No sé si cuenta como experiencia para este hilo, pero ahí va:
Cuando me mudé por primera vez tuve que vender un sofá que compré rebajado por muy poco dinero, deberían ser unos 200 euros. Como a la vista era un sofá muy resultón, aunque no era muy cómodo, pensé que podría venderlo por lo mismo que me costó y lo puse en la conocida plataforma de venta de segunda mano. En seguida me contactó una chica para comprarlo con el único inconveniente que se lo tenía que llevar porque ella no tenía ningún medio. Vivía en una ciudad cercana, la distancia no era un problema, pero yo tampoco tenía un transporte dónde cupiera el armatoste. Conseguí que el padre de un amigo me dejara una furgoneta y se lo llevé y se lo subí a casa. Era verano, yo sudo muchísimo y, aunque el sofá era de mala calidad y no pesaba demasiado, el esfuerzo de cargar por las escaleras esos bultos tan grandes me hizo llegar asfixiado arriba. A mi favor, no era un sofá pesado, pero era un sofá muy grande. Cuando termine de subirlo, la chica me ofreció un vaso de agua y como había aparcado bien y no tenía prisa accedí. Juro que no tenía ninguna intención, sólo quería hacer una buena venta y la chica tampoco me recibió con ropa sexy ni nada parecido. Sin embargo, empezamos a hablar mientras me tomaba el vaso de agua fría y hubo feeling. Parece que el sudor del verano junto con el ejercicio físico me jugaron a favor y la chica me hizo un comentario sobre mis brazos. En ese momento ya cambié el chip y empecé a pensar en el morbo que daría que pasara algo. No tuve que ingeniármelas de ninguna manera, ella lo hizo todo. Fue a otra habitación a por el dinero, me lo dio y sin contarlo lo puse en el bolsillo, inmediatamente me dijo: "Estás seguro que este sofá resiste bien? parece que es un poco enclenque" y se subió a 4 patas y botó en él. Yo la miraba, se giró hacia y se irguió, y nuestras caras quedaron una en frente de la otra y fue irresistible no besarla. En ese momento fuimos muy directos, ella me cogió el paquete y yo le metí la mano en sus braguitas y empecé a tocarla. Eso estaba súper húmedo y en pocos segundos empezaron a salir chorros. Sí, ella hacía squirting. Un regalo divino, echaba muchísimo de menos esa sensación que sólo pude disfrutar con mi primera novia. Un rara avis. En seguida nos desnudamos y la puse en su posición orginal en el sofá y empecé a empujarla fuerte mi cadera contra su culo. Un polvo conejero dónde sólo se escuchaban sus gemidos y mis huevos chocando en su culo. Nos corrimos en pocos minutos. Me dio otro vaso de agua, quedamos en volvernos a escribir y nos depedimos con un beso. Cuando llegué a la furgoneta, conté el dinero y me había dado 50 euros de más. Me callé como un puto (¿Nunca mejor dicho?) y me quedó una anécdota graciosa y morbosa que me he hartado a contar con amigos.