Yo tuve la suerte de tener un piso de estudiantes justo delante del mío. Y la mayor de las suertes es que el plato de ducha de su baño caía al final de este, con una ventana dentro del propio plato de ducha (espero que se me haya entendido, me explico muy mal). No sé qué le pasa a las jóvenes de hoy día, pero ninguna bajaba la persiana, y es verdad que el cristal era translúcido, pero estando ellas tan cerca me he hartado de ver tetas.
En concreto, recuerdo una de USA de raza negra, tenía unas tetas como mi cabeza y su habitación también daba a nuestro piso. Me aprendí su anatomía de arriba a abajo.