La mujer del candaulista

Tras haber presenciado como otro se la tiraba a escondidas en el trabajo, había llegado a la cara conclusión de que ser cauto y respetuoso hablar de las mejores estrategia. De hecho, ella era mucho más receptiva a cómo le comunicaba mis gustos y deseos través de mi falso perfil que a como actuaba con ella cuando compartíamos un mismo espacio.

El candaulista estaba viendo superadas con creces sus fantasías.

A mí me extrañaban los sentimientos encontrados que había en mi mente. Colorado estaba súper excitado me haber presenciado como Ana era vilmente follada como si fuese una puta en el cuarto del aire acondicionado. Por otro me sentía traicionado pues pensaba que he llegado el momento ese que la llegaría a disfrutar, sería yo. En cualquier caso la utilidad de esa sentimientos en mi interior fue el que de alguna manera, la balanza se inclinó radicalmente hacia la parte del deseo y la sexualidad frente a la de el respeto y el cariñoa una persona con la que llevaba compartido tantos años de trabajo.

Durante nuestras conversaciones por WhatsApp trate de arañar más información respecto a su relación con ese otro trabajador. Pero frustrantemente no entraba en los detalles que yo deseaba conocer. Por un lado se había soltado completamente y entregado a los placeres y el disfrute y por otro se reservaba mucha información para ella misma, cosa que hasta ese momento no había sucedido.

Tampoco su marido conseguía grandes avances en cuanto a información se refiere.

Todo eso estaba despertando en mí un deseo más salvaje, mas crudo, y casi sin darme cuenta, desencadenó un momento en el que por fin obtuve todo aquello que deseaba y más.

(Continuará...)
 
A medida que iban avanzando los días, y pese a haber bajado la intensidad del mis mensajes, tanto en frecuencia como en contenidos, fui desgranando poco a poco diversas circunstancias que habían llevado a Ana a dejarse llevar en el pasado por una relación clandestina, tórrida y breve.

Procuré no hacer más mención a sus fotografías, en parte tratando de enmendar la preocupación y agobio que le había generado en mis anteriores mensajes al respecto, y también en espera de que ella mostrase su interés por ese tema o, en el peor de los casos, sus temores al respecto.

Tras 4 días sin mencionar nada relacionado con dichas fotografías que como ahora sabía, ella había enviado a su amante en el pasado, fue ella la que finalmente puso el tema sobre la mesa e indagó sobre cuántas fotografías tenía, por qué las conservaba y qué pensaba hacer con ellas.

Fue mi primera oportunidad en casi un mes para tratar de cambiar la percepción que ella podía estar teniendo de mí y de toda esta situación.

Fui honesto con ella en la mayor parte de las cosas. Le confesé que estaba separado, que no había ninguna mujer en mi vida en estos momentos y que el haberla descubierto a ella, aunque fuese a través del bocazas de su amante, había venido a complementar una parte de mi vida, bastante monótona y desatendida. Le confesé también siendo sincero, que me había fascinado su belleza y su sensualidad, y que no podía evitar pensar en ella a todas horas, especialmente en aquellas en las que mi mente estaba desocupada y divagaba mientras era abrazado por la soledad.

Las únicas cuestiones que obvie por no generarle excesiva preocupación ni arrojar luz sobre mi verdadera identidad, fue el hecho de que la conocía personalmente y mucho menos de dónde.

De algún modo, conseguí trasladarle la sensación de que ella tenía cierto poder y control sobre esta situación. No tardó en evidenciar en uno de sus mensajes, que albergaba cierta curiosidad acerca de por qué conservaba yo sus fotos y qué hacía realmente con ellas, cuestión en la que parecía querer profundizar tras mis previas evasivas.

Fingí timidez diciendo que me avergonzaba decirle los motivos, hasta que finalmente, con ciertos rodeos le dejé claro que era ella la musa que dictaba el ritmo al que mi mano y mi imaginación, liberaban la excitación que ella me iba generando a lo largo del día.

El candaulista por su parte, me mantenía informado sobre el estado de ánimo, actividades y los comentarios que compartía su mujer con él, al tiempo que seguía nutriéndome con algunas fotos que, a escondidas, le hacía a su mujer mientras esta, despistadamente, se duchaba o cambiaba de ropa.

Había pasado un mes desde mi cambio de registro en mis comunicaciones furtivas con Ana, y este parecía estar empezando a dar fruto, ya que Felipe me decía que cuando hacían el amor y le comentaba cosas morbosas, ella reaccionaba de una manera mucho más abierta y activa. Se mostraba más claramente excitada por ciertos comentarios que en otros tiempos, reprimía claramente. Él me estaba pidiendo que pasase la acción, que tratase de ir a saco con ella. Pero no me parecía correcto ni adecuado . Se había establecido, o al menos en mi cabeza así parecía, una cierta complicidad entre ella y yo que no quería forzar ni traicionar, ni mucho menos arriesgarme a perder.

Una de esas noches en las que intercambiábamos durante unos pocos minutos unos cuantos mensajes. Ella me lanzó una pregunta: "¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo real?" Le fui sincero al reconocerle que llevaba ya casi un año sin mojar. Esa respuesta y otras palaque la siguieron, así como ciertos comentarios respeto a cuestiones más cotidianas y normales, que comentábamos de vez en cuando, parecía que la estaba ayudando a tener una percepción diferente del desconocido que la había abordado y puesto su vida patas arriba unos meses antes con sus mensajes.
Finalmente un día ella me sorprendió diciendo que quería que en vez de escribirnos, habláramos por teléfono. Quería oír mi voz, supongo que para tratar de tener una percepción un poco más real de la persona que yo podía ser. Ni que decir tiene que me aterró la idea de que pudiese reconocer mi voz.

Finalmente me pudo más el morbo y las ganas y accedí. Por fortuna no vinculó la voz que le hablaba con mi persona.

A partir de ese día las conversaciones telefónicas ocupaban uno e incluso dos días a la semana..
En algunas de ellas le hacía comentarios picantes a los que ella parecía seguir levemente el ritmo. Por otro lado, en el trabajo había aprendido a normalizar esta doble vida que ella desconocía, e incluso había aprendido a desconectar de esa faceta que me obsesionaba. Era como si, allí dentro, ella volviese a ser mi compañera de toda la vida en lugar de la mujer a la que deseaba, admirando sus fotografías y excitándome con sus comentarios y conversaciones.

Por su lado, el candaulista seguía alimentando el ego de ella y le regalaba de vez en cuando algún que otro sugerente conjunto de lencería. Y he de alabar el buen gusto de él a la hora de escoger dichas prendas. Finalmente el trabajo en equipo acabó dando su fruto. Un fin de semana que ellos estaban solos en casa sin sus hijos, Ana le sugirió que podía ponerse alguno de esos conjuntos nuevos que aún no había estrenado y dejarle que le hiciese alguna foto como el pasado. Yo ardía en deseos de que ella moviese ficha o que mi amigo el candaulista me enviase alguna muestra de dichas sesiones fotográficas, pero ella no parecía hacer mención alguna a nada por el estilo y él prefirió que yo jugase mis cartas, para tratar de conseguir que fuese ella, la que me mandase alguna de esas fotografías.

(Continuará...)
Cuerpazo y buen relato
 
Tras haber presenciado como otro se la tiraba a escondidas en el trabajo, había llegado a la cara conclusión de que ser cauto y respetuoso hablar de las mejores estrategia. De hecho, ella era mucho más receptiva a cómo le comunicaba mis gustos y deseos través de mi falso perfil que a como actuaba con ella cuando compartíamos un mismo espacio.

El candaulista estaba viendo superadas con creces sus fantasías.

A mí me extrañaban los sentimientos encontrados que había en mi mente. Colorado estaba súper excitado me haber presenciado como Ana era vilmente follada como si fuese una puta en el cuarto del aire acondicionado. Por otro me sentía traicionado pues pensaba que he llegado el momento ese que la llegaría a disfrutar, sería yo. En cualquier caso la utilidad de esa sentimientos en mi interior fue el que de alguna manera, la balanza se inclinó radicalmente hacia la parte del deseo y la sexualidad frente a la de el respeto y el cariñoa una persona con la que llevaba compartido tantos años de trabajo.

Durante nuestras conversaciones por WhatsApp trate de arañar más información respecto a su relación con ese otro trabajador. Pero frustrantemente no entraba en los detalles que yo deseaba conocer. Por un lado se había soltado completamente y entregado a los placeres y el disfrute y por otro se reservaba mucha información para ella misma, cosa que hasta ese momento no había sucedido.

Tampoco su marido conseguía grandes avances en cuanto a información se refiere.

Todo eso estaba despertando en mí un deseo más salvaje, mas crudo, y casi sin darme cuenta, desencadenó un momento en el que por fin obtuve todo aquello que deseaba y más.

(Continuará...)
Gracias @Pablete , nos está encantando esta historia. Hacía tiempo que no leíamos algo tan bueno y tan aplicable a nuestra realidad por mucho motivos.
 

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