LA PRUEBA
Unos días después, Gema llegó al estudio de Laura con una mezcla de nervios y excitación que se le notaba en cada paso. Llevaba una falda de tubo negra, ajustada que marcaba su culazo respingón, y esas potentes piernas, una blusa blanca abierta en V hasta su cintura y que dejaba a las claras que, bajo ella, solo había carne, y en los pies, como no podía ser de otra manera, unas sandalias negras de tacón alto y fino. Un conjunto que apretaba su cintura hasta marcar un reloj de arena perfecto, aquella blusa le daba la curva perfecta para que sus pechos medianos y altos se intuyeran claramente sin enseñar demasiado. El pelo castaño claro rubio suelto en ondas naturales, maquillada natural pero intensa, ojos ahumados que hacían brillar el verde, labios rojos oscuros que invitaban a morderlos.
Laura la recibió con un abrazo cálido y la llevó al fondo del estudio, donde ya estaban las dos mujeres de la marca, Marta y Puri. Marta, la diseñadora principal, era una mujer de unos 38 años, morena con el pelo en un moño bajo elegante, maquillaje impecable y un vestido negro ajustado que marcaba su figura atlética pero femenina, curvas suaves, cintura definida, piernas largas y tacones altos que le daban un aire sofisticado y sexy y luego estaba Puri, la responsable de marketing, era rubia platino con corte de pelo estilo bob perfecto, ojos azules intensos y un conjunto de blusa de seda negra semitransparente (se adivinaba un sujetador de encaje negro debajo) y un falda roja ajustada, con un gran lazo que se ceñía a sus caderas generosas. Gema se vio avergonzada, cohibida y vencida por la elegancia que ambas mujeres mostraban, guapas, sexys sin esfuerzo, con esa confianza que solo tienen las mujeres que saben exactamente lo que quieren y cómo se ven.
Se presentaron con sonrisas profesionales, pero cálidas. Marta le dio dos besos a Gema y comentó,
—Encantada. Hemos visto las fotos; Laura nos ha enseñado, creo, todo el book que te ha hecho y… wow!!. Tienes una presencia increíble. Queremos ver cómo te mueves en vivo.
Puri añadió, acompañando sus palabras con un guiño cómplice,
—Y si en persona eres la mitad de sensual que, en las imágenes, ya sabemos que encajas perfectamente con nuestra línea.
Marta retomó la palabra, con una sonrisa cargada de intención:
— Buscamos modelos seguras, descaradas, que no tengan miedo de provocar, de jugar con el deseo y de explotar su sensualidad frente a la cámara. La nueva colección es atrevida, pensada para mujeres que saben lo que tienen y no temen mostrarlo… pero de eso hablaremos después. Ahora queremos verte en acción, descubrir cómo te mueves, cómo seduces con tu presencia. Por cierto, ahí tienes un par de obsequios de la marca; nos encantaría que te los pusieras en algún momento durante la sesión.
Gema, mostrando una gran sonrisa, asintió con la cabeza y les dio las gracias, intentando ocultar los nervios que le recorrían el estómago. Tomó la bolsa con los obsequios y la dejó sobre la mesa cercana, lanzando una mirada curiosa al contenido sin abrirla todavía.
Laura puso música suave de fondo, luces cálidas que jugaban con las sombras, y empezó la sesión. Al principio, Gema se sintió un poco rígida, pero Laura la guio con paciencia, “Relájate, reina, empieza de pie, manos en las caderas, mira a cámara con esa mirada que mata… sí, así, arquea un poco la espalda para que el marque tu figura… perfecto”.
Gema se soltó rápido. Posó como si hubiera nacido para ello. Primero de perfil, con una mano en la cintura y la otra en el pelo, dejando que el corsé marcara su reloj de arena y el body insinuara la curva de sus tetas sin enseñar nada. Luego sentada en el diván rojo, piernas cruzadas, muslos fuertes tensándose bajo los ligueros, mirada directa a cámara con labios entreabiertos. Laura disparaba sin parar: “Más sensual, baja la barbilla, mírame como si supieras que me estás volviendo loca… sí, reina, así”.
Marta y Puri observaban desde un lado, tomando notas en el móvil y susurrando entre ellas. De vez en cuando intervenían con peticiones suaves pero precisas.
—Marta indicó, con voz firme y calculada, “Prueba esto: colócate de espaldas, gira la cabeza por encima del hombro, arquea un poco más la espalda… quiero ver cómo realzas la curva, cómo los ligueros tensan la silueta.”
Gema lo hizo sin dudar, el culazo alzándose con insolencia, la tela del body pegada a la piel, el tanga marcándose sutilmente.
Puri intervino, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cargado de intención,
—Ahora, de rodillas en el diván… manos sobre los muslos… separa un poco las piernas. No muestres nada —solo insinúa. Haz que quien te mire imagine el resto. Míranos a cámara como si estuvieras invitando… prometiendo algo sin decirlo.
La mirada de Gema se volvió más intensa, más consciente del efecto que causaba.
Fue entonces cuando Marta inclinó la cabeza hacia la mesa y comentó, con una sonrisa lenta y sugerente,
—Por cierto… ¿por qué no pruebas los obsequios que te hemos traído? Están pensados para realzar lo mejor de ti. Creo que pueden elevar… mucho más la temperatura de la sesión.
Los obsequios resultaron ser un conjunto de lencería extremadamente exclusiva, diseñada para impactar desde el primer vistazo. No era una colección común: cada pieza parecía creada para provocar, dominar la mirada y convertir el cuerpo en un espectáculo de lujo y deseo.
El encaje era fino y elaborado, con transparencias calculadas y cortes atrevidos que realzaban las curvas con descaro y sofisticación. Los tirantes delicados, los ligueros ajustados y los pequeños detalles metálicos aportaban un aire fetichista, nocturno y peligrosamente seductor, como si la prenda estuviera pensada para mujeres que viven de su poder de atracción y no temen explotarlo.
Gema sostuvo entre las manos aquellas prendas que no parecían pensadas para la delicadeza cotidiana, sino para escenarios nocturnos, miradas hambrientas y mujeres que convierten el deseo en un arma. Eran varios conjuntos de diseño exclusivo, de encaje profundo y transparencias provocadoras, con tirantes finos, ligueros firmes y detalles metálicos que brillaban como pequeños desafíos bajo la luz cálida del estudio.
Cada pieza estaba creada para dominar la atención, para marcar el cuerpo con intención, para convertir cada curva en una declaración. No era solo sensual, era atrevida, peligrosa, excesiva, hecha para mujeres que no se esconden y que saben cómo convertir la provocación en poder.
Cuando Gema apareció con el conjunto puesto, el ambiente cambió.
Su postura se volvió más lenta, más segura, como si la prenda hubiera despertado una versión más oscura y consciente de sí misma. El encaje abrazaba su piel con descaro, insinuando más de lo que mostraba. Los ligueros tensaban su silueta, marcando cada movimiento con un aire deliberadamente provocador.
—Camina —susurró Marta, con una sonrisa cargada de intención.
Gema obedeció, pero no desde la sumisión. desde el juego. Caminó con una seguridad nueva, giró el cuerpo con lentitud, arqueó la espalda lo justo para convertir el gesto en una provocación consciente. Su mirada se clavó en la cámara con una mezcla de desafío y promesa peligrosa, como si supiera que tenía el control de la escena, luego avanzó con pasos suaves y controlados, dejando que la tela se deslizara sobre su cuerpo, que la luz dibujara sombras sugerentes sobre sus muslos, su cintura, la curva de su espalda. No se movía como una modelo tímida, sino como una mujer que sabe exactamente el efecto que genera.
Apoyó una rodilla en el diván, deslizó una mano por su muslo, no para mostrar… sino para hacer imaginar. Cada movimiento era una declaración silenciosa: poder, deseo, riesgo.
Puri bajó la voz, casi en un murmullo cargado de tensión:
—No parezcas dulce… pareces una mujer que sabe exactamente lo que hace… y que no siente culpa por ello.
Gema sostuvo la mirada, lenta, dominante.
La sesión había dejado de ser una prueba. Ahora era un juego oscuro de poder, provocación y transgresión, donde la línea entre lo profesional y lo prohibido se volvía peligrosamente difusa.
La sesión había cruzado un umbral invisible. Lo que empezó como una prueba profesional, para Gema se había transformado en algo más primitivo, más cargado de electricidad. El aire del estudio parecía más denso, las luces más íntimas, y cada clic del obturador de Laura resonaba como un latido en el corazón.
Gema, envuelta en ese conjunto de encaje negro profundo —transparencias estratégicas que jugaban al borde de lo visible, ligueros que se clavaban en la carne como promesas firmes, pequeños detalles metálicos que brillaban como ojos vigilantes—, ya no era solo una modelo. Era la dueña absoluta de la habitación. Sus movimientos se habían vuelto deliberados, casi rituales, un giro lento de cadera que hacía que el encaje susurrara contra su piel, un arqueo de espalda que convertía su silueta en una curva imposible de ignorar, una mirada sostenida que no pedía permiso, sino que lo exigía.
Marta, con los brazos cruzados y una media sonrisa que no llegaba a ser inocente, rompió el silencio.
—Perfecto. Ahora quiero algo más… crudo. Quítate las sandalias. Descalza, pero mantén los ligueros. Quiero ver cómo el encaje muerde tu piel cuando te mueves sin nada que te eleve. Baja al suelo, de rodillas, pero no como si te rindieras… como si estuvieras acechando.
Gema obedeció sin una palabra. Se descalzó con lentitud, dejando que los tacones cayeran a un lado con un sonido suave. El frío del suelo contrastó con el calor que subía por sus piernas. Se arrodilló delante del diván, pero no de forma sumisa las rodillas separadas lo justo, las manos apoyadas en los muslos, los dedos abriéndose lentamente como si acariciaran algo invisible. El encaje se tensó en su entrepierna, insinuando sin revelar, y los detalles metálicos capturaron la luz como pequeños cuchillos de deseo.
Puri se acercó un paso, el tacón resonando como un eco. Su voz era baja, casi ronca.
—Míranos. A las tres. No a la cámara. A nosotras. Haz que sintamos que estamos invadiendo algo prohibido… y que tú nos dejas entrar solo porque te place.
Los ojos verdes de Gema, intensificados por el ahumado, recorrieron a las tres mujeres con calma felina. Primero a Laura, que seguía disparando, pero ahora con la respiración algo alterada. Luego a Marta, cuya postura atlética parecía haberse tensado un poco más. Finalmente, a Puri, cuya blusa de seda negra dejaba entrever el encaje debajo, como un eco involuntario de lo que Gema llevaba puesto.
Gema inclinó la cabeza ligeramente, dejó que una onda de pelo cayera sobre un hombro, y separó los labios en una sonrisa lenta, peligrosa. No dijo nada. No hacía falta. El gesto era claro - yo decido hasta dónde llega esto-.
Laura bajó la cámara un instante, solo para murmurar,
—Joder, reina… estás ardiendo.
Marta soltó una risa suave, casi admirada.
—Esto es exactamente lo que buscábamos. No una modelo. Una fuerza. Algo que haga que la gente no pueda apartar la vista… y que se sienta un poco culpable por mirar.
Puri, sin apartar la mirada de Gema, añadió con un tono que rozaba lo confidencial,
—Y ahora… ¿qué tal si subimos un poco más la apuesta? Hay otro detalle en la bolsa. Un collar. Fino, de cuero negro con un anillo metálico discreto. Nada exagerado… pero suficiente para que todo el mundo entienda quién manda aquí.
Gema no dudó. Se levantó con gracia felina, fue hasta la mesa y sacó el accesorio. Era elegante, minimalista, pero inconfundible en su intención, un toque de control simbólico, de juego de poder. Se lo colocó ella misma alrededor del cuello, ajustándolo con dedos precisos. El anillo metálico descansó justo en el hueco de su garganta, brillando como una invitación silenciosa.
Volvió al diván. Esta vez se tumbó de lado, una pierna flexionada, la otra extendida, dejando que el ligueros marcara la línea perfecta de su muslo. La mano libre subió hasta el collar, lo rozó con las yemas de los dedos, y tiró ligeramente de él, como probando su resistencia… o la suya propia.
El estudio quedó en silencio absoluto, salvo por el zumbido suave de las luces y la respiración contenida de las cuatro mujeres.
La sesión ya no era sobre ropa. Era sobre dominio. Sobre deseo crudo. Sobre cómo una mujer puede convertirse en su propia arma más letal. La habitación parecía haberse encogido.
Gema, tumbada de lado en el diván, con el collar de cuero negro ceñido al cuello y el anillo metálico brillando exactamente donde latía su pulso, levantó lentamente una mano. No hacia la cámara. Hacia su propio cuerpo. Los dedos índice y medio recorrieron el borde del encaje que cubría —apenas— uno de sus pechos. No lo apartó. Solo lo rozó, trazando la curva inferior con una lentitud que hacía doler la espera. El pezón, endurecido bajo la transparencia, se marcó aún más contra el tejido fino, como si reclamara atención.
Marta dio un paso adelante sin darse cuenta. Sus tacones resonaron una sola vez, seco, y se detuvo. Sus pupilas estaban dilatadas.
—Más despacio —ordenó con voz ronca, casi traicionada por su propio deseo—. Quiero ver cómo te tocas… sin tocarte del todo. Quiero que sientas el roce del encaje como si fueran mis dedos. O los de Puri. O los de Laura.
Gema obedeció, pero lo hizo a su manera. Deslizó la palma abierta por su vientre, descendiendo milímetro a milímetro hasta detenerse justo donde empezaban los ligueros. Allí, en la línea donde la piel se volvía más sensible, presionó ligeramente con las yemas, sin llegar a cruzar la frontera del tanga. El gesto fue tan sutil que parecía inocente… y tan deliberado que resultó obsceno.
Puri soltó el aire que llevaba conteniendo. Su blusa de seda negra se adhería ahora a la piel por el leve sudor que empezaba a perlar su escote. Se mordió el labio inferior un instante, luego habló con voz baja, casi íntima,
—Separa más las piernas. Solo un poco. Lo suficiente para que veamos cómo el encaje se tensa… cómo se hunde entre tus muslos cada vez que respiras. No te toques todavía. Solo… déjanos verlo. Déjanos imaginar cómo estarías si te lo permitiéramos.
Gema flexionó las rodillas lentamente, abriendo el ángulo justo lo necesario. El movimiento hizo que el tanga de encaje se deslizara un milímetro hacia un lado, revelando apenas el inicio de la piel más íntima antes de volver a su sitio. No fue un descuido. Fue una promesa rota a propósito.
Laura dejó caer la cámara sobre su pecho, colgando del cuello como si pesara demasiado. Sus manos temblaban ligeramente cuando se acercó al borde del diván.
—Joder, Gema… —susurró, la voz quebrada—. Si sigues así, no voy a poder seguir disparando. Vas a hacer que me olvide de que esto es trabajo.
Gema giró la cabeza hacia ella exponiendo una gran sonrisa. Sus ojos verdes eran casi negros ahora por la dilatación de las pupilas y la excitación.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Marta fue la primera en romperlo. “Creo que ya tenemos lo que queremos.”
—Eres peligrosa —murmuró Marta, más para sí misma que para las demás—. Sabes exactamente lo que estás haciendo… y lo estás disfrutando demasiado.
—Todavía no he empezado a disfrutar de verdad, respondió con seguridad Gema.
Gema levantó la vista, mirando primero a Marta, luego a Puri, finalmente a Laura.
—Ahora… —susurró, con la voz ronca de deseo contenido— decidme qué queréis que haga después. Porque yo… puedo seguir. Mucho más lejos.
Y la sesión, oficialmente, se dio por finalizada, hora y media despues de haberla inicado, Laura paró, revisó algunas tomas en la pantalla y dijo, “Chicas, esto ha sido oro puro. Gema, has estado impecable. Os paso las mejores ahora mismo”.
Marta y Puri se acercaron a Gema, todavía en lencería, y le dieron la mano.
--Marta, “Has sido perfecta. Te mueves como si llevaras años en esto. Tienes ese equilibrio entre elegante y sexy que buscamos. Vamos a hablarlo internamente, pero te aseguro que la oferta viene”.
--Puri añadió, con un guiño: “Y si aceptas, vas a ser una de las chicas de nuestra nueva línea para mujeres reales. Gracias por dejarnos verte en acción”.
Gema se cambió al baño, se puso la ropa con la que había llegado y salió con las mejillas encendidas. Cuando llegó a casa esa noche, me lo contó todo mientras se desnudaba, dejando ver el tanga todavía manchado por la humedad del subidón de la sesión.
—Joder, Javi… me he sentido como una diosa. Las dos eran guapísimas, elegantes, sexys… y yo ahí, posando para ellas como si fuera lo más normal del mundo. Cada vez que me pedían algo, lo hacía mejor. Y ahora… si aceptan, .... voy a ser una de sus modelos, ¿Sabes que significa eso?
La besé profundo, agarrando ese culazo que había posado toda la tarde.
—Pues claro que lo que se, será tu sueño cumplido...
-- Querrás decir mi sueño y tu fantasía cumplida, porque como ocurra, no te cuento la cantidad de tíos que me van a ver casi como dios me trajo al mundo.
--Que hija de puta!!! Seguro que te has sentido como una guarra posando para esas tres, y me culpas ahora a mi. ¿Sabes? hoy follamos pensando en cómo te han mirado esas dos mujeres tan sexys, en cómo has clavado cada pose, en cómo vas a ser la modelo en un catálogo que todos van a ver.
La habitación está a oscuras, solo la luz tenue de la lamparita de la mesita iluminaba nuestros cuerpos con un calor extenuante que nos ahogaba a los dos.
JAVI: -Dame las manos – en un susurro cachondo y ato las muñecas a la cabecera con un lazo suave, tobillos separados y atados a los extremos de la cama, dejando a Gema expuesta, abierta, el coño hinchado y brillante de tanto roce previo, los pezones duros como piedras.
Ella lo mira con ojos vidriosos, la respiración entrecortada.
—Hazme todo lo que quieras… todo lo guarro que se te ocurra. Quiero que me uses como tu puta personal. No pares hasta que me destroces.
Él sonríe, esa sonrisa lenta y peligrosa que a ella le pone la piel de gallina. Se sube encima, le mete tres dedos de golpe en el coño sin aviso.
CHOF CHOF CHOF — los mete y saca rápido, curvándolos para rozar ese punto que la hace arquear la espalda.
—Dime lo que quieres, zorra. Pídemelo con palabras sucias.
Ella traga saliva, la voz ronca de deseo:
—Fóllame la boca hasta que me ahogue… escúpeme en la cara… méteme los dedos en el culo mientras me follas… llámame puta, perra, zorra barata… azótame el coño hasta que esté rojo… quiero sentir tu leche caliente por todas partes… quiero que me abras entera…
Javi obedece, paso a paso, con una precisión casi cruel.
Primero le agarra el pelo y le mete la polla hasta los huevos.
GLOK GLOK GLOK — ella casi se atraganta, , pero no para de gemir alrededor de la carne. Él se la saca un segundo para escupirle directo en la boca abierta,
—Trágatelo, puta.
Luego la gira un poco (lo justo que dan las ataduras), le separa las nalgas y le mete saliva directamente en el culo antes de meterle dos dedos.
PLAP PLAP — los mueve en círculos mientras con la otra mano le azota el clítoris abierto.
¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! — cada golpe hace que ella grite y se retuerza, el coño chorreando más.
—Más… joder, más… méteme la polla por detrás… quiero que me rompas el culo… quiero sentirte hasta el fondo…
Javi se coloca, escupe en su propia polla y empuja despacio al principio.
POP — la cabeza entra.
Ella suelta un gemido largo, animal.
Luego empuja de golpe hasta el fondo.
CHOF CHOF CHOF — empieza a bombear fuerte, sin piedad, mientras le mete los dedos en el coño al mismo tiempo.
Ella está al borde, el cuerpo temblando, el clítoris latiéndole como loco.
—Azótame las tetas… pellízcame los pezones… dime que soy tu sucia puta que me follarías con otros delante tuyo…
JODER GEMA!!! No me digas eso!!, pero Javi lo hace todo, le azota las tetas hasta dejarlas rojas, le retuerce los pezones, le susurra al oído guarradas cada vez más soeces.
—Eres mi puta barata… te follaría con mis amigos mientras tú miras y suplicas… te pondría a chupar pollas una detrás de otra hasta que no puedas hablar… te llenaría de leche de cinco tíos y luego te haría lamerlo todo del suelo…, Creo que hasta te follarías a esas dos tipas que de la empresa, ¿A que si?...
En su cabeza, él ya no está solo. Ha abierto la puerta y han entrado tres más. Amigos suyos, o extraños de la cafeteria, da igual. Todos desnudos ya, con sus pollas erectas, mirándola como si fuera el centro del puto universo.
“.....Imagina como una le folla la boca hasta el fondo de la garganta y hace que le coma los huevos y el culo, queriendo más, imagina como a Gema le corren las lágrimas le corren, pero gime mientras su boca es salvajemente ultrajada.
Otro se pone entre sus piernas abiertas, le separa los labios con los dedos y le mete la lengua directo al clítoris hinchado. SLURP SLURP SLURP — lame fuerte, succiona, le mete la manmo en el coño mientras se lo come como si se estuviera muriendo de hambre.
El tercero le agarra las tetas, las aprieta, les retuerce los pezones hasta que duelen de placer. Luego se sube a horcajadas sobre su pecho y le folla el canalillo entre las tetas, resbaladizo de sudor y semen viejo.
Y él —el de verdad, el que la ató— se queda mirando desde la esquina, pajeándose lento, disfrutando del espectáculo que él mismo ha montado. —Mirad cómo se pone esta puta… le encanta que la usen varios a la vez.
El que le come el coño se aparta un segundo, se pone de rodillas y la penetra de golpe. PLAP PLAP PLAP — embestidas brutales, profundas, haciendo que sus huevos le golpeen el culo con cada empujón. Al mismo tiempo, el de la boca se la saca y le escupe en la cara, —Abre más, zorra… quiero verte ahogarte con mi leche.
Ella obedece, la boca abierta, lengua fuera. Él se corre fuerte: SPLAT SPLAT SPLAT — chorros calientes que le llenan la boca, le caen por la barbilla, le mojan las tetas. Ella traga lo que puede, el resto se le escurre.
El del coño acelera, CHOF CHOF CHOF — y se corre dentro, llenándola hasta rebosar, el semen caliente mezclándose con su propia humedad. Se sale y otra toma su sitio inmediatamente. Este le mete la polla en el culo sin aviso, lubricado solo con saliva y semen que gotea del coño. POP… CHOF CHOF CHOF — entra hasta el fondo, la hace gritar de placer y dolor mezclado.
Ahora la tienen doble: coño y culo a la vez. Dos pollas moviéndose dentro, chocando a través de la pared fina, frotándose una contra la otra. PLAP PLAP PLAP en el coño, CHOF CHOF CHOF en el culo. El ritmo se sincroniza y se desincroniza, volviéndola loca. El tercero le mete los dedos en la boca, obligándola a chuparlos como si fueran otra polla.
Ella siente que viene. Viene de verdad esta vez. El orgasmo se le acumula en el vientre, sube por la columna, le explota en el clítoris. ¡JODER SÍIIII! — se corre gritando, el cuerpo convulsionando, el coño apretando tan fuerte que casi expulsa la polla. La corrida caliente le salen a presión, empapando las sábanas, las piernas de todos. SPLISH SPLASH SPLISH — squirt que no para, mientras ellos siguen follándola sin piedad.
Uno tras otro se corren, dentro del coño, dentro del culo, en las tetas, en la cara, en el pelo. La dejan cubierta, goteando, temblando, exhausta… pero satisfecha por fin.
En la fantasía, después se quedan ahí, respirando agitados, y uno le dice: —Descansa un rato, puta… porque en diez minutos volvemos a empezar…”
Pero Gema tiene su propia fantasia...
“...Ahora, en la oscuridad de la cama, con las muñecas todavía esposadas, cierra los ojos y la fantasía se desata sin control.
En su cabeza, la sesión no ha terminado. Las luces del estudio siguen encendidas, pero ya no hay cámara. Las tres mujeres se han quitado la ropa despacio, quedando en ropa interior tan puta como la de ella. Laura (la fotógrafa) es la que manda. Se acerca primero, le quita el corpiño de un tirón y le agarra las tetas con fuerza.
—Mírate… posando como una zorra todo el día y ahora vas a cobrar de verdad.
Marta se arrodilla entre sus piernas, le arranca el tanga de un tirón y le mete la lengua directo al clítoris. SLURP SLURP SLURP — lame con hambre, succiona el botón hinchado, le mete dos dedos curvados mientras le abre los labios con la otra mano para que la pelirroja pueda ver todo.
Puri se sube a la tarima de fotos, se sienta en la cara de Gema y le frota el coño mojado contra la boca. FROT FROT FROT — Gema saca la lengua, lame desesperada, saborea el sabor salado y dulce, gime contra la carne caliente mientras la pelirroja le agarra el pelo y la obliga a ir más profundo.
¡GIME MÁS FUERTE, PUTA! — le grita Marta, que ahora le está metiendo tres dedos en el coño mientras Puri le chupa el clítoris sin parar.
Los sonidos llenan el estudio imaginario: CHOF CHOF CHOF — los dedos entrando y saliendo rápido. SLURP SLURP SLURP — lenguas y succiones en el clítoris y en el coño de Gema. GLOK GLOK — cuando la Laura se mueve más fuerte y le mete los dedos en la boca para que los chupe como si fueran pollas.
Marta se pone un arnés con un consolador negro enorme, grueso, venoso. Se lo enseña a Gema. —Míralo… esto es lo que te mereces después de posar como una perra en celo.
Se lo mete de golpe en el coño. PLAP PLAP PLAP — embestidas brutales, profundas, haciendo que Gema grite contra el coño de la pelirroja. La Puria no para, le lame el clítoris mientras el consolador entra y sale, la lengua rozando su coño estirado.
Luego cambian. Laura se pone detrás, le separa las nalgas y le mete lengua en el culo, abriéndolo, preparándolo. SLURP SLURP — Nota la saliva calienta corriendo del culo a su coño y Maarta se lo mete por detrás sin aviso - POP… CHOF CHOF CHOF — se la follan entre las dos, un consolador en el coño y en el culo a la vez, moviéndose al unísono.
Puri se sube encima, le frota su coño contra una teta de Gema mientras se masturba el clítoris con furia. FROT FROT FROT — las tetas de Gema resbaladizas por el calor que desprende el coño de Puri.
Gema siente que viene. Viene fuerte. El cuerpo le tiembla, el coño se contrae alrededor del consolador, el culo aprieta, el clítoris late como loco bajo la lengua de la Puri.....
¡ME CORRO JODER SÍIIII! Explota. Chorros calientes le salen a presión, empapando el consolador, las manos de la Marta, la cara de Puri, SPLISH SPLASH SPLISH — una corrida que no para, un squirt infinito, mientras las tres siguen sin piedad, lamiendo, follándola, gritándole guarradas.
—Así, zorra… córrete para nosotras… eres nuestra puta de fotos ahora….”
Pero en la cama real, Gema abre los ojos de golpe. Sigue atada. Sigue sin correrse. El coño le palpita tanto que duele, liquido humedo se le escapa entre los muslos.
—Mañana… mañana les escribo a las tres. Les digo que quiero repetir la sesión… pero sin cámara. Solo nosotras cuatro.
Se muerde el labio, imaginando ya los mensajes: “¿Os apetece terminar lo que empezamos hoy? Quiero que me uséis como en mis fantasías… sin límites.
El clítoris le da otro latido fuerte, como respuesta.
Y por primera vez esa noche, sonríe de verdad.
Ella abre los ojos en la habitación real. Sigue atada. Sigue mojada. Sigue sin haberse corrido y esta perdiendo la cabeza. El coño se le contrae alrededor de nada, el culo apretando la polla de Javi que continua dentro de ella. Siente que se va a correr, que esta vez sí…
Pero él se sale de golpe.
Se sube a horcajadas sobre su pecho, se pajea rápido encima de su cara.
—No… espera… ¡no te corras todavía! ¡Fóllame más! ¡Por favor!
Demasiado tarde.
Javi se tensa y le suelta todo en la cara, el semen caliente sale a chorros que le caen a Gema en los labios, la nariz, los ojos cerrados.
SPLAT SPLAT SPLAT — gruesos y abundantes.
JODER, JODER!!, QUE CORRIDAAAAA......... GEMA!!!, Logra decir Javi con el cuerpo temblando de placer y luego se deja caer a un lado, jadeando satisfecho.
Ella se queda ahí, atada, cubierta de semen, el coño todavía latiendo desesperado, el culo dilatado y vacío, el clítoris tan hinchado que le duele. No ha llegado. Ni de cerca.
Intenta mover las caderas, frotarse contra el aire, contra la sábana, lo que sea. Nada. La frustración le sube por la garganta como bilis caliente.
—Mírame… joder… tócame… necesito correrme… por favor…
Javi, todavía recuperando el aliento,...
Y Gema vuelve a pensar., con el coño palpitando tanto que duele, la humedad se le escapa entre los muslos.
—Mañana… mañana les escribo a las tres. Les digo que quiero repetir la sesión… pero sin cámara. Solo nosotras cuatro.
Se muerde el labio, imaginando ya los mensajes: “¿Os apetece terminar lo que empezamos hoy? Quiero que me uséis como en mis fantasías… sin límites.”
El clítoris le da otro latido fuerte, como respuesta.
Ella no pudo más y la tension que acumula le hace decir cosas que no siente, con la voz ronca, baja pero cargada de veneno.
—Eres un mierda, Javi. Un puto mierda.
—¿Qué…?
Gema lo miró con desprecio, tirando del lazo para soltarse.
—¿Qué qué? Que no sirves ni para follar, cabrón. Me atas, me escupes, me sobas como te da la gana, me digo que me hagas lo que quieras… y al final, ¿qué? Te corres tú y yo me quedo aquí como una idiota, con el coño ardiendo y sin correrme. ¿Sabes lo que es eso? Es humillante. Eres un inútil con polla.
Javi se incorporó un poco, frotándose los ojos.
—Venga, Gema, no seas así… ha estado bien, ¿no?
—¿Bien? —ella soltó una risa amarga, casi un gruñido—. Ha estado de pena. Has sido un egoísta de mierda. Te he pedido todo, fóllame la boca, métemela por el culo, azótame, llámame puta… y lo has hecho, sí, pero como un puto principiante. Sin ritmo, sin saber dónde tocar, sin preocuparte ni un segundo de si yo llegaba o no. Solo querías correrte. Eres patético.
Él intentó tocarle la pierna, pero ella apartó la cadera con rabia.
—No me toques, joder. No te mereces ni rozarme ahora mismo.
—Vale, vale… mañana te compenso, te lo juro.
Gema lo miró fijamente, los ojos brillando de furia y deseo mezclado.
—¿Mañana? No, cariño. Mañana no va a haber “te compenso”. Mañana vas a ver cómo me folla el primero que me ponga caliente. Porque yo ya no aguanto más esta mierda de polla mediocre y egoístas.
Javi se quedó quieto, procesando.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Que estoy harta. Que esta noche, mientras tú ya satisfecho, yo me he imaginado a las tres s de la sesión de fotos follándome como diosas. Marta con su consolador negro reventándome el coño, la Puri comiéndome el coño hasta que me chorree en la cara y Laura sentándose en mi boca y obligándome a lamerla mientras me meten dedos por todos lados. Ellas sí saben hacer que una se corra. Ellas no se paran en cuanto eyaculan. Ellas me habrían dejado temblando y pidiendo más.
Él tragó saliva, la polla empezaba a despertársele otra vez solo de oírla hablar así, pero Gema no le dio tregua.
—Y no solo ellas. Mañana mismo les escribo. Les digo, “Chicas, la sesión de fotos fue una mierda comparada con lo que quiero de verdad. Venid a casa y usadme como queráis. Traed juguetes, traed lo que sea. Quiero correrme hasta que no pueda ni andar”. Y tú… tú vas a mirar. Vas a estar ahí sentado, con la polla dura y sin tocarte, viendo cómo me hacen gritar de placer como tú nunca has conseguido.
Javi abrió la boca para protestar, pero ella lo cortó.
—Y si se te ocurre decir que no, que te da celos o alguna gilipollez de esas… te juro por Dios que me voy. Me voy esta misma noche, me suelto yo sola este puto lazo si hace falta, y me busco a quien sí sepa follarme como merezco. Porque yo no soy tu juguete para que te corras y ya. Yo quiero correrme. Y si tú no puedes dármelo… pues lo conseguiré por otro lado. O por otros lados. Muchos.
Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido.
—Ahora desátame, Javi. O no. Da igual. Pero mañana vas a ver lo que es una mujer satisfecha de verdad… y vas a aprender lo que es quedarse mirando sin participar. Porque esta noche has perdido el privilegio de tocarme hasta que demuestres que vales algo más que un polvo egoísta de mierda.
Tiró del lazo otra vez, fuerte, haciendo que el cabecero crujiera.
—Desátame. Ya.
Javi, con la cara roja de vergüenza y excitación mezcladas, se acercó despacio y desato el lazo con los dedos temblorosos.
Cuando Gema quedó libre, se levantó de la cama, desnuda, cubierta de fluidos secos, el coño todavía brillante. Se quedó de pie frente a él, mirándolo desde arriba.
—Duerme en el sofá esta noche. Y piensa bien en lo que te he dicho. Porque mañana empieza lo de verdad.
Se giró hacia Javi una última vez, con una sonrisa fría y peligrosa.
—Buenas noches, inútil. Sueña con lo que te vas a perder y me empujo fuera del dormitorio, dejando la puerta abierta, para que viese lo suficiente, para que la mirara
Solo la tenue bombilla del espejo, suficiente para verse en el reflejo, el pelo revuelto, el maquillaje corrido por las lágrimas de frustración y placer, el semen seco de Javi todavía pegado en la piel como una marca de humillación. Se miró fijamente a los ojos y murmuró.
—Que se joda.
Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó su arsenal secreto. Primero el consolador negro de verdad, 25 centímetros de longitud, grueso como su muñeca, con venas marcadas y una base ancha que se adhería a cualquier superficie. Ya lo habian usado en otras ocasiones, cuando ya empezaba a sospechar que Javi no iba a dar la talla. Luego el otro, uno más delgado pero curvado, de silicona suave, con ventosa también, perfecto para el culo.
Javi seguía mirando casi a hurtadillas desde la peurta...
Se subió a la cama de matrimonio —la misma donde Javi la había dejado insatisfecha hacía rato— y se colocó de rodillas en el centro. Escupió en su mano, lubricó los dos juguetes con saliva y con los fluidos que todavía le chorreaban del coño. No necesitaba más, estaba empapada de pura rabia y deseo.
Primero se metió el grande en el coño. Lo apoyó en la sábana, base abajo, y bajó despacio.
POP… CHOF… CHOF…
La cabeza gruesa le abrió los labios, la estiró hasta el límite. Gema soltó un gemido largo, animal, mientras bajaba centímetro a centímetro hasta que la base tocó su clítoris hinchado. Estaba dentro del todo. Hasta el fondo. Sintió cómo le presionaba hasta la espalda, cómo la llenaba por completo, y se quedó quieta un segundo, respirando agitada, adaptándose al grosor brutal.
Luego vino el segundo. Se inclinó hacia delante, apoyó las tetas en la cama, levantó el culo y se lo colocó en la entrada del ano. Escupió sobre su mano y, lo frotó con los dedos para abrirlo un poco más y empujó.
POP — entró la punta.
CHOF… CHOF… — lo fue metiendo despacio, sintiendo cómo se abría paso, cómo la doble llenaba la hacía sentir a punto de reventar. Cuando la base del segundo consolador tocó su perineo, soltó un grito ahogado.
Ahora los tenía los dos dentro. Profundos. Inmóviles.
Se quedó así un momento, temblando, sintiendo la presión doble contra las paredes internas, cómo se rozaban a través de la fina separación, cómo su cuerpo entero latía alrededor de ellos.
Empezó a moverse. Primero lento. Subía y bajaba sobre el grande del coño, haciendo que el del culo se moviera con ella.
PLAP… PLAP… PLAP — el sonido húmedo y obsceno de los juguetes entrando y saliendo alternadamente.
Cada bajada hacía que el consolador grande le golpeara el punto G con fuerza, mientras el del culo le presionaba justo donde más lo necesitaba.
Aceleró.
Se apoyó en una mano, con la otra se pellizcó un pezón con saña, tirando fuerte.
¡Joder sí… así… así!
Subía casi hasta sacar el grande y volvía a caer de golpe, empalándose entera. El culo se contraía alrededor del otro consolador, apretándolo con cada embestida.
La fantasía volvió sola, las tres mujeres del estudio de fotos. Marta empujando el consolador desde abajo mientras ella cabalgaba. Puri comiendole el coño expuesto cada vez que subía y Laura detrás, metiéndole los dedos junto al juguete del culo, estirándola más.
CHOF CHOF CHOF — los movimientos se volvieron frenéticos.
El coño le chorreaba, los fluidos resbalaban por los muslos, empapaban las sábanas. El clítoris le rozaba contra la base del consolador grande cada vez que bajaba del todo.
PLAP PLAP PLAP — más rápido, más fuerte.
Gema se mordió el antebrazo para no gritar demasiado alto.
—Javi… cabrón… mira lo que me hago sola… porque tú no puedes… —susurró entre jadeos.
El orgasmo llegó como un tren. Primero le subió desde el vientre, luego le explotó en el clítoris y se extendió por todo el cuerpo.
¡SÍIIII JODER!
El coño se contrajo con fuerza alrededor del consolador, apretándolo tanto que casi lo expulsa. Una corrida extensa, grande y espesa, salpico la cama, sus muslos y, el consolador del culo aun seguía dentro.
SPLISH SPLASH SPLISH — la corrida no paraba, mientras ella seguía moviéndose, ordeñando los dos juguetes, prolongando el placer hasta que le temblaron las piernas y se desplomó hacia delante.
Se quedó ahí, jadeando, con los dos consoladores todavía dentro, el cuerpo convulsionando con espasmos pequeños. El coño y el culo palpitando alrededor de ellos. Por fin… por fin se había corrido. Fuerte. Largo. Como necesitaba.
Después de unos minutos, se sacó los juguetes despacio, uno por uno, gimiendo bajito al sentir el vacío repentino. Los dejó en la cama, brillantes de sus fluidos.
Se levantó, desnuda, sudorosa, satisfecha por primera vez en días.
Se metió en la ducha por fin, dejando la puerta entreabierta. Si Javi se atrevía a entrar, que viera lo que se había perdido y que aprendiera.
Gracias a Dios a la mañana siguiente Gema volvia a ser la de siempre, la mujer cariñosa y atenta con la convivía, pero también ese volcan que estaba por explotar.
Tres días después de la sesión del martes, Gema no podía quitarse el subidón de encima. La llamada de Marta aún resonaba en su cabeza, y el morbo de saber que pronto podría posar para un catálogo real la tenía en un estado constante de excitación.
Esa tarde, mientras yo preparaba la cena en la cocina, ella abrió el álbum privado de Laura en el móvil y seleccionó tres fotos nuevas de la sesión para subir a su Insta.... público…, esta vez eligió tomas con poses aún más sensuales y sexys, cargadas de erotismo sugerente y misterioso, para que el morbo se disparara sin cruzar del todo a lo explícito.
Unos días después, Gema llegó al estudio de Laura con una mezcla de nervios y excitación que se le notaba en cada paso. Llevaba una falda de tubo negra, ajustada que marcaba su culazo respingón, y esas potentes piernas, una blusa blanca abierta en V hasta su cintura y que dejaba a las claras que, bajo ella, solo había carne, y en los pies, como no podía ser de otra manera, unas sandalias negras de tacón alto y fino. Un conjunto que apretaba su cintura hasta marcar un reloj de arena perfecto, aquella blusa le daba la curva perfecta para que sus pechos medianos y altos se intuyeran claramente sin enseñar demasiado. El pelo castaño claro rubio suelto en ondas naturales, maquillada natural pero intensa, ojos ahumados que hacían brillar el verde, labios rojos oscuros que invitaban a morderlos.
Laura la recibió con un abrazo cálido y la llevó al fondo del estudio, donde ya estaban las dos mujeres de la marca, Marta y Puri. Marta, la diseñadora principal, era una mujer de unos 38 años, morena con el pelo en un moño bajo elegante, maquillaje impecable y un vestido negro ajustado que marcaba su figura atlética pero femenina, curvas suaves, cintura definida, piernas largas y tacones altos que le daban un aire sofisticado y sexy y luego estaba Puri, la responsable de marketing, era rubia platino con corte de pelo estilo bob perfecto, ojos azules intensos y un conjunto de blusa de seda negra semitransparente (se adivinaba un sujetador de encaje negro debajo) y un falda roja ajustada, con un gran lazo que se ceñía a sus caderas generosas. Gema se vio avergonzada, cohibida y vencida por la elegancia que ambas mujeres mostraban, guapas, sexys sin esfuerzo, con esa confianza que solo tienen las mujeres que saben exactamente lo que quieren y cómo se ven.
Se presentaron con sonrisas profesionales, pero cálidas. Marta le dio dos besos a Gema y comentó,
—Encantada. Hemos visto las fotos; Laura nos ha enseñado, creo, todo el book que te ha hecho y… wow!!. Tienes una presencia increíble. Queremos ver cómo te mueves en vivo.
Puri añadió, acompañando sus palabras con un guiño cómplice,
—Y si en persona eres la mitad de sensual que, en las imágenes, ya sabemos que encajas perfectamente con nuestra línea.
Marta retomó la palabra, con una sonrisa cargada de intención:
— Buscamos modelos seguras, descaradas, que no tengan miedo de provocar, de jugar con el deseo y de explotar su sensualidad frente a la cámara. La nueva colección es atrevida, pensada para mujeres que saben lo que tienen y no temen mostrarlo… pero de eso hablaremos después. Ahora queremos verte en acción, descubrir cómo te mueves, cómo seduces con tu presencia. Por cierto, ahí tienes un par de obsequios de la marca; nos encantaría que te los pusieras en algún momento durante la sesión.
Gema, mostrando una gran sonrisa, asintió con la cabeza y les dio las gracias, intentando ocultar los nervios que le recorrían el estómago. Tomó la bolsa con los obsequios y la dejó sobre la mesa cercana, lanzando una mirada curiosa al contenido sin abrirla todavía.
Laura puso música suave de fondo, luces cálidas que jugaban con las sombras, y empezó la sesión. Al principio, Gema se sintió un poco rígida, pero Laura la guio con paciencia, “Relájate, reina, empieza de pie, manos en las caderas, mira a cámara con esa mirada que mata… sí, así, arquea un poco la espalda para que el marque tu figura… perfecto”.
Gema se soltó rápido. Posó como si hubiera nacido para ello. Primero de perfil, con una mano en la cintura y la otra en el pelo, dejando que el corsé marcara su reloj de arena y el body insinuara la curva de sus tetas sin enseñar nada. Luego sentada en el diván rojo, piernas cruzadas, muslos fuertes tensándose bajo los ligueros, mirada directa a cámara con labios entreabiertos. Laura disparaba sin parar: “Más sensual, baja la barbilla, mírame como si supieras que me estás volviendo loca… sí, reina, así”.
Marta y Puri observaban desde un lado, tomando notas en el móvil y susurrando entre ellas. De vez en cuando intervenían con peticiones suaves pero precisas.
—Marta indicó, con voz firme y calculada, “Prueba esto: colócate de espaldas, gira la cabeza por encima del hombro, arquea un poco más la espalda… quiero ver cómo realzas la curva, cómo los ligueros tensan la silueta.”
Gema lo hizo sin dudar, el culazo alzándose con insolencia, la tela del body pegada a la piel, el tanga marcándose sutilmente.
Puri intervino, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cargado de intención,
—Ahora, de rodillas en el diván… manos sobre los muslos… separa un poco las piernas. No muestres nada —solo insinúa. Haz que quien te mire imagine el resto. Míranos a cámara como si estuvieras invitando… prometiendo algo sin decirlo.
La mirada de Gema se volvió más intensa, más consciente del efecto que causaba.
Fue entonces cuando Marta inclinó la cabeza hacia la mesa y comentó, con una sonrisa lenta y sugerente,
—Por cierto… ¿por qué no pruebas los obsequios que te hemos traído? Están pensados para realzar lo mejor de ti. Creo que pueden elevar… mucho más la temperatura de la sesión.
Los obsequios resultaron ser un conjunto de lencería extremadamente exclusiva, diseñada para impactar desde el primer vistazo. No era una colección común: cada pieza parecía creada para provocar, dominar la mirada y convertir el cuerpo en un espectáculo de lujo y deseo.
El encaje era fino y elaborado, con transparencias calculadas y cortes atrevidos que realzaban las curvas con descaro y sofisticación. Los tirantes delicados, los ligueros ajustados y los pequeños detalles metálicos aportaban un aire fetichista, nocturno y peligrosamente seductor, como si la prenda estuviera pensada para mujeres que viven de su poder de atracción y no temen explotarlo.
Gema sostuvo entre las manos aquellas prendas que no parecían pensadas para la delicadeza cotidiana, sino para escenarios nocturnos, miradas hambrientas y mujeres que convierten el deseo en un arma. Eran varios conjuntos de diseño exclusivo, de encaje profundo y transparencias provocadoras, con tirantes finos, ligueros firmes y detalles metálicos que brillaban como pequeños desafíos bajo la luz cálida del estudio.
Cada pieza estaba creada para dominar la atención, para marcar el cuerpo con intención, para convertir cada curva en una declaración. No era solo sensual, era atrevida, peligrosa, excesiva, hecha para mujeres que no se esconden y que saben cómo convertir la provocación en poder.
Cuando Gema apareció con el conjunto puesto, el ambiente cambió.
Su postura se volvió más lenta, más segura, como si la prenda hubiera despertado una versión más oscura y consciente de sí misma. El encaje abrazaba su piel con descaro, insinuando más de lo que mostraba. Los ligueros tensaban su silueta, marcando cada movimiento con un aire deliberadamente provocador.
—Camina —susurró Marta, con una sonrisa cargada de intención.
Gema obedeció, pero no desde la sumisión. desde el juego. Caminó con una seguridad nueva, giró el cuerpo con lentitud, arqueó la espalda lo justo para convertir el gesto en una provocación consciente. Su mirada se clavó en la cámara con una mezcla de desafío y promesa peligrosa, como si supiera que tenía el control de la escena, luego avanzó con pasos suaves y controlados, dejando que la tela se deslizara sobre su cuerpo, que la luz dibujara sombras sugerentes sobre sus muslos, su cintura, la curva de su espalda. No se movía como una modelo tímida, sino como una mujer que sabe exactamente el efecto que genera.
Apoyó una rodilla en el diván, deslizó una mano por su muslo, no para mostrar… sino para hacer imaginar. Cada movimiento era una declaración silenciosa: poder, deseo, riesgo.
Puri bajó la voz, casi en un murmullo cargado de tensión:
—No parezcas dulce… pareces una mujer que sabe exactamente lo que hace… y que no siente culpa por ello.
Gema sostuvo la mirada, lenta, dominante.
La sesión había dejado de ser una prueba. Ahora era un juego oscuro de poder, provocación y transgresión, donde la línea entre lo profesional y lo prohibido se volvía peligrosamente difusa.
La sesión había cruzado un umbral invisible. Lo que empezó como una prueba profesional, para Gema se había transformado en algo más primitivo, más cargado de electricidad. El aire del estudio parecía más denso, las luces más íntimas, y cada clic del obturador de Laura resonaba como un latido en el corazón.
Gema, envuelta en ese conjunto de encaje negro profundo —transparencias estratégicas que jugaban al borde de lo visible, ligueros que se clavaban en la carne como promesas firmes, pequeños detalles metálicos que brillaban como ojos vigilantes—, ya no era solo una modelo. Era la dueña absoluta de la habitación. Sus movimientos se habían vuelto deliberados, casi rituales, un giro lento de cadera que hacía que el encaje susurrara contra su piel, un arqueo de espalda que convertía su silueta en una curva imposible de ignorar, una mirada sostenida que no pedía permiso, sino que lo exigía.
Marta, con los brazos cruzados y una media sonrisa que no llegaba a ser inocente, rompió el silencio.
—Perfecto. Ahora quiero algo más… crudo. Quítate las sandalias. Descalza, pero mantén los ligueros. Quiero ver cómo el encaje muerde tu piel cuando te mueves sin nada que te eleve. Baja al suelo, de rodillas, pero no como si te rindieras… como si estuvieras acechando.
Gema obedeció sin una palabra. Se descalzó con lentitud, dejando que los tacones cayeran a un lado con un sonido suave. El frío del suelo contrastó con el calor que subía por sus piernas. Se arrodilló delante del diván, pero no de forma sumisa las rodillas separadas lo justo, las manos apoyadas en los muslos, los dedos abriéndose lentamente como si acariciaran algo invisible. El encaje se tensó en su entrepierna, insinuando sin revelar, y los detalles metálicos capturaron la luz como pequeños cuchillos de deseo.
Puri se acercó un paso, el tacón resonando como un eco. Su voz era baja, casi ronca.
—Míranos. A las tres. No a la cámara. A nosotras. Haz que sintamos que estamos invadiendo algo prohibido… y que tú nos dejas entrar solo porque te place.
Los ojos verdes de Gema, intensificados por el ahumado, recorrieron a las tres mujeres con calma felina. Primero a Laura, que seguía disparando, pero ahora con la respiración algo alterada. Luego a Marta, cuya postura atlética parecía haberse tensado un poco más. Finalmente, a Puri, cuya blusa de seda negra dejaba entrever el encaje debajo, como un eco involuntario de lo que Gema llevaba puesto.
Gema inclinó la cabeza ligeramente, dejó que una onda de pelo cayera sobre un hombro, y separó los labios en una sonrisa lenta, peligrosa. No dijo nada. No hacía falta. El gesto era claro - yo decido hasta dónde llega esto-.
Laura bajó la cámara un instante, solo para murmurar,
—Joder, reina… estás ardiendo.
Marta soltó una risa suave, casi admirada.
—Esto es exactamente lo que buscábamos. No una modelo. Una fuerza. Algo que haga que la gente no pueda apartar la vista… y que se sienta un poco culpable por mirar.
Puri, sin apartar la mirada de Gema, añadió con un tono que rozaba lo confidencial,
—Y ahora… ¿qué tal si subimos un poco más la apuesta? Hay otro detalle en la bolsa. Un collar. Fino, de cuero negro con un anillo metálico discreto. Nada exagerado… pero suficiente para que todo el mundo entienda quién manda aquí.
Gema no dudó. Se levantó con gracia felina, fue hasta la mesa y sacó el accesorio. Era elegante, minimalista, pero inconfundible en su intención, un toque de control simbólico, de juego de poder. Se lo colocó ella misma alrededor del cuello, ajustándolo con dedos precisos. El anillo metálico descansó justo en el hueco de su garganta, brillando como una invitación silenciosa.
Volvió al diván. Esta vez se tumbó de lado, una pierna flexionada, la otra extendida, dejando que el ligueros marcara la línea perfecta de su muslo. La mano libre subió hasta el collar, lo rozó con las yemas de los dedos, y tiró ligeramente de él, como probando su resistencia… o la suya propia.
El estudio quedó en silencio absoluto, salvo por el zumbido suave de las luces y la respiración contenida de las cuatro mujeres.
La sesión ya no era sobre ropa. Era sobre dominio. Sobre deseo crudo. Sobre cómo una mujer puede convertirse en su propia arma más letal. La habitación parecía haberse encogido.
Gema, tumbada de lado en el diván, con el collar de cuero negro ceñido al cuello y el anillo metálico brillando exactamente donde latía su pulso, levantó lentamente una mano. No hacia la cámara. Hacia su propio cuerpo. Los dedos índice y medio recorrieron el borde del encaje que cubría —apenas— uno de sus pechos. No lo apartó. Solo lo rozó, trazando la curva inferior con una lentitud que hacía doler la espera. El pezón, endurecido bajo la transparencia, se marcó aún más contra el tejido fino, como si reclamara atención.
Marta dio un paso adelante sin darse cuenta. Sus tacones resonaron una sola vez, seco, y se detuvo. Sus pupilas estaban dilatadas.
—Más despacio —ordenó con voz ronca, casi traicionada por su propio deseo—. Quiero ver cómo te tocas… sin tocarte del todo. Quiero que sientas el roce del encaje como si fueran mis dedos. O los de Puri. O los de Laura.
Gema obedeció, pero lo hizo a su manera. Deslizó la palma abierta por su vientre, descendiendo milímetro a milímetro hasta detenerse justo donde empezaban los ligueros. Allí, en la línea donde la piel se volvía más sensible, presionó ligeramente con las yemas, sin llegar a cruzar la frontera del tanga. El gesto fue tan sutil que parecía inocente… y tan deliberado que resultó obsceno.
Puri soltó el aire que llevaba conteniendo. Su blusa de seda negra se adhería ahora a la piel por el leve sudor que empezaba a perlar su escote. Se mordió el labio inferior un instante, luego habló con voz baja, casi íntima,
—Separa más las piernas. Solo un poco. Lo suficiente para que veamos cómo el encaje se tensa… cómo se hunde entre tus muslos cada vez que respiras. No te toques todavía. Solo… déjanos verlo. Déjanos imaginar cómo estarías si te lo permitiéramos.
Gema flexionó las rodillas lentamente, abriendo el ángulo justo lo necesario. El movimiento hizo que el tanga de encaje se deslizara un milímetro hacia un lado, revelando apenas el inicio de la piel más íntima antes de volver a su sitio. No fue un descuido. Fue una promesa rota a propósito.
Laura dejó caer la cámara sobre su pecho, colgando del cuello como si pesara demasiado. Sus manos temblaban ligeramente cuando se acercó al borde del diván.
—Joder, Gema… —susurró, la voz quebrada—. Si sigues así, no voy a poder seguir disparando. Vas a hacer que me olvide de que esto es trabajo.
Gema giró la cabeza hacia ella exponiendo una gran sonrisa. Sus ojos verdes eran casi negros ahora por la dilatación de las pupilas y la excitación.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Marta fue la primera en romperlo. “Creo que ya tenemos lo que queremos.”
—Eres peligrosa —murmuró Marta, más para sí misma que para las demás—. Sabes exactamente lo que estás haciendo… y lo estás disfrutando demasiado.
—Todavía no he empezado a disfrutar de verdad, respondió con seguridad Gema.
Gema levantó la vista, mirando primero a Marta, luego a Puri, finalmente a Laura.
—Ahora… —susurró, con la voz ronca de deseo contenido— decidme qué queréis que haga después. Porque yo… puedo seguir. Mucho más lejos.
Y la sesión, oficialmente, se dio por finalizada, hora y media despues de haberla inicado, Laura paró, revisó algunas tomas en la pantalla y dijo, “Chicas, esto ha sido oro puro. Gema, has estado impecable. Os paso las mejores ahora mismo”.
Marta y Puri se acercaron a Gema, todavía en lencería, y le dieron la mano.
--Marta, “Has sido perfecta. Te mueves como si llevaras años en esto. Tienes ese equilibrio entre elegante y sexy que buscamos. Vamos a hablarlo internamente, pero te aseguro que la oferta viene”.
--Puri añadió, con un guiño: “Y si aceptas, vas a ser una de las chicas de nuestra nueva línea para mujeres reales. Gracias por dejarnos verte en acción”.
Gema se cambió al baño, se puso la ropa con la que había llegado y salió con las mejillas encendidas. Cuando llegó a casa esa noche, me lo contó todo mientras se desnudaba, dejando ver el tanga todavía manchado por la humedad del subidón de la sesión.
—Joder, Javi… me he sentido como una diosa. Las dos eran guapísimas, elegantes, sexys… y yo ahí, posando para ellas como si fuera lo más normal del mundo. Cada vez que me pedían algo, lo hacía mejor. Y ahora… si aceptan, .... voy a ser una de sus modelos, ¿Sabes que significa eso?
La besé profundo, agarrando ese culazo que había posado toda la tarde.
—Pues claro que lo que se, será tu sueño cumplido...
-- Querrás decir mi sueño y tu fantasía cumplida, porque como ocurra, no te cuento la cantidad de tíos que me van a ver casi como dios me trajo al mundo.
--Que hija de puta!!! Seguro que te has sentido como una guarra posando para esas tres, y me culpas ahora a mi. ¿Sabes? hoy follamos pensando en cómo te han mirado esas dos mujeres tan sexys, en cómo has clavado cada pose, en cómo vas a ser la modelo en un catálogo que todos van a ver.
La habitación está a oscuras, solo la luz tenue de la lamparita de la mesita iluminaba nuestros cuerpos con un calor extenuante que nos ahogaba a los dos.
JAVI: -Dame las manos – en un susurro cachondo y ato las muñecas a la cabecera con un lazo suave, tobillos separados y atados a los extremos de la cama, dejando a Gema expuesta, abierta, el coño hinchado y brillante de tanto roce previo, los pezones duros como piedras.
Ella lo mira con ojos vidriosos, la respiración entrecortada.
—Hazme todo lo que quieras… todo lo guarro que se te ocurra. Quiero que me uses como tu puta personal. No pares hasta que me destroces.
Él sonríe, esa sonrisa lenta y peligrosa que a ella le pone la piel de gallina. Se sube encima, le mete tres dedos de golpe en el coño sin aviso.
CHOF CHOF CHOF — los mete y saca rápido, curvándolos para rozar ese punto que la hace arquear la espalda.
—Dime lo que quieres, zorra. Pídemelo con palabras sucias.
Ella traga saliva, la voz ronca de deseo:
—Fóllame la boca hasta que me ahogue… escúpeme en la cara… méteme los dedos en el culo mientras me follas… llámame puta, perra, zorra barata… azótame el coño hasta que esté rojo… quiero sentir tu leche caliente por todas partes… quiero que me abras entera…
Javi obedece, paso a paso, con una precisión casi cruel.
Primero le agarra el pelo y le mete la polla hasta los huevos.
GLOK GLOK GLOK — ella casi se atraganta, , pero no para de gemir alrededor de la carne. Él se la saca un segundo para escupirle directo en la boca abierta,
—Trágatelo, puta.
Luego la gira un poco (lo justo que dan las ataduras), le separa las nalgas y le mete saliva directamente en el culo antes de meterle dos dedos.
PLAP PLAP — los mueve en círculos mientras con la otra mano le azota el clítoris abierto.
¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! — cada golpe hace que ella grite y se retuerza, el coño chorreando más.
—Más… joder, más… méteme la polla por detrás… quiero que me rompas el culo… quiero sentirte hasta el fondo…
Javi se coloca, escupe en su propia polla y empuja despacio al principio.
POP — la cabeza entra.
Ella suelta un gemido largo, animal.
Luego empuja de golpe hasta el fondo.
CHOF CHOF CHOF — empieza a bombear fuerte, sin piedad, mientras le mete los dedos en el coño al mismo tiempo.
Ella está al borde, el cuerpo temblando, el clítoris latiéndole como loco.
—Azótame las tetas… pellízcame los pezones… dime que soy tu sucia puta que me follarías con otros delante tuyo…
JODER GEMA!!! No me digas eso!!, pero Javi lo hace todo, le azota las tetas hasta dejarlas rojas, le retuerce los pezones, le susurra al oído guarradas cada vez más soeces.
—Eres mi puta barata… te follaría con mis amigos mientras tú miras y suplicas… te pondría a chupar pollas una detrás de otra hasta que no puedas hablar… te llenaría de leche de cinco tíos y luego te haría lamerlo todo del suelo…, Creo que hasta te follarías a esas dos tipas que de la empresa, ¿A que si?...
En su cabeza, él ya no está solo. Ha abierto la puerta y han entrado tres más. Amigos suyos, o extraños de la cafeteria, da igual. Todos desnudos ya, con sus pollas erectas, mirándola como si fuera el centro del puto universo.
“.....Imagina como una le folla la boca hasta el fondo de la garganta y hace que le coma los huevos y el culo, queriendo más, imagina como a Gema le corren las lágrimas le corren, pero gime mientras su boca es salvajemente ultrajada.
Otro se pone entre sus piernas abiertas, le separa los labios con los dedos y le mete la lengua directo al clítoris hinchado. SLURP SLURP SLURP — lame fuerte, succiona, le mete la manmo en el coño mientras se lo come como si se estuviera muriendo de hambre.
El tercero le agarra las tetas, las aprieta, les retuerce los pezones hasta que duelen de placer. Luego se sube a horcajadas sobre su pecho y le folla el canalillo entre las tetas, resbaladizo de sudor y semen viejo.
Y él —el de verdad, el que la ató— se queda mirando desde la esquina, pajeándose lento, disfrutando del espectáculo que él mismo ha montado. —Mirad cómo se pone esta puta… le encanta que la usen varios a la vez.
El que le come el coño se aparta un segundo, se pone de rodillas y la penetra de golpe. PLAP PLAP PLAP — embestidas brutales, profundas, haciendo que sus huevos le golpeen el culo con cada empujón. Al mismo tiempo, el de la boca se la saca y le escupe en la cara, —Abre más, zorra… quiero verte ahogarte con mi leche.
Ella obedece, la boca abierta, lengua fuera. Él se corre fuerte: SPLAT SPLAT SPLAT — chorros calientes que le llenan la boca, le caen por la barbilla, le mojan las tetas. Ella traga lo que puede, el resto se le escurre.
El del coño acelera, CHOF CHOF CHOF — y se corre dentro, llenándola hasta rebosar, el semen caliente mezclándose con su propia humedad. Se sale y otra toma su sitio inmediatamente. Este le mete la polla en el culo sin aviso, lubricado solo con saliva y semen que gotea del coño. POP… CHOF CHOF CHOF — entra hasta el fondo, la hace gritar de placer y dolor mezclado.
Ahora la tienen doble: coño y culo a la vez. Dos pollas moviéndose dentro, chocando a través de la pared fina, frotándose una contra la otra. PLAP PLAP PLAP en el coño, CHOF CHOF CHOF en el culo. El ritmo se sincroniza y se desincroniza, volviéndola loca. El tercero le mete los dedos en la boca, obligándola a chuparlos como si fueran otra polla.
Ella siente que viene. Viene de verdad esta vez. El orgasmo se le acumula en el vientre, sube por la columna, le explota en el clítoris. ¡JODER SÍIIII! — se corre gritando, el cuerpo convulsionando, el coño apretando tan fuerte que casi expulsa la polla. La corrida caliente le salen a presión, empapando las sábanas, las piernas de todos. SPLISH SPLASH SPLISH — squirt que no para, mientras ellos siguen follándola sin piedad.
Uno tras otro se corren, dentro del coño, dentro del culo, en las tetas, en la cara, en el pelo. La dejan cubierta, goteando, temblando, exhausta… pero satisfecha por fin.
En la fantasía, después se quedan ahí, respirando agitados, y uno le dice: —Descansa un rato, puta… porque en diez minutos volvemos a empezar…”
Pero Gema tiene su propia fantasia...
“...Ahora, en la oscuridad de la cama, con las muñecas todavía esposadas, cierra los ojos y la fantasía se desata sin control.
En su cabeza, la sesión no ha terminado. Las luces del estudio siguen encendidas, pero ya no hay cámara. Las tres mujeres se han quitado la ropa despacio, quedando en ropa interior tan puta como la de ella. Laura (la fotógrafa) es la que manda. Se acerca primero, le quita el corpiño de un tirón y le agarra las tetas con fuerza.
—Mírate… posando como una zorra todo el día y ahora vas a cobrar de verdad.
Marta se arrodilla entre sus piernas, le arranca el tanga de un tirón y le mete la lengua directo al clítoris. SLURP SLURP SLURP — lame con hambre, succiona el botón hinchado, le mete dos dedos curvados mientras le abre los labios con la otra mano para que la pelirroja pueda ver todo.
Puri se sube a la tarima de fotos, se sienta en la cara de Gema y le frota el coño mojado contra la boca. FROT FROT FROT — Gema saca la lengua, lame desesperada, saborea el sabor salado y dulce, gime contra la carne caliente mientras la pelirroja le agarra el pelo y la obliga a ir más profundo.
¡GIME MÁS FUERTE, PUTA! — le grita Marta, que ahora le está metiendo tres dedos en el coño mientras Puri le chupa el clítoris sin parar.
Los sonidos llenan el estudio imaginario: CHOF CHOF CHOF — los dedos entrando y saliendo rápido. SLURP SLURP SLURP — lenguas y succiones en el clítoris y en el coño de Gema. GLOK GLOK — cuando la Laura se mueve más fuerte y le mete los dedos en la boca para que los chupe como si fueran pollas.
Marta se pone un arnés con un consolador negro enorme, grueso, venoso. Se lo enseña a Gema. —Míralo… esto es lo que te mereces después de posar como una perra en celo.
Se lo mete de golpe en el coño. PLAP PLAP PLAP — embestidas brutales, profundas, haciendo que Gema grite contra el coño de la pelirroja. La Puria no para, le lame el clítoris mientras el consolador entra y sale, la lengua rozando su coño estirado.
Luego cambian. Laura se pone detrás, le separa las nalgas y le mete lengua en el culo, abriéndolo, preparándolo. SLURP SLURP — Nota la saliva calienta corriendo del culo a su coño y Maarta se lo mete por detrás sin aviso - POP… CHOF CHOF CHOF — se la follan entre las dos, un consolador en el coño y en el culo a la vez, moviéndose al unísono.
Puri se sube encima, le frota su coño contra una teta de Gema mientras se masturba el clítoris con furia. FROT FROT FROT — las tetas de Gema resbaladizas por el calor que desprende el coño de Puri.
Gema siente que viene. Viene fuerte. El cuerpo le tiembla, el coño se contrae alrededor del consolador, el culo aprieta, el clítoris late como loco bajo la lengua de la Puri.....
¡ME CORRO JODER SÍIIII! Explota. Chorros calientes le salen a presión, empapando el consolador, las manos de la Marta, la cara de Puri, SPLISH SPLASH SPLISH — una corrida que no para, un squirt infinito, mientras las tres siguen sin piedad, lamiendo, follándola, gritándole guarradas.
—Así, zorra… córrete para nosotras… eres nuestra puta de fotos ahora….”
Pero en la cama real, Gema abre los ojos de golpe. Sigue atada. Sigue sin correrse. El coño le palpita tanto que duele, liquido humedo se le escapa entre los muslos.
—Mañana… mañana les escribo a las tres. Les digo que quiero repetir la sesión… pero sin cámara. Solo nosotras cuatro.
Se muerde el labio, imaginando ya los mensajes: “¿Os apetece terminar lo que empezamos hoy? Quiero que me uséis como en mis fantasías… sin límites.
El clítoris le da otro latido fuerte, como respuesta.
Y por primera vez esa noche, sonríe de verdad.
Ella abre los ojos en la habitación real. Sigue atada. Sigue mojada. Sigue sin haberse corrido y esta perdiendo la cabeza. El coño se le contrae alrededor de nada, el culo apretando la polla de Javi que continua dentro de ella. Siente que se va a correr, que esta vez sí…
Pero él se sale de golpe.
Se sube a horcajadas sobre su pecho, se pajea rápido encima de su cara.
—No… espera… ¡no te corras todavía! ¡Fóllame más! ¡Por favor!
Demasiado tarde.
Javi se tensa y le suelta todo en la cara, el semen caliente sale a chorros que le caen a Gema en los labios, la nariz, los ojos cerrados.
SPLAT SPLAT SPLAT — gruesos y abundantes.
JODER, JODER!!, QUE CORRIDAAAAA......... GEMA!!!, Logra decir Javi con el cuerpo temblando de placer y luego se deja caer a un lado, jadeando satisfecho.
Ella se queda ahí, atada, cubierta de semen, el coño todavía latiendo desesperado, el culo dilatado y vacío, el clítoris tan hinchado que le duele. No ha llegado. Ni de cerca.
Intenta mover las caderas, frotarse contra el aire, contra la sábana, lo que sea. Nada. La frustración le sube por la garganta como bilis caliente.
—Mírame… joder… tócame… necesito correrme… por favor…
Javi, todavía recuperando el aliento,...
Y Gema vuelve a pensar., con el coño palpitando tanto que duele, la humedad se le escapa entre los muslos.
—Mañana… mañana les escribo a las tres. Les digo que quiero repetir la sesión… pero sin cámara. Solo nosotras cuatro.
Se muerde el labio, imaginando ya los mensajes: “¿Os apetece terminar lo que empezamos hoy? Quiero que me uséis como en mis fantasías… sin límites.”
El clítoris le da otro latido fuerte, como respuesta.
Ella no pudo más y la tension que acumula le hace decir cosas que no siente, con la voz ronca, baja pero cargada de veneno.
—Eres un mierda, Javi. Un puto mierda.
—¿Qué…?
Gema lo miró con desprecio, tirando del lazo para soltarse.
—¿Qué qué? Que no sirves ni para follar, cabrón. Me atas, me escupes, me sobas como te da la gana, me digo que me hagas lo que quieras… y al final, ¿qué? Te corres tú y yo me quedo aquí como una idiota, con el coño ardiendo y sin correrme. ¿Sabes lo que es eso? Es humillante. Eres un inútil con polla.
Javi se incorporó un poco, frotándose los ojos.
—Venga, Gema, no seas así… ha estado bien, ¿no?
—¿Bien? —ella soltó una risa amarga, casi un gruñido—. Ha estado de pena. Has sido un egoísta de mierda. Te he pedido todo, fóllame la boca, métemela por el culo, azótame, llámame puta… y lo has hecho, sí, pero como un puto principiante. Sin ritmo, sin saber dónde tocar, sin preocuparte ni un segundo de si yo llegaba o no. Solo querías correrte. Eres patético.
Él intentó tocarle la pierna, pero ella apartó la cadera con rabia.
—No me toques, joder. No te mereces ni rozarme ahora mismo.
—Vale, vale… mañana te compenso, te lo juro.
Gema lo miró fijamente, los ojos brillando de furia y deseo mezclado.
—¿Mañana? No, cariño. Mañana no va a haber “te compenso”. Mañana vas a ver cómo me folla el primero que me ponga caliente. Porque yo ya no aguanto más esta mierda de polla mediocre y egoístas.
Javi se quedó quieto, procesando.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Que estoy harta. Que esta noche, mientras tú ya satisfecho, yo me he imaginado a las tres s de la sesión de fotos follándome como diosas. Marta con su consolador negro reventándome el coño, la Puri comiéndome el coño hasta que me chorree en la cara y Laura sentándose en mi boca y obligándome a lamerla mientras me meten dedos por todos lados. Ellas sí saben hacer que una se corra. Ellas no se paran en cuanto eyaculan. Ellas me habrían dejado temblando y pidiendo más.
Él tragó saliva, la polla empezaba a despertársele otra vez solo de oírla hablar así, pero Gema no le dio tregua.
—Y no solo ellas. Mañana mismo les escribo. Les digo, “Chicas, la sesión de fotos fue una mierda comparada con lo que quiero de verdad. Venid a casa y usadme como queráis. Traed juguetes, traed lo que sea. Quiero correrme hasta que no pueda ni andar”. Y tú… tú vas a mirar. Vas a estar ahí sentado, con la polla dura y sin tocarte, viendo cómo me hacen gritar de placer como tú nunca has conseguido.
Javi abrió la boca para protestar, pero ella lo cortó.
—Y si se te ocurre decir que no, que te da celos o alguna gilipollez de esas… te juro por Dios que me voy. Me voy esta misma noche, me suelto yo sola este puto lazo si hace falta, y me busco a quien sí sepa follarme como merezco. Porque yo no soy tu juguete para que te corras y ya. Yo quiero correrme. Y si tú no puedes dármelo… pues lo conseguiré por otro lado. O por otros lados. Muchos.
Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido.
—Ahora desátame, Javi. O no. Da igual. Pero mañana vas a ver lo que es una mujer satisfecha de verdad… y vas a aprender lo que es quedarse mirando sin participar. Porque esta noche has perdido el privilegio de tocarme hasta que demuestres que vales algo más que un polvo egoísta de mierda.
Tiró del lazo otra vez, fuerte, haciendo que el cabecero crujiera.
—Desátame. Ya.
Javi, con la cara roja de vergüenza y excitación mezcladas, se acercó despacio y desato el lazo con los dedos temblorosos.
Cuando Gema quedó libre, se levantó de la cama, desnuda, cubierta de fluidos secos, el coño todavía brillante. Se quedó de pie frente a él, mirándolo desde arriba.
—Duerme en el sofá esta noche. Y piensa bien en lo que te he dicho. Porque mañana empieza lo de verdad.
Se giró hacia Javi una última vez, con una sonrisa fría y peligrosa.
—Buenas noches, inútil. Sueña con lo que te vas a perder y me empujo fuera del dormitorio, dejando la puerta abierta, para que viese lo suficiente, para que la mirara
Solo la tenue bombilla del espejo, suficiente para verse en el reflejo, el pelo revuelto, el maquillaje corrido por las lágrimas de frustración y placer, el semen seco de Javi todavía pegado en la piel como una marca de humillación. Se miró fijamente a los ojos y murmuró.
—Que se joda.
Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó su arsenal secreto. Primero el consolador negro de verdad, 25 centímetros de longitud, grueso como su muñeca, con venas marcadas y una base ancha que se adhería a cualquier superficie. Ya lo habian usado en otras ocasiones, cuando ya empezaba a sospechar que Javi no iba a dar la talla. Luego el otro, uno más delgado pero curvado, de silicona suave, con ventosa también, perfecto para el culo.
Javi seguía mirando casi a hurtadillas desde la peurta...
Se subió a la cama de matrimonio —la misma donde Javi la había dejado insatisfecha hacía rato— y se colocó de rodillas en el centro. Escupió en su mano, lubricó los dos juguetes con saliva y con los fluidos que todavía le chorreaban del coño. No necesitaba más, estaba empapada de pura rabia y deseo.
Primero se metió el grande en el coño. Lo apoyó en la sábana, base abajo, y bajó despacio.
POP… CHOF… CHOF…
La cabeza gruesa le abrió los labios, la estiró hasta el límite. Gema soltó un gemido largo, animal, mientras bajaba centímetro a centímetro hasta que la base tocó su clítoris hinchado. Estaba dentro del todo. Hasta el fondo. Sintió cómo le presionaba hasta la espalda, cómo la llenaba por completo, y se quedó quieta un segundo, respirando agitada, adaptándose al grosor brutal.
Luego vino el segundo. Se inclinó hacia delante, apoyó las tetas en la cama, levantó el culo y se lo colocó en la entrada del ano. Escupió sobre su mano y, lo frotó con los dedos para abrirlo un poco más y empujó.
POP — entró la punta.
CHOF… CHOF… — lo fue metiendo despacio, sintiendo cómo se abría paso, cómo la doble llenaba la hacía sentir a punto de reventar. Cuando la base del segundo consolador tocó su perineo, soltó un grito ahogado.
Ahora los tenía los dos dentro. Profundos. Inmóviles.
Se quedó así un momento, temblando, sintiendo la presión doble contra las paredes internas, cómo se rozaban a través de la fina separación, cómo su cuerpo entero latía alrededor de ellos.
Empezó a moverse. Primero lento. Subía y bajaba sobre el grande del coño, haciendo que el del culo se moviera con ella.
PLAP… PLAP… PLAP — el sonido húmedo y obsceno de los juguetes entrando y saliendo alternadamente.
Cada bajada hacía que el consolador grande le golpeara el punto G con fuerza, mientras el del culo le presionaba justo donde más lo necesitaba.
Aceleró.
Se apoyó en una mano, con la otra se pellizcó un pezón con saña, tirando fuerte.
¡Joder sí… así… así!
Subía casi hasta sacar el grande y volvía a caer de golpe, empalándose entera. El culo se contraía alrededor del otro consolador, apretándolo con cada embestida.
La fantasía volvió sola, las tres mujeres del estudio de fotos. Marta empujando el consolador desde abajo mientras ella cabalgaba. Puri comiendole el coño expuesto cada vez que subía y Laura detrás, metiéndole los dedos junto al juguete del culo, estirándola más.
CHOF CHOF CHOF — los movimientos se volvieron frenéticos.
El coño le chorreaba, los fluidos resbalaban por los muslos, empapaban las sábanas. El clítoris le rozaba contra la base del consolador grande cada vez que bajaba del todo.
PLAP PLAP PLAP — más rápido, más fuerte.
Gema se mordió el antebrazo para no gritar demasiado alto.
—Javi… cabrón… mira lo que me hago sola… porque tú no puedes… —susurró entre jadeos.
El orgasmo llegó como un tren. Primero le subió desde el vientre, luego le explotó en el clítoris y se extendió por todo el cuerpo.
¡SÍIIII JODER!
El coño se contrajo con fuerza alrededor del consolador, apretándolo tanto que casi lo expulsa. Una corrida extensa, grande y espesa, salpico la cama, sus muslos y, el consolador del culo aun seguía dentro.
SPLISH SPLASH SPLISH — la corrida no paraba, mientras ella seguía moviéndose, ordeñando los dos juguetes, prolongando el placer hasta que le temblaron las piernas y se desplomó hacia delante.
Se quedó ahí, jadeando, con los dos consoladores todavía dentro, el cuerpo convulsionando con espasmos pequeños. El coño y el culo palpitando alrededor de ellos. Por fin… por fin se había corrido. Fuerte. Largo. Como necesitaba.
Después de unos minutos, se sacó los juguetes despacio, uno por uno, gimiendo bajito al sentir el vacío repentino. Los dejó en la cama, brillantes de sus fluidos.
Se levantó, desnuda, sudorosa, satisfecha por primera vez en días.
Se metió en la ducha por fin, dejando la puerta entreabierta. Si Javi se atrevía a entrar, que viera lo que se había perdido y que aprendiera.
Gracias a Dios a la mañana siguiente Gema volvia a ser la de siempre, la mujer cariñosa y atenta con la convivía, pero también ese volcan que estaba por explotar.
Tres días después de la sesión del martes, Gema no podía quitarse el subidón de encima. La llamada de Marta aún resonaba en su cabeza, y el morbo de saber que pronto podría posar para un catálogo real la tenía en un estado constante de excitación.
Esa tarde, mientras yo preparaba la cena en la cocina, ella abrió el álbum privado de Laura en el móvil y seleccionó tres fotos nuevas de la sesión para subir a su Insta.... público…, esta vez eligió tomas con poses aún más sensuales y sexys, cargadas de erotismo sugerente y misterioso, para que el morbo se disparara sin cruzar del todo a lo explícito.
Archivos adjuntos
Última edición: