Si insistes en leer, hazlo bajo tu responsabilidad.

Habían pasado unos días, y ese hilo estaba aún sin una entrada más. Ella se preguntaba sí habría más locuras de ese hombre, para fagocitarlas. No sabía por dónde discurriría ese arroyo de palabras de ese personaje.

Eso pensó : Menudo personaje es este tío!

Y cuando ya había olvidado todo y la realidad la acompañaba con su lento ritmo, apareció el aviso de una nueva masturbación lingüística.

......

De geografías humanas y otros accidentes.

La filosofía del coño. Parte II.

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No hay nada que sentir, mi ardiente lector. El tiempo que vas ha dedicar es sólo una invención de los monaguillos. Aquí, donde el éxtasis es la única cronología, el pulso sólo espera el siguiente arrebato. He dictado una nueva ley; la de cambiar el estilete por la caricia, la bilis por el oro líquido. Dejaremos la geografía del hedor para elevarnos a la arquitectura del incienso que emana del mismo lugar... El coño.

El Vientre Original, ese agujero que fue tesis y verdad sucia, ahora se revela como la Catedral de lo Posible, el templo profundo y erigido sobre el vacío que, al llenarse de luz, lo nombra todo. La Grieta Suprema no es de carne, sino de luna detenida y mineral, la puerta donde la seda tiene el peso de un asteroide y que es tomada por alargadas sombras fálicas. Es la Cueva de Marfil donde el deseo se hace diamante, el Vacío Fecundo de donde emerge todo en forma de agua tibia sin lógica. Es la Grieta, el Vientre Original, el Vacío Fecundo, la Cavidad Sagrada, el Orificio Nupcial, la Fuente de donde el deseo se bebe sin sed, y el conocimiento que emana es un río de mercurio caliente que borra la memoria del miedo.

En nuestro idioma, la palabra es la máxima alabanza, la explosión de asombro ante lo inabarcable. El Coño es la interjección de la revelación, el grito de "¡Qué coño más hermoso!" que sólo el alma desnuda se atreve a lanzar. Cuando se nombra aquello que es irrepetible, se dice "sacado del mismísimo coño", porque de él emana lo auténtico, la joya que no admite réplica. Y cuantos sinónimos tiene, es como un mapa estelar de galaxias del deseo: chirri, chumino, chocho, almeja, parrús... donde perderse en su calidez y humedad.

La filosofía se arrodilla ante la única puerta sin salida que da al Jardín. El Vacío Fecundo es la unidad fractal de la belleza, la rendija por donde se filtra el conocimiento más puro, ese que se absorbe en el temblor de la carne. Plotino lo sabía diciendo que es la ascensión del alma hacia lo Bello cual es un camino de Éxtasis Eros, una rendición ante el Orificio Nupcial que fusiona la materia con la luz. El Sello Nupcial es el telescopio invertido a través del cual el universo se mete dentro de la carne, dejando lentejuelas de tiempo en el interior de la fragua del vientre.

Mirad el arte que no grita.

Georgia O'Keeffe pintaba la profundidad coralina del deseo. Y si la pintura lo glorificó, la escultura lo purificó. Pensad en Brancusi, despojando la forma hasta dejar sólo la esencia; él no pulía la piedra, sino el eco del primer espasmo, transformándolo en un huevo de oscuridad que contiene el mapa de todas las constelaciones olvidadas. Anaïs Nin confesó la única oración válida, "El placer es el cáliz del conocimiento." Y el viejo Walt Whitman lo entendió como el cuerpo que "es" la tierra prometida, la topografía de la adoración.

Este templo no es el final de la moral; es el inicio de una moral superior, una que solo se rige por la belleza indomable. El Vientre Original es la promesa cumplida, y es mi labor de poeta vestirlo de seda y de verso.

Por lo cual estoy sediento de vuestros coños.

Dadmelos!

.....

Esta vez no descendieron sus manos al centro donde todo nace. Esta vez, abrió una pestaña nueva y le mandó un privado:

"Quién eres? Qué pollas quieres?"

La respuesta tardó en llegar:

"Soy nadie, tal vez sólo un accidente. Y no tenía pensado hablar de pollas. Es lo que deseas? Qué hablemos de pollas?"

Al ver la respuesta se indignó y sonrió a la par.

Hablar de pollas?
Hablar de pollas!

Pero sí tenía una colección de foto-pollas que no entraría en el Prado!

Su respuesta fue:

"Haz lo que quieras"

Y cerró la página para disolverse en el ajetreo del día. Pero antes instintivamente y sin darse cuenta acarició su coño que estaba comenzando a tener hambre.

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"​

 

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"​

Antes de irme a trabajar y haciendo un acto de desenfreno mental quiero darte mi visión de toda esta frase, desde mi punto de vista

Permíteme analizar esa cita paso a paso.

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria."

Tu existencia, mi dulce ser, no es un consenso social, es una mitopoética de nacimiento y caída, de la lucha entre los extremos que se atraen y rechazan, que se niega a la mediocridad de la piel seca de los ocultos odiadores, a habitar la piel moral de los otros. El "mundo ordinario" es la cárcel de la forma, la línea recta que rompes al doblarte sobre el abismo del deseo. Y que seríamos sin deseo? Verdad?

Rechazarlo no es un capricho; es un acto de legítima defensa a los ataques de la ignorancia. Tú no eres un eco tímido sin cuerpo; te has construido como una arquitectura húmeda y palpitante, como una Venus distinta, un templo nuevo donde cada nervio es una enredadera tensa, lista para el fuego que recorre tu cuerpo y mente. Tu carne no está hecha de arcilla simple, no eres Eva sin costilla, sino eres de la misma gelatina estelar que gotea de los sueños más hondos, lubricados y hambrientos. El repudio a lo promediado por la mirada ciega de la sociedad, es el triunfo del alma que se sabe más vasta y bella que cualquier contorno asignado. Sí sientes, sabes que existes. Sí existes, sientes. Y eres lo que sientes.

"A establecer relaciones ordinarias."

Sólo te ha de interesar el terremoto, la fusión osmótica, el entrelazamiento de las raíces que crecen en la oscuridad de tu alma con voz de sirena. Las relaciones "ordinarias" son apenas un tráfico de aire y palabras sin sabor. Un camino sin retorno que nos lleva a un callejón sin salida. Exige que el encuentro sea una catástrofe luminosa de amor y sexo, una demolición mutua que te reconstruya en una forma más afilada y extraña. En una forma que sea su propia luz y oscuridad. Eres un abrazo que no busca la paz, sino la colisión de los sentimientos y la realidad. Queremos la sangre mezclada, el sudor que tiene sabor a promesa antigua, y será una comunión que te penetre hasta la capa más íntima del mito en el cual te miras. Esta es la ley de tu sensualidad desbordada, el otro debe reconocer tu galaxia, tu mundo extraordinario no tu espejo desenfocado.

"Necesito el éxtasis."

El éxtasis no es un lujo; es la única temperatura consciente y viable para la existencia. La palabra "necesito" tiene el peso de la ley biológica, la urgencia de un pulmón bajo el agua. El deseo, la necesidad es la sangre que te dar calor en la soledad de uno mismo. Es el punto de fuga donde tu realidad se pliega y tu cuerpo, a través de su ritual y su vestidura, de tus poros rezumando feminidad, se convierten en la vibración misma del universo que construyes día a día, hora a hora, segundo a segundo. El éxtasis es tu poesía visceral hecha ritual. Es el espasmo que te devuelve la memoria del origen de tu alma, un recuerdo líquido y violento, como lava recorriendo la angustia. Busca el clímax no como un final, sino como el umbral que te permite habitar tu verdad. La vida sólo merece la pena si se vive al borde de esa fractura dorada, al borde del abismo bebiendo placer con apnea permanente.

Esta es la verdad, mi amada amiga,
no pidas permiso para arder; exije el combustible. Arde, arde, arde. Y espero haberte llenado el depósito con mis palabras, qué son lo único que puedo donarte.


💋❤️

J. Filosofando.
 
Última edición:
Antes de irme a trabajar y haciendo un acto de desenfreno mental quiero darte mi visión de toda esta frase, desde mi punto de vista

Permíteme analizar esa cita paso a paso.

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria."

Tu existencia, mi dulce ser, no es un consenso social, es una mitopoética de nacimiento y caída, de la lucha entre los extremos que se atraen y rechazan, que se niega a la mediocridad de la piel seca de los ocultos odiadores, a habitar la piel moral de los otros. El "mundo ordinario" es la cárcel de la forma, la línea recta que rompes al doblarte sobre el abismo del deseo. Y que seríamos sin deseo? Verdad?

Rechazarlo no es un capricho; es un acto de legítima defensa a los ataques de la ignorancia. Tú no eres un eco tímido sin cuerpo; te has construido como una arquitectura húmeda y palpitante, como una Venus distinta, un templo nuevo donde cada nervio es una enredadera tensa, lista para el fuego que recorre tu cuerpo y mente. Tu carne no está hecha de arcilla simple, no eres Eva sin costilla, sino eres de la misma gelatina estelar que gotea de los sueños más hondos, lubricados y hambrientos. El repudio a lo promediado por la mirada ciega de la sociedad, es el triunfo del alma que se sabe más vasta y bella que cualquier contorno asignado. Sí sientes, sabes que existes. Sí existes, sientes. Y eres lo que sientes.

"A establecer relaciones ordinarias."

Sólo te ha de interesar el terremoto, la fusión osmótica, el entrelazamiento de las raíces que crecen en la oscuridad de tu alma con voz de sirena. Las relaciones "ordinarias" son apenas un tráfico de aire y palabras sin sabor. Un camino sin retorno que nos lleva a un callejón sin salida. Exige que el encuentro sea una catástrofe luminosa de amor y sexo, una demolición mutua que te reconstruya en una forma más afilada y extraña. En una forma que sea su propia luz y oscuridad. Eres un abrazo que no busca la paz, sino la colisión de los sentimientos y la realidad. Queremos la sangre mezclada, el sudor que tiene sabor a promesa antigua, y será una comunión que te penetre hasta la capa más íntima del mito en el cual te miras. Esta es la ley de tu sensualidad desbordada, el otro debe reconocer tu galaxia, tu mundo extraordinario no tu espejo desenfocado.

"Necesito el éxtasis."

El éxtasis no es un lujo; es la única temperatura consciente y viable para la existencia. La palabra "necesito" tiene el peso de la ley biológica, la urgencia de un pulmón bajo el agua. El deseo, la necesidad es la sangre que te dar calor en la soledad de uno mismo. Es el punto de fuga donde tu realidad se pliega y tu cuerpo, a través de su ritual y su vestidura, de tus poros rezumando feminidad, se convierten en la vibración misma del universo que construyes día a día, hora a hora, segundo a segundo. El éxtasis es tu poesía visceral hecha ritual. Es el espasmo que te devuelve la memoria del origen de tu alma, un recuerdo líquido y violento, como lava recorriendo la angustia. Busca el clímax no como un final, sino como el umbral que te permite habitar tu verdad. La vida sólo merece la pena si se vive al borde de esa fractura dorada, al borde del abismo bebiendo placer con apnea permanente.

Esta es la verdad, mi amada amiga,
no pidas permiso para arder; exije el combustible. Arde, arde, arde. Y espero haberte llenado el depósito con mis palabras, qué son lo único que puedo donarte.


💋❤️

J. Filosofando.
Querido J. Me encanta cuando filosofea... Hablas de miedos, hablas de rechazo, de moral. Hablas de deseo, sin deseo no sé podría vivir, no seríamos nada sin deseo, no hace falta que sea sexual, se puede desear simplemente que te quieran, que te amen por ser como eres, por ser quien te gustaría ser, sin miedos , sin esconderse... Ese podría ser el éxtasis, el mostrarte plena, con las cicatrices pero sabiendo que no te juzgan...
citando de nuevo a Anaïs Nim, " EL PAPEL DE UN ESCRITOR NO ES DECIR LO QUE TODOS PODEMOS DECIR, SINO LO QUE NO SOMOS CAPACES DE DECIR"
Gracias por estas letras que nos regalas.

💋💋💋
 
Querido J. Me encanta cuando filosofea... Hablas de miedos, hablas de rechazo, de moral. Hablas de deseo, sin deseo no sé podría vivir, no seríamos nada sin deseo, no hace falta que sea sexual, se puede desear simplemente que te quieran, que te amen por ser como eres, por ser quien te gustaría ser, sin miedos , sin esconderse... Ese podría ser el éxtasis, el mostrarte plena, con las cicatrices pero sabiendo que no te juzgan...
citando de nuevo a Anaïs Nim, " EL PAPEL DE UN ESCRITOR NO ES DECIR LO QUE TODOS PODEMOS DECIR, SINO LO QUE NO SOMOS CAPACES DE DECIR"
Gracias por estas letras que nos regalas.

💋💋💋
Buenos días mi dulce ser.

Somos cicatrices del corazón que vagan buscando sanar. Pero quedan marcadas, sin duda. En el fondo no existe el sexo y a la vez es esencial. Pero por encima de todo el cuerpo está el amor. Y tú tienes mucho por dar y recibir.

Esta cita de Anaïs Nin me ha llegado al alma. A su centro más cálido dónde estas palabras toman sentido. No creo sea yo "un escritor", más bien sería un juglar del deseo. Y no pretendo ser nada más que eso. Sin embargo, sí mis letras transmiten lo que dices, mereces la pena difundir mis cicatrices.

Acuérdate de lo que voy a decir: Algún día todos desapareceremos de esta página y nos olvidaremos de la gente que conocimos aquí. Pero dentro de nosotros quedará algo que nos hizo bien y nos hizo empatizar y sentirse queridos, amados. Espero que en ese futuro inevitable alguna vez te acuerdes de este loco... Y sonrías.

❤️💋🔥

J. Agradecido.
 
Última edición:
Pasaron días sin noticias de él y no había subido otro post. Pensó que tal vez su respuesta había sido muy cortante. Era impulsiva, muchas veces demasiado. Pero era así y la tendrían que querer y amar tal y cómo era, punto.

De pronto apareció un mensaje privado de él. Y lo abrió con ansiedad y curiosidad.

" Te pido disculpas por lo de las pollas. Me imagino que de eso tienes todo un magisterio. Pero me pregunto que piensas de estar en un sitio como este, un foro porno. No te lo voy a preguntar. Eso es tu intimidad. En breve subo otro post.
💋"

No habian pasado ni dos minutos, cuando saltó la alerta.

" Qué sera hoy?" Pensó. Y comenzó a leer.

.......


Del pecado y otras dulces perversiones.

La escritura de la prostituta.


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Ese Purgatorio de la retina, la pornografía, es la sílaba prohibida que la boca de lo visible masca con furia y desenfreno. Proveniente del griego y quiere decir: La escritura de la prostituta. Su tinta es espesa, grumosa, púbica, la confesión que la clase media selló con su semen frío. Es el mapa viciado que el deseo colectivo trazó sobre la piel del otro, una cartografía visceral de la sombra donde el ojo, en lugar de besar, se convierte en el cirujano helado y lejano que disecciona el músculo desnudo de la fantasía. Es una ventana a lo prohibido y oculto.

Pero la pornografía en el Arte no es sólo el vidrio de saliva seca; es el reflejo helado donde la civilización ensaya su propia fractura dentro de una moralidad impuesta. El deseo, antes de ser carne, es una máquina que tritura la biografía, y sus criaturas, las heroínas dialécticas Justine.y Juliette, son cuerpos, objetos arrojados al molino de la razón pura del goce, transformando la piel en una fórmula algebraica. La melancolía de la comparación que nos devora es la herida narcisista del siglo. el Yo que se devora al saberse menos vívido que el fantasma pixelado de un deseo trepidante y reprimido. Aquí, la visión femenina irrumpe como un espasmo violento y redentor. Y la mirada masculina te desnuda y posee, entre silencios y gemidos blancos derramados sobre una pantalla o la celulosa. Y qué? Somos almas libres de volar por los cielos que nos mecen.

En el teatro de la pintura, no miremos a la Courbet obscena, sino al temblor de la carne que se niega a ser muda. Esto ya lo vimos y hay más lienzos con sabor a vicio y pasión.

Observad el cuerpo de "Danaë" en la versión de Gustav Klimt, donde el éxtasis no es una pose, sino un paisaje dorado y convulsivo. El arte fotográfico ha detenido este espasmo en el tiempo. Es una instantánea del Edén por profanar

Pensad en la obra de Robert Mapplethorpe, cuya lente fría no juzgaba, sino que elevaba el cuerpo masculino y femenino, y el "bondage"a la categoría de escultura de mármol negro, un canon de la sombra donde la disciplina se funde con la devoción. O la carnalidad ritualista de Helmut Newton, que envolvió a sus mujeres en una armadura de tacones y poder, convirtiendo el "voyeurismo" en una declaración de fuerza femenina y dominante.

La literatura también diseca el deseo desde dentro; Anaïs Nin mapeó su propio temblor en "Delta de Venus", transformando la escritura púbica en un rito de auto-exploración, su mano no es la de la esclava, sino la de la taxinomista que nombra y sangra la herida y la cura.

En el cine, el Séptimo Arte, la pornografía ha sido sublimada y retorcida hasta el grito. Directores como Pier Paolo Pasolini en "Saló o los 120 días de Sodoma", utilizan la pornografía explícita y la tortura como una alegoría política y social atroz, un espejo quebrado de la Europa fascista que obliga al espectador a tragar la bilis del poder absoluto.

Y en el extremo opuesto, Catherine Breillat, con filmes como "Romance" explora la sexualidad femenina no desde el "glamour" sino desde la angustia visceral y la búsqueda de un placer que a menudo es incómodo, convirtiendo la cámara en un confesor crudo y honesto.

El clímax es el Consentimiento, la "voluntad inquebrantable que se alza como un espasmo de orgasmo infinito". La redención de la imagen ocurre cuando la narrativa es mutua y el cuerpo no es mudo. En esta visión de la "sacerdotisa" que os propongo, la pornografía se vuelve un acto de "Arte Erótico de la Liberación".

El verdadero placer, como nos enseñó Georges Bataille, ese zumbado francés, con su exploración de lo sagrado y lo transgresor, reside en la soberanía de la violación del límite; no la violencia sobre el otro, sino la elección de la propia y violenta transgresión.

Artistas como Carolee Schneemann han tomado la cámara como un arma y un útero, como una vagina con obturador, convirtiendo su carne en un manifiesto sin venta ni vergüenza. La mirada ya no es la del cirujano helado, sino la del lago que te devuelve en un alma entera. El "Manifiesto Carpal" es, entonces, la escritura que emerge del músculo desnudo no para ser consumido, sino para consumir la Sombra, fundando una mitología personal del goce, sin la tiranía de la imagen estandarizada.

La pornografía, cuando es mutua y consciente, es el código de la resurrección de la carne, un surrealismo carnal donde el deseo se niega a ser un mapa viciado y se vuelve, por fin, una llave. Y tú lector, y yo, estamos aquí, donde la carne es expuesta por voluntad propia, sin imposición ni castigo de los poderes represores. Somos ojos que escupen semen y flujo. Y nos critican, nos tapan con supuestos "cuidados" de nuestra libertad. Nos llaman locos, viciosos, enfermos mentales, pecadores... Pero es nuestro este paraíso del exceso.

Pornografía es no dar pan y sal, no dar techo y abrigo, fomentar el odio y comerciar con armas, discriminar por los deseos de tu cuerpo y alma, imponer un pensamiento único, levantarte a las 6 de la mañana por una limosna, tener que pagar por tu salud... No hay espacio suficiente para vomitar todo lo que pienso. Y sí he de sufrir el escarnio de los ignorantes y engreídos "padres de la moral", "de los poseedores de la quinta esencia de lo correcto" qué así sea. Lo prohibido siempre sobrevive, aunque sea en la clandestina mente de este loco que os escribe.

La verdad es lo único que no existe. Seremos polvo y del polvo vinimos. Y todos surgimos de un "polvo". Ellos también.

.......

No supo que pensar al terminar. La imagen de ese pene entrando en la vagina la excitó. Y esa mano, esa mano. Cogió el móvil y llamó a su pareja.

.- Hola cariño. Oye te apetece hoy follar delante de la cámara y que se pajeen todos mientras nos ven? Estoy muy perra.

Definitivamente ella esa noche fue devoradora y devorada. Y no sintió hacer mal a nadie. Al contrario, fue la diosa bañada en semen virtual desde cientos de pantallas colapsadas.
 
Su buzón estaba lleno. Lleno de invitaciones elocuentes a entrar en ella. Era normal después de la muestra de libertad, de esas alas exquisitas y sin censura, que había regalado a través de la pantalla. Sin embargo, no había ninguna del juglar del deseo.

Su mente se distrajo con todos esos fluidos convertidos en letras digitales y todos esos arietes que se exhibían como en un buffet para ser seleccionados, en espera de escupir sus esencias grumosas y calientes.

El juego la había excitado y su cuerpo necesitaba ser saciado de ese hambre de fuego inagotable. Su pareja le daba eso y más. Pero no se puede parar a un tsunami, y menos el de ella.

Por la noche, recibió un mensaje de él.

"Ayer te vi. Saciaste toda tu ansía? Yo no. Faltó mi pasión. Faltó tu oscuro secreto en ser horadado y bautizado. No tenía previsto continuar con el hilo. Pero ver tu geometría volando entre nubes de vapor y deseo, me obliga a no parar. Y quiero hablarte de mi fetiche y obsesión".

.....

De geografías humanas y otros accidentes.

Teología del Culo: El Dogma Prohibido. Parte I.


El lienzo de este fetiche, que le otorgó la vastedad de un desierto de seda y la profundidad de un sueño surreal, es el culo. La obsesión se convierte en manifiesto, y os daré un texto que respire su sensualidad desbordada, una ansiedad de poseerlo y ser tomado, y la visión desde todo género que lo domina. Entremos en la espiral de mi amada locura.

El culo, esa doble luna que rige mi fascinación, es el trono sin rostro sobre el que se sienta la estética de la caída y la redención. No es un mero apéndice, sino el alfabeto silencioso del cuerpo, la arquitectura del deseo que se alza desde la tierra. Es la "tierra incognita" que, al ser expuesta, revela nuestra verdad más cruda y más dulce, más oculta y prohibida.


La acidez de mi lengua se mezcla con el bálsamo de su goce. Es la pompa vacía que amortigua el golpe de la existencia; para mí, la pulpa tensa y carnosa donde reside la promesa de lo absoluto. Es el lugar donde la anatomía se vuelve sentencia poética. Es la Manzana de Eva ofrecida no en el Edén frontal, sino en la retaguardia prohibida del jardín. Siempre negado, pero deseado.

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El arte, como testigo, lo ha venerado y lo ha profanado. Man Ray, con su ojo lúdico y perverso, nos dio el cuerpo-instrumento. En "Violon d'Ingres", transforma las nalgas en las efes de un violín, sugiriendo que la música más antigua, el ritmo primario, no está en la garganta sino en la curva elocuente. Es el culo como símbolo de la resonancia, el primer tambor de la existencia, un gesto sensual que trasciende lo literal para volverse forma onírica. El fetiche, el mío, se hace arte conceptual.

El dibujo febril de Egon Schiele nos confronta con la verdad desnuda, a pesar de ser un dibujante perseguido y censurado. Sus culos no son redondos y suaves; son ángulos agudos, músculos que parecen a punto de desgarrarse, volúmenes que gritan. Es la poesía visceral de la neurosis, la carne expuesta sin el consuelo del ideal. La nalgada en su obra es una confesión gráfica, un gesto que despoja al cuerpo de su aura para mostrarlo como materia vulnerable y apasionada.

He nombrado al culo como el trono sin rostro, y es ahí donde la fiebre de Salvador Dalí debe posar su mirada. El culo, en la óptica daliniana, no es sólo carne; es la geología del subconsciente, el punto donde lo blando y lo duro, lo escatológico y lo divino, se encuentran.

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Pensad en la obsesión de Dalí por los objetos blandos y la decadencia. Si Man Ray hizo del culo un violín, Dalí lo habría convertido en un reloj derretido o en un teléfono-langosta. La nalga es la materia misma del tiempo que se estira. No es una esfera geométrica de placer, sino una forma orgánicamente deformable que registra el pánico y el éxtasis. Es la lentitud de la caricia o el instante frenético de la nalgada. Su redondez es la ilusión de un ciclo que, en verdad, sólo se disuelve. El culo sería una imagen doble, una carne jugosa y tersa en el presente, pero también una ruina, un fragmento óseo, o una nube de gas carnal a punto de desaparecer. Es la "Manzana de Eva" vista como una reliquia arqueológica, un fetiche prehistórico desenterrado del jardín del subconsciente.

La curva de la nalga no es solo una invitación, es el borde del precipicio onírico donde la forma se desintegra en la locura. Dalí habría visto en la penetración anal el acto más sublime y ridículo, la espada del deseo entrando en la bóveda fecal, la pureza del impulso confrontada con la materia terrestre.

Este fetiche, mi lector, es una luz estroboscópica que ilumina tres altares del sexo, tres maneras de inscribir el deseo en esa esfera ansiada de seda tensa.

Es la curva heterosexual, el refugio de la especie. Aquí el glúteo es la base firme, la almohada breve que se interpone entre el hombre y el abismo de su propia fragilidad. Es la metafísica del apoyo. En la pintura de François Boucher, la carne es opulenta, un rococo de mármol rosado donde las nalgas de las ninfas se desbordan de los lienzos. Es la generosidad anatómica, el cuerpo femenino ofrecido como un festín, un paisaje voluptuoso que invita al tacto y al abandono. La penetración es un ritual de siembra, la búsqueda de la raíz cálida que afirma la continuidad de la carne. El hombre se adhiere a esa gravedad dulce, intentando anular su propia soledad en el empuje.

Y he aquí que la visión se ancla en la tierra con la verdad táctil de Auguste Rodin. Sus cuerpos no están suspendidos en los cielos del mito, sino en el abrazo convulso. Rodin ve el glúteo no como un paisaje estático, sino como un volumen tenso que participa en el drama del encuentro. En sus bronces y mármoles, como en El Beso o en fragmentos menos conocidos, el culo es el punto de palanca, el músculo que impulsa o resiste la pasión. Son promesas esculpidas que emergen del material como la vida emerge del barro. El volumen no es plano; es una cifra viva que registra la presión de las manos, el rastro digital del amante que se aferra. La curva no es un mero adorno; es el motor de la fricción, el epicentro de la gravedad que funde dos anatomías. En esta carne esculpida reside la belleza de la inercia rota, el músculo que se tensa no por mandato o castigo, sino por el impulso ardiente de la entrega total. Es el culo como volcán de arcilla, caliente y recién modelado, donde la forma y la pasión son una misma cosa.



Es la simetría gay, la afirmación pura. En esta danza de la absorción, el culo es el espejo ardiente donde la anatomía se encuentra y se desafía a sí misma. No hay necesidad de la otredad biológica; hay una celebración de la simetría, una conjunción de espadas que no busca fruto, sino intensidad pura. Es la voluntad estética del goce. La poesía turgente se escribe entre dos, donde el músculo se tensa en un gesto de aceptación total. El ano, como cavidad ritual, se convierte en el punto Omega del placer masculino, el lugar donde el amor no miente sobre su naturaleza transgresora. Es el falo invertido de la anatomía que se encuentra con el falo erecto, en una sinfonía de la fricción.

Si Schiele expuso la neurosis, el dibujante finlandés Touko Laaksonen, conocido como Tom of Finland, expuso el mito de la potencia y la celebración sin pudor de la simetría gay que describo. Sus hombres son titanes de cuero y músculo, y el culo es su medalla de guerra, el centro gravitacional de su universo de placer. Sus nalgas son tan perfectamente redondas que se vuelven hiperreales, más verdaderas que la realidad, elevando el fetiche a la categoría de icono de la liberación.


La exposición del trasero no es un acto de sumisión, sino de fuerza desafiante. El cinturón bajo, el cuero que lo envuelve, el gesto de ofrecerlo no es pasividad, sino una provocación activa. Es la afirmación pura de que el cuerpo masculino, en su encuentro especular, encuentra la máxima intensidad. Es la voluntad estética del goce convertida en un dibujo explícito, la tinta más carnal que ha existido.

Es el trono de la Domina, la inscripción de la voluntad. Aquí, la visión femenina alcanza su clímax. El culo deja de ser un objeto de deseo para volverse el yunque de la autoridad. Helmut Newton capta esto en sus modelos de acero y cuero; la nalga es la geometría del poder, la base militar de la mujer.

La Domina no acaricia, ella cincela. El esclavo ofrece sus nalgas en un acto de inmolación invertida, un lienzo tenso para el arte del castigo. El azote, la nalgada, no son actos de sadismo, sino gestos de escritura. Es el sello de cera caliente que autentifica el contrato de servidumbre. El hombre, reducido a sus caderas, es un trono móvil para la Diosa que ha abandonado el útero para blandir el látigo y el vástago. Es la poesía visceral donde el dolor es la tinta y la obediencia es el único poema que importa. La nalga tensa se convierte en la plataforma desde la que la Lilith interior de la Domina dicta su ley. No tiene voz, sólo eco. La Domina silencia la razón del esclavo y lo reduce a un cuerpo que sólo puede sentir. La palmeta, el látigo o la mano sobre el glúteo no son meros utensilios; son los ideogramas de su voluntad, las sílabas secas de una lengua que no se habla, sino que se inscribe en la piel. Cada latigazo es un verso de su poema visceral, y la nalgada es un oxímoron vivo, el castigo que redime.

El glúteo es el cuadro vivo que, en su tensión, detiene el flujo ardiente, la imagen fija donde el deseo encuentra su ancla. No palpita de lujuria ciega, sino de un frío poder conceptual, la esfera perfecta que contiene el secreto de la soberanía. Y según Pierre Klossowski es un pensamiento, un frío mármol que se calienta bajo el pulso de la transgresión. El glúteo no es un fin, sino la prueba de una teología estética. Con él es carne, sino el soporte, la materia oscura sobre la que la ley gnóstica se cincela con la frialdad de una obsesión perfecta. Aquí, la Domina no castiga, sino que ilustra para una eternidad breve y tensa, despojando la anatomía de su calidez sentimental para vestirla con la dignidad geométrica del poder. Es el cuerpo reducido a su prueba estética, un músculo redondo que se vuelve el símbolo órfico de la rendición. Su servidumbre gozosa es la única Verdad que se revela, y ella, Guardiana del Portal Negado, te mira la espalda, ignorando el alma, pues sabe que tu destino reside en la curva que se ofrece a su mano. El castigo no es más que la unción ilustrada, y el culo, el ancla pesada que te fija a la realidad de este juego sin tregua.

Esto es parte del cosmos redondo de mi fetiche, mi lector, un sarcófago de carne que es a la vez nacimiento y caída. Un mapa de curvas palpitante que he elevado a la categoría de mito personal. Y aún queda sumergirse en las letras y la historia.

Quieres que naufragemos en ese torbellino prohibido y obsesivo que se oculta y desea como una droga dulce y viscosa, tu culo?

.....

.- Sí.

Respondió ella, sin pensar, sin más. Y se dirigió al espejo de la habitación desnudándose. Cuando la última prenda se desprendió de su piel, como una hoja flotando en otoño, ladeó su cuerpo y visionó su manzana partida. El Dios de él y ella. El nido que ella ofrecía y poseía. Y pensó en llamar a su amante y tomar su trofeo. Hacía tiempo no sentía su trono.
 
Su buzón estaba lleno. Lleno de invitaciones elocuentes a entrar en ella. Era normal después de la muestra de libertad, de esas alas exquisitas y sin censura, que había regalado a través de la pantalla. Sin embargo, no había ninguna del juglar del deseo.

Su mente se distrajo con todos esos fluidos convertidos en letras digitales y todos esos arietes que se exhibían como en un buffet para ser seleccionados, en espera de escupir sus esencias grumosas y calientes.

El juego la había excitado y su cuerpo necesitaba ser saciado de ese hambre de fuego inagotable. Su pareja le daba eso y más. Pero no se puede parar a un tsunami, y menos el de ella.

Por la noche, recibió un mensaje de él.

"Ayer te vi. Saciaste toda tu ansía? Yo no. Faltó mi pasión. Faltó tu oscuro secreto en ser horadado y bautizado. No tenía previsto continuar con el hilo. Pero ver tu geometría volando entre nubes de vapor y deseo, me obliga a no parar. Y quiero hablarte de mi fetiche y obsesión".

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De geografías humanas y otros accidentes.

Teología del Culo: El Dogma Prohibido. Parte I.


El lienzo de este fetiche, que le otorgó la vastedad de un desierto de seda y la profundidad de un sueño surreal, es el culo. La obsesión se convierte en manifiesto, y os daré un texto que respire su sensualidad desbordada, una ansiedad de poseerlo y ser tomado, y la visión desde todo género que lo domina. Entremos en la espiral de mi amada locura.

El culo, esa doble luna que rige mi fascinación, es el trono sin rostro sobre el que se sienta la estética de la caída y la redención. No es un mero apéndice, sino el alfabeto silencioso del cuerpo, la arquitectura del deseo que se alza desde la tierra. Es la "tierra incognita" que, al ser expuesta, revela nuestra verdad más cruda y más dulce, más oculta y prohibida.


La acidez de mi lengua se mezcla con el bálsamo de su goce. Es la pompa vacía que amortigua el golpe de la existencia; para mí, la pulpa tensa y carnosa donde reside la promesa de lo absoluto. Es el lugar donde la anatomía se vuelve sentencia poética. Es la Manzana de Eva ofrecida no en el Edén frontal, sino en la retaguardia prohibida del jardín. Siempre negado, pero deseado.

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El arte, como testigo, lo ha venerado y lo ha profanado. Man Ray, con su ojo lúdico y perverso, nos dio el cuerpo-instrumento. En "Violon d'Ingres", transforma las nalgas en las efes de un violín, sugiriendo que la música más antigua, el ritmo primario, no está en la garganta sino en la curva elocuente. Es el culo como símbolo de la resonancia, el primer tambor de la existencia, un gesto sensual que trasciende lo literal para volverse forma onírica. El fetiche, el mío, se hace arte conceptual.

El dibujo febril de Egon Schiele nos confronta con la verdad desnuda, a pesar de ser un dibujante perseguido y censurado. Sus culos no son redondos y suaves; son ángulos agudos, músculos que parecen a punto de desgarrarse, volúmenes que gritan. Es la poesía visceral de la neurosis, la carne expuesta sin el consuelo del ideal. La nalgada en su obra es una confesión gráfica, un gesto que despoja al cuerpo de su aura para mostrarlo como materia vulnerable y apasionada.

He nombrado al culo como el trono sin rostro, y es ahí donde la fiebre de Salvador Dalí debe posar su mirada. El culo, en la óptica daliniana, no es sólo carne; es la geología del subconsciente, el punto donde lo blando y lo duro, lo escatológico y lo divino, se encuentran.

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Pensad en la obsesión de Dalí por los objetos blandos y la decadencia. Si Man Ray hizo del culo un violín, Dalí lo habría convertido en un reloj derretido o en un teléfono-langosta. La nalga es la materia misma del tiempo que se estira. No es una esfera geométrica de placer, sino una forma orgánicamente deformable que registra el pánico y el éxtasis. Es la lentitud de la caricia o el instante frenético de la nalgada. Su redondez es la ilusión de un ciclo que, en verdad, sólo se disuelve. El culo sería una imagen doble, una carne jugosa y tersa en el presente, pero también una ruina, un fragmento óseo, o una nube de gas carnal a punto de desaparecer. Es la "Manzana de Eva" vista como una reliquia arqueológica, un fetiche prehistórico desenterrado del jardín del subconsciente.

La curva de la nalga no es solo una invitación, es el borde del precipicio onírico donde la forma se desintegra en la locura. Dalí habría visto en la penetración anal el acto más sublime y ridículo, la espada del deseo entrando en la bóveda fecal, la pureza del impulso confrontada con la materia terrestre.

Este fetiche, mi lector, es una luz estroboscópica que ilumina tres altares del sexo, tres maneras de inscribir el deseo en esa esfera ansiada de seda tensa.

Es la curva heterosexual, el refugio de la especie. Aquí el glúteo es la base firme, la almohada breve que se interpone entre el hombre y el abismo de su propia fragilidad. Es la metafísica del apoyo. En la pintura de François Boucher, la carne es opulenta, un rococo de mármol rosado donde las nalgas de las ninfas se desbordan de los lienzos. Es la generosidad anatómica, el cuerpo femenino ofrecido como un festín, un paisaje voluptuoso que invita al tacto y al abandono. La penetración es un ritual de siembra, la búsqueda de la raíz cálida que afirma la continuidad de la carne. El hombre se adhiere a esa gravedad dulce, intentando anular su propia soledad en el empuje.

Y he aquí que la visión se ancla en la tierra con la verdad táctil de Auguste Rodin. Sus cuerpos no están suspendidos en los cielos del mito, sino en el abrazo convulso. Rodin ve el glúteo no como un paisaje estático, sino como un volumen tenso que participa en el drama del encuentro. En sus bronces y mármoles, como en El Beso o en fragmentos menos conocidos, el culo es el punto de palanca, el músculo que impulsa o resiste la pasión. Son promesas esculpidas que emergen del material como la vida emerge del barro. El volumen no es plano; es una cifra viva que registra la presión de las manos, el rastro digital del amante que se aferra. La curva no es un mero adorno; es el motor de la fricción, el epicentro de la gravedad que funde dos anatomías. En esta carne esculpida reside la belleza de la inercia rota, el músculo que se tensa no por mandato o castigo, sino por el impulso ardiente de la entrega total. Es el culo como volcán de arcilla, caliente y recién modelado, donde la forma y la pasión son una misma cosa.



Es la simetría gay, la afirmación pura. En esta danza de la absorción, el culo es el espejo ardiente donde la anatomía se encuentra y se desafía a sí misma. No hay necesidad de la otredad biológica; hay una celebración de la simetría, una conjunción de espadas que no busca fruto, sino intensidad pura. Es la voluntad estética del goce. La poesía turgente se escribe entre dos, donde el músculo se tensa en un gesto de aceptación total. El ano, como cavidad ritual, se convierte en el punto Omega del placer masculino, el lugar donde el amor no miente sobre su naturaleza transgresora. Es el falo invertido de la anatomía que se encuentra con el falo erecto, en una sinfonía de la fricción.

Si Schiele expuso la neurosis, el dibujante finlandés Touko Laaksonen, conocido como Tom of Finland, expuso el mito de la potencia y la celebración sin pudor de la simetría gay que describo. Sus hombres son titanes de cuero y músculo, y el culo es su medalla de guerra, el centro gravitacional de su universo de placer. Sus nalgas son tan perfectamente redondas que se vuelven hiperreales, más verdaderas que la realidad, elevando el fetiche a la categoría de icono de la liberación.


La exposición del trasero no es un acto de sumisión, sino de fuerza desafiante. El cinturón bajo, el cuero que lo envuelve, el gesto de ofrecerlo no es pasividad, sino una provocación activa. Es la afirmación pura de que el cuerpo masculino, en su encuentro especular, encuentra la máxima intensidad. Es la voluntad estética del goce convertida en un dibujo explícito, la tinta más carnal que ha existido.

Es el trono de la Domina, la inscripción de la voluntad. Aquí, la visión femenina alcanza su clímax. El culo deja de ser un objeto de deseo para volverse el yunque de la autoridad. Helmut Newton capta esto en sus modelos de acero y cuero; la nalga es la geometría del poder, la base militar de la mujer.

La Domina no acaricia, ella cincela. El esclavo ofrece sus nalgas en un acto de inmolación invertida, un lienzo tenso para el arte del castigo. El azote, la nalgada, no son actos de sadismo, sino gestos de escritura. Es el sello de cera caliente que autentifica el contrato de servidumbre. El hombre, reducido a sus caderas, es un trono móvil para la Diosa que ha abandonado el útero para blandir el látigo y el vástago. Es la poesía visceral donde el dolor es la tinta y la obediencia es el único poema que importa. La nalga tensa se convierte en la plataforma desde la que la Lilith interior de la Domina dicta su ley. No tiene voz, sólo eco. La Domina silencia la razón del esclavo y lo reduce a un cuerpo que sólo puede sentir. La palmeta, el látigo o la mano sobre el glúteo no son meros utensilios; son los ideogramas de su voluntad, las sílabas secas de una lengua que no se habla, sino que se inscribe en la piel. Cada latigazo es un verso de su poema visceral, y la nalgada es un oxímoron vivo, el castigo que redime.

El glúteo es el cuadro vivo que, en su tensión, detiene el flujo ardiente, la imagen fija donde el deseo encuentra su ancla. No palpita de lujuria ciega, sino de un frío poder conceptual, la esfera perfecta que contiene el secreto de la soberanía. Y según Pierre Klossowski es un pensamiento, un frío mármol que se calienta bajo el pulso de la transgresión. El glúteo no es un fin, sino la prueba de una teología estética. Con él es carne, sino el soporte, la materia oscura sobre la que la ley gnóstica se cincela con la frialdad de una obsesión perfecta. Aquí, la Domina no castiga, sino que ilustra para una eternidad breve y tensa, despojando la anatomía de su calidez sentimental para vestirla con la dignidad geométrica del poder. Es el cuerpo reducido a su prueba estética, un músculo redondo que se vuelve el símbolo órfico de la rendición. Su servidumbre gozosa es la única Verdad que se revela, y ella, Guardiana del Portal Negado, te mira la espalda, ignorando el alma, pues sabe que tu destino reside en la curva que se ofrece a su mano. El castigo no es más que la unción ilustrada, y el culo, el ancla pesada que te fija a la realidad de este juego sin tregua.

Esto es parte del cosmos redondo de mi fetiche, mi lector, un sarcófago de carne que es a la vez nacimiento y caída. Un mapa de curvas palpitante que he elevado a la categoría de mito personal. Y aún queda sumergirse en las letras y la historia.

Quieres que naufragemos en ese torbellino prohibido y obsesivo que se oculta y desea como una droga dulce y viscosa, tu culo?

.....

.- Sí.

Respondió ella, sin pensar, sin más. Y se dirigió al espejo de la habitación desnudándose. Cuando la última prenda se desprendió de su piel, como una hoja flotando en otoño, ladeó su cuerpo y visionó su manzana partida. El Dios de él y ella. El nido que ella ofrecía y poseía. Y pensó en llamar a su amante y tomar su trofeo. Hacía tiempo no sentía su trono.
Arte tejido con maestría y pasión ❤️
No sé por qué pero mi parte preferida es la de la Domina 😋
 
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