Una tarde de nuevas experiencias

Bcn_Bi

Miembro muy activo
Desde
6 Ago 2025
Mensajes
72
Reputación
299
Mi novio siempre me dice que cuando llega el calor yo también me caliento. Y tiene razón, porque es tiempo de ir con poca ropa (o casi nada) por casa y dormir desnudo. No son ni una ni dos las veces que me ha sorprendido tocándome distraídamente mientras estoy tumbado en el sofá o en la cama a su lado. Y son incontables las veces que ha recibido insinuaciones cuando sale desnudo de la ducha y que han terminado con nosotros dos necesitando pasar otra vez por el túnel de lavado.

¿Qué te parecería ir a una sauna, mañana? - Me dijo una noche, así por sorpresa.
¿Y eso? - Respondí yo.
Quiero probar cosas nuevas y quiero ver si fuera eres tan exhibicionista como en casa.

Ya sabía que él había ido alguna vez antes de estar juntos y quizás lo echa de menos. Para mí sería la primera vez y podría ser divertido, así que acepto y quedamos al día siguiente por la tarde en una sauna que tenemos cerca de casa.

*Mensaje de texto*
Llego tarde. Entra y empieza a investigar. No tardo.

Quizás lo ha hecho expresamente o realmente llega tarde, sea como sea, entro que ya llevo un rato esperándole. Es un tardón, siempre me hace esperar. Pago la entrada, me cambio y ya me siento diferente sólo con mis chanclas, mi toalla por la cintura cubriéndome muy poco y un par de condones en la mano.

Paso por delante de unas duchas con un par de hombres bastante mayores duchándose, cada uno en la suya. Paso el bar de largo y sigo descubriendo el resto de habitaciones: una sauna vacía en la que hace un calor asfixiante (normal que esté vacía), una sala de vídeo ocupada por un tío pajeándose, un par de cabinas con varios hombres follando, una sala con un columpio ocupado por una pareja que lo está dando todo, una zona oscura que despierta mi curiosidad y más cabinas con las puertas cerradas y gente gimiendo detrás. Un golpeteo que me parece excitante empieza a endurecerme el rabo.

Durante mi paseo, me he cruzado con muchos hombres con los que nos hemos mirado. La mayoría son bastante mayores que yo, rondando los cincuenta. No sé muy bien cómo desenvolverme en estas situaciones ni cómo romper el hielo, así que decido entrar en una sala bastante amplia que tiene una cama en el centro y me siento de cara a la puerta. Uno de esos hombres me ha seguido, un señor de unos 50 años que se queda en la puerta mirándome. Yo me inclino un poco para atrás y me abro la toalla para que vea mi erección. Él me imita y cuando se la quita veo que la tiene dura también.

Se acerca, su polla balanceándose en el aire. Me inclino para adelante para recibirla con mi boca, pero él me empuja tirándome contra la cama, se arrodilla y empieza a mamármela con fuerza. Si sigue así, me correré en diez segundos. Sin embargo, cuando la tengo bien dura se detiene y se sienta a mi lado. Yo me incorporo y me da un largo beso con lengua mientras me acaricia las piernas y yo empiezo a masturbarle. No tardo en bajar mi cabeza y empezar a mamársela. Tiene un sabor curioso, una mezcla de sudor con algo que no consigo identificar. No soy el primero de la tarde y me pone pensar que todavía tiene energías para mí.

Al cabo de un rato de estar mamando, ya de rodillas en el suelo y metiéndome toda la polla que puedo en mi boca, él me levanta y me pone contra la pared. Se arrodilla y hunde su cara entre mis nalgas, empezando a lamerme el ano. Esto va subiendo de temperatura. Me giro hacia la puerta y veo que hay otro tipo mirándonos. Nos vamos mirando a los ojos, él tocándose, yo excitado por los lametones y los dedos que juegan con mi culo.

El amigo deja de lamer y se levanta, quedándose a mi espalda. Yo me quedo quieto, esperando que me dé la siguiente indicación. Un envoltorio de condón cae al suelo delante de mí. Así que ya ha llegado el momento. Me inclino un poco para adelante, ofreciéndole mejor mi culo, y noto la presión de su rabo entrando suavemente dentro de mí. Me ha dilatado tanto que entra con mucha facilidad, bombeando suave y hasta el fondo, sus manos sujetando mi cintura.

El tío de la puerta parece más excitado, su rabo ha aumentado de tamaño. Mientras mi amigo me folla, nos vamos mirando. ¿Me atreveré con dos a la vez? Seguro que a él le interesa unirse.

Estoy con estas fantasías, cada vez más cachondo, cuando mi amigo se detiene y se tumba en la cama y yo me pongo encima suyo. Ahora es mí momento para cabalgarlo, mientras miro al otro en la puerta. Al cabo de un rato entra un tercero en la sala y me detengo de golpe. Vaya pillada, es mi novio…

El amigo se da cuenta que me he parado y empieza a bombear él, agarrándome bien fuerte el culo. Yo sigo petrificado mirando a mi chico, que le dice algo a la oreja al de cuarenta. Me sonríe y veo que el otro tío se arrodilla y empieza a mamarle el rabo.

Me relajo y sigo cabalgando a mi amigo, mientras el otro se la come a mi chico. Un rato así hasta que me pone a cuatro patas y empieza a follarme fuerte. Me duele un poco, pero el placer es mucho mayor. Entonces se acerca mi novio, me agarra la cara y me dice: “mi leche es solo para ti”, y me introduce su polla, recubierta de la saliva de otro, en mi boca.

Se la empiezo a mamar con ganas, dominado por dos hombres estoy cachondísimo, y pronto noto sus espasmos clásicos de correrse. Su leche inunda mi boca, tan rica como siempre, y yo sigo mamando y tragando hasta que se cansa y se tumba en la cama a nuestro lado, mirándonos y tocándose. Siempre ha tenido facilidad para excitarse y creo que no tardará en tener una nueva erección. Mientras, mi amigo empieza a estar en las últimas, sus bombeos son más intensos, pero más lentos, hasta que llega un último bombeo hasta el fondo y otros más suaves… Creo que ya se ha corrido, sus manos me sujetan con menos fuerza.

La saca y se va. Ni adiós ni nada. Cuando me giro para ver si queda alguien descubro que estamos solos mi chico, su nueva erección y yo. Aprovechando que tengo el culo abierto, me acerco y me siento encima de él.

Creo que te lo has pasado bien - me dice.
Cállate y fóllame, que todavía no me he corrido.

Y nos besamos. Más gente entrará y nos mirará, alguno nos tocará para unirse, pero esta tarde terminará así, con nosotros dos queriéndonos en uno de los lugares más frívolos donde quererse.
 
Mi novio siempre me dice que cuando llega el calor yo también me caliento. Y tiene razón, porque es tiempo de ir con poca ropa (o casi nada) por casa y dormir desnudo. No son ni una ni dos las veces que me ha sorprendido tocándome distraídamente mientras estoy tumbado en el sofá o en la cama a su lado. Y son incontables las veces que ha recibido insinuaciones cuando sale desnudo de la ducha y que han terminado con nosotros dos necesitando pasar otra vez por el túnel de lavado.

¿Qué te parecería ir a una sauna, mañana? - Me dijo una noche, así por sorpresa.
¿Y eso? - Respondí yo.
Quiero probar cosas nuevas y quiero ver si fuera eres tan exhibicionista como en casa.

Ya sabía que él había ido alguna vez antes de estar juntos y quizás lo echa de menos. Para mí sería la primera vez y podría ser divertido, así que acepto y quedamos al día siguiente por la tarde en una sauna que tenemos cerca de casa.

*Mensaje de texto*
Llego tarde. Entra y empieza a investigar. No tardo.

Quizás lo ha hecho expresamente o realmente llega tarde, sea como sea, entro que ya llevo un rato esperándole. Es un tardón, siempre me hace esperar. Pago la entrada, me cambio y ya me siento diferente sólo con mis chanclas, mi toalla por la cintura cubriéndome muy poco y un par de condones en la mano.

Paso por delante de unas duchas con un par de hombres bastante mayores duchándose, cada uno en la suya. Paso el bar de largo y sigo descubriendo el resto de habitaciones: una sauna vacía en la que hace un calor asfixiante (normal que esté vacía), una sala de vídeo ocupada por un tío pajeándose, un par de cabinas con varios hombres follando, una sala con un columpio ocupado por una pareja que lo está dando todo, una zona oscura que despierta mi curiosidad y más cabinas con las puertas cerradas y gente gimiendo detrás. Un golpeteo que me parece excitante empieza a endurecerme el rabo.

Durante mi paseo, me he cruzado con muchos hombres con los que nos hemos mirado. La mayoría son bastante mayores que yo, rondando los cincuenta. No sé muy bien cómo desenvolverme en estas situaciones ni cómo romper el hielo, así que decido entrar en una sala bastante amplia que tiene una cama en el centro y me siento de cara a la puerta. Uno de esos hombres me ha seguido, un señor de unos 50 años que se queda en la puerta mirándome. Yo me inclino un poco para atrás y me abro la toalla para que vea mi erección. Él me imita y cuando se la quita veo que la tiene dura también.

Se acerca, su polla balanceándose en el aire. Me inclino para adelante para recibirla con mi boca, pero él me empuja tirándome contra la cama, se arrodilla y empieza a mamármela con fuerza. Si sigue así, me correré en diez segundos. Sin embargo, cuando la tengo bien dura se detiene y se sienta a mi lado. Yo me incorporo y me da un largo beso con lengua mientras me acaricia las piernas y yo empiezo a masturbarle. No tardo en bajar mi cabeza y empezar a mamársela. Tiene un sabor curioso, una mezcla de sudor con algo que no consigo identificar. No soy el primero de la tarde y me pone pensar que todavía tiene energías para mí.

Al cabo de un rato de estar mamando, ya de rodillas en el suelo y metiéndome toda la polla que puedo en mi boca, él me levanta y me pone contra la pared. Se arrodilla y hunde su cara entre mis nalgas, empezando a lamerme el ano. Esto va subiendo de temperatura. Me giro hacia la puerta y veo que hay otro tipo mirándonos. Nos vamos mirando a los ojos, él tocándose, yo excitado por los lametones y los dedos que juegan con mi culo.

El amigo deja de lamer y se levanta, quedándose a mi espalda. Yo me quedo quieto, esperando que me dé la siguiente indicación. Un envoltorio de condón cae al suelo delante de mí. Así que ya ha llegado el momento. Me inclino un poco para adelante, ofreciéndole mejor mi culo, y noto la presión de su rabo entrando suavemente dentro de mí. Me ha dilatado tanto que entra con mucha facilidad, bombeando suave y hasta el fondo, sus manos sujetando mi cintura.

El tío de la puerta parece más excitado, su rabo ha aumentado de tamaño. Mientras mi amigo me folla, nos vamos mirando. ¿Me atreveré con dos a la vez? Seguro que a él le interesa unirse.

Estoy con estas fantasías, cada vez más cachondo, cuando mi amigo se detiene y se tumba en la cama y yo me pongo encima suyo. Ahora es mí momento para cabalgarlo, mientras miro al otro en la puerta. Al cabo de un rato entra un tercero en la sala y me detengo de golpe. Vaya pillada, es mi novio…

El amigo se da cuenta que me he parado y empieza a bombear él, agarrándome bien fuerte el culo. Yo sigo petrificado mirando a mi chico, que le dice algo a la oreja al de cuarenta. Me sonríe y veo que el otro tío se arrodilla y empieza a mamarle el rabo.

Me relajo y sigo cabalgando a mi amigo, mientras el otro se la come a mi chico. Un rato así hasta que me pone a cuatro patas y empieza a follarme fuerte. Me duele un poco, pero el placer es mucho mayor. Entonces se acerca mi novio, me agarra la cara y me dice: “mi leche es solo para ti”, y me introduce su polla, recubierta de la saliva de otro, en mi boca.

Se la empiezo a mamar con ganas, dominado por dos hombres estoy cachondísimo, y pronto noto sus espasmos clásicos de correrse. Su leche inunda mi boca, tan rica como siempre, y yo sigo mamando y tragando hasta que se cansa y se tumba en la cama a nuestro lado, mirándonos y tocándose. Siempre ha tenido facilidad para excitarse y creo que no tardará en tener una nueva erección. Mientras, mi amigo empieza a estar en las últimas, sus bombeos son más intensos, pero más lentos, hasta que llega un último bombeo hasta el fondo y otros más suaves… Creo que ya se ha corrido, sus manos me sujetan con menos fuerza.

La saca y se va. Ni adiós ni nada. Cuando me giro para ver si queda alguien descubro que estamos solos mi chico, su nueva erección y yo. Aprovechando que tengo el culo abierto, me acerco y me siento encima de él.

Creo que te lo has pasado bien - me dice.
Cállate y fóllame, que todavía no me he corrido.

Y nos besamos. Más gente entrará y nos mirará, alguno nos tocará para unirse, pero esta tarde terminará así, con nosotros dos queriéndonos en uno de los lugares más frívolos donde quererse.
Eso se llama complicidad total 😉
 
Se puede saber a qué sauna fuisteis? Me está dando curiosidad ir a una por Barcelona (soy heterocurioso)
 
Se puede saber a qué sauna fuisteis? Me está dando curiosidad ir a una por Barcelona (soy heterocurioso)
La del relato está inspirada en una de Madrid. De Barcelona no he ido a ninguna, pero hace tiempo que estoy pensando en ir a la Bruc, pero no he encontrado el momento todavía.
 
De la sauna casanova no sabes nada? Es que la hora que iría sería muy temprano, rollo 3-4 de la mañana antes del trabajo y la del bruc no es 24 horas
 
Sólo sé lo que he visto en las reseñas de Google, poco más.
 
Y buscarías compañía para ir a alguna de estas? O entiendo que irías con tu pareja no? Es que nose si ir solo es la mejor opción para mi, pero tampoco es fácil encontrar con quien ir jeje
 
Yo he ido solo a un par de saunas y alguna vez al Boyberry y puede dar corte al principio, pero dentro acabas encontrando alguien con quien follar. Al final todo el mundo va buscando lo mismo.

Un día quiero ir a la Bruc como te digo, pero tengo horarios variables de mañanas o tardes. Se puede intentar coincidir si te quedas más tranquilo y nos vamos a una cabina tu y yo. Viendo tu foto, podemos divertirnos... ;P
 
Pues si algún día quieres ir y te apetece ir juntos me lo comentas. Lo de la cabina al final en todo caso que primero quiero ver cómo es todo un poco jeje
 
Mi novio siempre me dice que cuando llega el calor yo también me caliento. Y tiene razón, porque es tiempo de ir con poca ropa (o casi nada) por casa y dormir desnudo. No son ni una ni dos las veces que me ha sorprendido tocándome distraídamente mientras estoy tumbado en el sofá o en la cama a su lado. Y son incontables las veces que ha recibido insinuaciones cuando sale desnudo de la ducha y que han terminado con nosotros dos necesitando pasar otra vez por el túnel de lavado.

¿Qué te parecería ir a una sauna, mañana? - Me dijo una noche, así por sorpresa.
¿Y eso? - Respondí yo.
Quiero probar cosas nuevas y quiero ver si fuera eres tan exhibicionista como en casa.

Ya sabía que él había ido alguna vez antes de estar juntos y quizás lo echa de menos. Para mí sería la primera vez y podría ser divertido, así que acepto y quedamos al día siguiente por la tarde en una sauna que tenemos cerca de casa.

*Mensaje de texto*
Llego tarde. Entra y empieza a investigar. No tardo.

Quizás lo ha hecho expresamente o realmente llega tarde, sea como sea, entro que ya llevo un rato esperándole. Es un tardón, siempre me hace esperar. Pago la entrada, me cambio y ya me siento diferente sólo con mis chanclas, mi toalla por la cintura cubriéndome muy poco y un par de condones en la mano.

Paso por delante de unas duchas con un par de hombres bastante mayores duchándose, cada uno en la suya. Paso el bar de largo y sigo descubriendo el resto de habitaciones: una sauna vacía en la que hace un calor asfixiante (normal que esté vacía), una sala de vídeo ocupada por un tío pajeándose, un par de cabinas con varios hombres follando, una sala con un columpio ocupado por una pareja que lo está dando todo, una zona oscura que despierta mi curiosidad y más cabinas con las puertas cerradas y gente gimiendo detrás. Un golpeteo que me parece excitante empieza a endurecerme el rabo.

Durante mi paseo, me he cruzado con muchos hombres con los que nos hemos mirado. La mayoría son bastante mayores que yo, rondando los cincuenta. No sé muy bien cómo desenvolverme en estas situaciones ni cómo romper el hielo, así que decido entrar en una sala bastante amplia que tiene una cama en el centro y me siento de cara a la puerta. Uno de esos hombres me ha seguido, un señor de unos 50 años que se queda en la puerta mirándome. Yo me inclino un poco para atrás y me abro la toalla para que vea mi erección. Él me imita y cuando se la quita veo que la tiene dura también.

Se acerca, su polla balanceándose en el aire. Me inclino para adelante para recibirla con mi boca, pero él me empuja tirándome contra la cama, se arrodilla y empieza a mamármela con fuerza. Si sigue así, me correré en diez segundos. Sin embargo, cuando la tengo bien dura se detiene y se sienta a mi lado. Yo me incorporo y me da un largo beso con lengua mientras me acaricia las piernas y yo empiezo a masturbarle. No tardo en bajar mi cabeza y empezar a mamársela. Tiene un sabor curioso, una mezcla de sudor con algo que no consigo identificar. No soy el primero de la tarde y me pone pensar que todavía tiene energías para mí.

Al cabo de un rato de estar mamando, ya de rodillas en el suelo y metiéndome toda la polla que puedo en mi boca, él me levanta y me pone contra la pared. Se arrodilla y hunde su cara entre mis nalgas, empezando a lamerme el ano. Esto va subiendo de temperatura. Me giro hacia la puerta y veo que hay otro tipo mirándonos. Nos vamos mirando a los ojos, él tocándose, yo excitado por los lametones y los dedos que juegan con mi culo.

El amigo deja de lamer y se levanta, quedándose a mi espalda. Yo me quedo quieto, esperando que me dé la siguiente indicación. Un envoltorio de condón cae al suelo delante de mí. Así que ya ha llegado el momento. Me inclino un poco para adelante, ofreciéndole mejor mi culo, y noto la presión de su rabo entrando suavemente dentro de mí. Me ha dilatado tanto que entra con mucha facilidad, bombeando suave y hasta el fondo, sus manos sujetando mi cintura.

El tío de la puerta parece más excitado, su rabo ha aumentado de tamaño. Mientras mi amigo me folla, nos vamos mirando. ¿Me atreveré con dos a la vez? Seguro que a él le interesa unirse.

Estoy con estas fantasías, cada vez más cachondo, cuando mi amigo se detiene y se tumba en la cama y yo me pongo encima suyo. Ahora es mí momento para cabalgarlo, mientras miro al otro en la puerta. Al cabo de un rato entra un tercero en la sala y me detengo de golpe. Vaya pillada, es mi novio…

El amigo se da cuenta que me he parado y empieza a bombear él, agarrándome bien fuerte el culo. Yo sigo petrificado mirando a mi chico, que le dice algo a la oreja al de cuarenta. Me sonríe y veo que el otro tío se arrodilla y empieza a mamarle el rabo.

Me relajo y sigo cabalgando a mi amigo, mientras el otro se la come a mi chico. Un rato así hasta que me pone a cuatro patas y empieza a follarme fuerte. Me duele un poco, pero el placer es mucho mayor. Entonces se acerca mi novio, me agarra la cara y me dice: “mi leche es solo para ti”, y me introduce su polla, recubierta de la saliva de otro, en mi boca.

Se la empiezo a mamar con ganas, dominado por dos hombres estoy cachondísimo, y pronto noto sus espasmos clásicos de correrse. Su leche inunda mi boca, tan rica como siempre, y yo sigo mamando y tragando hasta que se cansa y se tumba en la cama a nuestro lado, mirándonos y tocándose. Siempre ha tenido facilidad para excitarse y creo que no tardará en tener una nueva erección. Mientras, mi amigo empieza a estar en las últimas, sus bombeos son más intensos, pero más lentos, hasta que llega un último bombeo hasta el fondo y otros más suaves… Creo que ya se ha corrido, sus manos me sujetan con menos fuerza.

La saca y se va. Ni adiós ni nada. Cuando me giro para ver si queda alguien descubro que estamos solos mi chico, su nueva erección y yo. Aprovechando que tengo el culo abierto, me acerco y me siento encima de él.

Creo que te lo has pasado bien - me dice.
Cállate y fóllame, que todavía no me he corrido.

Y nos besamos. Más gente entrará y nos mirará, alguno nos tocará para unirse, pero esta tarde terminará así, con nosotros dos queriéndonos en uno de los lugares más frívolos donde quererse.
Vaya morbazo nen
 
SEGUNDA PARTE

Mi chico lamentó esa tarde. Se lo pasó bien y fue excitante, pero a la vez no le gustó nada ver lo cómodo que me sentí con otros hombres. Prometimos que no volveríamos a ir, me quería sólo para él.

Yo me quedé con ganas de más y esta tarde ha sido el momento de volver. ¿Y la promesa con mi novio? Quedamos en no volver los dos, no dijimos nada de ir por separado. Ya lo sé, un tecnicismo muy frágil, como mi carne, pero hoy tengo la tapadera perfecta. Los servidores de la oficina han colapsado y nos han dado la tarde libre. Él cree que estoy trabajando… y no que me estarán trabajando.

Es temprano y no hay mucha gente. En el vestuario, mientras me desnudaba y enrollaba la toalla por la cintura, un par de maduros me han tirado la caña.

Entro excitadísimo a la zona de cruising y pronto se me baja todo cuando se me acerca un sobón que casi me arruina la tarde. Sólo verme, se acerca y me mete mano. Es un tío de más o menos mi edad, unos treinta y cinco años, algo gordo y descuidado. Pelo largo y desaliñado, por su olor pinta que es un fumador empedernido. Educadamente, le digo que no me interesa y sigo paseándome por la sala, buscando mi presa.

El sobón me sigue y persiste, me dice guarradas, me coge por el brazo para atraerme hacia él… la gota que colma el vaso es cuando me da un tirón de la toalla y me quedo desnudo en medio de la sala. ME siento algo avergonzado y lo peor llega cuando me agacho para recoger la toalla y recibo una sonora palmada en el culo.

Me giro enfadado para encararme por fin con el degenerado y me quedo petrificado cuando me encuentro con un tío de unos 60 años que me sonríe confiadamente. Calvo, ojos azules, barba bien recortada. Cuerpo bastante bien, bastante velludo - como a mí me gusta - y una tripa cervecera que en este momento me parece lo más sexy del mundo.

- Hola, guapetón - me dice.

No me da tiempo a responder que me agarra por el pene y tira de mí hacia él para plantarme un profundo beso, con mucha lengua. Abro la boca todo lo que puedo, mi lengua se enrosca con la suya, mi polla se endurece y busco de reojo a mi acosador al que le dedico una peineta mientras el maduro me come la boca y con su mano libre me agarra bien fuerte por el culo.

Seguimos besándonos un rato ahí en medio de todos. Noto las miradas, seguro que alguien quiere unirse. La puerta de una cabina se abre y queda libre para nosotros.

- ¿Entramos? - me dice.
- Entramos - respondo rápidamente.

Me suelta y entra, sentándose al borde de la cama que hay en medio de la habitación, de cara a la puerta. Le sigo y voy a cerrar la puerta.

- No, déjala abierta - me dice -, no seas tímido.

Se quita la toalla y deja al aire su pene medio erecto. Me hace un gesto y entro, dejando la puerta abierta. Me arrodillo entre sus piernas y empiezo a lamérselo. Va creciendo en mi boca, no es muy largo pero sí grueso. El tamaño ideal para que me quepa entera hasta la garganta. Mi salvador se relaja. Yo mamo con ganas, saboreando cada gota de sudor o de precum que sale de su cuerpo. Me imagino que la gente nos observa y mamo con más fuerza, apretándole los huevos de vez en cuando.

- Vamos a ver ese culo - dice él de repente -. Ponte aquí, a cuatro patas. De cara a la puerta.

Evidentemente, le hago caso. Me subo a la cama y me pongo a cuatro patas, apoyando mis hombros sobre la cama mientras él me lame la raja del culo y me mete algún dedo de vez en cuando. Estoy entre relajado y excitado. Sabe lo que hace y se toma su tiempo. Es muy placentero.

- Incórporate un poco - dice.

Me apoyo en mis manos y me giro para mirarlo. Se ha puesto un condón y escupe sobre la polla engomada para lubricarla.

- Sexo seguro, siempre - dice con una sonrisa.

Le devuelvo la sonrisa y me giro de cara a la puerta. Varios curiosos miran por la puerta cuando pasan, alguno se detiene unos segundos y sigue su camino. Mi amigo me agarra por la cintura y me atrae un poco hacia él. Su pene se pasea por mi raja, subiendo y bajando hasta que se encaja un en mi ano y poco a poco se va introduciendo. Lo hace con mucha suavidad hasta que llega al fondo. Entonces, sigue con movimientos suaves hacia adelante y hacia atrás. Estoy excitadísimo.

Levanto la vista y en la puerta hay un chaval, de unos veinte y pocos años. Se le ve algo tímido y se agarra con fuerza a su toalla. Me imagino que le gustaría ser yo ahora mismo, follado con calma y mucho cariño por un madurazo. Le sonrío, más por que por otra cosa y él me devuelve la sonrisa.

- Eh, tú - dice el maduro que no ha dejado de follarme con la misma suavidad en ningún momento.

El chico levanta los ojos y se lo queda mirando sin decir nada.

- Vamos, acércate.

El chico obedece y se sitúa delante mío. Está rígido, se confirma que es su primera vez y está tenso.

- Quítate la toalla - le pido con una sonrisa.

Él asiente y se la abre poco a poco. Un rabo que no está nada mal asoma. El chico sigue sin moverse y yo estiro la mano para acariciarle los testículos. Su primera reacción és un leve sobresalto. Luego se relaja y se deja hacer. Da un paso adelante y yo aprovecho para agarrar su miembro y metérmelo en la boca. Se le está poniendo dura y yo me estoy excitando todavía más notando su polla crecer en mi boca.

El chico me acaricia el pelo y gime un poco. De repente, me agarra la cabeza con las dos manos y empieza a follarme la boca. No me esperaba esta reacción, el calentón le está pegando fuerte.

- Eso, fóllale la boca - dice el maduro detrás de mí. Él también aumenta el ritmo y me folla con más fuerza.

Me están destrozando entre los dos. Yo me quedo quieto, tragando polla como puedo y disfrutando de una buena follada. No dura mucho, el chaval no tarda en correrse. Iba bien cargado y mi boca no puede contener tanta leche. Sin decir nada más, recoge su toalla y se pira.

El maduro sigue dándole. Yo gimo mientras escupo el semen que todavía me queda en la boca. Pronto, la saca, se quita el condón y se pajea, echando toda su leche en mi espalda. El calor de su leche es excitante. Me giro y me quedo tumbado en la cama. Tengo la polla tan dura que me duele y empiezo a pajearme mirando a mi nuevo amante, que no deja de mirarme.

Me corro en un par de sacudidas. El maduro me sonríe, se acerca, me besa y me dice que me espera en el bar.

Me ducho rápido y, con la toalla enrollada en mi cintura de nuevo, entro al bar. Varias miradas se centran en mí. El maduro está en la barra, cerveza en mano. Me siento en el taburete de al lado.

Charlamos un rato de cómo ha ido, del chaval que se ha corrido y se ha ido, de nuestras vidas, de cuantas veces hemos hecho cruising… Me gusta su carácter, conectamos bastante bien. Me dice que se llama Rafa y que le gusta mi nombre, Sergio, le recuerda el de un ex que tuvo. Se me hace tarde y me tengo que ir, no sin antes pasarnos nuestros teléfonos para quedar en el futuro.
 
Atrás
Top Abajo