo de este hilo contigo.

Mientras dice eso, se me pone enfrente, con el pedazo de hilo en una mano.

-¿Cómo?
-Bueno, cosas que quiero hacer...

Me coge suavemente de una muñeca y me la rodea con una punta del hilo, atándola. Me vuelve a poner la mano donde estaba, o sea, tapando mi polla. Y coge la otra muñeca, haciendo lo mismo. Quedo tapándome de nuevo el pene, pero con mis muñecas sujetas por una fina cuerda que mide unos 50-60 cm.

-¿Y esto?
-Una fantasía mía, nene
-¿Qué quieres decir?
-No tengas prisa.

Se me queda mirando, satisfecho de la novedad. En realidad, puedo mover los brazos bien hacia delante, pero no podría hacerlo hacia atrás, así que no se lo que pretende teniéndome así.
 
Sin contestarle, lo hice. Me fui quitando la ropa lentamente hasta quedarme sin nada.

-Tápate la polla con las manos

Y eso hice. Puse mis dos manos sobre mi pene, aún flácido y me quedé quieto, esperando.

-¿Te gustó lo de anteayer?
-Claro, mucho.
-Ya sabía yo que te gustaría que un macho te follara, jeje
-¿Lo tenías claro?
-Al poco de conocerte, ya sabía que te iba eso.
-Ni yo lo sabía, Paco
-Creo que se más de tí que tú mismo, nene.
-No creo
-Eso ya lo veremos, corderito. Ya lo veremos.

Mientras hablábamos, vuelve a salir del salón y vuelve con dos objetos en las manos. Deja uno en la mesa en la que me había follado y con el otro, viene hacía mi.

-¿Sabes lo que es esto?
-Sí, hilo para las cometas
-Exacto, esto es hilo de cáñamo. Lo compré el año pasado para mi nieto. Hicimos una cometa juntos, pero se fue a volarla a un sitio con árboles y ya intuirás como acabó la cometa. Así que volvió a casa disgustado y con el hilo en la mano. Así que guardé el rollo, pensando en que este año volveriamos a hacer una cometa, pero no fue así. Y he pensado en darle uso.

Mientras hablaba, desenrrollaba un trozo de unos 70-80 cm y lo cortaba.

-¿Y que quieres hacer con el hilo?
-Aunque es un poco burdo y a mi me gustan las cosas más refinadas, voy a utilizar algo de este hilo contigo.

Mientras dice eso, se me pone enfrente, con el pedazo de hilo en una mano.

-¿Cómo?
-Bueno, cosas que quiero hacer...

Me coge suavemente de una muñeca y me la rodea con una punta del hilo, atándola. Me vuelve a poner la mano donde estaba, o sea, tapando mi polla. Y coge la otra muñeca, haciendo lo mismo. Quedo tapándome de nuevo el pene, pero con mis muñecas sujetas por una fina cuerda que mide unos 50-60 cm.

-¿Y esto?
-Una fantasía mía, nene
-¿Qué quieres decir?
-No tengas prisa.

Se me queda mirando, satisfecho de la novedad. En realidad, puedo mover los brazos bien hacia delante, pero no podría hacerlo hacia atrás, así que no se lo que pretende teniéndome así.
Con parsimonia, se quitó la camiseta y se quedó desnudo de cintura para arriba. Se me acercó y me besó en los labios.

Mientras lo hacía, comenzó a acariciarme la espalda y a magrearme el culo.

Tuve la tentación de cogerle de la cintura, pero en cuanto lo hice, me paró:

-Vuelve las manos donde estaban, nene.

Y por supuesto, así lo hice.

Evidentemente, con poco que se apretaba contra mí, mis manos estaban a la altura de su paquete y quedaban apretadas contra él. Y notaba que estaba abultado, pero ya no hacía nada sin que me lo dijera.

Cuando se sintió satisfecho de como habíamos empezado la mañana, se fue a la cocina, de donde volvió con dos sillas. Me puso una para que me sentara y la otra fue para él.

Cuando me senté, seguía tapándome la desnudez con las manos.

-¿Qué quieres?¿Por qué me atas así, Paco?, le pregunté.

Puede que fuera la primera vez que no veía claro lo que quería de mí.

-Ay, corderito. ¿No sabes que estás en la guarida del lobo?
-¿Y eso?

Acercó su silla a la mía, sentándose justo enfrente y me empezó a acariciar las piernas.

-Eso es que me pones mucho y me pone tenerte como estas ahora: indefenso, temeroso y excitado, a pesar de todo. Porque esto te gusta. Te gusta que un tio te ponga en tu sitio. No sabes porque, pero es así y disfrutas cada vez que te desnudas para mí. Es muy evidente. Y te gustó que te follara el otro día, que te desvirgara el culo. No pusiste ni un mínimo de resistencia. Estabas en esa mesa, esperando a que te penetrara, deseoso de que un macho te la metiera bien adentro. Y vuelves a los dos días, queriendo que te vuelva a follar, ¿verdad?. Cada día que has venido aquí, he querido un poco más de tí y tú, sin rechistar, lo has dado. Y te ha gustado darlo, ¿a que sí?. Te ha excitado la idea y has vuelto cuando hemos quedado. Pues yo voy a querer un poco más cada vez, hasta que llegues a tu límite y, a partir de entonces, ya veremos que pasa. Pero, hoy te quiero así. Con las muñecas así sujetas, que tengas cierta libertad con las manos. Y si no te ves capaz de seguir, dímelo y lo dejamos. No hay problema.

Me dejó perplejo por su rápido y certero resumen, pero no queria irme de ninguna manera. Tenía razón, estaba deseoso de que me volviera a follar.

-Sigue, Paco, por favor.

Volvió a separarse de mí. Se sentó de nuevo.

-Separa las piernas y acariciate los pezones.
 
Con parsimonia, se quitó la camiseta y se quedó desnudo de cintura para arriba. Se me acercó y me besó en los labios.

Mientras lo hacía, comenzó a acariciarme la espalda y a magrearme el culo.

Tuve la tentación de cogerle de la cintura, pero en cuanto lo hice, me paró:

-Vuelve las manos donde estaban, nene.

Y por supuesto, así lo hice.

Evidentemente, con poco que se apretaba contra mí, mis manos estaban a la altura de su paquete y quedaban apretadas contra él. Y notaba que estaba abultado, pero ya no hacía nada sin que me lo dijera.

Cuando se sintió satisfecho de como habíamos empezado la mañana, se fue a la cocina, de donde volvió con dos sillas. Me puso una para que me sentara y la otra fue para él.

Cuando me senté, seguía tapándome la desnudez con las manos.

-¿Qué quieres?¿Por qué me atas así, Paco?, le pregunté.

Puede que fuera la primera vez que no veía claro lo que quería de mí.

-Ay, corderito. ¿No sabes que estás en la guarida del lobo?
-¿Y eso?

Acercó su silla a la mía, sentándose justo enfrente y me empezó a acariciar las piernas.

-Eso es que me pones mucho y me pone tenerte como estas ahora: indefenso, temeroso y excitado, a pesar de todo. Porque esto te gusta. Te gusta que un tio te ponga en tu sitio. No sabes porque, pero es así y disfrutas cada vez que te desnudas para mí. Es muy evidente. Y te gustó que te follara el otro día, que te desvirgara el culo. No pusiste ni un mínimo de resistencia. Estabas en esa mesa, esperando a que te penetrara, deseoso de que un macho te la metiera bien adentro. Y vuelves a los dos días, queriendo que te vuelva a follar, ¿verdad?. Cada día que has venido aquí, he querido un poco más de tí y tú, sin rechistar, lo has dado. Y te ha gustado darlo, ¿a que sí?. Te ha excitado la idea y has vuelto cuando hemos quedado. Pues yo voy a querer un poco más cada vez, hasta que llegues a tu límite y, a partir de entonces, ya veremos que pasa. Pero, hoy te quiero así. Con las muñecas así sujetas, que tengas cierta libertad con las manos. Y si no te ves capaz de seguir, dímelo y lo dejamos. No hay problema.

Me dejó perplejo por su rápido y certero resumen, pero no queria irme de ninguna manera. Tenía razón, estaba deseoso de que me volviera a follar.

-Sigue, Paco, por favor.

Volvió a separarse de mí. Se sentó de nuevo.

-Separa las piernas y acariciate los pezones.
Dudando, subí las manos hacia mi pecho y, en paralelo, empecé a tocarme. Nos pusimos a miranos, yo veía su rostro serio y concentrado en mis manos y él permanecía impasible viendo como me empezaba a tocar.

Evidentemente, en poco tiempo, me empecé a excitar. Mis pezones se pusieron duritos con poco que los toqué y sentí la necesidad de bajar una de mis manos.

-Quieto, vuelve arriba esa mano.
-Sí, perdona

El que se puso a tocarse el paquete, por encima del pantalón fue él. Una de sus manos si que comenzó a tocarse suavemente mientras me miraba. Si quería provocarme, lo estaba consiguiendo.

-Uff, ¿te está gustando lo que hago?
-¿Y por qué crees que te he dicho que lo hicieras?, jeje

Cada vez me ponia más caliente y con más ganas de masturbarme, pero Paco no pestañeaba a pesar de que seguia acariciandose el paquete y seguía sin camiseta. Y no sabeis como me ponía verle así......

-Crúzate las manos y sigue
-¿Cómo? ¿Así?
-Sí, sigue tocándote

Y me hizo cambiar las manos de pecho para seguir haciendo lo mismo. Y él se tocaba con más ganas.

-Ya puedes empezar a cascartela. Pero la otra mano que siga donde estaba.

Y con la mano derecha me puse a ello, mientras mi mano izquierda me daba placer en el pezón.

A todo esto, la cuerda no molestaba lo más mínimo. Era lo suficientemente larga como para dejarme hacer todo sin problemas.

-Procura no correrte todavía. Cuando yo te diga, para.
-Sí, sí
-¡¡Para!!

Y dejé de sacudirmela.

-Sigue

Y dudoso de su palabra, volví a empezar.

-Para otra vez

Se levantó de la silla y se acercó a mí. Mientras venía, se empezó a desbrochar el cinturón de los vaqueros y se bajó la cremallera. Justo delante de mí, se bajó un poco los pantalones y pude ver su boxer negro. No era habitual entonces que alguien llevara boxer, o al menos, no era muy conocido para mí.

-Lame el calzoncillo, corderito. Y tocate los pechitos mientras tanto.

Por supuesto, buscaba el bulto que sobresalía de la tela y lamia la figura de su polla mientras me tocaba y notaba que mi deseo iba a más.

¡Qué ganas de que me follara que tenía!

Se bajó un poco más el pantalón y detrás de él, fue el boxer. La polla saltó fuera de su prisión y se la cogió para tenerla bien recta.

-Abre la boca, nene
 
Dudando, subí las manos hacia mi pecho y, en paralelo, empecé a tocarme. Nos pusimos a miranos, yo veía su rostro serio y concentrado en mis manos y él permanecía impasible viendo como me empezaba a tocar.

Evidentemente, en poco tiempo, me empecé a excitar. Mis pezones se pusieron duritos con poco que los toqué y sentí la necesidad de bajar una de mis manos.

-Quieto, vuelve arriba esa mano.
-Sí, perdona

El que se puso a tocarse el paquete, por encima del pantalón fue él. Una de sus manos si que comenzó a tocarse suavemente mientras me miraba. Si quería provocarme, lo estaba consiguiendo.

-Uff, ¿te está gustando lo que hago?
-¿Y por qué crees que te he dicho que lo hicieras?, jeje

Cada vez me ponia más caliente y con más ganas de masturbarme, pero Paco no pestañeaba a pesar de que seguia acariciandose el paquete y seguía sin camiseta. Y no sabeis como me ponía verle así......

-Crúzate las manos y sigue
-¿Cómo? ¿Así?
-Sí, sigue tocándote

Y me hizo cambiar las manos de pecho para seguir haciendo lo mismo. Y él se tocaba con más ganas.

-Ya puedes empezar a cascartela. Pero la otra mano que siga donde estaba.

Y con la mano derecha me puse a ello, mientras mi mano izquierda me daba placer en el pezón.

A todo esto, la cuerda no molestaba lo más mínimo. Era lo suficientemente larga como para dejarme hacer todo sin problemas.

-Procura no correrte todavía. Cuando yo te diga, para.
-Sí, sí
-¡¡Para!!

Y dejé de sacudirmela.

-Sigue

Y dudoso de su palabra, volví a empezar.

-Para otra vez

Se levantó de la silla y se acercó a mí. Mientras venía, se empezó a desbrochar el cinturón de los vaqueros y se bajó la cremallera. Justo delante de mí, se bajó un poco los pantalones y pude ver su boxer negro. No era habitual entonces que alguien llevara boxer, o al menos, no era muy conocido para mí.

-Lame el calzoncillo, corderito. Y tocate los pechitos mientras tanto.

Por supuesto, buscaba el bulto que sobresalía de la tela y lamia la figura de su polla mientras me tocaba y notaba que mi deseo iba a más.

¡Qué ganas de que me follara que tenía!

Se bajó un poco más el pantalón y detrás de él, fue el boxer. La polla saltó fuera de su prisión y se la cogió para tenerla bien recta.

-Abre la boca, nene
Que sometimiento !! Bufff
 
Dudando, subí las manos hacia mi pecho y, en paralelo, empecé a tocarme. Nos pusimos a miranos, yo veía su rostro serio y concentrado en mis manos y él permanecía impasible viendo como me empezaba a tocar.

Evidentemente, en poco tiempo, me empecé a excitar. Mis pezones se pusieron duritos con poco que los toqué y sentí la necesidad de bajar una de mis manos.

-Quieto, vuelve arriba esa mano.
-Sí, perdona

El que se puso a tocarse el paquete, por encima del pantalón fue él. Una de sus manos si que comenzó a tocarse suavemente mientras me miraba. Si quería provocarme, lo estaba consiguiendo.

-Uff, ¿te está gustando lo que hago?
-¿Y por qué crees que te he dicho que lo hicieras?, jeje

Cada vez me ponia más caliente y con más ganas de masturbarme, pero Paco no pestañeaba a pesar de que seguia acariciandose el paquete y seguía sin camiseta. Y no sabeis como me ponía verle así......

-Crúzate las manos y sigue
-¿Cómo? ¿Así?
-Sí, sigue tocándote

Y me hizo cambiar las manos de pecho para seguir haciendo lo mismo. Y él se tocaba con más ganas.

-Ya puedes empezar a cascartela. Pero la otra mano que siga donde estaba.

Y con la mano derecha me puse a ello, mientras mi mano izquierda me daba placer en el pezón.

A todo esto, la cuerda no molestaba lo más mínimo. Era lo suficientemente larga como para dejarme hacer todo sin problemas.

-Procura no correrte todavía. Cuando yo te diga, para.
-Sí, sí
-¡¡Para!!

Y dejé de sacudirmela.

-Sigue

Y dudoso de su palabra, volví a empezar.

-Para otra vez

Se levantó de la silla y se acercó a mí. Mientras venía, se empezó a desbrochar el cinturón de los vaqueros y se bajó la cremallera. Justo delante de mí, se bajó un poco los pantalones y pude ver su boxer negro. No era habitual entonces que alguien llevara boxer, o al menos, no era muy conocido para mí.

-Lame el calzoncillo, corderito. Y tocate los pechitos mientras tanto.

Por supuesto, buscaba el bulto que sobresalía de la tela y lamia la figura de su polla mientras me tocaba y notaba que mi deseo iba a más.

¡Qué ganas de que me follara que tenía!

Se bajó un poco más el pantalón y detrás de él, fue el boxer. La polla saltó fuera de su prisión y se la cogió para tenerla bien recta.

-Abre la boca, nene
Abro la boca como me dice y me mete poco a poco la polla. Esta vez, me coge de la cabeza con la mano libre y, a la vez, mueve la cadera para metermela todo lo que se pueda.

Cuando la tiene completamente dentro de mi boca, ya me coge la cabeza con las dos manos y, pausadamente, empieza a moverse rítmicamente mientras yo sigo tocándome.

-Chupa, nene, chupa

Mi excitación sube por momentos y más cuando noto como jadea Paco, que deja de hablar para disfrutar de la mamada.

Cuando da la sensación de que los dos estamos a punto de reventar, me dice que pare y se saca la polla de mi boca. Yo creo que si aguanta 10 segundos más, habría empezado a soltar algo.

-Joder, nene, como me pones. Lo vamos a tener que hacer más veces. Ufff

Mientras habla, se sube el pantalón y el boxer. Se sienta en la silla de nuevo. Parece que intenta recomponerse.

-¿Todavia tienes ganas de sacudirtela?
-Claro, más que antes
-Pues empieza
-Acabaré enseguida, estoy muy caliente
-Bien, pero no te dejes nada. Quiero que te salga todo. Y quiero verlo.
-Sí

Ahora la cuerda me molestaba un poco más, ya que tenia las manos a la misma altura, pero en cuanto subí la izquierda y puse a acariciarme, en muy poco hice saltar el semen por el suelo y mis piernas.

-No pares, exprime que seguro aún queda talgo.

Seguí haciéndolo hasta que me salió una pequeña espuma. Me sentí vacío en ese momento. Además, entre la baba que tenía pegada en la boca, el semen pegajoso en mis piernas y el cansancio por la situación, no tenía ni ganas de moverme.
 
Abro la boca como me dice y me mete poco a poco la polla. Esta vez, me coge de la cabeza con la mano libre y, a la vez, mueve la cadera para metermela todo lo que se pueda.

Cuando la tiene completamente dentro de mi boca, ya me coge la cabeza con las dos manos y, pausadamente, empieza a moverse rítmicamente mientras yo sigo tocándome.

-Chupa, nene, chupa

Mi excitación sube por momentos y más cuando noto como jadea Paco, que deja de hablar para disfrutar de la mamada.

Cuando da la sensación de que los dos estamos a punto de reventar, me dice que pare y se saca la polla de mi boca. Yo creo que si aguanta 10 segundos más, habría empezado a soltar algo.

-Joder, nene, como me pones. Lo vamos a tener que hacer más veces. Ufff

Mientras habla, se sube el pantalón y el boxer. Se sienta en la silla de nuevo. Parece que intenta recomponerse.

-¿Todavia tienes ganas de sacudirtela?
-Claro, más que antes
-Pues empieza
-Acabaré enseguida, estoy muy caliente
-Bien, pero no te dejes nada. Quiero que te salga todo. Y quiero verlo.
-Sí

Ahora la cuerda me molestaba un poco más, ya que tenia las manos a la misma altura, pero en cuanto subí la izquierda y puse a acariciarme, en muy poco hice saltar el semen por el suelo y mis piernas.

-No pares, exprime que seguro aún queda talgo.

Seguí haciéndolo hasta que me salió una pequeña espuma. Me sentí vacío en ese momento. Además, entre la baba que tenía pegada en la boca, el semen pegajoso en mis piernas y el cansancio por la situación, no tenía ni ganas de moverme.
-Lávate y aseate un poco

Esa fue la siguiente frase de Paco que, me señalaba el cuarto de baño.

Con las muñecas unidas por el hilo, tuve que lavarme la cara y me limpié las piernas. Pensaba que la sesión había concluido y que otro día la cosa sería diferente, pero estaba más que equivocado.

Cuando salí del cuarto de baño, tiró de la cuerdecita y me llevó hasta la mesa del salón. Me puso en la misma zona de hacía dos días y allí pude ver lo que había dejado encima de la mesa y que no habia traido, era como una bolita de plástico con una correa.

-Separa las piernas, nene. Y apoya las manos en la mesa.

Oigo como cae su pantalón al suelo, pasan unos segundos y noto su polla cerca de mi ano. Otra vez aquello está duro, empiezo a reconocer el tacto...

-¿Has visto el juguetito que te he traido?
-¿La bola esa?
-Claro, es para ti
-¿Y eso para que es?
-Que ingenuo eres a veces, nene. Mirala bien porque la vas a probar la próxima vez que estemos juntos
-¿Es para lo que pienso?
-Ummmm, no lo se

Mientras hablamos, mueve su polla por mis nalgas y yo separo algo más las piernas. No es que tenga ganas, pero mi cuerpo ya espera que entre.

Se separa de mi y, al volver, deja en la mesa, a mi lado, la botella del gel o lubricante y un preservativo.

-Echate un poquito hacia delante y el culo, un poco hacia atrás.

Me apoyo sobre los codos en la mesa y le ofrezco mi culo. Coge la botella, no muy grande y negra, y noto el frío en mi ano. Después la deja en la mesa y retira el preservativo.

Noto su polla otra vez, colándose entre mis nalgas. Se hace espacio poco a poco. Separo un poco más las piernas. Le cuesta un poco, pero va entrando.

-Mira la bolita, nene. Piensa en ella
-Sí

Me doy cuenta de que es una bola de mordaza. No sé donde pero he visto algo parecido en alguna parte, solo que no es lo mismo ver alguna foto que tenerla delante a unos centímetros y yo estaba en otras cosas...

Paco siguió moviéndose como la primera vez, sin prisas, sabiendo lo que hacía mientras yo procuraba aguantar los momentos en que aquello dolía y es que esta vez lo estaba notando algo más que la primera. Notando que mi excitación había tapado esos momentos de dolor de novato.

Cuando se corrió, los dos estábamos hechos polvo. Fue una mañana muy intensa y no teniamos ganas más que de sentarnos y descansar. De hecho, yo lo hice con el cordoncito aún colgando de mis muñecas.

-Desatate tú mismo, anda
-Vale, pero aqui sentado
-¿Oye? ¿La semana que viene no quedamos, verdad?
-No, ya sabes que trabajo por la mañana y las tardes no tenemos mucho momento para quedar
-¿El sábado querrías quedar para cenar en la capital?
-¿Solos?
-No, quedo todos los meses con los amigos de la facultad desde hace 35 años. Somos seis y buscamos un sábado noche para quedar, esta vez es el sábado que viene. Me gustaria que vinieras.
-Vaya y no seré un poco la nota discordante.
-No, hombre. Les digo que eres un compi del trabajo y ya está. Así, después de la cena podemos venir aqui y...... ya sabes.
-¿Y el martes siguiente repetimos?
-Si, claro. Iba a decirte que martes y viernes si puedes.
-Sí, en principio, si
-Perfecto, quedamos aquí para ir en coche y volveremos no demasiado tarde.
-¿A qué hora?
-Ya te aviso, que aún no está decidida. ¿Te puedo pedir un favor?
-Dime
-Ven con camisa y, si tienes, pantalón de vestir. Iremos a un sitio que miran el vestir.
-Vale.

Y nos despedimos sabiendo que la semana iba a tener su morbillo.
 
-Lávate y aseate un poco

Esa fue la siguiente frase de Paco que, me señalaba el cuarto de baño.

Con las muñecas unidas por el hilo, tuve que lavarme la cara y me limpié las piernas. Pensaba que la sesión había concluido y que otro día la cosa sería diferente, pero estaba más que equivocado.

Cuando salí del cuarto de baño, tiró de la cuerdecita y me llevó hasta la mesa del salón. Me puso en la misma zona de hacía dos días y allí pude ver lo que había dejado encima de la mesa y que no habia traido, era como una bolita de plástico con una correa.

-Separa las piernas, nene. Y apoya las manos en la mesa.

Oigo como cae su pantalón al suelo, pasan unos segundos y noto su polla cerca de mi ano. Otra vez aquello está duro, empiezo a reconocer el tacto...

-¿Has visto el juguetito que te he traido?
-¿La bola esa?
-Claro, es para ti
-¿Y eso para que es?
-Que ingenuo eres a veces, nene. Mirala bien porque la vas a probar la próxima vez que estemos juntos
-¿Es para lo que pienso?
-Ummmm, no lo se

Mientras hablamos, mueve su polla por mis nalgas y yo separo algo más las piernas. No es que tenga ganas, pero mi cuerpo ya espera que entre.

Se separa de mi y, al volver, deja en la mesa, a mi lado, la botella del gel o lubricante y un preservativo.

-Echate un poquito hacia delante y el culo, un poco hacia atrás.

Me apoyo sobre los codos en la mesa y le ofrezco mi culo. Coge la botella, no muy grande y negra, y noto el frío en mi ano. Después la deja en la mesa y retira el preservativo.

Noto su polla otra vez, colándose entre mis nalgas. Se hace espacio poco a poco. Separo un poco más las piernas. Le cuesta un poco, pero va entrando.

-Mira la bolita, nene. Piensa en ella
-Sí

Me doy cuenta de que es una bola de mordaza. No sé donde pero he visto algo parecido en alguna parte, solo que no es lo mismo ver alguna foto que tenerla delante a unos centímetros y yo estaba en otras cosas...

Paco siguió moviéndose como la primera vez, sin prisas, sabiendo lo que hacía mientras yo procuraba aguantar los momentos en que aquello dolía y es que esta vez lo estaba notando algo más que la primera. Notando que mi excitación había tapado esos momentos de dolor de novato.

Cuando se corrió, los dos estábamos hechos polvo. Fue una mañana muy intensa y no teniamos ganas más que de sentarnos y descansar. De hecho, yo lo hice con el cordoncito aún colgando de mis muñecas.

-Desatate tú mismo, anda
-Vale, pero aqui sentado
-¿Oye? ¿La semana que viene no quedamos, verdad?
-No, ya sabes que trabajo por la mañana y las tardes no tenemos mucho momento para quedar
-¿El sábado querrías quedar para cenar en la capital?
-¿Solos?
-No, quedo todos los meses con los amigos de la facultad desde hace 35 años. Somos seis y buscamos un sábado noche para quedar, esta vez es el sábado que viene. Me gustaria que vinieras.
-Vaya y no seré un poco la nota discordante.
-No, hombre. Les digo que eres un compi del trabajo y ya está. Así, después de la cena podemos venir aqui y...... ya sabes.
-¿Y el martes siguiente repetimos?
-Si, claro. Iba a decirte que martes y viernes si puedes.
-Sí, en principio, si
-Perfecto, quedamos aquí para ir en coche y volveremos no demasiado tarde.
-¿A qué hora?
-Ya te aviso, que aún no está decidida. ¿Te puedo pedir un favor?
-Dime
-Ven con camisa y, si tienes, pantalón de vestir. Iremos a un sitio que miran el vestir.
-Vale.

Y nos despedimos sabiendo que la semana iba a tener su morbillo.
Las semanas intermedias entre mis encuentros con Paco, pasaban muy lentas y, seguramente, aquella fue igual. Y más, sabiendo que el sábado haríamos una excepción a lo que iba a ser una constante durante mucho tiempo.

Aquella noche, me presenté sobre las ocho, ocho y media en el pisito. Llevaba una camisa azul casi oscuro, pantalones de vestir y zapatos. Más arreglado de lo que solía salir, tal y como me había recomendado mi "amigo".

Cuando me recibió, vi que él también se había arreglado para la ocasión y, casualmente, coincidiamos en colores. Aunque el azul de su camisa era más claro que el mío e iba muy bien arreglado para la cena. Pensé que no estaba nada mal el madurito al que acompañaba, jeje.

Él también sonrío al verme cuando abrió la puerta y me hizo pasar. Creí que sería cosa de unos momentos el estar en la casa, pero me hizo ir al salón que había sido testigo de nuestros encuentros.

-Anda, guapo, desabróchate un botón de la camisa
-¿Ahora? ¿No ibamos a.......
-Callate un poquito y hazlo

Me desabroché el botón de arriba de la camisa

-Um, que poquito se ve. Desabróchate otro botón

Así lo hice.

-Joder, como me gusta verte así.

Se empezó a chupar un dedo.

-Ummmm, pon las manos en la espalda. Como si te hubieran esposado.

Y empezó a pasar su dedo húmedo por mi pecho. Buscando mi pezón izquierdo. Llego a él. Gemí.

-Ya se te pone durito, uf, que bueno.

No era lo único que se me ponía durito.

-Quitate los pantalones
-¿Seguro?
-Mira que te he dicho que callaras un poco...

Me siento en el sofá, me quito los zapatos y los pantalones.

-Bien, y ahora te vas al cuarto de baño y te pones lo que te he dejado.

Cuando entro en el cuarto de baño, me encuentro con una bolsa transparente en la que se ve un trozo de tela minúsculo. Está en la tapa del wc. Cojo la bolsa y saco el puñado de tela. Lo despliego y compruebo que es un tanga de color negro. Bueno, cuando digo tanga es para crear una imagen a quienes leeis porque aquella tela apenas tapaba algo de delante y nada por detrás. Un tanga de hilo con un triángulo que no ocupaba la palma de mi mano.

Con extrañeza me puse el trozo de tela y salí de esa guisa (y la camisa) del cuarto de baño, pero bueno, a Paco le gustó lo que vió y con un gesto de aprobación nos fuimos a cenar.
 
Las semanas intermedias entre mis encuentros con Paco, pasaban muy lentas y, seguramente, aquella fue igual. Y más, sabiendo que el sábado haríamos una excepción a lo que iba a ser una constante durante mucho tiempo.

Aquella noche, me presenté sobre las ocho, ocho y media en el pisito. Llevaba una camisa azul casi oscuro, pantalones de vestir y zapatos. Más arreglado de lo que solía salir, tal y como me había recomendado mi "amigo".

Cuando me recibió, vi que él también se había arreglado para la ocasión y, casualmente, coincidiamos en colores. Aunque el azul de su camisa era más claro que el mío e iba muy bien arreglado para la cena. Pensé que no estaba nada mal el madurito al que acompañaba, jeje.

Él también sonrío al verme cuando abrió la puerta y me hizo pasar. Creí que sería cosa de unos momentos el estar en la casa, pero me hizo ir al salón que había sido testigo de nuestros encuentros.

-Anda, guapo, desabróchate un botón de la camisa
-¿Ahora? ¿No ibamos a.......
-Callate un poquito y hazlo

Me desabroché el botón de arriba de la camisa

-Um, que poquito se ve. Desabróchate otro botón

Así lo hice.

-Joder, como me gusta verte así.

Se empezó a chupar un dedo.

-Ummmm, pon las manos en la espalda. Como si te hubieran esposado.

Y empezó a pasar su dedo húmedo por mi pecho. Buscando mi pezón izquierdo. Llego a él. Gemí.

-Ya se te pone durito, uf, que bueno.

No era lo único que se me ponía durito.

-Quitate los pantalones
-¿Seguro?
-Mira que te he dicho que callaras un poco...

Me siento en el sofá, me quito los zapatos y los pantalones.

-Bien, y ahora te vas al cuarto de baño y te pones lo que te he dejado.

Cuando entro en el cuarto de baño, me encuentro con una bolsa transparente en la que se ve un trozo de tela minúsculo. Está en la tapa del wc. Cojo la bolsa y saco el puñado de tela. Lo despliego y compruebo que es un tanga de color negro. Bueno, cuando digo tanga es para crear una imagen a quienes leeis porque aquella tela apenas tapaba algo de delante y nada por detrás. Un tanga de hilo con un triángulo que no ocupaba la palma de mi mano.

Con extrañeza me puse el trozo de tela y salí de esa guisa (y la camisa) del cuarto de baño, pero bueno, a Paco le gustó lo que vió y con un gesto de aprobación nos fuimos a cenar.
Durante el recorrido en coche, me preguntó como me encontraba de cómodo y recuerdo haberle dicho que entre lo que llevaba y nada no veía diferencia, que todo iba muy suelto, lo cual le hizo bastante gracia.

La cena fue de lo más amena. Aquel era un grupo de viejos amigos que ya habian cumplido las seis décadas y que recordaban viejas batallitas la mayor parte del encuentro. Y a mí, no me hacían mucho caso, aunque de vez en cuando me interpelaban para que no estuviera callado todo el rato.

Lo que me fijé es que Paco hablaba bastante con uno de ello, Pedro. Y lo que hablaban era de trabajo, con el tiempo supe que ambos se dedicaban a lo mismo, con la diferencia de que a Pedro le iba bastante mejor que a mi amigo, por lo demás pude averiguar que dos de ellos eran abogados así que entendí que se habían conocido cursando Derecho hacía ya unos 40 años y que, efectivamente, quedaban una vez al mes para cenar. No iba a ser la única vez en que participara en una de sus reuniones.

Al acabar, por supuesto, volví con Paco. Y mientras circulábamos por la capital, con sus innumerables semáforos, aprovechaba las paradas para llevar su mano derecha a mi muslo ya acariciarme y, de paso, rozarme el paquete. Lo hacía sin mirarme, como si estuviera concentrado en el tráfico y no en notar como me ponía. Llegó un momento en que separé las piernas para que tocara bien y lo que hizo fue cogerme el paquete y apretar. Solté un gemido bastante ruidoso y quitó la mano.

Durante la siguiente media hora, no hubo nada más. De hecho, el viaje fue en silencio hasta llegar a nuestro lugar de encuentros.

Una vez en el piso, Paco ya no se pudo aguantar más. Apenas entramos me llevó a la pared y me tapó la boca con la mano.

-Desabrochate la camisa, anda. Si no te la voy a romper, uff.

De manera incómoda, me fui desabotonando la camisa mientras su mano me impedia mover los labios y sus ojos se clavaban en los míos, llenos de impaciencia.

-Ahora desabotonate el pantalón y bájate la cremallera

A tientas, me desabroché el pantalón y el cinturón y bajé por completo la cremallera, tal y como me ordenaba.

-Date la vuelta y ponte cara a la pared

El tono era imperativo y no rechistaba a ninguna de sus órdenes porque aquello eran órdenes. A eso siguió el quitarme la camisa y tirarla, además de bajarme los pantalones hasta los tobillos, dejándome con el culo desnudo a su entera disposición porque el hilo era mínimo.

Él se puso a quitarse la ropa mientras me tenia de esa manera pegado a la pared.
 
Durante el recorrido en coche, me preguntó como me encontraba de cómodo y recuerdo haberle dicho que entre lo que llevaba y nada no veía diferencia, que todo iba muy suelto, lo cual le hizo bastante gracia.

La cena fue de lo más amena. Aquel era un grupo de viejos amigos que ya habian cumplido las seis décadas y que recordaban viejas batallitas la mayor parte del encuentro. Y a mí, no me hacían mucho caso, aunque de vez en cuando me interpelaban para que no estuviera callado todo el rato.

Lo que me fijé es que Paco hablaba bastante con uno de ello, Pedro. Y lo que hablaban era de trabajo, con el tiempo supe que ambos se dedicaban a lo mismo, con la diferencia de que a Pedro le iba bastante mejor que a mi amigo, por lo demás pude averiguar que dos de ellos eran abogados así que entendí que se habían conocido cursando Derecho hacía ya unos 40 años y que, efectivamente, quedaban una vez al mes para cenar. No iba a ser la única vez en que participara en una de sus reuniones.

Al acabar, por supuesto, volví con Paco. Y mientras circulábamos por la capital, con sus innumerables semáforos, aprovechaba las paradas para llevar su mano derecha a mi muslo ya acariciarme y, de paso, rozarme el paquete. Lo hacía sin mirarme, como si estuviera concentrado en el tráfico y no en notar como me ponía. Llegó un momento en que separé las piernas para que tocara bien y lo que hizo fue cogerme el paquete y apretar. Solté un gemido bastante ruidoso y quitó la mano.

Durante la siguiente media hora, no hubo nada más. De hecho, el viaje fue en silencio hasta llegar a nuestro lugar de encuentros.

Una vez en el piso, Paco ya no se pudo aguantar más. Apenas entramos me llevó a la pared y me tapó la boca con la mano.

-Desabrochate la camisa, anda. Si no te la voy a romper, uff.

De manera incómoda, me fui desabotonando la camisa mientras su mano me impedia mover los labios y sus ojos se clavaban en los míos, llenos de impaciencia.

-Ahora desabotonate el pantalón y bájate la cremallera

A tientas, me desabroché el pantalón y el cinturón y bajé por completo la cremallera, tal y como me ordenaba.

-Date la vuelta y ponte cara a la pared

El tono era imperativo y no rechistaba a ninguna de sus órdenes porque aquello eran órdenes. A eso siguió el quitarme la camisa y tirarla, además de bajarme los pantalones hasta los tobillos, dejándome con el culo desnudo a su entera disposición porque el hilo era mínimo.

Él se puso a quitarse la ropa mientras me tenia de esa manera pegado a la pared.

me encantan tus relatos, @pepebi
Ansioso espero la continuación!
 
Durante el recorrido en coche, me preguntó como me encontraba de cómodo y recuerdo haberle dicho que entre lo que llevaba y nada no veía diferencia, que todo iba muy suelto, lo cual le hizo bastante gracia.

La cena fue de lo más amena. Aquel era un grupo de viejos amigos que ya habian cumplido las seis décadas y que recordaban viejas batallitas la mayor parte del encuentro. Y a mí, no me hacían mucho caso, aunque de vez en cuando me interpelaban para que no estuviera callado todo el rato.

Lo que me fijé es que Paco hablaba bastante con uno de ello, Pedro. Y lo que hablaban era de trabajo, con el tiempo supe que ambos se dedicaban a lo mismo, con la diferencia de que a Pedro le iba bastante mejor que a mi amigo, por lo demás pude averiguar que dos de ellos eran abogados así que entendí que se habían conocido cursando Derecho hacía ya unos 40 años y que, efectivamente, quedaban una vez al mes para cenar. No iba a ser la única vez en que participara en una de sus reuniones.

Al acabar, por supuesto, volví con Paco. Y mientras circulábamos por la capital, con sus innumerables semáforos, aprovechaba las paradas para llevar su mano derecha a mi muslo ya acariciarme y, de paso, rozarme el paquete. Lo hacía sin mirarme, como si estuviera concentrado en el tráfico y no en notar como me ponía. Llegó un momento en que separé las piernas para que tocara bien y lo que hizo fue cogerme el paquete y apretar. Solté un gemido bastante ruidoso y quitó la mano.

Durante la siguiente media hora, no hubo nada más. De hecho, el viaje fue en silencio hasta llegar a nuestro lugar de encuentros.

Una vez en el piso, Paco ya no se pudo aguantar más. Apenas entramos me llevó a la pared y me tapó la boca con la mano.

-Desabrochate la camisa, anda. Si no te la voy a romper, uff.

De manera incómoda, me fui desabotonando la camisa mientras su mano me impedia mover los labios y sus ojos se clavaban en los míos, llenos de impaciencia.

-Ahora desabotonate el pantalón y bájate la cremallera

A tientas, me desabroché el pantalón y el cinturón y bajé por completo la cremallera, tal y como me ordenaba.

-Date la vuelta y ponte cara a la pared

El tono era imperativo y no rechistaba a ninguna de sus órdenes porque aquello eran órdenes. A eso siguió el quitarme la camisa y tirarla, además de bajarme los pantalones hasta los tobillos, dejándome con el culo desnudo a su entera disposición porque el hilo era mínimo.

Él se puso a quitarse la ropa mientras me tenia de esa manera pegado a la pared.
-Anda, quitate los zapatos y los calcetines

Me arrodillé a hice lo que me dijo, apartando los pantalones. Luego, me incorporé, quedando de nuevo, cara a la pared. Paco aprovechó para llevarme, suavemente, pegado por completo y me puso la mejilla pegada a la pared. Poco a poco, sus manos bajaron por mi espalda y fue llevando el resto de mi cuerpo, hasta quedar todo pegado. Incluso puso sus manazas en mis nalgas y las apretó suavemente hacia la pared haciendo que mi paquete quedara completamente apretado.

Después de esto, cogió mis brazos y los puso paralelos al cuerpo, como si los quisiera ver alineados.

-Aguanta así

Se fue a la habitación y salió con la caja que ya tenía conocida. La puso en la mesa que ocupaba el salón y buscó lo que iba a utilizar esa noche conmigo.

-Lástima que sea tan tarde, si no ibamos a estar aqui cuatro o cinco horas-me comentó cuando vino pertrechado.

Me cogió una de las muñecas y pasó el hilo de cometa que había utilizado la semana anterior, sujetándome esa muñeca y pasando el hilo por mi zona lumbar hasta sujetar la otra. De esa manera, no podía echar los brazos hacia delante, solo hacia atrás. Pero quedaron en paralelo a mi cuerpo.

Cortó el trozo que sobraba y lo guardó en la caja, volviendo con la bolita que me había enseñado en nuestro último encuentro.

-Date la vuelta, nene. Y da dos pasos hacia delante cuando te gires.

Así lo hice, encontrándome con Paco cara a cara, con la bola en una mano y tocándose la polla con la otra.

-Hoy vas a probar esto, que creo que te va a gustar. Pero, me lo vas a decir cuando acabemos. Si no pues probaremos otras cosas, pero si es que sí, te lo pondré siempre para follarte. ¿Entendido?
-Sí, Paco.

Yo no sabía si se refería a la bola que me había enseñado, a la cuerda con la que me tenía atado o a la polla que llevaba cogida mientras hablaba. Pero era un sí a todo.

Se colocó detrás de mí y me dijo:

-Abre la boca.
 
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