Hasta hace poco, tuve un amo maduro, que paulatinamente y con paciencia me fue convenciendo para quedar con él a pesar de que yo me consideraba un hetero de pies a la cabeza. Una vez quedé, fue capaz con su manera de actuar tranquila y pausada que me fuera entregando a él hasta que casi sin darme cuenta un día me vii de rodillas mamando y rogando. Lo que aconteció después fue varios años en los cuales en la intimidad de su casa consiguió feminizarme y usarme a su antojo sólo o con amigos. Al final lo dejamos, por sus achaques de edad. La verdad que a veces lo echo de menos.