Charón
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El Fruto Prohibido. ( Continuación - 409 )
Tras esperar un par de minutos tomamos el convoy en cuanto llegó; Carmen era como un ave perdida que se dejaba llevar por mi. Tal y como me confesaba, en aquellos momentos le habría sido imposible moverse ella sola por la ciudad y menos en aquel medio de transporte que estábamos utilizando y que es a mi modo de ver el más funcional de Londres.
Al haber asientos libres Carmen me indicó si nos sentábamos pero le dije que no porque dos estaciones más adelante debíamos bajarnos y cambiar a otra línea que ya nos llevaría directos a nuestro destino. Y así como tres o cuatro minutos después llegamos a Liverpool Street donde nos bajamos y tomamos la línea central, que tras parar en once estaciones y tras un trayecto de casi media hora nos llevó directos a Notthing Hill Gate.
Durante el trayecto fuimos sentados, y Carmen agarrada a mi mano y pegada a mi me iba comentando sus sensaciones sobre todo lo que habíamos visto hasta ese momento, mientras que yo le iba contando la historia de Notting Hill y el significado que este barrio tenía en la actividad social londinense.
Una vez que llegamos salimos a la calle siempre agarrados de la mano con carmen muy pizpireta y traviesa, mostarndose divertida como era habitual en ella. Al salir al exterior sentimos de nuevo el frío invernal que había al aire libre, a la vez que ella se pegaba a mi y yo la tomaba por la espalda apretándola contra mí.
----- Uffff...!!!! Que frío...!!! esto es lo que menos me gusta de Londres. ----- comentó.
Yo sonreí a la vez que le indicaba hacia donde debíamos ir, y así enseguida tomamos Pembridge Road que tras unos trescientos metros nos dejó encaminados sobre el mismo Portobello Road.
Según tomamos esa calle fue que ya percibimos el ambiente típico de Notting Hill con el colorido de sus casa y el ambiente bohemio que se respiraba en el lugar.
Carmen se soltó de mi mano, y extendiendo sus brazos como queriendo abrazar el paisaje fue que exclamó:
----- Uuuuoooohhhh....!!!! Me encanta, me encanta.
Yo sonreía al ver sus movimientos hacia un lado y otro, girando sobre si misma...
----- Me encanta este ambiente. ----- comentó.
----- Pues aún no has visto nada. ----- le dije.
Continuamos avanzando por esta calle, donde cada vez íbamos respirando el ambiente del lugar que tanta fama le había dado... Así no tardamos en cruzarnos con gente caribeña, luciendo sus atuendos rastafaris que ponían en alto volumen música reagge de Bob Marley, Peter Tosh o Eddy Grant, y a cuyo ritmo se movían y bailaban, moviendo sus rastas y luciendo los colores panafricanos de sus ropas.
Carmen volvió a soltarse de mi mano y se acercó hasta ellos poniéndose a bailar a su lado, siendo aceptada con simpatía, aunque no pudo entender lo que le decían, mientras me indicaba que le hiciera fotos, las cuales le hice.
Despidiéndose con gestos regreso a mi lado y nuevamente se agarró a mi mano.
----- Vaya marcha que llevan... ----- me dijo.
Y así, agarrada a mi mano continuaba moviéndose al ritmo del reagge.
----- Ayyyy... mi amor. Soy muy bailonga.
----- Lo se, lo se... ----- le respondí.
Un poco más adelante según avanzábamos por Portobello Road, me comentó:
----- Que pasada... esto me recuerda a la película de Julia Roberts.
----- Es que está rodad aquí. ----- le dije.
Sus ojos se abrieron que se salían...
y exclamó:
----- No me digas...!!!
Y haciendo gestos afirmativos le respondí:
----- Los exteriores se rodaron aquí, alrededor de esta calle.
----- Guauuuuhhh...!!!! ¿ Y podemos ir a algún lugar de la película ?
Resoplé y le respondí:
----- Supongo que si, aunque no se exactamente de ninguna ubicación exacta.
----- Pero podemos preguntar... ¿ no ?
----- Ya preguntaremos luego, ahora vamos al Duke of Wellington.
----- ¿ Que es eso ?
----- Es un pub que está en esta calle y que sale de pasada en la película.
Con su cara desbordante de alegría comenzó a dar pequeños saltos mientras me decía:
----- Siiii... Siiii... vamos, vamos.
----- Y tomamos una pinta.
----- Por supuesto que si. y quiero más fotos.
Me reí...

y continuamos avanzando por aquella calle mientras ella se iba parando y observando los diferentes establecimientsoq ue había por el lugar, mientras me iba preguntando.
Un poco más tarde me dijo:
----- ¿ Es aquí donde montan el mercadillo ?
Haciendo gestos afirmativos le respondí:
----- Aquí mismo, a lo largo de esta calle y algunas adyacentes.
----- ¿ Que días lo montan ?
----- Siempre hay puestos montados, aunque el día fuerte es el sábado.
----- Pues tenemos que venir.
----- Claro que vendremos, es todo un espectáculo.
----- ¿ Que es lo que venden ?
----- Uffff... de todo, puedes encontrar de todo, hasta paella valenciana y churros.
Entonces se rió

y me dijo:
----- Anda no me vaciles.
----- No, no... es en serio.
----- ¿ De verdad ?
----- De verdad.
Miró alrededor y me dijo:
----- Entonces esto es algo así como El rastro de Londres.
Sonreí y le respondí:
----- Puede decirse que si, aunque no es exactamente como El Rastro.
Y así nos fuimos encontrando con alguno que otro de los puestos callejeros que se montaban en el lugar y que al ser ya tarde, la mayoría ya estaban siendo desmontados y recogidos... Pero Carmen se iba parando y m,irando que cosas eran las que ofertaban, sorprendiéndole algunas de las mismas.
En el cruce con Elgin Street llegamos al pub Duke of Wellington, con su iconica fachada negra y sus letras doradas. Según pasamos al interior fuimos directos a la barra y tomamos asiento en dos banquetas que estaban libres.
Carmen miraba a un lado y otro, a la vez que me comentaba:
----- Me gustan estos ambientes, me resultan íntimos y bohemios. Y se respira un aire de relax.
Hice un gesto y le dije:
----- Es la cultura del pub que está muy arraigada en la vida social desde la época Victoriana.
Y según le explicaba de donde venía la cultura del pub y como surgió en el ambiente social más popular de la ciudad, fue que un camarero nos preguntó que deseábamos tomar. Y tras consultar con Carmen acordamos pedir un par de pintas...
las cuales aboné
nada más nos las sirvieron, tal y como mandaba la costumbre.
Tras ello, Carmen me comentó:
----- Me llama la atención esto de tener que pagar según te sirven.
----- Es una costumbre muy arraigada. ----- le dije.
----- ¿ Debido a que ?
----- Pues como habrás observado, excepto en los restaurantes no hay servicio de mesas, y tu mismo debes ir a la barra a buscar tu consumición.
----- Si, es verdad.
----- Por eso el cliente debe ir a la barra y hacer su pedido, y según se lo sirven lo paga y se va con el mismo; así no hay que controlarle y libremente se puede ubicar donde quiera por el local.
----- Interesante.
----- Aquí también está arraigada la costumbre de cada uno pagar lo suyo.
----- Como en Cataluña.
----- Pues más o menos. Aunque si vienes en grupo también puedes encargar una ronda y pagarla tu toda.
Agarramos nuestras pintas y tras brindar
dimos el primer trago; tras ello nos miramos con complicidad y nos fuimos acercando hasta besarnos en los labios... 
Estuvimos tomando aquellas pintas
de manera relajada mientras charlamos sobre lo que habíamos vivido ese día. Y tras unos cuantos besos muy amorosos 


dejamos el lugar y salimos de nuevo a Portobello Road para seguir recorriendo tan icónica calle. Así no tardamos en pasar frente a un conocido establecimiento que es famoso por vender productos españoles de todo tipo, y donde nos paramos para que Carmen mirase el lugar, aunque ya estaba cerrado.
Continuará........................................
Tras esperar un par de minutos tomamos el convoy en cuanto llegó; Carmen era como un ave perdida que se dejaba llevar por mi. Tal y como me confesaba, en aquellos momentos le habría sido imposible moverse ella sola por la ciudad y menos en aquel medio de transporte que estábamos utilizando y que es a mi modo de ver el más funcional de Londres.
Al haber asientos libres Carmen me indicó si nos sentábamos pero le dije que no porque dos estaciones más adelante debíamos bajarnos y cambiar a otra línea que ya nos llevaría directos a nuestro destino. Y así como tres o cuatro minutos después llegamos a Liverpool Street donde nos bajamos y tomamos la línea central, que tras parar en once estaciones y tras un trayecto de casi media hora nos llevó directos a Notthing Hill Gate.
Durante el trayecto fuimos sentados, y Carmen agarrada a mi mano y pegada a mi me iba comentando sus sensaciones sobre todo lo que habíamos visto hasta ese momento, mientras que yo le iba contando la historia de Notting Hill y el significado que este barrio tenía en la actividad social londinense.
Una vez que llegamos salimos a la calle siempre agarrados de la mano con carmen muy pizpireta y traviesa, mostarndose divertida como era habitual en ella. Al salir al exterior sentimos de nuevo el frío invernal que había al aire libre, a la vez que ella se pegaba a mi y yo la tomaba por la espalda apretándola contra mí.
----- Uffff...!!!! Que frío...!!! esto es lo que menos me gusta de Londres. ----- comentó.
Yo sonreí a la vez que le indicaba hacia donde debíamos ir, y así enseguida tomamos Pembridge Road que tras unos trescientos metros nos dejó encaminados sobre el mismo Portobello Road.
Según tomamos esa calle fue que ya percibimos el ambiente típico de Notting Hill con el colorido de sus casa y el ambiente bohemio que se respiraba en el lugar.
Carmen se soltó de mi mano, y extendiendo sus brazos como queriendo abrazar el paisaje fue que exclamó:
----- Uuuuoooohhhh....!!!! Me encanta, me encanta.
Yo sonreía al ver sus movimientos hacia un lado y otro, girando sobre si misma...
----- Me encanta este ambiente. ----- comentó.
----- Pues aún no has visto nada. ----- le dije.
Continuamos avanzando por esta calle, donde cada vez íbamos respirando el ambiente del lugar que tanta fama le había dado... Así no tardamos en cruzarnos con gente caribeña, luciendo sus atuendos rastafaris que ponían en alto volumen música reagge de Bob Marley, Peter Tosh o Eddy Grant, y a cuyo ritmo se movían y bailaban, moviendo sus rastas y luciendo los colores panafricanos de sus ropas.
Carmen volvió a soltarse de mi mano y se acercó hasta ellos poniéndose a bailar a su lado, siendo aceptada con simpatía, aunque no pudo entender lo que le decían, mientras me indicaba que le hiciera fotos, las cuales le hice.
Despidiéndose con gestos regreso a mi lado y nuevamente se agarró a mi mano.
----- Vaya marcha que llevan... ----- me dijo.
Y así, agarrada a mi mano continuaba moviéndose al ritmo del reagge.
----- Ayyyy... mi amor. Soy muy bailonga.
----- Lo se, lo se... ----- le respondí.
Un poco más adelante según avanzábamos por Portobello Road, me comentó:
----- Que pasada... esto me recuerda a la película de Julia Roberts.
----- Es que está rodad aquí. ----- le dije.
Sus ojos se abrieron que se salían...
----- No me digas...!!!
Y haciendo gestos afirmativos le respondí:
----- Los exteriores se rodaron aquí, alrededor de esta calle.
----- Guauuuuhhh...!!!! ¿ Y podemos ir a algún lugar de la película ?
Resoplé y le respondí:
----- Supongo que si, aunque no se exactamente de ninguna ubicación exacta.
----- Pero podemos preguntar... ¿ no ?
----- Ya preguntaremos luego, ahora vamos al Duke of Wellington.
----- ¿ Que es eso ?
----- Es un pub que está en esta calle y que sale de pasada en la película.
Con su cara desbordante de alegría comenzó a dar pequeños saltos mientras me decía:
----- Siiii... Siiii... vamos, vamos.
----- Y tomamos una pinta.
----- Por supuesto que si. y quiero más fotos.
Me reí...
Un poco más tarde me dijo:
----- ¿ Es aquí donde montan el mercadillo ?
Haciendo gestos afirmativos le respondí:
----- Aquí mismo, a lo largo de esta calle y algunas adyacentes.
----- ¿ Que días lo montan ?
----- Siempre hay puestos montados, aunque el día fuerte es el sábado.
----- Pues tenemos que venir.
----- Claro que vendremos, es todo un espectáculo.
----- ¿ Que es lo que venden ?
----- Uffff... de todo, puedes encontrar de todo, hasta paella valenciana y churros.
Entonces se rió
----- Anda no me vaciles.
----- No, no... es en serio.
----- ¿ De verdad ?
----- De verdad.
Miró alrededor y me dijo:
----- Entonces esto es algo así como El rastro de Londres.
Sonreí y le respondí:
----- Puede decirse que si, aunque no es exactamente como El Rastro.
Y así nos fuimos encontrando con alguno que otro de los puestos callejeros que se montaban en el lugar y que al ser ya tarde, la mayoría ya estaban siendo desmontados y recogidos... Pero Carmen se iba parando y m,irando que cosas eran las que ofertaban, sorprendiéndole algunas de las mismas.
En el cruce con Elgin Street llegamos al pub Duke of Wellington, con su iconica fachada negra y sus letras doradas. Según pasamos al interior fuimos directos a la barra y tomamos asiento en dos banquetas que estaban libres.
Carmen miraba a un lado y otro, a la vez que me comentaba:
----- Me gustan estos ambientes, me resultan íntimos y bohemios. Y se respira un aire de relax.
Hice un gesto y le dije:
----- Es la cultura del pub que está muy arraigada en la vida social desde la época Victoriana.
Y según le explicaba de donde venía la cultura del pub y como surgió en el ambiente social más popular de la ciudad, fue que un camarero nos preguntó que deseábamos tomar. Y tras consultar con Carmen acordamos pedir un par de pintas...
Tras ello, Carmen me comentó:
----- Me llama la atención esto de tener que pagar según te sirven.
----- Es una costumbre muy arraigada. ----- le dije.
----- ¿ Debido a que ?
----- Pues como habrás observado, excepto en los restaurantes no hay servicio de mesas, y tu mismo debes ir a la barra a buscar tu consumición.
----- Si, es verdad.
----- Por eso el cliente debe ir a la barra y hacer su pedido, y según se lo sirven lo paga y se va con el mismo; así no hay que controlarle y libremente se puede ubicar donde quiera por el local.
----- Interesante.
----- Aquí también está arraigada la costumbre de cada uno pagar lo suyo.
----- Como en Cataluña.
----- Pues más o menos. Aunque si vienes en grupo también puedes encargar una ronda y pagarla tu toda.
Agarramos nuestras pintas y tras brindar
Estuvimos tomando aquellas pintas
Continuará........................................

lo fue introduciendo en su encharcado interior, sentándose lentamente sobre el mismo, hasta que se lo introdujo por completo, mientras que yo me derretía 
comenzó a cabalgar sobre mí, haciendo que mi miembro se deslizase por todo su húmedo interior, dando así inicio a un memorable y brutal polvo en el que ella había tomado el control y llevaba la voz cantante marcando los tiempos y los ritmos. Así se agitaba y se retorcía sobre mí, alzando la mirada al techo con los ojos cerrados y mordiéndose el labio inferior mientras gemía y jadeaba de placer, a la vez que sus hermosas tetas
se bamboleaban hacia un lado y otro con el ritmo de esos movimientos que iba ejecutando con más y menos intensidad.

marcando sus líneas, junto con un jersey azul de lana gruesa y cuello vuelto.