berserk37
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La noche que cambio mi vida
Me llamo Carlos y soy miembro de una de las familias más ricas del país, pero no siento felicidad por ello, es como si todo ese dinero no pudiera llenar ese vació que llevo dentro de mí desde que tengo uso de razón. Mis padres prepararon una celebración donde sería subastado al mejor postor, si como lo oís, todos los invitados tenían algo que mi padre necesitaba para hacer crecer la empresa familiar y su intención era casarme con la hija del que más pujara.
Sonaba fatal, pero así estaban las cosas, el salón principal de la mansión estaba repleta de mujeres de mi edad, todas sonrientes y con miradas llenas de deseo, pero no era yo al que deseaban sino a la fortuna familiar. Hasta ahora había aprovechado para follarme a todas las cazafortunas que se me habían puesto por delante, las follaba hasta que me cansaba o hasta que se cansaban ellas al darse cuenta de que no conseguiría incale el diente a la fortuna familiar.
Para muchos poder follarse a mujeres hermosas era el culmen de la felicidad, pero yo necesitaba algo más, quería una mujer con la que compartir mi vida, crear un proyecto en común y ser padres, pero no lo conseguiría con ninguna de las que estaba allí. Tener hijos eso seguro que sí, estoy seguro de que sus padres les habían aleccionado para que se quedaran embarazadas lo antes posible para así tenerme bien cogido.
Veía a mis padres sonrientes andando entre los invitados saludando a unos y otros con una sonrisa de triunfo en sus rostros, ni siquiera habían preguntado mi opinión que no valía nada, solo su opinión tenía valor. Sentía como la corbata se cerraba apretando mi cuello, necesitaba aire y decidí salir al balcón. El aire era frío, pero me vino bien para enfriar mis ideas, estaba apoyado en el barandado cuando alguien se me acerco por detrás.
- Todo en esta vida tiene solución–dijo una voz de mujer que se me hacía muy familiar–. Solo hay que tener el valor de dar el paso.
Me gire para mirarla, era Sara, la única mujer que ame y sigo amando a día de hoy, ella fue capaz de hacer algo que yo no he podido hacer en todos estos años, soltar amarras y renunciar a todo. Lo más probable fuera que también renuncio al amor que sentía por mí.
- No me mires así–dijo Sara–. Estoy aquí por ti.
Su mirada, su mirada no había cambiado y eso hizo que mi corazón se desbocara, seguía mirándome con esa mirada enamorada de entonces.
- ¿Me sigues amando?– pregunté.
- Te sigo amando como el primer día–contesto Sara–. Pero no puedo corresponder el amor que todavía sientes por mí, no mientras seas una marioneta de tus padres.
- ¿Que me deparara el futuro si renuncio a todo?–pregunte.
- Libertad, un lienzo en blanco y mi incondicional amor–contesto Sara–. Pero solo hay una manera, hace un año te di la oportunidad y me fallaste, hoy te la vuelvo a dar, todo dependerá de ti.
Sara colocó sus manos sobre mi rostro y acercando sus labios a los míos me dio un tierno beso, después cogiendo su bandeja volvió a mezclarse entre la gente, ella estaba allí como parte del equipo de servicio.
Sara era como yo hace un año parte de una de las familias más ricas del país, nuestros padres decidieron que nos casaríamos y con ello harían una alianza que volvería a las dos familias las más poderosas del país y les haría todavía mucho más ricos. Contra todo pronóstico Sara y yo tuvimos un flechazo instantáneo solo con mirarla a los ojos por primera vez supe que me había enamorado de ella hasta el tuétano, por suerte para mí a ella le ocurrió lo mismo.
Pero había un problema y no era otro que de casarnos en esas circunstancias hubiéramos sido títeres de nuestros padres utilizando el amor que sentíamos el uno por el otro en su provecho. Sara no estaba dispuesta a que siguieran controlando su vida y la noche de la fiesta de nuestro compromiso subió las escaleras que te permitían subir del salón principal al primer piso y mirando a todos los invitados no solo rompió nuestro compromiso, sino que renuncio a su herencia.
Se podía ver la ira en los ojos de sus padres que la amenazaron con quitarle todo incluso los apellidos, Sara bajo las escaleras con una expresión de decisión y sacando un documento de una carpeta la coloco sobre una de las enormes mesas estampando una firma en ella, con ella renunciaba a todo, el dinero, la comodidad, las influencias y al poder, lo hacía por nuestro amor. Yo entonces no estuve a la altura, sentía lo mismo que ella, pero sentí un gran vértigo que me llevo a echarme atrás, jamás olvidaré la cara de extrema decepción de Sara cuando vio que yo no era capaz de hacer el mismo sacrificio que ella por nuestro amor.
Las lágrimas de extrema tristeza recorrían el rostro de Sara mientras me miraba con ojos suplicantes; sin embargo, yo me quede bloqueado mientras miles de preguntas golpeaban mi cerebro, ¿estaba preparado para renunciar a todo?, ¿sería capaz de vivir una vida sin lujos?, ¿tendría el suficiente valor para renunciar a todo sin mirar atrás? Estas fueron algunas de las preguntas que surcaban mis pensamientos a toda velocidad, para cuando pude volver en mi Sara había abandonado el palacio dejándome allí destrozado, siendo cociente de lo cobarde que era, un cobarde incapaz de luchar por lo que más quería, Sara.
Esa noche cambio mi vida, porque perder a Sara fue lo que me dio el valor para renunciar a todo, lo más triste es que ya era demasiado tarde, había tenido que perder a Sara para poder tener las agallas suficientes para hacer lo que tendría que haber hecho minutos atrás. De esa noche había pasado un año y la vida me daba una nueva oportunidad que esta vez no pensaba volver a desaprovechar. Durante el último año había hecho algunas inversiones que me habían otorgado beneficios, esas ganancias no me hacían rico, pero tenía lo suficiente como para empezar de cero y como así lo parecía también tendría lo suficiente como para poder empezar una nueva vida junto a Sara.
Pedí a Sara que me acompañara a mi despacho, una vez dentro pudo ver un sobre en la mesa, al abrirlo vio el mismo documento que ella firmó aquella noche solo que esta vez llevaba mi firma estampada, después me acompaño al mismo lugar donde ella apenas un año atrás había renunciado a todo. Pude ver a los padres de Sara mirándola con extremo odio porque su maniobra les impidió ser una de las dos familias más poderosas, en unos instantes serían mis padres los que me mirarían de esa manera y lo mejor era que esta vez sí estaba preparado para poder devolverles la mirada sin agachar la mía.
Di unas palmadas para que todos los invitados miraran a donde nos encontrábamos Sara y yo.
- He vivido toda mi vida dentro de una jaula–dije–. Una jaula con unas vistas privilegiadas, pero que me negaba la libertad, ha llegado la hora de romperla y empezar a vivir de verdad.
Mi padre temblaba de ira, miro a los demás invitados diciendo que se tranquilizaran que él lo arreglaría. Todos empezaban a ver que lo ocurrido un año atrás se volvía a dar, pero mi padre estaba seguro de que me metería en vereda, qué equivocado estaba.
- No me casaré con ninguna de las mujeres que hay en esta sala–dije–. La razón es sencilla, ninguna me ama a mí sino a la fortuna familiar al que tendrán acceso una vez nos hayamos casado y tal vez mis padres tuvieron estómago para pasar por el aro, pero yo no.
A mi madre parecía que le faltaba el aire, creo que en toda su vida no había pasado tanta vergüenza como la que estaba pasando en ese momento, mi padre me miro severamente.
- ¡Hijo piensa lo que estás haciendo detenidamente!–dijo mi padre–. ¡Porque estás poniendo tu vida, tus comodidades en riesgo!, ¡si no haces lo que te diga te desheredaré en el instante!
- No tengo nada que pensar padre–conteste–. Aquí tengo un documento que te facilitara cumplir tu amenaza, de hecho yo ya la he firmado y con esa firma renuncio a todo menos a una cosa, al amor que siento por esta preciosa mujer que está a mi lado.
Me gire hacia Sara y pude ver como caían lágrimas de felicidad por su rostro, se las limpie con el dorso de la mano imprimiendo en esa caricia todo el amor y el afecto que sentía por ella, acto seguido la bese con tal intensidad que los dos nos quedamos sin aire, pero nuestras sonrisas iluminaban todo el salón. Cogiendo su mano empezamos a descender por las escaleras dirigiéndonos a una de las mesas donde coloque el documento y le obsequie mi pluma a mi padre para que estampara su firma.
Lo hizo, yo me acababa de convertir en una herramienta rota y ya no tenía ninguna utilidad para él, mi madre me miraba arrodillada implorándome que recapacitara en mi decisión que estaba destruyendo mi vida.
- No madre–dije–. Es vuestra vida la que se destruye no la mía, yo desde este momento puedo decidir que hacer con la mía y no como hasta ahora que decidíais vosotros, pero no pensando en mi bien, sino en el vuestro.
Volví a mirar al amor de mi vida empezando a caminar a la que sería mi nueva vida, sin comodidades, sin lujos, pero definitivamente mía. Al estar fuera de la mansión mire al que había sido mi coche hasta ese momento, cogí las llaves y las deje sobre el capo, Sara se había acercado al suyo un mini antiguo, desde siempre le había gustado ese coche.
- Pensé que habías perdido tu mini al renunciar a tu herencia–dije.
- Lo perdí–contesto Sara–. Este lo compré de segunda mano, necesita una reparación en profundidad, pero funciona bien de momento.
Una vez dentro del coche sentado en el lado del copiloto miré a Sara.
- Tienes un plan, ¿verdad?– pregunté.
- Claro–contesto Sara–. ¿Te acuerdas de ese sueño del que hablábamos hace un año?
- Si–dije–. Queríamos montar un pequeño hotel cerca de la costa y lejos de nuestros padres.
- Pues he encontrado la costa y el edificio perfectos–contesto Sara–. Es un viejo caserón lo suficiente grande como para montar un hotelito para los turistas.
- Habrá que hacer reforma, ¿no es así?–pregunte.
- Sí, pero yo tengo dinero ahorrado y me imagino que tú no te habrás ido con las manos vacías–contesto Sara.
- Así es–conteste–. Durante este año he invertido mi dinero y he obtenido ganancias, si juntamos tus ahorros con los míos seguro que sacamos esa reforma adelante.
Sara con una gran sonrisa en el rostro beso mis labios y nos pusimos en marcha, durante el trayecto hablamos de todo un poco, me contó que empezar de cero no fue fácil y todo por su culpa por no pensar en su futuro. Al ser parte de una familia que tenía dinero por castigo nunca le dio la consabida importancia a los estudios y de verdad que llego a echarlos en falta.
Con su escaso currículum solo pudo optar a trabajos poco remunerados y que nadie quería hacer, pero también me comento que no se arrepentía, porque aunque tuvo que trabajar como una mula, pudo saborear la libertad lejos del yugo de sus padres.
- Sara quiero pedirte perdón por lo que paso hace un año–dije–. Me bloqueé, mi mente quería, pero mi cuerpo se negó a moverse comportándome como un cobarde.
- No te voy a mentir, me sentí decepcionada–contesto Sara–. Pero cuando me gire para mirarte por última vez vi que algo había cambiado en tu mirada y comprendí que necesitabas un poco más de tiempo y por eso he vuelto esta segunda vez.
- ¿Si llego a fallarte otra vez?–pregunte.
- No me hubieras visto el pelo nunca más, aunque eso hiciera que me muriera de pena–contesto Sara.
La charla fue tan amena que para cuando nos dimos cuenta habíamos llegado a nuestro destino, lo que Sara había contado del sitio se quedaba corto, al tenerlo delante me pareció el lugar más hermoso del mundo y la localización del caserón no podía ser mejor. Necesitaba mucha obra, era un edificio muy antiguo carcomido por la humedad y las termitas, pero una vez estuviera restaurado y convertido en un hotel no tenía ninguna duda que sería todo un éxito.
Sara me comento que tenía una casa alquilada en el pueblo que se encontraba al lado del mar. Andando tardamos en llegar una media hora. Era una casa pequeña, con una habitación, un baño y un salón con la cocina integrada separado por una pared prefabricada. Mi antiguo cuarto era más grande que esta casa y, sin embargo, me sentía mucho más cómodo en la casa de Sara que en mi antiguo cuarto.
- Dúchate mientras preparo algo para comer–dijo Sara–. Necesitaremos reponer fuerzas, tenemos mucho trabajo que hacer para poner nuestro sueño en marcha.
El cuarto de baño era pequeño, pero se notaba que el dueño de la casa lo había reformado y estaba muy bien, el plato de ducha era más espacioso de lo que parecía mirándolo desde fuera, abrí el chorro de agua caliente y me metí debajo de este dejando que el agua caliente recorriera mi cuerpo. Tan a gusto estaba que no me percate que Sara había entrado en la ducha y se había abrazado a mí desde mi espalda, pude notar como sus preciosos pechos se clavaban en mi espalda, al darme la vuelta los mire, eran más bonitos de como los recordaba.
Tenía los pezones como piedras, no me hice de rogar y me introduje uno en mi boca haciendo que Sara empezada a jadear, desde que tuve sexo con ella la última vez no había sentido lo que estaba sintiendo en ese momento. Había tenido sexo con otras mujeres, mujeres que me querían por el dinero de mi familia, no voy a ser hipócrita disfrute todos y cada uno de esos polvos y más sabiendo que aquellas mujeres no iban a conseguir lo que querían, pero con Sara era muy diferente porque a ella sí que la quería muchísimo y con ella no iba a follar, sino hacer el amor.
Sujetándola del culo la levante acercándola a mí, pero dentro del plato de ducha no había mucho espacio y casi rompemos la mampara de cristal. A los dos nos entró el ataque de risa decidiendo que mejor seguíamos en el dormitorio. Tumbe a Sara sobre la cama con las piernas abiertas, tenía el coñito rojo, hinchado y brillante por la humedad, me fui acercando a este poco a poco haciendo que la excitación y la ansiedad fueran creciendo en Sara.
Para cuando mi lengua rozo su clítoris Sara exploto en un brutal orgasmo que hizo que todo su cuerpo empezara a temblar. Deje que recuperada el aliento, pero como era costumbre en ella no estuvo quieta mucho rato. Levantándose de la cama de un salto esta vez fue ella la que cogió mi polla con sus manos, solo el contacto con estas hizo que alcanzara su mayor dureza y eso que la cosa no había más que empezado.
Cuando sentí como su lengua empezaba a ascender desde el tallo hasta la punta todo mi cuerpo se convulsionó y tuve que apretar los dientes para no correrme en ese instante del placer que Sara me estaba proporcionado. Una vez que me devolvió el favor dejándome excitadísimo y a tope de ansiedad fue cuando se la metió enterita en la boca hasta que note como la punta penetraba su garganta, no tuve que hacer nada más que relajarme y dejarla hacer a ella.
Sara subía y bajaba metiéndose mi polla hasta el esófago, lágrimas caían por sus mejillas, estaba siendo la mamada más ensalivada que me hubieran hecho en toda mi vida, Sara no se estaba guardando nada, había apostado por ella y con esto me estaba dejando claro que no me iba a arrepentir, una vez noto que estaba a punto de caramelo se metió mi polla hasta al fondo y fue cuando explote con una de las corridas más abundante que había tenido en mucho tiempo, salía y salía y Sara solo podía tragar.
Llego un momento que pensé que se estaba ahogando, pero nada más lejos de la realidad, su mirada era de máximo disfrute y más cuando vio mi expresión de máximo placer. El orgasmo fue tan demoledor que tuve que tumbarme sobre la cama porque todo mi cuerpo temblaba, pero mi herramienta se negaba a aflojar y viendo esto Sara gateo hasta tener la punta de mi polla en la entrada de su encharcado coñito, solo tuve que presionar un poco para que entrara hasta el fondo, los ojos se me pusieron en blanco al sentir como sus paredes vaginales me apretaban la polla dándome un placer demencial.
Su cuerpo subía y bajaba al ritmo que marcaban sus gemidos mientras yo me sujetaba a esos preciosos pechos para que el huracán Sara no me llevara por delante. Nuestros movimientos se acompasaron en un baile demencial que nos llevó a los dos al máximo placer hasta que explotamos en un brutal orgasmo, de no tenerla sujeta lo más probable es que Sara se hubiera caído de la cama, pues sus piernas no podían sujetarla.
Aunque teníamos ganas de más decidimos comer algo y empezar a planificar la reforma, miramos el capital de cada uno y teníamos de sobra para reformar el caserón y guardar algo para alguna emergencia. La reforma al final se alargó más de la cuenta, pues los obreros no pararon de encontrar más desperfectos, pero todo llega al que sabe esperar y después de unos largos ocho meses teníamos nuestro hotel listo para la inauguración.
Aprovechamos estos meses para entrevistar al personal que trabajaría junto a nosotros, en el pueblo estaban encantados puesto al ser un pueblo costero siempre habían vivido de la pesca y últimamente esta empezaba a escasear no habiendo suficiente para todos. Gracias al hotel algunas familias tendrían el futuro asegurado eso si es que el hotel funcionaba, pero conociendo a Sara como la conocía sabia que estudio el lugar y sabía que nos iría bien como así fue. La inauguración fue un éxito y el primer verano fue nuestra consagración. Después solo tuvimos que dejar que el boca a boca fuera funcionando, en dos años ya éramos un hotel de referencia, pero no todo era miel sobre hojuelas, Catalina una de nuestras camareras de hotel estaba muy deprimida y recibimos algunas quejas de los clientas, Sara decidió hablar con ella para ver que sucedía.
- Catalina, ¿va todo bien?–dijo Sara–. Algunos clientes se han quejado, si algo no va bien puedes contar con nosotros.
- Es mi hija, el tratamiento para su enfermedad ya no le hace efecto–dijo Catalina–. Hay otra medicación, pero esta no entra en la seguridad social, he intentado que los bancos me dieran un crédito, pero todos me dan la misma respuesta, ¡no!
- Entiendo–conteste–. ¿Cuánto cuesta el tratamiento?
- No puedo pediros esto–dijo Catalina–. Es demasiado dinero.
- Catalina eres nuestra mejor camarera del hotel, todas tus compañeras confían en ti–dijo Sara–. Tú eres una de las artífices de nuestro éxito, así que por favor déjanos ayudarte.
Catalina asintió entre lágrimas, llamo al hospital y una vez tenía al doctor al otro lado me paso el teléfono, poniendo el teléfono en manos libres le dijimos al doctor que nosotros sufragismos el costes del tratamientos de la hija de Catalina. Catalina enviudó cuando su hija era una recién nacida, su marido era pescador y murió cuando el barco donde trabajaba se hundió en el mar por culpa de una tormenta.
Su hija era lo único que tenía y no íbamos a dejar que la niña muriera.
- Gracias–dijo Catalina entre lágrimas.
- No hay de que Catalina–conteste–. Teníamos ese dinero guardado para una emergencias y esto es una emergencia.
Al final Catalina acepto, pero con la condición de que todos los meses le quitaríamos un porcentaje de su nómina hasta que nos hubiera devuelto el dinero, Sara y yo estuvimos de acuerdo y así fue como la hija de Catalina se fue recuperando, al principio todos estábamos con el corazón en un puño, era un medicamento nuevo e igual que podía curarla, también podía hacer lo contrario, pero en esta ocasión todo fue a las mil maravillas.
Todas las tardes antes de empezar con las cenas que dábamos en el piso de abajo de nuestro hotel solía salir a fumar a fuera mientras miraba el precioso atardecer, sabía que era un vicio feo y había prometido a Sara que iba a dejarlo, pero me estaba costando horrores, cuando note como alguien se abrazaba a mí desde atrás, era Sara, reconocería esos abrazos aunque estuviera medio muerto.
- Sé que no te gusta que fume–dije–. Pero me está costando un mundo dejar de fumar.
- Bueno has pasado de fumar un paquete a fumar cuatro cigarros al día–contesto Sara–. No está mal, estás poniendo de tu parte y con eso me conformo.
Aunque no podía ver su cara sentía que algo no iba bien, así que tirando el cigarro me di la vuelta.
- ¿Que ocurre Sara?–pregunte.
- Tus padres han venido a hospedarse en el hotel–contesto Sara tragando saliva.
- ¡No me jodas!–dije muy preocupado.
Mis padres tenían el poder y los contactos para hundirnos en la más absoluta de las miserias, así que fui raudo a recibirles, ¿me apetecía verlos?, pues no, pero intentaría ser lo más amable posible, ahora no estaban aquí como mis padres, sino como huéspedes de nuestro hotel y los trataría con el mismo respeto que a los demás clientes.
Una vez llegue a recepción vi que Catalina ya estaba ahí esperando a que entraran, se le veía tan nerviosa como a mí, nos había oído hablar de ellos a Sara y a mí y la pobre estaba aterrada, ahora que las cosas empezaban a ir bien en su vida si mis padres movían sus hilos podían cerrar el hotel y todo se complicaría.
- Estate tranquila Catalina–dije–. No están aquí para evaluarte a ti, sino a mí, tú trátalos como tratas a los demás clientes y todo saldrá bien.
- No suenas nada convincente jefe–contesto Catalina.
Eso hizo que los dos empezáramos a reírnos bajando la tensión del ambiente, pero duro solo hasta que mis padres entraron por la puerta tenían el mismo porte de siempre, pero los notaba algo distintos, notaba algo en sus miradas, de todas maneras decidí no bajar la guardia por si acaso.
-Hemos venido a ver vuestro hotel hijo–dijo mi madre–. Nos han llegado unas referencias muy buenas sobre él.
- Seáis bienvenidos entonces–dije–. Catalina os llevará hasta la suite principal.
Mi padre no dijo nada, pero pude ver como miraba en todas direcciones y dando la aprobación con la cabeza por lo que estaba viendo. Tenía el corazón a mil por hora y Sara no estaba mejor cuando se acercó a saludar. Extrañamente, mis padres fueron muy amables con ella, no sabía como tomarme eso, entonces mi padre hablo.
- Sara intentamos que tus padres vinieran con nosotros, pero se rehusaron–dijo mi padre–. Lo sentimos.
- No se preocupen–contesto Sara–. Hace mucho que mis padres rompieron lazos conmigo, pero me alegra tenerles a ustedes aquí.
- Háblanos de tú por favor, que somos familia–dijo mi madre.
Eso último hizo que me atragantara y todo, pero parecía que lo estaba diciendo de verdad, me preguntaba qué bicho les habría picado a mis padres. Estuvieron hospedados una semana, la semana más larga de mi vida, Sara y Catalina parecieron relajarse una vez pasado el primer día y se comportaron con ellos de forma normal, de hecho mi madre tuvo un acercamiento hacia Sara que me tenía más que mosqueado.
- ¿Sara sabes qué está ocurriendo aquí?–pregunte.
- No lo sé, pero tengo la sensación de que tus padres se sienten culpable de como terminaron las cosas y quieren volver a acercarse a ti–contesto Sara–. Pero podía equivocarme.
Me dolía todo el cuerpo del estrés al que estuve sometido durante toda la semana, pero incluso vi como mi madre intentaba acercarse a mí, al principio me mantuve firme, pero poco a poco me fui abriendo, mi padre seguía en su línea, pero más blando de lo habitual, de verdad parecía que habían venido a relajarse y no a ponerme a prueba a mí.
El último día mi padre se acercó a mí.
- Hijo, a tu madre y a mí nos gustaría que esta noche Sara y tú cenarais con nosotros–dijo mi padre.
- ¿Para que papa?–pregunte.
- Para disculparnos–contesto mi padre–. Durante estos años nos hemos dado cuenta de los malos padres que hemos sido y nos gustaría enmendarlo.
- Eso no es tan fácil papa–dije serio–. Me utilizasteis como moneda de cambio en vuestros negocios.
- Lo sabemos hijo y lo sentimos mucho–contesto mi padre–. Hasta que no te fuiste no fuimos conscientes que habíamos perdido lo más importante de nuestras vidas.
- ¿Entonces porque habéis tardado tanto en venir a verme?–pregunte desconfiando.
- No ha sido fácil encontrar a las personas adecuadas para que se encarguen de las empresas, tu madre y yo de aquí en adelante solo queremos recuperarte a ti, o por lo menos ganarnos el derecho de intentarlo.
No mentía, si querías saber si mi padre estaba diciendo la verdad solo tenías que mirarlo a los ojos y estos me decían que estaba hablando totalmente en serio, estreche su mano y le dije que yo me encargaría de hacer la reserva. Cuando se lo conté a Sara esta rio, según me dijo mi madre había hablado con ella para pedirle lo mismo y de haberme negado para que intercediera por ellos, joder no sabían nada.
La cena fue mucho mejor de lo que me hubiera imaginado, vi una faceta de mi padre y de mi madre que jamás había visto. Fueron unos tiburones en los negocios en eso era los mejores, pero, sin embargo, como padres fracasaron estrepitosamente, pero en esa cena me estaban demostrando que también podían ser unos buenos padres aunque tal vez fuera tarde.
- Hijo tu madre y yo queremos que sepáis lo orgullosos que estamos de vosotros dos–dijo mi padre–. Algunos de nuestros clientes empezaron a hablar maravillas de este hotel y más tarde nos enteramos de que vosotros erais los dueños.
- Quisimos que tus padres también vinieran, pero como ya te dijo mi marido se negaron–dijo mi madre–. Dales tiempo, sabes mejor que nadie lo orgullosos que son.
- Ese orgullo solo les perjudica a ellos–dijo Sara–. Yo no cierro la puerta a nadie, pero yo he seguido con mi vida y soy feliz, si algún día quieren formar parte estará bien, pero si no quieren también lo estará.
La verdad es que en esa cena mis padres y yo limamos muchas asperezas y me prometieron que pronto volverían y que esperaban que les diéramos la noticia que iban a ser abuelos. La madre que los pario casi me ahogo, pues estaba dándole un trago al café, mire a Sara que la idea le había parecido estupenda, negué con la cabeza riéndome, pues eso ocurriría más pronto que tarde.
EPÍLOGO
Ha pasado un año desde que mis padres visitaron el hotel por primera vez y me encuentro en el hospital cogiendo a mi hija en brazos por primera vez sintiendo una felicidad difícil de explicar con palabras, después de tenerla un rato he mirado a Sara que nos miraba con los ojos llenos de lágrimas de felicidad, en esos momentos sentía que esa era le segunda mejor decisión que habíamos tomado mientras besaba los labios de Sara y colocaba a nuestra hija entre sus brazos.
Mis padres decidieron vender la mansión y comprarse una casita más modesta cerca de la playa, la buena vida les está sentando de maravilla, tomar el sol y pasar el rato con su nieta, en cuanto a los padres de Sara poco a poco se han ido ablandando y más cuando se han enterado del nacimiento de su nieta, en unas semanas vendrán a conocerla, espero que todo vaya bien.
La noche que Sara decidió liberarse del yugo de sus padres cambio mi vida, pero la noche que decidí hacer yo lo mismo cambio la de mis padres, tome esa decisión con miedo, pero el tiempo me ha demostrado que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
FIN.
Me llamo Carlos y soy miembro de una de las familias más ricas del país, pero no siento felicidad por ello, es como si todo ese dinero no pudiera llenar ese vació que llevo dentro de mí desde que tengo uso de razón. Mis padres prepararon una celebración donde sería subastado al mejor postor, si como lo oís, todos los invitados tenían algo que mi padre necesitaba para hacer crecer la empresa familiar y su intención era casarme con la hija del que más pujara.
Sonaba fatal, pero así estaban las cosas, el salón principal de la mansión estaba repleta de mujeres de mi edad, todas sonrientes y con miradas llenas de deseo, pero no era yo al que deseaban sino a la fortuna familiar. Hasta ahora había aprovechado para follarme a todas las cazafortunas que se me habían puesto por delante, las follaba hasta que me cansaba o hasta que se cansaban ellas al darse cuenta de que no conseguiría incale el diente a la fortuna familiar.
Para muchos poder follarse a mujeres hermosas era el culmen de la felicidad, pero yo necesitaba algo más, quería una mujer con la que compartir mi vida, crear un proyecto en común y ser padres, pero no lo conseguiría con ninguna de las que estaba allí. Tener hijos eso seguro que sí, estoy seguro de que sus padres les habían aleccionado para que se quedaran embarazadas lo antes posible para así tenerme bien cogido.
Veía a mis padres sonrientes andando entre los invitados saludando a unos y otros con una sonrisa de triunfo en sus rostros, ni siquiera habían preguntado mi opinión que no valía nada, solo su opinión tenía valor. Sentía como la corbata se cerraba apretando mi cuello, necesitaba aire y decidí salir al balcón. El aire era frío, pero me vino bien para enfriar mis ideas, estaba apoyado en el barandado cuando alguien se me acerco por detrás.
- Todo en esta vida tiene solución–dijo una voz de mujer que se me hacía muy familiar–. Solo hay que tener el valor de dar el paso.
Me gire para mirarla, era Sara, la única mujer que ame y sigo amando a día de hoy, ella fue capaz de hacer algo que yo no he podido hacer en todos estos años, soltar amarras y renunciar a todo. Lo más probable fuera que también renuncio al amor que sentía por mí.
- No me mires así–dijo Sara–. Estoy aquí por ti.
Su mirada, su mirada no había cambiado y eso hizo que mi corazón se desbocara, seguía mirándome con esa mirada enamorada de entonces.
- ¿Me sigues amando?– pregunté.
- Te sigo amando como el primer día–contesto Sara–. Pero no puedo corresponder el amor que todavía sientes por mí, no mientras seas una marioneta de tus padres.
- ¿Que me deparara el futuro si renuncio a todo?–pregunte.
- Libertad, un lienzo en blanco y mi incondicional amor–contesto Sara–. Pero solo hay una manera, hace un año te di la oportunidad y me fallaste, hoy te la vuelvo a dar, todo dependerá de ti.
Sara colocó sus manos sobre mi rostro y acercando sus labios a los míos me dio un tierno beso, después cogiendo su bandeja volvió a mezclarse entre la gente, ella estaba allí como parte del equipo de servicio.
Sara era como yo hace un año parte de una de las familias más ricas del país, nuestros padres decidieron que nos casaríamos y con ello harían una alianza que volvería a las dos familias las más poderosas del país y les haría todavía mucho más ricos. Contra todo pronóstico Sara y yo tuvimos un flechazo instantáneo solo con mirarla a los ojos por primera vez supe que me había enamorado de ella hasta el tuétano, por suerte para mí a ella le ocurrió lo mismo.
Pero había un problema y no era otro que de casarnos en esas circunstancias hubiéramos sido títeres de nuestros padres utilizando el amor que sentíamos el uno por el otro en su provecho. Sara no estaba dispuesta a que siguieran controlando su vida y la noche de la fiesta de nuestro compromiso subió las escaleras que te permitían subir del salón principal al primer piso y mirando a todos los invitados no solo rompió nuestro compromiso, sino que renuncio a su herencia.
Se podía ver la ira en los ojos de sus padres que la amenazaron con quitarle todo incluso los apellidos, Sara bajo las escaleras con una expresión de decisión y sacando un documento de una carpeta la coloco sobre una de las enormes mesas estampando una firma en ella, con ella renunciaba a todo, el dinero, la comodidad, las influencias y al poder, lo hacía por nuestro amor. Yo entonces no estuve a la altura, sentía lo mismo que ella, pero sentí un gran vértigo que me llevo a echarme atrás, jamás olvidaré la cara de extrema decepción de Sara cuando vio que yo no era capaz de hacer el mismo sacrificio que ella por nuestro amor.
Las lágrimas de extrema tristeza recorrían el rostro de Sara mientras me miraba con ojos suplicantes; sin embargo, yo me quede bloqueado mientras miles de preguntas golpeaban mi cerebro, ¿estaba preparado para renunciar a todo?, ¿sería capaz de vivir una vida sin lujos?, ¿tendría el suficiente valor para renunciar a todo sin mirar atrás? Estas fueron algunas de las preguntas que surcaban mis pensamientos a toda velocidad, para cuando pude volver en mi Sara había abandonado el palacio dejándome allí destrozado, siendo cociente de lo cobarde que era, un cobarde incapaz de luchar por lo que más quería, Sara.
Esa noche cambio mi vida, porque perder a Sara fue lo que me dio el valor para renunciar a todo, lo más triste es que ya era demasiado tarde, había tenido que perder a Sara para poder tener las agallas suficientes para hacer lo que tendría que haber hecho minutos atrás. De esa noche había pasado un año y la vida me daba una nueva oportunidad que esta vez no pensaba volver a desaprovechar. Durante el último año había hecho algunas inversiones que me habían otorgado beneficios, esas ganancias no me hacían rico, pero tenía lo suficiente como para empezar de cero y como así lo parecía también tendría lo suficiente como para poder empezar una nueva vida junto a Sara.
Pedí a Sara que me acompañara a mi despacho, una vez dentro pudo ver un sobre en la mesa, al abrirlo vio el mismo documento que ella firmó aquella noche solo que esta vez llevaba mi firma estampada, después me acompaño al mismo lugar donde ella apenas un año atrás había renunciado a todo. Pude ver a los padres de Sara mirándola con extremo odio porque su maniobra les impidió ser una de las dos familias más poderosas, en unos instantes serían mis padres los que me mirarían de esa manera y lo mejor era que esta vez sí estaba preparado para poder devolverles la mirada sin agachar la mía.
Di unas palmadas para que todos los invitados miraran a donde nos encontrábamos Sara y yo.
- He vivido toda mi vida dentro de una jaula–dije–. Una jaula con unas vistas privilegiadas, pero que me negaba la libertad, ha llegado la hora de romperla y empezar a vivir de verdad.
Mi padre temblaba de ira, miro a los demás invitados diciendo que se tranquilizaran que él lo arreglaría. Todos empezaban a ver que lo ocurrido un año atrás se volvía a dar, pero mi padre estaba seguro de que me metería en vereda, qué equivocado estaba.
- No me casaré con ninguna de las mujeres que hay en esta sala–dije–. La razón es sencilla, ninguna me ama a mí sino a la fortuna familiar al que tendrán acceso una vez nos hayamos casado y tal vez mis padres tuvieron estómago para pasar por el aro, pero yo no.
A mi madre parecía que le faltaba el aire, creo que en toda su vida no había pasado tanta vergüenza como la que estaba pasando en ese momento, mi padre me miro severamente.
- ¡Hijo piensa lo que estás haciendo detenidamente!–dijo mi padre–. ¡Porque estás poniendo tu vida, tus comodidades en riesgo!, ¡si no haces lo que te diga te desheredaré en el instante!
- No tengo nada que pensar padre–conteste–. Aquí tengo un documento que te facilitara cumplir tu amenaza, de hecho yo ya la he firmado y con esa firma renuncio a todo menos a una cosa, al amor que siento por esta preciosa mujer que está a mi lado.
Me gire hacia Sara y pude ver como caían lágrimas de felicidad por su rostro, se las limpie con el dorso de la mano imprimiendo en esa caricia todo el amor y el afecto que sentía por ella, acto seguido la bese con tal intensidad que los dos nos quedamos sin aire, pero nuestras sonrisas iluminaban todo el salón. Cogiendo su mano empezamos a descender por las escaleras dirigiéndonos a una de las mesas donde coloque el documento y le obsequie mi pluma a mi padre para que estampara su firma.
Lo hizo, yo me acababa de convertir en una herramienta rota y ya no tenía ninguna utilidad para él, mi madre me miraba arrodillada implorándome que recapacitara en mi decisión que estaba destruyendo mi vida.
- No madre–dije–. Es vuestra vida la que se destruye no la mía, yo desde este momento puedo decidir que hacer con la mía y no como hasta ahora que decidíais vosotros, pero no pensando en mi bien, sino en el vuestro.
Volví a mirar al amor de mi vida empezando a caminar a la que sería mi nueva vida, sin comodidades, sin lujos, pero definitivamente mía. Al estar fuera de la mansión mire al que había sido mi coche hasta ese momento, cogí las llaves y las deje sobre el capo, Sara se había acercado al suyo un mini antiguo, desde siempre le había gustado ese coche.
- Pensé que habías perdido tu mini al renunciar a tu herencia–dije.
- Lo perdí–contesto Sara–. Este lo compré de segunda mano, necesita una reparación en profundidad, pero funciona bien de momento.
Una vez dentro del coche sentado en el lado del copiloto miré a Sara.
- Tienes un plan, ¿verdad?– pregunté.
- Claro–contesto Sara–. ¿Te acuerdas de ese sueño del que hablábamos hace un año?
- Si–dije–. Queríamos montar un pequeño hotel cerca de la costa y lejos de nuestros padres.
- Pues he encontrado la costa y el edificio perfectos–contesto Sara–. Es un viejo caserón lo suficiente grande como para montar un hotelito para los turistas.
- Habrá que hacer reforma, ¿no es así?–pregunte.
- Sí, pero yo tengo dinero ahorrado y me imagino que tú no te habrás ido con las manos vacías–contesto Sara.
- Así es–conteste–. Durante este año he invertido mi dinero y he obtenido ganancias, si juntamos tus ahorros con los míos seguro que sacamos esa reforma adelante.
Sara con una gran sonrisa en el rostro beso mis labios y nos pusimos en marcha, durante el trayecto hablamos de todo un poco, me contó que empezar de cero no fue fácil y todo por su culpa por no pensar en su futuro. Al ser parte de una familia que tenía dinero por castigo nunca le dio la consabida importancia a los estudios y de verdad que llego a echarlos en falta.
Con su escaso currículum solo pudo optar a trabajos poco remunerados y que nadie quería hacer, pero también me comento que no se arrepentía, porque aunque tuvo que trabajar como una mula, pudo saborear la libertad lejos del yugo de sus padres.
- Sara quiero pedirte perdón por lo que paso hace un año–dije–. Me bloqueé, mi mente quería, pero mi cuerpo se negó a moverse comportándome como un cobarde.
- No te voy a mentir, me sentí decepcionada–contesto Sara–. Pero cuando me gire para mirarte por última vez vi que algo había cambiado en tu mirada y comprendí que necesitabas un poco más de tiempo y por eso he vuelto esta segunda vez.
- ¿Si llego a fallarte otra vez?–pregunte.
- No me hubieras visto el pelo nunca más, aunque eso hiciera que me muriera de pena–contesto Sara.
La charla fue tan amena que para cuando nos dimos cuenta habíamos llegado a nuestro destino, lo que Sara había contado del sitio se quedaba corto, al tenerlo delante me pareció el lugar más hermoso del mundo y la localización del caserón no podía ser mejor. Necesitaba mucha obra, era un edificio muy antiguo carcomido por la humedad y las termitas, pero una vez estuviera restaurado y convertido en un hotel no tenía ninguna duda que sería todo un éxito.
Sara me comento que tenía una casa alquilada en el pueblo que se encontraba al lado del mar. Andando tardamos en llegar una media hora. Era una casa pequeña, con una habitación, un baño y un salón con la cocina integrada separado por una pared prefabricada. Mi antiguo cuarto era más grande que esta casa y, sin embargo, me sentía mucho más cómodo en la casa de Sara que en mi antiguo cuarto.
- Dúchate mientras preparo algo para comer–dijo Sara–. Necesitaremos reponer fuerzas, tenemos mucho trabajo que hacer para poner nuestro sueño en marcha.
El cuarto de baño era pequeño, pero se notaba que el dueño de la casa lo había reformado y estaba muy bien, el plato de ducha era más espacioso de lo que parecía mirándolo desde fuera, abrí el chorro de agua caliente y me metí debajo de este dejando que el agua caliente recorriera mi cuerpo. Tan a gusto estaba que no me percate que Sara había entrado en la ducha y se había abrazado a mí desde mi espalda, pude notar como sus preciosos pechos se clavaban en mi espalda, al darme la vuelta los mire, eran más bonitos de como los recordaba.
Tenía los pezones como piedras, no me hice de rogar y me introduje uno en mi boca haciendo que Sara empezada a jadear, desde que tuve sexo con ella la última vez no había sentido lo que estaba sintiendo en ese momento. Había tenido sexo con otras mujeres, mujeres que me querían por el dinero de mi familia, no voy a ser hipócrita disfrute todos y cada uno de esos polvos y más sabiendo que aquellas mujeres no iban a conseguir lo que querían, pero con Sara era muy diferente porque a ella sí que la quería muchísimo y con ella no iba a follar, sino hacer el amor.
Sujetándola del culo la levante acercándola a mí, pero dentro del plato de ducha no había mucho espacio y casi rompemos la mampara de cristal. A los dos nos entró el ataque de risa decidiendo que mejor seguíamos en el dormitorio. Tumbe a Sara sobre la cama con las piernas abiertas, tenía el coñito rojo, hinchado y brillante por la humedad, me fui acercando a este poco a poco haciendo que la excitación y la ansiedad fueran creciendo en Sara.
Para cuando mi lengua rozo su clítoris Sara exploto en un brutal orgasmo que hizo que todo su cuerpo empezara a temblar. Deje que recuperada el aliento, pero como era costumbre en ella no estuvo quieta mucho rato. Levantándose de la cama de un salto esta vez fue ella la que cogió mi polla con sus manos, solo el contacto con estas hizo que alcanzara su mayor dureza y eso que la cosa no había más que empezado.
Cuando sentí como su lengua empezaba a ascender desde el tallo hasta la punta todo mi cuerpo se convulsionó y tuve que apretar los dientes para no correrme en ese instante del placer que Sara me estaba proporcionado. Una vez que me devolvió el favor dejándome excitadísimo y a tope de ansiedad fue cuando se la metió enterita en la boca hasta que note como la punta penetraba su garganta, no tuve que hacer nada más que relajarme y dejarla hacer a ella.
Sara subía y bajaba metiéndose mi polla hasta el esófago, lágrimas caían por sus mejillas, estaba siendo la mamada más ensalivada que me hubieran hecho en toda mi vida, Sara no se estaba guardando nada, había apostado por ella y con esto me estaba dejando claro que no me iba a arrepentir, una vez noto que estaba a punto de caramelo se metió mi polla hasta al fondo y fue cuando explote con una de las corridas más abundante que había tenido en mucho tiempo, salía y salía y Sara solo podía tragar.
Llego un momento que pensé que se estaba ahogando, pero nada más lejos de la realidad, su mirada era de máximo disfrute y más cuando vio mi expresión de máximo placer. El orgasmo fue tan demoledor que tuve que tumbarme sobre la cama porque todo mi cuerpo temblaba, pero mi herramienta se negaba a aflojar y viendo esto Sara gateo hasta tener la punta de mi polla en la entrada de su encharcado coñito, solo tuve que presionar un poco para que entrara hasta el fondo, los ojos se me pusieron en blanco al sentir como sus paredes vaginales me apretaban la polla dándome un placer demencial.
Su cuerpo subía y bajaba al ritmo que marcaban sus gemidos mientras yo me sujetaba a esos preciosos pechos para que el huracán Sara no me llevara por delante. Nuestros movimientos se acompasaron en un baile demencial que nos llevó a los dos al máximo placer hasta que explotamos en un brutal orgasmo, de no tenerla sujeta lo más probable es que Sara se hubiera caído de la cama, pues sus piernas no podían sujetarla.
Aunque teníamos ganas de más decidimos comer algo y empezar a planificar la reforma, miramos el capital de cada uno y teníamos de sobra para reformar el caserón y guardar algo para alguna emergencia. La reforma al final se alargó más de la cuenta, pues los obreros no pararon de encontrar más desperfectos, pero todo llega al que sabe esperar y después de unos largos ocho meses teníamos nuestro hotel listo para la inauguración.
Aprovechamos estos meses para entrevistar al personal que trabajaría junto a nosotros, en el pueblo estaban encantados puesto al ser un pueblo costero siempre habían vivido de la pesca y últimamente esta empezaba a escasear no habiendo suficiente para todos. Gracias al hotel algunas familias tendrían el futuro asegurado eso si es que el hotel funcionaba, pero conociendo a Sara como la conocía sabia que estudio el lugar y sabía que nos iría bien como así fue. La inauguración fue un éxito y el primer verano fue nuestra consagración. Después solo tuvimos que dejar que el boca a boca fuera funcionando, en dos años ya éramos un hotel de referencia, pero no todo era miel sobre hojuelas, Catalina una de nuestras camareras de hotel estaba muy deprimida y recibimos algunas quejas de los clientas, Sara decidió hablar con ella para ver que sucedía.
- Catalina, ¿va todo bien?–dijo Sara–. Algunos clientes se han quejado, si algo no va bien puedes contar con nosotros.
- Es mi hija, el tratamiento para su enfermedad ya no le hace efecto–dijo Catalina–. Hay otra medicación, pero esta no entra en la seguridad social, he intentado que los bancos me dieran un crédito, pero todos me dan la misma respuesta, ¡no!
- Entiendo–conteste–. ¿Cuánto cuesta el tratamiento?
- No puedo pediros esto–dijo Catalina–. Es demasiado dinero.
- Catalina eres nuestra mejor camarera del hotel, todas tus compañeras confían en ti–dijo Sara–. Tú eres una de las artífices de nuestro éxito, así que por favor déjanos ayudarte.
Catalina asintió entre lágrimas, llamo al hospital y una vez tenía al doctor al otro lado me paso el teléfono, poniendo el teléfono en manos libres le dijimos al doctor que nosotros sufragismos el costes del tratamientos de la hija de Catalina. Catalina enviudó cuando su hija era una recién nacida, su marido era pescador y murió cuando el barco donde trabajaba se hundió en el mar por culpa de una tormenta.
Su hija era lo único que tenía y no íbamos a dejar que la niña muriera.
- Gracias–dijo Catalina entre lágrimas.
- No hay de que Catalina–conteste–. Teníamos ese dinero guardado para una emergencias y esto es una emergencia.
Al final Catalina acepto, pero con la condición de que todos los meses le quitaríamos un porcentaje de su nómina hasta que nos hubiera devuelto el dinero, Sara y yo estuvimos de acuerdo y así fue como la hija de Catalina se fue recuperando, al principio todos estábamos con el corazón en un puño, era un medicamento nuevo e igual que podía curarla, también podía hacer lo contrario, pero en esta ocasión todo fue a las mil maravillas.
Todas las tardes antes de empezar con las cenas que dábamos en el piso de abajo de nuestro hotel solía salir a fumar a fuera mientras miraba el precioso atardecer, sabía que era un vicio feo y había prometido a Sara que iba a dejarlo, pero me estaba costando horrores, cuando note como alguien se abrazaba a mí desde atrás, era Sara, reconocería esos abrazos aunque estuviera medio muerto.
- Sé que no te gusta que fume–dije–. Pero me está costando un mundo dejar de fumar.
- Bueno has pasado de fumar un paquete a fumar cuatro cigarros al día–contesto Sara–. No está mal, estás poniendo de tu parte y con eso me conformo.
Aunque no podía ver su cara sentía que algo no iba bien, así que tirando el cigarro me di la vuelta.
- ¿Que ocurre Sara?–pregunte.
- Tus padres han venido a hospedarse en el hotel–contesto Sara tragando saliva.
- ¡No me jodas!–dije muy preocupado.
Mis padres tenían el poder y los contactos para hundirnos en la más absoluta de las miserias, así que fui raudo a recibirles, ¿me apetecía verlos?, pues no, pero intentaría ser lo más amable posible, ahora no estaban aquí como mis padres, sino como huéspedes de nuestro hotel y los trataría con el mismo respeto que a los demás clientes.
Una vez llegue a recepción vi que Catalina ya estaba ahí esperando a que entraran, se le veía tan nerviosa como a mí, nos había oído hablar de ellos a Sara y a mí y la pobre estaba aterrada, ahora que las cosas empezaban a ir bien en su vida si mis padres movían sus hilos podían cerrar el hotel y todo se complicaría.
- Estate tranquila Catalina–dije–. No están aquí para evaluarte a ti, sino a mí, tú trátalos como tratas a los demás clientes y todo saldrá bien.
- No suenas nada convincente jefe–contesto Catalina.
Eso hizo que los dos empezáramos a reírnos bajando la tensión del ambiente, pero duro solo hasta que mis padres entraron por la puerta tenían el mismo porte de siempre, pero los notaba algo distintos, notaba algo en sus miradas, de todas maneras decidí no bajar la guardia por si acaso.
-Hemos venido a ver vuestro hotel hijo–dijo mi madre–. Nos han llegado unas referencias muy buenas sobre él.
- Seáis bienvenidos entonces–dije–. Catalina os llevará hasta la suite principal.
Mi padre no dijo nada, pero pude ver como miraba en todas direcciones y dando la aprobación con la cabeza por lo que estaba viendo. Tenía el corazón a mil por hora y Sara no estaba mejor cuando se acercó a saludar. Extrañamente, mis padres fueron muy amables con ella, no sabía como tomarme eso, entonces mi padre hablo.
- Sara intentamos que tus padres vinieran con nosotros, pero se rehusaron–dijo mi padre–. Lo sentimos.
- No se preocupen–contesto Sara–. Hace mucho que mis padres rompieron lazos conmigo, pero me alegra tenerles a ustedes aquí.
- Háblanos de tú por favor, que somos familia–dijo mi madre.
Eso último hizo que me atragantara y todo, pero parecía que lo estaba diciendo de verdad, me preguntaba qué bicho les habría picado a mis padres. Estuvieron hospedados una semana, la semana más larga de mi vida, Sara y Catalina parecieron relajarse una vez pasado el primer día y se comportaron con ellos de forma normal, de hecho mi madre tuvo un acercamiento hacia Sara que me tenía más que mosqueado.
- ¿Sara sabes qué está ocurriendo aquí?–pregunte.
- No lo sé, pero tengo la sensación de que tus padres se sienten culpable de como terminaron las cosas y quieren volver a acercarse a ti–contesto Sara–. Pero podía equivocarme.
Me dolía todo el cuerpo del estrés al que estuve sometido durante toda la semana, pero incluso vi como mi madre intentaba acercarse a mí, al principio me mantuve firme, pero poco a poco me fui abriendo, mi padre seguía en su línea, pero más blando de lo habitual, de verdad parecía que habían venido a relajarse y no a ponerme a prueba a mí.
El último día mi padre se acercó a mí.
- Hijo, a tu madre y a mí nos gustaría que esta noche Sara y tú cenarais con nosotros–dijo mi padre.
- ¿Para que papa?–pregunte.
- Para disculparnos–contesto mi padre–. Durante estos años nos hemos dado cuenta de los malos padres que hemos sido y nos gustaría enmendarlo.
- Eso no es tan fácil papa–dije serio–. Me utilizasteis como moneda de cambio en vuestros negocios.
- Lo sabemos hijo y lo sentimos mucho–contesto mi padre–. Hasta que no te fuiste no fuimos conscientes que habíamos perdido lo más importante de nuestras vidas.
- ¿Entonces porque habéis tardado tanto en venir a verme?–pregunte desconfiando.
- No ha sido fácil encontrar a las personas adecuadas para que se encarguen de las empresas, tu madre y yo de aquí en adelante solo queremos recuperarte a ti, o por lo menos ganarnos el derecho de intentarlo.
No mentía, si querías saber si mi padre estaba diciendo la verdad solo tenías que mirarlo a los ojos y estos me decían que estaba hablando totalmente en serio, estreche su mano y le dije que yo me encargaría de hacer la reserva. Cuando se lo conté a Sara esta rio, según me dijo mi madre había hablado con ella para pedirle lo mismo y de haberme negado para que intercediera por ellos, joder no sabían nada.
La cena fue mucho mejor de lo que me hubiera imaginado, vi una faceta de mi padre y de mi madre que jamás había visto. Fueron unos tiburones en los negocios en eso era los mejores, pero, sin embargo, como padres fracasaron estrepitosamente, pero en esa cena me estaban demostrando que también podían ser unos buenos padres aunque tal vez fuera tarde.
- Hijo tu madre y yo queremos que sepáis lo orgullosos que estamos de vosotros dos–dijo mi padre–. Algunos de nuestros clientes empezaron a hablar maravillas de este hotel y más tarde nos enteramos de que vosotros erais los dueños.
- Quisimos que tus padres también vinieran, pero como ya te dijo mi marido se negaron–dijo mi madre–. Dales tiempo, sabes mejor que nadie lo orgullosos que son.
- Ese orgullo solo les perjudica a ellos–dijo Sara–. Yo no cierro la puerta a nadie, pero yo he seguido con mi vida y soy feliz, si algún día quieren formar parte estará bien, pero si no quieren también lo estará.
La verdad es que en esa cena mis padres y yo limamos muchas asperezas y me prometieron que pronto volverían y que esperaban que les diéramos la noticia que iban a ser abuelos. La madre que los pario casi me ahogo, pues estaba dándole un trago al café, mire a Sara que la idea le había parecido estupenda, negué con la cabeza riéndome, pues eso ocurriría más pronto que tarde.
EPÍLOGO
Ha pasado un año desde que mis padres visitaron el hotel por primera vez y me encuentro en el hospital cogiendo a mi hija en brazos por primera vez sintiendo una felicidad difícil de explicar con palabras, después de tenerla un rato he mirado a Sara que nos miraba con los ojos llenos de lágrimas de felicidad, en esos momentos sentía que esa era le segunda mejor decisión que habíamos tomado mientras besaba los labios de Sara y colocaba a nuestra hija entre sus brazos.
Mis padres decidieron vender la mansión y comprarse una casita más modesta cerca de la playa, la buena vida les está sentando de maravilla, tomar el sol y pasar el rato con su nieta, en cuanto a los padres de Sara poco a poco se han ido ablandando y más cuando se han enterado del nacimiento de su nieta, en unas semanas vendrán a conocerla, espero que todo vaya bien.
La noche que Sara decidió liberarse del yugo de sus padres cambio mi vida, pero la noche que decidí hacer yo lo mismo cambio la de mis padres, tome esa decisión con miedo, pero el tiempo me ha demostrado que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
FIN.
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