Bueno, paso a contar esta otra experiencia, que aunque es bastante larga y cuesta escribirla espero que os guste.
Hace un tiempo relaté dentro de "situaciones excitantes en la playa", la primera experiencia vivida con un señor mayor que nos hizo plantearnos que, a veces sin pensarlo, se abren otras posibilidades de salir de la rutina sexual. Nunca hubiéramos pensado en tener estas historias ni por asomo, y dejarnos llevar hasta aquel extremo como búsqueda de nuevas experiencias, mucho menos. Pero algo pasó, que conectó con nosotros para pasar algunos límites. Olga como yo, a partir de aquello, hemos estado atentos a situaciones similares o parecidas para repetirlas si se diera el caso, e incluso provocarlas en distintos entornos o ambientes. Hemos tenido más situaciones más o menos interesantes y morbosas para nosotros, y algunas como está que pasaré a contar, algo mucho más fuerte. De este juego, éramos cómplices los dos, y sabíamos perfectamente cuándo, dónde, y sobre todo con quién llevarlas a cabo. Viajamos bastante, y aprovechando siempre que la situación este controlada y sea segura, ciertos juegos nos hacen sentir bien y por supuesto mantenernos excitados. Ahí es cuando nos planteamos experimentar algún tipo de interacción que pueda sea más profunda. Nada de teléfonos, y con personas que sean ya entrada en años (vamos… mayores), que se supone que te pueden generar menos problemas, y por supuesto el anonimato. Añadir que, Olga siempre está aún más predispuesta e incluso más motivada a realizar alguna travesura, cuando salé con amigas, conmigo etc.., y lógicamente si hay algún traguito por medio, siempre ayuda a desinhibirse un poco más.
Bueno, antes que nada, comentar que, las experiencias que hemos tenido, las podría simplificar en su redacción y evitar el esfuerzo que lleva escribir largos textos. Está claro que más fácil es hacer lo siguiente: fui, llegué, nos metimos mano, y apareció tal y cual, y se acabó. Pero me gusta plasmar y explicar cómo suceden las cosas y que sean un poco más descriptivas, aunque es posible que haya gente que no le guste está forma de contar las situaciones.
Tras esa primera experiencia, de hace dos años, las situaciones más ligeras al ser más cortas, las podré relatar de forma menos extensa. Pero por ser una de las más importantes y fuertes, pasaré a contar primero la ocurrida un año y medio después, es decir el verano pasado con un pescador. Y más adelante y si puedo después de Navidad, contaré lo ocurrido con un señor italiano de 71 años.
Bueno, paso a contar en esta ocasión, la del pescador, que se nos fue bastante de las manos por la elevada excitación a la que llegamos, y que no esperábamos tanto de la situación. Por nosotros por supuesto, y sobre todo el señor, que no se vio en otra en su vida.
Era mediados de agosto del año pasado, sobre las 03:30 de la madrugada, hacía, bastante calor. Habíamos llegado en VTC cerca de donde habíamos dejado el coche a las afueras, para no meternos en la ciudad, ya que el hotel lo teníamos en otra localidad. Fuimos andando un trozo casi a un final de un paseo marítimo, sin edificios, con un espigón largo de piedra que se introducía en el mar y un pequeño aparcamiento de tierra cercano donde teníamos aparcado al coche. Como íbamos con un puntazo guapo, después de haber cenado con sus consiguientes bebidas, y rematadas con un par de cocteles, y para no coger el coche, decidimos sentarnos dentro de la playa en una zona de hierba con palmeras. Estas zonas estaban presentes en todo el paseo, por lo que vimos, y relativamente cercanas al murete que se encontraba a ras de playa. Yo me apoyé en una de sus palmeras, Olga se situó entre mis piernas abiertas, apoyando su espalda sobre mi pecho. En esa posición podíamos observar el mar y las estrellas. Iba vestida con una camiseta fina de color gris, falda corta a medio muslo de color blanco, y con abertura en su lado izquierdo, y con sandalias de plataforma. A nuestra espalda teníamos la luz de las farolas que iluminaban en gran medida nuestro espacio, aunque sin llegar a iluminar tanto como en el paseo.
Tras minutos en esa posición y en silenció, empecé a separar la melena de Olga y besar su nuca y su cuello, a la vez que mi mano izquierda acariciaba sus tetas por debajo de su camiseta. El olor a alcohol, nos estaba poniendo más burros, y tras girar su cabeza y besarla en la boca, mi mano derecha recorrió su muslo para terminar con mi mano tocando su coño por encima de un tanga transparente de color blanco. Olga estaba con sus piernas recogidas hacía su pecho, y su falda le impedía abrir sus piernas e incluso estaba molesta por la presión. Así que, apoyándose en la hierba con sus dos manos, levantó su culo y me dijo que le subiera la falda un poco, sin llegar a poner su culo en la hierba. Con todo liberado y con sus piernas abiertas, comencé a tope a besarla mientras mis dedos separando su tanga acariciaban su clítoris. Su vagina estaba totalmente lubricada y mis dedos entraban y salían con facilidad. Cuando más calientes estábamos, apareció en escena un hombre que venía de la zona del paseo y se dirigía hacía el espigón, vimos que llevaba en la mano lo que parecía unas cañas, un cubo, y algún trasto más, así que pensamos que sería algún pescador. Desapareció a lo largo del espigón, por lo que nosotros seguimos a nuestro rollo. Al poco rato, vimos que el hombre debió dejar los trastos en el espigón y volvía con una luz frontal en la cabeza y sin nada en las manos. En vez de ir por donde había accedido, cruzó por la arena con dirección hacía nosotros. Olga me dice:” éste viene hacía nosotros. yo no le hice mucho caso, pero Olga hacía presión suave para cerrar las piernas y le dije “no las cierres, que te vea esa tanguita, y se la casque luego mientras pesca”. Cuando faltaba unos 4, o 5 metros para llegar a nuestra altura, ya vimos que era un señor de más de 70 años de unos 1,70 años cm, fortachón, tirando a gordito. Cosa que a Olga le tranquilizó, porque ya vio que era un “abuelete”. El hombre cuando estaba al lado nuestro, su luz nos dio de frente, así que la visión de Olga con las piernas abiertas, fue una preciosa vista para ese hombre. Nos miramos, nos saludamos con buenas noches y nos pidió perdón por la luz, apagándola en ese momento y diciendo que no se había dado cuenta. Atravesó la hierba y saltando el murete hacía el paseo, hizo unos 50 o 60 metros y desapareció. Supusimos que volvería ya que había dejado sus cosas en el espigón. Con el puntazo que llevábamos, y viendo el perfil del señor, Olga se quedó más tranquila y seguimos a lo nuestro, más calientes si cabe, al saber que el hombre estaba por allí y nos había visto con las manos en la masa. Me apetecía que Olga se calentará, por si el hombre volvía a pasar por el mismo sitio. Así que con más ganas le sobé las tetas y masturbé su clítoris. Pasaron unos 3 o 4 minutos cuando vimos que el hombre se acercaba otra vez por el paseo. Olga estaba caliente, se le notaba que estaba a cien.
Al momento apareció el hombre con una caja en las manos y casi pasando de largo y mirando nuestros movimientos de sobeteo, le dije: “¿qué, a la pesca?” y nos contestó: “sí joder, se me había olvidado la caja de anzuelos”. La excusa de preguntar sobre la pesca era para que se sintiera a gusto y poder conseguir cierta complicidad para retenerlo y cumplir nuestro posible juego.
Interactuamos con una pequeña conversación, un poco nerviosos, ya que la motivación que había detrás, era que de alguna forma no se cohibiera y pudiera entender un poco la jugada, y por nuestra parte no ser muy descarados.
¿Le preguntamos por el tipo de pescado que había allí?, ¿si pescaba mucho?,¿hasta qué hora solía estar? etc., todo esto, a la vez que suavemente, acariciaba las piernas de Olga, e intentaba de forma disimulada abrir un poco más sus piernas, la posición del hombre colocado en nuestro lateral, ofrecía una buena vista de todas las piernas, pero sin llegar a ver bien su tanga apretando su vulva. Vi que el hombre había bebido algo porque se le notaba un punto gracioso. En un momento dado nos dice: “bueno, que sigáis con lo vuestro, que me parece mejor que lo mío, jaja”. Y le contesté: “para nada hombre, tranquilo que no hay problema, estamos haciendo tiempo para coger el coche que le hemos dado un poco al vaso”, y nos dice:” pues ya somos tres, que yo también me he tomado unas cuantas cervezas antes de venir, y tenía miedo por si me veían los “locales” con la moto. Estaba chisposo, y comentó: “venga que sois jóvenes y es lo que hay que hacer, hay que aprovechar, que luego queda esto… (haciendo el gesto de pescar), a la vez que se reía. Yo aprovechando su respuesta, le comenté: “¿bueno, qué edad tiene usted, tampoco es tan mayor?”, y me contestó: ”69, acabo de cumplir hace tres meses, ¿y vosotros?”, a lo que, Olga, contestó: “yo, 37”, y remató el: “madre mía, que envidia me dais, quién pudiera”, e iniciando su marcha. Cuando estaba a un par de metros me vine arriba, y le dije: “hombre, todo el mundo tiene su tiempo, ¿usted también a parte de pescar también hará otras cosas?”. Él hombre al oír esas palabras, se quedó un poco sorprendido, y volviendo de nuevo, comentó: hombre a nadie le amarga un dulce, y añadió: “si yo tuviera tu edad, teniendo una chica tan joven y guapa, pues seguro que no estaba aquí pescando”. de repente y sin pensarlo me salió: “pues hombre, este es otro tipo de pesca jaja, diferente, pero más sencilla, aquí no hace falta caña, mirar tiene menos trabajo”.
A partir de esto, la secuencia cambió totalmente, (Domingo que así le llamaremos a partir de ahora), viendo que Olga estaba con las piernas abiertas como una “V”, con mi mano derecha metida entre sus piernas, tocando su pubis y la vulva, y con la izquierda acariciando sus tetas; intuyó o entendió, y se hizo a la idea, de que posiblemente, éramos la típica pareja que no le importaba que la mirasen. Entonces Domingo murmulló un: “madre mía”, y acabo preguntando: “que si no nos importaba si se quedaba allí!, nuestra respuesta: “cada uno es libre de andar y quedarse donde quiera, para nada”. Domingo dejó la caja de anzuelos en el suelo y medio sentado en la hierba de frente a Olga y con una vista única de las piernas y el tanga blanco apretando los labios del coño de Olga, nos pusimos a besarnos mientras la masturbaba por encima de su tanga. A menos de 2 metros, miraba gracias a la luz que llegaba de las farolas del paseo. Masturbada por mis dedos, y apretándolos contra su vagina, la tela del tanga se introducía en su agujero, que ya comenzaba a mojarse. Olga excitadísima, se movía con ganas de que le introdujera los dedos, por lo que separé el tanga, y comencé a meter un dedo que entraba y salía. A Olga ya en ese momento, la presencia del hombre la puso más cachonda, y totalmente desinhibida abrió más sus piernas. Domingo permaneció callado todo ese rato, hasta que explotó: “joder morena que buena estás, eres preciosa”. Palabras que nos pusieron más burros. Después de pasar supongo que unos minutos, el hombre ya totalmente en situación, seguía hablando como para él, pero que se oía perfectamente. “que buenas estás hija, que coñito más bonito tienes, hostia puta”, “enséñame las tetitas por Dios”. Olga, excitadísima no sé si le oyó, pero fui yo quien le dije al oído que se subiera la camiseta un poco y le enseñara las tetas. Olga, se subió la camiseta y sin quitarse el sujetador, se liberó las dos cazuelas, quedando por encima de sus tetas redondas, que como un resorte aparecieron a la visión de Domingo, que estaba loco por acercarse, y tocar ese manjar que se le aparecía ante sus ojos.
Estaba nervioso, se le notaba porque se movía en la hierba y no se atrevía a dar el paso por sí le decíamos algo. Con esos movimientos y sentado, de forma disimulada estaba comiendo terreno a la distancia que él tenía con nosotros. Nos dábamos cuenta que estaba más cerca de nuestros pies. Jugando con un palito y enredando en la hierba empezó a tocar de forma suave los dedos del pie de Olga cuyas uñas pintadas de rojo eran acariciadas por él. Como no decíamos nada, él iba tocando un poco más, el empeine y dando masajitos suaves arriba y abajo. Yo mientras acariciaba con una mano sus tetas y con la otra seguía masturbando. Olga estaba ya muy cachonda, y quería follar. Me dijo: “para!, que estoy para correrme”. De repente se empezó a mover y se puso de pie, se giró y ofreciendo la visión a Domingo de su tanga, introducido entre las dos nalgas, esperó a que yo me bajará y me soltará el pantalón para sacarme la polla. Olga se puso a horcajadas sobre mis piernas dándole su espalda al hombre. Su vagina entró en contacto con mí polla, sin introducirla. Los movimientos de rozamiento, hicieron que cada vez estaba más empalmado. A su vez Domingo, al cambiar Olga de postura, éste acariciaba los talones y la parte baja de los gemelos, al final llegó a preguntar, si podía acariciar o tocar más. Ante esa pregunta, Olga y yo al oído, lo hablamos, y me dijo que sí, pero, que no se pasara. Olga se inclinó sobre mí, y acercándose a su bolsito, me dijo, que sacará las toallitas unisex que solemos llevar para viajar por el tema de los baños, ya que suelen estar a veces asquerosos, son para zonas íntimas, pero bueno. Le dije a Domingo lo que me había dicho Olga, y le entregué un sobre. Tras, limpiarse, tardó poco en empezar a tocar con sus manos su cuerpo y acariciar sus muslos. La camiseta bajada y su falda recogida por encima de sus nalgas y ajustada a la cintura, dejaba a la vista toda la parte inferior de su cuerpo. Cuando separé su tanga para introducir mi polla en su vagina y comenzando a empujar, Olga excitadísima me susurraba por donde la sobaba.
Domingo, iba muy rápido, se había sacado su polla fuera del pantalón y yo no me había dado cuenta, porque en parte, había desconectado del sentido visual y estaba sólo al sentido auditivo, de jadeos y palabras de Olga. Él se acercó un poco hacía mí y se colocó en mi lado derecho de rodillas, y su polla se tocaba con el muslo de Olga y con mi antebrazo. La metió mano por todo donde pudo y quería.Tenía una polla la verdad, muy, muy gorda, no muy larga, pero gorda de cojones, parecía un vaso de tubo, y luego muy oscura, morena, bueno cómo el hombre, y muchos pelos ya canosos. Mis manos que agarraban las nalgas de Olga, las aparté de su culo, y le subí la camiseta para que Domingo tuviera un mejor acceso también a su espalda. Estaba mojadisima, y parece que le molestaba el tanga, por lo que se levantó de las horcajadas, y pasando una pierna al centro de mis piernas, se sacó él tanga y lo dejó sobre las piernas de Domingo. Aquí casi exploto, tuve que sacar la polla de su vagina y agarrármela, apretarla y fijar otro pensamiento, porque me corría. Domingo cogió el tanga, se lo acercó a su nariz, y pasó su lengua por toda la zona de contacto de su coño, que imagino, que estaría lleno de fluidos. Ahora sin tanga y con su espalda al aire, tenía una continuación de su cuerpo más desnudo para los ojos de este hombre, que le sacaba 32 años de edad diferencia, teniendo acceso a dicho cuerpo sin problema. Eso es lo que realmente le ponía a Olga, bueno y nos pone, por poder ofrecer a un señor mayor, unas posibilidades que sabe que es algo que no puede alcanzar a no ser que sea pagando.
Domingo metió su mano entre mi pecho y el de Olga, con la intención de alcanzar su teta y pezón, a lo que Olga, separándose y girándose para que tuviera espacio, lo facilitaba en una pérdida ya de todo pudor y reparos. Sobando su pezón, preguntó si podía chuparlo, a lo que Olga no puso inconveniente. Nunca había visto a Olga tan cachonda y gozando. Domingo, hasta ese momento sólo tocaba y magreaba y comenzó a meterse el pezón en la boca, jugando con su lengua, Olga estaba muy excitada, aprovechando que ya estaba vulnerable, quiso darle un beso cerca de la boca, a lo que Olga no quiso, apartando un poco su cara.
Él también estaba caliente, como un conejo, en su mente suponemos que quería follársela, pero ya eran palabras mayores, tema de enfermedades, etc.., y ante falta de condones, que no teníamos, no creo que llegáramos a ese extremo. Es lo que tienen estas historias, que hay que tener cuidado, y a veces en el calor de la batalla, dices que controlas, pero se te va de las manos, y luego se come uno la cabeza. Lo que hicimos al final, también nos quedó un poco pensativos después, por el tema de enfermedades venéreas, por Olga, claro está.
Bueno, volviendo donde estábamos…, después que se pasó un rato chupando el pezón besando su teta, Olga echando su espalda para atrás un poco más, y más girada, puso la otra teta para que la chupara también, ahí dejamos de follar, aunque mi polla seguía en su vagina. Domingo iba como loco de una teta a otra, dando lengüetazos en sus pezones. En un momento, dejó el tanga sobre las piernas de Olga, se incorporó y puesto de pie, abrió otro sobre con la toallita, y se limpió la polla. Yo pensé, este cabrón va a por todas, y nos va a trastocar un poco el juego de exhibirse, tocar, correrse, que es lo que entraba dentro del límite que teníamos más o menos en nuestras cabezas. Pero bueno, podíamos marcar nosotros hasta donde quisiéramos llevar este juego. Así que seguimos con el juego, para ver hasta donde llegábamos después de ver esa imagen limpiándose su polla.
A pocos centímetros de mi cara y de la de Olga, Domingo colocó su polla, y me entraron ganas de meterla en la boca, y ver que se sentía como experiencia con semejante trabuco en la boca. Cuando estás caliente no se sabe que puede pasar. Tras sacar mi polla, Olga se sentó un poco más atrás de mis piernas para dejar que una de mis manos comenzará a masturbar su clítoris. Después de unos minutos, Olga entró en excitación máxima, Domingo no perdió la oportunidad y aprovechando, fue a por todas, y forzó un poco más la situación. Si salía bien, eso que se llevaba. Quien cojones pensaría salir de madrugada a pescar y vayas encontrar esta bola. Domingo arrimaba su polla cerca de la cara de Olga, mientras acariciaba su pelo y su espalda. Mi polla estaba de bajón, morcillona, se me había bajado un poco el empalme. Estaba muy pendiente de él, y no quería perderme nada, estaba como un perfecto voyeur de su pareja, pero en este caso, a unos pocos centímetros. Hasta ahora Domingo había sido muy correcto en lo que respecta al lenguaje en lo poco que había hablado, pero este hombre no se vería en otra como ésta, y ya le salió la vena de guarrillo, como a todos. Frases que recordamos, del pelo de: “morena, venga joder, chúpamela un poquito, sólo un poco, no me dejes así, hostia un poco”, mientras arrimaba la polla a su pelo, empujando con suavidad, buscando su boca. Olga miraba buscando mí “no”, o mi “si”, ya que, era la primera vez que se nos daba una situación así. Era ya otro límite, que el juego de la playa, e incluso éste, hasta el momento, eran bastante controlables, ahora, era pasar otro escalón más.
Ante la insistencia y la máxima excitación de Olga, él, jugó su baza, el cabrón a pesar de la edad, con su polla y glande gordísimo que parecía que iban a reventar, acercó su polla en el momento justo cuando apartaba parte de su melena, y se encontraba la boca de Olga entreabierta por el clímax y apunto de correrse. La punta de su glande que rozaba los labios superior e inferior comenzó a introducirse en el pequeño hueco de su boca, por lo que Olga, ante el empuje de Domingo y el apretón de su cabeza contra él, se tragó el enorme grosor de su polla. Las embestidas y el mete saca en la boca de Olga, hacía que yo a su vez también hacía movimientos más rápidos en su clítoris, que hacían que chupara con más ganas apretando más su boca. De forma inesperada, el cabrón de él, comenzó hacer ruidos, y le dije que no se corriera dentro, pero fue tarde, y Olga también con el jadeo de él, acelero su corrida poco segundos después. Dio la impresión que habían estado sincronizados en todo momento. A Olga no le dio tiempo a sacar la polla y la primera venida de semen y la más grande se quedó dentro de la boca de Olga, que se tragó, quedando restos en los labios por donde le escurría hacía la barbilla. Las siguientes sacudidas, fuera de su boca salpicaron su pelo y algo cayó en mí cara. Domingo nos pidió disculpas y perdón por no haber podido controlarlo. Yo al final me quedé con las ganas, debido al rollo de correrse en la boca. Pero bueno, vi a Olga que con ese orgasmo muy pocas veces la he visto tanto disfrutar.
Mientras nos limpiábamos, estuvimos hablando un rato, nos dio de corazón muchas veces las gracias y que le habíamos hecho pasar un rato que no olvidaría. Que si volvíamos por allí, y nos apetecía pasar otro rato, él estaba dispuesto, nos dio su teléfono, pero nosotros le dijimos que no le dábamos el nuestro, ya que nos gustaba tener anonimato. Aparte de todo esto, nos quedamos un poco temerosos de que tuviera algún tipo de ETS. Le preguntamos y nos aseguró y se reafirmó, que la última relación que había tenido sexual fue con la amiga que tuvo hace 6 años, que no iba de putas, y añadió que le habían puesto una prótesis de cadera hace dos años y medio, y que todo tipo de analíticas fueron bien, y que no había tenido ningún tipo de infección en todos estos años en los controles que se hacía de forma rutinaria. Bueno, nos quedamos algo más tranquilos, pero Olga se hizo analíticas específicas días y meses después. Y no tuvimos ningún problema. A partir de aquí, y aún pensando que es un poco arriesgado, nos pone está forma de sexo, muy de vez en cuando. Luego recordando y reviviendo esos momentos, no tiene precio cuando follamos. Si es cierto que, a raíz de esta situación, nos preocupamos de llevar algún tipo de gel íntimo y condones por supuesto.
Ya ha pasado tiempo de esto, y si volvemos que solemos ir bastante, igual nos acercamos a esa zona por si está pescando. Llamar no, porque igual luego se pone pesado y es un rollo. Las personas se enganchan y es una putada.