Mi inicio

Cuando acabamos de secarnos, me invita a salir primero del cuarto de baño. Conforme lo hago y paso por su lado, me lanza una palmada al culo. Bien fuerte, haciéndome daño.

Y antes de que me queje, me tapa la boca con una de sus manos y me aprieta contra él. Noto su polla bien dura entre mis nalgas, una de las cuales me duele por la palmada, pero su mano no me deja quejarme.

El brazo que me atrapa contra él, sube desde mi cadera hasta el pecho mientras la otra mano me tapa fuertemente, cerrándose y asustándome un poco. Pero noto su deseo, como su polla está enderezada detrás de mi y su lengua me recorre un hombro, hasta la oreja y vuelve a bajar quedándose en mi cuello. Soy un muñeco bajo el poderío de sus manazas...

Me lleva hasta la mesa del salón y me susurra al oído:

-Hoy es nuestro primer día, nene. Creo que ya estás preparado.

Me suelta y me gira cara a él. Nos besamos. Mis manos van a su pecho, acariciando su vello, mientras las suyas están en mi culo, magreándolo bien. Me arrodillo sin decirle nada y me pongo su polla en la boca. Poco a poco, sin prisa, la ensalivo toda, con los ojos cerrados, cogiéndola a dos manos, con cierta torpeza hasta que la tengo toda dentro.

Él me deja hacer y no me fuerza a nada, satisfecho de mi deseo y de mis ganas de agradarle.

Después, me hace sacar su pene y me ayuda a ponerme de pie, otra vez.

-Date la vuelta y apoya la cara en la mesa.

Así hago. Apoyo mi barriga en el borde y me inclino tal y como me dice. Obediente, tal vez demasiado, me viene a la cabeza en ese momento.

-Separa las piernas, Jose. Nos vendrá mejor a los dos.

Hago como él dice. Y noto como se aleja, oigo el sonido de un cajón que se abre y revuelven en él. Al poco, se acerca a mi y lo veo enfrente.

-Abre la boca

Obedezco y me pone un pañuelo doblado.

-Muérdelo.

Sin rechistar, muerdo el pañuelo.

-No se cuanto puedes aguantar el dolor y no se cuanto te voy a hacer, pero puede que no te duela. Lo importante es que disfrutemos y lo voy a hacer lo mejor posible, eso tenlo claro y también, ten claro que no vas a olvidar esta mañana.

Quieto me quedé, con los nervios en el estómago. A pesar de que confiaba en Paco y en su experiencia en la vida, nunca sabes que puede pasar.
 
Cuando acabamos de secarnos, me invita a salir primero del cuarto de baño. Conforme lo hago y paso por su lado, me lanza una palmada al culo. Bien fuerte, haciéndome daño.

Y antes de que me queje, me tapa la boca con una de sus manos y me aprieta contra él. Noto su polla bien dura entre mis nalgas, una de las cuales me duele por la palmada, pero su mano no me deja quejarme.

El brazo que me atrapa contra él, sube desde mi cadera hasta el pecho mientras la otra mano me tapa fuertemente, cerrándose y asustándome un poco. Pero noto su deseo, como su polla está enderezada detrás de mi y su lengua me recorre un hombro, hasta la oreja y vuelve a bajar quedándose en mi cuello. Soy un muñeco bajo el poderío de sus manazas...

Me lleva hasta la mesa del salón y me susurra al oído:

-Hoy es nuestro primer día, nene. Creo que ya estás preparado.

Me suelta y me gira cara a él. Nos besamos. Mis manos van a su pecho, acariciando su vello, mientras las suyas están en mi culo, magreándolo bien. Me arrodillo sin decirle nada y me pongo su polla en la boca. Poco a poco, sin prisa, la ensalivo toda, con los ojos cerrados, cogiéndola a dos manos, con cierta torpeza hasta que la tengo toda dentro.

Él me deja hacer y no me fuerza a nada, satisfecho de mi deseo y de mis ganas de agradarle.

Después, me hace sacar su pene y me ayuda a ponerme de pie, otra vez.

-Date la vuelta y apoya la cara en la mesa.

Así hago. Apoyo mi barriga en el borde y me inclino tal y como me dice. Obediente, tal vez demasiado, me viene a la cabeza en ese momento.

-Separa las piernas, Jose. Nos vendrá mejor a los dos.

Hago como él dice. Y noto como se aleja, oigo el sonido de un cajón que se abre y revuelven en él. Al poco, se acerca a mi y lo veo enfrente.

-Abre la boca

Obedezco y me pone un pañuelo doblado.

-Muérdelo.

Sin rechistar, muerdo el pañuelo.

-No se cuanto puedes aguantar el dolor y no se cuanto te voy a hacer, pero puede que no te duela. Lo importante es que disfrutemos y lo voy a hacer lo mejor posible, eso tenlo claro y también, ten claro que no vas a olvidar esta mañana.

Quieto me quedé, con los nervios en el estómago. A pesar de que confiaba en Paco y en su experiencia en la vida, nunca sabes que puede pasar.
Me cogí a la mesa como pude, mientras sus manos me recorrían la espalda y se pegaba a mis nalgas. Le notaba muy duro, algo en lo que ya me habia fijado en la ducha, pero que seguía llamando mi atención en alguien que ya tenía los 60.

Con firmeza, sus manos pasaban por mi espalda mientras su pene se asentaba en la puerta de mi ano, apretado. Al tiempo, bajó ambas manos a mi culo y me lo masajeó con fuerza.

Me metió un dedo en el culo, moviéndolo suavemente por dentro y dejándolo un buen rato.

Cuando intentó meter el segundo, le costó algo más, y al poco, sacó el que tenia metido y se fue del salón, unos segundos. Al volver, noto que lleva algo entre las manos y lo deja en un mueble detras mío.

Vuelve a mí y noto algo frío y gelatinoso en mi ano y como lo restriega con los dedos, mientras va metiendo de nuevo dos dedos dentro de mi. Esta vez, con más facilidad.

-Bueno, nene ¿Preparado?

Estas son las palabras que resuenan, de pronto, en el salón. Paco aparece a mi derecha, completamente desnudo y excitado, con un preservativo en la mano. Se lo lleva a la boca y rompe el envoltorio. Y delante de mí, se pone el condón.

Se pone detrás de mi y vuelvo a notar el frío del gel de antes y como pone la punta de la polla en la entrada de mi ano.

Mi excitación y mis nervios se mezclan. Cierro los ojos e, instintivamente, separo un poco más las piernas.

Noto como entra un poco, suavemente. Se queda parado.

Sus manazas buscan mi vientre y las pasa por debajo del cuerpo. Se coge y me aprieta.

Entra un poco más. Muerdo con fuerza el pañuelo y gimo.

Sigue entrando, sin prisa. Cogiéndome cada vez un poco más arriba. Y yo disfrutando del momento...

Lo noto muy dentro, abro la boca de manera instintiva y me cae un poco el pañuelo. Empieza a moverse de delante a atrás, con suavidad. Estamos en silencio, pero noto su esfuerzo por follarme. Él también suelta gemiditos cuando empuja.

Su ritmo va, poco a poco, en aumento. Su cadera golpea mis nalgas, cada vez con más frecuencia. Al final, pierdo el pañuelo de la boca y gimo de manera clara. Aquello me estaba gustando mucho. Tal vez, demasiado. Ese día, al menos, no tenía ganas de pensar, solo de disfrutar.

Tardó un poco, pero Paco se corrió dentro de mí. La cara de cansancio y satisfacción que tenia al retirarse, lo decía todo. No hacía falta ser novato con tíos como para no darme cuenta, jejeje.
 
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