Confieso que la década pasada, un invierno en un local frío que me habían dejado, tuve una divertida sorpresa haciéndole un largo cunilingus a una examante que estaba en contra de la depilación. Ella lucía un denso matorral compuesto por vello negro azabache brillante en estado totalmente silvestre pese a que ya estábamos a mitad de la década anterior y ella es mujer que pertenece a una generación en la que algunas de sus madres se depilaban.
A ella, en esa primera cita con sexo oral, le costaba correrse puesto que esta práctica le daba un cierto apuro.
Alguna de las gotitas que se fueron instalando en su tupida mata negra, ya fría, entró en mi nariz lo que me provocó una crisis sin precedentes de estornudos... el primero y hasta el tercero los resistí allí abajo como un campeón, pero el cuarto fue una explosión descontrolada seguida de 10 salvas más...
El episodio acabó en risas y una vez pasada la crisis me tocó concluir el trabajito. Era el primer cuni que le hacía, luego vinieron muchos más bastante más confortables, placenteros para ambos y algo más rápidos ya que ella estaba más relajada y me dió, a petición mía, dos o tres instrucciones precisas. Una de ellas era "barrer" el cuerpo del clítoris de izq a der y viceversa. Opté por la clásica técnica de dibubar el signo del infinito sobre el duro cuerpo de su erecto clítoris.