Rwsex
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La última vez, ella estaba especialmente excitada, casi sin preocuparse por nada más. Para que os hagáis una idea, pasó de no dejarse ni acercar al tema del culo a que, esa misma noche, aceptara mi dedo sin la más mínima queja. No es mucho, pero es un comienzo.
Entre cambio de postura y embestidas, en un momento se quedó tumbada boca arriba, con la cabeza colgando por el lateral de la cama. Yo aún no había terminado, así que aproveché la situación: me coloqué a ese lado y me encontré con su boca abierta, hacia arriba, como pidiendo más. No lo dudé y se la metí; siguió el juego, aunque sé que no le entusiasma tragarse la corrida.
Antes de llegar a eso, saqué y dejé que siguiera jugueteando con la lengua y mis huevos. Mientras tanto, empecé a masturbarme, primero despacio, pero cada vez más rápido según ella continuaba provocando. Hasta que no aguanté más y acabé, dejando que el chorro cayera sobre sus pechos y su abdomen.
Después, extendí el semen por la parte superior de su cuerpo, que quedó completamente resbaladiza. Aproveché incluso para llevar un poco a su boca con el dedo, intentando que se vaya acostumbrando al sabor.
Y así terminamos, completamente rendidos sobre la cama, sin tener muy claro quién se quedó dormido primero.
Entre cambio de postura y embestidas, en un momento se quedó tumbada boca arriba, con la cabeza colgando por el lateral de la cama. Yo aún no había terminado, así que aproveché la situación: me coloqué a ese lado y me encontré con su boca abierta, hacia arriba, como pidiendo más. No lo dudé y se la metí; siguió el juego, aunque sé que no le entusiasma tragarse la corrida.
Antes de llegar a eso, saqué y dejé que siguiera jugueteando con la lengua y mis huevos. Mientras tanto, empecé a masturbarme, primero despacio, pero cada vez más rápido según ella continuaba provocando. Hasta que no aguanté más y acabé, dejando que el chorro cayera sobre sus pechos y su abdomen.
Después, extendí el semen por la parte superior de su cuerpo, que quedó completamente resbaladiza. Aproveché incluso para llevar un poco a su boca con el dedo, intentando que se vaya acostumbrando al sabor.
Y así terminamos, completamente rendidos sobre la cama, sin tener muy claro quién se quedó dormido primero.