Crónica de una traición

Todo apunta a una obviedad terrible. Será que el autor está jugando con nosotros con alguna trampa o realmente será lo obvio?
No sé ustedes, pero el estilo me hace recordar un poco a Jejen.
En su oportunidad el relato debe hacer honor a su título, la traición debiera asomar en algún momento, la historia de Ignacio ha quedado regada de innumerables situaciones sospechosas que de manera implícita apuntan a una infiel Natalia, al parecer Tamara tiene mucha información que aportar para dilucidar de una vez todas esas dudas.:oops::unsure:;)
Gran capítulo se nos viene. :cool:
 
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crónica de una traición 4

Noemí cumplía doce años y, dentro de poco, comenzaría la educación secundaria. Natalia, en su derrotero, había profundizado todas las diferencias que, con el tiempo, se fueron produciendo entre nosotros: salía a cualquier hora, volvía a cualquier hora; ya no bastaba un fin de semana al mes fuera de casa, ahora eran dos y hasta tres veces. Esto llevaba ya mucho tiempo. Si esto seguía así, iba a ser mejor que lo dejáramos.



Estamos preparando la fiesta de quince años para Noemí; esta será una buena ocasión para realizar, con Natalia, una actividad en común. Desde que le planteé la separación, no quiso aceptarla y me pidió un tiempo para cambiar, y vaya si lo hizo. Dejó la empresa, donde tenía un cargo importante, y junto con dos amigas y excompañeras de estudios crearon una agencia de consultoría, análisis estadístico, encuestas, censo, relevamiento, marketing y consumo. Les está yendo bien. Natalia a través de los años y, por su actividad en el grupo, llegó a estar en contacto con el mundo empresarial. Esto le facilitó poder vender los productos de la agencia a distintas y numerosas empresas. Pero ahora está más ocupada que antes. El cambio es que parte de su tiempo libre lo pasa conmigo y nuestra hija. Nunca dejó de ser cariñosa conmigo. El problema es que yo, en ese momento, era poco receptivo.

Cuando le dije que sospechaba que tenía algún amorío, no reaccionó, pero se notó en sus gestos que acusó el golpe. Está claro que lo ha tenido. La amo y la he amado siempre, y, por nuestra hija, es que no he seguido con la idea del divorcio, pero mi corazón ya no responde como antes. Llamé a Tamara para invitarla a la fiesta de cumpleaños de Noemí. Me preguntó si Natalia estaba de acuerdo con su presencia en el evento. Le dije que no le había consultado, pero, a estas alturas, ya no acepto imposiciones. He aceptado siempre sus decisiones; ya es hora de que ella acepte las mías. De todas maneras, la pica contigo ya no existe. Ella te aprecia y siempre pregunta por ti. La fiesta de quince de Noemí se celebró en las instalaciones de un exclusivo salón de eventos y la asistencia fue numerosa, especialmente los amigos y compañeros de Noemí, además de los amigos, compañeros y familiares de nosotros, sus padres.



Hubo dos momentos que Ignacio tuvo que presenciar. Vio a Natalia hablando acaloradamente con Demetrio y, cuando vio esa escena por segunda vez, ocurrida en un lugar apartado de las instalaciones, tuvo que tranquilizarse y pensar. Salió al exterior, buscó un lugar apartado en el jardín y comenzó a beber tratando de serenarse. Lo que vio confirmaba sus sospechas: el amante era Demetrio. Aquella conversación con Tamara, cuando le contó que Demetrio iba a buscar a su puta al aeroparque, tenía tantas coincidencias que era imposible no dudar. Pero la amaba, y eso implicaba confiar, no suponer; acompañar, no controlar; apoyar, no desentenderse. Después de serenarse y, ante la confirmación de su sospecha por lo que había visto, lo llevó a pensar: ¿Cuánto tiempo hace que viene ocurriendo esto? Se dijo para sí: hace bastante que lo nuestro dejó de ser lo que era y ya, definitivamente, no lo volverá a ser. El mundo de Ignacio giraba alrededor de su hija y, por la felicidad de ella, iba a dejar que todo fluyera hacia donde el destino lo determinara. “Lo único que tengo es mi hija, y por ella lo daré todo, sacrificaré todo”, pensaba Ignacio.

...

Hacía bastante tiempo que Natalia no salía de viaje. Solo a lugares cercanos, muy de vez en cuando, y volvía en el mismo día. Casi no salía a tomar copas con sus amigas; si lo hacía, era en casa: ellas venían a visitarla. Los fines de semana llevaba a Noemí a las fiestas vespertinas para adolescentes y la iba a buscar. Algún sábado o viernes le pedía a Ignacio para ir a cenar, tomar algunas copas y reunirse con amigos. Jamás aceptaba bailar con nadie que no fuera Ignacio.

Ignacio sabía que todo era producto de su culpa. Se decía a sí mismo: “Las cosas que debe haber hecho”. Con el tiempo, Ignacio, por algunos “detalles", sospechaba lo que pasaba cuando él tenía que viajar. Solo cada seis meses viajaba y volvía al otro día. El resto del tiempo era esa cotidianidad de clausura que había adoptado Natalia. No quería elucubrar nada; estaba resignado.

La fiesta estaba en toda su intensidad cuando Natalia se sentó donde estaba Ignacio.

—Te estuve buscando por todos lados. Si no me avisa un amigo de Noemí que te vio aquí, todavía andaría dando vueltas.

—¿Terminaste de discutir con Demetrio?

—Me estaba contando que están en trámite de divorcio. Ese matrimonio hace tiempo que no va más.

Ignacio hacía tiempo que no hablaba de ese tema con Tamara, pero aprovechó para meter cizaña.

—Tamara me contó que anda revolcándose con una puta y parece que hace bastante tiempo.

Las semi penumbras del jardín no permitieron ver los colores de Natalia inundar su rostro.

—De todas maneras, ese tipo de conversación no da para una discusión.

—Me reprochó haberme retirado de la empresa, entonces le dije: entre la empresa y mi matrimonio no tuve mucho que pensar.

Lo tomó de la mano y le dijo:

—Vamos a divertirnos con los chicos; es la fiesta de quince de nuestra hija. Hagamos que todo sea alegría y felicidad. Ella se lo merece.

Ignacio

Cuando entré al salón, hice un repaso visual de la concurrencia. Las instalaciones eran amplias, pero la concurrencia era importante. Vi a Demetrio bebiendo en la barra y, cuando miré para la pista buscando a Noemí y su pandilla de atorrantitos, vi a Tamara a los saltos y a las carcajadas entre la pibada. Me acerqué, la abracé y le di un inmenso beso en la frente. Ella respondió de igual manera en mi mejilla, nos tomamos de la mano y empezamos a saltar junto con los chicos. No pasó mucho tiempo cuando Natalia se sumó al desenfrenado baile. Todo era jarana. Natalia me abrazó para que saltáramos juntos. Saltar abrazados estaba siendo incómodo; cuando logré separarme, vi sus ojos llenos de lágrimas. Le pregunté si estaba bien. Noemí, que observaba de cerca, se arrimó. Ella abrazó a su hija y, con el otro brazo, se aferró con fuerza a mi espalda y dijo algo que me conmovió: “Cómo quisiera que este instante fuera toda la eternidad, que el universo se detuviera en este momento y permaneciera así por siempre jamás. como estamos ahora. Los quiero tanto. Unos chicos amigos de Noemí vinieron por ella y se fueron a seguir la fiesta con los demás críos.

Natalia se quedó aferrada a mí, con su rostro hundido en mi pecho. Después de un rato me tomó de la mano; caminamos hasta unos sillones en un sector alejado del bullicio de la fiesta. Me invitó a sentarme; también lo hizo ella. Me abrazó, posó su cabeza sobre mi pecho, y no podría calcular el tiempo que estuvimos en esa posición. No podía entender lo que le ocurría a Natalia. Tuvo que pasar mucho tiempo y unas cuantas amarguras, broncas, resentimientos, desencuentros y situaciones desgraciadas para conocer la crueldad de lo que estaba sucediendo.

...

Estaba desconcertado. Hace tiempo que Natalia, desde que abandonó la empresa para gestar su nuevo emprendimiento, vivía enfocada en su trabajo y nuestro hogar. Pero mi corazón desalentado, no respondía a los gestos de esta nueva Natalia, a pesar de haberme conmovido con sus palabras y gestos el día de la fiesta de quince de nuestra hija. Las heridas de las mentiras y los engaños no cierran, por más voluntad que quieras ponerle.

Los días y las semanas fueron discurriendo en la rutina de siempre. Yo había adquirido el hábito de desentenderme de las cosas de Natalia. Ella no ponía ninguna objeción al respecto, pero en sus gestos, sus pocas palabras y sus eternos silencios eran un claro indicio de constricción. Me preguntaba si alguna vez, pudiendo superar todas estas desavenencias, la volvería a amar como antes. No encontraba la respuesta a esa pregunta. Ella seguía siendo una mujer bellísima.

Tamara

Me di cuenta muy tarde de que Demetrio vivió a la sombra de Ignacio en todo: el promedio escolar más alto, el coche más caro, los juegos electrónicos más sofisticados.

La familia de Demetrio tenía buenos ingresos (profesionales ambos), pero los padres de Ignacio tenían comercios y unas cuantas propiedades, de lo cual Ignacio jamás se ufanó.

El inexplicable resentimiento de alguien que lo tenía todo para destacarse y ser un triunfador. No le faltaba inteligencia, talento, enjundia. En un primer momento creí que algo sucedió, posiblemente en la niñez de estos dos pibes; pero se me ocurrió pensar que fue en la adolescencia o en la temprana juventud. Vivieron en el mismo barrio, fueron a las mismas escuelas (primaria y secundaria) y después, en distintas carreras, pero en la misma universidad. Aquello de que, cuando a Demetrio le gustaba una chica, ésta estaba muerta por Ignacio, también debe haber ocurrido a la inversa. Una de todas estas situaciones produjo esa herida, que en el caso de Demetrio, nunca dejó de sangrar.

Demetrio, un tipo extrovertido con un perfil de vencedor. Un gran seductor. Mis tres hijos son una clara prueba de haber sido seducida por él. Al poco tiempo de hacerse cargo de la supervisión de algunas empresas, en el área tecnológica, comenzó a tener resultados altamente satisfactorios.

Fue cuando comenzó su juego de seducción. Me sentí muy atraída por él. Mi padre, que veía en él a un enjundioso ejecutivo, cuando se enteró de que estábamos saliendo, no paró hasta verme casada con Demetrio.

Todos estos acontecimientos lo llevaron a hacerse cargo de la gerencia de esa parte del grupo.

Cuando se sintió firme en su cargo y con una fuerte ascendencia sobre muchos accionistas y directivos de la empresa, su conducta cambió. Ya no necesitaba ser el marido de la hija del director. Creo que ahí apareció el verdadero Demetrio.

En un principio lo tomé como esas cosas que cada tanto pasan, hasta que se volvió rutina. No necesité seguirlo ni hacerlo investigar para darme cuenta de que tenía, no una amante, sino otra vida.

Yo quedé asombrada de mí misma. Debí sentirme pésimo, dolorida, angustiada. No, nada de eso. Entre el seductor y la hija del director, se debió haber cultivado algo que afianzara la relación. Pero nada quedó de aquel deseo por un hombre atractivo, seductor, y el morbo de cogerse a la hija del jefe. Él no hizo nada por llegar a más, y creo que yo tampoco.

Cuando me enteré de quién era la amante, lloré con todo el desconsuelo. Ignacio siempre estuvo en mi corazón; quedé destrozada. Con toda la sutileza intenté hacerle saber a Ignacio sobre la infidelidad de Natalia. Me dio a entender que sabía de los amoríos de su mujer. Pero su prioridad, lo más importante, era la estabilidad emocional y familiar de Noemí.

Ignacio

Las tres agencias que tenía en el interior del país las visitaba cada dos meses o cuando las circunstancias lo determinaban. Todas estaban en capitales de provincias, a las que llegaba en vuelos regulares, salvo una, a la que llegaba en vuelo regular, pero, por cuestiones de horarios e itinerarios de vuelos, para regresar, tenía que esperar hasta las doce horas del día siguiente. Luego, algunas horas de viaje y estaba en casa. Los demás días que viajaba para visitar las otras agencias, iba y volvía en el día.

En resumidas cuentas: a las agencias las visitaba cada seis meses. Personas de mi entorno inmediato en la agencia viajaban, por cuestiones operativas, con mayor asiduidad.

Todo lo demás se hacía por la web.

El negocio se había expandido, no así mi horario laboral. Había delegado la responsabilidad en otras personas. Así pude ocuparme del cuidado de Noemí, por el largo tiempo que su madre le daba a la empresa o, por lo menos, es lo que me decía.

Cuando nos casamos, nos fuimos a vivir a la vieja casona que compraron mis padres, en un viejo barrio de calles empedradas, arboladas con álamos carolinos, encinos y jacarandas. La casona contaba con amplios dormitorios y dependencias, jardines, huerta, amplio comedor y, mi debilidad: un fresco sótano con bodega, fiambrera para que se curen y estacionen embutidos, jamones, bondiolas y quesos. Tres toneles con vino Cabernet, Malbec, Merlot, y una estantería de los mejores vinos envasados.

Separado de la bodega, por una hermética puerta, un recinto como parte del sótano que, para mantenerse aireado e iluminado, contaba con ventiluces de altura que daban a la parte baja de los muros exteriores de la vivienda donde comienza una pequeña vereda que circunda la edificación y la separa de los jardines.

Con mesas, sillas, banquetas y otros enseres, era el lugar donde, en más de una ocasión, he invitado a degustar fiambres y vinos, antes de cenar o almorzar, a los amigos y también algún cliente a quien he querido agasajar, por cuestiones comerciales y de negocios.

Había firmado un acuerdo con un importante empresario para prestar nuestros servicios de asesoramiento comercial, financiero, auditorías y gestión administrativa.

Para celebrar el acuerdo, lo invité a cenar a mi casa. Llamé al chef que siempre contrato para estas ocasiones; viene con todos los ingredientes, elementos e implementos para preparar una buena cena gourmet. Hace algunos meses, me llegó, como todos los años, una caja de seis botellas de una bodega muy exclusiva. Un vino que se produce en forma limitada y por encargo. Este vino lo tengo para acontecimientos muy especiales, como sería este caso. Para el consumo habitual preferimos trasegar vino de los toneles y, Natalia, cada tanto, prefiere como maridaje para determinadas comidas algún vino Chablis o Chardonnay.

Mientras el chef contratado terminaba de preparar y dar el toque final a la cena, invité al empresario y a su esposa, y juntos con Natalia bajamos para hacerle conocer y probar nuestros fiambres, quesos y vinos. Le di a elegir los fiambres y quesos con los que completamos una tabla. Quiso beber Malbec del tonel; trasegamos y nos sentamos a disfrutar, en el recinto del sótano, de una exquisita entrada de fiambres y quesos con vino Malbec, a la espera de que nos llamaran para cenar.

Cuando el chef nos convocó, presentó una mesa con exquisita decoración y buen gusto. Pedí permiso y bajé a la bodega a buscar una botella de ese vino tan exclusivo. Al abrir la caja, la coloqué sobre una tarima y, al igual que otras veces, la caja estaba abierta y le faltaban dos botellas.

Sé que Natalia y sus amigas no son afectas a estos vinos. Otra vez la sombra de ese canalla invadiendo mi tranquilidad.

¡Ay, Natalia! Mucha vida de hogar de constricción, pero cuando tenés un resquicio te enfiestas con esa larva.



Noemí cumplía diecisiete años, una edad muy especial para una niña. Ella no quería una fiesta de tipo familiar para su cumpleaños; prefería reunirse con amigos en una disco.

—No quiero viejos con cara de amargados en mi fiesta.

—Yo, tu madre, Tamara y algunos más que conocés no somos así.

—Sí, pero somos chicas entre diecisiete y diecinueve años y no queremos que esos viejos nos estén mirando el culo.

—¿Vos creés que los pibes de tu edad no van a hacer lo mismo?

—Sí, es lo que esperamos que hagan —dijo entre risas

—Vamos a hacer una cosa: alquilamos un local, servicio de lunch, torta, brindis y bebidas toda la noche. Las invitaciones las entregás vos.

—¡Siii! Papi, ¡te quiero!

La fiesta se realizó en un salón para eventos donde la concurrencia, esencialmente adolescente, contaba con la sutil, pero atenta, supervisión de los que somos familiares, amigos directos y algunos padres de los amigos y compañeros de escuela de Noemí. La idea era que, cuando detectábamos algún joven sacado, avisábamos a sus amigos y compañeros para que éstos pudieran serenar al que pudiera estar pasando líneas no aceptables. Nada sucedió que pueda ser destacado.

Pero sí hubo un evento indeseable...

Fue cuando Demetrio llegó borracho, intentando saludar a su ahijada. Noemí corrió a saludarlo, besarlo y, de paso, pedirle que se serene. Vestido totalmente desalineado, caminaba con dificultad; estaba dando un espectáculo deplorable. Tamara, que no había parado de sacarle fotos, se acercó y le dijo:

—Si no te vas ya, el lunes muestro estas fotos en la reunión de directorio, y se te acaba el poco apoyo que te queda. Te voy a poner de patitas en la calle, hijo de mil puta.

Gerardo y Matías, padres de compañeros de Noemí, que nos conocemos desde que nuestros niños eran pequeños, trataban de contenerme. Les agradecí el gesto y les dije:

—No se preocupen, no voy a arruinar la fiesta de mi hija por este hijo de puta.

Me quedé pensando: este reventado, por el mero hecho de cogerse a mi mujer, se cree con derecho a venir a joderle la fiesta a mi hija y a provocarme.

Después de un rato, Noemí me preguntó por su madre. No supe qué responder. Tamara se arrimó para decirme que Carmen, amiga de Natalia y madrina de Noemí, la llevó a la guardia de una clínica para que le administraran un sedante. Estaba con un fuerte ataque de nervios. Pensé: seguro que se sintió responsable por lo que ocurrió.

...

Al año siguiente, Noemí ingresó a la universidad. Estaba de novia con un chico de su misma facultad, que estaba cursando el último tramo de su carrera en biología. Promediando el año lectivo, todo transcurría con absoluta normalidad. La muchacha estaba muy entusiasmada con sus estudios. Su novio era unos pocos años mayor que ella. Después de clase y de estudiar, salían a reunirse con amigos y, los fines de semana, a divertirse, como corresponde a jóvenes de esa edad.

Noemí sufrió una descompensación mientras estaba en clase. Ignacio, al ser notificado, acudió de inmediato a la universidad. La habían trasladado al Hospital de Clínicas, dependiente de la facultad de medicina.

Le comunicaron que se encontraba estable, pero habría que realizarle algunos estudios para determinar, con mayor precisión la dolencia sufrida.

Durante esa mañana le hicieron extracción de sangre para laboratorio, ecografía y otros estudios que permitieran dar un diagnóstico adecuado.

Le pidieron a Ignacio una muestra de sangre.

—No creemos que sea necesario, pero si tenemos que consultar algún tema genético, no lo tendríamos que estar citando y, en caso de ser necesario, nos ayudaría a ganar tiempo.

Ignacio preguntó si iban a necesitar una muestra de su madre:

—Ella está con un grupo de colaboradores en una empresa en el sur del GBA y recién regresa esta noche.

El laboratorista le dijo que, si realmente fuera necesario, la citarían:

—Solo que, al encontrarse usted aquí, le sacamos una muestra, y si mañana, cuando termine el período de observación, viene su esposa para acompañar a Noemí, para cuando le den el alta, le pedimos una muestra a ella también. Los estudios estarán listos dentro de dos días y, en ese momento, sabremos si son necesarios estos análisis.

No hizo falta esperar hasta el otro día. Esa misma tarde le dieron el alta a Noemí y le indicaron que regresara dentro de dos días.

Las alarmas fueron un tanto exageradas. Era solo un embarazo. La chica, por pudor, no había dado toda la información, y eso produjo cierta imprecisión en el diagnóstico.

Natalia, que acompañó a su hija, sintió un gran alivio al escuchar la noticia y le preguntó a Noemí, sin tener en cuenta lo difícil que es, para un padre, hablar de esas cosas con su hija:

—¿Cómo no tomaste las debidas precauciones?

Pasaron algunos días. Un amigo que estudia biología y está haciendo las prácticas en los laboratorios llamó a Noemí para informarle de una cuestión extraña:

—Tu ADN no coincide con el de tu padre.

Continuará
 
He leído los cuatro capítulos seguidos, y he de decir que me han parecido entretenidos e interesantes. Aunque hay una cosa que no entiendo muy bien: Empieza la historia con el relato en primera persona de Ignacio, y de repente y sin explicación, pasa a un relato en tercera persona, ésto me despista un poco. No sabemos si está hablando Ignacio o un narrador. Queda claro cuando es Tamara la que cuenta su visión, porque su nombre figura antes de su exposición.
Es extraño que Ignacio no deje a Natalia después de saber lo que sabe. La excusa de la tranquilidad de la hija, no tiene sentido cuando ésta ya está en la universidad.
Parece ser que lo que hace enloquecer a Ignacio, es enterarse que no es el padre de Noemí... La infidelidad de Natalia , le importa relativamente poco.
 
En su oportunidad el relato debe hacer honor a su título, la traición debiera asomar en algún momento, la historia de Ignacio ha quedado regada de innumerables situaciones sospechosas que de manera implícita apuntan a una infiel Natalia, al parecer Tamara tiene mucha información que aportar para dilucidar de una vez todas esas dudas.:oops::unsure:;)
Gran capítulo se nos viene. :cool:
En lo del estilo de escritura, he pensado exactamente lo mismo.
 
En el texto original el narrador en tercera persona está escrito con letras diferenciada; pero al publicar la página lo hace en un mismo formato.
Si eso es así, sería un detalle de edición que arruinará cualquier publicación.
Debo admitir que la temporalidad me ha incomodado bastante, confunden esos saltos que dejan valiosa información sin desarrollarse, dejando hechos por asumidos en cada nuevo presente que nos estacionas.
Lo del tipo de narrador lo entendí, pero no es fácil, hay que repetir el ejercicio algunas veces, la historia es buena, pero noto cierta prisa en llegar al desenlace.
Te pido que tomes mi crítico interés como una honesta señal de agradecimiento a tu trabajo. :cool:
 
...
Es extraño que Ignacio no deje a Natalia después de saber lo que sabe. La excusa de la tranquilidad de la hija, no tiene sentido cuando ésta ya está en la universidad.
Parece ser que lo que hace enloquecer a Ignacio, es enterarse que no es el padre de Noemí... La infidelidad de Natalia , le importa relativamente poco.
Coincido.
También curioso lo ambiguo que ha sido el carácter de Ignacio, demuestra cierta sagacidad al enterarse de mucho sin necesidad de comprobaciones, sin embargo no concreta, no se impone al verse rodeado de manipulaciones, en ciertos momentos no parece sufrir, pero en otros está abatido, tal vez resignado, lo único que ha sido constante en él, aparte del deterioro del matrimonio, es su continua pérdida de amor hacia Natalia.
Lo de Noemí se daba por descontado. :cool:
 
Crónica se una traición 5


Demetrio preguntó: —Ignacio, ¿tú no estabas de viaje? ¿Cómo es que llegamos acá? ¿Por qué estamos atados?

—Tú, mil veces maldito, cuando me hiciste sentar al lado de esta basura, ya era tu puta, a la que preñaste con la hija que crié, eduqué y amé con todo mi corazón, creyendo que era mía.

—¡No! —interrumpió ella—. Es tu hija y de nadie más, porque pertenece a lo más valioso que tú tienes: ¡tu corazón!

La miró con todo el desprecio que le nacía de las tripas y continuó:

—Anoche, cuando tan alegremente bebieron ese vino tan caro y exclusivo de mi bodega, que les produjo tan profundo sueño, jamás pensaron que sería el de la última cena.

—Mi amor, tú sabes cuánto te he amado y te amo. Te lo he demostrado todo el tiempo.

Esbozando una sonrisa sarcástica, contestó: —Todo lo que salga de tu boca son mentiras, falacias y engaños. Maldita puta infiel. Nunca dejaste de ser la puta de este parásito. Mirá cómo tiembla tu macho alfa.

Ella se giró y, al constatar lo dicho por Ignacio, con un gesto de resignación dijo: —¿Macho alfa? A tu lado es un cascote. Siempre fuiste la envidia de este puto perdedor.

Ignacio continuó: —Esos chillidos que escuchan son ratones que me trajeron del Matto Grosso: feroces, agresivos y voraces carnívoros enjaulados. Después de unas horas sin comer, habrán reducido sus tamaños y podrán atravesar los barrotes. Se alimentarán de nuestros cuerpos. Yo no sufriré, porque para ese entonces estaré muerto.

Ignacio tomó un vaso, bebió su contenido, tuvo una serie de convulsiones y cayó para atrás, en el desnivel del piso, de una altura de tres escalones. Se perdió de la vista de los azorados y perplejos prisioneros.

Ignacio, al caer a la parte baja del piso de la casilla, produjo un fuerte estruendo, y durante algunos segundos se siguieron escuchando los golpes que, con sus extremidades producto de las convulsiones, daba a diestra y siniestra.

El pánico y la desesperación se apoderaron de Demetrio. Ignacio dejó este mundo en pocos segundos. El infierno había comenzado.

De pronto, todo quedó en silencio. Solo se escuchaba la intensa respiración de Demetrio, agitada por la desesperación. Después de un tiempo imposible de medir, Natalia comenzó a llorar desesperadamente. Demetrio trataba de calmarla diciendo que tenían que serenarse y pensar en cómo salir de esa situación. Ella balbuceaba incoherencias, llamaba a Ignacio, pedía perdón y decía: “Yo tenía que morir, no tú”.

El terror de ser devorada por esas infernales criaturas no era registrado por Natalia, que repetía: “Nacho, mi amor. Nacho, mi amor… Noe, mi vida. Noe, mi vida…”

Las casillas de madera, que se construyen en esos lugares, son asentadas sobre troncos del mismo monte que se usan como pilotes para darle una determinada altura y evitar que el agua, al subir la marea, ingrese a la misma. Fue por una abertura que había en el piso por donde salió Ignacio, después del acting del suicidio. Subió al bote en el que llegó con la pareja narcotizada, remó hasta alejarse lo suficiente, encendió el motor fuera de borda y se alejó de aquel lugar.

Dos días después, Tamara, advertida por Ignacio, apareció acompañada de algunos colaboradores. Cortaron las cuerdas que sujetaban a los dos maniatados, en estado de confusión, carentes de entendimiento y ajenos a la realidad. Natalia salió de la casilla con los ojos y la mirada en blanco y así, en ese estado de inconsciencia, se internó en el monte y no supieron dónde buscarla. Demetrio, en un estado totalmente alterado, con dificultad para hablar y desplazarse, balbuceaba frases inconexas.

Cinco días después apareció Natalia al costado de un camino vecinal, con su piel ronchada por las picaduras de mosquitos, insectos y alimañas. Totalmente deshidratada, en estado cuasi psicótico y desfalleciente, estuvo a punto de morir. Semanas y meses fueron necesarios para recuperar su salud física, y la mental le llevaría mucho más tiempo. Demetrio contó con la contención de sus hijos y sus padres, que no entendían qué le había pasado. Tamara siguió todo este proceso desde lejos, preocupada por el dolor que esto les provocaba a sus hijos y nada más.

Natalia estaba sola en una clínica, sin la contención de ningún familiar. Su madre no estaba enterada y, hasta que sus socias y amigas se enteraron, estuvo sola y abandonada. Nadie tenía idea de dónde vivía su madre. Estaba inconsciente y lo estuvo por bastante tiempo.


Ignacio

Los ratones nunca existieron y no tengo idea de qué tipo de roedores habitan el Matto Grosso. Era una grabación que manejé desde mi celular. Tenía todo monitoreado con dos cámaras: una normal y otra con lente de visión nocturna. La idea era asustarlos y dejarles un recuerdo con un buen trauma, por toda una vida de engaños.

Nunca fue mi intención hacerles un daño que fuera permanente. No tuve en cuenta el factor culpa de ella. Amé con locura a Natalia y esos años fueron los más hermosos de mi vida. Mientras ella se revolcaba en la estupidez, yo sentía el cielo en mis pies y era el hombre más feliz de la tierra.

Después de lo sucedido en esos dos días y al estar al tanto de lo ocurrido con Natalia, hice un fideicomiso para ser administrado por Tamara, que cubriera el costo del tratamiento de Natalia. Le di instrucciones a mi abogado y amigo para que fueran protegidos sus activos en la agencia, en la cual ella era la socia mayoritaria.

El nacimiento de mi nieto significó un bálsamo para mi corazón y mi alma. Ver los ojos de felicidad de mi niña con su bebé en brazos lo cambió todo. No lleva mi sangre, pero sí mi corazón, mi alma, mis desvelos, los momentos más hermosos, mis lágrimas y mis risas. Nada de eso puede ser tapado por un detalle menor. Mi sangre es de ella y no hay cosa más sublime en el universo que supere esa dicha.

Ángel, pareja de Noemí y papá de mi nieto, consiguió un puesto de bioquímico en los laboratorios de un hospital en las afueras de Barcelona. Cambiar de aire y de ambiente era una buena manera de comenzar a tomar distancia de todo lo ocurrido y facilitarle al olvido la dura tarea que tenía por delante.

Antes de viajar, Noemí y Ángel decidieron casarse. La ceremonia fue austera, no había espíritu de fiesta. Llamé a algunos contactos que, por cuestiones profesionales, tengo en aquel país. Les solicité que me buscaran una buena ubicación y poder alquilar un departamento con opción de compra; iba a ser mi regalo de boda.

Viajé con ellos para arreglar todo lo atinente al lugar que iban a tener de residencia y ayudarlos en todo aquello que pudiera ir surgiendo. Noemí ya estaba llevando adelante su segundo embarazo.

De regreso al país me mudé a mi antiguo departamento, que está en el mismo edificio donde funciona la consultoría. El viejo caserón, que guarda el recuerdo de mis amados viejos, estaba lleno de fantasmas: Noemí correteando por los pasillos, los sillones donde tantas veces le hice el amor a Natalia y aún puedo percibir su perfume, impregnar sensorialmente mis recuerdos. Una angustia que termina en llanto, demoliendo emocionalmente mi endeble estabilidad.

Después de un tiempo acomodé todas mis cosas. No es fácil renunciar a todo aquello que construí con la ilusión de los sueños y el esfuerzo de años de trabajo.

El pretexto fue estar cerca de mi hija y mis nietos. Pero tenía la duda, si esto no era estar huyendo. Recordé la vieja zamba del Potro Guarany: "Como el que se prende fuego / andan los presos del miedo / De nada vale que corran / Si el incendio va con ellos".

El miedo a los recuerdos, el miedo a la soledad, el miedo al vacío en mi alma, el miedo a despertar y sentir que ya no tiene sentido llegar al final del día.

Convertí mi empresa en una S.A. Le vendí el 30 % de las acciones a quien pensé que debía estar al frente. El 20 % me lo quedé y el resto lo vendí a quienes iban a formar parte del directorio.

Partí buscando refugio en el santuario que siempre me cobijó: el brillo en los ojos, la hermosa sonrisa y el amor infinito de Noemí y ahora, con la bella inocencia de mis nietos.

Noemí no quiere oír hablar de su madre. Cada vez que le preguntan, dice que murió en un accidente. ¡Qué difícil es olvidar! Qué triste se ha vuelto todo. Las lágrimas y el llanto no calman la desolación. Pero estoy cerca de lo que más amo, y eso irá reconfortando mi alma.

Tamara

A Ignacio lo conocí al inicio de nuestras carreras universitarias. Comenzamos un noviazgo en el cual yo conocí a su familia y él a la mía. Entonces pudimos saber que nuestros padres habían hecho negocios en el pasado y que, hasta el fallecimiento del padre de Ignacio, conservaban una buena amistad. Mi padre recordaba a Ignacio cuando este aún era un niño.

Mi madre, después de mi nacimiento, padeció una enfermedad que le impidió volver a embarazarse. Desconozco cuánto pudo haber afectado su ánimo esa circunstancia. Mamá murió hace algunos años.

Todo esto le hizo comprender a mi padre que la única que iba a tener para ponerse al frente del grupo era yo. A partir de ese momento, siendo muy joven, me preparó técnica, espiritual y mentalmente para el liderazgo. Esto se metió hasta en la sangre y acentuó mis convicciones.

Después de dos años de un amoroso noviazgo con Ignacio, en el que bebí de su humanidad y de su sentido de la solidaridad, mi alma y mi corazón se impregnaron de su esencia. Esto me hizo entender que ser justa y equilibrada también es eficiente en términos operativos. Comprenderlo me ha ayudado a sentirme en paz con la vida y a tomar decisiones atinadas y correctas.

Ignacio me dijo: “No voy a poder acompañarte”, la tarde que más lloré en mi vida. “Tú tienes un destino inexorable y yo, por mi forma de ser, voy a ser un estorbo y te voy a perder como pareja y como amiga. Prefiero perder algo de ti y no todo”. Me llevó algún tiempo comprenderlo, pero cuando lo hice, fui a verlo y volvió a llorar en su pecho. No fue la primera vez ni tampoco iba a ser la última. Él es la persona en la que más confío. Puede ocurrir que pasemos tiempo sin estar en contacto, pero nunca estamos separados en los afectos y los sentimientos. Ignacio no solo es mi amigo, es parte de mi alma y mi corazón.

Por todo lo que ha ocurrido estoy apenada, triste y sufro, porque esa parte de mí que es Ignacio también lo está.

Sabía que esto, en algún momento, iba a suceder. Ignawcio lo repetía a cada instante y a quien quisiera escucharlo. Lo más preciado que tengo en la vida es mi hija. Hasta eso le profanaron a mi querido amigo.

Todo esto me resultaba abrumador, inentendible, absurdo, demencial. No voy a justificar lo que hizo Ignacio; pero habría que haber estado en su piel.

Repasaba mentalmente el historial de estas dos personas tan ligadas a mi propia historia y sentimientos. Esto me hizo querer saber qué fue lo que sucedió entre estos dos amigos de siempre. Mis años como esposa de Demetrio me permitieron conocer personas de su entorno y amigos de su juventud. En eso me centré y comencé a recopilar datos. Quise saber qué llevó a Demetrio a esta locura de elaborar tan macabro plan para vengarse de un hombre que, estoy segura, si hizo algo, lo debió haber hecho como esas cosas propias de esa etapa de la vida.

Contraté a un investigador que, con todos esos datos más los que él recopiló (que no fueron pocos), logró armar el rompecabezas.

Demetrio estaba enamorado de una chica muy bonita, pero para ella él solo era un buen amigo. Cuando vio a la chica de sus sueños salir con Ignacio y notó cómo ella lo esquivaba, se sintió pésimo. Después de un tiempo no se supo más nada de la muchacha. Demetrio increpó a Ignacio. Este le dijo que había tenido unos problemas y se había vuelto a su pueblo con sus padres.

Demetrio fue a la pensión donde ella se hospedaba y obtuvo información imprecisa: le dijeron que se había hecho un aborto rudimentario y que había muerto en la operación.

El dolor y la furia no lo dejaron pensar, y a partir de ese momento comenzó a planificar la venganza. Lo que Demetrio nunca supo ni trató de averiguar fue lo que realmente ocurrió.

El aborto se realizó en una clínica de alta complejidad. Ignacio estuvo siempre a su lado. Después de la operación, la llevó a su casa y la cuidó hasta que estuvo recuperada. Ella decidió volver con sus padres e Ignacio la acompañó. Al regresar, la esperó, pero ella nunca volvió. Con el tiempo, Ignacio pasó la página y siguió adelante.

En la actualidad, ella es enfermera, tiene dos niños y está casada con un médico.

Estupor, desasosiego, indignación. Eso fue lo que me produjo saber que la chica se llama Noemí
El descalabro emocional y psiquiátrico que sufrió Demetrio, por culpa del dispositivo sonoro de los chillidos de ratones, preocupa a los neurólogos y psiquiatras que lo atienden. Temen que sea permanente. No me alegro. Él es el padre de mis hijos, quienes están sufriendo al ver a su padre en esas condiciones. Fue alguien a quien amé. Lo que le ocurre me preocupa, pero no me quita el sueño
Comencé a indagar sobre Demetrio y Natalia. Le pedí al investigador que averiguara. Le di una nómina de empleadas de la empresa, de las que sabía que eran muy allegadas a Natalia cuando trabajaba aquí. Le dije que, si bien era muy factible que no supieran mucho del pasado ni de los amoríos de ella con mi ex esposo, quizás podrían tener información sobre personas ajenas a la empresa que la conocieran de siempre. Tal vez alguna de ellas fue su confidente y podría conocer cómo se dieron todos estos despropósitos.
No fue fácil. Supuse que en el entorno laboral difícilmente alguien debería saber lo que estaba sucediendo, podría traerle problemas. Esto me hizo suponer que sus excompañeras no debían estar muy enteradas de la historia de su amiga. Sin embargo, cuando el investigador habló con Carmen, esta la conocía de antes. Una exempleada nuestra muy amiga de Natalia. ella contó todo. Cuando el investigador me explicó los detalles lloré. Lloré por Ignacio, por Noemí, pero principalmente por Natalia, la peor de todas las víctimas de esa mierda montada por ese hijo de puta reventado de Demetrio. Hacer lo que hizo solo se podría entender en alguien con evidentes grados de psicopatía, lo que explicaría la dificultad para salir de su actual estado de salud. ¿Cómo pude vivir tanto tiempo con alguien así sin darme cuenta?
Me hice cargo del fideicomiso que le dejó a Ignacio para los gastos de la atención de Natalia y me tomé el trabajo de visitarla y ayudarla con sus ejercicios de rehabilitación. Mi ocupación y responsabilidad empresarial no me dejaban mucho tiempo, así que envié a un empleado para que su madre viniera a hacerle compañía. Todo cambió cuando Natalia empezó a recuperar la conciencia. Lo primero que preguntó fue por su hija, y cuando se enteró de que Ignacio estaba vivo, dibujó la sonrisa más hermosa de una mujer hermosa. La abracé, le pedí perdón y lloramos juntas.

Ignacio

Acabo de tener una teleconferencia con Tamara, para ponernos al tanto de cómo van las cosas por allá y por acá. Después de contarnos nuestro día a día, me comentó sobre una investigación que ordenó para conocer lo ocurrido con Natalia y Demetrio. No me dio detalles, pero me dio a entender que, en todo lo ocurrido, la peor perjudicada ha sido Natalia, quien, cuando se enteró de que Noemí está bien, que yo estoy vivo y que es abuela de dos nietos, en pocas semanas recuperó su salud, algo que los médicos suponían que duraría meses, quizás años.

Noemí está muy dolida con todo esto; además, está estudiando y tratando de recuperar el retraso por los nacimientos, el traslado y la radicación en otro país.

No creo que se pueda arreglar nada, pero quiero escuchar a Tami. No creo que la lacra de Demetrio le haya puesto a Natalia una pistola en la cabeza para hacer lo que hizo.

...

Han pasado algunos años de los sucesos de la costa del Río.

Natalia ha recuperado totalmente su salud física y mental y se ha reintegrado al funcionamiento de la agencia. Sigue siendo la socia mayoritaria, pero ha dejado la conducción en manos de quienes lo venían haciendo hasta ahora y decidió meterse de lleno en todo el trabajo técnico-analítico, que le permite tener la mente ocupada y distraerse.

Su padre había fallecido hace algún tiempo y sus hermanos más pequeños se convirtieron en técnicos informáticos y habían migrado a otras ciudades.

Tamara se encargó de averiguar el domicilio de su madre, quien viajó en reiteradas ocasiones, pero el domicilio de la vieja casona estaba desocupado. El teléfono de Natalia estaba sin señal y no sabía dónde pedir por su hija. Estaba desesperada. Cuando Tamara supo la dirección de la mamá de Natalia, le avisó que la iban a ir a buscar. Envió a un empleado de su confianza a buscarla. La dulce mujer no paraba de llorar por la emoción.

Su madre acompañó a Natalia en su recuperación y ahora es su compañía permanente, amorosa y necesaria.

Ignacio no vendió ni alquiló la vieja casona. Es por eso que, algunos fines de semana, la empresa de higiene que presta servicios en las oficinas de la agencia es contratada por Natalia para hacer la limpieza de la vieja casona. Una vez que los trabajadores terminan la tarea, Natalia recorre lenta y pausadamente todas y cada una de las dependencias y recintos de la antigua morada, para que su piel se impregne de recuerdos y los fantasmas de la felicidad pasada acaricien su desolado corazón. Después se sirve un vino, se sienta en el recinto anexo de la bodega y se deja llevar en la evocación de aquel momento sublime, en la fiesta de quince años de Noemí, cuando, abrazada a su hija y a Ignacio, lloró de felicidad y, presintiendo lo inevitable, pidió que el universo se detuviera en ese momento.

...

Demetrio, como lo diagnosticaron los médicos, quedó con una afección mental y neurológica del tipo permanente. Los profesionales piensan y confían en que, con la medicación y los tratamientos prescritos, con el tiempo, podrá ir recuperándose y llevar una vida normal.

El veneno en su corazón sigue intacto. Cuando se entere de que Ignacio sigue vivo, será el aliciente para recuperarse e ir por la venganza definitiva.

Continuará
 
Última edición:
.... creo que la lectura se ha complicado demasiado, alguien dio una información totalmente falsa a Demetrio, alguien decidió que "la chica de sus sueños" habia fallecido por un aborto, embarazo que Demetrio deduciría que era de Ignacio.

Ignacio sabia de todo ello, nunca desmintió la muerte y prefirió guardar silencio, y al parecer si tan amigos eran, debia de saber del Amor de demerio por esta chica.... Es decir, Ignacio en vez de contar que lo que fue se terminó, prefirió que Demetrio siguiera con la información falsa.


¿alguien me puede aclarar o desmentir lo que he entendido?.

Es Ignacio tan inocente?. Es Demetrio tan culpable?.

A ver como sigue la historia.

Gracias al Autor.
 
Lo que entendí.
La chica de la discordia sigue viva, felizmente casada, con dos hijos.
En algún momento de su juventud, esta chica prefirió a Ignacio sobre Demetrio, quien enamorado de ella al sentirse rechazado nunca lo aceptó, nunca fue una disputa abierta entre ellos, pero al notar su "desaparición" Demetrio le exige saber que sucedió con ella, supongo que Ignacio responsable de su embarazo, y cuidando la reputación de ella, no cuenta la verdad de su ausencia, obligando a Demetrio a averiguar por su cuenta, lo hace sin profundizar, quedándose con la inexacta versión del casero donde residía, con todo esto el resentimiento que Demetrio ya arrastraba contra Ignacio, sumó la imagen del amigo que se aprovechó de su amada, dejándola embarazada a su suerte, con el resultado de su muerte, cuando sabemos que Ignacio nunca la dejó sola, siendo ella que se alejó de ellos.
Esta seguidilla de desencuentros, generó en Demetrio la sed de venganza que lo persiguió durante toda su "amistad" con Ignacio, la causa de lo sucedido hasta ahora, está por verse la forma que coaccionó a Natalia, si es que la hubo realmente. :cool:
 
Este capítulo me resultó algo confuso la verdad.
Es bastante complicada la forma en que chabomperdido2 nos cuenta la historia, tanto salto temporal dejando situaciones sin resolver, que años después aparecen resueltas de la nada, hace a este relato asemejarse a lo que sería un resumen de lo que parece ser una historia más grande, una muy rica en valiosos hechos y situaciones. :cool:
 
Lo que entendí.
La chica de la discordia sigue viva, felizmente casada, con dos hijos.
En algún momento de su juventud, esta chica prefirió a Ignacio sobre Demetrio, quien enamorado de ella al sentirse rechazado nunca lo aceptó, nunca fue una disputa abierta entre ellos, pero al notar su "desaparición" Demetrio le exige saber que sucedió con ella, supongo que Ignacio responsable de su embarazo, y cuidando la reputación de ella, no cuenta la verdad de su ausencia, obligando a Demetrio a averiguar por su cuenta, lo hace sin profundizar, quedándose con la inexacta versión del casero donde residía, con todo esto el resentimiento que Demetrio ya arrastraba contra Ignacio, sumó la imagen del amigo que se aprovechó de su amada, dejándola embarazada a su suerte, con el resultado de su muerte, cuando sabemos que Ignacio nunca la dejó sola, siendo ella que se alejó de ellos.
Esta seguidilla de desencuentros, generó en Demetrio la sed de venganza que lo persiguió durante toda su "amistad" con Ignacio, la causa de lo sucedido hasta ahora, está por verse la forma que coaccionó a Natalia, si es que la hubo realmente. :cool:

bien bien... la Noemí originaria decidió abortar, era joven, Ignacio la acompañó y la cuidó y no pareció disconforme con la decisíon. Luego Noemí decidió irse con sus padres para nunca volver, e Ignacio, en vez de contarle que la chica está viva y que decidió romper la relacion "le cuida su reputacion" guardando silencio. Demetrio deduzco que nunca reveló "su descubrimiento impreciso" e Ignacio ignoraba -valga la cacofonía- que Demetrio sufría por la muerte de Noemí atribuyéndole el resultado.

Lo siento, pero sin querer el relato echa mierda a Ignacio, Demetrio es culpable de toda la mierda que hizo después, pero no le veo el culpable de todo. Me falta su versión, Ignacio tiene unos aires de perfeccionismo que no terminan de cuadrarme.

Aunque suene raro, ningún personaje termina de convencerme.
 
El argumento es un poco enrevesado, no quedan claras las motivaciones de los personajes. Espero que el autor aclare todo en los siguientes capítulos.
La lógica indicaría que Ignacio, debería haberse divorciado de Natalia, cuando se enteró que le era infiel.
La posterior" performance ", no tiene mucho sentido, aparte de ser claramente delictiva. 🙃🤔
 
bien bien... la Noemí originaria decidió abortar, era joven, Ignacio la acompañó y la cuidó y no pareció disconforme con la decisíon. Luego Noemí decidió irse con sus padres para nunca volver, e Ignacio, en vez de contarle que la chica está viva y que decidió romper la relacion "le cuida su reputacion" guardando silencio. Demetrio deduzco que nunca reveló "su descubrimiento impreciso" e Ignacio ignoraba -valga la cacofonía- que Demetrio sufría por la muerte de Noemí atribuyéndole el resultado.
Lo siento, pero sin querer el relato echa mierda a Ignacio, Demetrio es culpable de toda la mierda que hizo después, pero no le veo el culpable de todo. Me falta su versión, Ignacio tiene unos aires de perfeccionismo que no terminan de cuadrarme.
Aunque suene raro, ningún personaje termina de convencerme.
Según lo relatado hasta ahora ningún personaje supera la prueba de la blancura, mentiras, secretos, u omisiones que hacen a cada uno responsable de algún daño o dolor causado a otro.
Ese perfeccionismo que te intranquiliza en Ignacio, a mi parecer puede ser algo del carácter controlador presente en su personalidad emocionalmente plana, una que llega a ser indolente a su propio dolor, con momentos que no parece correr sangre por sus venas.
Tuvieron que pasar años sin actuar en consecuencia a hechos que se fue enterando, que nunca tuvo el valor de comprobar, para recién hacer algo, lo atribuyo a su deseo de no alterar el ambiente de confort donde acostumbra a funcionar de forma ideal.
Me parece que serán impactantes las confesiones de Natalia, conocer cuánto más arrastrarán sus verdades, asumiendo que cada palabra suya sea esta vez una verdad. :rolleyes::unsure:;)
 
Acabo de encontrar este relato y lo he leído del tirón.
En un principio pensaba que estaba clara la infidelidad de Natalia con Demetrio, pero ya no lo tengo tan claro.
 
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