Más fácil para disfrutarlo no lo puede tener, la verdad. Encima habláis de confianza, de morbo, de que tu mujer está por la labor y de que nadie le está pidiendo que cruce una línea que no quiera cruzar. Blanco y en botella.
Al final hay oportunidades que no pasan veinte veces en la vida, y cuando encima vienen tan bien puestas, lo normal sería al menos saber jugar un poco con ellas. Aunque sea sin volverse loco, sin hacer nada que le remueva demasiado, pero sí dejando de mirar siempre desde la barrera.
Porque una cosa es tener líneas rojas, que es respetable, y otra convertirlas en murallas hasta para lo que claramente podría disfrutar sin meterse en ningún jardín. Y por lo que cuentas, tu mujer le está poniendo el caramelo delante de la boca desde hace tiempo…
Así que sí, él sabrá, pero como siga dejando pasar tantas, el día que se canse tu mujer o se enfríe la gracia, se va a llevar un buen chasco. Estas cosas tienen su momento, y el momento, cuando pasa, no siempre vuelve a llamar.