No lo voy a negar, lo cogí, jejejeQue vicio le has cogido al asunto, jejeje
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No lo voy a negar, lo cogí, jejejeQue vicio le has cogido al asunto, jejeje
Tener un amante o amigo como Paco resultó ser una pequeña caja de sorpresas o de ideas. Durante mucho tiempo fueron surgiendo pequeñas cositas que le darían un tono de pequeños cambios a nuestros encuentros. Siempre discreto, nunca anticipaba cosas con mucha antelación. Pero procuraba que nunca fueran dos encuentros completamente iguales.Recuerdo que cerré los ojos mientras abría mi boca y esperaba. Pasaron varios segundos hasta que noté el plástico sobre los dientes y como el cuero era ajustado hasta cerrarlo por detrás.
Al principio, no me molestó demasiado. Cuando las sesiones eran largas, si que me producía molestias en la boca. Era como ir al dentista, pero con otros objetivos, jejeje.
De esta manera, mi amigo pareció satisfecho. Se recreó mirándome y tocándose como si fuera una obra erótica de su agrado. Pasando a tocarme los pezones con ambas manos y a la vez. Por si no andábamos calientes, aquello hizo que nos hirviera la sangre.
Yo no podía expresar todo lo que llevaba dentro y mis gemidos quedaban ahogados por la mordaza, mientras él disfrutaba de cada roce con la mirada puesta en sus dedos, bajando los ojos de vez en cuando a mi paquete que amenazaba con romper el tanga.
Cuando logró que sus dedos pusieran como piedras a mis pezones. Empezó a mordisquearme uno de ellos. No tenía mucho de donde coger, pero noté como los clavaba mientras sus manos manoseaban mis nalgas y yo empezaba a sentirme como un muñeco a punto de caer al suelo.
Acabado el manoseo de nalgas, empezó a tocarme la polla por encima de la tela del tanga, cogiéndola con fuerza y dándome algún tirón, para ir palpando los testículos que se salían de la prenda. Su cara de satisfacción no se le borraba.
Cogiéndome del brazo, me llevó a la mesa del salón. Ya tenía conocido el ceremonial. Me inclinó el cuerpo hacia la mesa y él mismo me bajó el tanga hasta los tobillos. Salió a por la caja y dejó el bote de gel en la misma mesa.
Sin que me dijera nada, separé las piernas un poco. Tenía muchísimas ganas de sentirlo dentro, otra vez.
-Abre algo más las piernas.
Y empecé a notar aquello frío y suave por mi ano, y un poquito más adentro.....
Como las otras veces, su ritmo fue pausado al principio, cogiéndome las manos que llevaba en paralelo a la cadera y tirando de ellas hacia él, luego me soltó y algún azotito me cayó mientras iba subiendo la marcha. No podía acabar mejor la noche.
Cuando terminamos, me supo fatal tener que irme, pero era de madrugada y la "cena" se había alargado demasiado. Aún así acordamos vernos el martes a la hora de siempre. Aquella iba a ser nuestra última semana antes del verano y queriamos acabar bien antes de dejar de vernos durante un mes.
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