calvo45
Miembro muy activo
- Desde
- 14 Ago 2023
- Mensajes
- 391
- Reputación
- 515
ole ole!!!En 2026 sigue la serie!!
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Note: This feature may not be available in some browsers.
ole ole!!!En 2026 sigue la serie!!
BuenísimoCAPÍTULO 3: EL PACTO CON LUISA
Después de lo ocurrido en el cuarto de baño, y aunque los dos hubiéramos acabado bien relajados, se hacía un poco rara la convivencia con mi madre. Aquella noche ya cené con ella y mis hermanas y no sé si cualquiera de ellas dos habrían percibido algo de tensión en el ambiente. Cuando me fui a dormir, solo di un par de vueltas y mis pensamientos se durmieron junto a mi muy plácidamente. Terminaba un sábado y el día siguiente era un domingo de finales de julio, aunque eso no tendría mucha relevancia porque todos en mi casa gozábamos de vacaciones. Sin remedio, yo tendría que quedarme allí con mi reposo absoluto.
Me desperté tarde. Aquel día fue mi madre quien estuvo más por mi. Me preparó un chocolate con leche de avena y galletas, me trajo un libro del salón para que leyera (evidentemente, con mi mano derecha inutilizada no podía jugar con mi consola portátil) y se sentó junto a mi a charlar para que nos animáramos los dos. La tensión que había habido el día anterior cenando con mis hermanas ya no estaba, con lo que estuve muy agradecido. No obstante, si que había algo de "raro" en cuanto nos dirigíamos la palabra.
Mis hermanas no estuvieron demasiado tiempo en casa y el poco tiempo que estuvieron se lo pasaron en la piscina. Mi habitación daba al jardín así que las podía ver si me levantaba de la cama. Ver chicas en bikini es algo que a mi siempre me apetece, pero cuando tengo que estar de pie y no me encuentro bien, prefiero quedarme en la cama. Y si encima me dan envidia por estar disfrutando ellas de algo que yo no puedo... pues razón de más. Mi madre no bajó a la piscina, supongo que por una especie de solidaridad conmigo, aunque no me habría molestado. Cuando ella estaba por sus cosas, volví a intentar pajearme yo solo, ya que aún me sentía bastante necesitado. Más fracasos: mi mano izquierda era totalmente inútil.
El día pasó más rápido que el anterior y casi me da un vuelco el corazón cuando, después de que mi madre entrara en mi habitación, le oí decir:
-¿Te apetece hoy también una ducha antes de cenar?
No lo dudé, aunque tardé un poco en responder:
-Claro, mamá...
-Pues vamos allá.
Ya en el cuarto de baño yo volvía a estar en calzoncillos de la misma forma que ya me había visto un día antes mi madre. No disimuló que lo estaba mirando:
-Ya estamos otra vez ¿no?
-Pues eso parece, mamá... -respondí.
No se refirió más al tema y siguió todo como el día anterior, aunque ella estaba mucho menos nerviosa y, por qué no decirlo, yo también. Cuando llegó al momento de enjabonarme la polla no dudó y, jabón en mano, me lo empezó a esparcir a lo largo del falo. Yo no reprimí mucho mis pequeños gemidos de gustillo. Mi madre habló:
-Cariño, estás como ayer... ¿Quieres aprovechar e intentarlo?
-Vale mamá -dije yo.- Sujétame.
Esta vez mi madre no tuvo el arrebato de abrazarme para sujetarme, y fue una lástima porque yo tenía muchas ganas de sentirla cerca de verdad. Simplemente me agarró con sus manos con seguridad, apartando la vista de una manera que a mi me pareció que le requería un poco de esfuerzo. ¿Sentiría ella mucha curiosidad por verlo? Yo me agarré la polla con tanta firmeza como pude y la comencé a menear con mi mano izquierda. Pasaron varios minutos y la situación se tornó incómoda. Nunca antes en mi vida me había pajeado con la izquierda y no la tenía nada entrenada. Aparte de eso, la notaba cansada y me dolía forzarla, así que me estresé cuando entendí que no podría.
-Robe, cielo... -dijo mi madre denotando preocupación. Prudentemente giró su cabeza y miró mi miembro siento masajeado por mi mano "tonta".- ¿No lo consigues?
-Mamá, lo siento mucho... -dije muerto de vergüenza.- No me sale...
-Shh... -dijo ella llevándose un dedo a los labios.- No te preocupes cariño.
-Ayer ya estaba al borde de... de correrme -me supuso un esfuerzo decirlo,- y enseguida pude. Pero hoy me cuesta más trabajo conseguirlo... -maldecía aquella situación tan vergonzosa. A diferencia del día anterior, en aquel momento era yo quien estaba mucho más incómodo y nervioso que ella, ya que estaba casi temblando.- Y tengo el brazo muy cansado...
-Cariño -dijo mi madre con firmeza cortando mis absurdas lamentaciones.- Yo sé que tanto ayer como hoy la excitación te ha venido por varios motivos. Estás en una edad de hormonas revueltas y, tal y como me dijiste ayer, de masturbarse una vez al día. Además por culpa de un accidente hace una eternidad que no lo haces y tu sexualidad se está recuperando así. Con solo tener cerca un cuerpo de mujer aunque sea el de tu madre... pero yo te puedo ayudar solo hasta ciertos límites. Robe, hay cosas que no puedo hacer por ser tu madre... porque es así.
Yo miraba a mi madre aún consumido por mi vergüenza. De todas formas, ella no decía nada de aquello con tono severo, de hecho sonaba muy conciliador, como pidiéndome perdón por no poder ayudarme más.
-Aunque... -dijo ella después de un silencio,- como madre si que te puedo lavar y limpiar cuando tú solo no puedes... y si tú y yo consideramos que tu... -pausa para buscar la palabra adecuada mirándome a la polla,- que tu "miembro" aún no está limpio del todo lo puedo seguir enjabonando hasta que nos parezca que está suficientemente limpio. Y si sientes que vas a tener un "desafortunado accidente placentero" me avisas y te alivias en el momento en que vaya a salir.
Me quedé helado y abrí los ojos a más no poder. ¿Me lo acababa de proponer de forma indirecta (tirando a bastante directa)?:
-Mamá... yo...
-¿Sigo enjabonando o no? -dijo ella con un tono deliciosamente cariñoso y amable.- Tú decides...
-Sí, por favor, mami... -le rogué.
Se volvió a enjabonar la mano y la dirigió a mi polla. Antes de que la tocara dije:
-Gracias... te quiero mucho.
-Tontito... -dijo ella,- yo también a ti, ¡Por eso te limpio tan bien!
Sonreí emocionado. Mi madre era genial y me estaba a punto de hacer sentir otra vez su mano en mi pene, acariciándome... y esta vez con el objetivo de llevarme al borde del orgasmo y que a mi no me costara nada provocármelo al final. La punta de sus dedos rozaban mi glande cuando me estremecí de placer. Movió la mano primero poco a poco y, con la excusa de esparcir el jabón, me empezó a pajear. No lo podía creer. Nunca me había pajeado ninguna otra mano que no fuera la mía y allí estaba: siendo masturbado por mi propia madre. ¡Qué locura! Y cuanto lo había estado deseando en el fondo... Quise que el mundo se detuviera allí mismo al no poder imaginar nada más feliz.
-Mami... -dije jadeando.- Me gusta mucho...
-Cariño... -contestó ella.- ¿Tanto te gusta que te enjabone? Yo solo estoy haciendo eso ¿eh?
-Sí mamá, me encanta. Me encantas...
Ahí creo que se sonrojó y quizás se incomodó un poco pero no paró ni un segundo. Ya no disimulaba: me estaba haciendo una paja con todas las letras. La miré. Estaba un poco inclinada hacia mi polla y, evidentemente, sus enormes tetas quedaban muy a la vista, no muy protegidas por el escote que llevaba, bastante parecido al del día anterior, siendo otra camiseta de ir por casa en verano. Las quería tocar. Quería acariciarlas y agarrarlas fuerte. ¿Qué pasaría si lo hacía? ¿Y si por intentarlo todo aquel sueño se terminaba? Ella no me estaba sujetando pero me sentía seguro si dejaba de apoyarme en la pared con mi mano izquierda. Decidí hacerlo, pero me decidí tarde: cuando estaba a punto de lanzarme noté mi esperma llamando a la puerta para salir. Tenía que avisarla porque aquel era el trato.
-Mamá... ¡Me voy a correr! -advertí.
-¿Ya? -dijo ella, y seguidamente soltó mi polla y me abrazó: esta vez sí. Las tetas que había estado a punto de tocar se presionaron contra mi y, como pude, terminé el trabajo que había iniciado mi madre con aquella dichosa mano izquierda. Me corrí de nuevo como un caballo y el semen se precipitó una vez más a la bañera. Era semen caliente, casi quemaba. Jadeé y me apoyé mucho en ella, que sostenía mi peso con firmeza. Me sorprendió dándome un tremendo besazo en la mejilla, de los sonoros. Pasados unos segundos y unos cuantos espasmos, respirábamos los dos relajados.
-Gracias otra vez, mamá -dije.- Te quiero un montón...
-Ya lo sé, hijo -dijo ella.- Sabes que no tienes que agradecerme nada... y que yo también te quiero... por eso te... -otra de sus pausas para buscar la palabra adecuada,- "ayudo".
-Pues gracias por tu ayuda -dije yo.
Mientras me secaba, mi madre tomó la decisión de hablar del tema sin necesidad de incomodarse, pero para acordar unas pautas:
-Bueno, Robe, no hay que sentirse culpable, no es nada grave lo que hemos hecho.
-Claro, mami -dije divertido.- Solo me enjabonabas la...
-Claro, claro -dijo ella cortándome y haciendo como que se hacía la tonta.- Y tu por "casualidad" has visto que te corrías y te has masturbado mientras yo creo que ni me enteraba -me guiñó un ojo.- Sea como sea, ahora en serio... No pasa nada por esto ¿vale? No me siento tan incómoda como me habría podido imaginar que me podía sentir... Por lo tanto mientras tú no puedas... lo podemos hacer así.
-¿En serio? -dije, interrumpiendo yo esta vez casi sin poder creerlo del todo.
-Bueno, Robe... pero ahora ya has soltado la parte que más necesitabas, entre ayer y hoy. Sé que estabas acostumbrado a una al día, pero para que un adolescente "sobreviva" yo creo que con una cada tres días es suficiente. ¿Qué me dices?
No quería quedar mal y decirle "¿solo eso?" así que dije:
-Si tú lo ves así, mamá... a mi me parece bien.
-Y, POR SUPUESTO, esto será nuestro secreto -dijo con firmeza.- Entonces ¿Trato hecho? -me extendió su mano para que la chocara, aluciné con aquel gesto, la verdad es que me dio mucho morbo que mi madre quisiera cerrar de aquella manera un trato que implicaba que me ayudaría a masturbarme durante un tiempo.
-Trato hecho -dije yo estrechando su mano con mi izquierda.
-Cuando recuperes fuerzas podrás volver a tu paja diaria -dijo ella con alegría. La verdad, hablando cómodamente de sexo y habiéndolo prácticamente practicado con su hijo se la veía radiante y despreocupada. Parecía como si estuviera feliz por ello.
-Mamá... -me reí.- Me verás ahora como un pajillero...
-¿Acaso no lo eres? -se rió ella a carcajadas con su broma.- ¡Mi niño se ha hecho mayor y se ha vuelto todo un pajillero! Al decir esto, dejó de secarme con la toalla y me toqueteó el pene que estaba en estado morcillón. Le hizo como cosquillas y me reí más:
-¿Ahora me metes mano, mamá?
-Jeje -se sonrojó de su propio atrevimiento sonriendo con picardía y volvió a secarme.- Pues mira, sí. Te he metido mano... -dijo con un orgullo falseado, siguiendo en su tónica de humor.- Total, antes ya te he tocado bien... -me guiñó un ojo. Creo que tenía que aprovechar esta oportunidad. ¿Sería aquel el momento? Pues sí: lo era. "Vamos allá" me dije.
Mi mano izquierda se catapultó a su teta izquierda y la agarró pillando a mi madre totalmente desprevenida, aunque fuera por encima de la camiseta y solo fuera un segundo la apreté suavemente y noté su masa. ¡Por fin! Le había sobado una teta a mi madre. La musa de mis pajas, sobretodo por aquellas dos razones (aunque me gustara ella entera).
-¡Robe! ¿Qué haces? -estaba sorprendidísima de mi atrevimiento y se había quedado helada.
-Si tú me metes mano, pues yo también a ti... -dije ahora yo, fingiendo orgullo.
Ella estaba alucinando pero su sonrisa ganó. Creo que pensaba que no podía molestarse conmigo: había sido un toqueteo en broma y ella había hecho lo mismo justo antes.
-Serás... -dijo aún sorprendida pero riendo.- ¡Vaya con el niño! Vale, ahora estamos empatados... -siguió hablando en un tono marcadamente amable y comprensivo para que no sonara a bronca,- pero recuerda que lo de meter mano así a tu madre es un poco raro ¿eh?
-Jaja... -reí nerviosamente.- Vale, mamá. Perdona.
Me acababa de secar. Me ayudó a ponerme el pijama y nos fuimos a la cocina a conversar mientras ella hacía la cena. Estuvimos bien, conversando como si todo fuera normal, y esa sensación fue maravillosa. Marta llegó un ratito después y luego llegó Laura. Cené con las tres, feliz de mi familia, sobretodo de mi madre, una mujer única.
. . .
Lunes. Otro día aburrido. Solo llevaba tres días en casa y no me parecía mucho mejor que el hospital. El hecho de que fuera verano hacía que yo lo llevara peor. Mis pensamientos iban cambiando, pero siempre pasaban por mi madre: me acordaba de como me había tocado, pensaba en sus tetas... No podía esperar a que llegara el miércoles. Por la noche me volvió a duchar. No me empalmé tanto como los días anteriores. Supongo que fue por la concienciación que debía aguardar al tercer día, porque no creo que estuviera totalmente desahogado y menos viendo todo el santo día a mi madre en pantalón de chándal corto y camisetas de tirantes escotadas de estar por casa, sin sujetador debajo. Durante la ducha todo fue normal y no se trató el tema masturbatorio.
. . .
Martes. No fue un día aburrido, pero fue un poco duro. Mi madre me había asegurado que un chico de mi edad podía sobrevivir perfectamente de sobras con una paja cada tres días, pero después de lo que me hizo inconscientemente... Aquel día entró a mi cuarto con el bikini amarillo puesto.
-Cariño -dijo con tono meloso.- Hace un calor terrible... no te importa que baje un momentito a la piscina ¿Verdad?
-Jaja -me reí intentando aguantar el tipo y que mis ojos no se salieran de sus órbitas.- Claro mamá, para eso está la piscina, no me digas que no te bajabas a bañar por mi... ¡No seas tonta y aprovecha, que te mereces las vacaciones como cada año!
-Eres un sol, Robe... -y vino hacía mi para agacharse como una diosa en bikini y darme un beso tierno en la mejilla mientras me acariciaba los hombros.- Te vas a poner bueno enseguida y aún la podrás aprovechar este año, ya verás...
No sé si me pondría bueno pronto, pero en aquel momento me estaba poniendo malo malo. Me levanté de la cama a mirar por la ventana y verla nadar. Era como una sirena de mis sueños y aunque me cansaba de estar de pie, no me cansaba mirarla. Ella miró a mi ventana y me sorprendió mirándola. ¿Por qué había mirado de pronto a mi ventana? ¿Qué estaba pensando para tener ganas de mirar hacía donde estaba yo? ¿Esperaba verme allí mirando o solo quería mirar hacia mi ventana y yo la había sorprendido tanto como ella a mi? Nos quedamos los dos congelados un par de segundos y al final ella me sonrió ampliamente saludándome con la mano. También sonreí y le devolví el saludo. Siguió nadando y no volvió a mirar a mi ventana. Me pregunté si sabía que yo la seguía observando durante un buen rato.
Cuando llegó la hora de ducharme ella me volvió a ver en todo mi esplendor:
-Vaya, Robe -dijo sin tapujos.- Parece que esta no se acuerda que hay que esperar a mañana ¿eh?
-Jeje... -me reí despojándome de la vergüenza.- Pues sí... espero que no estalle antes.
-¡Jaja! -me dijo mi madre guiñando un ojo.- Tú tranquilo, cuanto más esperes más fácil nos será... Y mañana vuelves a tener premio ¿Vale? Tu aguanta, mi amor...
Me enjabonó sin detenerse demasiado tiempo en ningún sitio, para mi desgracia, y estuve luciendo aquella erección durante todo el baño. A la hora de cenar me tranquilicé diciéndome a mi miso que mañana era mi gran día.
. . .
Miércoles. Otro día más. Otra visión de mi madre en bikini por la mañana. También de mis hermanas, que se pasaron el día entero así, ya que iban entrando y saliendo de la piscina cuando querían porque se secaban rápido cuando se tumbaban a tomar el sol. Mi madre me vino a buscar a la habitación y me dijo:
-Robe, cariño... Si quieres puedes bajar y te tumbas junto a la piscina, no te puedes bañar pero puedes tomar el sol con nosotras.
-No sé mamá, ahora... -le dije.
-¿Por qué no? -preguntó ella.- ¿No te apetece el sol?
-Sí, mamá -respondí yo.- Pero estoy de aquella manera que ya sabes cada dos por tres.
-Vaya -dijo mi madre viendo que el tema volvía a salir- ¿Pero en qué piensas tanto, hijo? -preguntó sin esperar respuesta.
-No solo es lo que pienso, mamá -quería hacérselo entender sin crear ningún mal rollo. Mi madre se quedó un segundo pensativa y bajó su mirada, se miró las tetas cubiertas y sujetadas como el bikini buenamente podía.
-Vale, hijo -dijo un poco avergonzada.- Lo siento... A la hora de la ducha te ayudo, lo prometo.
-No es culpa tuya estar tan bien, mamá... -me excusé,- pero gracias por tu ayuda igualmente.
-¿Estar tan bien? -preguntó sorprendida.- ¡Ay que cosas me dices, tontito! Me voy a dar un remojón...
Le dediqué una sonrisa y ella me la devolvió. Yo estaba tranquilo porque mi madre siempre cumple sus promesas. Cuando la tarde avanzó, llegó ya vestida otra vez con camiseta de tirantes y pantalón de chándal corto. Entró a mi cuarto suspirando de lo relajada que estaba después de aquel día caluroso en la piscina. Me sonrió y me dijo:
-¿Una ducha?
-Por supuesto -contesté.
En el cuarto de baño mi pene apareció, evidentemente endurecido a su máximo nivel. Mi madre no lo comentó pero lo miró con media sonrisa. Sabía que el trato nos permitía aliviarme hoy y le reconfortaba aquella sensación. Cuando llegó el momento de enjabonarme el cuerpo, mi corazón palpitaba a un ritmo muy alto. Me guiñó un ojo antes de empezar y me agarró la polla con su mano derecha mientras reposó la izquierda a la parte baja de mi espalda, se había agachado un poco y miré descaradamente sus tetas. Me sentía flotar y no me planteé tocárselas, por si perdía el equilibrio al dejar de sujetarme con la única mano que podía mover. Me pajeó disimulando cada vez menos. Solo aguanté unos minutos, pero lo mejor fue el final:
-Mamá... -dije, avisándola para que parara y yo solo me provocara el orgasmo.- Ya viene...
-Échala toda cariño... -pero no me soltó la polla. Me la siguió pajeando.
Y me corrí. Me corrí como un cabronazo. Fueron varios espasmos acompañados de abundantes chorros de esperma, mi cuerpo entero temblaba mientras me corría siendo pajeado por mi propia madre. La sensación de sorpresa de que aquello estuviera pasando de verdad era lo que me acababa de hacer llegar al éxtasis total. Gemí y gemí hasta acabar jadeando, mientras ella disminuía su ritmo, pero seguía acariciándome para prolongar mi placer. Mi semen le había pringado un poco los dedos antes de caer a la bañera, pero el agua de la ducha iba a limpiárselo en un momento. Me besó en la mejilla, aún agarrando mi falo con su mano, dándole cuidadosas caricias que prolongaban mi placer. Yo no podía casi ni hablar.
-Mamá... -dije entre jadeos.- Lo has hecho tú...
-Sí -dijo ella sintiendo mi polla ya relajándose en su mano y soltándola poco a poco.- Total si lo he empezado yo, no pasa nada porque la termine yo misma... -me sonrió.- No es mucho más grave. -Hizo una pausa y luego me preguntó:- ¿Que no te ha gustado?
-Mamá... -dije yo.- Nunca había sentido tanto placer corriéndome... -No sabía que más decirle, solo se lo agradecía con insistencia.- Gracias... ¡Muchas gracias! ¡De verdad!
-De nada, cariño -contestó.- Me sigo sintiendo un poco rara, pero verte bien me ayuda.
-Eres la mejor... -seguía alabándola yo.- Te quiero...
-Y yo -dijo.- Bueno, ahora ya hasta el sábado ¿eh?
-Sí, mami -asentí.
. . .
Jueves. Día relajado. Las rutinas habituales de verano en mi familia me alegraban bastante la vista pero no lo llegué a pasar mal. Por la tarde mi madre se fue a comprar pero no tardó demasiado en volver.
. . .
Viernes. Mi madre entró en mi cuarto con algo que me sorprendió. ¡Un bikini nuevo de color verde! Este era el típico de triángulos como sujetador y nudos a los lados de la braga. Aún enseñaba más que el amarillo. Me quedé atónito. Me dijo alegremente:
-¿Qué tal vas, cielo?
-¡Mamá! -balbuceé.- ¡Este bikini es nuevo!
-¡Sí! -dijo ella percatándose de que yo aún no lo había visto y mirándose al cuerpo, abriendo los brazos mientras se contoneaba luciendo su nuevo modelito.- Me lo compré ayer ¿Te gusta?
-Ajá... -dije yo con los ojos muy abiertos.- Mucho...
Ella seguía mirándose a lo suyo, sin enterarse del efecto que me estaba produciendo. Hasta que notó mi mirada. Sonrió en vez de avergonzarse:
-Hijito... -dijo de forma conciliadora.- No me dirás que ahora no puedo ir en bikini por casa. Lo tuyo es fuerte: solo con ver un poco de carne...
-No es solo eso mamá... -dije firme.- Ya sabes que pienso que tu estás...
-Ay niño... -dijo sonrojándose y sentándose en mi cama.- Qué cosas de decir... -Se rió.- ¡Si ya soy una vieja!
-¡Ni hablar! -dije yo serio.- Ya les gustaría a muchas de mi edad estar como tú...
-Jeje... cariño... -se inclinó para darme un beso en la frente.- Sé que es por tu abstinencia sexual de la que aún te estás recuperando. No es lo más normal del mundo opinar eso de una madre -me quedé en silencio, sintiéndome un poco culpable, por lo que ella pensó que debía cambiar el tono para no hacerme sentir mal.- Pero no te preocupes, ya sabes que he decidido "echarte una mano" así que no me pongas esa cara, que no me voy a escandalizar porque me mires así. Cuando se te haya pasado, todo volverá a ser normal.
-Mamá... -dije abatido.- No creo que sea solo cosa del momento.
-Sí, hijo, sí -respondió.- Ya verás como, en unos días y cuando puedas pajearte tu solo, ya se te pasará tanto calentón "familiar".
-Si tú lo dices... -yo no me lo creía. Mi madre ya me gustaba antes del accidente así que aquello no era una tontería mía, pero ella no sabía aquel detalle y tuve dudas acerca de contárselo.- Yo no lo veo así.
Me volvió a besar en la frente:
-Tú tranquilo y ya sabes que puedes contar conmigo para casi todo. Cuéntame lo que quieras, ¿vale? -asentí con la cabeza pero no dije nada. Debido a mi silencio dijo:- ¡Ahora me voy a la piscina un rato!
. . .
Sábado. ¡Tocaba paja! Me levanté de buen humor solo por este pensamiento. Mis hermanas no estuvieron en casa casi ni un rato por lo que los chapuzones de mi madre fueron en solitario. Por la tarde se fue a hacer la compra semanal y volvió cargada de bolsas:
-¡Cielo! -me gritó desde el piso de abajo.- ¡Ya estoy aquí! ¡Hoy tenemos cena especial para celebrar que llevas una semana en casita.
Subió y entró a mi habitación llamando primero. Estaba vestida de calle, radiante con una blusa corta un poco escotada (no tanto como las camisetas de ir por casa) y una falda negra que le llegaba por encima de las rodillas. Llevaba pendientes y un toque muy suave de maquillaje.
-¡Hoy estoy muy contenta y quiero celebrarlo! -dijo irradiando felicidad.- Vamos a comer unos fideos con verduras. ¿Qué te parece?
-Estupendo -dije yo sonriendo.- Mi apetito había aumentado hasta llegar a la normalidad durante aquella semana.
-Pero antes... -bajó el volumen de la voz y cambió a tono picarón.- ¿Una ducha antes de que vuelvan Laura y Marta?
Sonreí. Y me atreví a decir:
-Mamá, nunca había necesitado tanto una ducha, solo de verte entrar en mi cuarto tan preciosa… -me destapé y señalé mi paquete abultado.- Ya me entiendes.
-¡Ya estamos otra vez con los piropos! -se rió.- ¿No quedamos en que yo soy tu madre y que tienes que vaciar esos huevines para dejar de pensar en eso?
-Mamá.. que eso no va a funcionar -dije como si se lo hubiera dicho ya millones de veces.- Te dije que no es una tontería derivada de mi accidente, de hecho... -me callé. Mi madre puso gesto de estar muy interesada.
-De hecho ¿Qué? -dijo.
Yo no sabía bien qué decir ni como decirlo. Al final fui valiente:
-Mamá... de hecho es justamente al revés... el accidente fue por eso...
-¿Como dices, Roberto? -preguntó ella.
-Pues eso... yo... -me costaba hablar, volví a coger aire y dije:- yo me caí porque tenía la vista fija en otra cosa...
-La vista fija en... -repitió mi madre,- ¿Otra cosa?
-¿No te acuerdas? -le pregunté.
-Yo estaba... -se quedó pensativa e hizo memoria.- Me estaba quitando el bikini... Iba a nadar en topless...
-Así es -dije yo rendido ante la verdad.
-¿Sabes? -dijo ella reflexiva- En el fondo tenía esa sensación. Pero no podía ver hasta que punto era cierta. -Se le iba esbozando poco a poco una sonrisa.- Pensaba que el vino te había hecho perder el equilibrio, pero tu no bebiste tanto como yo...
-Fue porque estaba impaciente y no miraba ni por donde andaba -dije respirando profundamente.- Quería verte a la luz antes que volvieras a la oscuridad de la piscina...
-Hijo... -dijo ella muy maternal.- Lo siento mucho por la parte que me toca... Ni me imaginaba que esto hubiera podido pasar. Lo siento de verdad.
-Mamá, no es culpa tuya... -sonreí.- Soy un torpe.
-No pensaba que realmente sintieras tanta... -hizo otra de sus famosas pausas para buscar la palabra adecuada,- atracción... por mis pechos.
-Por toda ti, mamá. -me sinceré yo.
Se sonrojó de nuevo:
-Pues eso, que no lo sabía -iba haciendo pausas mientras hablaba.- Podríamos haberlo hablado antes... de haberlo sabido, claro...
-No te lo dije para que no te sintieras mal...
-No me siento mal, Robe -dijo sonriendo amistosamente.- Solo un poco... rara.
-Pues siento hacerte sentir rara -dije.
-No te preocupes, me alegra que hoy toque ayudarte. Además.. a mi edad mejor tomármelo como un halago.
Se puso las manos a los pechos y se los agarró, sujetándoselos. Dijo:
-Lo que estas han causado, voy a tener que ayudar a remediarlo yo.
-Mamá... tienes unas tetas espectaculares... -dije fascinado con aquel espectáculo.- Por lo poco que vi antes de caerme...
-¿En serio me dices esto, cariño? -preguntó ruborizándose. Luego su expresión cambió a algo más parecido a la curiosidad.- ¿Las llegaste a ver?
-No tanto tiempo como me habría gustado... -contesté.
-¡Ja! -rio ella.- ¿Y de cuanto tiempo estamos hablando?
-¿Es una propuesta? -pregunté interesado. Ella se calló hasta que dijo, con su sonrisa amable:
-Era solo una pregunta, cielo.
-Pues lástima -dije yo un poco más desinhibido y sonriendo.
-¿Me estás sugiriendo...? -preguntó lentamente,- ¿Que te las enseñe..?
-Sería fantástico, mamá -dije aún con mi sonrisa.- Eso es lo que he dicho.
-Ya pero eso también me hace sentir muy rara, cariño… -explicó ella.
-¿No lo ibas a hacer el día de la piscina…? -pregunté yo.
-Mira, a mi no me importa que me veas -se explicó,- vivimos bajo el mismo techo. Y en un momento dado, pues me podrías pillar cambiándome o algo por pura casualidad... Y no pasaría nada... Igual que el día de la piscina en que me apetecía hacer topless... -cambió su expresión y habló con un tono más catastrófico.- Pero enseñártelas expresamente...
-Eso que dices de esas puras casualidades nunca ha ocurrido, lamentablemente -contesté yo con pena.- Ya me habría gustado, pero no.
Mi madre me miró con ojos de duda. La tenía casi convencida pero no quería forzar la situación. Me atreví a decir:
-Evidentemente, si no quieres no hace falta. Ya las veré por casualidad.
Se quedó callada unos eternos segundos.
-Está bien... -dijo ella, rindiéndose y suspirando.- Pero porque he dicho que hoy celebrábamos una semana desde tu vuelta y lo podemos incluir en la "celebración". Que conste que lo hago todo para que te encuentres mejor ¿Vale?
-Vale, mamá -dije reprimiendo mi emoción. No me lo podía creer.
Se sentó a mi derecha en la cama. Yo también me incorporé y me quedé sentado. Ella se desabotonó la blusa sin ninguna prisa. Yo me recreé mirándola. Ella aceptaba que la mirara, de eso se trataba. Mientras tanto ella fue hablando:
-De hecho, aunque sea raro que quieras mirarme, no me avergüenza desnudarme delante de ti. Eres mi hijo y hay muchos hijos que ven a su madre desnuda como algo natural.
-Es verdad mamá, muchos de mis amigos las ven sin problema... Además tú también me has visto mucho desnudo últimamente.
No quise hablar más: puse toda mi concentración en el sentido de la vista. Cuando la blusa desapareció, tan solo un sujetador azul me separaba de verle bien las tetas por fin.
-¿Preparado? Te veo muy expectante... -dijo ella haciendo broma, un poco sonrojada pero con su sonrisa traviesa que me volvía loco.
-Sí -dije yo conteniendo la respiración.
Se empezó a desabrochar el sujetador. Ya nada me impediría verlas, sentado en mi cama no me resbalaría ni me caería. Además, ella lo hacía precisamente para que yo la viera. Podía mirarla descaradamente.
Cuando aparecieron, pensé que me había perdido en un sueño. No acabé de creer que fuera real. Era como tantas y tantas veces lo había imaginado, pero de verdad. Sus tetas eran grandes, redondas y pesadas (por eso caían un poco). Pero estaban increíblemente en su sitio para el tamaño que tenían y para una mujer de su edad. Eran una maravilla. Sus pezones eran rosados y de un tamaño mediano perfecto. No daba crédito. El primer sitio del que me alimenté era ahora mi mayor sueño, y estaba a un escaso metro de mi.
-Hijo... -dijo mi madre ya relajada por haber comprobado que no se sentía tan incómoda. Me interrumpió la reflexión.- ¡Te has quedado pasmado!
-Mamá... -no pude decir mucho más.
-Cariño... -sonrió mi madre afectuosa.- Y bien, ¿Qué te parecen?
-Me encantan, mamá. Me gustan mucho, muchísimo… -respondí emocionado.
No podía contenerme. Tenía que hacerlo otra vez aunque aquella ocasión ya no tenía excusa. Pero ¿como? ¿Pidiéndoselo? ¿Directamente?
-Parecen tan suaves -dije por instinto. Ella se mantuvo en silencio un tiempo mirándome sonriente, viendo como alegraba la vista a su hombrecito. Al final dijo:
-No has tocado nunca unas ¿verdad?
-Mamá -contesté yo.- El otro día te toqué una...
-¡Jaja! -rió mi madre.- Aquello no fue nada, además llevaba camiseta. Seguro que ni siquiera lo disfrutaste.
-Fue corto, pero lo deseaba tanto... -le confesé,- que me alegré mucho de que no te enfadaras.
-¡Ay, hijito! -dijo ella.- Si es que eres un sol.. es difícil enfadarse contigo.
-Y un día -recordé en voz alta,- haciéndole cosquillas a Marta, le toqué una teta por accidente. Noté que le está creciendo el pecho bastante rápido... Aunque luego pude comprobarlo con mis ojos, al verla en bikini en la piscina. ¿Te habías fijado?
-Bueno, -dijo ella mirándose el busto hacia abajo.- De tal palo... -me volvió a mirar a mi sonriente.- Es de la familia, no se puede negar. Pero en fin, ninguna de esas dos veces cuenta como tocar unos pechos como Dios manda.
-Entonces, según tú... -dije yo abatido,- no. Nunca he tocado unas, respondiendo a tu pregunta.
A todo esto yo seguía con mi mirada fija en aquellos pezones. Ella volvió a hablar cariñosamente:
-Te veo muy dubitativo... Anda, ¡que caray! Hemos dicho que hoy estábamos de celebración... ven.
Me agarró suavemente mi mano izquierda y poco a poco se la dirigió a su teta, totalmente desprotegida para ser tocada por mi. La hizo aterrizar poco a poco en su pecho derecho y empecé a palpar aquel deseado tacto.
-Mamá... dije balbuceando.- ¿De verdad que puedo?
-Ya lo estás haciendo, cielo.
Primero la apreté con miedo, después con más decisión. Amasé aquella teta que se me ofrecía. Sonreí.
-¿Qué tal? -dijo ella.- No había para tanto ¿verdad?
-Mamá -dije mientras amasaba fascinado.- Es lo mejor que me ha pasado nunca...
-¡Exagerado! -dijo ella riéndose.- Mira que eres... -hizo una expresión nostálgica.- Aunque ahora de hecho no es la primera vez que te me las tocas.
-¿Te refieres a cuando era un bebé? -le pregunté.- Pero eso era más bien chupártelas.
-Eso, hijo -aclaró ella.- Lo hiciste durante mucho tiempo, como es natural.
-Claro -añadí yo.- Es algo natural que tu hijo te las chupe.
-Evidentemente -sentenció.- Para eso están.
-Entonces... -dije notando como me ruborizaba en cuestión de segundos.- ¿Podría... chupártelas?
-¿Eh?... ¿Quieres? -dijo mi madre con expresión helada.
-Solo para recordar mis primeros años de vida. Aunque desde aquí no llego bien.
Mi madre no dijo nada pero puso los ojos en blanco con expresión de "pues vaya calentorro que tengo por hijo". Se incorporó poniéndome las tetas a la altura de la cara hasta que la distancia fue suficiente como para que yo llegara a lamerlas. Ahí sí que me recreé. Le pille la misma teta que había estado sobando y la chupé, la lamí, la besé... Me concentré en sorberle el pezón un buen rato. Paré para respirar y le dije:
-No me acordaba de como era... ¡Hacía muchos años que no lo hacía!
A mi madre le hizo gracia mi broma. Dejé aquella teta en paz y dije:
-A ver la otra... -me dirigí a su otra teta. Se volvió a reír:
-¡Robe, son prácticamente iguales! Qué cosas tienes...
Las estuve amasando y degustando unos minutos deliciosos. Metí más la cabeza entre ellas y me sentí en el paraíso. Ahora ya sabía porque siempre me habían llamado tanto la atención: el placer y sensación de bienestar que te pueden dar son indescriptibles.
-Son blanditas y suaves -concluí.- Me encantan.
-Tu, en cambio -me sorprendió mi madre poniéndome una mano en el paquete.- Sigues bien bien duro.
-Mamá... -balbuceé,- me encanta que me toques.
-Y a mi que me toques tú, cariño, -dijo ella emocionada- por muy raro o poco habitual que sea.
-Sigue, por favor...
Ella me miró a los ojos con otra maravillosa sonrisa traviesa.
-Creo que hoy no hace falta esperar a la ducha -dijo con decisión.- Hoy me toca darte lo que pactamos y puedes estar mucho más cómodo aquí.
Poco a poco me sacó la polla de los calzoncillos y allí se erigió imponente. Con un poco de excitación dijo:
-Ay nene... No veas como te pongo ¿no?
Y me agarró el falo. Me lo empezó a masajear poco a poco y fue acelerando. Entonces necesité quejarme:
-¡Ay! -dije.- Me duele un poco...
-¿Y eso, amor? -preguntó.- ¿Que lo hago mal?
-No.. -jadeé.- Pero es que está un poco seca...
Ella sonrió con picardía. Me soltó la polla y se lamió todos los dedos para que estos volvieran bien húmedos a masturbarme. Esparció su saliva a lo largo de tronco y besé el cielo. Siguió masturbándome y a mi me había dado una idea. Le solté las tetas, me lamí los dedos y, com los dedos húmedos, le estimulé los pezones. Ella gimió con mucha suavidad. No dijo nada pero parecía gustarle porque no se quejó. Poco a poco fue acelerando el ritmo de su muñeca mientras mi polla se iba endureciendo a la vez que cada vez recibía un a paja más intensa.
-Mami... -dije yo a duras penas.- No voy a aguantar mucho...
-Hazlo cuando te apetezca, cariño -contestó ella de lo más sexy.- No te contengas.
Tal y como había previsto, no tardé en correrme, apretando sus tetas con decisión la leche salió de mi polla como la lava de un volcán en erupción. Mi madre gimió y sonrió al verlo. Mi esperma cayó hacia mi vientre en varios chorros. Muchos gotarrones de mi corrida se deslizaron por sus dedos y a ella no pareció importarle en absolto. Me estuvo acariciando el falo más lentamente mientras mi orgasmo se apaciguaba y mis espasmos iban siendo menos constantes.
-Por tu semana de recuperación en casita -me dijo. Acto seguido me dio un dulce pico en los labios. Yo me quedé mudo.
Después fuimos al baño (ella aún con si mano llena de semen, que no se lavó hasta que no encendió el agua y yo con todo el vientre pringoso) y me duchó aún con las tetas al aire. Le metí mano un poco más pero ya no se dejaba tocar tanto. Me decía:
-Robe, que tengo las manos ocupadas enjabonándote y no me puedo defender...
Después de esto cenamos los fideos con Marta y Laura, y celebramos aquella maravillosa semana. Aunque mi celebración particular con mi querida madre había sido pocas horas antes en mi habitación y había sido mucho mejor.
CONTINUARÁ...
He buscado en todorelatos y no he encontrado ningúna categoría de incesto si puedes dime bajo que epígrafe lo has puestoHe buscado en todorelatosHola!! Ya he empezado a escribir el capítulo 13, 14, 15... Quiero tenerlos un poco más avazados para cuando se publiquen solo pase una semana entre cada publicación!
Allí lo llaman "amor filial"He buscado en todorelatos y no he encontrado ningúna categoría de incesto si puedes dime bajo que epígrafe lo has puesto
Gracias Phoenix 1986
Utilizamos cookies esenciales para que este sitio funcione, y cookies opcionales para mejorar su experiencia.