¿Os ponen las embarazadas?

Mi morbo también empezó cuando la mía estuvo embarazada. No es muy morbosa, pero las hormonas hicieron que durante el embarazo sí lo fuera. Desde aquellas el morbo por las embarazadas entró en mi lista de material para pajas.
yo no sabía esto de que las embarazadas se solían poner cachondas y me daban morbo por las tetas que se les queda, por saber que se han corrido dentro de ellas y tal...pero gracias a este foro he ido leyendo lo de que se ponen cachondas muy fácilmente y me ponen más aún y me las imagino haciendo de todo
 
yo no sabía esto de que las embarazadas se solían poner cachondas y me daban morbo por las tetas que se les queda, por saber que se han corrido dentro de ellas y tal...pero gracias a este foro he ido leyendo lo de que se ponen cachondas muy fácilmente y me ponen más aún y me las imagino haciendo de todo
asi es, y por lo menos la mia, que no le gustaba del todo hacer ciertas cosas, cuando se quedo embarazada parace que las hormonas ayudo a ello y que buenos meses pase :sneaky:
 
Screenshot 2025-11-30 10.42.42.png Screenshot 2025-11-30 10.42.51.png
 
Mi mujer está muy guarra fuera del embarazo así que, cuando estaba, era una locura. No tuvo embarazos complicados, y mismo al final tuvo poca tripa y eso en los tres. Ni compró ropa de premama.
Un día fuimos al ginecólogo, creo que era por los exámenes del quinto o sexto mes. Ella llevaba un vestido negro corto que se pegaba al cuerpo, braguitas y sujetador muy sexy, medias de esas que se aguantan solas y una botas altas encima de las rodillas... Muy sexy. Se marcaba muy poco la tripa. Si ginecólogo era un tío de 50/60, muy simpático, y creo, un poco mirón cuando se trataba de una mujer atractiva...
Entramos y lo primero que hace es tirarla piropos... La pide cuatro cosas y la manda ponerse en la camilla. La dice que se quite el vestido y la ropa interior, la pregunta si lleva panties o medias y cuando ella contesta, la dice pero que se puede quedar con las botas. Así que se quita la ropa, y se pone en la camilla y es una escena extremamente morbosa. Esta con las botas y las medias, piernas abiertas, su velo negro y sus labios salidos. Ella ve que me excita, me guiña un ojo. El vuelve, se pone guantes, empieza por palpaciónes de los pechos, luego el examen íntimo... Ella está tranquila, bromean los dos, me parece que el examen tarda un poco, al final la dice que todo bien me, ella se levanta y la dice que la han crecido algo los pechos, y mientras se viste, la pregunta si seguimos teniendo relaciones intimas y si todo va bien, ella contesta que si, que todo genial y ni se pone las braguitas, el lo ve y se nota que si no sería por el miedo que sea una trampa, le encantaria jugar más...
La volvió a visitar varias veces, la última era dos semanas antes de la fecha prevista y ella estaba completamente depilada. Para el primer parto, la quitaron el velo a seco y fue desagradable. Así que se había depilado por completo y tenía ya la pepita bastante hinchada. Se vio que le gustaba muchísimo y la dijo que iba a entrar en la sala de parto con una vulva preciosa...
 
Mi mujer está muy guarra fuera del embarazo así que, cuando estaba, era una locura. No tuvo embarazos complicados, y mismo al final tuvo poca tripa y eso en los tres. Ni compró ropa de premama.
Un día fuimos al ginecólogo, creo que era por los exámenes del quinto o sexto mes. Ella llevaba un vestido negro corto que se pegaba al cuerpo, braguitas y sujetador muy sexy, medias de esas que se aguantan solas y una botas altas encima de las rodillas... Muy sexy. Se marcaba muy poco la tripa. Si ginecólogo era un tío de 50/60, muy simpático, y creo, un poco mirón cuando se trataba de una mujer atractiva...
Entramos y lo primero que hace es tirarla piropos... La pide cuatro cosas y la manda ponerse en la camilla. La dice que se quite el vestido y la ropa interior, la pregunta si lleva panties o medias y cuando ella contesta, la dice pero que se puede quedar con las botas. Así que se quita la ropa, y se pone en la camilla y es una escena extremamente morbosa. Esta con las botas y las medias, piernas abiertas, su velo negro y sus labios salidos. Ella ve que me excita, me guiña un ojo. El vuelve, se pone guantes, empieza por palpaciónes de los pechos, luego el examen íntimo... Ella está tranquila, bromean los dos, me parece que el examen tarda un poco, al final la dice que todo bien me, ella se levanta y la dice que la han crecido algo los pechos, y mientras se viste, la pregunta si seguimos teniendo relaciones intimas y si todo va bien, ella contesta que si, que todo genial y ni se pone las braguitas, el lo ve y se nota que si no sería por el miedo que sea una trampa, le encantaria jugar más...
La volvió a visitar varias veces, la última era dos semanas antes de la fecha prevista y ella estaba completamente depilada. Para el primer parto, la quitaron el velo a seco y fue desagradable. Así que se había depilado por completo y tenía ya la pepita bastante hinchada. Se vio que le gustaba muchísimo y la dijo que iba a entrar en la sala de parto con una vulva preciosa...
Que morbazo, gracias por contarlo!
 
Está historia le sonará a algunos porque ya la conté en el otro foro, sexarousa me la ha recordado. Así que aquí va otra vez, la únic avez que estuve follando con una embarazada, aunque con otras mujeres si que fantaseado con dejarlas embarazadas o ellas me han pedido durante el sexo que las preñe porque era un fetichismo común e incluso hubo una mujer cercana con la que si se intento un embarazo real, que no pudo ser por causas médicas, como ya conté en el hilo de los hijos bastardos.


****


Me contactó por los relatos, lo que siempre facilita las cosas, resumiendo las cosas, con veinticinco años y el marido no la tocaba desde que supo que estaba embarazada, eso unido a las hormonas del embarazo la tenían constantemente en celo. Sumado a la que no se veía sexy y necesitaba sentirse deseada.

Y no es que a mí me ponga especialmente las embarazadas, de hecho me echaba un poco para atrás, pero tampoco estoy como dejar pasar oportunidades.

Estaba en el quinto mes de embarazo, con lo cual la barriga ya abultada bastante y las tetas le habían crecido un par de tallas con pezones enormes y oscuros. Después de la fase de tanteo por email y un poco de cibersexo donde descubrió el tamaño de mi polla, quedamos para un encuentro real.

La cara del recepcionista del hotel-picadero fue un poema al vernos entrar, una preñada en un sitio como aquel, aunque peores cosas abría visto.

Era la primera vez que estaba con una mujer embarazada y no tenía claro como tratarla, si ya el grosor de mi polla me ha dado problemas, imagínate en esa situación. Intente tratarla con mimo, pero pronto dejo claro que ella quería que le dieran caña, pidiendo gritos que se la clavara más duro y más profundo. Cosa imposible porque con solo la mitad ya tocaba fondo, no sé por qué, ella tenía un coño especialmente pequeño o por el embarazo, pero yo tenía que contenerme atemorizado de desgraciar al crío porque es que ella nunca tenía bastante.

Y más adelante dejaría claro que tenía pocos límites y cuando la poseía la lujuria perdía los escrúpulos. Pero una vez saciada le entraba los remordimientos. Después de tardes de sexo guarro tenía que aguantar media hora de llantos donde juraba que no volvería a vernos, que se arrepentía de ser infiel y de las depravaciones que yo ¿¿¡¡la obligaba a hacer!!???

Cuando pasaba un tiempo y la calentura poseía de nuevo, volvía a llamarme y se repetía el ciclo, sexo salvaje y arrepentimiento donde me culpaba a mí y a mi pollón de su vicio. Siempre había tenido curiosidad por probar con un buen cipote, pero al casarse tan joven solo había catado dos pollas en su vida, la de un novio de adolescente y la del marido. Del que sospechaba que debía estar poniéndole los cuernos también por su lado. Las historias que le contaba una amiga bastante guarrona sobre los tipos a los que se follaba, empeoraban su estado de eterna excitación, especialmente cuando se recreaba describiendo sus experiencias con pollones. Escuchar a la amiga contando batallitas, reales o inventadas, sobre como cada fin de semana era empalada hasta el delirio por machos polludos fue lo que le faltaba para empujarla al vicio y el adulterio.

Como ya he dicho, tenía problemas con el largo de mi polla, obligándome a controlarme siempre porque ella no ponía ningún límite y me azuzaba para que se la metiera más. Si embargo del grosor lo aceptaba sin problemas, su coño se abría completamente y se encharcaba enseguida con el flujo más abundante y espeso que he visto nunca. Que no tardaba que convertirse en una nata blanca de un olor muy característico que terminaba por inundar la habitación. No sé si este flujo espeso era algo propio de ella o por culpa del embarazo, pero lo cierto es que me encantaba comerle el coño y que se corriera en mi cara.

Esa montaña rusa de vicio y arrepentimiento llego a cansarme. Cuando me llamaba por teléfono con cualquier excusa cuando quería sexo, yo se lo pusiera difícil, a hacerla suplicar.

El que el marido no le prestara la mínima atención facilitaba mucho los encuentros, pero el bombo seguía creciendo y cada vez estorbaba más. En el séptimo mes estaba inmensa, de hecho creo me había mentido y tendría un mes más porque eso era ya mucha barriga y hubo que bajar el ritmo. Aun así la lleve a cometer alguna locura como follar en los probadores de una tienda de ropa de embarazadas donde nos habíamos hecho pasar por pareja. Ella apoyada de cara a la pared con las bragazas de embarazada por las rodillas, mientras yo la agarraba por las caderas, follando lentamente, tratando de no hacer ruido mientras veía la escena reflejada en el espejo. Más tarde ella admitiría que le excitaba pensar que nos descubría una dependienta y que se quedaba mirando, para diez minutos después decir eso, empezar con los lloriqueos y el arrepentimiento.

Pero la verdad es que al final el embarazo estorbaba tanto que solo follábamos en la posición de cucharitas o en la gran bañera del hotel, donde la ingravidez del agua ayudaba bastante. Pero ya la cosa se estaba deteriorando. Ella se frustraba porque seguía queriendo sexo duro y guarro, y a mí me cortaba mucho que cuando estando tumbados de lado, metiéndosela por el culo y abrazándola por la barriga, mientras ella llegaba al orgasmo diciendo toda clase de obscenidades, yo podía sentir al crio moverse alterado.

Así que en uno de sus arrepentimientos ya no volvió. No sé si esa vez el arrepentimiento fue sincero, o que ya no conseguía el tipo de sexo que quería. Quizás simplemente el ginecólogo le dijo que esa fase del embarazo nada de sexo. Nunca lo sabré. Tampoco yo hice por contactar con ella cansado por sus constantes cambios de humor. Aunque me quedé sin poder cumplir mi fantasía de probar la lactancia erótica.
 
Está historia le sonará a algunos porque ya la conté en el otro foro, sexarousa me la ha recordado. Así que aquí va otra vez, la únic avez que estuve follando con una embarazada, aunque con otras mujeres si que fantaseado con dejarlas embarazadas o ellas me han pedido durante el sexo que las preñe porque era un fetichismo común e incluso hubo una mujer cercana con la que si se intento un embarazo real, que no pudo ser por causas médicas, como ya conté en el hilo de los hijos bastardos.


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Me contactó por los relatos, lo que siempre facilita las cosas, resumiendo las cosas, con veinticinco años y el marido no la tocaba desde que supo que estaba embarazada, eso unido a las hormonas del embarazo la tenían constantemente en celo. Sumado a la que no se veía sexy y necesitaba sentirse deseada.

Y no es que a mí me ponga especialmente las embarazadas, de hecho me echaba un poco para atrás, pero tampoco estoy como dejar pasar oportunidades.

Estaba en el quinto mes de embarazo, con lo cual la barriga ya abultada bastante y las tetas le habían crecido un par de tallas con pezones enormes y oscuros. Después de la fase de tanteo por email y un poco de cibersexo donde descubrió el tamaño de mi polla, quedamos para un encuentro real.

La cara del recepcionista del hotel-picadero fue un poema al vernos entrar, una preñada en un sitio como aquel, aunque peores cosas abría visto.

Era la primera vez que estaba con una mujer embarazada y no tenía claro como tratarla, si ya el grosor de mi polla me ha dado problemas, imagínate en esa situación. Intente tratarla con mimo, pero pronto dejo claro que ella quería que le dieran caña, pidiendo gritos que se la clavara más duro y más profundo. Cosa imposible porque con solo la mitad ya tocaba fondo, no sé por qué, ella tenía un coño especialmente pequeño o por el embarazo, pero yo tenía que contenerme atemorizado de desgraciar al crío porque es que ella nunca tenía bastante.

Y más adelante dejaría claro que tenía pocos límites y cuando la poseía la lujuria perdía los escrúpulos. Pero una vez saciada le entraba los remordimientos. Después de tardes de sexo guarro tenía que aguantar media hora de llantos donde juraba que no volvería a vernos, que se arrepentía de ser infiel y de las depravaciones que yo ¿¿¡¡la obligaba a hacer!!???

Cuando pasaba un tiempo y la calentura poseía de nuevo, volvía a llamarme y se repetía el ciclo, sexo salvaje y arrepentimiento donde me culpaba a mí y a mi pollón de su vicio. Siempre había tenido curiosidad por probar con un buen cipote, pero al casarse tan joven solo había catado dos pollas en su vida, la de un novio de adolescente y la del marido. Del que sospechaba que debía estar poniéndole los cuernos también por su lado. Las historias que le contaba una amiga bastante guarrona sobre los tipos a los que se follaba, empeoraban su estado de eterna excitación, especialmente cuando se recreaba describiendo sus experiencias con pollones. Escuchar a la amiga contando batallitas, reales o inventadas, sobre como cada fin de semana era empalada hasta el delirio por machos polludos fue lo que le faltaba para empujarla al vicio y el adulterio.

Como ya he dicho, tenía problemas con el largo de mi polla, obligándome a controlarme siempre porque ella no ponía ningún límite y me azuzaba para que se la metiera más. Si embargo del grosor lo aceptaba sin problemas, su coño se abría completamente y se encharcaba enseguida con el flujo más abundante y espeso que he visto nunca. Que no tardaba que convertirse en una nata blanca de un olor muy característico que terminaba por inundar la habitación. No sé si este flujo espeso era algo propio de ella o por culpa del embarazo, pero lo cierto es que me encantaba comerle el coño y que se corriera en mi cara.

Esa montaña rusa de vicio y arrepentimiento llego a cansarme. Cuando me llamaba por teléfono con cualquier excusa cuando quería sexo, yo se lo pusiera difícil, a hacerla suplicar.

El que el marido no le prestara la mínima atención facilitaba mucho los encuentros, pero el bombo seguía creciendo y cada vez estorbaba más. En el séptimo mes estaba inmensa, de hecho creo me había mentido y tendría un mes más porque eso era ya mucha barriga y hubo que bajar el ritmo. Aun así la lleve a cometer alguna locura como follar en los probadores de una tienda de ropa de embarazadas donde nos habíamos hecho pasar por pareja. Ella apoyada de cara a la pared con las bragazas de embarazada por las rodillas, mientras yo la agarraba por las caderas, follando lentamente, tratando de no hacer ruido mientras veía la escena reflejada en el espejo. Más tarde ella admitiría que le excitaba pensar que nos descubría una dependienta y que se quedaba mirando, para diez minutos después decir eso, empezar con los lloriqueos y el arrepentimiento.

Pero la verdad es que al final el embarazo estorbaba tanto que solo follábamos en la posición de cucharitas o en la gran bañera del hotel, donde la ingravidez del agua ayudaba bastante. Pero ya la cosa se estaba deteriorando. Ella se frustraba porque seguía queriendo sexo duro y guarro, y a mí me cortaba mucho que cuando estando tumbados de lado, metiéndosela por el culo y abrazándola por la barriga, mientras ella llegaba al orgasmo diciendo toda clase de obscenidades, yo podía sentir al crio moverse alterado.

Así que en uno de sus arrepentimientos ya no volvió. No sé si esa vez el arrepentimiento fue sincero, o que ya no conseguía el tipo de sexo que quería. Quizás simplemente el ginecólogo le dijo que esa fase del embarazo nada de sexo. Nunca lo sabré. Tampoco yo hice por contactar con ella cansado por sus constantes cambios de humor. Aunque me quedé sin poder cumplir mi fantasía de probar la lactancia erótica.
Qué clase de obscenidades soltaba?
 
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