La habitación de al lado (Compartir piso con mi hermana universitaria)

Que puta pasada de historia.... Me la he leído en 2 noches, y menudo calentón llevo.... Es impresionante la forma en la que te hace meterte en la historia como si estuvieras allí... Que bien narrado ( escrito) todos los participantes, la cabeza ya está imaginando que será lo siguiente... Y la polla, pues cómo la de David o por ahí.... 🔥🔥🔥🔥🔥🥵😅😉👏👏
 

45​




El sábado por la mañana tocó limpieza general. Nos repartimos las tareas para acabar antes, pero aun así nos pegamos casi tres horas hasta dejar el piso impoluto. Cocina, salón, baño y las habitaciones.

Yo solo pensaba en lo que se me avecinaba por la noche, aunque Paula intentaba aparentar que estaba muy tranquila. Iba con un chándal gris viejo de andar por casa, y yo la miraba como si fuera con el vestido más caro y sugerente del mundo.

Y es que me ponía extremadamente cachondo que no llevara el sujetador debajo de la sudadera. Estuve durante las tres horas de la limpieza viendo sus tetazas bambolearse arriba y abajo, y ella sabía que me provocaba con eso. Incluso la pillé un par de veces sonriendo disimuladamente, sabiendo que se estaba comportando como una jodida calientapollas.

Después de comer me eché la siesta y apenas tuve tiempo de mucho más, porque mis colegas habían quedado a las siete para comenzar el botellón en un parque que había cerca de la Facultad de Medicina.

Sobre las seis me pegué una ducha y, antes de salir de casa, piqué en la puerta de la habitación de mi hermana.

―¡Paula, ya me voy!

―Vale, luego nos vemos…

―Oye, que aunque no lo hemos hablado, de madrugada venimos juntos para casa, ¿no?

―No lo sé, David. ¿Qué vais a hacer después de la carpa?

―Supongo que iremos a tomar la última… Aunque tampoco quiero llegar muy tarde. ¿Vosotros?

―Pues no lo sé, por eso no te lo puedo confirmar.

―Vaya… ―dije situándome detrás de ella, masajeando sus hombros―. Yo que quería venir contigo…

―¿Y eso? ―preguntó Paula, haciéndose la inocente―. Es que lo mismo esta noche viene Fernando a dormir a casa…

¡Mierda!

Con eso sí que no había contado. Yo dejando a Paula la noche anterior con todo el calentón y de repente, me suelta que se quiere traer al novio. Ya tenía que ser más incisivo si quería aprovechar esta oportunidad, dejarme de juegos y medias tintas, pero no me salía ser tan directo.

―Oh, ¿va a venir Fernando? ¡Vaya, no me lo esperaba!

―Bueno, tampoco hemos quedado todavía en nada concreto, pero lo mismo sí… ―me comentó Paula―. ¿Te molesta?

―No, puedes hacer lo que quieras.

―Pareces enfadado…

―Es que como hoy es el último día que vamos a salir de fiesta este curso, no sé… había pensado que quizás tú y yo, bueno, ya sabes… que podíamos quedar en casa a una hora o incluso venir juntos. Por eso, quizá si me ha molestado un poco lo de Fernando…

―No te puedo asegurar nada, David… A ver cómo trascurre la noche…

―Por cierto, ¿te vas a poner esta noche el conjuntito que te regalé?

―Pues en principio no. ¿Por…?

―Por nada, solo por curiosidad. Me tengo que ir, Paula, luego nos vemos…

―Pásalo bien.

―Lo intentaré…

―Adiós, enano, y no bebas mucho, ¡eh…!

―Lo mismo te digo.

Esa era mi intención, beber lo justo, pero mis colegas parecían tener otros planes y aparecieron en el parque con unas cuantas botellas de ron, whisky, ginebra, vasos, coca cola, hielos y bolsas de patatas varias.

La conversación con Paula me había dejado más bien frío. Parecía que tenía más ganas de follar con su novio que de estar conmigo, y lo que yo pensaba que era mi gran oportunidad casi se había desvanecido por completo.

Ahogué las penas en el alcohol, aunque tampoco quería emborracharme e intenté olvidarme de Paula y pasármelo bien con los colegas. Me tomé un par de copas rápido y luego ya me tocó regular. Cuando mis amigos ya empezaban a ir borrachos, me fue bastante fácil disimular que bebía echándome muy poco alcohol, o incluso tirando el contenido de mis copas por mi espalda.

Y en cuanto abrieron la carpa, a las nueve de la noche, nos fuimos directos a la facultad de medicina. Había quedado con Sofía y sus amigas a la entrada y saludé a mi chica con un efusivo pico en los labios. Me sorprendió encontrarme a Sofi también bastante contenta con unas copas de más, pues mi chica no suele beber casi nada, y es que ellas también habían quedado en el piso de una de las de su grupo un par de horas antes.

Sofía iba muy guapa con una minifalda negra que era lo que más destacaba de su conjunto, pues apenas le llegaba la tela hasta donde asomaban sus glúteos. Le hacía un culito pequeño y duro muy apetecible y me fijé en cómo Jaime se la comía con los ojos.

En la parte de arriba se había puesto una camisa blanca y en los pies llevaba unas botas altas negras por debajo de las rodillas, pero sin tacones, eran planas, parecidas a unas de agua, pero en piel.

Apenas pude estar con ella, pues sus amigas se la llevaron a la barra y se pidieron unos cachis entre todas.

―¡No bebas más! ―quise advertirle, pero también me alegraba mucho ver a mi novia pasándoselo tan bien.

Y luego sentí el brazo de Jaime rodeando mi hombro.

―No la mires tanto, ja, ja, ja. Vamos, te invito a una copa ―y nos acercamos hasta la barra.

Nos quedamos allí mientras una alumna de medicina nos servía dos copazos y luego brindé con mi amigo.

―Me alegro mucho que te vaya tan bien, tío ―dijo Jaime, que ya iba visiblemente borracho.

―Gracias.

―Eres un tío de puta madre, espero que con los años podamos mantener nuestra amistad…

―Pues claro que sí, Jaime, tú también me caes muy bien, me has demostrado que siempre estás ahí cuando te he necesitado… aunque seguro que cuando te eches novia, ya pasas de mí…

―¡De eso nada! Yo no voy a ser uno de esos gilipollas que, en cuanto se echa piba, pasa de los colegas…

―Eso espero.

―Voy a ser como tú… no te olvidas de tus amigos ni aunque estés saliendo con Sofi. Por cierto, hoy ha venido espectacular con esa faldita…

―Ya te he visto cómo la mirabas, ¡cabrón!

―Ja, ja, ja, sí, no lo he podido evitar. ¡Es que está muy buena!

―¿Te la follarías?

―¿¡A quién!? ¿¡A Sofía!?

Y los dos nos giramos hacia ella, pues se encontraba en la misma barra, como a unos diez metros de nosotros. Justo en ese momento, Sofía nos observó con una sonrisa en la boca y se pasó el pelo de su media melena por detrás de la oreja.

―No, tío, es tu novia… eso jamás. Las novias de los colegas se respetan…

―No lo decía por eso. Mira, te voy a decir una cosa, pero esto no se lo digas a nadie, eh… que luego eres un bocazas.

―Vale, te prometo que de mi boca no va a salir ni una palabra.

―Pues verás, es que habíamos hablado de hacer un trío, no es nada seguro, solo ha surgido como idea, de momento solo lo hemos hablado, como una fantasía y ya está. Pero si ella aceptara con dos chicos, no sé… ¿Te molaría hacerlo con nosotros?

―¿Me estás proponiendo lo que estoy pensando?

―Sí…

―¿¡En serio has pensado en mí!? Pero ya sabes que yo soy… bueno, eso, que nunca lo he hecho con ninguna, pero si tú me lo pides, claro que lo haría… ¡En ese caso sí!

―Ya te digo que, de momento, solo lo estamos valorando y luego tendría que convencerla para que fueras tú el tercero.

―Joder, tío, me acabo de poner muy nervioso. ¡Uf, un trío con Sofía y contigo!

―Pero sin mariconadas, eh…

―Ja, ja, ja… ¡Qué cabrón! Claro, claro… Oye, y una cosilla, ¿no te molestaría que yo me acostara con tu novia?

―No lo sé, yo creo que no, pero hasta que llegara el momento no lo sabría con certeza.

―Sería algo raro, ¿no? Desvirgarme con tu novia, ja, ja, ja…

―La verdad es que sí, pero seguro que estarías muy a gusto con Sofía y ella te haría sentir bien, es muy cariñosa y superbuena tía…

―Ya lo sé, hacéis muy buena pareja. Tú todo un guaperas con ese flequillo y Sofía… tiene uno de los mejores culitos de toda la facultad, ja, ja, ja…

―Ja, ja, ja… ¡Qué cabrón eres! Vamos a volver con el resto y de esto ni una palabra, ¡eh! Solo te lo he contado a ti en confianza.

―Sí, claro, tranquilo…

Cuando volvimos con los amigos, estuve pensando en lo que había hablado con Jaime. Yo nunca había pensado en Sofía como un pibón, aunque estaba claro que él la veía de otra manera. Para mí era una chica muy sencilla, guapa, pero sin tener una belleza exuberante, sin muchas curvas, y sí es verdad que tenía un culo pequeño y muy bien puesto.

Casi dos horas más tarde, la vi bailando con sus amigas, disfrutando a tope de la última fiesta del año e incluso me pareció ver que se le acercaban un par de tíos a hablar con ella y su amiga. Me quedé observando cómo esos pijos le entraban a mi novia y, de repente, ella me buscó con la mirada. Esbozó una tímida sonrisa y luego siguió hablando con esos dos chicos que, al menos, consiguieron invitarlas a un par de copas.

Y de repente, se hizo el silencio entre mis amigos.

Todos se quedaron callados, con la boca abierta y la copa en la mano, y como si de una aparición estelar se tratara, vimos a mi hermana Paula aproximarse hacia nosotros. Parecía la típica película americana en la que la más popular del instituto camina por el pasillo a cámara lenta y todos la miran.

El look era como el de Sofía, iban casi igual, pero las tetazas de Paula se bamboleaban descontroladas a cada paso que daba. La minifalda era cuero, lo mismo que sus imponentes botas con taconazos por encima de las rodillas, que brillaban como si fueran de charol.

Solo faltaba que se hubiera quedado la carpa a oscuras y un foco iluminara directamente a Paula. Ella iba delante, y caminaba decidida con sus dos amigas detrás, y luego me fijé que también estaba el grupo su novio Fernando y otro par de chicos que yo no conocía.

Estuvo a punto de pasar de largo, pero al verme se giró hacia mí, y vino decidida con el pelo recogido en una coleta alta, que le daba un aire más salvaje, además de que se había maquillado más que de costumbre.

―Hola, hermanito ―dijo plantándome dos besos delante de todos mis colegas, que seguían absortos con la belleza de Paula―. Hola a todos…

―¡Hola! ―contestaron mis amigos como corderitos.

―¿Qué tal, Paula? ¿Acabáis de llegar?

―No, ya llevaremos por aquí casi una hora… ¿Y vosotros?

―Nosotros entramos en cuanto abrieron, ya van unas cuantas de estas… ―dije mostrándole mi copa casi vacía. La tercera de la noche―. ¿Quieres algo? Te invito.

―Puede que luego, enano, hemos quedado con unos amigos de Fernando que deben estar por aquí…

Y antes de volver a abrir la boca, me fijé en su escote. No es que fuera muy pronunciado, pero lo suficiente como para que se pudiera ver un poquito del sujetador. Allí asomaba el lazo rosa del conjuntito que yo le había regalado.

¡Se lo había puesto para mí!

Creo que me empalmé de la emoción y Paula, se ruborizó al darse cuenta de dónde tenía puesta la mirada.

―¿Te…? ¿Te lo has puesto? ―tartamudeé emocionado―. ¡Uf, qué pasada!, ¡¡te queda increíble!! Además, vas espectacular con esas botas…

―Muchas gracias… sí, la verdad es que me queda bien.

―¿Solo bien? Mejor que bien, ¡ufffff…! Oye, ¿al final viene Fernando a dormir a casa?

―No lo sé… ―murmuró acercándose a mí―, a ver cómo transcurre la noche, todavía no le he dicho nada.

―Por favor, Paula, no se lo digas…

―¿Por qué?

―Ya lo sabes… así podemos estar solos… tú y yo. Ayer creo que quedó algo pendiente, fue una pasada que me dejaras ducharme contigo… ―le susurré al oído, aprovechando que estaba casi pegada a mí.

Y de repente escuchamos la voz de Sofía por detrás de nosotros.

―Hola, Paula.

Mi hermana se giró y se encontró con mi novia más efusiva de lo normal. Se dieron dos besos y comenzaron a hablar, la típica conversación de besugos sobre la fiesta y yo desconecté casi al segundo.

Era como las típicas hermanas mellizas que van vestidas casi iguales. Botas negras, minifalda del mismo color y camisa blanca. Sin embargo, había una diferencia abismal de estilo y, sobre todo, de cuerpo.

Sofía carecía de las imponentes curvas de mi hermana, y además, con las botas planas parecía una adolescente, sin embargo, Paula, con esos muslos y las botas brillantes por encima de las rodillas, y un tremendo taconazo, llamaba la atención allá por donde pasaba.

―Luego nos vemos ―me dijo Paula al despedirse, dirigiéndose hasta el grupo formado por los amigos de su novio.

―¿Qué pasa? ¿Es que no piensas hacerme caso en toda la noche? ―ronroneó Sofía, acercándose a mí y posando sus labios en mi cuello.

―Te he visto muy bien acompañada, no parece que me estés echando mucho de menos…

―¿Lo dices por esos dos pesados de antes?, ja, ja, ja, nos han invitado a una copa y ya está. Les he dicho que tenía novio y que es muy guapo… Por cierto, ¿no sabrás tú por dónde anda?

―Pues ni idea, aunque si es tan guapo como dices, seguro que está con la más buenorra de la fiesta…

Entonces Sofía se me acercó al oído y me soltó.

―¡Uf, tengo unas ganas locas de follar! ¿Me acompañas fuera?

Me quedé dudando por unos segundos. No podía acostarme con Sofía porque quería reservarme para Paula, por si sucedía algo entre nosotros, pero mi chica estaba decidida y me agarró de la mano sacándome fuera de la carpa.

Habían montado unos baños portátiles, como los que ponen en los festivales de música, y había por lo menos 20 cubículos, en teoría, separados para hombres y mujeres, pero la gente se metía en el primero que pillaba. Nos pusimos a la cola detrás de un chico y cuando salió, Sofía tiró de mí y me obligó a que entrara con ella.

Tuve que sujetarla como buenamente pude para que hiciera pis sin mancharse y, después de limpiarse y subirse la tanguita, me rodeó el cuello con los brazos y se lanzó a mi boca.

―¡Joder, Sofi! Cada vez buscas sitios más elegantes, ¿en serio quieres que te folle aquí?, además hay gente esperando fuera. Nos han visto entrar juntos… ―dije colando las manos por debajo de su minifalda y sobando su culo a dos manos. Y es que, aunque no quería tirármela, me ponía muy cerdo que esa falda fuera tan cortita.

Si no fuera porque tenía que reservarme para Paula, me la hubiera follado sin ninguna duda. Yo también llevaba tres copas encima y el alcohol me ponía extremadamente cachondo.

―Me da igual que nos hayan visto entrar ―gimoteó tirando de su falda hacia arriba y dejándola en su cintura como si fuera un cinturón. Con prisa buscó el botón de mis pantalones y me lo desabrochó tirando fuerte.

Luego se giró, apoyándose contra la pared y sacó el culo hacia fuera, sacándose la tira del tanga de entre los glúteos y desnudando su coño, para que pudiera metérsela.

No me lo pensé dos veces, aquel culito me ponía demasiado y de un empujón se la clavé a lo bestia, pegando mi cuerpo contra su espalda. Y así me la follé, completamente de pie, con movimientos cortos y secos mientras Sofía se acariciaba el clítoris con los dedos y yo devoraba su cuello. Tuve que resistirme y esperar que ella llegara al orgasmo, y entonces hice algo que no había hecho en mi vida.

Fingir que me corría.

Gimoteé en su oído y simulé que me temblaban las piernas y el típico espasmo mientras eyaculas.

―¡¡¡Mmmmm, sí, córrete dentro, mmmm, córrete dentro de mí!!! ―me pidió Sofía, dejando que la siguiera embistiendo.

Luego cogí un poco de papel y limpié sus labios vaginales que, por cierto, estaban empapados, y no precisamente por mi semen, y cuando terminé, nos fundimos en un beso.

Y al salir del baño, justo tuvimos la mala suerte de que Paula estaba esperando en el cubículo de al lado. Sofía se iba bajando la minifalda con una mano y con la otra, tiraba de mí. Aunque estaba tan pedo que ni se fijó en que Paula nos había cazado de pleno.

Yo crucé la mirada con mi hermana y pude ver en su cara la decepción al verme salir con Sofía, aunque negué con la cabeza, intentando decirle que no había pasado nada entre nosotros. Paula era demasiado orgullosa y me iba a tocar darle unas cuantas explicaciones si quería terminar la noche con ella.

Ese polvo rápido lo único que había conseguido era ponerme todavía más cachondo de lo que ya estaba y, al volver a entrar en la carpa, Sofía regresó con sus amigas y le tuve que pedir que no bebiera más, pero no me hizo mucho caso, porque al poco las vi a todas sus amigas con unos chupitos de un color verdoso muy extraño. Cinco minutos más tarde, apareció Paula y dudé si ir a hablar con ella.

―¡Uf, tío, lo de tu hermana es un puto espectáculo! ―me dijo Jaime, rodeando mi hombro con su brazo, viendo que yo no dejaba de mirarla detenidamente―. El novio ese es un puto suertudo, aunque no me cae nada bien; no sé qué hace tu hermana con esa panda de pijos…

―Sí, son un poco pijos, pero en el fondo su novio es buen tío.

―Bueno, si tú lo dices, ¡madre mía!, lo de esas botas que lleva Paula puestas, ¿las has visto? Joder, yo creo que todos se deben preguntar quién es la morenaza esa, ¿no crees?

―Ja, ja, ja, puede ser…

―Ya sé que es tu hermana, pero es que está tremenda, ¡esas tetas no son ni medio normales! Y hoy parece que se le mueven más de la cuenta, pero sí que lleva sujetador… Es extraño ―comentó Jaime, que desde luego era todo un detallista.

Me hubiera gustado decirle que el sujetador de Paula era casi de adorno, por eso se le movían tanto sus pechos, y que el conjuntito que llevaba puesto se lo había regalado yo. Pero tuve que tragarme la lengua y los dos nos quedamos mirando cómo su novio le rodeaba la cintura con sus brazos y le soltaba un beso mientras le daba una pequeña cachetada en el culo.

En ese instante, sentí una punzada de celos que no había sentido ni cuando Sofía se tomó la copa con el chico desconocido que quería ligar con ella, y viendo que mi noche ya se estaba torciendo definitivamente, me acerqué con Jaime a la barra y le invité a otra copa.

La última.

Y después disfruté de la fiesta con Sofía, con mis amigos, cantamos y bailamos todas las canciones y, sobre las dos de la mañana, cuando todavía nos quedaba una hora allí en la carpa, una de las amigas de Sofía que había salido al baño con ella, vino a buscarme.

―Ven conmigo, David, creo que Sofía no se encuentra muy bien. ―al irme, la encontré vomitando sola y me arrodillé junto a ella, poniendo una mano en su frente para apartar el pelo de su cara.

―¿Qué te pasa, cariño?

―Uf, creo que lo he echado todo… Hasta el desayuno de por la mañana, han sido los putos chupitos…

―Sí, los chupitos y las copas, y lo que hayáis bebido en casa de Luna.

―¡Madre mía! Hacía mucho que no me cogía una borrachera así…

―Bueno, no te preocupes… Es normal…

Estuve con mi chica casi una hora más, mientras la gente iba saliendo de la fiesta, y después llegaron sus amigas con las cazadoras puestas. Estaba claro que tenían ganas de seguir de marcha.

―No os preocupéis, os podéis ir, tranquilas. Yo la acompaño a casa…

―¿Seguro, David?

―Sí, claro…

Y después, mis colegas hicieron lo mismo, solo Jaime se ofreció a quedarse conmigo, pero yo le pedí que se fuera con el resto. Además, no me gustaba que vieran a Sofía en ese estado. Y ya cinco minutos antes de que cerraran la carpa, apareció el grupo de mi hermana y los amigos del novio. ¡Los que faltaban! Al verme, Paula se puso a mi lado y sacó una toallita para limpiar la boca a mi chica.

―¿Qué ha pasado, David? ―me preguntó mi hermana.

―Ya ves, lo normal en una fiesta…

―¡Uf, Paula! ¡Qué vergüenza! Vete, por favor… ―le pidió mi chica.

―Ja, ja, ja, vergüenza ninguna, todas hemos pasado por es ―le contestó Paula.

―¡Dios, todo me da vueltas! No vuelvo a beber en mi vida…

―Pero te lo has pasado bien, ¿no?

―Sí, muy bien, aunque no sé si mañana va a merecer la pena…

―¡Anda, Paula! Vete con Fernando y sus amigos, te están esperando.

―No os voy a dejar aquí solos así, tal y como está Sofía…

―No pasa nada, voy a esperar un poco a que se le vaya pasando y luego la llevo a casa, en taxi o andando o como ella quiera…

Paula se puso de pie y se acercó a su novio. Estuvo hablando con él, se despidieron con un pico, y al minuto, mi hermana regresó con nosotros.

―Ya está, me quedo aquí y luego ya me uno otra vez con ellos.

―¡Qué no, Paula, que no hace falta que te quedes!

―Tú cállate que yo soy tu hermana mayor y me tienes que hacer caso.

―Está bien, ante eso no puedo decir nada…

―Vamos a ponerla de pie, que se mueva un poco ―me pidió Paula y entre los dos incorporamos a Sofía.

Su casa quedaba bastante lejos, a casi una hora, pero la noche era bastante agradable y fuimos caminando poco a poco, sujetándola cada uno por un lado. Yo la ofrecí que se quedara a dormir en nuestro piso, para que sus padres no se enteraran de su borrachera, pero Sofía declinó la oferta porque no les había avisado. Tuvimos que parar varias veces, aunque por suerte, mi chica se fue recuperando, y casi dos horas más tarde, y tras una larguísima caminata, por fin llegamos a su casa.

Nos pidió que nos quedáramos en el portal, no es que Sofía tuviera muy buen aspecto, pero ya había dejado de vomitar y se le había pasado el mareo. Aun así, preferí subir con ella, y me despedí de mi chica con un beso en los labios cuando abrió la puerta.

―Mañana te llamo.

―Anda, recupérate… Te quiero.

―Y yo.

Después bajé deprisa por las escaleras y allí estaba Paula, esperándome en el portal. Ya eran casi las cinco de la mañana.

―Muchas gracias por haber venido con nosotros.

―Es lo menos que podía hacer. Pobre, Sofía…

―Más o menos, ya se encontraba bien. Mañana tendrá una buena resaca, pero se recupera rápido… esta es capaz de levantarse y salir a correr un rato.

―Pues nada… Vámonos a casa, ¿no? ―dijo Paula encogiéndose de hombros.

―Siento haberte fastidiado la fiesta…

―No me habéis fastidiado nada, David, deja de disculparte.

―Todavía estás a tiempo. Si quieres, te acompaño hasta donde estén Fernando y sus amigos…

―Estos seguirán en La posada medieval, pero yo ya paso de ir. Es muy tarde, y no me apetece…

―¿Entonces nos vamos a casa, hermanita? ―dije rodeando su cintura con mi brazo.

―Yo creo que sí. Total, son veinte minutillos más andando… Ya se me ha pasado hasta el sueño, ja, ja, ja…

―Si quieres nos tomamos la última. De camino creo que estará abierto El telescopio

―¡Madre mía! A menudo antro me quieres llevar… Hace siglos que no entro ahí, ¿y si nos vamos a casa?

―Venga, no seas aburrida, no podemos terminar la noche así. Deja que te invite a una copa…

―No me apetece tomar ya nada, David…

―Bueno, pues una botella de agua y escuchamos un poco de música, ahí ponen buenas canciones de rock.

―Si te gusta Nirvana y Soundgarden… Anda, no insistas, si al final te has salido con la tuya.

―¿Y eso?

―¿No querías que volviéramos juntos?

―Ja, ja, ja, sí, pero no de esta manera, si ya hasta se nos ha pasado el efecto de las copas que nos hemos tomado…

―Mejor…, así mañana estaremos más frescos para estudiar.

―¿Entonces…?

―Nos vamos a casa ―afirmó Paula y ella también me rodeó la cintura con su brazo.

Me encantó ir caminando bien agarrado a mi hermana, como si fuera mi novia. Dejé la mano peligrosamente cerca de su culo, sintiendo sus caderas moverse a cada paso que daba, y ella metió un par de dedos en el bolsillo trasero de mi pantalón. Entre risas fuimos comentando la fiesta y lo bien que nos lo habíamos pasado, y aunque el ambiente era distendido, yo podía percibir una especie de tensión sexual entre nosotros, por mucho que Paula tratara de disimularlo.

Sentía sus dedos en mis glúteos, y eso me daba mucho morbo, pero lo que más me ponía era cuando nos cruzábamos con alguien y, después de ver a Paula, se me quedaba mirando como diciendo, a ver quién es el jodido cabrón que va con esa diosa.

Antes de llegar a casa, nos encontramos con tres chicos más mayores que nosotros, tendrían sobre veinticinco años y le pegaron un buen repaso visual a mi hermana. Acto seguido, escuché uno a mi espalda que decía.

―¡Madre mía! ¡Está tremenda!

Paula también se dio cuenta, pero no dijo nada. Seguramente ya estaba acostumbrada a este tipo de comentarios y a que todos se quedaran prendados por su belleza cada vez que la veían. Lo tenía asumido. Y es que ella no era tonta. Sabía que estaba buenísima y, con esas tetas, era imposible que pasara desapercibida en cualquier sitio.

―¡Por fin! ―exclamó en cuanto llegamos a casa―. Ya no podía más, me duele todo, uf… ―resopló quitándose las botas.

Yo entré en la cocina y, como de costumbre, me calenté un vaso de leche con unas galletas para asentar el estómago y así dormir mejor.

―¿Vas a beber un poco de leche? ―me preguntó Paula.

―Sí, ¿te apetece a ti también?

―No, gracias, ya me voy a ir a la cama…

―Espera, Paula.

―¿Qué pasa…?

―Quédate conmigo, porfa, no me dejes solo… ―le pedí ofreciéndole un taburete.

―¿Y eso? ―dijo entrando en la cocina y sentándose a mi lado.

―Me apetece que me hagas compañía.

―Está bien…

―¡Vaya nochecita, eh!

―Ni que lo digas, enano.

―Por cierto, hoy ibas muy guapa, Paula. ¡Estabas espectacular con esas botas! Qué pena que ya te las hayas quitado…

―Ja, ja, ja, gracias, tú también con esa camisa ―y me tocó la tela del cuello, abriéndolo un poco―. Bueno, es que tú cualquier cosa que te pongas te queda genial, tengo un hermano bien guapo. Aunque tendrías que cortarte un poco ese flequillo ―dijo echándomelo a un lado para descubrirme los ojos.

―¡Ni de coña!

―No, no te lo cortes, ¡era broma! Te queda muy bien así. Hasta mis amigas no dejan de decirme lo mono que eres, ja, ja, ja…

―¿Ah, sí?

―Sí, y eso que son tres años mayores que tú…

―Pues Carla y Lorena están bastante buenas, no me importaría…

―Eeeeh, que tienes novia… ¡Pobre Sofía!

―Hablando de eso, por cierto, cuando me viste salir con Sofía del baño en la fiesta, no es lo que te piensas, eh…

―David, a mí no tienes que darme explicaciones, puedes hacer lo que quieras.

―Solo quería que supieras que no he hecho nada con Sofía, bueno, unos besos sí, pero nada más.

―¿Y por qué me cuentas eso? ―me preguntó Paula.

―Por comentártelo, no sé, yo creo que pude resistirme con Sofi porque supongo que tenía la esperanza de que, esta noche, la terminaríamos juntos tú y yo…

―¡Anda, no seas tonto…!

―Es la verdad, Paula, y además, te doy gracias por haberte quedado conmigo, ¡eres la mejor hermana del mundo!

―Sofía tiene mucha suerte de tener un novio como tú… que se preocupe tanto por ella.

―Igual que tú te preocupas por mí.

―No es lo mismo, yo lo decía más en plan pareja, ya sabes…

―El caso es que, al final, hemos terminado la noche juntos, como queríamos… ―le dije a mi hermana.

―Eso lo dirás por ti, ja, ja, ja…

―Sí, ya, como si tú no tuvieras ganas… Oye, Paula, sé sincera, ¿el conjuntito que llevas te lo pusiste por mí?

―No, me lo he puesto porque me queda bien y esta noche quería llevar algo sexy.

―Venga, di la verdad, ¿te lo pusiste para Fernando… o para mí?

Entonces Paula se quedó pensando la respuesta unos segundos y luego me miró a los ojos.

―Puede que…, para los dos…

―¿Sabes? Me alegra que al final tu novio no se haya quedado a dormir.

―Ahora estará por ahí con sus amigos, todavía es…

―Me da igual Fernando… y Sofía, al menos, por esta noche… ―la interrumpí de repente―. Yo solo quiero que estemos tú y yo, como ayer, fue increíble, Paula, que me dejaras ducharme contigo, ¿a ti te gustó?

―Sí, claro, estuvo bien ―dijo sin mucho entusiasmo.

―Es curioso. ―sonreí.

―¿El qué…?

―Aquí empezó todo entre nosotros, ¿te acuerdas? En esta misma cocina…

―Sí, cómo no me voy a acordar, te pusiste muy pesado y al final…

―También llevabas ese conjuntito.

―Sí, correcto…

―Me encantaría repetirlo hoy. Ahora. ―Y estiré una mano y la puse sobre la de Paula.

Ella me acarició un dedo y pude ver en su cara el deseo contenido. Rocé su mejilla con el dorso de la mano y Paula se estremeció, agachando la mirada con timidez.

―No deberíamos, David…

―¿Por qué?

―Porque no podemos seguir, sí, lo de ayer estuvo bien, y lo del otro día en el sofá… pero tarde o temprano tenemos que parar… ¡Esto se nos está yendo de las manos! ¿No te parece?

―Yo ahora mismo solo pienso en estar contigo… ―aseguré poniéndome de pie y ayudé a Paula a que se levantara.

Agarré su cintura mirándonos de frente y caminamos juntos un par de pasos hacia atrás, hasta que su culo tocó la encimera. Ya no podía escapar de mí. Estaba arrinconada.

―¡David! ¿Qué haces…?

Muy despacio comencé a desabrochar los botones de su camisa. Uno a uno. Recreándome en esa sensación tan maravillosa de desnudar a mi hermana, disfrutando cada segundo, sin ninguna prisa, y cuando terminé con el último, abarqué sus dos pechos con las manos por encima del sujetador.

―¡Joder, Paula!

Me entretuve unos segundos, jugando con esas tetas que ya estaban hinchadas, y luego metí las manos por dentro de la tela de su camisa, acariciando su costado desnudo hasta que llegué a su minifalda. Le solté el broche, bajé la cremallera lateral y su faldita cayó a plomo hasta el suelo.

Paula tan solo llevaba puesta ya su ropa interior y temblaba con las manos apoyadas en la encimera. Ni siquiera se atrevía a mirarme.

―¡Te queda increíble ese conjuntito…! Entonces, ¿me dejas que me haga una paja?

Notaba su respiración acelerada y, de repente, bajó las dos manos y las puso en mi cintura, observando el tremendo bulto que ya me marcaba el pantalón.

―Vale, hazlo… ―susurró mordiéndose los labios.​
 
Ya estamos casi, pone los dos que faltan…..y ya….ánimo David….te esperamos….
 
Así me imagino a Paula esa noche con su minifalda de cuero y la camiseta blanca. ¿Os la follaríais en la cocina si fuera vuestra hermana?
 

Archivos adjuntos

  • grok_image_xbiie3f.jpg
Atrás
Top Abajo