Magda.

Durante un mes, Magda se "olvidó" de mí y de mis servicios sexuales. Yo estaba deseando que volviese a convocarme, hasta creo que sentía celos de que se hubiese buscado a otro. Cada vez que le comía el coño a Bea, recordaba mis sesiones con Magda. Cerraba los ojos para no ver su matita de vello rubio e imaginaba el coño moreno de Magda en mi boca.
Al cabo de ese mes, Bea me anunció que le habían asignado la dirección del proyecto de París. Estaba contenta porque suponía un nuevo reto profesional para ella, pero eso suponía que pasaríamos mucho tiempo alejados uno del otro. De inmediato pensé en que la mano de Magda estaba detrás de aquello, pero dudé por la indiferencia que me había mostrado aquellas últimas semanas.
El día después de que Bea se marchase a París, Magda me dijo que me quedase a trabajar con ella en una documentación que debíamos terminar. Trabajamos durante un par de horas y me pidió que la llevase a su casa, un bonito chalet en una humilde zona residencial.
Me ordenó que aparcase y que entrase con ella.
Nada más cruzar la puerta, se plantó delante de mi. Me cruzó la cara con dos tortazos.
-Te parece bonito? -me increpó. Los dos tortazos me escocían, pero empecé a sentir un calor inesperado en la entrepierna.- Te parece bonito tenerme un mes sin comerme el coño?
-No, mi ama...
-Quién cojones te crees que eres?
Las dos siguientes bofetadas me hicieron notar cómo empezaba a empalmarme. Se levantó la falda, se quitó el tanga y volvió a abofetearme.
-A qué esperas?
Me arrodillé, dejé que apretase mi cara contra su chocho, que estaba empapado, y apliqué toda mi maestría para proporcionarle todo el placer que me exigiese. Cuando su squirt me empapó la cara y la camisa, y ella soltó mi pelo para que pudiera tomar aire, estaba a punto de la asfixia, pero con el rabo a punto de reventar.
Me puse en pie. Ella miró el bulto en mi entrepierna, sonrió con desprecio y me dio instrucciones:
-A partir de hoy, me traerás a casa todas las tardes y me comerás el coño. El sábado y el domingo, yo te diré a qué hora tienes que venir. Tú no podrás pajearte ni buscarte ninguna otra forma de sentir placer, sólo podrás follar a la rubita. Entendido?
-Sí, ama.
-Pues lárgate de aquí a tu puta casa, gilipollas, que estás empapado.
Aunque parezca increíble, a partir de ese día no necesité darme duchas de agua fría para no tener que pajearme. Cada vez que terminaba de darle placer a mi ama, me sentía satisfecho y no necesitaba nada para sentirme feliz.
 
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