Fantasías sexuales de las españolas 2º parte

Miguel entra en la habitación con un café en la mano para él y otro para Laia. Ha salido a comerse un sándwich porque esa mañana no ha tenido tiempo de desayunar.


- ¿Cómo está?


- Tranquila.


Calalberche asiente. Elena Barrientos no ha demostrado sorpresa ni inquietud a lo largo de toda la jornada, ni siquiera cuando llamaron a su piso y la detuvieron. Se limitó a echarles una mirada de hastío, la misma que les hubiera echado a unos testigos de Jehová impertinentes que le hubieran cortado el desayuno. También se mantuvo impertérrita mientras registraban su apartamento, limitando toda la conversación a un lacónico “no sé lo que buscan, pero si me lo dicen quizás pueda ayudarles” para el que no obtuvo respuesta.


Los delitos con los que podría estar relacionada no son aquellos en los que nadie colabora voluntariamente con la policía. Sin duda ella lo sabe y aquello constituía más una provocación que un ofrecimiento real. Eso era algo que ambos policías se sabían de sobra. A partir de ahí la mañana ha transcurrido entre viajes a la comisaría, papeleos, firma de documentación y recogida de material aún pendiente de evaluar de su vivienda. A ella la han dejado por protocolo una hora y media incomunicada, a ver si se pone nerviosa, cosa que no parece que haya sucedido.


- Pues vamos ¿no?


- Sí, venga.


Entran en la sala donde está Máxim que los sigue con la mirada sin inmutarse, aunque ellos evitan confrontar. Hacen como si no estuviera y se limitan a acercar dos sillas al lado opuesto de la mesa donde ella está sentada.


- Hola Victoria ¿te encuentras bien? ¿necesitas algo? – inquiere Laia cuando por fin ambos han tomado asiento y establecen contacto visual.


- Es curioso.


- ¿El qué es curioso?


- Después de ver tantas películas y series americanas esto no tiene pinta de sala de interrogatorios.


La verdad es que tiene razón, la sala es austera pero no está desprovista de toda decoración, hay un viejo almanaque y un póster de la policía. La mesa es una normal de oficina, igual que las sillas donde se sientan. No son las típicas desprovistas de cajones, lisas y ancladas al suelo. Tampoco Maxím está esposada ni hay una cadena que la mantenga unida a un elemento fijo sobre el tablero. Quizás la ausencia más evidente sea que falta el espejo tras el cual están el resto de los policías escuchando. Aquello tiene más pinta de un despacho reconvertido en sala de interrogatorios que otra cosa. Lo único cierto es que la puerta de acceso es pesada y, a menos que tengas las llaves, solo puedes abrir desde fuera.


- Bueno, no te creas todo lo que ves en la tele, aquí hacemos las cosas de forma un poco diferente.


- Pues estoy deseando de que empiecen a hacer lo que tengan que hacer, no puedo pasarme todo el día aquí.


La inspectora saca una grabadora pequeña y la pone encima de la mesa.


- Inspectora Laia Ferrer interrogatorio a Victoria Segarra López.


- ¿Pueden ustedes grabar esto? ¿no tendría yo que dar permiso?


- No necesitamos pedir permiso, pero te puedes negar a hablar con nosotros sí lo consideras oportuno, como te hemos dicho esta mañana cuando te hemos leído los derechos. Te recuerdo también que también tienes derecho a pedir un abogado. Si no dispones de ninguno te buscaremos uno de oficio.


- ¿Necesito un abogado? ¿De qué se me acusa?


- De momento de nada, estamos todavía investigando y de tu colaboración dependerá que formulemos acusación o no.


- ¿Puedo estar detenida sin que se me acuse de nada?


- Es una detención preventiva, solo para interrogarte.


- ¿Detención preventiva? ¿eso existe?


Ambos policías intercambian una mirada y permanecen unos momentos en silencio mientras Maxím se ríe.


- Mire, igual va a ser buena idea lo de llamar a mi abogado. Pascual Mirabelles, del bufete Legalium. Ya me ha atendido en alguna ocasión que he tenido alguna reyerta en el local donde trabajo. Con un abogado aquí, estoy segura que a menos que tengáis algo más importante que poner sobre la mesa, estaría en la calle enseguida.


- Eso no evitará que te interroguemos, tenemos una orden judicial.


- Sí, pero eso será otro día. Esta noche dormiré en mi casa, vosotros mismos me habéis leído mis derechos así que puedo cerrar el pico y pedir un abogado.


Miguel toma la grabadora y la detiene. Observa fijamente a la detenida que no parece inmutarse, está tranquila y calmada, sabe que ha dejado la pelota en su campo y espera con tranquilidad su respuesta.


- Mira Victoria, nada de esto se va a grabar, vamos a tener una charla informal si te parece bien y luego ya decides si llamas a tu abogado o no.


- Si hablas con nosotros todo será más fácil – interviene Laia - Se supone que no tienes nada que esconder ¿verdad?


- En absoluto. Pero pregunto yo primero ¿De qué se me acusa?


- Creemos que puedes tener información sobre al menos tres asesinatos cometidos en Barcelona y también creemos que no nos has contado todo lo que sabes.


- Se refiere a los de las tres fotos que me enseñaron ¿no es cierto?


- Exactamente.


- ¿Creen que estoy obstaculizando la justicia?


- Puede que también incluso encubriendo a alguien - deja caer Calalberche con toda la intención.


- Eso es absurdo.


- Afirmaste que no conocías a ninguna de las víctimas y tenemos una testigo que confirma lo contrario. Te vio hablar con Esther en el local ¿Qué explicación le das a esto?


- Ya se la di en su día.


- Refréscame la memoria por favor.


- Hay dos posibles explicaciones: una es que su testigo esté equivocada. Pudo ser alguien muy parecida a la tal Esther.


- La testigo está bastante segura: reconoció la foto.


- En todo caso ella afirma que me vio y yo afirmo que no recuerdo haber hablado con esa chica.


- Ahora ya no lo niegas…


- Esa es la segunda explicación posible. Todas las noches atiendo a decenas de mujeres. Si esa chica se dirigió a mí en algún momento y hablé con ella puede ser que lo haya olvidado o se me haya pasado. Si no sucede nada importante, no guardo registro de los cientos de conversaciones ni de los cientos de caras que puedo llegar a ver en una semana.


Los dos policías tienen la vista fija en Máxim y sus expresiones dejan poco lugar a dudas: está claro que no la creen.


- ¡Venga! en serio ¿solo por eso me han detenido?


- Ya te lo hemos dicho: pensamos que no estás colaborando con nosotros. No nos estás diciendo toda la verdad, Elena.


Calalberche ha dejado caer su nombre lentamente, exactamente igual que si hubiera sacado el arma homicida y la hubiera depositado encima de la mesa.


- Elena Barrientos ¿no es ese tu verdadero nombre?


- Así que era eso...


- Tú quizás no te acuerdes, pero ya te interrogue en Málaga hace...


- Me acuerdo perfectamente - le interrumpe ella endureciendo la mirada - yo era muy joven, me acababan de violar y habían estado a punto de asesinarme. Usted era uno de los policías que no consiguieron detener al Chata.


- Me hice cargo de la investigación después de que a ti te sucediera aquello.


- Y tampoco consiguió detenerlo ¿no es cierto? – insiste.


Laia percibe como su compañero se pone rígido y aguanta tenso el gesto de contrariedad. El interrogatorio no está yendo nada bien. No es la detenida la que se está poniendo nerviosa, ni la que parece a punto de perder los papeles.


- No es fácil - interviene la policía - hacemos lo que podemos, todavía hoy lo estamos intentando.


- Pues no parece que estén consiguiendo nada.


- Quizás si tú nos ayudas...


- Ya les he contado todo lo que sé ¿tienen alguna otra pregunta? por mi parte estoy dispuesta a escucharles.


- Hace tres años llegaste a Barcelona y te cambiaste el nombre por el de Victoria Segarra ¿Venías de Málaga?


- No, llegué de Madrid. Después de la violación me fui a vivir con mi tía.


- ¿Me puedes decir en qué fechas estuviste viviendo en Madrid?


- Me fui un par de meses después de que sucedieran los hechos y me vine a Barcelona hace tres años, pero eso ya lo saben ¿verdad?


- ¿Algún hecho digno de reseñar de tu estancia en Madrid?


- No, ninguno.


- ¿Por qué te fuiste de casa de tu tía?


- Quería independizarme. Mi tía me había ayudado ya bastante y no me gusta ser una carga, prefiero vivir mi propia vida.


- ¿Ella te pidió que te fueras?


- No, en absoluto, fue decisión mía.


- Durante tu estancia en Madrid ocurrieron algunas muertes…


- ¿Me está acusando de algo?


- No, solo señalo coincidencias…


- Seguro que durante el tiempo estuve en Madrid hubo muchas muertes, es una ciudad complicada.


- Algunas parecían muy similares a las de Málaga…


- No soy policía ni forense, pero si usted lo dice…


- Elena...


- Victoria, por favor.


- Victoria ¿sabes algo de José Marchena? ¿volvió a intentar acercarse a ti? ¿has tenido alguna noticia suya desde lo que sucedió en Málaga?


- No, ni quiero tenerla como comprenderá ¿Creen que pueda estar detrás de estos asesinatos?


La inspectora no contesta.


- Claro, resulta obvio, por eso estoy yo aquí ¿no? de alguna forma creen que puedo estar involucrada.


- No creemos nada, solo estamos investigando.


- También existe otra posibilidad - señala Miguel.


- Cuénteme su hipótesis…


- Es posible que el Chata siga vivo y que te esté siguiendo – Miguel omite las últimas noticias de Málaga, aun no tienen resultados de las pruebas de ADN y juega la baza a ver si consigue inquietar a la chica.


- ¿Por qué haría algo así?


- No lo sabemos pero no podemos descartarlo, quizás tú seas su fetiche.


- ¿Una fijación en mí que dura toda la vida y que lo obliga a desplazarse por toda España siguiéndome mientras vive en la clandestinidad y asesina?


- Pudiera ser. En ese caso tú estarías en peligro.


- Si quisiera matarme supongo que lo habría hecho ya.


- Quizás no quiera hacerlo o quizás simplemente te deje para el final - sentencia con tono grave Calalberche tratando de darle toda la fuerza posible a sus palabras, que sin embargo no consiguen alterar a Máxim.


- ¿Debería sentirme asustada?


- No lo pareces.


- Claro que no lo parezco - estalla ella elevando la voz y poniéndose de pie a la vez que apoya las dos manos sobre la mesa.


Pero incluso cabreada mantiene contenida su furia dentro de los límites y parece pensar muy bien lo que dice a continuación.


- Ya sentí todo el miedo que tenía que sentir en aquella asquerosa cabaña, no estoy dispuesta a vivir asustada.


Ahora se dirige a Leia.


- ¿Sabes lo que es que un tipo como el Chata te viole? ¿tienes idea de lo que significa estar indefensa y lejos de cualquiera que pueda prestarte ayuda? ¿tener la certeza de que te va a matar? ¿Sabes lo que es esquivar la muerte por los pelos? ¿Lo que es sentirse rechazada por tu propia gente y tener que irte de tu ciudad?


>> Me ha costado mucho encontrar una forma de vivir, un lugar donde estar, una manera de existir sin ser una mierda asustada. Y ustedes no me han ayudado ¿cuántos años han pasado de aquello? es la segunda vez que hablamos y estás todavía como al principio, perdido, sin saber qué hacer – esta vez tutea a Calalberche, detalle que no le pasa desapercibido.


- No puedo esperar nada de la policía – continúa fijando ahora su atención en Laia - Entonces era muy joven y no lo sabía, creía que podían protegerme, pero aquel tipo ya tenía denuncias, incluso había estado la cárcel y nadie hizo nada por pararlo. Y después de que me lo hiciera a mí, parece ser que las cosas no han ido a mejor ¿verdad? Así que permítanme que dude de lo que ustedes pueden conseguir.


- Si está en la calle continuará matando gente.


- Pues entonces deténganlo.


- Ayúdanos a hacerlo.


- Ya les he dicho que no sé nada, no entiendo cómo puedo ayudar. Ahora quisiera llamar a mi abogado, no veo el motivo de que yo deba continuar aquí.


- Estamos haciendo inventario del registro de tu casa. Hasta que no evaluemos y tengamos los informes continuarás detenida. Ahora puedes hacer esa llamada. Si quieres avisaré para que alguien te acompañe.


Los dos policías se reúnen en el pasillo, lo suficientemente lejos de la habitación. Es Laia la primera que enfrenta la mirada a su compañero y le plantea la pregunta del millón.


- ¿Qué opinas?


- Que miente, estoy seguro que miente. Ya lo ha hecho antes.


- Esto está muy cogido con pinzas, en cuanto intervenga un abogado la vamos a tener que soltar.


- Tendrás que emplearte a fondo con la fiscal y el juez. Estamos hablando del peor caso de asesino múltiple de los últimos años. Si les damos el más mínimo indicio no se arriesgarán.


- ¿Y dónde está ese indicio? No tenemos ninguna prueba material.


- Vamos a ver qué da de sí el registro


- Esperemos que haya algo - contesta Laia más con ganas que con convicción, ambos saben que no lo tienen fácil, pero es lo único que tienen.
 
Miguel espera impaciente que acabe la vista. Debería durar solo unos minutos, pero ya llevan casi media hora en el despacho del juez. Finalmente salen y puede comprobar que Maxím camina escoltada por la policía, aunque va sin esposar, exactamente igual que cuando entró. Pasa a su lado y le dirige una mirada indescifrable que remata con una media sonrisa antes de perderse en un recodo del pasillo, camino de las cocheras donde la aguarda un furgón policial. Laia sale seguida de la fiscal y el abogado, que se despiden con un seco “hasta luego, seguimos en contacto”. Luego, la fiscal se para con ella y Calalberche es testigo de la monumental bronca que le pega. Cuando acaban, la letrada le rebasa sin dirigirle la palabra.


- ¿Qué tal ha ido? - le pregunta a su compañera, aunque supone la respuesta.


- Bien porque el juez la va a mantener todavía un par de días más en prisión preventiva, pero me he tenido que comer una tonelada de mierda para conseguirlo.


- Ya me hago cargo - dice señalando con la mirada a la fiscal que también desaparece al final del pasillo.


- Miguel, me empieza a importar muy poco que te hagas cargo, esto no tiene ni pies ni cabeza. No basta con que sepamos que hay algo raro ¡coño! ¡que somos profesionales y que tenemos ya el culo pelado de investigar casos! La jueza tiene razón, necesitamos pruebas o se nos cae todo. Si ni siquiera somos capaces de apuntar un relato de los hechos coherente. El registro en su casa no ofreció ninguna pista, lo único que tenemos es una serie de coincidencias espacio temporales y con eso no podemos armar un caso. En un par de días va a estar en la calle así que más nos vale ir pensando que haremos entonces.


- Solo podemos seguir tirando del único hilo que tenemos Laia. Habrá que ponerle vigilancia.


- Eso está muy bien pero ahora que ya está sobre aviso no creo que dé un paso en falso. Si tiene algún contacto con José Marchena o algo que ver con los asesinatos no va a delatarse sabiendo que estamos encima.


Laia se dirige a su oficina dando por terminada la conversación. Miguel la conoce lo suficiente como para saber que esos andares rápidos con su cuerpo rígido moviendo el brazo como si estuviera desfilando, son un indicativo de su enfado.


- Joder, otra vez en un puto callejón sin salida - se dice así mismo.
 
Esto va a ser muy difícil de probar y de conseguir que este monstruo de un paso en falso que la pueda delatar. Me daría mucha rabia que está asesina quedará libre por no poder probar que es la asesina.
 
Miguel ya no sabe qué hacer. Revisa informes, repasa atestados, se devana los sesos intentando encontrar indicios...

Es como fregar sobre lo fregado, como echar agua sobre lo ya húmedo, siempre resbala y acaba en el mismo sitio: sentado de culo en el suelo preguntándose si no es hora ya de arrojar la toalla. Claudia tenía razón, son demasiados años, aquella obsesión suya va a acabar por arruinarle la vida. Terminará en cualquier comisaría de barrio, con un recorte de periódico del Chata colgado de un cuadro lleno de polvo y atendiendo casos menores, después de haber tirado su carrera a la basura y haber perdido buena parte de su vida en perseguir un fantasma.

- ¿Qué haces? - le pregunta Laia que acaba de llegar de almorzar.

Parece que ha recuperado el buen humor después de comer con sus hijas. Otro puyazo invisible de Claudia que si pudiera verle le diría:

- ¿Ves tú? también podrías tener un refugio al que volver, una vida más allá del trabajo, algo que evitara que se convirtieras en el tipo huraño en el que estás convirtiendo.

Calalberche trata de espantar los fantasmas presentes y antiguos volviendo a la realidad para contestar a su compañera.

- Ya que no hemos encontrado nada en el registro de la casa de Maxím estoy revisando los informes de las víctimas. Quizás allí encontremos algo que se nos haya pasado por alto.

- ¿Algo como qué?

- Puede que ninguna de las víctimas haya estado en su casa, pero quizás Elena sí estuvo en la de ellas.

- Muy bien, mejor eso que estar cruzados de brazos ¿Por dónde vas?

- Estoy con la casa de Esther. No hay ningún indicio de que Patricia fuera visitada en el hotel.

- Pues entonces me pongo yo con la del chico.

- De acuerdo.

En ese momento le suena el móvil a Laia. Miguel ve como su expresión se deconstruye pasando de cansada a sorprendida, para continuar acabando en algo muy parecido a la derrota.

- Pásame la dirección vamos para allá.

- ¿Que?...

- Ana Gabeiras. Ha aparecido muerta esta mañana.

Esta vez Calalberche no responde, no tiene nada que decir, solo mueve la cabeza y se pasa la mano por el pelo dejándola ahí mientras echa el cuerpo hacia atrás y resopla como un león marino.

- Mierda.

- Sí, mierda.

Ambos policías permanecen en silencio. No encuentran palabras adecuadas para definir la impotencia, la vergüenza y el asco que sienten como profesionales. Alguien les está meando en la cara, alguien se sigue cobrando vidas en sus mismas narices y no son capaces de llegar hasta él. En esta ocasión ya no ha sido una víctima al azar, sino que han ido directamente a por una testigo involucrada en el caso. Quien quiera que sea el monstruo se ríe de ellos.

- Vamos - reacciona Laia - Tenemos trabajo.

Media hora más tarde están en un callejón sin salida a una manzana de donde vivía Ana. La chica ha sido encontrada por la mañana temprano, pero en una primera inspección los forenses que todavía están levantando el cadáver, indican que seguramente murió por la noche. Marc les está informando.

- Los padres denunciaron su desaparición esta mañana casi a la vez que una vecina avisó que había un cuerpo tirado entre unos cartones. Pensó que era un vagabundo, pero al segundo vistazo que echó por la ventana vio que la postura era un poco extraña y decidió llamar. Estamos tomando declaración al resto de los vecinos, pero hasta ahora nadie parece haber visto ni escuchado nada. Este callejón por la noche no está transitado y es muy oscuro.

- ¿Los padres se esperaron hasta por la mañana para avisar?

- Sí, su hija ya era mayorcita y no es la primera vez que llegaba tarde, aunque fuera entre semana. A veces salía con sus amigas. Los padres son ancianos y se acuestan temprano. Esta mañana, cuando vieron que la cama estaba sin deshacer, se alarmaron.

- ¿Que señales presenta el cadáver?

- A primera vista y a la espera del informe forense parece ser que la muerte fue una cuchillada en el cuello que le seccionó la yugular. Se desangró rápidamente. No llegaron a quitarle la ropa. Le levantaron la camiseta y le cortaron el sujetador y luego le bajaron los pantalones y la ropa interior hasta media pierna. Como en otros casos, aparecen heridas en el vientre, en el pubis y en la cara interna de los muslos. Las nalgas han sido marcadas también y como novedad los pechos aparecen mordidos. Uno de los pezones está casi arrancado de lo que parece un bocado.

- ¿Están recogiendo muestras?

- Claro. Con un poco de suerte quizás tengamos el ADN del atacante.

- ¿Signos de forcejeo?

- Negativo. Parece ser que todo le pilló de sorpresa, no hay señales de que haya sido atada, ni empujada, ni forzada. La primera hipótesis es que llegó aquí por su propio pie acompañando a alguien a la altura de este callejón. Quién fuera le dio la puñalada mortal y luego la arrastró hacia el interior. Hemos podido comprobar que hay gotas de sangre desde la entrada del callejón hasta donde fue encontrada. Todas las mutilaciones se las hicieron una vez muerta.

- Esta vez el asesino tenía prisa.

- Es normal - responde Laia - estaba expuesto, no se encontraba en un lugar seguro y no pudo recrearse, por eso la mató primero.

- Es algo más que una nueva víctima - comenta Miguel - es un mensaje.

- ¿Para quién?

- Para nosotros.

Laia menea la cabeza negándose a aceptar lo que por otro lado es evidente.

- Me cago en mi puta vida, nos está retando. Se anticipa a nosotros y se aprovecha de nuestros errores el muy cabrón.

Una lágrima resbala por la mejilla de la inspectora. Es la primera vez que Calalberche la ve descomponerse y perder el control de sí misma.

-Tranquila Laia.

- ¡Y una mierda tranquila! con Maxím en la cárcel le retiramos dos turnos de vigilancia a esa chica. La hemos dejado expuesta y la han matado ¡hostia Miguel! es como si le hubiéramos pegado nosotros mismos la puñalada.

- Escúchame: no es culpa tuya. Tú tenías órdenes, los recursos no son infinitos.

- En mi puñetera vida he desobedecido una orden y a lo mejor ese es el problema, que esta tenía que habérmela pasado por el arco del triunfo.

El inspector esboza una triste sonrisa. Laia habla como hablaría cualquier veterano curtido. En el fondo, a pesar de toda la podredumbre y la responsabilidad inmensa que les rodea, se siente contento por tenerla a su lado de compañera.

- Esa boca inspectora, no hay quien te reconozca.

- ¿Tú también me vas a tocar el coño? no es el momento Miguel.

- Oye, sé que jode, pero las cosas son así. Alguien espera que nos demos por vencidos que tiremos la toalla, pero eso no va a suceder ¿cierto?

Ella rehuye la mirada de su compañero todavía unos instantes, tratando de aislarse, de buscar un momento, aunque solo sea un solo instante de paz antes de contestar, como si aún tuviera posibilidad de decidir si quiere apartarse de esa responsabilidad que amenaza con aplastarla. Pero como Miguel ha pensado unos momentos antes, es una policía hasta la médula de sus huesos.

- Tan cierto como que voy a pillar a ese malnacido, aunque sea lo único que haga en toda mi puta carrera.

- Bienvenida a mi mundo entonces- le contesta Calalberche.




 
A ese mal nacido no, Miguel.
Que parece que todavía no os dais cuenta que a la asesina y monstruo que se merece el peor de los finales la habéis tenido cara a cara y todavia no os enteráis.
Es increíble que todavía no os enteráis de la película.
 
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