Mi padre me enseñó a ser un hombre [Historia de Incesto Real entre Padre e Hijo]

LÍOS DE FAMILIA III

Después de todo lo ocurrido en el fondo algo me molestaba. No quería compartirlo. No quería que mi hermana entrara en esto. Yo quería ser el único. El favorito. El que recibía toda su leche, toda su atención, toda su brutalidad.

A la mañana siguiente mi madre se fue temprano al médico. Mi hermana todavía dormía en la cama (se había dado la vuelta y ahora tenía las piernas abiertas, con las bragas mojadas marcándosele perfectamente). Yo bajé a la cocina con el culo todavía palpitando y lleno. Mi padre estaba allí, solo, con el pantalón de chándal y una sonrisa de depredador mientras se preparaba el café.
Me acerqué por detrás, le rodeé la cintura y le metí la mano directamente dentro del pantalón, cogiéndole la polla semierecta.
—Papá… tenemos que hablar —le dije bajito, pero firme, mientras empezaba a pajearlo despacio.
Él soltó una risita grave y me miró por encima del hombro.
—¿Hablar? ¿Ahora que tengo la polla en tu mano? ¿Qué pasa, chaval? ¿No te gustó lo de anoche? Te corríste como un puto sin ni siquiera tocarte.
—Me gustó… mucho —contesté, apretándole los huevos con la otra mano—. Me encanta que me folles así, que me uses, que me llenes… pero lo de mi hermana… no lo tengo tan claro, papá. No quiero que te la folles. No quiero que la toques. Ni que yo se la meta. No quiero compartirte con ella.
Mi padre se giró despacio, me cogió la cara con una mano y me miró a los ojos. Su polla ya estaba dura del todo en mi puño.

—¿Estás celoso, hijo? —preguntó con voz ronca, casi divertida—. ¿Mi puto favorito tiene miedo de que su hermana le quite el puesto?

—Sí —admití sin vergüenza, mirándolo fijamente mientras le pajeaba más rápido—. Quiero ser tu único hijo favorito. Quiero que toda tu leche sea para mí. Quiero que me folles a mí solo, que me destroces el culo a mí solo, que me llames “tu putita” a mí solo. Que me despiertes metiéndomela, que me folles en el garaje, en la ducha, donde sea… pero solo a mí. Me daría mucho morbo que nos folláramos a alguien juntos… una tía cualquiera, una vecina, quien sea… pero no a mi hermana. Ella no. No quiero que entre en esto. Quiero seguir siendo yo el que te pone más cachondo, el que te hace correrte como un toro, el que recibe todo tu vicio.

Mi padre se quedó callado un segundo, respirando pesado. Luego me empujó contra la encimera, me bajó los pantalones de un tirón y me metió dos dedos en el culo todavía lleno de su leche de anoche.

—Joder… sigues chorreando de mí —gruñó—. Escucha, chaval… me pone muy cachondo que seas tan posesivo. Me encanta que quieras ser el único. Pero anoche vi cómo te ponías cuando tenías los dedos en su coño. Y sé que te correrías como nunca si te follo a ti mientras yo le como el coño a ella… o viceversa.

Pero si tú no quieres… si de verdad no quieres que toque a tu hermana… entonces no la tocaré. Por ahora.
Metió un tercer dedo, abriéndome mientras me hablaba al oído.

—Pero tú vas a compensarme, ¿entendido? Esta misma tarde, cuando tu madre y tu hermana salgan a comprar, te voy a atar a la cama y te voy a follar durante dos horas seguidas sin sacarla ni un segundo. Te voy a llenar tantas veces que vas a perder la cuenta. Y vas a gritar que eres mi hijo favorito, que nadie te reemplaza, que tu culo es solo mío. ¿Lo harás?

—Sí, papá… lo haré —gemí, empujando el culo contra sus dedos—. Soy tu puto favorito. Siempre. Solo yo.

Mi padre sacó los dedos, se los chupó y luego me dio una palmada fuerte en el culo.

—Bien. Entonces hoy follamos tú y yo solos, como siempre. Y mañana… ya veremos si cambias de idea o si de verdad quieres que busquemos a otra zorra para follárnosla juntos mientras tú sigues siendo el número uno.

Se acercó a mi oreja y susurró la última frase con voz de puro macho:
—Pero que sepas que, si algún día me dejas, voy a destrozar ese culito de tu hermana delante de ti… solo para que veas lo que te pierdes por ser tan celoso.

Y se fue a la ducha silbando, dejándome con la polla dura, el culo abierto y la certeza de que, por ahora, seguía siendo su único hijo favorito.

Mi madre y mi hermana salieron a comprar ropa y “hablar de cosas de chicas” alrededor de las cinco de la tarde. Nada más oír la puerta cerrarse, mi padre bajó las escaleras con paso pesado, ya solo con el pantalón de chándal gris y una sonrisa de macho cabrón que me puso la piel de gallina.

Me miró de arriba abajo, me señaló con el dedo y dijo con esa voz grave que me volvía loco:
—Arriba. A tu habitación. Ahora. Y quítate toda la ropa antes de que yo llegue. Quiero encontrarte desnudo, a cuatro patas sobre la cama, con el culo en pompa y las manos en la nuca. ¿Entendido, hijo favorito?

—Sí, papá… —contesté, con la voz ya temblorosa de anticipación y de ese morbo posesivo que me quemaba por dentro.

Subí corriendo, me arranqué la ropa como si me quemara y me puse exactamente como me había ordenado: rodillas abiertas, espalda arqueada, culo bien ofrecido, manos entrelazadas detrás de la cabeza. El corazón me latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.

Oía sus pasos subiendo las escaleras, lentos, deliberados. Cuando entró en la habitación, cerró la puerta con llave y se quedó un momento mirándome sin decir nada. Solo respiraba pesado.

—Joder… mira qué puto más perfecto eres —murmuró finalmente, acercándose. Me pasó una mano grande y callosa por la espalda, bajando hasta las nalgas, y me dio una palmada fuerte que resonó en toda la habitación—. Este culo es solo mío. Nadie más lo toca. Ni tu hermana, ni nadie. ¿Me oyes?

—Sí, papá… solo tuyo —gemí, empujando el culo hacia atrás contra su mano.
Se rio bajito, satisfecho. Abrió el cajón de mi mesilla y sacó dos corbatas: una negra y una roja. Me ató las muñecas juntas por delante del cuerpo y luego las aseguró al cabecero de la cama, estirándome los brazos. Después me separó más las rodillas y me ató cada tobillo a los postes de los pies de la cama con la otra corbata, dejándome completamente inmovilizado, abierto, vulnerable.

—Dos horas, chaval —dijo mientras se bajaba el pantalón y su polla saltaba fuera, ya dura como una barra de hierro, gorda, venosa, con el capullo brillante de precum y ese olor a macho que me volvía loco—. Dos putas horas sin sacarla. Te voy a follar tan lento y tan profundo al principio que vas a suplicar que acelere… y luego tan fuerte que vas a llorar pidiendo que pare. Y en todo momento vas a repetir que eres mi hijo favorito, que nadie te reemplaza, que tu culo es el único que quiero destrozar.

Se escupió en la mano, se lubricó la polla y se colocó detrás de mí. Sentí la cabeza gruesa presionando mi agujero todavía sensible de la noche anterior. Empujó despacio, centímetro a centímetro, hasta que sus huevos pesados chocaron contra los míos y su barriga peluda se pegó a mi espalda.

—Ahhh… joder, papá… qué gorda la tienes hoy… —gemí, apretando los dientes.

Él se quedó quieto dentro de mí, respirando contra mi nuca, y empezó a hablarme bajito, con esa voz ronca que me hacía temblar:
—¿Te acuerdas de cuando eras pequeño y te decía que algún día serías un hombre de verdad? Pues ya lo eres, cabrón. Pero eres MI hombre. Mi puta personal. Mi hijo favorito. Nadie más va a sentir esto. Ni tu hermana, ni ninguna otra. Solo tú vas a recibir toda mi leche, todos mis huevos cargados, todos mis insultos guarrísimos. ¿Lo entiendes?

—Sí, papá… solo yo… soy tu puto favorito… —jadeé, moviendo el culo en círculos alrededor de su polla.

Empezó a moverse. Lentísimo. Sacándola casi hasta el capullo y volviéndola a meter entera, muy despacio, haciendo que sintiera cada vena, cada centímetro. Cada embestida duraba casi diez segundos. Me volvía loco.

—Dime cuánto te gusta ser el único —gruñó, mordiéndome el hombro.
—Me encanta… me encanta ser el único que te pone así de duro… el único que te hace gruñir como un animal… el único al que le llenas el culo hasta que rebosa… —contesté entre gemidos, sudando ya.

Aceleró un poco, pero todavía controlado. Diez minutos así, lento y profundo, hasta que empecé a suplicar.

—Papá… por favor… más fuerte… no puedo más… fóllame como el salvaje que eres…
Se rio, me cogió del pelo y tiró mi cabeza hacia atrás.
—¿Ya suplicas? Solo llevamos quince minutos, zorra. Todavía quedan una hora y cuarenta y cinco. Ahora te voy a dar lo que pides.

Y cambió el ritmo. Embestidas brutales, rápidas, haciendo que la cama crujiera como si se fuera a romper. El sonido de sus huevos chocando contra mi culo llenaba la habitación: ¡plap! ¡plap! ¡plap! Cada golpe me sacaba un gemido ronco.

—¡Sí! ¡Así, papá! ¡Rómpeme el culo! ¡Soy tu hijo favorito y quiero que me destroces solo a mí! —grité, tirando de las ataduras.
—Repítelo —ordenó, dándome una cachetada fuerte en la nalga derecha.
—¡Soy tu hijo favorito! ¡Nadie más! ¡Mi culo es solo para ti! ¡Lléname de leche, papá! ¡Quiero ser el único que te haga correrte como un toro!

Cambió de posición. Me desató los tobillos, me giró boca arriba sin sacarla, me levantó las piernas y se las puso sobre sus hombros. Ahora me follaba cara a cara, mirándome a los ojos mientras sudaba y gruñía.

—Quiero verte la cara cuando te corras sin tocarte —me dijo, acelerando otra vez—. Quiero que te corras solo con mi polla dentro, pensando que soy solo tuyo.

Embestía tan fuerte que el cabecero golpeaba la pared. Yo ya no podía más. El placer era brutal.

—Papá… me corro… ¡me corrooo! —gemí, y sin tocarme exploté. Chorros espesos de mi leche me salpicaron el pecho, la cara, hasta la barbilla.
—Buen chico… —gruñó él, sin parar—.

Ahora te voy a llenar por primera vez de las dos horas.
Se corrió dentro con un rugido largo y grave. Sentí cada chorro caliente, espeso, disparándose profundo. Siguió follándome mientras se corría, ordeñando hasta la última gota, pero no paró.

Sacó la polla solo un segundo para darme la vuelta otra vez, me puso de lado, me levantó una pierna y volvió a clavármela. Segunda ronda. Más lenta esta vez, pero profunda, hablándome todo el rato:

—Dime que aunque un día te proponga follarme a una vecina contigo… tú seguirás siendo el número uno. Dime que me dejarás usar a otra solo para que los dos nos pongamos más cachondos y luego vuelvas a ser tú el que recibe toda mi leche.

—Sí, papá… te dejaré… pero solo para ponerte más bruto conmigo después… pero yo sigo siendo tu favorito… el único que quieres de verdad… —jadeé, ya con lágrimas de placer en los ojos.

Y así pasaron las dos horas. Me folló en cuatro posiciones diferentes. Me corrió tres veces dentro. Me hizo correrme otras dos sin tocarme. Me insultó, me alabó, me hizo repetir cien veces que era su hijo favorito, que nadie me reemplazaba, que mi culo era sagrado para él.

Cuando por fin terminó, me desató, me giró boca arriba y se tumbó encima de mí, todavía con la polla semierecta dentro. Me besó en la boca, sucio y profundo, y me susurró:

—Buen chico. Has demostrado que eres el favorito. Por ahora, tu hermana queda fuera. Pero si algún día quieres que nos follemos a una tía cualquiera juntos… solo dilo. Mientras tanto… este culo es mío y solo mío.

Se quedó dentro unos minutos más, respirando pesado, y luego se levantó.

—Límpiate. Tu madre y tu hermana vuelven en media hora. Y esta noche…te voy a despertar a las tres otra vez para recordarte quién es el amo aquí.
Espero que se follen a alguien entre los dos y siga el nivel de guarreo, y al final espero que tanto su hermana como su madre,tomen parte de un cuarteto incestuoso...
 
SUBIENDO LA TEMPERATURA

Mi madre y mi hermana habían vuelto de compras, cenamos como la familia perfecta (yo sentado con el culo todavía palpitando y lleno de leche de mi padre, disimulando como un campeón), y a las once y media todos nos fuimos a “dormir”.

Pero mi viejo no tenía intención de dormir.
Eran exactamente las 2:47 de la madrugada cuando oí la puerta de mi habitación abrirse muy despacio. La luz del pasillo se coló un segundo y vi su silueta enorme, solo con el pantalón de pijama. Cerró la puerta sin hacer ruido, echó el pestillo y se acercó a mi cama como un depredador.

Yo ya estaba despierto, con la polla dura solo de esperarlo. Me incorporé un poco sobre los codos.
—Papá… ¿qué coño haces? Mamá está justo al lado… —susurré, pero ya sabía que no iba a parar.

Mi padre se bajó el pantalón y su polla saltó fuera, ya completamente erecta, gorda, venosa y con ese brillo de precum que me volvía loco. Se subió a la cama, me tapó la boca con una mano enorme y me susurró pegado a la oreja, con esa voz ronca y grave que me erizaba todo el cuerpo:

—Shhh… calla, hijo, llevo toda la puta cena pensando en este culo que me pertenece. Tu madre está durmiendo como un tronco al lado, pero me da igual. Te voy a follar ahora mismo, despacito y profundo, y tú vas a aguantar sin hacer ni un puto ruido. ¿Entendido? Quiero que sientas cada centímetro mientras ella respira a dos metros de distancia. Y vas a repetirme bajito que eres el único, que nadie más va a tener esto.

Asentí contra su palma, el corazón a mil por hora. Mi padre me giró boca abajo sin esfuerzo, me bajó los calzoncillos hasta los tobillos y me separó las nalgas con las dos manos. Escupió directamente sobre mi agujero (todavía sensible y un poco hinchado de la tarde) y presionó la cabeza de su polla contra él.

—Respira… y abre —ordenó en un susurro.
Empujó despacio, centímetro a centímetro, hasta que sus huevos pesados se apoyaron contra los míos y su barriga peluda se pegó a mi espalda.

El placer fue tan intenso que tuve que morderme el antebrazo para no gemir. Mi padre se quedó quieto dentro, respirando pesado contra mi nuca, y empezó a hablarme bajito mientras movía las caderas en círculos lentos:

—Joder… sigues tan apretado como esta tarde… ¿notas cómo late mi polla dentro de ti? Esto es solo para ti, chaval. Tu madre puede follarse a quien quiera, pero este culo… este culo es mío y solo mío. Dímelo.

—Solo tuyo, papá… soy tu hijo favorito… nadie más… —gemí en un hilo de voz, empujando el culo hacia atrás.

Empezó a follarme. Muy lento, muy profundo. Sacaba casi todo y volvía a meterla entera, haciendo que la cama crujiera apenas. Cada embestida duraba segundos. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mi culo lleno de saliva era lo único que se oía en la habitación.

—Más… papá… pero sin ruido… —supliqué bajito.

De repente… pasos en el pasillo.
Mi madre. Se había levantado para ir al baño. Oímos la puerta del baño abrirse y cerrarse. Mi padre se quedó clavado dentro de mí, sin moverse, pero no sacó la polla. Al contrario, me tapó la boca con más fuerza y me susurró al oído, excitadísimo:

—No te muevas ni un milímetro, cabrón. Si hace ruido la cama, estamos jodidos. Pero yo no voy a parar… voy a seguir follándote muy despacio mientras tu madre mea a tres metros de nosotros.

Y lo hizo. Empezó a mover las caderas otra vez, lentísimo, apenas unos centímetros, pero lo suficiente para que su polla me rozara la próstata una y otra vez. Yo estaba a punto de explotar del morbo y del miedo. Oíamos a mi madre tirando de la cadena, lavándose las manos… y mi padre seguía dentro, follándome en silencio, respirando entrecortado contra mi oreja.

—Joder… esto es lo más cachondo que he hecho nunca —gruñó bajísimo—. Tu madre ahí fuera y yo con la polla enterrada en el culo de su hijo. Dime otra vez que eres el único.

—Soy el único… papá… tu puto favorito… solo yo recibo esto… —jadeé contra su mano, con los ojos llenos de lágrimas de placer y pánico.

Mi madre salió del baño. Los pasos se acercaron por el pasillo… y se pararon justo delante de mi puerta…silencio total.
Mi padre se quedó congelado, la polla palpitando dentro de mí, pero no la sacó. Noté cómo le latía el corazón contra mi espalda. Pasaron cinco segundos eternos.

Luego… mi madre siguió andando y entró en su habitación, la puerta se cerró.
Mi padre soltó todo el aire que tenía retenido y empezó a follarme de verdad, ya sin control.

Embestidas fuertes pero controladas, sujetándome las caderas para que la cama no crujiera demasiado. El sudor le caía por la frente y me goteaba en la espalda.

—Joder… casi nos pilla… y eso me ha puesto aún más bruto —gruñó entre dientes—. ¿Te has dado cuenta de lo cerca que ha estado? Si llega a abrir la puerta… nos habría visto con mi polla hasta el fondo en tu culo. ¿Te imaginas la cara de tu madre? Pues por eso eres mi favorito: porque te arriesgas conmigo.

Aceleró más. Los huevos le golpeaban mis nalgas con un sonido húmedo y seco. Yo ya no aguantaba.

—Papá… me corro… me corro sin tocarme… —gemí bajito, mordiendo la almohada.
—Hazlo. Córrete para tu padre —ordenó, y me tapó la boca justo cuando exploté.

Chorros espesos de mi leche mancharon las sábanas mientras mi culo apretaba su polla como un puño.

Mi padre gruñó contra mi nuca y se corrió dentro de mí con fuerza brutal pero en silencio. Sentí cada chorro caliente, largo, llenándome otra vez hasta rebosar. Siguió moviéndose lentamente mientras se vaciaba, ordeñando hasta la última gota.

Cuando por fin se sacó, un río de su leche blanca y caliente me chorreó por los huevos y las piernas. Me giró, me metió la polla todavía goteando en la boca y me susurró:

—Límpiala, hijo favorito. Y mañana… vamos a repetir esto, pero en el garaje. Porque esto de casi que nos pille tu madre… me ha dado una puta idea para la próxima vez.

Se subió el pantalón, me dio una palmada suave en la cara y salió de la habitación tan sigiloso como había entrado.

Yo me quedé allí, con el culo destrozado, lleno hasta arriba y el corazón todavía a mil… sabiendo que ser su hijo favorito iba a ponernos en peligro cada vez más… y que me encantaba.

2a PARTE

Los días siguientes fueron una puta ruleta rusa. Después de aquella noche en la que mi padre me folló en mi cama mientras mi madre estaba a dos metros y casi nos pilla al salir del baño, las cosas empezaron a complicarse de verdad.

Mi madre no era tonta. La primera vez que se despertó a las tres y media y vio que el lado de la cama de mi padre estaba vacío y frío, se levantó y recorrió la casa. Yo estaba despierto, con el culo todavía chorreando, cuando oí sus pasos descalzos por el pasillo.

Mi padre había bajado al garaje “a buscar no sé qué herramienta” como excusa rápida. Cuando ella bajó, lo encontró allí, fingiendo que ordenaba cajas.

—Cariño, ¿qué haces aquí a estas horas? —preguntó ella, con voz somnolienta pero ya con un tono raro.

Mi padre, sin inmutarse, se giró con esa sonrisa de macho tranquilo y le soltó:

—Joder, amor, no podía dormir. Me desperté con un dolor de espalda de la hostia y bajé a buscar el antiinflamatorio que guardo en la caja de herramientas. Ya sabes que no me gusta despertarte.

Mi madre frunció el ceño, pero se lo tragó… por esa vez.

(Quiero aclarar que obviamente yo no podía estar allí físicamente cuando tenían las conversaciones, así que por lo que me contaba mi padre recreo la conversación en base a la info que él me daba.)

Dos noches después volvió a pasar. Esta vez mi padre estaba en mi habitación, con la polla todavía dentro de mí, corriéndose por segunda vez cuando oímos la puerta del dormitorio principal abrirse. Mi viejo se sacó rápido, me tapó la boca y susurró:

—Ni respires, cabrón.

Bajó corriendo al baño de abajo, encendió la luz y fingió que estaba cagando. Mi madre bajó las escaleras mosqueada.

—¿Otra vez? ¿Qué coño te pasa últimamente que no paras en la cama?

—Indigestión, cariño —contestó él desde el váter, con voz natural—. Vete a dormir, que ya subo.

Ella se quedó un momento en silencio al pie de las escaleras… y luego subió. Pero yo, desde mi habitación, oí perfectamente cómo murmuraba para sí misma: “Esto no es normal… algo pasa”.

Al día siguiente en el desayuno, mi madre nos miró a los dos con cara rara.

—Oye, ¿vosotros dos estáis durmiendo bien? Porque tu padre se pasa las noches levantado y yo ya no sé si es la espalda, la indigestión o qué cojones.

Mi padre me lanzó una mirada rápida por encima de la taza de café y contestó sin pestañear:

—Es la edad, mujer. La próstata, la espalda… ya sabes. Nada grave. Además, el chaval y yo hemos estado viendo partidos hasta tarde y charlando de cosas de hombres. ¿Verdad, hijo?

Yo asentí, rojo hasta las orejas, y solté la primera excusa que se me ocurrió:

—Sí, mamá. Estamos viendo la Champions y luego papá se queda un rato en el garaje arreglando el coche viejo. No te preocupes.

Mi madre nos miró a los dos un segundo más de lo normal… y cambió de tema. Pero se notaba que no se lo tragaba del todo. Empezó a mirar los horarios, a preguntar “¿dónde estabas?” cuando mi padre tardaba en subir, incluso una noche se levantó y se quedó escuchando en el pasillo.

El riesgo nos ponía la polla como una piedra a los dos, y entonces llegó la tarde de la ducha.
Mi madre había salido a hacer la compra grande y mi hermana estaba en su habitación con los auriculares puestos (ya me asegure yo que fuera asi).

Mi padre me miró desde la cocina, sonrió como el hijo de puta que es y me dijo bajito:

—Ahora. Ducha. Puerta sin cerrar del todo. Quiero follarte mientras ella puede oír el agua… y si sube, que piense que estoy duchándome solo.

Subimos. Abrí el grifo del agua caliente, me metí desnudo y mi padre entró detrás de mí dos segundos después, cerrando la mampara solo hasta la mitad para que el vapor saliera y se oyera todo. Me puso contra la pared, me separó las nalgas y me clavó la polla de un empujón seco, sin lubricante más que su saliva.

—Shhh… calla —me gruñó al oído mientras empezaba a embestirme bajo el agua caliente—. Tu madre puede volver en cualquier momento y tu hermana está arriba. Quiero que sientas cómo te follo sabiendo que cualquier ruido puede delatarnos.

El agua caía fuerte, pero el sonido de sus huevos chocando contra mi culo se oía igual. Me tapaba la boca con una mano y con la otra me agarraba la cadera, follándome profundo y rápido.

—Joder hijo… cada día estás más apretado… —jadeaba contra mi nuca—.

De repente oímos la puerta de la calle. Mi madre había vuelto antes de lo esperado. Los pasos en el pasillo… y se paró justo delante del baño.

—¿Cariño? ¿Estás duchándote? —preguntó ella desde fuera.

Mi padre no sacó la polla. Al contrario, aceleró un poco más, follándome con más fuerza pero sin hacer ruido con la cama (aquí solo el agua disimulaba).

—¡Sí, amor! —contestó él con voz normal, aunque le temblaba un poco—. He sudado mucho en el garaje, ya salgo.

Mi madre se quedó un segundo en silencio… y luego dijo:

—Vale… pero date prisa, que quiero hablar contigo de una cosa.
Y se fue a la cocina.

Mi padre gruñó bajito, me dio dos embestidas más brutales y se corrió dentro de mí con un susurro ronco:

—Toma… toda mi leche mientras tu madre espera abajo.

Se vació hasta el fondo, me sacó la polla chorreando y me obligó a arrodillarme bajo el agua para limpiársela con la boca. Salimos, nos secamos rápido y bajamos como si nada.

Esa misma noche, después de cenar y cuando mi madre y Laura ya se habían acostado, mi padre me llevó al garaje con la excusa de “arreglar el coche”. Me tenía doblado sobre el capó, follándome otra vez, cuando de repente paró, todavía dentro de mí, y me dijo con voz grave y cachonda:

—Escucha, chaval… esto de follarte a escondidas con tu madre sospechando ya me tiene los huevos a punto de explotar cada día, pero quiero más.

Quiero follarte donde nadie nos controle. ¿Te acuerdas de lo que te decía hace tiempo? Que si algún día querías que nos folláramos a una tía juntos…

Se sacó despacio, me giró, me miró a los ojos y siguió:

—Este viernes. Tú y yo solos. Vamos a ir de putas. Conozco un puticlub discreto en las afueras, de esos que no hacen preguntas. Pagamos una habitación, nos cogemos a una buena zorra cada uno…o la misma para los dos. Te voy a follar a ti mientras tú la follas a ella, o al revés. Quiero verte corriéndote dentro de una puta mientras yo te destrozo el culo. Quiero que seas mi hijo favorito y que además seamos cómplices en esto. ¿Qué dices? ¿Te atreves? ¿Quieres que tu padre te lleve de putas por primera vez y te folle delante de una guarra pagada?

Me quedé con la polla palpitando, el culo lleno y el morbo recorriéndome entero.

—Joder, papá… sí. Quiero ir. Quiero que me folles allí… delante de ella… pero sigo siendo tu favorito, ¿eh? Solo yo recibo tu leche de verdad.

Mi padre sonrió, me dio una palmada fuerte en la cara y volvió a metérmela hasta el fondo.

—Buen chico. Este viernes nos vamos de putas juntos. Y te juro que vas a volver con el culo tan abierto y tan lleno que tu madre va a seguir sospechando…pero nunca va a saber la verdad.
 
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SUBIENDO LA TEMPERATURA

Mi madre y mi hermana habían vuelto de compras, cenamos como la familia perfecta (yo sentado con el culo todavía palpitando y lleno de leche de mi padre, disimulando como un campeón), y a las once y media todos nos fuimos a “dormir”.

Pero mi viejo no tenía intención de dormir.
Eran exactamente las 2:47 de la madrugada cuando oí la puerta de mi habitación abrirse muy despacio. La luz del pasillo se coló un segundo y vi su silueta enorme, solo con el pantalón de pijama. Cerró la puerta sin hacer ruido, echó el pestillo y se acercó a mi cama como un depredador.

Yo ya estaba despierto, con la polla dura solo de esperarlo. Me incorporé un poco sobre los codos.
—Papá… ¿qué coño haces? Mamá está justo al lado… —susurré, pero ya sabía que no iba a parar.

Mi padre se bajó el pantalón y su polla saltó fuera, ya completamente erecta, gorda, venosa y con ese brillo de precum que me volvía loco. Se subió a la cama, me tapó la boca con una mano enorme y me susurró pegado a la oreja, con esa voz ronca y grave que me erizaba todo el cuerpo:

—Shhh… calla, hijo, llevo toda la puta cena pensando en este culo que me pertenece. Tu madre está durmiendo como un tronco al lado, pero me da igual. Te voy a follar ahora mismo, despacito y profundo, y tú vas a aguantar sin hacer ni un puto ruido. ¿Entendido? Quiero que sientas cada centímetro mientras ella respira a dos metros de distancia. Y vas a repetirme bajito que eres el único, que nadie más va a tener esto.

Asentí contra su palma, el corazón a mil por hora. Mi padre me giró boca abajo sin esfuerzo, me bajó los calzoncillos hasta los tobillos y me separó las nalgas con las dos manos. Escupió directamente sobre mi agujero (todavía sensible y un poco hinchado de la tarde) y presionó la cabeza de su polla contra él.

—Respira… y abre —ordenó en un susurro.
Empujó despacio, centímetro a centímetro, hasta que sus huevos pesados se apoyaron contra los míos y su barriga peluda se pegó a mi espalda.

El placer fue tan intenso que tuve que morderme el antebrazo para no gemir. Mi padre se quedó quieto dentro, respirando pesado contra mi nuca, y empezó a hablarme bajito mientras movía las caderas en círculos lentos:

—Joder… sigues tan apretado como esta tarde… ¿notas cómo late mi polla dentro de ti? Esto es solo para ti, chaval. Tu madre puede follarse a quien quiera, pero este culo… este culo es mío y solo mío. Dímelo.

—Solo tuyo, papá… soy tu hijo favorito… nadie más… —gemí en un hilo de voz, empujando el culo hacia atrás.

Empezó a follarme. Muy lento, muy profundo. Sacaba casi todo y volvía a meterla entera, haciendo que la cama crujiera apenas. Cada embestida duraba segundos. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mi culo lleno de saliva era lo único que se oía en la habitación.

—Más… papá… pero sin ruido… —supliqué bajito.

De repente… pasos en el pasillo.
Mi madre. Se había levantado para ir al baño. Oímos la puerta del baño abrirse y cerrarse. Mi padre se quedó clavado dentro de mí, sin moverse, pero no sacó la polla. Al contrario, me tapó la boca con más fuerza y me susurró al oído, excitadísimo:

—No te muevas ni un milímetro, cabrón. Si hace ruido la cama, estamos jodidos. Pero yo no voy a parar… voy a seguir follándote muy despacio mientras tu madre mea a tres metros de nosotros.

Y lo hizo. Empezó a mover las caderas otra vez, lentísimo, apenas unos centímetros, pero lo suficiente para que su polla me rozara la próstata una y otra vez. Yo estaba a punto de explotar del morbo y del miedo. Oíamos a mi madre tirando de la cadena, lavándose las manos… y mi padre seguía dentro, follándome en silencio, respirando entrecortado contra mi oreja.

—Joder… esto es lo más cachondo que he hecho nunca —gruñó bajísimo—. Tu madre ahí fuera y yo con la polla enterrada en el culo de su hijo. Dime otra vez que eres el único.

—Soy el único… papá… tu puto favorito… solo yo recibo esto… —jadeé contra su mano, con los ojos llenos de lágrimas de placer y pánico.

Mi madre salió del baño. Los pasos se acercaron por el pasillo… y se pararon justo delante de mi puerta…silencio total.
Mi padre se quedó congelado, la polla palpitando dentro de mí, pero no la sacó. Noté cómo le latía el corazón contra mi espalda. Pasaron cinco segundos eternos.

Luego… mi madre siguió andando y entró en su habitación, la puerta se cerró.
Mi padre soltó todo el aire que tenía retenido y empezó a follarme de verdad, ya sin control.

Embestidas fuertes pero controladas, sujetándome las caderas para que la cama no crujiera demasiado. El sudor le caía por la frente y me goteaba en la espalda.

—Joder… casi nos pilla… y eso me ha puesto aún más bruto —gruñó entre dientes—. ¿Te has dado cuenta de lo cerca que ha estado? Si llega a abrir la puerta… nos habría visto con mi polla hasta el fondo en tu culo. ¿Te imaginas la cara de tu madre? Pues por eso eres mi favorito: porque te arriesgas conmigo.

Aceleró más. Los huevos le golpeaban mis nalgas con un sonido húmedo y seco. Yo ya no aguantaba.

—Papá… me corro… me corro sin tocarme… —gemí bajito, mordiendo la almohada.
—Hazlo. Córrete para tu padre —ordenó, y me tapó la boca justo cuando exploté.

Chorros espesos de mi leche mancharon las sábanas mientras mi culo apretaba su polla como un puño.

Mi padre gruñó contra mi nuca y se corrió dentro de mí con fuerza brutal pero en silencio. Sentí cada chorro caliente, largo, llenándome otra vez hasta rebosar. Siguió moviéndose lentamente mientras se vaciaba, ordeñando hasta la última gota.

Cuando por fin se sacó, un río de su leche blanca y caliente me chorreó por los huevos y las piernas. Me giró, me metió la polla todavía goteando en la boca y me susurró:

—Límpiala, hijo favorito. Y mañana… vamos a repetir esto, pero en el garaje. Porque esto de casi que nos pille tu madre… me ha dado una puta idea para la próxima vez.

Se subió el pantalón, me dio una palmada suave en la cara y salió de la habitación tan sigiloso como había entrado.

Yo me quedé allí, con el culo destrozado, lleno hasta arriba y el corazón todavía a mil… sabiendo que ser su hijo favorito iba a ponernos en peligro cada vez más… y que me encantaba.

2a PARTE

Los días siguientes fueron una puta ruleta rusa. Después de aquella noche en la que mi padre me folló en mi cama mientras mi madre estaba a dos metros y casi nos pilla al salir del baño, las cosas empezaron a complicarse de verdad.

Mi madre no era tonta. La primera vez que se despertó a las tres y media y vio que el lado de la cama de mi padre estaba vacío y frío, se levantó y recorrió la casa. Yo estaba despierto, con el culo todavía chorreando, cuando oí sus pasos descalzos por el pasillo.

Mi padre había bajado al garaje “a buscar no sé qué herramienta” como excusa rápida. Cuando ella bajó, lo encontró allí, fingiendo que ordenaba cajas.

—Cariño, ¿qué haces aquí a estas horas? —preguntó ella, con voz somnolienta pero ya con un tono raro.

Mi padre, sin inmutarse, se giró con esa sonrisa de macho tranquilo y le soltó:

—Joder, amor, no podía dormir. Me desperté con un dolor de espalda de la hostia y bajé a buscar el antiinflamatorio que guardo en la caja de herramientas. Ya sabes que no me gusta despertarte.

Mi madre frunció el ceño, pero se lo tragó… por esa vez.

(Quiero aclarar que obviamente yo no podía estar allí físicamente cuando tenían las conversaciones, así que por lo que me contaba mi padre recreo la conversación en base a la info que él me daba.)

Dos noches después volvió a pasar. Esta vez mi padre estaba en mi habitación, con la polla todavía dentro de mí, corriéndose por segunda vez cuando oímos la puerta del dormitorio principal abrirse. Mi viejo se sacó rápido, me tapó la boca y susurró:

—Ni respires, cabrón.

Bajó corriendo al baño de abajo, encendió la luz y fingió que estaba cagando. Mi madre bajó las escaleras mosqueada.

—¿Otra vez? ¿Qué coño te pasa últimamente que no paras en la cama?

—Indigestión, cariño —contestó él desde el váter, con voz natural—. Vete a dormir, que ya subo.

Ella se quedó un momento en silencio al pie de las escaleras… y luego subió. Pero yo, desde mi habitación, oí perfectamente cómo murmuraba para sí misma: “Esto no es normal… algo pasa”.

Al día siguiente en el desayuno, mi madre nos miró a los dos con cara rara.

—Oye, ¿vosotros dos estáis durmiendo bien? Porque tu padre se pasa las noches levantado y yo ya no sé si es la espalda, la indigestión o qué cojones.

Mi padre me lanzó una mirada rápida por encima de la taza de café y contestó sin pestañear:

—Es la edad, mujer. La próstata, la espalda… ya sabes. Nada grave. Además, el chaval y yo hemos estado viendo partidos hasta tarde y charlando de cosas de hombres. ¿Verdad, hijo?

Yo asentí, rojo hasta las orejas, y solté la primera excusa que se me ocurrió:

—Sí, mamá. Estamos viendo la Champions y luego papá se queda un rato en el garaje arreglando el coche viejo. No te preocupes.

Mi madre nos miró a los dos un segundo más de lo normal… y cambió de tema. Pero se notaba que no se lo tragaba del todo. Empezó a mirar los horarios, a preguntar “¿dónde estabas?” cuando mi padre tardaba en subir, incluso una noche se levantó y se quedó escuchando en el pasillo.

El riesgo nos ponía la polla como una piedra a los dos, y entonces llegó la tarde de la ducha.
Mi madre había salido a hacer la compra grande y mi hermana estaba en su habitación con los auriculares puestos (ya me asegure yo que fuera asi).

Mi padre me miró desde la cocina, sonrió como el hijo de puta que es y me dijo bajito:

—Ahora. Ducha. Puerta sin cerrar del todo. Quiero follarte mientras ella puede oír el agua… y si sube, que piense que estoy duchándome solo.

Subimos. Abrí el grifo del agua caliente, me metí desnudo y mi padre entró detrás de mí dos segundos después, cerrando la mampara solo hasta la mitad para que el vapor saliera y se oyera todo. Me puso contra la pared, me separó las nalgas y me clavó la polla de un empujón seco, sin lubricante más que su saliva.

—Shhh… calla —me gruñó al oído mientras empezaba a embestirme bajo el agua caliente—. Tu madre puede volver en cualquier momento y tu hermana está arriba. Quiero que sientas cómo te follo sabiendo que cualquier ruido puede delatarnos.

El agua caía fuerte, pero el sonido de sus huevos chocando contra mi culo se oía igual. Me tapaba la boca con una mano y con la otra me agarraba la cadera, follándome profundo y rápido.

—Joder hijo… cada día estás más apretado… —jadeaba contra mi nuca—.

De repente oímos la puerta de la calle. Mi madre había vuelto antes de lo esperado. Los pasos en el pasillo… y se paró justo delante del baño.

—¿Cariño? ¿Estás duchándote? —preguntó ella desde fuera.

Mi padre no sacó la polla. Al contrario, aceleró un poco más, follándome con más fuerza pero sin hacer ruido con la cama (aquí solo el agua disimulaba).

—¡Sí, amor! —contestó él con voz normal, aunque le temblaba un poco—. He sudado mucho en el garaje, ya salgo.

Mi madre se quedó un segundo en silencio… y luego dijo:

—Vale… pero date prisa, que quiero hablar contigo de una cosa.
Y se fue a la cocina.

Mi padre gruñó bajito, me dio dos embestidas más brutales y se corrió dentro de mí con un susurro ronco:

—Toma… toda mi leche mientras tu madre espera abajo.

Se vació hasta el fondo, me sacó la polla chorreando y me obligó a arrodillarme bajo el agua para limpiársela con la boca. Salimos, nos secamos rápido y bajamos como si nada.

Esa misma noche, después de cenar y cuando mi madre y Laura ya se habían acostado, mi padre me llevó al garaje con la excusa de “arreglar el coche”. Me tenía doblado sobre el capó, follándome otra vez, cuando de repente paró, todavía dentro de mí, y me dijo con voz grave y cachonda:

—Escucha, chaval… esto de follarte a escondidas con tu madre sospechando ya me tiene los huevos a punto de explotar cada día, pero quiero más.

Quiero follarte donde nadie nos controle. ¿Te acuerdas de lo que te decía hace tiempo? Que si algún día querías que nos folláramos a una tía juntos…

Se sacó despacio, me giró, me miró a los ojos y siguió:

—Este viernes. Tú y yo solos. Vamos a ir de putas. Conozco un puticlub discreto en las afueras, de esos que no hacen preguntas. Pagamos una habitación, nos cogemos a una buena zorra cada uno…o la misma para los dos. Te voy a follar a ti mientras tú la follas a ella, o al revés. Quiero verte corriéndote dentro de una puta mientras yo te destrozo el culo. Quiero que seas mi hijo favorito y que además seamos cómplices en esto. ¿Qué dices? ¿Te atreves? ¿Quieres que tu padre te lleve de putas por primera vez y te folle delante de una guarra pagada?

Me quedé con la polla palpitando, el culo lleno y el morbo recorriéndome entero.

—Joder, papá… sí. Quiero ir. Quiero que me folles allí… delante de ella… pero sigo siendo tu favorito, ¿eh? Solo yo recibo tu leche de verdad.

Mi padre sonrió, me dio una palmada fuerte en la cara y volvió a metérmela hasta el fondo.

—Buen chico. Este viernes nos vamos de putas juntos. Y te juro que vas a volver con el culo tan abierto y tan lleno que tu madre va a seguir sospechando…pero nunca va a saber la verdad.
Esto es un no parar. Que morbazo dais, espero que sigáis haciendo de todo
 
Cómo me pone la historia...y qué bien escribes tío. Una buena escritura puede ponerte más cerdo y cachondo que la película más guarra de toda la industria porno. En mi mente no paro de imaginarme como sería en esos momentos, escenas y la verdad que me pongo a mil...
Deseando que sigas contando por aquí más de esa relación tan morbosa padre e hijo.
Molaría y me daría mucho morbo leer también algún relato donde haya mucho sexo oral.
 
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