El inquilino universitario 2: El reencuentro

Capítulo 9



El miércoles por la tarde me pegué una paliza tremenda para dejar el piso reluciente y recogido; quería que Mónica estuviera a gusto y lo viera todo limpito. Después por la noche me costó dormir, tenía la sensación de que quedar con ella, sin decir nada, era casi como cometer una infidelidad. Íbamos a vernos a escondidas de nuestras respectivas parejas para hablar de un hijo en común del que acababa de conocer su existencia.

Antes me aseguré de que Sofía no se presentaría por sorpresa en mi casa. Era muy raro que lo hiciera entresemana, pero cualquier precaución era poca. Al salir del trabajo la llamé y le dije que iba a estar en el gimnasio y ella me contestó que se encontraba en el curro, que todavía le quedaba un ratito y que después solo tenía ganas de cenar algo rápido y meterse en la cama.

Con el horizonte despejado llegué a casa, me pegué una ducha y esperé a que llegase Mónica. A las ocho en punto sonó el timbre. Apareció con una bolsa de deporte y ropa cómoda para hacer yoga: mallas negras ajustadas, una camiseta blanca, suelta, y sudadera de capucha blanca con la cremallera desabrochada.

Pasó con un tímido «hola», no hubo nada de contacto entre nosotros, ni apretón de manos ni dos besos, y rápido ocupó una silla en la pequeña mesita del salón.

―¿Aquí mismo? ―me preguntó sacando un portátil de su bolsa―. Le he dicho a Fernando que tenía clase de yoga, a veces doy alguna particular y me desplazo a los domicilios, suelo llevar el ordenador por el tema de la música y tal, así no sospechará nada raro; pero, eso sí, solo dispongo de una hora…
―De acuerdo ―dije sentándome en la silla que estaba a su izquierda―, para empezar es más que suficiente…

Se notaba que Mónica no estaba cómoda, temblaba ligeramente y se había ruborizado sin que yo hubiera hecho el más mínimo comentario. Unas gotitas de sudor perlaban su frente y buscó las carpetas de fotos que había preparado.

―¿Estás bien?
―Sí, no te preocupes, a veces me dan estos calores, pero es normal… ―Se quitó la sudadera y la colgó en el respaldo de la silla.
―¿Quieres algo de beber?
―Agua, por favor…

Y en lo que encontraba la carpeta de fotos, me acerqué a la cocina y le dejé un vasito en la mesa.

―Bueno, pues empezamos… ―anunció cuando en la pantalla salía la imagen de Iker de recién nacido―. Esta es la primera foto que le hicimos, nació el 20 de febrero y pesó…

Durante una hora intenté olvidarme de que la mujer con la que estaba en mi piso, a solas, era con la que había mantenido una relación secreta cuando me tuvieron como inquilino. Solo ella y yo sabíamos lo que había sido convivir en su chalet durante esos meses y todas las locuras que hicimos.

Me concentré en lo que me iba contando mientras veía fotos del chico en el parque, en la guardería, sus primeros viajes… Y sí, me despertó un sentimiento muy bonito, que todavía no era un amor incondicional de padre, lógico, era muy pronto, pero a la vez también estaba muy nervioso, como ella. Ni yo mismo sabía si el motivo de haber querido quedar con Mónica era porque estaba interesado en ese chiquillo o porque quería pasar tiempo con ella a solas.

O las dos cosas.

El caso es que en el ambiente flotaba esa sensación extraña de intentar comportarnos como adultos civilizados, cuando años atrás habíamos sido unos putos salvajes. Y en el fondo eso estaba latente, porque podíamos aparentar una cosa, pero los dos conocíamos hasta dónde éramos capaces de llegar cuando se desataban nuestras más bajas pasiones.

Y eso era muy difícil pasarlo por alto. Casi imposible.

Además, nuestra relación terminó de manera muy abrupta, no fue algo que se fuera desgastando con el tiempo, no, cuando dejamos de vernos, ni tan siquiera habíamos llegado a nuestro punto más álgido. Cada semana que pasaba era más sucia, lasciva y lujuriosa que la anterior, y aquello estaba derivando en una espiral de sexo que iba ganando en atrevimiento, sin que se llegara a vislumbrar dónde se encontraba nuestro límite. Y yo estaba convencido de que Mónica jamás había disfrutado de un sexo igual.

Ni tan siquiera parecido.

Quizás a mí me pasaba lo mismo, lo de Elvira fue muy salvaje, morboso, pero no tenía esos nervios de lo prohibido, de lo tabú, de que nos pudieran pillar. Elvira y yo follábamos y a ella se le ocurrían toda clase de obscenidades, que rozaban el BDSM a veces, o incluso lo superaban; pero no era igual. Y después estuve con otras chicas hasta que conocí a Sofía, y lo mismo. Nunca disfruté de ese sexo que hace que mientras lo prácticas te coman los nervios por dentro, ese sexo con el que te dan ganas de devorar al otro a bocados, como un manjar delicioso que no quieres que se acabe, que hace que a la vez que se la metes necesites morder su hombro, apretarle las tetas, y cuando por fin te corres, todavía te sabe a poco. Necesitas más. Y te abrazas con ella, sudando, temblando, cachondos, y después se agacha y te come la polla mirándote a los ojos y luego se te pone a cuatro patas y te suplica que te la folles por detrás, que penetres ese culo que precisamente has estrenado tú y eres el único que lo ha probado.

Eso era el sexo con Mónica.

Y los dos nos quedamos con ganas de más. De mucho más.

Lo de Sofía era distinto. Quizás ha sido la única mujer de la que me he enamorado, y seguía estándolo. Nos entendíamos de maravilla en la cama. Cuando la conocí, era virgen y yo la fui moldeando a mi gusto y, además, ella no me decía que no a nada. Teníamos un gran sexo, con amor, lo que era un plus que yo nunca había sentido. Y la verdad es que eso me gustaba, era como alcanzar la plenitud.

Con Mónica nunca sentí amor, no había sentimientos hacia ella. Solo me la quería follar.

Y allí la tenía en mi salón, con la voz temblorosa, hablándome de nuestro hijo. Y yo me comporté de manera correcta, ella me lo había avisado, a la más mínima cogería el ordenador y no volvería a saber nada más del chico.

Pero su presencia me desconcertaba, seguía oliendo igual, usaba la misma fragancia, y el estar tan cerca y no poder tocarla me ponía muy nervioso. Tampoco sabía si quería hacerlo, no quería hacerle eso a Sofía otra vez, ya había metido la pata suficiente con lo de Laura como para ahora comenzar una relación con Mónica. Cuando llegó la hora exacta, cerró la tapa del ordenador y me dijo que se tenía que ir.

No nos había dado tiempo a ver todas las fotos que ella tenía preparadas, de hecho creo que nos quedamos en el cuarto cumpleaños de mi hijo, así que todavía faltaba bastante material por ver.

―Volveré a llamarte. ―Y se puso la sudadera que tenía en la silla y después se pasó su larga melena por un hombro―. Lo único que…

Se quedó callada unos segundos y le dio un trago al vaso de agua, mojando sus carnosos labios.

―¿Pasa algo?, te he molestado en…
―No, no es eso, es que, bueno, la siguiente vez preferiría quedar en otro sitio.
―¿Es que no has estado cómoda?
―No mucho, la verdad, estar aquí en tu casa, no sé…, me gustaría que nos viéramos en otro lugar más neutral…
―Como prefieras, además, tampoco íbamos a poder quedar ya aquí, espero mudarme cuanto antes, en uno o dos meses, y después me voy a vivir al lado de Sergio y Laura; así que casi mejor no vernos allí, claro. ¿Y ya has decidido dónde quedaríamos?
―No, lo tengo que pensar…
―¿Cuándo va a ser la próxima cita?
―Ahora es mala época, entre vacaciones y demás.
―Nosotros a finales de julio nos vamos a Ibiza.
―Vale, pues a la vuelta nos vemos, por ejemplo en la primera semana de agosto…, te llamo y te digo sitio y hora, pero más o menos sería como hoy…
―A ver si puedo, porque yo en verano ya no tengo horario de tarde y tendría que inventarme alguna excusa.
―Si quieres, lo dejamos para después del verano. No corre prisa.
―No, no hay problema, ya se me ocurrirá algo.
―Vale, pues entonces, hasta agosto, buscaré un sitio para quedar y te digo…
―Bien.

Metió el ordenador en una funda y después en la bolsa de deporte. El encuentro había sido breve, frío y no me gustó nada que terminara de esa manera. Ni tan siquiera se despidió de mí con dos besos y la acompañé hasta la puerta de manera educada.

―Muchas gracias por todo, me ha encantado ver las fotos del niño…
―De nada… ―contestó en un tono seco, evidenciando que aquello estaba siendo un mal trago para ella―. La primera semana de agosto me pondré en contacto contigo.
―De acuerdo.

Lo primero que hice en cuanto salió fue abrir las ventanas y ventilar el salón. No es que Mónica viniera muy perfumada, pero sí tenía una fragancia muy particular y no quería que quedara ni rastro de ella en mi casa. Sofía tenía un sexto sentido para esas cosas y era capaz de detectar olores imperceptibles para el resto, aunque viniera dentro de tres o cuatro días.

Al quedarme solo me embargó una emoción muy intensa, acababa de ver las fotos de mi hijo, pero sobre todo era por haber tenido a Mónica junto a mí. No era un sentimiento de amor o cariño, era algo más sexual. Entonces rebusqué en los cajones uno de mis discos duros y llevé el portátil al salón. De repente me apeteció recordar aquel año en el que estuve viviendo con Mónica y Fernando en su chalet.

Tenía varias carpetas de fotos; de la universidad, de las fiestas que hacíamos, en el jardín con Mónica haciendo yoga, de cuando ella nos acompañaba en las cenas en la bodega… y fui abriendo todas las carpetas para repasarlas una a una.

¡Cómo pasaba el tiempo!

La que más distinta estaba era Elvira, había ganado unos cuantos kilos, físicamente más trabajada, llevaba el pelo de otra manera y el cambio en la forma de vestir era más que evidente. Laura seguía más o menos igual, lo que más se le notaba era que se había dejado crecer el pelo para la boda y que ya no tenía tanta cara de niña. Y Mónica quizás sí que había envejecido en el rostro, pero esas arrugas de expresión en los ojos le hacían más apetecible, y me encantaba su pelo más largo y oscuro. Se había dejado crecer una melena muy atractiva.

Y entonces llegué a las fotos de la cena, la noche en que me la follé por primera vez. El vestido de Mónica era espectacular, negro con brillantina, de manga larga y falda muy corta. Cortísima. Casi se le asomaban los glúteos por debajo al final de la tela y se me vino a la cabeza el momento cuando volvimos al chalet.

¡Mónica y yo nos quedamos solos y de regreso entramos en el pub de al lado de su casa!

Llegamos de la mano hasta la barra, como si fuéramos pareja, y luego me la puso bien dura frotándose contra mí mientras bailábamos. La muy puta buscaba mi polla con cada movimiento que hacía y luego se hizo la ofendida porque bajé la mano y le sobé el culazo. Yo ya estaba que me subía por las paredes y la veía tan cachonda que le pedí bañarnos juntos al llegar a casa…

Seguro que se empapó enterita mientras le propuse meternos de madrugada y con unas copas de más, en su piscina climatizada. De primeras se negó, pero no me costó mucho convencerla para que accediera a hacerlo. Lo estaba deseando.

Y ya dentro del agua sucedió lo inevitable, casi no opuso resistencia alguna, se dejó quitar la parte de abajo del biquini y se abrió de piernas para recibir la polla dura de un universitario de diecinueve años.

Comencé a pajearme recordando el preciso momento en que rompí su «barrera» y la penetré hasta los huevos. Ese primer polvo en la piscina fue delicioso y exquisito. Y no paré de embestirla hasta que me corrí dentro, ¡y fue ella la que me pidió que lo hiciera!

Al igual que con Laura, le metí un dedo por el ojete a la vez que me la follaba y después de correrme nos dimos un beso sensual, con las respiraciones aceleradas y pasándonos la lengua por los labios mientras mi dedo seguía jugando dentro de su culo.

Aquel primer encuentro fue muy placentero, pero cuando más disfruté de Mónica fue la segunda vez que follamos, justo antes de las vacaciones de Semana Santa. La puse contra la encimera de la cocina y le comí el culo con ansia. Meter la cara entre sus dos glúteos fue la hostia y me dejó que lamiera su ano. Ese día sí pude ver lo cachonda que estaba y, además, le solté unos cuantos azotes mientras me la follaba.

Fue un polvo rápido y sucio en la cocina, embistiéndola desde atrás, hasta que me corrí dentro de ella. Y al terminar le restregué la polla entre los labios vaginales y me fijé en cómo escurría mi semen de su coño. Mónica, jadeando, se metió la mano entre las piernas y buscó mi palpitante miembro para que se la volviera a meter.

¡Incluso me lo suplicó!

Aquel día entendí que Mónica ya era mía y que en el último trimestre del curso iba a hacer con ella lo que me diera la gana. Y así fue.

Todavía tenía una carpeta especial con fotos en las que solo salía Mónica. La abrí y fueron pasando de una en una. Aceleré el ritmo de mi paja y justo cuando llegó la del vestido negro con la falda tan corta y esas botas por encima de las rodillas, me corrí encima gimoteando su nombre.

Era toda una mujerona y me ponía demasiado esa MILF. Y ahora con cincuenta y tres años todavía estaba más apetecible. Mónica era el puto morbo personificado en mujer. No había querido forzar demasiado para ser nuestro primer encuentro, pero yo notaba lo nerviosa que estaba ella, cómo temblaba… Ni tan siquiera se atrevía a mirarme a los ojos.

El corazón me palpitaba tan fuerte después de correrme que era absurdo engañarme. Me repetía a mí mismo que quería serle fiel a Sofía, que el verme a escondidas con Mónica no era una traición, que solo lo hacía por nuestro hijo, pero nada más lejos de la realidad.

Ya no podía negarlo. Estaba deseando follarme otra vez a Mónica y, además…, iba a hacer todo lo posible por conseguirlo.
 
Capítulo 10



Salimos por la puerta de embarque y Elvira ya nos estaba esperando en el aeropuerto de Ibiza. Había dejado su coche eléctrico en el parking y Sofía y yo metimos las maletas dentro. El viaje duró una media hora y, mientras, pudimos deleitarnos con los bonitos paisajes de la isla.

Luego subió una pequeña colina y entramos en una zona bastante exclusiva de Ibiza. Solo había que ver las casas de lujo que destrozaban el entorno natural que las rodeaba. Y una de ellas era en la que íbamos a pasar la siguiente semana de vacaciones.

Nada más entrar nos saludó una señora filipina, que hablaba muy poquito español, la había contratado Elvira para que durante el mes que ellas iban a estar allí se ocupara de la limpieza en general y de tenerlo todo recogido, y con mucha amabilidad nos indicó dónde estaba nuestra habitación.

La mansión era de película, moderna, exclusiva y elegante, toda blanca, con un salón más grande que nuestro piso nuevo y una habitación de invitados que bien podría tener cincuenta metros cuadrados. Una cama de 2x2 presidía la estancia y Sofía y yo nos quedamos perplejos. Sabíamos que a Elvira le iba muy bien en su empresa, pero aquello era otro nivel.

―¿Qué os parece? ―nos preguntó Elvira.
―¡Es una pasada! ―le contestó mi chica abriendo los armarios, visitando el baño y después asomándose a la ventana, que tenía vistas al mar.
―Ya lo creo ―dije yo―, aquí podríamos estar todo el año.
―Eso me gustaría, pero es muy difícil comprar aquí, hay poquitas viviendas y los propietarios no las venden, le he hecho una buena oferta a mi amigo para que me venda esta, pero creo que no está por la labor…
―No me extraña…
―Bueno, dejo que os pongáis el bañador y os espero abajo, comemos algo y si os apetece después, damos un paseo por la playa…

Casi no me había dado cuenta de que eran más de la una de la tarde y después del viaje en avión se me había despertado el apetito. Sofía y yo nos cambiamos rápido y bajamos al salón, donde nos estaba esperando la asistenta filipina.

―Por aquí ―nos indicó dirigiéndonos a una puerta trasera por la que se entraba a la piscina privada.

Casi me caigo de culo al divisar a Fiorella recostada en una hamaca tomando el sol. Al vernos se incorporó y se acercó a nosotros. Mi chica, con un pareo en la cintura y su bikini negro, se debió sentir ridícula al ver a la escultural modelo italiana en topless y con unas mini braguitas negras.

Tenía unas tetas pequeñas pero preciosas, con unos pezoncitos oscuros que parecían erectos y unas interminables piernas suaves y bronceadas que brillaban por el sol de manera espectacular. Se puso las enormes gafas de sol que reposaban en su cabeza, ocultando su cara, y nos dio un par de besos al saludarnos.

Se mostró mucho más simpática y efusiva que el día de la boda y eso fue de agradecer, pues nos hizo sentir menos incómodos por haber invadido su intimidad. A pesar de su comportamiento, el que no estaba nada tranquilo era yo, ya que, como os podéis suponer, se me puso dura en cuanto vi a la top model casi como su madre la trajo al mundo.

Luego apareció Elvira con un minúsculo biquini blanco que le tapaba lo justo, sus excelsas tetas desbordaban la tela por todas partes y llevaba un tanguita con el que lucía orgullosa su culazo prieto y marcado después de tantas horas de gimnasio.

¡La semana con aquellas dos putas diosas iba a ser una tortura!

Había una mesa con vasos de cristal preparados debajo de una sombrilla, un par de jarras de zumo de naranja y varias brochetas de fruta fresca colocadas en una bandejita.

―Si os apetece una cerveza, refrescos, lo que queráis, se lo pedís a Imelda sin problema…
―Pues yo sí me bebía una cervecita fría ahora ―le dije yo.
―Vale, yo también…

Elvira llamó a su asistente y le pidió por favor un par de cervezas, que nos trajo casi al instante en unas jarras grandes.

―No hacía falta, con un par de botellines habría valido…
―Muchas gracias, Imelda ―la despidió Elvira―. Es un amor, cuando vengo a Ibiza, siempre le pido a ella a la agencia, porque es la mejor… Y ahora en un rato nos servirá la comida, llega sobre las dos y cuarto, antes os podéis dar un bañito…

Se sirvió un vaso de agua mientras probaba una brocheta con trozos de piña y Fiorella se acercó a su lado y la agarró de la cintura. Elvira le puso un trozo en la boca y después se dieron un pico. Menuda estampa: las dos de pie, abrazadas y dándose besitos.

¡Así no se me iba a bajar la empalmada en todo el día!

―Estáis en vuestra casa; ahí están las tumbonas; si os apetece comer o beber algo, se lo pedís a Imelda, y luego os diré por dónde se baja a la playa. Es privada, así que solo van a estar los que tienen una casa aquí, que ya os digo que no suele haber nadie, es una calita muy pequeña y esta tarde íbamos a bajar a hacer una sesión de fotos…, por si os apetece venir ―comentó Elvira.
―Sí, claro…

Nos sentamos en la mesa y los cuatro conversamos de manera distendida en lo que nos bebíamos las cervezas y, antes de la comida, Sofía y yo decidimos probar la piscina. Tendría unos ocho metros de largo y cuando estabas dentro, hacía el efecto óptico de que era una prolongación del mar. Con el agua parada era toda una invitación a meterse y mi chica y yo nos acercamos a la orilla.

Por suerte ya se me había bajado la erección y ninguna de mis acompañantes se había percatado del bulto bajo mis bermudas, pero una semana así iba a ser imposible disimular mis continuos empalmes. Me daba mucha vergüenza que me vieran, pero es lo que le hubiera pasado a cualquier ser humano.

No puedes tener delante a dos mujeres como Elvira y Fiorella medio desnudas y que no se te ponga dura.

Bañarse en la piscina con vistas al mar era una gozada. Y en aquella casa de lujo todo era armonía y tranquilidad. Abracé por detrás a mi chica, mirando el horizonte dentro de la piscina, y le puse la polla entre sus dos glúteos.

Entendía que Sofía se sintiera cohibida o acomplejada delante de Elvira y Fiorella, aunque no tenía por qué. Sus físicos no tenían nada que ver, aunque el de mi novia me volvía loco. Era bastante más bajita que ellas, sobre 1,65, tenía un pelazo rizado natural que ya les gustaría tener a cualquiera de nuestras inquilinas y su cara era muy guapa y natural. Y lo mejor eran sus dos enormes tetas, que no desentonaban con el resto de su voluminoso cuerpo. Quizás la parte que menos le gustaba a mi chica de su anatomía era su culo, ella decía que lo tenía grande y plano, como una «carpeta», pero a mí me volvía loco ese enorme trasero con caderas, y follármela desde atrás era una gozada.

Le incrusté la polla entre los cachetes y casi al instante volví a recuperar la erección que había perdido unos minutos antes. Por supuesto que Sofía notó mi dureza y miró picaronamente hacia atrás.

―¡Joder, Adri!, así no vas a poder salir de la piscina…
―Me encantaría follarte aquí.
―Tú estás tonto.
―Otro día que estemos solos…, pero tú de esta piscina no te me escapas… ―dije restregándome contra ella.
―¡Este sitio es increíble!, vaya vistas…
―Ni que lo digas ―Y pasé las manos hacia delante y acaricié sus tetas.
―¡Vale ya, Adri!, que nos van a ver…
―Me da igual, la italiana no se ha cortado un pelo en presentarse medio desnuda.
―¡Menuda descarada!, y anda que el mini biquini de Elvira, por decir algo, porque joder, parece dos tallas más pequeño…
―Ya les gustaría a ellas tener el cuerpazo que tienes tú, sabes que me vuelves loco…
―Sí, sí…, menudo listo estás tú hecho, ¡te vas a poner las botas esta semana!
―¿Y qué quieres que haga…?
―¡Chicos!, ya está aquí la comida ―nos anunció Elvira acercándose hasta el borde y metiéndose al agua con nosotros―. Necesito refrescarme un poco porque con este calor no hay quien pare…

Tuve que separarme a regañadientes de mi chica e hice un par de largos tratando de calmarme, pero al llegar al final Elvira me estaba esperando con los brazos abiertos apoyados en el bordillo. Como se le había mojado el bañador ahora se le transparentaban los pezones por debajo de la tela y me echó una mirada traviesa, con una cara de morbo que en ese momento me dio miedo.

¡Mi amiga estaba tramando algo! Lo pude ver claramente en sus ojos, con esa pose desinhibida y descarada mientras su chica se acercaba hasta la orilla, se sentaba justo sobre su cabeza y metía los pies en el agua. La asistente filipina fue sirviendo la comida en la mesa en la que antes habíamos hecho el picoteo y me fijé en cómo Fiorella le acariciaba el pelo a Elvira, que inclinó la cabeza, la apoyó en uno de los muslos de la modelo y se dejó hacer.

Ahora crucé la mirada con Sofía, que también estaba atenta a las caricias que se brindaban nuestras anfitrionas y me acerqué a mi chica para agarrarla de la cintura y darle un beso en los labios. Parecían los previos de una peli porno, y allí estaba yo, en el puto paraíso, rodeado de aquellas tres diosas.

Sofía fue la primera que salió de la piscina. Y yo me quedé observando su voluminoso trasero y la tela del biquini negro que se le metía entre los cachetes. Se echó el pelo hacia un lado y luego se apretujó las tetazas, en un gesto típico para escurrir el agua de la parte de arriba. Me encantó ver cómo Fiorella y Elvira no perdían detalle de los movimientos de mi chica. Desde luego que Sofía no tenía un cuerpazo esbelto y escultural igual que ellas, pero os aseguro que cualquier tío mataría por echar un polvazo con mi chica.

¡No podía estar más tremenda y me sentí muy orgulloso de Sofía viendo que no se amilanaba ante la belleza de la singular pareja lésbica!

Debería haber salido detrás de Sofía, pero no quería acaparar las miradas de todas, pues la erección que marcaba bajo las bermudas era escandalosa, así que me dejé llevar un poco en el agua y la siguiente en salir fue Elvira, con su biquini blanco y ese tanguita que se le perdía entre los glúteos. Fiorella la recibió al borde de la escalera, se dieron un pico y se agarraron de la cintura para ir juntas hasta la mesa.

Casi mejor no haber visto esa escena y me tuve que hacer otros diez o quince largos antes de poder salir del agua. No es que se me bajara del todo, pero ya no la tenía tan dura, y a pesar de eso, se me marcaba un buen paquete, que no pasó desapercibido para ninguna de las tres.

La comida fue de categoría, me pregunté cuánta pasta se habrían gastado para contratar un catering así y que se lo llevaran hasta casa. Sofía y yo insistimos en pagarlo todo a medias, pero Elvira me dijo que ni se nos ocurriera, que éramos sus invitados y ellas corrían con todos los gastos.

Comer allí, al borde de esa piscina, con vistas al mar, era un lujo al alcance de muy pocos y me sentí como un millonario, aunque fuera por unos minutos. Al menos Fiorella tuvo el detalle de ponerse una camiseta blanca holgada para taparse los pechos mientras comíamos, aunque a mí se me fue varias veces la vista a las tetazas de Elvira, a la que se le transparentaban dos piercings, uno a cada lado, atravesando sus pezones.

―Hoy, como es vuestro primer día, he supuesto que querríais estar aquí y disfrutar de la casa, pero si os apetece ir al casco antiguo a dar una vuelta, ahí tenemos dos coches… Nosotras por la tarde vamos a bajar a la playa y no vamos a salir… ―comentó Elvira.
―Yo creo que también nos quedamos ―contestó Sofía―. Mañana sí nos gustaría dar una vuelta y conocer un poco la isla…
―Claro, yo os indico unos cuantos sitios que os van a gustar, aunque Ibiza es pequeña, hay muchos sitios que ver y también unas cuantas calitas que seguro que os encantan.
―¡Qué guay!, y bueno, no estaría mal ahora una siestita antes de conocer esa playa… ―intervine yo.
―Fiorella se suele quedar tomando el sol aquí en la piscina y yo me voy a echar un rato también…
―Las costumbres españolas no hay que perderlas.
―¡Exacto!

Hice el amago de ponerme a recoger y Sofía me acompañó, apilando platos y separando los cubiertos. Elvira nos miró extrañada.

―¿Qué hacéis?
―Iba a…
―Anda, dejad eso…, Imelda se encarga de todo.
―Era solo por ayudar, es…
―Ni se os ocurra tocar un plato.
―Vale, vale, si te vas a poner así…

Y mientras nos despedíamos de Elvira, Fiorella ya se había vuelto a quitar la camiseta y se echaba crema por todo el cuerpo antes de recostarse en una de las tumbonas que estaban al borde de la piscina. Esa fue la última instantánea que tuve antes de volver a entrar en casa.

Sofía y yo nos metimos en la habitación y ella se quitó el biquini, todavía húmedo, y sacó de la maleta unas braguitas y una camiseta de tirantes para dormir.

―Espera, no te vistas ―le pedí acercándome a ella y dejando caer mi bañador al suelo.

Se quedó mirándome y me acerqué a mi chica con la polla en la mano.

―No llevamos aquí ni tres horas ¿y ya estás así?
―Me tienes cachondísimo…
―¡Qué capullo eres!, las que te tienen cachondísimo son esas dos, a ver si eres un poco menos descarado, que te has pasado media comida mirándole las tetas a Elvira, y a la otra cuando estaba sentada en la piscina…
―Ya les gustaría a ellas tener el cuerpo que tienes tú ―susurré poniéndome delante de ella y acariciando sus pechos―, mmmmm, y creo que tú también estás calentita, ¿no?
―Vamos a descansar una hora, me apetece echarme la siesta ―me cortó retirándome la mano.
―¿Y vas a dejarme así?
―Ahí tienes el baño ―bromeó mi chica guiándome con la cabeza hacia el servicio―. Déjame media horita y luego nos bajamos a la playa…
―¿En serio? ―dije sentándome al borde de la cama con la polla en la mano.
―Esta noche, si te portas bien…, quizás…
―¡Qué cabrona!

Me tumbé a su lado y me fue prácticamente imposible dormir, no así a Sofía, que en menos de cinco minutos ya estaba frita. No se me bajó la erección y me quedé con la polla apuntando al techo hasta que se despertó mi chica, que al abrir los ojos me encontró de esa manera.

―Ja, ja, ja, pero ¿todavía sigues así?, vas a tener que hacer algo, ¿o tienes pensado ir con la tienda de campaña toda la tarde?, ja, ja, ja…
―¡Eres muy mala, eh!
―Eso te está bien empleado, ¡por marrano!, ¿piensas ir así a la playa?, te lo estoy diciendo en serio…
―Ya te he dicho lo que tienes que hacer…
―Y yo dónde tienes el baño… ―repitió, haciendo el gesto de cascármela con la mano.
―No pienso meneármela…
―Tú mismo.

Sentado en la cama, me puse el bañador a duras penas. Mi erección cada vez iba en aumento y no me bajó ni un ápice mientras preparábamos la bolsa de la playa. Salimos a la zona de la piscina y Fiorella seguía tumbada bocarriba en una de las hamacas y Elvira no había dado señales de vida todavía.

La modelo nos indicó por dónde se accedía a la playa privada y Sofía y yo cogimos un caminito empedrado de apenas cien metros, por el que llegamos a una calita apartada. Solo había un señor, que nos saludó con la mano, y nos sentamos en la arena, a una distancia prudencial. El día era espectacular y las vistas más. Era como estar en el paraíso en la tierra. Daban ganas de quedarse durante días allí escuchando el ruido del mar.

Y en ese paraíso solo faltaban los ángeles. O más bien los demonios.

Cuarenta y cinco minutos más tarde aparecieron Elvira y Fiorella, las dos estilosas, con unos vestiditos, sombreros, gafas de sol y dos bolsas de playa. Se sentaron con nosotros y nos preguntaron por qué no habíamos cogido ninguna hamaca.

―Ah, pues no teníamos ni idea de que se podían usar…
―Claro, para eso están.

Me acerqué con Elvira para arrimar cuatro de ellas al sitio en el que nos habíamos puesto, saludaron al señor con la mano, debía estar a unos cincuenta metros, y pensé que al tener un vecino cerca se cortarían un poco.

Iluso de mí.

Elvira se quitó el vestido y, ¡sorpresa!, no llevaba nada en la parte de arriba. Con toda la naturalidad del mundo se quedó con un tanguita rojo, y después de ella la siguió Fiorella, también en topless, solo que la italiana se cubría con unas mini braguitas brasileñas verdes que se le metían entre los glúteos.

Se sentaron en la hamaca, Fiorella detrás de Elvira, y comenzaron a embadurnarse el cuerpo con crema, recreándose especialmente en las tetorras de mi amiga, que la italiana acarició descaradamente delante de nosotros. Ahora me arrepentía de no haber hecho lo que me dijo Sofía. Me tendría que haber cascado un pajote antes de bajar a la playa.

Ver a la top model italiana acariciando con suavidad las tetas de Elvira era como una fantasía erótica. Los piercings de sus pezones brillaban bajo el sol, en su época universitaria recuerdo que solo llevaba uno, pero ahora adornaban sus dos areolas, y Fiorella jugaba con ellos mientras Elvira nos contaba, como si tal cosa, cómo se llamaba la calita y qué ubicación tenía en la isla.

―Vamos a darnos un baño, Adri… ―me pidió Sofía.
―Sí, claro.

Con disimulo intenté dar la espalda a la parejita para que no vieran el exagerado bulto que se me marcaba en las bermudas, aunque mi novia enseguida se dio cuenta de lo que pasaba. Me echó una buena regañina de camino al agua y me pidió que controlara esas jodidas erecciones.

―¿Pero cómo no se me va a poner dura?, ¿tú has visto qué manera de sobarle las tetas?
―Sí, sí lo he visto…, la puta esa italiana va de supermodelo y no es más que una golfa…
―Bueno, ellas se comportan así, no van a cambiar porque estemos nosotros con ellas.
―¡Joder, se podrían cortar un poquito!, solo les faltas ponerse a follar delante de nosotros…
―Calla, Sofi, no digas esas cosas, que así no ayudas a que me calme.
―Como sigas así esta noche, vete olvidando de hacer nada conmigo, solo faltaba, te pones cachondo con esas y luego vienes a mí…
―¡Eso no es justo!, intento mirar para otra parte, pero es que… ―Y agarré a Sofia de la cintura para robarle un beso. Ella me rodeó con las piernas y comenzamos a morrearnos dentro del mar.

Ni un segundo de tranquilidad nos dejaron Elvira y Fiorella, que se metieron al agua y aparecieron sigilosas por detrás de nosotros.

―¡Esos tortolitos!, así que para el año que viene tenemos otra boda, ¿no?
―Sí, ya os diremos la fecha ―dijo mi chica colgada en mi cuello.

No se amilanó por la presencia de las dos diosas y siguió envolviendo sus piernas alrededor de mi cuerpo mientras notaba mi polla presionando su coño. Se notaba que mi chica les quería devolver lo que había pasado unos minutos antes en la hamaca. Si ellas no se iban a cortar un pelo, nosotros tampoco. Volvió a lanzarse contra mi boca y me comió los morros delante de Elvira, para que ella estuviera bien segura de quién era mi chica.

Sofía seguía teniendo bien presente lo que habíamos tenido Elvira y yo en la universidad, y ni el paso de los años ni la lejanía con ella habían conseguido que mi novia dejara de tener celos de mi mejor amiga.

Eso siempre iba a ser así. Pasaran diez, quince o cincuenta años. Ese instinto de la mujer para proteger lo suyo era algo contra lo que no se podía luchar. Y yo encantado de que Sofía estuviera tan lanzada. Ahora parecía que no le importaba que mi polla estuviera como una piedra y se frotaba con suavidad bajo el agua cristalina de esa calita. Antes de separarse me la agarró con la mano y con un beso en el cuello me pegó un par de sacudidas para luego alejarse nadando.

Ahí crucé la mirada con Elvira, que me sonrió de manera morbosa, el agua le llegaba justo entre el ombligo y los pechos y se fue metiendo más profundo, doblando las piernas hasta que el mar le cubrió el cuello y se dejó caer, mojándose el pelo, eso sí, sin dejar de mirarme fijamente en ningún momento.

Aprovechaba cualquier ocasión en la que se descuidaba Sofía para provocarme y tontear conmigo.

Tuve un espasmo involuntario en la polla y los huevos me palpitaron. Una sensación poderosa que me puso muy cachondo. Y al girarme allí estaba. Flotando en el agua como una sirena, bocarriba, con la vista puesta en el despejado cielo ibicenco.

Fiorella, desnuda com-ple-ta-men-te. Como Dios la trajo al mundo.

Tuve que parpadear para asegurarme de que aquello no era una visión divina. La muy zorra se había quitado la parte de abajo del biquini, sin importarle que Sofía y yo estuviéramos delante. Mi novia la contemplaba atónita, con los ojos abiertos de par en par, y Elvira se acercó a ella despacio, la sujetó por la cabeza y le plantó un tierno beso en la frente.

Interrumpió su momento mágico y Fiorella apoyó los pies en la arena dejándose acariciar por Elvira, que se puso detrás y pasó las manos por su vientre plano. Qué delgadita estaba la italiana, con sus piernas kilométricas, ese minúsculo culito y sus pequeños pechos, que lucía orgullosa.

―No me digáis que esto no es una maravilla ―dijo Elvira besando el cuello de su novia.

No supe si se refería a bañarse en aquella calita desierta o a su jodida novia, pero Sofía no aguanto más el tonteo que se traían y salió del agua. Yo seguí sus pasos y terminamos sentados al borde de la playa, justo donde rompían las olas. Me tuve que poner detrás de ella, tratando de disimular mi erección y pegando mi polla a su espalda; y todavía fue peor cuando la parejita decidió terminar su baño, diez minutos después.

Salieron juntas, agarradas de la mano, mostrándonos sus cuerpos. Las tetazas de Elvira se bamboleaban descontroladas a cada paso que daba, y a pesar de que las tenía muy vistas, me gustaba admirar semejantes pechos diez años después de haber terminado nuestra relación. Y luego estaba lo de su novia.

Con un bronceado de playa muy bonito, Fiorella caminaba de manera elegante, moviendo las caderas como si estuviera desfilando, el agua hacía que todavía le brillara más la piel, se había pasado toda su melena por un solo hombro y me quedé mirando su coño desnudo.

¡Joder, venía directo a nuestra cara!

Lo llevaba completamente depilado y no parecía incomodarla que mi novia y yo no pudiéramos apartar la vista de él. Y luego me fijé en el de Elvira, ella llevaba puesta la parte de abajo del biquini, pero también se le transparentaba por debajo de la tela y era casi como si fuera sin la braguita.

Fiorella siguió andando hasta la hamaca y Elvira se quedó sentada con nosotros.

―¡Qué paz!, a mí también me encanta quedarme aquí, podría pasarme horas mirando el mar.
―Ya te digo, es uno de los placeres de la vida más infravalorados ―dije yo―. ¿A Fiorella no le gusta? («A lo mejor es que se le mete arena en el culo por ir desnuda la muy guarra»).
―Ella prefiere la hamaca, después voy a hacerle una sesión de fotos, con esta luz es perfecta, y luego por la noche, cuando empiece a ponerse el sol, también salen unas fotos increíbles…
―Pues es buena idea, nosotros también nos haremos unas, ¡el sitio no puede ser más idílico!, aquí casi solos; por cierto, ¿conocéis al señor ese que está allí?
―Sí, Fernando, es un empresario bastante importante en este país…
―¿Y no os importa que os vea así?, casi desnudas ―intervino mi novia.
―No, la verdad es que no, ya te digo que este sitio es muy exclusivo y no nos fijamos en los demás, cada uno va a lo suyo…
―Entiendo…
―Bueno, os dejo, vamos a prepararnos para la sesión…

Por lo menos su chica tuvo la decencia de ponerse un biquini para las fotos. Elvira se colgó una cámara réflex, medio profesional, al hombro y se fueron situando por varias ubicaciones. En la hamaca, en la orilla del mar, junto a las rocas… Fiorella iba haciendo poses, se retocaba los peinados, se ponía de rodillas en la arena, miraba al vacío, de espaldas, toda una exhibición mientras Elvira, en topless, le hacía una sesión maratoniana de fotos.

Estuvieron casi una hora. La italiana se cambió dos veces de biquini, sin importarle mucho el quedarse desnuda delante de nosotros, y Sofía y yo las imitamos, para inmortalizarnos en todos los rincones de aquella calita. Luego Elvira también nos hizo alguna foto juntos con su cámara y al final echamos toda la tarde en la playa, hasta que nos dieron las nueve.

―Me acaba de llamar Imelda, que ya ha llegado la cena ―nos anunció Elvira―, aunque nosotras queríamos hacer una sesión de fotos en unos minutos, cuando empiece a meterse el sol…
―Bueno, os esperamos, no pasa nada…
―Si queréis, id yendo a la casa y así os da tiempo a ducharos, en lo que nos ponemos, hacemos el reportaje y tal, todavía faltan unos cuarenta y cinco minutos…
―Ah, pues si no os importa ―dijo Sofía―. Con una ducha yo me quedaría de maravilla…
―Vale, perfecto, y si os apetece ir cenando, también sin problemas.
―No, para eso sí os esperamos ―añadí yo―, me parecería muy feo cenar sin las anfitrionas…

En cuanto terminaron el reportaje fotográfico, la top model volvió a quedarse desnuda al completo y se tumbó en la hamaca, tostándose bien al sol por los dos lados. Un par de horas antes, Imelda se había presentado en la playa para llevarnos unas bebidas frescas y algo para picar. La asistente filipina estaba en todo. La tarde de playa no podía haber sido más perfecta.

Rápido recogimos las cosas y Sofía y yo dejamos a nuestras compañeras preparándose para una nueva sesión de fotos. Yo no veía la hora de llegar a la habitación y follarme a mi chica. ¡Estaba que me subía por las paredes!, y ella lo sabía, me había regañado varias veces con la mirada para que al menos disimulara un poco el bulto bajo mis bermudas, pero yo ya había desistido de intentarlo y me daba igual que Elvira y Fiorella se rieran cuando comprobaban cómo me tenían de caliente.

Entramos raudos en la habitación y de ahí directos a la ducha. Mi polla saltó como un resorte en cuanto me quité el bañador y ayudé a Sofía a desprenderse de su biquini. Los primeros chorros de agua con la alcachofa fueron para limpiarle la arena de la entrepierna y luego dejamos que la ducha de arriba nos cayera directamente sobre la cabeza. Abracé a Sofía por detrás y le pegué la polla al culo, besuqueando su hombro y acariciando con fuerza sus tetazas.

―Llevo toda la tarde queriendo follarte, mmmmmm…
―Joder, la tienes que vas a reventar ―suspiró bajando la mano y agarrándomela para estrangular mi capullo.
―Abre las piernas, ¡te voy a follar ahora mismo!
―Tranquilo, Adrián…

Pero yo ya estaba con el bote de gel embadurnándome las manos y luego pasé mis dedos por su coño y por su culo. Con el calentón que llevaba encima, cualquiera de los dos agujeros me venía bien.

―¿Por dónde quieres? ―gimoteé restregándosela entre los labios vaginales.

Me sorprendió que Sofía apenas protestara. Ella también estaba muy cachonda, no es que le gustaran las mujeres ni nada por el estilo, pero esa tensión sexual que había flotado en el ambiente todo el día, el calor de la playa, los cuerpos desnudos, y verme a mí con la polla dura cada segundo también le había excitado, y ahora sacaba las caderas hacia atrás para que la penetrara.

―¿Por dónde? ―volví a preguntar.
―Aaaah, aaaaah, métemela ya ―dijo mi chica agachándose y colocándosela ella misma a la entrada de su coño.

De un solo golpe de cadera entró hasta el fondo, me encantó esa sensación con nuestros cuerpos llenos de jabón, cayéndonos el agua calentita en la cabeza mientras follábamos. Fue un polvo desesperado, intenso, y en apenas tres minutos me vacié en el coño de mi novia. Ella se echó hacia atrás y saboreó esos segundos en los que yo convulsionaba con toda la polla incrustada en su coño. Dejó que le sobara las tetazas y se giró para comerme la boca mientras ronroneaba de placer.

Sofía todavía estaba cachonda y con ganas de más.

―Pocas veces te he visto tan fuera de sí ―murmuró pasándome la lengua por los labios.
―Perdona, es que necesitaba descargar…, tenía los huevos hinchadísimos…
―Ya, ya me he dado cuenta, llevas todo el puto día empalmado con esas dos fulanas…
―No te enfades, Sofía.
―No me enfado, pero podrían cortarse un poquito, está bien que hagan topless y tal, pero la italiana hasta se ha quedado con el coño al aire, joder, ¡qué zorra!, y encima hay que reconocer que está muy buena la cabrona. ¡Las dos!, porque Elvira menudo cuerpazo tiene también, y sigue teniendo esas tetazas que…
―A mí la que me gusta eres tú…, ya te lo he dicho mil veces. No te compares con ellas. Y por cierto…, todavía sigo con ganas de más y es prontito, ¿qué te parece si probamos la cama?
―¿Ahora?
―Sí, claro, me he corrido muy rápido, pero también quiero que lo hagas tú, venga, vamos, no te seques el pelo, tal y como estás ponte a cuatro patas, que te voy a destrozar…


Ya desahogados, después de ese segundo polvo, bajamos al porche de la piscina, Elvira y Fiorella acababan de subir de la playa y cenamos allí. Imelda ya lo tenía todo perfectamente preparado. Por suerte para mí, Elvira se tapó los pechos y su novia tuvo a bien ponerse una camiseta blanca holgada de Los Ramones, aunque no llevaba sujetador debajo y se le veían parte de las tetas por las aberturas de las mangas.

Terminamos el día tomando una copa plácidamente en el jardín de la casa, excepto Fiorella, que solo bebía agua, y como las chicas no se habían duchado, para quitarse la sal del mar se dieron un baño en la piscina antes de irse a la cama. Otra vez las dos en topless, la noche era espectacular y Sofía y yo nos quedamos mirando a la parejita hacerse arrumacos dentro del agua.

Para ser el primer día ya eran demasiadas emociones y nos despedimos de ellas porque queríamos levantarnos pronto para visitar parte de la isla en la jornada siguiente. Y allí las dejamos, besándose en la piscina sin importarles nuestra presencia.

No me extrañaría que en cuanto se quedaron solas se pusieran a follar. Era como que les ponía muy cachondas exhibirse delante de nosotros y nos fuimos a la cama con la sensación de que la semana iba a ser demasiado excitante para los cuatro.

Todavía nos quedaban seis días de vacaciones en esa mansión de lujo…
 
Capítulo 11



Nos levantamos temprano, con ganas de aprovechar el día. Imelda nos preparó un estupendo desayuno en el jardín a Sofía y a mí y no nos demoramos mucho en salir, cogimos el coche eléctrico que nos prestó nuestra amiga y fuimos hasta el casco histórico.

Estuvimos dando una vuelta, recorrimos todos los rincones de la preciosa isla y terminamos comiendo en un restaurante que me recomendó Elvira. Por la tarde, fuimos a San Antonio y cenamos en una terracita. Cuando regresamos ya era de noche, serían sobre las once y, por un mensaje que me había mandado Elvira, sabía que estábamos solos en casa. Ellas también habían bajado a cenar por el centro y luego quedaron con unos amigos a tomar una copa.

Hacía tan bueno que nos apeteció pegarnos un bañito en la piscina. Bajamos con una toalla y el bañador y nos metimos en el agua, aunque ya fuera tarde. Abracé a Sofía por detrás y planificamos el día siguiente, y al final, como nos habíamos pegado buen tute, decidimos quedarnos en el casoplón y por la tarde bajar a la playa.

Terminamos recostados en las tumbonas y sobre la una de la mañana nos fuimos a dormir. Por suerte el día había sido mucho más tranquilo que el anterior, aunque sabía que en la siguiente jornada posiblemente vendrían turbulencias, sobre todo si coincidíamos con Elvira y Fiorella.

Nos vino bien ese pequeño respiro de las dos divas y yo caí en un sueño plácido. Me desperté temprano, sobre las ocho, y salté de la cama sin molestar a Sofía, que dormía a pierna suelta en aquella inmensa cama. Cogí ropa deportiva y pensé en bajar a la playa a hacer un poco de deporte. Imelda me preguntó si quería desayunar y yo le contesté que mejor cuando volviera de correr.

Al pasar por la piscina me encontré con Elvira, estaba en una de las tumbonas, todavía con el vestido de fiesta puesto, y degustaba un café calentito y humeante, en una taza que cogía con las dos manos.

―¡Ey, buenos días, Adrián!, ¿qué tal ayer?, no nos vimos…
―Pues genial, estuvimos en todos los sitios que nos recomendaste, comimos en el casco, donde nos dijiste, y también fuimos a cenar…
―¿Le comentaste a Txomin que me conocíais?
―No, ya sabes que soy vergonzoso para esas cosas… ¿Y vosotras qué tal?, ¿mucha fiesta?
―Sí, quedamos con unos amigos y mira qué horas, hemos llegado hace nada, eh…; al final salimos para un ratillo y mira…
―Esas son las fiestas buenas…
―No sé yo…, hoy no me muevo de casa, ¿y vosotros qué plan tenéis?
―También nos vamos a quedar, vamos a abusar un poco de vuestra hospitalidad, si no os importa…
―Yo encantada. ¿Y dónde vas tan temprano?
―A hacer un poco de deporte en la playa…, si te animas…
―Pufff, hoy no estoy yo para hacer sentadillas, aunque, si dejas que me cambie, te acompaño; al menos te daré apoyo moral…
―¡Genial!
―Ahora vuelvo…, tómate algo si quieres, en lo que me cambio.
―No, prefiero entrenar con el estómago vacío, luego ya desayuno con Sofía…
―OK…

No tardó en regresar, ataviada con unas mallas deportivas negras y una sudadera gris sin capucha. Fuimos charlando hasta la playa y ella se quedó sentada mirando al mar en una toallita que trajo. Yo me pegué varias carreras de largo a largo de la calita, luego hice unos sprints, saltos, zancadas y para terminar unas flexiones. Casi cuarenta y cinco minutos de entrenamiento intenso.

Elvira me animaba cuando pasaba a su lado, aunque yo creo que lo hacía para no quedarse dormida, pues se recostó en la toalla con las gafas de sol puestas. Luego me senté a su lado, con la respiración acelerada.

―¡Me has dado mucha envidia!, aunque reconozco que estos días estoy muy vaga…
―Bueno, es normal, a veces el cuerpo te pide parar también; es muy importante, no puedes estar todo el año a tope…
―Ya, al menos intento cuidar la alimentación, tampoco quiero joder tantos meses de trabajo en tan poco tiempo, aunque ayer creo que me pasé con el alcohol…
―Por un día…
―Es que no es un día solo…
―Hay que disfrutar también, ¡este sitio es espectacular!
―Lo sé, creo que este año intentaré escaparme una semanita en invierno.
―Ah, y muchas gracias por la invitación.
―No hay de qué…, me gusta teneros aquí…
―Espero que no molestemos…
―¡En absoluto!, si nos encanta recibir gente, mira, en un par de semanas van a venir cuatro amigos italianos de Fiorella también.
―Anda, no lo sabía… Lo que sí que nos gustaría es pagarte algo, no nos gusta estar así, de gratis, toda la semana…
―¡Ni se os ocurra!
―¡Pero, joder!, esto debe salirte por una pasta, los coches, el catering, los gastos de la casa…
―Estas son nuestras vacaciones, el resto del año nos lo pasamos currando muy duro, salvo un par de viajes, pero estos son los días que realmente aprovecho para descansar, así que no me importa gastarme un poco de dinero, para eso está…
―Ya, pero…
―¿Cuánto me voy a gastar?, ¿veinte mil, treinta mil euros?, la casa ya te digo que nos la deja un amigo, el resto lo pago a medias con Fiorella; así que por eso no te preocupes…; te haces un viaje por Tailandia veinte días y te gastas diez mil como si nada…, ¿no?
―Bueno…
―Y qué mejor que compartirlo con amigos, así que no quiero que volvamos a hablar de este asunto, Adrián.
―Me alegro de que te vaya tan bien con la empresa y todo eso…, ¡qué envidia me das!
―Una vez que despegas luego ya es más fácil, te vas haciendo un nombre dentro de la industria, la gente importante te conoce y he apostado por varios proyectos que están funcionando. Me he metido también en el tema de los videojuegos, inversiones inmobiliarias, todas esas cosas, al final voy reinvirtiendo parte de los beneficios, ya sabes, dinero llama a dinero; y sí, esto es muy esclavo, pero lo importante es rodearte de gente de confianza, no pienso llevar este ritmo toda la vida…
―Lo tienes muy claro…
―También me he hecho bastante «famosilla» a partir de la relación con Fiorella, y ya sabes que esas cosas llaman la atención, las marcas de ropa te reclaman, de coches, de zapatillas, de productos de maquillaje…, solo con lo que gano en publicidad en un mes, pago estas vacaciones…
―¡Joder!
―Ah, ¡se me olvidaba!, te quería comentar una cosa, cambiando de tema, espero que Sofía no se haya molestado por lo del otro día…, ya sabes, cuando Fiorella se quedó desnuda en la playa…
―No, no dijo nada…
―Es que a ella le encanta estar así y en otros sitios no lo puede hacer, pero en esta calita privada ya te digo que la mayor parte del tiempo va a estar desnuda…
―Por nosotros no hay problema…
―Ya sé que por ti no lo hay, cabronazo, te pasaste el día empalmado ―bromeó quitándose las gafas de sol y mirándome a los ojos.
―¡Me podías haber avisado antes de que lo iba a hacer!, aunque tampoco hubiera servido de mucho, ja, ja, ja…
―¿Qué pasa, es que te pone mi novia?
―No solo ella, tú también estuviste todo el día en topless, hicisteis que me pillara un buen calentón…
―Pues no era mi intención…, o sí ―apuntilló volviendo a ponerse las gafas de sol y divisando el mar―. Me encanta que estés aquí…
―Gracias, y ahora que estamos solos, eeeeh…, que no te moleste que te diga lo buenorra que te has puesto…
―Lo sé…
―Cuando subimos de la playa, tuve que follarme a Sofía en la ducha…
―¿Ah, sí?, ¿tan cachondo estabas?
―Sí…, sigues teniendo unas tetazas de impresión…; salimos de la playa muy encendidos, yo creo que hasta Sofía estaba excitada.
―Ja, ja, ja, ¡me encanta que me digas esas cosas!, y eso que luego os perdisteis lo mejor, cuando nos quedamos solas.
―Mmmmmm…, ¿y se puede saber qué es lo que pasó?
―La sesión de fotos que le hice a Fiorella.
―No me pongas los dientes largos…

Elvira sacó el móvil, rebuscó en la galería y después me lo pasó.

―Mejor que lo veas directamente, ¡ah, y de esto ni una palabra a nadie!, ¡si Fiorella se entera, me mata!

La primera foto la había hecho cuando empezaba a anochecer. Su novia estaba en topless en la orilla del mar y mi polla saltó como un muelle bajó el pantalón de deporte.

―¡Joder! ―exclamé pasando a la siguiente foto, en la que la modelo italiana se había puesto a cuatro patas.

A medida que avanzó la sesión, se fue haciendo más de noche, hasta que el sol se había puesto definitivamente. Las siguientes fotos ya estaban hechas con flash. ¡Y de repente apareció Fiorella completamente desnuda y abierta de piernas!

La instantánea estaría sacada como a unos tres metros, estaba recostada en la playa, miraba directamente a la cámara con cara de zorra y se le veía el coño a la perfección.

―Buffff, hay que reconocer que tu novia está muy buena y que… lo tiene muy bonito… ―afirmé.
―Y no te imaginas lo bien que sabe…
―Sí me lo imagino, sí…

En la siguiente foto Fiorella estaba de espaldas, a cuatro patas, y se abría los glúteos con la mano. Elvira sonrió, se agarró a mi brazo y volvió a mirar al mar, dejando que me deleitara con su chica.

―¿Qué te parece?
―¡Vaya culito! ―exclamé.
―Después se lo comí y se corrió en mi boca… ―soltó Elvira como si nada.
―¡Joder!, vas a ponerme cachondo… y el día se me puede hacer muy largo…
―Ja, ja, ja, ¿yoooo?, anda, trae el móvil, que todavía veo que te la sacas aquí mismo…
―Eso te gustaría, a lo mejor te apetece cascármela otra vez como en Gijón mientras veo las fotos de tu novia… y sí, ¡ya la tengo dura!
―Más quisieras, cariño…
―¿Es que no te gustó lo de Gijón?, pues bien decías que te apetecía tocar una polla.
―Ese día estaba muy borracha, ya lo sabes…
―Sí, sí…
―Vamos para casa…, no sea que se levante Sofía y se ponga celosa porque estemos aquí juntos…, también me he dado cuenta de que…, no sé, me mira raro. ¿Está enfadada conmigo?
―No, bueno, si te soy sincero, antes te he dicho que no pasaba nada, pero la verdad es que no le gustó mucho que tu novia se quedara en «pelotas», aunque claro, tampoco le iba a decir nada…
―Ya me lo suponía, es que Fiorella es un poco exhibicionista, le gusta que la miren y le da igual si hay gente o no en la playa, y ya te advierto que no se va a cortar cuando esté con vosotros…, pero vamos, con sus amigos también lo hace, eh…
―¡Me lo suponía!
―Al menos me alegro de que Sofía no esté tirante conmigo o celosa…
―Que yo sepa no, aunque siempre habéis tenido un pequeño pique entre las dos, por mí, je, je, je…
―No te hagas el importante. Yo no tengo ningún problema, aunque Sofía debería controlarse un poco ―dijo Elvira tratando de provocarme―, parece que le molesta que tú y yo nos llevemos tan bien, y eso que al final fue ella la que terminó contigo.
―Yo creo que es algo del pasado y bueno…, entenderás que tampoco le guste mucho que tú también te quedes medio desnuda delante de mí…, al final las mujeres tenéis muchos complejos y envidias las unas de las otras…
―Si sabe que ya me has visto muchas veces así, en la universidad nos acostamos mil veces, ¿qué más da…?
―No es lo mismo, antes éramos unos críos, han pasado muchos años y, sinceramente, ¡no estabas tan buena!, tienes que entender que ahora…
―Mira, Adrián, eres una de las personas más importantes para mí, lo que tenemos tú y yo no lo sabe nadie más, nuestras cosas, por eso me encanta estar contigo, tú conoces realmente cómo soy y eso no lo puede decir nadie; sí, en Barcelona tengo un par de amigas muy íntimas, pero no es lo mismo. Puedo hablarte de todo y sé que me vas a entender, igual que yo a ti. Somos iguales. En la universidad reconozco que me fastidió mucho cuando empezaste a salir con Sofía, no porque tú y yo ya no fuéramos novios, era más por cómo la mirabas, joder, ¡estabas pilladísimo por ella!, se te ponía una cara de gilipollas enamorado que me repateaba, ¡a mí nunca me miraste así! Pero también sé que en la cama éramos la hostia y con Sofía echarás buenos polvazos, ¡se nota que es una morbosa de cuidado con esa cara y esas tetorras!, aunque seguro que no son iguales que conmigo. ¡Todas esas cosas que hacíamos!
―Sí, todavía me acuerdo, se te ocurría cada locura que me asustaba…, ¡menuda viciosa eras y sigues siendo!
―En la playa nunca me pongo la parte de arriba del biquini; no lo hago por ti o porque te quiera provocar. Pero también me gusta que me veas, no te lo voy a negar, ¡me da mucho morbo que admires el cuerpazo que tengo ahora y más cuando te pones cachondo! ¡Me gusta que me mires de esa manera tan sucia y a Fiorella igual!, ella lo ha notado también… Voy a seguir haciéndolo, aunque se te ponga dura y le moleste a tu novia, y Fiorella lo mismo…
―Gracias por avisar, eh…, uffff, no hace falta que te diga cómo estoy ahora, ¿no?
―Tienes la cabeza echando humo después de las fotos que te he enseñado y de esta conversación. No te voy a hacer una paja si es lo que estás insinuando… y sí, ya sé que la tienes dura desde hace un buen rato, ¿te molesta que esté agarrada a tu brazo o prefieres que me suelte?
―Claro que no…, me gusta estar así contigo y además aquí, ¡joder, Elvira!, este sitio es la hostia…, de verdad que me alegro de que te vaya tan bien…
―Todo es trabajo, trabajo, trabajo y prepararte para ello. Cualquiera lo podría hacer. Nadie me ha regalado nada, tuve que pedir un préstamo para empezar y reconozco que me fue bien desde el principio, pero luego hay que seguir formándose. Hablo perfectamente inglés, alemán y un poco de chino, no he dejado de estudiar y buscar nuevas formas de inversión. Al principio me tomaban por una niñata, es difícil que te respeten como empresaria siendo tan joven, me costó entrar en ese círculo de personas poderosas, ya me entiendes, gente con dinero, conseguir contactos, es un ambiente muy machista y, bueno, al final mi imagen ha ayudado, no lo niego, por eso entreno también mi cuerpo, es una parte muy importante, y esto no es un alegato feminista ni nada de eso, eh, ya sabes que no me gusta ir de víctima: cuando veo a las machirulas esas con los pelos de colores hablando de los derechos de las mujeres, me dan ganas de vomitar, esas que no han trabajado en su puta vida, yo me levanto a las cinco de la mañana y me acuesto a las diez de la noche, ¡todos los días! Sí, me va bien, muy bien, pero creo que me lo he ganado. Tengo un piso precioso en Barcelona, mi novia es de las mujeres más guapas y deseadas del mundo, puedo viajar a cualquier parte del planeta cuando quiera, comer en los mejores restaurantes…, ¿qué más puedo pedir?
―Y no tienes ni treinta años.
―Ya te he dicho que no pienso seguir a este ritmo mucho tiempo…, en unos años viviré de los ingresos pasivos sin prácticamente hacer nada, ya podría hacerlo… y delegaré casi todo el trabajo de la empresa en otra persona…
―Lo tienes bien planeado.
―Por supuesto…, hay que saber retirarse a tiempo. Me gusta trabajar, pero prefiero estar aquí en la playa todo el día sin hacer nada y mirando el mar…
―Normal. Bueno, ¿qué hacemos, volvemos?
―Sí, deberías pegarte una ducha, que te vas a quedar frío, son más de las nueve y es posible que Sofía te esté llamando.
―Sí, además, he bajado sin el móvil, no pensaba estar tanto tiempo…

Subimos juntos, Elvira se agarró a mi brazo en actitud cariñosa y yo no me atreví a decirle que se soltara, era un gesto más de amistad que otra cosa, y por suerte para mí, Sofía todavía no se había levantado, porque no creo que le hubiera hecho mucha gracia ver a Elvira de esa manera.

Entré en la habitación y mi novia ojeaba el móvil en la cama tapada con una fina sábana.

―Ufff, hoy va a hacer mucho calor ―anunció viendo la aplicación del tiempo.
―No son ni las diez y ya empieza a hacer bueno…
―¿Cómo has tardado tanto?
―Me encontré con Elvira y hemos estado hablando, me ha acompañado hasta la playa… ―dije quitándome la ropa y metiéndome en la ducha.
―Date prisa, que te estaba esperando para desayunar, tengo mucha hambre… ―gritó Sofía justo cuando el agua ya me golpeaba en la cabeza.

Aparecimos por el jardín en manga corta, ya picaba el sol, y Elvira nos esperaba junto a la piscina. Imelda había preparado un desayuno compuesto por tostadas, bollería, jamón con tomate, café, zumos naturales, y estaba todo de diez.

Nuestra amiga nos estuvo contando lo que habían hecho por la noche en la fiesta en la que estuvieron y después nos preguntó si por la mañana nos íbamos a quedar en la casa o teníamos pensado bajar a la playa.

―Yo creo que vamos a ir un rato a la calita, es una gozada y hay tan poca gente… Hoy me apetece bañarme en el mar y luego pegarme un piscinazo antes de comer ―dijo Sofía, que ya lo tenía todo pensado.

Me encogí de hombros, sonreí y luego asentí. No me atreví a ponerle una coma a los planes que tenía mi novia. Me alegré de que nuestra amiga me diera unos momentos de respiro, ya que con el top blanco deportivo disimulaba sus enormes tetazas bajo la tela. Elvira llevaba gafas de sol para tapar sus ojeras y nos comentó que no se iba a mover de la hamaca en todo el día.

―Voy a leer un rato hasta que se levante Fiorella, espero aguantar hasta la hora de la siesta…

La mañana fue de relax absoluto en la playa con Sofía: paseos de un lado a otro, un par de baños, música con los cascos. Después nos sentamos en la arena mirando el mar y Sofía con el E-book. Todo en la más absoluta intimidad, sin nadie que nos molestara. Como si se detuviera el tiempo.

Sobre la una y media regresamos a la casa para darnos un baño en la piscina y así quitarnos parte de la arena y la sal que teníamos pegada al cuerpo. Y al entrar por la puerta trasera divisé a Fiorella haciendo unos estiramientos en el jardín. Con el pelo recogido en un moño mal hecho, la modelo tan solo llevaba puesta la parte de abajo de un mini biquini rojo, que se le metía entre los dos glúteos.

Y de verdad que intenté que no ocurriera, pero, joder, ¡era Fiorella Moretti!, ¿cómo cojones no me iba a empalmar? Me puse debajo de la ducha fría de la piscina para que se me enfriara todo, pero con eso lo único que conseguí es que se me mojara el bañador y el bulto de mi paquete se hiciera más evidente.

Entonces me fijé en Elvira, incluso se quitó las gafas de sol para verme bien y esbozó una sonrisa perversa, sin importarle que estuviera delante mi novia. La muy cerda sostenía un libro en las manos y también nos mostraba sus tetazas de manera indecorosa. El baño no consiguió calmarme y todavía fue peor cuando nos reunimos los cuatro en la mesa del jardín para comer.

El día era muy caluroso y estaba claro que nuestras anfitrionas no tenían ninguna intención de cubrirse la parte de arriba. Me encantó cuando Fiorella se quedó de pie delante de la mesa para coger una aceituna y Elvira se situó tras ella pasándole las manos por el vientre y besando su hombro desnudo.

En ese momento los dos cruzamos la mirada un segundo y Elvira, aprovechando que mi chica contestaba un whatsapp, me hizo un gesto subiendo las dos cejas, y volvió a ponerse las gafas de sol antes de que Sofía se diera cuenta de nuestro tonteo.

La comida fue un calvario para mí, con Elvira y Fiorella sentadas una a cada lado —a menos de un metro— y Sofía de frente, con la parte de arriba de su biquini puesta, rebosando sus pechos por todos lados y con cara de pocos amigos. Y ya ver cómo se comían la sandía de postre, cogiendo un buen trozo con la mano y esas gotas de fruta que resbalaban por la comisura de sus labios fue una de las visiones más eróticas que jamás había visto. Elvira todavía fue más allá y dejó que el zumo de la sandía goteara hasta que le alcanzó el canalillo y se limpió con la mano para luego chuparse los dedos.

―¡Mmmmm, delicioso!

Hubiera matado por meter la cara allí unos segundos y limpiárselo yo mismo con la lengua.

Dejamos a las dos sirenas dentro de casa, viendo una película en inglés recostadas en el sofá. Nosotros subimos a nuestro cuarto y llegué con una erección bien potente, casi a la par que el cabreo de mi novia.

―Pero estas dos ¿de qué van?, ¿has visto qué ordinarias?, a ver, hijas, que no cuesta tanto cortar la sandía en trocitos más pequeños y comerlos como una persona civilizada.
―Pues a mí también me gusta comer la sandía así, como ellas, y el melón igual.
―Tú encima defiéndelas… y además, digo yo, ¿por qué cojones tienen que comer con las tetas al aire?, es simplemente una cuestión de educación, ya sé que hace mucho calor, muchísimo, pero, chica, te das un baño y luego te pones la parte de arriba del biquini; tampoco creo que sea tan difícil. Al final, son maleducadas con dinero…, se piensan que por tener pasta pueden hacer lo que quieran y encima se creen guais y no se dan cuenta de que quedan como unas chonis vulgares…
―No le des más importancia, están de vacaciones y quieren estar a su aire. Y a mí me parece bien que hagan lo mismo que si no estuviéramos, eso quiere decir que se encuentran a gusto con nosotros, ¿no?
―Puede ser, pero…
―Anda, ven aquí, no quiero que estés enfadada, disfruta, que esto es la hostia.
―Sí, eso sí, hay que reconocer que la casa y el sitio son increíbles… y mi novio tan contento, para ti sí están siendo una gozada estas vacaciones.
―No me puedo quejar, ¿y sabes lo que haría yo para darles en los morros a esas dos? ―dije sentándome detrás de ella en la cama y acariciando sus pechos―. Yo también me quitaría el biquini, ala, ¡todas con las tetas al aire!
―Eso es lo que te gustaría a ti, estar rodeado de un harén de tetas, tetas, tetas por todas partes, ¡y más tetas!, no sabrías ni dónde mirar. Pero no quiero enseñarles estas, ellas son las lesbianas, yo no, les gustaría mucho vérmelas, y no voy a darles ese capricho…
―Mmmmm, se pondrían cachondísimas, las dos te mirarían con lujuria, ufffff…, me pongo malo solo de pensarlo ―susurré desabrochando el nudo de su sujetador.

Sofía se dejó hacer y me permitió que le sobara las tetazas. Nunca habíamos tenido una fantasía lésbica, pero yo veía a mi chica otra vez más cachonda de lo normal. Si es verdad eso que dicen que todos tenemos una parte bi, no me extrañaría que a Sofía le gustara ver desnudas a Elvira y Fiorella. Era algo inevitable.

Lo llevamos en la naturaleza.

Acaricié sus pesados pechos, dejando que reposaran en mis manos, sopesándolos, haciéndolos bambolear y luego tiré de sus pezones y a Sofía se le escapó un gemidito. Echó la cabeza hacia atrás y permitió que devorara su cuello mientras jugaba con sus tetas. Eso le volvía loca. Se sentía muy guarra cuando la sobaba de manera vulgar, ella sabía que las tenía muy grandes, exageradas, y nunca había tenido complejo, más bien al contrario. Las solía lucir con orgullo.

―¿Te imaginas? ―susurré en su oído―, las tres desnudas en la playa… y yo estaría, uffff, empalmadísimo…
―¡Aaaaaah, eres un cabrón!
―Seguro que follan pensando en ti, les das mucho morbo, ¡se nota!, y a esas dos zorras les encantaría hacer un trío contigo…
―Aaaaah, aaaaah, deja de decir bobadas…
―¿Bobadas?, ¿y por qué estás tan cachonda?
―Es por este puto calor, joderrrr, estoy sudando por todos sitios…
―Mmmmm, qué rica cuando te caen esas gotitas de sudor entre las tetas, es delicioso lamerlas y sentir el sabor salado en la lengua. Y dime, ¿cuál de las dos te gustaría que lo hiciera?
―¡¡Aaaaah, cállate ya, aaaaah…, y sigueee tocándome así!!
―Fiorella o Elvira, dime una de las dos…
―Aaaaah…
―Yo creo que te pondría más Fiorella, seguro, una de las mejores top model del mundo comiéndote las tetas delante de mí, mmmm, me encantaría verlo, ¡y qué pajaza me haría!
―Deja de decir eso…
―No pasa nada porque te ponga cachonda, es normal, ¡es guapísima la cabrona!, ¿verdad?
―Sí, sí que lo es…, aaaaah, aaaah, pero no quiero hablar de ella…, solo quiero tu polla ―exclamó Sofía pasando la mano hacia atrás y agarrándomela por encima del pantalón.
―Imagínate a Fiorella chupándote estas tetazas. ―Y las hice bambolear con un pequeño azotito―, te las comería tan bien, mmmm, y con lo que te gusta casi no tendría ni que usar los dedos para que llegaras al orgasmo, ¿tú crees que Fiorella podría hacer que te corrieras usando su lengua y a la vez acariciándote el coñito con sus delicados dedos?…, ¡yo creo que sí!, y muy rápido, no aguantarías con ella ni un par de minutos…, está demasiado buena y tiene una carita de puta, mmmmm, es de las que sabe lo que se hace…
―Aaaaah, aaaaah, aaaaah, vale, cállate ya… ―Y Sofía se dio la vuelta y se puso a cuatro patas en la cama.

Pensé que me iba a pedir que me la follara, pero se giró hacia mí y vino gateando sin dejar de mirarme. Tenía la boca entreabierta y le colgaban los melones tanto que casi rozaban con las sábanas. Esos pechos eran grandes y desmesurados y bajé la mano para sopesarlos entre los dedos, comprobando su tacto y peso.

―A mí me gustan las pollas ―susurró Sofía―, ¿te has enterado?, ¡a mí me gustan las pollas!

En cuanto repitió la frase, tiró de mi bañador y la mía salió disparada. Menos mal que estuvo atenta o la hubiera golpeado en toda la cara. Me echó una última mirada y la agarró entre sus dedos. Hundió la cabeza en mi regazo y antes de metérsela en la boca pude escuchar que decía de manera casi ininteligible.

―¡Ahhh, aaaah, me gustaaan las pollas!

Lo siguiente que sentí fue el calor de su saliva envolviéndome y la agarré del pelo justo cuando comenzaba a hacerme una mamada. Pensé que después iba a pedirme que me la follara, incluso que se la metiera por el culo, veía a Sofía demasiado excitada y si se calentaba demasiado, me solía terminar suplicando que destrozara su ojete, pero le estaba poniendo demasiado esmero a su felación.

Chupaba y absorbía con mucha fuerza y con la mano me la agarraba muy duro, sin dejar de pajearme. Enseguida se iba a girar para que me la follara a cuatro patas, estaba convencido y por eso tuve que pedirle que bajara un poco el ritmo o no podría aguantar casi nada cuando se la metiera. Y Sofía seguía lamiendo, haciéndome un mamadón tremendo, las piernas me temblaron y bajé otra vez la mano para pellizcarle los pezones. Y de repente Sofía incrementó el ritmo.

Acaricié su pelo y murmuré que parara, pero mi novia quería reivindicarme que lo que le gustaba era los tíos. Que a ella no le excitaban esas dos fulanas que tomaban el sol medio desnudas en la piscina. Y me miró a los ojos sacando la lengua y pajeándome a toda velocidad. Yo ya no pude más.

―¡Córrete en mi boca! ―suspiró con un sonoro beso en mi abdomen.
―¿En la boca o en la cara?
―Donde quieras ―jadeó cerrando los ojos―. ¡Hazlo donde quieras!

Aparté su mano, me la agarré yo mismo y me la sacudí a toda velocidad delante de Sofía. Un tremendo disparo se coló en su boca y llegó hasta la garganta y después apunté a toda su cara. Sofía recibió ansiosa mi eyaculación, sacando la lengua e intentando lamerme la puntita mientras yo la tenía sujeta por el pelo.

―¡¡Aaaaah, cómo me has puesto!! ―Y se lanzó a devorar mi tronco, a limpiarme la polla con besos cortitos a la vez que iba depositando los restos de semen en su boca.

Me gustaba que lo hiciera soltando gemiditos y acariciándome los huevos y en un par de minutos mi polla ya lucía bien limpia, aunque se me había bajado la erección. Sofía volvió a engullir mi pingajo flácido por completo y con otro beso en el ombligo se incorporó frente a mí.

―¿Te ha quedado claro lo que me gusta? ―Y se chupó el dedo y luego abrió la boca para que contemplara su interior.
―Sí, muy claro…
―Y ahora vamos echarnos un rato la siesta antes de bajar a la playa…, pero luego quiero que me folles, no te creas que hoy te vas a librar de metérmela…
―¿No prefieres que lo haga ahora?
―No, te acabas de correr y se te ha habrá pasado todo el calentón, yo quiero que me folles con la polla bien dura y que, además, estés cachondo…
―¿Y esta noche tú crees que lo estaré…?
―No tengo ninguna duda, ¡eres un puto cerdo y cuando vengamos de la playa con esas dos guarras, vas a volver a estar empalmado!, ¡seguro!
―Joder, Sofía…
―Anda, ven aquí y abrázame, vamos a dormir una horita y luego bajamos a la cala…


La siesta y el calor que hacía no ayudaron a que mi novia se calmara, apenas pudimos descansar unos minutos y al despertarme tenía un mensaje de whatsapp de mi amiga.

Elvira 16:15
Estamos ya en la playa por si luego os animáis…

Cogimos un par de toallas, protección solar, agua y el E-book, y ni tan siquiera nos vestimos. El día era jodidamente caluroso y hacía demasiada humedad. Fuimos a la calita tal cual, yo en bañador y sin camiseta y Sofía solo con el biquini negro. Al llegar nos encontramos a Fiorella sentada en la tumbona con gafas de sol y un sombrero de paja y a Elvira detrás de ella echándole crema bronceadora por la espalda.

Acariciaba a su novia con sus bonitas tetas desnudas y los piercings de los pezones brillaban por el reflejo de los rayos del sol. ¡Era una imagen muy impactante!, y a pesar de que se las había visto muchas veces, no me acostumbraba a tener en topless a mi amiga delante de Sofía.

Ya tenía bien embadurnada a Fiorella, pero siguió acariciando su espalda y las piernas desde atrás. La italiana permanecía impasible a los dedos de Elvira y tampoco dijo nada cuando apoyó la cabeza en su hombro y pasó las manos hacia delante para acariciar los pequeños pechos de la modelo.

Nos pusimos en la tumbona de al lado justo cuando Fiorella se acostaba bocabajo para que Elvira siguiera masajeando su espalda. Yo imité a mi amiga y comencé a echar crema a Sofía mientras miraba a la parejita hacerse arrumacos.

Ni que decir tiene que mi polla saltó como un resorte en cuanto vi el culito desnudo de Fiorella. Le brillaba el cuerpo entero y allí tenía a la supermodelo completamente desnuda a un par de metros de distancia.

No sé si se llegó a dormir la italiana, pero Elvira no dejó de pasarle las manos por la espalda y acto seguido por sus glúteos. Bajé los tirantes del biquini a Sofía y también masajeé a mi chica mirando cómo Elvira sobaba el pequeño culo que tenía ante sí.

Ese día no estábamos tan solos como de costumbre, nos acompañaban otras dos parejas a lo lejos, aunque estaban a unos treinta metros de distancia; pero eso no parecía importarle a Elvira, que seguía acariciando a su novia.

―Esta ya se ha dormido ―anunció dejando de masajear a Fiorella―. ¡Qué facilidad tiene!

«Yo también me dormiría escuchando las olas del mar mientras me sobas la espalda y el culo».

Luego comenzó a echarse crema ella misma por las piernas, los brazos y por último en las tetas. Ahora era Sofía la que me embadurnaba a mí el cuerpo y me tumbé como Fiorella para que no notaran mi empalmada.

―¿Me ponéis un poco en la espalda? ―nos preguntó Elvira estirando el brazo para pasarnos el bote.

No me dio tiempo a reaccionar y fue Sofía la que se puso de pie a su lado, le soltó tres o cuatro disparos y luego comenzó a extenderla por su espalda, sin mucho entusiasmo. Elvira y yo cruzamos la mirada y ella me sonrió. Me pareció demasiado morboso ver a mi novia con las manos sobre el cuerpo de mi amiga y eso no ayudó precisamente a que se calmara mi erección. Se le movían las tetas de lado a lado y me hubiera encantado que Sofía pasara las manos hacia delante para sobar los puntiagudos pechos de Elvira, pero no lo hizo.

―Esto ya está ―afirmó mi novia pasándole el bote de crema otra vez.

Después Sofía se tumbó en la hamaca y encendió el E-book.

―Pues creo que me voy a dar un baño, hace demasiado calor ―dijo Elvira quitándose las gafas de sol―. Adri, ¿te vienes?
―Eh, sí, claro…

Inmediatamente mi chica levantó la vista de su libro electrónico y casi me fulmina con la mirada, pero no pudo decir nada y tuvo que contemplar en silencio cómo me acercaba hasta la orilla con Elvira. Por suerte para mí, enseguida le di la espalda y no se enteró del destacado bulto bajo mis bermudas.

Ella no se dio cuenta, pero Elvira sí.

Entramos juntos en las pacíficas aguas de la calita y nos adentramos unos metros. Elvira tenía ganas de jugar conmigo, de ponerme cachondo. El calor que hacía tenía pasada de vueltas a mi amiga y no se cortó un pelo en cuanto nos quedamos a solas.

―¿Otra vez así, «Adri»? ―preguntó llamándome con el diminutivo como hacía mi novia―. No debe ser muy sano estar todo el día con eso duro, ¿no?
―Lo mismo podría decir de tus pezones, recuerdo que se te ponían como agujas cuando estabas cachonda…, más o menos como ahora.
―Touché…
―Te conozco demasiado bien…
―Se me han puesto duros al ver cómo te retorcías en la hamaca mirando a Fiorella mientras tu novia me masajeaba la espalda…
―Uffff, no empieces, Elvira, que nos conocemos…
―¿No quieres salir con la pollita tiesa?
―¿Pollita?, ja, ja, ja, pues bien que gritabas cuando te la metía por el culo…
―Parece que recuerdas muy bien todo lo que hacíamos, y eso que han pasado mil años.
―Hay cosas que no se olvidan.
―¿Y por eso no dejas de mirarme las tetas?
―¿Dónde quieres que mire?, son muy bonitas, me encantan cuando se te ponen los pezones así y, además, me dan mucho morbo los dos piercings que llevas…, tiene que ser la hostia ver a Fiorella mientras te las come…
―Mmmmm, ¿lo dices en serio?, ¿te gustaría verlo?
―Sí…
―¿Te pondría cachondo vernos follar?
―Tiene que ser una delicia ―murmuré acomodándome la polla bajo el agua.
―¿Le molestaría mucho a «tu novia» si me quitara ahora las braguitas y me bañara desnuda?
―Ni se te ocurra, Elvira, podría venir en cualquier momento…, no creo que le hiciera gracia, y podría dar lugar a malos entendidos.
―Ooooh, en la universidad eras más atrevido, te encantaba el riesgo…
―Creo que es mejor que me vaya…
―Que no, tonto, tranquilo, que no voy a hacer nada, pensé que me conocías un poco mejor, no soy tan cabrona, solo me gusta provocarte.
―Vale, porque no me apetecía nada salirme, hoy hace mucho calor…
―Muy bien, y por cierto…, lo de antes te lo preguntaba en serio.
―¿El qué…?
―Lo de vernos juntas.
―¿Y eso?, ¿es que le excita a tu novia que os vea follar tu ex?
―No, ella no lo sabría. Sería una cosa nuestra. Me pondría muy cachonda si nos vieras sin que ella lo supiera…
―¡Joder, Elvira!, ¡no me digas eso!
―Yo te diría sitio, hora, y dónde te tendrías que poner para vernos bien… y tú solo tendrías que salir de la habitación, espiarnos y disfrutar. Casi todas las noches follamos en el jardín, al aire libre.
―¡Buffff, no me tientes!
―No vas a tener otra oportunidad como esta, piénsalo… ―Y fue Elvira la que salió primero del agua para que viera su culo de gimnasio cubierto tan solo por un tanguita blanco de tiras, que se perdían entre sus duros glúteos.

Me quedé en el agua, solo. Menos mal que me había corrido un par de horas antes o hubiera explotado allí mismo. No sabía si Elvira me estaba vacilando o si el juego que me proponía era verdad, aunque mi amiga no era de las que se tiraba esos faroles. Yo no tendría que hacer nada, solo acomodarme en un rincón oscuro del jardín y ver a Fiorella y Elvira comerse los coños.

¿Qué simple mortal hubiera declinado esa oferta?
 
Capítulo 11



Nos levantamos temprano, con ganas de aprovechar el día. Imelda nos preparó un estupendo desayuno en el jardín a Sofía y a mí y no nos demoramos mucho en salir, cogimos el coche eléctrico que nos prestó nuestra amiga y fuimos hasta el casco histórico.

Estuvimos dando una vuelta, recorrimos todos los rincones de la preciosa isla y terminamos comiendo en un restaurante que me recomendó Elvira. Por la tarde, fuimos a San Antonio y cenamos en una terracita. Cuando regresamos ya era de noche, serían sobre las once y, por un mensaje que me había mandado Elvira, sabía que estábamos solos en casa. Ellas también habían bajado a cenar por el centro y luego quedaron con unos amigos a tomar una copa.

Hacía tan bueno que nos apeteció pegarnos un bañito en la piscina. Bajamos con una toalla y el bañador y nos metimos en el agua, aunque ya fuera tarde. Abracé a Sofía por detrás y planificamos el día siguiente, y al final, como nos habíamos pegado buen tute, decidimos quedarnos en el casoplón y por la tarde bajar a la playa.

Terminamos recostados en las tumbonas y sobre la una de la mañana nos fuimos a dormir. Por suerte el día había sido mucho más tranquilo que el anterior, aunque sabía que en la siguiente jornada posiblemente vendrían turbulencias, sobre todo si coincidíamos con Elvira y Fiorella.

Nos vino bien ese pequeño respiro de las dos divas y yo caí en un sueño plácido. Me desperté temprano, sobre las ocho, y salté de la cama sin molestar a Sofía, que dormía a pierna suelta en aquella inmensa cama. Cogí ropa deportiva y pensé en bajar a la playa a hacer un poco de deporte. Imelda me preguntó si quería desayunar y yo le contesté que mejor cuando volviera de correr.

Al pasar por la piscina me encontré con Elvira, estaba en una de las tumbonas, todavía con el vestido de fiesta puesto, y degustaba un café calentito y humeante, en una taza que cogía con las dos manos.

―¡Ey, buenos días, Adrián!, ¿qué tal ayer?, no nos vimos…
―Pues genial, estuvimos en todos los sitios que nos recomendaste, comimos en el casco, donde nos dijiste, y también fuimos a cenar…
―¿Le comentaste a Txomin que me conocíais?
―No, ya sabes que soy vergonzoso para esas cosas… ¿Y vosotras qué tal?, ¿mucha fiesta?
―Sí, quedamos con unos amigos y mira qué horas, hemos llegado hace nada, eh…; al final salimos para un ratillo y mira…
―Esas son las fiestas buenas…
―No sé yo…, hoy no me muevo de casa, ¿y vosotros qué plan tenéis?
―También nos vamos a quedar, vamos a abusar un poco de vuestra hospitalidad, si no os importa…
―Yo encantada. ¿Y dónde vas tan temprano?
―A hacer un poco de deporte en la playa…, si te animas…
―Pufff, hoy no estoy yo para hacer sentadillas, aunque, si dejas que me cambie, te acompaño; al menos te daré apoyo moral…
―¡Genial!
―Ahora vuelvo…, tómate algo si quieres, en lo que me cambio.
―No, prefiero entrenar con el estómago vacío, luego ya desayuno con Sofía…
―OK…

No tardó en regresar, ataviada con unas mallas deportivas negras y una sudadera gris sin capucha. Fuimos charlando hasta la playa y ella se quedó sentada mirando al mar en una toallita que trajo. Yo me pegué varias carreras de largo a largo de la calita, luego hice unos sprints, saltos, zancadas y para terminar unas flexiones. Casi cuarenta y cinco minutos de entrenamiento intenso.

Elvira me animaba cuando pasaba a su lado, aunque yo creo que lo hacía para no quedarse dormida, pues se recostó en la toalla con las gafas de sol puestas. Luego me senté a su lado, con la respiración acelerada.

―¡Me has dado mucha envidia!, aunque reconozco que estos días estoy muy vaga…
―Bueno, es normal, a veces el cuerpo te pide parar también; es muy importante, no puedes estar todo el año a tope…
―Ya, al menos intento cuidar la alimentación, tampoco quiero joder tantos meses de trabajo en tan poco tiempo, aunque ayer creo que me pasé con el alcohol…
―Por un día…
―Es que no es un día solo…
―Hay que disfrutar también, ¡este sitio es espectacular!
―Lo sé, creo que este año intentaré escaparme una semanita en invierno.
―Ah, y muchas gracias por la invitación.
―No hay de qué…, me gusta teneros aquí…
―Espero que no molestemos…
―¡En absoluto!, si nos encanta recibir gente, mira, en un par de semanas van a venir cuatro amigos italianos de Fiorella también.
―Anda, no lo sabía… Lo que sí que nos gustaría es pagarte algo, no nos gusta estar así, de gratis, toda la semana…
―¡Ni se os ocurra!
―¡Pero, joder!, esto debe salirte por una pasta, los coches, el catering, los gastos de la casa…
―Estas son nuestras vacaciones, el resto del año nos lo pasamos currando muy duro, salvo un par de viajes, pero estos son los días que realmente aprovecho para descansar, así que no me importa gastarme un poco de dinero, para eso está…
―Ya, pero…
―¿Cuánto me voy a gastar?, ¿veinte mil, treinta mil euros?, la casa ya te digo que nos la deja un amigo, el resto lo pago a medias con Fiorella; así que por eso no te preocupes…; te haces un viaje por Tailandia veinte días y te gastas diez mil como si nada…, ¿no?
―Bueno…
―Y qué mejor que compartirlo con amigos, así que no quiero que volvamos a hablar de este asunto, Adrián.
―Me alegro de que te vaya tan bien con la empresa y todo eso…, ¡qué envidia me das!
―Una vez que despegas luego ya es más fácil, te vas haciendo un nombre dentro de la industria, la gente importante te conoce y he apostado por varios proyectos que están funcionando. Me he metido también en el tema de los videojuegos, inversiones inmobiliarias, todas esas cosas, al final voy reinvirtiendo parte de los beneficios, ya sabes, dinero llama a dinero; y sí, esto es muy esclavo, pero lo importante es rodearte de gente de confianza, no pienso llevar este ritmo toda la vida…
―Lo tienes muy claro…
―También me he hecho bastante «famosilla» a partir de la relación con Fiorella, y ya sabes que esas cosas llaman la atención, las marcas de ropa te reclaman, de coches, de zapatillas, de productos de maquillaje…, solo con lo que gano en publicidad en un mes, pago estas vacaciones…
―¡Joder!
―Ah, ¡se me olvidaba!, te quería comentar una cosa, cambiando de tema, espero que Sofía no se haya molestado por lo del otro día…, ya sabes, cuando Fiorella se quedó desnuda en la playa…
―No, no dijo nada…
―Es que a ella le encanta estar así y en otros sitios no lo puede hacer, pero en esta calita privada ya te digo que la mayor parte del tiempo va a estar desnuda…
―Por nosotros no hay problema…
―Ya sé que por ti no lo hay, cabronazo, te pasaste el día empalmado ―bromeó quitándose las gafas de sol y mirándome a los ojos.
―¡Me podías haber avisado antes de que lo iba a hacer!, aunque tampoco hubiera servido de mucho, ja, ja, ja…
―¿Qué pasa, es que te pone mi novia?
―No solo ella, tú también estuviste todo el día en topless, hicisteis que me pillara un buen calentón…
―Pues no era mi intención…, o sí ―apuntilló volviendo a ponerse las gafas de sol y divisando el mar―. Me encanta que estés aquí…
―Gracias, y ahora que estamos solos, eeeeh…, que no te moleste que te diga lo buenorra que te has puesto…
―Lo sé…
―Cuando subimos de la playa, tuve que follarme a Sofía en la ducha…
―¿Ah, sí?, ¿tan cachondo estabas?
―Sí…, sigues teniendo unas tetazas de impresión…; salimos de la playa muy encendidos, yo creo que hasta Sofía estaba excitada.
―Ja, ja, ja, ¡me encanta que me digas esas cosas!, y eso que luego os perdisteis lo mejor, cuando nos quedamos solas.
―Mmmmmm…, ¿y se puede saber qué es lo que pasó?
―La sesión de fotos que le hice a Fiorella.
―No me pongas los dientes largos…

Elvira sacó el móvil, rebuscó en la galería y después me lo pasó.

―Mejor que lo veas directamente, ¡ah, y de esto ni una palabra a nadie!, ¡si Fiorella se entera, me mata!

La primera foto la había hecho cuando empezaba a anochecer. Su novia estaba en topless en la orilla del mar y mi polla saltó como un muelle bajó el pantalón de deporte.

―¡Joder! ―exclamé pasando a la siguiente foto, en la que la modelo italiana se había puesto a cuatro patas.

A medida que avanzó la sesión, se fue haciendo más de noche, hasta que el sol se había puesto definitivamente. Las siguientes fotos ya estaban hechas con flash. ¡Y de repente apareció Fiorella completamente desnuda y abierta de piernas!

La instantánea estaría sacada como a unos tres metros, estaba recostada en la playa, miraba directamente a la cámara con cara de zorra y se le veía el coño a la perfección.

―Buffff, hay que reconocer que tu novia está muy buena y que… lo tiene muy bonito… ―afirmé.
―Y no te imaginas lo bien que sabe…
―Sí me lo imagino, sí…

En la siguiente foto Fiorella estaba de espaldas, a cuatro patas, y se abría los glúteos con la mano. Elvira sonrió, se agarró a mi brazo y volvió a mirar al mar, dejando que me deleitara con su chica.

―¿Qué te parece?
―¡Vaya culito! ―exclamé.
―Después se lo comí y se corrió en mi boca… ―soltó Elvira como si nada.
―¡Joder!, vas a ponerme cachondo… y el día se me puede hacer muy largo…
―Ja, ja, ja, ¿yoooo?, anda, trae el móvil, que todavía veo que te la sacas aquí mismo…
―Eso te gustaría, a lo mejor te apetece cascármela otra vez como en Gijón mientras veo las fotos de tu novia… y sí, ¡ya la tengo dura!
―Más quisieras, cariño…
―¿Es que no te gustó lo de Gijón?, pues bien decías que te apetecía tocar una polla.
―Ese día estaba muy borracha, ya lo sabes…
―Sí, sí…
―Vamos para casa…, no sea que se levante Sofía y se ponga celosa porque estemos aquí juntos…, también me he dado cuenta de que…, no sé, me mira raro. ¿Está enfadada conmigo?
―No, bueno, si te soy sincero, antes te he dicho que no pasaba nada, pero la verdad es que no le gustó mucho que tu novia se quedara en «pelotas», aunque claro, tampoco le iba a decir nada…
―Ya me lo suponía, es que Fiorella es un poco exhibicionista, le gusta que la miren y le da igual si hay gente o no en la playa, y ya te advierto que no se va a cortar cuando esté con vosotros…, pero vamos, con sus amigos también lo hace, eh…
―¡Me lo suponía!
―Al menos me alegro de que Sofía no esté tirante conmigo o celosa…
―Que yo sepa no, aunque siempre habéis tenido un pequeño pique entre las dos, por mí, je, je, je…
―No te hagas el importante. Yo no tengo ningún problema, aunque Sofía debería controlarse un poco ―dijo Elvira tratando de provocarme―, parece que le molesta que tú y yo nos llevemos tan bien, y eso que al final fue ella la que terminó contigo.
―Yo creo que es algo del pasado y bueno…, entenderás que tampoco le guste mucho que tú también te quedes medio desnuda delante de mí…, al final las mujeres tenéis muchos complejos y envidias las unas de las otras…
―Si sabe que ya me has visto muchas veces así, en la universidad nos acostamos mil veces, ¿qué más da…?
―No es lo mismo, antes éramos unos críos, han pasado muchos años y, sinceramente, ¡no estabas tan buena!, tienes que entender que ahora…
―Mira, Adrián, eres una de las personas más importantes para mí, lo que tenemos tú y yo no lo sabe nadie más, nuestras cosas, por eso me encanta estar contigo, tú conoces realmente cómo soy y eso no lo puede decir nadie; sí, en Barcelona tengo un par de amigas muy íntimas, pero no es lo mismo. Puedo hablarte de todo y sé que me vas a entender, igual que yo a ti. Somos iguales. En la universidad reconozco que me fastidió mucho cuando empezaste a salir con Sofía, no porque tú y yo ya no fuéramos novios, era más por cómo la mirabas, joder, ¡estabas pilladísimo por ella!, se te ponía una cara de gilipollas enamorado que me repateaba, ¡a mí nunca me miraste así! Pero también sé que en la cama éramos la hostia y con Sofía echarás buenos polvazos, ¡se nota que es una morbosa de cuidado con esa cara y esas tetorras!, aunque seguro que no son iguales que conmigo. ¡Todas esas cosas que hacíamos!
―Sí, todavía me acuerdo, se te ocurría cada locura que me asustaba…, ¡menuda viciosa eras y sigues siendo!
―En la playa nunca me pongo la parte de arriba del biquini; no lo hago por ti o porque te quiera provocar. Pero también me gusta que me veas, no te lo voy a negar, ¡me da mucho morbo que admires el cuerpazo que tengo ahora y más cuando te pones cachondo! ¡Me gusta que me mires de esa manera tan sucia y a Fiorella igual!, ella lo ha notado también… Voy a seguir haciéndolo, aunque se te ponga dura y le moleste a tu novia, y Fiorella lo mismo…
―Gracias por avisar, eh…, uffff, no hace falta que te diga cómo estoy ahora, ¿no?
―Tienes la cabeza echando humo después de las fotos que te he enseñado y de esta conversación. No te voy a hacer una paja si es lo que estás insinuando… y sí, ya sé que la tienes dura desde hace un buen rato, ¿te molesta que esté agarrada a tu brazo o prefieres que me suelte?
―Claro que no…, me gusta estar así contigo y además aquí, ¡joder, Elvira!, este sitio es la hostia…, de verdad que me alegro de que te vaya tan bien…
―Todo es trabajo, trabajo, trabajo y prepararte para ello. Cualquiera lo podría hacer. Nadie me ha regalado nada, tuve que pedir un préstamo para empezar y reconozco que me fue bien desde el principio, pero luego hay que seguir formándose. Hablo perfectamente inglés, alemán y un poco de chino, no he dejado de estudiar y buscar nuevas formas de inversión. Al principio me tomaban por una niñata, es difícil que te respeten como empresaria siendo tan joven, me costó entrar en ese círculo de personas poderosas, ya me entiendes, gente con dinero, conseguir contactos, es un ambiente muy machista y, bueno, al final mi imagen ha ayudado, no lo niego, por eso entreno también mi cuerpo, es una parte muy importante, y esto no es un alegato feminista ni nada de eso, eh, ya sabes que no me gusta ir de víctima: cuando veo a las machirulas esas con los pelos de colores hablando de los derechos de las mujeres, me dan ganas de vomitar, esas que no han trabajado en su puta vida, yo me levanto a las cinco de la mañana y me acuesto a las diez de la noche, ¡todos los días! Sí, me va bien, muy bien, pero creo que me lo he ganado. Tengo un piso precioso en Barcelona, mi novia es de las mujeres más guapas y deseadas del mundo, puedo viajar a cualquier parte del planeta cuando quiera, comer en los mejores restaurantes…, ¿qué más puedo pedir?
―Y no tienes ni treinta años.
―Ya te he dicho que no pienso seguir a este ritmo mucho tiempo…, en unos años viviré de los ingresos pasivos sin prácticamente hacer nada, ya podría hacerlo… y delegaré casi todo el trabajo de la empresa en otra persona…
―Lo tienes bien planeado.
―Por supuesto…, hay que saber retirarse a tiempo. Me gusta trabajar, pero prefiero estar aquí en la playa todo el día sin hacer nada y mirando el mar…
―Normal. Bueno, ¿qué hacemos, volvemos?
―Sí, deberías pegarte una ducha, que te vas a quedar frío, son más de las nueve y es posible que Sofía te esté llamando.
―Sí, además, he bajado sin el móvil, no pensaba estar tanto tiempo…

Subimos juntos, Elvira se agarró a mi brazo en actitud cariñosa y yo no me atreví a decirle que se soltara, era un gesto más de amistad que otra cosa, y por suerte para mí, Sofía todavía no se había levantado, porque no creo que le hubiera hecho mucha gracia ver a Elvira de esa manera.

Entré en la habitación y mi novia ojeaba el móvil en la cama tapada con una fina sábana.

―Ufff, hoy va a hacer mucho calor ―anunció viendo la aplicación del tiempo.
―No son ni las diez y ya empieza a hacer bueno…
―¿Cómo has tardado tanto?
―Me encontré con Elvira y hemos estado hablando, me ha acompañado hasta la playa… ―dije quitándome la ropa y metiéndome en la ducha.
―Date prisa, que te estaba esperando para desayunar, tengo mucha hambre… ―gritó Sofía justo cuando el agua ya me golpeaba en la cabeza.

Aparecimos por el jardín en manga corta, ya picaba el sol, y Elvira nos esperaba junto a la piscina. Imelda había preparado un desayuno compuesto por tostadas, bollería, jamón con tomate, café, zumos naturales, y estaba todo de diez.

Nuestra amiga nos estuvo contando lo que habían hecho por la noche en la fiesta en la que estuvieron y después nos preguntó si por la mañana nos íbamos a quedar en la casa o teníamos pensado bajar a la playa.

―Yo creo que vamos a ir un rato a la calita, es una gozada y hay tan poca gente… Hoy me apetece bañarme en el mar y luego pegarme un piscinazo antes de comer ―dijo Sofía, que ya lo tenía todo pensado.

Me encogí de hombros, sonreí y luego asentí. No me atreví a ponerle una coma a los planes que tenía mi novia. Me alegré de que nuestra amiga me diera unos momentos de respiro, ya que con el top blanco deportivo disimulaba sus enormes tetazas bajo la tela. Elvira llevaba gafas de sol para tapar sus ojeras y nos comentó que no se iba a mover de la hamaca en todo el día.

―Voy a leer un rato hasta que se levante Fiorella, espero aguantar hasta la hora de la siesta…

La mañana fue de relax absoluto en la playa con Sofía: paseos de un lado a otro, un par de baños, música con los cascos. Después nos sentamos en la arena mirando el mar y Sofía con el E-book. Todo en la más absoluta intimidad, sin nadie que nos molestara. Como si se detuviera el tiempo.

Sobre la una y media regresamos a la casa para darnos un baño en la piscina y así quitarnos parte de la arena y la sal que teníamos pegada al cuerpo. Y al entrar por la puerta trasera divisé a Fiorella haciendo unos estiramientos en el jardín. Con el pelo recogido en un moño mal hecho, la modelo tan solo llevaba puesta la parte de abajo de un mini biquini rojo, que se le metía entre los dos glúteos.

Y de verdad que intenté que no ocurriera, pero, joder, ¡era Fiorella Moretti!, ¿cómo cojones no me iba a empalmar? Me puse debajo de la ducha fría de la piscina para que se me enfriara todo, pero con eso lo único que conseguí es que se me mojara el bañador y el bulto de mi paquete se hiciera más evidente.

Entonces me fijé en Elvira, incluso se quitó las gafas de sol para verme bien y esbozó una sonrisa perversa, sin importarle que estuviera delante mi novia. La muy cerda sostenía un libro en las manos y también nos mostraba sus tetazas de manera indecorosa. El baño no consiguió calmarme y todavía fue peor cuando nos reunimos los cuatro en la mesa del jardín para comer.

El día era muy caluroso y estaba claro que nuestras anfitrionas no tenían ninguna intención de cubrirse la parte de arriba. Me encantó cuando Fiorella se quedó de pie delante de la mesa para coger una aceituna y Elvira se situó tras ella pasándole las manos por el vientre y besando su hombro desnudo.

En ese momento los dos cruzamos la mirada un segundo y Elvira, aprovechando que mi chica contestaba un whatsapp, me hizo un gesto subiendo las dos cejas, y volvió a ponerse las gafas de sol antes de que Sofía se diera cuenta de nuestro tonteo.

La comida fue un calvario para mí, con Elvira y Fiorella sentadas una a cada lado —a menos de un metro— y Sofía de frente, con la parte de arriba de su biquini puesta, rebosando sus pechos por todos lados y con cara de pocos amigos. Y ya ver cómo se comían la sandía de postre, cogiendo un buen trozo con la mano y esas gotas de fruta que resbalaban por la comisura de sus labios fue una de las visiones más eróticas que jamás había visto. Elvira todavía fue más allá y dejó que el zumo de la sandía goteara hasta que le alcanzó el canalillo y se limpió con la mano para luego chuparse los dedos.

―¡Mmmmm, delicioso!

Hubiera matado por meter la cara allí unos segundos y limpiárselo yo mismo con la lengua.

Dejamos a las dos sirenas dentro de casa, viendo una película en inglés recostadas en el sofá. Nosotros subimos a nuestro cuarto y llegué con una erección bien potente, casi a la par que el cabreo de mi novia.

―Pero estas dos ¿de qué van?, ¿has visto qué ordinarias?, a ver, hijas, que no cuesta tanto cortar la sandía en trocitos más pequeños y comerlos como una persona civilizada.
―Pues a mí también me gusta comer la sandía así, como ellas, y el melón igual.
―Tú encima defiéndelas… y además, digo yo, ¿por qué cojones tienen que comer con las tetas al aire?, es simplemente una cuestión de educación, ya sé que hace mucho calor, muchísimo, pero, chica, te das un baño y luego te pones la parte de arriba del biquini; tampoco creo que sea tan difícil. Al final, son maleducadas con dinero…, se piensan que por tener pasta pueden hacer lo que quieran y encima se creen guais y no se dan cuenta de que quedan como unas chonis vulgares…
―No le des más importancia, están de vacaciones y quieren estar a su aire. Y a mí me parece bien que hagan lo mismo que si no estuviéramos, eso quiere decir que se encuentran a gusto con nosotros, ¿no?
―Puede ser, pero…
―Anda, ven aquí, no quiero que estés enfadada, disfruta, que esto es la hostia.
―Sí, eso sí, hay que reconocer que la casa y el sitio son increíbles… y mi novio tan contento, para ti sí están siendo una gozada estas vacaciones.
―No me puedo quejar, ¿y sabes lo que haría yo para darles en los morros a esas dos? ―dije sentándome detrás de ella en la cama y acariciando sus pechos―. Yo también me quitaría el biquini, ala, ¡todas con las tetas al aire!
―Eso es lo que te gustaría a ti, estar rodeado de un harén de tetas, tetas, tetas por todas partes, ¡y más tetas!, no sabrías ni dónde mirar. Pero no quiero enseñarles estas, ellas son las lesbianas, yo no, les gustaría mucho vérmelas, y no voy a darles ese capricho…
―Mmmmm, se pondrían cachondísimas, las dos te mirarían con lujuria, ufffff…, me pongo malo solo de pensarlo ―susurré desabrochando el nudo de su sujetador.

Sofía se dejó hacer y me permitió que le sobara las tetazas. Nunca habíamos tenido una fantasía lésbica, pero yo veía a mi chica otra vez más cachonda de lo normal. Si es verdad eso que dicen que todos tenemos una parte bi, no me extrañaría que a Sofía le gustara ver desnudas a Elvira y Fiorella. Era algo inevitable.

Lo llevamos en la naturaleza.

Acaricié sus pesados pechos, dejando que reposaran en mis manos, sopesándolos, haciéndolos bambolear y luego tiré de sus pezones y a Sofía se le escapó un gemidito. Echó la cabeza hacia atrás y permitió que devorara su cuello mientras jugaba con sus tetas. Eso le volvía loca. Se sentía muy guarra cuando la sobaba de manera vulgar, ella sabía que las tenía muy grandes, exageradas, y nunca había tenido complejo, más bien al contrario. Las solía lucir con orgullo.

―¿Te imaginas? ―susurré en su oído―, las tres desnudas en la playa… y yo estaría, uffff, empalmadísimo…
―¡Aaaaaah, eres un cabrón!
―Seguro que follan pensando en ti, les das mucho morbo, ¡se nota!, y a esas dos zorras les encantaría hacer un trío contigo…
―Aaaaah, aaaaah, deja de decir bobadas…
―¿Bobadas?, ¿y por qué estás tan cachonda?
―Es por este puto calor, joderrrr, estoy sudando por todos sitios…
―Mmmmm, qué rica cuando te caen esas gotitas de sudor entre las tetas, es delicioso lamerlas y sentir el sabor salado en la lengua. Y dime, ¿cuál de las dos te gustaría que lo hiciera?
―¡¡Aaaaah, cállate ya, aaaaah…, y sigueee tocándome así!!
―Fiorella o Elvira, dime una de las dos…
―Aaaaah…
―Yo creo que te pondría más Fiorella, seguro, una de las mejores top model del mundo comiéndote las tetas delante de mí, mmmm, me encantaría verlo, ¡y qué pajaza me haría!
―Deja de decir eso…
―No pasa nada porque te ponga cachonda, es normal, ¡es guapísima la cabrona!, ¿verdad?
―Sí, sí que lo es…, aaaaah, aaaah, pero no quiero hablar de ella…, solo quiero tu polla ―exclamó Sofía pasando la mano hacia atrás y agarrándomela por encima del pantalón.
―Imagínate a Fiorella chupándote estas tetazas. ―Y las hice bambolear con un pequeño azotito―, te las comería tan bien, mmmm, y con lo que te gusta casi no tendría ni que usar los dedos para que llegaras al orgasmo, ¿tú crees que Fiorella podría hacer que te corrieras usando su lengua y a la vez acariciándote el coñito con sus delicados dedos?…, ¡yo creo que sí!, y muy rápido, no aguantarías con ella ni un par de minutos…, está demasiado buena y tiene una carita de puta, mmmmm, es de las que sabe lo que se hace…
―Aaaaah, aaaaah, aaaaah, vale, cállate ya… ―Y Sofía se dio la vuelta y se puso a cuatro patas en la cama.

Pensé que me iba a pedir que me la follara, pero se giró hacia mí y vino gateando sin dejar de mirarme. Tenía la boca entreabierta y le colgaban los melones tanto que casi rozaban con las sábanas. Esos pechos eran grandes y desmesurados y bajé la mano para sopesarlos entre los dedos, comprobando su tacto y peso.

―A mí me gustan las pollas ―susurró Sofía―, ¿te has enterado?, ¡a mí me gustan las pollas!

En cuanto repitió la frase, tiró de mi bañador y la mía salió disparada. Menos mal que estuvo atenta o la hubiera golpeado en toda la cara. Me echó una última mirada y la agarró entre sus dedos. Hundió la cabeza en mi regazo y antes de metérsela en la boca pude escuchar que decía de manera casi ininteligible.

―¡Ahhh, aaaah, me gustaaan las pollas!

Lo siguiente que sentí fue el calor de su saliva envolviéndome y la agarré del pelo justo cuando comenzaba a hacerme una mamada. Pensé que después iba a pedirme que me la follara, incluso que se la metiera por el culo, veía a Sofía demasiado excitada y si se calentaba demasiado, me solía terminar suplicando que destrozara su ojete, pero le estaba poniendo demasiado esmero a su felación.

Chupaba y absorbía con mucha fuerza y con la mano me la agarraba muy duro, sin dejar de pajearme. Enseguida se iba a girar para que me la follara a cuatro patas, estaba convencido y por eso tuve que pedirle que bajara un poco el ritmo o no podría aguantar casi nada cuando se la metiera. Y Sofía seguía lamiendo, haciéndome un mamadón tremendo, las piernas me temblaron y bajé otra vez la mano para pellizcarle los pezones. Y de repente Sofía incrementó el ritmo.

Acaricié su pelo y murmuré que parara, pero mi novia quería reivindicarme que lo que le gustaba era los tíos. Que a ella no le excitaban esas dos fulanas que tomaban el sol medio desnudas en la piscina. Y me miró a los ojos sacando la lengua y pajeándome a toda velocidad. Yo ya no pude más.

―¡Córrete en mi boca! ―suspiró con un sonoro beso en mi abdomen.
―¿En la boca o en la cara?
―Donde quieras ―jadeó cerrando los ojos―. ¡Hazlo donde quieras!

Aparté su mano, me la agarré yo mismo y me la sacudí a toda velocidad delante de Sofía. Un tremendo disparo se coló en su boca y llegó hasta la garganta y después apunté a toda su cara. Sofía recibió ansiosa mi eyaculación, sacando la lengua e intentando lamerme la puntita mientras yo la tenía sujeta por el pelo.

―¡¡Aaaaah, cómo me has puesto!! ―Y se lanzó a devorar mi tronco, a limpiarme la polla con besos cortitos a la vez que iba depositando los restos de semen en su boca.

Me gustaba que lo hiciera soltando gemiditos y acariciándome los huevos y en un par de minutos mi polla ya lucía bien limpia, aunque se me había bajado la erección. Sofía volvió a engullir mi pingajo flácido por completo y con otro beso en el ombligo se incorporó frente a mí.

―¿Te ha quedado claro lo que me gusta? ―Y se chupó el dedo y luego abrió la boca para que contemplara su interior.
―Sí, muy claro…
―Y ahora vamos echarnos un rato la siesta antes de bajar a la playa…, pero luego quiero que me folles, no te creas que hoy te vas a librar de metérmela…
―¿No prefieres que lo haga ahora?
―No, te acabas de correr y se te ha habrá pasado todo el calentón, yo quiero que me folles con la polla bien dura y que, además, estés cachondo…
―¿Y esta noche tú crees que lo estaré…?
―No tengo ninguna duda, ¡eres un puto cerdo y cuando vengamos de la playa con esas dos guarras, vas a volver a estar empalmado!, ¡seguro!
―Joder, Sofía…
―Anda, ven aquí y abrázame, vamos a dormir una horita y luego bajamos a la cala…


La siesta y el calor que hacía no ayudaron a que mi novia se calmara, apenas pudimos descansar unos minutos y al despertarme tenía un mensaje de whatsapp de mi amiga.

Elvira 16:15
Estamos ya en la playa por si luego os animáis…

Cogimos un par de toallas, protección solar, agua y el E-book, y ni tan siquiera nos vestimos. El día era jodidamente caluroso y hacía demasiada humedad. Fuimos a la calita tal cual, yo en bañador y sin camiseta y Sofía solo con el biquini negro. Al llegar nos encontramos a Fiorella sentada en la tumbona con gafas de sol y un sombrero de paja y a Elvira detrás de ella echándole crema bronceadora por la espalda.

Acariciaba a su novia con sus bonitas tetas desnudas y los piercings de los pezones brillaban por el reflejo de los rayos del sol. ¡Era una imagen muy impactante!, y a pesar de que se las había visto muchas veces, no me acostumbraba a tener en topless a mi amiga delante de Sofía.

Ya tenía bien embadurnada a Fiorella, pero siguió acariciando su espalda y las piernas desde atrás. La italiana permanecía impasible a los dedos de Elvira y tampoco dijo nada cuando apoyó la cabeza en su hombro y pasó las manos hacia delante para acariciar los pequeños pechos de la modelo.

Nos pusimos en la tumbona de al lado justo cuando Fiorella se acostaba bocabajo para que Elvira siguiera masajeando su espalda. Yo imité a mi amiga y comencé a echar crema a Sofía mientras miraba a la parejita hacerse arrumacos.

Ni que decir tiene que mi polla saltó como un resorte en cuanto vi el culito desnudo de Fiorella. Le brillaba el cuerpo entero y allí tenía a la supermodelo completamente desnuda a un par de metros de distancia.

No sé si se llegó a dormir la italiana, pero Elvira no dejó de pasarle las manos por la espalda y acto seguido por sus glúteos. Bajé los tirantes del biquini a Sofía y también masajeé a mi chica mirando cómo Elvira sobaba el pequeño culo que tenía ante sí.

Ese día no estábamos tan solos como de costumbre, nos acompañaban otras dos parejas a lo lejos, aunque estaban a unos treinta metros de distancia; pero eso no parecía importarle a Elvira, que seguía acariciando a su novia.

―Esta ya se ha dormido ―anunció dejando de masajear a Fiorella―. ¡Qué facilidad tiene!

«Yo también me dormiría escuchando las olas del mar mientras me sobas la espalda y el culo».

Luego comenzó a echarse crema ella misma por las piernas, los brazos y por último en las tetas. Ahora era Sofía la que me embadurnaba a mí el cuerpo y me tumbé como Fiorella para que no notaran mi empalmada.

―¿Me ponéis un poco en la espalda? ―nos preguntó Elvira estirando el brazo para pasarnos el bote.

No me dio tiempo a reaccionar y fue Sofía la que se puso de pie a su lado, le soltó tres o cuatro disparos y luego comenzó a extenderla por su espalda, sin mucho entusiasmo. Elvira y yo cruzamos la mirada y ella me sonrió. Me pareció demasiado morboso ver a mi novia con las manos sobre el cuerpo de mi amiga y eso no ayudó precisamente a que se calmara mi erección. Se le movían las tetas de lado a lado y me hubiera encantado que Sofía pasara las manos hacia delante para sobar los puntiagudos pechos de Elvira, pero no lo hizo.

―Esto ya está ―afirmó mi novia pasándole el bote de crema otra vez.

Después Sofía se tumbó en la hamaca y encendió el E-book.

―Pues creo que me voy a dar un baño, hace demasiado calor ―dijo Elvira quitándose las gafas de sol―. Adri, ¿te vienes?
―Eh, sí, claro…

Inmediatamente mi chica levantó la vista de su libro electrónico y casi me fulmina con la mirada, pero no pudo decir nada y tuvo que contemplar en silencio cómo me acercaba hasta la orilla con Elvira. Por suerte para mí, enseguida le di la espalda y no se enteró del destacado bulto bajo mis bermudas.

Ella no se dio cuenta, pero Elvira sí.

Entramos juntos en las pacíficas aguas de la calita y nos adentramos unos metros. Elvira tenía ganas de jugar conmigo, de ponerme cachondo. El calor que hacía tenía pasada de vueltas a mi amiga y no se cortó un pelo en cuanto nos quedamos a solas.

―¿Otra vez así, «Adri»? ―preguntó llamándome con el diminutivo como hacía mi novia―. No debe ser muy sano estar todo el día con eso duro, ¿no?
―Lo mismo podría decir de tus pezones, recuerdo que se te ponían como agujas cuando estabas cachonda…, más o menos como ahora.
―Touché…
―Te conozco demasiado bien…
―Se me han puesto duros al ver cómo te retorcías en la hamaca mirando a Fiorella mientras tu novia me masajeaba la espalda…
―Uffff, no empieces, Elvira, que nos conocemos…
―¿No quieres salir con la pollita tiesa?
―¿Pollita?, ja, ja, ja, pues bien que gritabas cuando te la metía por el culo…
―Parece que recuerdas muy bien todo lo que hacíamos, y eso que han pasado mil años.
―Hay cosas que no se olvidan.
―¿Y por eso no dejas de mirarme las tetas?
―¿Dónde quieres que mire?, son muy bonitas, me encantan cuando se te ponen los pezones así y, además, me dan mucho morbo los dos piercings que llevas…, tiene que ser la hostia ver a Fiorella mientras te las come…
―Mmmmm, ¿lo dices en serio?, ¿te gustaría verlo?
―Sí…
―¿Te pondría cachondo vernos follar?
―Tiene que ser una delicia ―murmuré acomodándome la polla bajo el agua.
―¿Le molestaría mucho a «tu novia» si me quitara ahora las braguitas y me bañara desnuda?
―Ni se te ocurra, Elvira, podría venir en cualquier momento…, no creo que le hiciera gracia, y podría dar lugar a malos entendidos.
―Ooooh, en la universidad eras más atrevido, te encantaba el riesgo…
―Creo que es mejor que me vaya…
―Que no, tonto, tranquilo, que no voy a hacer nada, pensé que me conocías un poco mejor, no soy tan cabrona, solo me gusta provocarte.
―Vale, porque no me apetecía nada salirme, hoy hace mucho calor…
―Muy bien, y por cierto…, lo de antes te lo preguntaba en serio.
―¿El qué…?
―Lo de vernos juntas.
―¿Y eso?, ¿es que le excita a tu novia que os vea follar tu ex?
―No, ella no lo sabría. Sería una cosa nuestra. Me pondría muy cachonda si nos vieras sin que ella lo supiera…
―¡Joder, Elvira!, ¡no me digas eso!
―Yo te diría sitio, hora, y dónde te tendrías que poner para vernos bien… y tú solo tendrías que salir de la habitación, espiarnos y disfrutar. Casi todas las noches follamos en el jardín, al aire libre.
―¡Buffff, no me tientes!
―No vas a tener otra oportunidad como esta, piénsalo… ―Y fue Elvira la que salió primero del agua para que viera su culo de gimnasio cubierto tan solo por un tanguita blanco de tiras, que se perdían entre sus duros glúteos.

Me quedé en el agua, solo. Menos mal que me había corrido un par de horas antes o hubiera explotado allí mismo. No sabía si Elvira me estaba vacilando o si el juego que me proponía era verdad, aunque mi amiga no era de las que se tiraba esos faroles. Yo no tendría que hacer nada, solo acomodarme en un rincón oscuro del jardín y ver a Fiorella y Elvira comerse los coños.

¿Qué simple mortal hubiera declinado esa oferta?
Un espectáculo leerte
 
Capítulo 12



Unas vacaciones así son una gozada. Buen tiempo, en una isla paradisíaca, comida gourmet, mansión de lujo, calita privada y, además, la siempre inquietante y morbosa presencia de Elvira y Fiorella.

Y mi chica y yo las aprovechamos al máximo.

El último día decidimos quedarnos en la casa para intentar descansar y disfrutar de las comodidades que allí teníamos. Me levanté prontito, antes de las nueve, apenas había dormido cuatro horas, pero no me apetecía estar en la cama y decidí bajar a la playa a hacer un poco de ejercicio. Las dos jornadas previas las habíamos dedicado a recorrer la isla y la noche anterior nos invitaron a cenar Elvira y Fiorella en el mejor restaurante de la isla y luego a bailar y tomar una copa en una famosa discoteca.

No tuvimos que decir nada al llegar, el portero saludó amablemente a Elvira y Fiorella y después el relaciones públicas nos acompañó hasta la zona VIP. Me sentí por unas horas como un futbolista del Real Madrid o algo por el estilo, y me encantó esa sensación de que todo el mundo se preocupara por nosotros y rodearnos de gente con mucha pasta.

Allí nos reunimos con unos amigos de nuestra pareja anfitriona y estuvimos hasta las tres de la mañana charlando, tomando copas, champán, degustando canapés, bailando… Uno podría acostumbrarse con facilidad a ese lujoso estilo de vida.

Sudé todo el alcohol que pude de la noche anterior. Con pantalón corto y camiseta de deporte estuve casi una hora haciendo carreras, flexiones y saltos y ya, sobre las diez de la mañana, decidí pegarme un bañito. Me senté en la toalla mirando el mar, no tenía ninguna prisa por regresar, y entonces recordé lo que había pasado unas horas antes.

¡Todavía no podía creérmelo!

Y es que Elvira me había avisado lo que iba a suceder cuando regresáramos de la discoteca. En mi mano estaba aceptar su propuesta o no. Pensé que se estaba quedando conmigo, pero ya no me pareció que bromeara cuando me susurró una hora y ubicación determinadas. A mí lo que me apetecía esa madrugada era follarme a mi novia.

Con unas copas de más, y ver toda la noche a Elvira con un minivestido besuqueándose con Fiorella, hizo que llegara a la mansión con unas ganas locas de echar un polvo. No podía sacarme de la cabeza los elegantes shorts de Fiorella, sus zapatos de tacón y cómo le brillaban las piernas.

Y Elvira se las estuvo sobando sin descanso.

La cabrona me miraba para asegurarse de que aquello lo estaba viendo bien. Y yo no perdía detalle de los juegos que se traían entre las dos, como un sensual preliminar que se alargó durante dos horas; se manosearon delante de todos, se comieron la boca varias veces, y ya era más evidente para los que estábamos cómo iban a terminar la noche aquellas dos furcias.

Pero mi novia llegó cansada, bebida y con dolor de cabeza. Mala combinación. Se tomó una pastilla para intentar dormir y veinte minutos más tarde comprobé que Sofía ya no se iba a enterar de nada hasta la mañana siguiente. Y allí me quedé, sentado en la cama, con el puntito justo de alcohol, con la polla dura; y miré el reloj.

Faltaban quince minutos para la hora exacta que me había marcado Elvira y ni me lo pensé un segundo. Si era una broma de Elvira, me volvería a la cama con el rabo entre las piernas, pero… ¿y si no lo era?

Me puse una camiseta y bermudas, tampoco me hacía falta nada más, y salí de la habitación lo más sigiloso que pude. Era una noche de calor húmedo y descalzo bajé las escaleras sin hacer ruido. Todo estaba a oscuras y me guiaba por la luz que venía del jardín y de la zona de la piscina. Tiré por el pasillo que me había indicado Elvira y una de las puertas laterales estaba abierta.

Avancé despacio por el suelo de terrazo y, al llegar a unos pequeños arbustos, me agaché para esconderme detrás de ellos. Me sentí ridículo en esa posición a las cuatro de la mañana, pero se me pasó enseguida esa sensación cuando comprobé que justo en el centro del matorral había un hueco por el que se veía todo a la perfección y allí estaban ellas, en la parte trasera de la casa, en unos modernos sofás de exterior haciéndose arrumacos, tranquilas pero muy excitadas.

Fiorella seguramente no supiera nada de todo aquello, y era Elvira la que marcaba los tiempos. Tenían las frentes apoyadas entre sí y no dejaban de mirarse. Se acariciaban las piernas despacio y de vez en cuando se soltaban un pico para luego volver a situarse frente a frente.

Y justo llegó la hora acordada. Elvira sujetó la cara de Fiorella y hundió la cabeza en su cuello, miró en mi dirección y yo me moví en la oscuridad para que ella supiera que estaba allí. Aunque nos separaban unos cuatro metros, con la iluminación lo más tenue posible, me pareció distinguir que a mi amiga se le escapaba una sonrisa de satisfacción. Luego se mordió los labios y se desataron las hostilidades.

Me senté lo más cómodo posible e incluso me permití el lujo de sacarme la polla cuando Elvira y Fiorella comenzaron a comerse la boca. Estaba todo tan en silencio que se escuchaba perfectamente el sonido de sus besos, de sus gemidos, de sus jadeos, de las manos acariciándose el cuerpo… Y Fiorella tiró de los tirantes del vestido de su novia y la dejó en ropa interior en unos pocos segundos.

Allí tenía a Elvira, con un conjuntito blanco y zapatos con taconazo. El sujetador apenas le duró unos segundos y contemplé absorto las tetas de mi amiga acariciadas con maestría. Y es que Fiorella se las apretaba, las estrujaba, las palpaba con el dorso de la mano, pero todo lo hacía con mucha suavidad. Como si no quisiera lastimarla.

Y todavía me puse más cachondo cuando se agachó y comenzó a lamer sus pezones. Jugaba con los piercings de Elvira y le pasaba la lengua por el metal, alternando la una y la otra y sobándola bien con las dos manos. El ruidito de succión me voló la cabeza, y la supermodelo italiana estuvo por lo menos veinte minutos comiéndole las tetazas a Elvira. No podía separarse de ellas.

¡La muy puta tenía devoción por los pechos de mi amiga!

Los gemidos de Elvira fueron incrementándose, lo mismo que la longitud de sus pezones. Y es que yo la conocía muy bien y tenía que estar muy pero que muy cachonda para que se le pusieran tan erectos y aquella noche Fiorella consiguió que alcanzaran su tope. Tenía las tetas hinchadas, las areolas gigantes y esos pezones debían medir casi dos centímetros.

Pero lo que más me gustaba era la calma con la que lo hacían. No tenían ninguna prisa y querían disfrutar de ese encuentro lo máximo posible. Entonces Elvira miró hacia donde estaba yo. Su cara de zorra era acojonante y aplastó la cabeza de Fiorella contra su cuerpo y ella misma se agarró una teta para metérsela en la boca a la fuerza.

Ahora era su turno.

Le quitó la camiseta negra a su novia, dejando a Fiorella desnuda de cintura para arriba, aunque yo la tenía de espaldas y en ese instante no pude deleitarme con sus pequeños pechos. Me daba igual, porque, si os digo la verdad, casi lo que más morbo me daba era las piernas de la italiana. Después Elvira se puso de rodillas frente a ella y fue tirando de su short y de la braguita para dejarla sin ropa.

Reconozco que me palpitó la polla al ver el coño de la modelo delante de la cara de Elvira.

Mi amiga reptó sobre su cuerpo, pasó por el ombligo y llegó hasta sus labios para darle un beso con lengua. Enseguida volvió a bajar y le devolvió el favor a Fiorella comenzando a jugar con sus tetas. Pero Elvira no fue tan delicada como la modelo y atrapó uno de sus pezones con los dientes.

Desde mi posición contemplé a la italiana curvar su espalda, como si estuviera poseída, y soltó un tremendo gemido de dolor. Elvira había sido muy dura, pero pasó al otro pezón e hizo lo mismo, yo creo que incluso tiró con más fuerza. Fiorella tuvo que incorporarse y acarició el pelo de su novia aplastándola contra su cuerpo. No me lo podía creer.

¡La muy zorra no solo no protestaba, es que sus gemidos eran de placer!

Jadeaba rabiosa, y entonces me di cuenta de que a la italiana le gustaba el dolor. Mucho. Volvieron a fundirse en un beso, esta vez más húmedo, más sonoro, sacando bien las lenguas, lamiéndose las caras, los labios, las mejillas; estaban ansiosas y Elvira bajó una mano y le acarició el coño. Luego volvió a morder sus pezones y a Fiorella se le escapó un insulto en su idioma.

―¡¡Aaaah, fottuta puttana!! (algo así como «puta de mierda»).

Los dedos de Elvira entraban y salían a toda velocidad del coño de su novia y de vez en cuando se los sacaba para soltarle un azote en su entrepierna antes de volvérselos a clavar. Me encantaba el sonido del coño de Fiorella cuando mi amiga la atizaba y los grititos que soltaba Fiorella al recibir su castigo.

Se escuchaba perfectamente el chapoteo de los dedos entrando y saliendo de ella y Elvira sonrió satisfecha mirando hacia mi posición, sabiendo que no podía ser descubierta porque su novia suspiraba con los ojos cerrados arqueando la espalda. Y ese fue el momento que aprovechó Elvira para descender un poco más y hundir la cabeza entre sus piernas. Ahora sí.

¡Elvira le iba a comer el coño a su novia delante de mí!

Yo seguía con la polla en la mano, pajeándome, disfrutando sin prisa del espectáculo que me brindaban aquellos dos bellezones. Por unos instantes fantaseé que todo era un juego que habían maquinado las dos y después de hacerme sufrir un rato me pedírían que me uniera a ellas. Entonces se me planteó la duda.

¿Me follaría a las dos en el jardín mientras mi novia dormía en la parte de arriba de la casa?

Temblé de la emoción con la sola idea de participar en un trío con ellas, aunque por el momento me tenía que conformar con hacerme una paja viendo a mi mejor amiga lamiendo el coño de una de las mejores top model del mundo.

Me encantaba cómo se lo comía de manera vulgar, soltándole unos lametones exagerados que crispaban los nervios de Fiorella, y la italiana temblaba de emoción cada vez que la lengua de Elvira recorría su coño. Tiraba de sus labios vaginales hacia fuera para abrírselo bien y luego volvía a la carga, metiendo la cara en el delicioso coño de Fiorella, que debía saber de maravilla.

Ya no la follaba con los dedos, solo la acariciaba con la lengua y, a juzgar por los espasmos de la italiana, se lo estaba haciendo de lujo. Eran increíblemente morbosos los jadeos de Fiorella y ver cómo se retorcía en el sofá mientras permitía que Elvira martilleara su coño una y otra vez. Le pasaba la lengua desde el culo hasta el pubis, y vuelta a empezar hasta que fue reduciendo su radio de acción y se centró más en el pequeño botoncito que le sobresalía entre los labios vaginales.

Ahí sí que los temblores ya fueron descontrolados y cogió por el pelo a Elvira para incrustarla contra su coño. En ese momento tuve que soltarme la polla para no correrme, ¡era una imagen demasiado potente ver a Fiorella Moretti a punto de llegar al clímax, con esa forma de gemir tan particular y diciendo cerdadas en italiano!

―¡¡¡Continua cosí, troia, continua cosí…, aaaah, aaaaah, sei una puttana, sei una puttana!!!

Pasó sus largas piernas por la espalda de Elvira, cruzando los tobillos y arqueó todavía más la espalda, de manera exagerada cuando su cuerpo convulsionó a lo bestia.

―¡AAAAH, AAAAAH, AAAAAH, PUTAAA! ―gritó en un perfecto español justo al llegar al orgasmo.

El orgasmo de Fiorella fue demasiado intenso, y se retorció en el sofá tensando las caderas y aplastando la cabeza de Elvira contra su cuerpo. Temblaba descontroladamente de placer y convulsionaba como si estuviera poseída.

¡Fue acojonante!

Los siguientes minutos todavía fueron más sensuales, pues Elvira no dejó de besuquear la cara interna de sus muslos, permitiendo que Fiorella se recuperara mientras jugaba con el pelo de mi amiga.

Después Elvira se puso de pie y me dio la espalda para bajarse el tanguita. Se inclinó hacia delante, se besó con Fiorella y abrió un poco las piernas para que yo viera bien su culo desnudo. Os podéis imaginar la visión que tenía en esos momentos, le asomaban los labios vaginales entre los muslos y una gota de flujo le salía del coño.

¡Elvira estaba chorreando!

Me ponía mucho que se hubiera dejado los zapatos de tacón puestos y una vez que ya se había exhibido para mí se sentó en el sofá junto a Fiorella y acercaron sus caderas para terminar pegando sus cuerpos y entrelazar las piernas en una especie de tijera.

Se agarraron con fuerza las manos y comenzaron a moverse rítmicamente arriba y abajo, frotándose los coños con una armonía y sensualidad que me dejó perplejo. Aquello ya fue demasiado para mí y me puse de rodillas en el césped. Tenía la polla excesivamente dura y sensible y me dejé llevar, masturbándome lo más despacio que pude.

De vez en cuando me detenía para darme un respiro y cerraba los ojos intentando retrasar lo inevitable, pero los gemidos de Fiorella y Elvira retumbaban en mi cabeza y no me permitían ni un segundo de tregua.

―¡¡Aaaaah, voy a correrme putaaaa!! ―chilló Elvira incorporándose un poco y echando un salivazo que le cayó a Fiorella entre los pechos.

¡Qué marrana era mi amiga!

Me encantaba el vicio que tenía, en eso no había cambiado nada, y prácticamente nos corrimos los tres a la vez. Yo no pude aguantarme más y solté un tremendo lefazo que impactó en el arbusto que tenía delante mientras espiaba por un pequeño agujero a la pareja de lesbianas.

Siguieron moviéndose como dos serpientes, jadeando, gimiendo, restregándose los coños hasta que las dos cayeron rendidas. Me quedé unos segundos sentado en el césped, todavía con la polla palpitante por lo que acababa de presenciar, y cuando estaba a punto de abandonar mi posición para volver a la cama, me fijé en que Elvira se volvía a situar entre las piernas de Fiorella.

¡¿Otra vez le iba a comer el coño?!

Desde luego que Elvira era incansable, y la italiana no se quedaba atrás. Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos y mi amiga sacó la lengua sin tocar el cuerpo de la modelo. Yo no sabía qué es lo que pasaba, pero lo descubrí pronto cuando escuché a Elvira murmurar en italiano.

―Pisciarmi un faccia…

Enseguida entendí el significado de la frase. No tuve que buscarlo en Google. Fiorella acarició su pelo y luego se lo agarró con fuerza. Tensó las caderas y acto seguido un chorro de líquido dorado salió disparado hasta la boca de Elvira.

¡¡Le estaba meando encima!!

Abrí los ojos de par en par, viendo en directo la lluvia dorada que la top model le brindaba a mi mejor amiga. Fue una ducha en toda regla, pelo, cara, boca y Elvira recibió ansiosa su premio con los ojos cerrados y la lengua fuera.

Aquella visión fue demasiado obscena hasta para mí. Me hice otra paja consecutiva y me corrí en apenas un minuto. Salí de mi escondite a toda velocidad y lo último que escuché fue a Fiorella suspirando en italiano.

―Sei una piccola puttana, mmmm…

Y al girarme vi a Elvira de rodillas, con la cabeza apoyada en sus largas piernas mientras Fiorella entrelazaba los dedos en su empapado pelo.

Con esa imagen en la cabeza me metí en la cama. Sofía seguía dormida profundamente y yo todavía no me creía lo que acababa de presenciar. Apenas dormí cuatro horas y cuando me desperté, salí disparado de la cama…



Una hora de ejercicio y un bañito en el mar y me quedé como nuevo. Me encantaba esa tranquilidad y el estar solo en la playa, pero cuando ya empezaba a calentar el sol, regresé a la casa antes de quemarme con los primeros rayos.

La única que estaba levantada era Imelda y subí a la habitación para despertar a Sofía mientras me duchaba. Salimos juntos al jardín a desayunar y sobre las once y media decidimos bajar a la calita a pasar la mañana en la playa. Fiorella y Elvira todavía no habían dado señales de vida. Sobre la una regresamos a la mansión y, ahora sí, la italiana estaba en una colchoneta tomando el sol en la piscina completamente desnuda y bocarriba y Elvira ojeaba las noticias económicas en su tablet, resguardada en la sombra, pero con sus tetazas al aire.

Era el último día para disfrutar de las kilométricas piernas de la modelo, del culo de Elvira, del coñito de Fiorella o los piercings de los pezones de mi amiga. Jamás iba a olvidar esas vacaciones. Me hubiera gustado capturar esos recuerdos, pero me parecía demasiado violento fotografiarlas sin ropa, así que me tuve que aguantar las ganas.

Elvira estaba muy tranquila, como si no hubiera pasado nada la noche anterior, pero en cuanto la vi recordé la instantánea final, que se me quedó en la cabeza, cuando Fiorella acariciaba su precioso pelo, que acababa de salpicar con su orina, mientras mi amiga reposaba la cara sobre sus muslos.

Picoteamos algo los tres antes de comer. Fiorella ni se molestó en venir y todavía estuvo otra media hora metida en la piscina. Esperamos pacientemente a que saliera, pues no nos pareció muy buena idea bañarnos mientras tomaba el sol, y ella interrumpió su descanso dejándose caer al agua y después enfiló la escalera para venir hacia nosotros.

Desnuda, mojada y con un bronceado de playa muy bonito se acercó a Elvira mostrándonos su coñito de pija, se quedó de pie detrás de ella y solo se inclinó para que nuestra amiga le metiera un trozo de piña en la boca. Luego se recostó en la tumbona y ya se quedó allí, esta vez bocabajo hasta que llegó la hora de la comida.

Ese fue el instante que aprovechamos Sofi y yo para bañarnos antes de comer. Le había hecho una promesa a mi chica al principio de las vacaciones, y pensaba cumplirla. No quería irme de esa casa sin follármela en la piscina, pero entre unas cosas y otras no encontraba el momento para hacerlo. Y mucho menos pudimos llevarlo a cabo cuando Elvira se metió al agua con nosotros.

―¿Qué tal ayer?, ¿dormisteis bien? ―nos preguntó la muy zorra―. A mí es que después de salir de fiesta me cuesta horrores, ya no estoy acostumbrada.
―A mí me pasa igual ―contestó Sofía―, me tuve que tomar algo para dormir, además, tenía un dolor de cabeza que ufff, pero hoy me he levantado genial.
―¿Y tú, Adrián?
―Yo bien, eeeeh, sí, también me acosté y caí muy rápido…, pero me he despertado pronto, ¡es que me estaba meando mucho!, y luego ya he decidido bajar un rato a la playa a bajar el alcohol de ayer…

Elvira esbozó una sonrisa maléfica antes de sumergirse en el agua y hacer unos largos. Apenas pudimos disfrutar de la piscina porque enseguida llegó la comida y por la tarde, después de una breve siesta, bajamos a la playa los cuatro y allí nos quedamos hasta que se metió el sol.

Cenamos en la casa y alargamos la jornada hasta bien entrada la madrugada, tomándonos una copa en el mismo sitio donde habían follado la noche anterior Elvira y Fiorella. Por suerte nuestras anfitrionas nos dejaron solos cuando les dijimos que antes de acostarnos nos íbamos a dar un baño de despedida y entonces sí, pude cumplir mi promesa; penetré a Sofía de pie dentro de la piscina y descargué el nuevo calentón que me había pillado por la tarde viendo desnudas a las dos diosas.

Tan calientes nos pusimos en la piscina que solo nos percatamos de la presencia de Elvira al salir del agua. Al parecer había acompañado a Fiorella hasta la habitación y después volvió a bajar, pero nosotros de espaldas a ella ni nos enteramos de que estaba allí, así que le devolví el favor y ahora fui yo el que me follé a mi novia delante de Elvira. Eso sí, sin saberlo, lo que me dio rabia, pues hubiera sido muy morboso embestir a Sofía sabiendo que mi amiga nos estaba viendo.

Ya os podéis imaginar la cara de mi novia al salir del agua y ver a mi amiga allí, sentada en la mesita y mirando hacia la piscina. Le dio tanta vergüenza que no supo ni qué decir y envueltos en una toalla nos despedimos de ella y subimos corriendo a la habitación.

Al día siguiente Elvira nos llevó al aeropuerto a media mañana y se despidió con unos efusivos besos.

―Espero que lo hayáis pasado bien…
―Han estado geniales las vacaciones, muchas gracias por todo ―le contestó mi novia prometiendo volver si nos invitaba otro año.
―Cuenta con ello. Podéis venir cuando queráis…

El taxi del aeropuerto primero llevó a Sofía hasta casa de sus padres y después a mí hasta mi nuevo piso. A primeros de agosto ya me había mudado con lo justo y entré en nuestra habitación en la que solo había un enorme colchón en el suelo. Me pasé el día tirado en el sofá, viendo una serie hasta que me la terminé, cené un poco de leche, que era lo único que había en el frigo, y me acosté pronto, pues al día siguiente ya tenía que trabajar.

Entonces escuché unos tímidos gemidos que venían de la habitación de al lado. No cabía duda de que eran Sergio y Laura que estaban echando un polvete y de nuevo pensé que no había sido muy buena idea lo de comprarnos la vivienda pegada a la de ellos. No creo que para Sofía fuera muy agradable escuchar por las noches cómo follaban su hermano y su cuñada y viceversa; además que Sofía es de las que gime de manera escandalosa.

Cerré los ojos e inevitablemente pensé en Laura, en Elvira… y en Mónica. Tuve que meter la mano por dentro del calzón y en la calurosa habitación comencé a hacerme una paja con los recuerdos de todo lo sucedido en los tres últimos meses. Mi vida se había convertido en una locura en muy poquito tiempo y no sabía cómo iba a poder gestionarlo. Eyaculé justo cuando Sergio lo hizo dentro de su mujer y después me costó dormir.

Demasiadas emociones.

Apenas tuve unas horas de tregua en mi cabeza y el lunes por la mañana recibí la llamada que había estado esperando todo el verano. Mónica se puso en contacto conmigo y me preguntó cuándo podíamos vernos. Al final quedamos el miércoles por la tarde, y me dio la dirección de un hotelito nuevo que acababan de abrir a un par de kilómetros de donde ella vivía.

Ya solo tenía que inventarme una excusa con mi novia, pues en agosto no trabajaba por las tardes, y acudir a la cita con Mónica en un hotel. Otra vez los dos solos…


PARTE 3
 
Me gusta el relato. Con ganas de más.
 
Capítulo 12



Unas vacaciones así son una gozada. Buen tiempo, en una isla paradisíaca, comida gourmet, mansión de lujo, calita privada y, además, la siempre inquietante y morbosa presencia de Elvira y Fiorella.

Y mi chica y yo las aprovechamos al máximo.

El último día decidimos quedarnos en la casa para intentar descansar y disfrutar de las comodidades que allí teníamos. Me levanté prontito, antes de las nueve, apenas había dormido cuatro horas, pero no me apetecía estar en la cama y decidí bajar a la playa a hacer un poco de ejercicio. Las dos jornadas previas las habíamos dedicado a recorrer la isla y la noche anterior nos invitaron a cenar Elvira y Fiorella en el mejor restaurante de la isla y luego a bailar y tomar una copa en una famosa discoteca.

No tuvimos que decir nada al llegar, el portero saludó amablemente a Elvira y Fiorella y después el relaciones públicas nos acompañó hasta la zona VIP. Me sentí por unas horas como un futbolista del Real Madrid o algo por el estilo, y me encantó esa sensación de que todo el mundo se preocupara por nosotros y rodearnos de gente con mucha pasta.

Allí nos reunimos con unos amigos de nuestra pareja anfitriona y estuvimos hasta las tres de la mañana charlando, tomando copas, champán, degustando canapés, bailando… Uno podría acostumbrarse con facilidad a ese lujoso estilo de vida.

Sudé todo el alcohol que pude de la noche anterior. Con pantalón corto y camiseta de deporte estuve casi una hora haciendo carreras, flexiones y saltos y ya, sobre las diez de la mañana, decidí pegarme un bañito. Me senté en la toalla mirando el mar, no tenía ninguna prisa por regresar, y entonces recordé lo que había pasado unas horas antes.

¡Todavía no podía creérmelo!

Y es que Elvira me había avisado lo que iba a suceder cuando regresáramos de la discoteca. En mi mano estaba aceptar su propuesta o no. Pensé que se estaba quedando conmigo, pero ya no me pareció que bromeara cuando me susurró una hora y ubicación determinadas. A mí lo que me apetecía esa madrugada era follarme a mi novia.

Con unas copas de más, y ver toda la noche a Elvira con un minivestido besuqueándose con Fiorella, hizo que llegara a la mansión con unas ganas locas de echar un polvo. No podía sacarme de la cabeza los elegantes shorts de Fiorella, sus zapatos de tacón y cómo le brillaban las piernas.

Y Elvira se las estuvo sobando sin descanso.

La cabrona me miraba para asegurarse de que aquello lo estaba viendo bien. Y yo no perdía detalle de los juegos que se traían entre las dos, como un sensual preliminar que se alargó durante dos horas; se manosearon delante de todos, se comieron la boca varias veces, y ya era más evidente para los que estábamos cómo iban a terminar la noche aquellas dos furcias.

Pero mi novia llegó cansada, bebida y con dolor de cabeza. Mala combinación. Se tomó una pastilla para intentar dormir y veinte minutos más tarde comprobé que Sofía ya no se iba a enterar de nada hasta la mañana siguiente. Y allí me quedé, sentado en la cama, con el puntito justo de alcohol, con la polla dura; y miré el reloj.

Faltaban quince minutos para la hora exacta que me había marcado Elvira y ni me lo pensé un segundo. Si era una broma de Elvira, me volvería a la cama con el rabo entre las piernas, pero… ¿y si no lo era?

Me puse una camiseta y bermudas, tampoco me hacía falta nada más, y salí de la habitación lo más sigiloso que pude. Era una noche de calor húmedo y descalzo bajé las escaleras sin hacer ruido. Todo estaba a oscuras y me guiaba por la luz que venía del jardín y de la zona de la piscina. Tiré por el pasillo que me había indicado Elvira y una de las puertas laterales estaba abierta.

Avancé despacio por el suelo de terrazo y, al llegar a unos pequeños arbustos, me agaché para esconderme detrás de ellos. Me sentí ridículo en esa posición a las cuatro de la mañana, pero se me pasó enseguida esa sensación cuando comprobé que justo en el centro del matorral había un hueco por el que se veía todo a la perfección y allí estaban ellas, en la parte trasera de la casa, en unos modernos sofás de exterior haciéndose arrumacos, tranquilas pero muy excitadas.

Fiorella seguramente no supiera nada de todo aquello, y era Elvira la que marcaba los tiempos. Tenían las frentes apoyadas entre sí y no dejaban de mirarse. Se acariciaban las piernas despacio y de vez en cuando se soltaban un pico para luego volver a situarse frente a frente.

Y justo llegó la hora acordada. Elvira sujetó la cara de Fiorella y hundió la cabeza en su cuello, miró en mi dirección y yo me moví en la oscuridad para que ella supiera que estaba allí. Aunque nos separaban unos cuatro metros, con la iluminación lo más tenue posible, me pareció distinguir que a mi amiga se le escapaba una sonrisa de satisfacción. Luego se mordió los labios y se desataron las hostilidades.

Me senté lo más cómodo posible e incluso me permití el lujo de sacarme la polla cuando Elvira y Fiorella comenzaron a comerse la boca. Estaba todo tan en silencio que se escuchaba perfectamente el sonido de sus besos, de sus gemidos, de sus jadeos, de las manos acariciándose el cuerpo… Y Fiorella tiró de los tirantes del vestido de su novia y la dejó en ropa interior en unos pocos segundos.

Allí tenía a Elvira, con un conjuntito blanco y zapatos con taconazo. El sujetador apenas le duró unos segundos y contemplé absorto las tetas de mi amiga acariciadas con maestría. Y es que Fiorella se las apretaba, las estrujaba, las palpaba con el dorso de la mano, pero todo lo hacía con mucha suavidad. Como si no quisiera lastimarla.

Y todavía me puse más cachondo cuando se agachó y comenzó a lamer sus pezones. Jugaba con los piercings de Elvira y le pasaba la lengua por el metal, alternando la una y la otra y sobándola bien con las dos manos. El ruidito de succión me voló la cabeza, y la supermodelo italiana estuvo por lo menos veinte minutos comiéndole las tetazas a Elvira. No podía separarse de ellas.

¡La muy puta tenía devoción por los pechos de mi amiga!

Los gemidos de Elvira fueron incrementándose, lo mismo que la longitud de sus pezones. Y es que yo la conocía muy bien y tenía que estar muy pero que muy cachonda para que se le pusieran tan erectos y aquella noche Fiorella consiguió que alcanzaran su tope. Tenía las tetas hinchadas, las areolas gigantes y esos pezones debían medir casi dos centímetros.

Pero lo que más me gustaba era la calma con la que lo hacían. No tenían ninguna prisa y querían disfrutar de ese encuentro lo máximo posible. Entonces Elvira miró hacia donde estaba yo. Su cara de zorra era acojonante y aplastó la cabeza de Fiorella contra su cuerpo y ella misma se agarró una teta para metérsela en la boca a la fuerza.

Ahora era su turno.

Le quitó la camiseta negra a su novia, dejando a Fiorella desnuda de cintura para arriba, aunque yo la tenía de espaldas y en ese instante no pude deleitarme con sus pequeños pechos. Me daba igual, porque, si os digo la verdad, casi lo que más morbo me daba era las piernas de la italiana. Después Elvira se puso de rodillas frente a ella y fue tirando de su short y de la braguita para dejarla sin ropa.

Reconozco que me palpitó la polla al ver el coño de la modelo delante de la cara de Elvira.

Mi amiga reptó sobre su cuerpo, pasó por el ombligo y llegó hasta sus labios para darle un beso con lengua. Enseguida volvió a bajar y le devolvió el favor a Fiorella comenzando a jugar con sus tetas. Pero Elvira no fue tan delicada como la modelo y atrapó uno de sus pezones con los dientes.

Desde mi posición contemplé a la italiana curvar su espalda, como si estuviera poseída, y soltó un tremendo gemido de dolor. Elvira había sido muy dura, pero pasó al otro pezón e hizo lo mismo, yo creo que incluso tiró con más fuerza. Fiorella tuvo que incorporarse y acarició el pelo de su novia aplastándola contra su cuerpo. No me lo podía creer.

¡La muy zorra no solo no protestaba, es que sus gemidos eran de placer!

Jadeaba rabiosa, y entonces me di cuenta de que a la italiana le gustaba el dolor. Mucho. Volvieron a fundirse en un beso, esta vez más húmedo, más sonoro, sacando bien las lenguas, lamiéndose las caras, los labios, las mejillas; estaban ansiosas y Elvira bajó una mano y le acarició el coño. Luego volvió a morder sus pezones y a Fiorella se le escapó un insulto en su idioma.

―¡¡Aaaah, fottuta puttana!! (algo así como «puta de mierda»).

Los dedos de Elvira entraban y salían a toda velocidad del coño de su novia y de vez en cuando se los sacaba para soltarle un azote en su entrepierna antes de volvérselos a clavar. Me encantaba el sonido del coño de Fiorella cuando mi amiga la atizaba y los grititos que soltaba Fiorella al recibir su castigo.

Se escuchaba perfectamente el chapoteo de los dedos entrando y saliendo de ella y Elvira sonrió satisfecha mirando hacia mi posición, sabiendo que no podía ser descubierta porque su novia suspiraba con los ojos cerrados arqueando la espalda. Y ese fue el momento que aprovechó Elvira para descender un poco más y hundir la cabeza entre sus piernas. Ahora sí.

¡Elvira le iba a comer el coño a su novia delante de mí!

Yo seguía con la polla en la mano, pajeándome, disfrutando sin prisa del espectáculo que me brindaban aquellos dos bellezones. Por unos instantes fantaseé que todo era un juego que habían maquinado las dos y después de hacerme sufrir un rato me pedírían que me uniera a ellas. Entonces se me planteó la duda.

¿Me follaría a las dos en el jardín mientras mi novia dormía en la parte de arriba de la casa?

Temblé de la emoción con la sola idea de participar en un trío con ellas, aunque por el momento me tenía que conformar con hacerme una paja viendo a mi mejor amiga lamiendo el coño de una de las mejores top model del mundo.

Me encantaba cómo se lo comía de manera vulgar, soltándole unos lametones exagerados que crispaban los nervios de Fiorella, y la italiana temblaba de emoción cada vez que la lengua de Elvira recorría su coño. Tiraba de sus labios vaginales hacia fuera para abrírselo bien y luego volvía a la carga, metiendo la cara en el delicioso coño de Fiorella, que debía saber de maravilla.

Ya no la follaba con los dedos, solo la acariciaba con la lengua y, a juzgar por los espasmos de la italiana, se lo estaba haciendo de lujo. Eran increíblemente morbosos los jadeos de Fiorella y ver cómo se retorcía en el sofá mientras permitía que Elvira martilleara su coño una y otra vez. Le pasaba la lengua desde el culo hasta el pubis, y vuelta a empezar hasta que fue reduciendo su radio de acción y se centró más en el pequeño botoncito que le sobresalía entre los labios vaginales.

Ahí sí que los temblores ya fueron descontrolados y cogió por el pelo a Elvira para incrustarla contra su coño. En ese momento tuve que soltarme la polla para no correrme, ¡era una imagen demasiado potente ver a Fiorella Moretti a punto de llegar al clímax, con esa forma de gemir tan particular y diciendo cerdadas en italiano!

―¡¡¡Continua cosí, troia, continua cosí…, aaaah, aaaaah, sei una puttana, sei una puttana!!!

Pasó sus largas piernas por la espalda de Elvira, cruzando los tobillos y arqueó todavía más la espalda, de manera exagerada cuando su cuerpo convulsionó a lo bestia.

―¡AAAAH, AAAAAH, AAAAAH, PUTAAA! ―gritó en un perfecto español justo al llegar al orgasmo.

El orgasmo de Fiorella fue demasiado intenso, y se retorció en el sofá tensando las caderas y aplastando la cabeza de Elvira contra su cuerpo. Temblaba descontroladamente de placer y convulsionaba como si estuviera poseída.

¡Fue acojonante!

Los siguientes minutos todavía fueron más sensuales, pues Elvira no dejó de besuquear la cara interna de sus muslos, permitiendo que Fiorella se recuperara mientras jugaba con el pelo de mi amiga.

Después Elvira se puso de pie y me dio la espalda para bajarse el tanguita. Se inclinó hacia delante, se besó con Fiorella y abrió un poco las piernas para que yo viera bien su culo desnudo. Os podéis imaginar la visión que tenía en esos momentos, le asomaban los labios vaginales entre los muslos y una gota de flujo le salía del coño.

¡Elvira estaba chorreando!

Me ponía mucho que se hubiera dejado los zapatos de tacón puestos y una vez que ya se había exhibido para mí se sentó en el sofá junto a Fiorella y acercaron sus caderas para terminar pegando sus cuerpos y entrelazar las piernas en una especie de tijera.

Se agarraron con fuerza las manos y comenzaron a moverse rítmicamente arriba y abajo, frotándose los coños con una armonía y sensualidad que me dejó perplejo. Aquello ya fue demasiado para mí y me puse de rodillas en el césped. Tenía la polla excesivamente dura y sensible y me dejé llevar, masturbándome lo más despacio que pude.

De vez en cuando me detenía para darme un respiro y cerraba los ojos intentando retrasar lo inevitable, pero los gemidos de Fiorella y Elvira retumbaban en mi cabeza y no me permitían ni un segundo de tregua.

―¡¡Aaaaah, voy a correrme putaaaa!! ―chilló Elvira incorporándose un poco y echando un salivazo que le cayó a Fiorella entre los pechos.

¡Qué marrana era mi amiga!

Me encantaba el vicio que tenía, en eso no había cambiado nada, y prácticamente nos corrimos los tres a la vez. Yo no pude aguantarme más y solté un tremendo lefazo que impactó en el arbusto que tenía delante mientras espiaba por un pequeño agujero a la pareja de lesbianas.

Siguieron moviéndose como dos serpientes, jadeando, gimiendo, restregándose los coños hasta que las dos cayeron rendidas. Me quedé unos segundos sentado en el césped, todavía con la polla palpitante por lo que acababa de presenciar, y cuando estaba a punto de abandonar mi posición para volver a la cama, me fijé en que Elvira se volvía a situar entre las piernas de Fiorella.

¡¿Otra vez le iba a comer el coño?!

Desde luego que Elvira era incansable, y la italiana no se quedaba atrás. Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos y mi amiga sacó la lengua sin tocar el cuerpo de la modelo. Yo no sabía qué es lo que pasaba, pero lo descubrí pronto cuando escuché a Elvira murmurar en italiano.

―Pisciarmi un faccia…

Enseguida entendí el significado de la frase. No tuve que buscarlo en Google. Fiorella acarició su pelo y luego se lo agarró con fuerza. Tensó las caderas y acto seguido un chorro de líquido dorado salió disparado hasta la boca de Elvira.

¡¡Le estaba meando encima!!

Abrí los ojos de par en par, viendo en directo la lluvia dorada que la top model le brindaba a mi mejor amiga. Fue una ducha en toda regla, pelo, cara, boca y Elvira recibió ansiosa su premio con los ojos cerrados y la lengua fuera.

Aquella visión fue demasiado obscena hasta para mí. Me hice otra paja consecutiva y me corrí en apenas un minuto. Salí de mi escondite a toda velocidad y lo último que escuché fue a Fiorella suspirando en italiano.

―Sei una piccola puttana, mmmm…

Y al girarme vi a Elvira de rodillas, con la cabeza apoyada en sus largas piernas mientras Fiorella entrelazaba los dedos en su empapado pelo.

Con esa imagen en la cabeza me metí en la cama. Sofía seguía dormida profundamente y yo todavía no me creía lo que acababa de presenciar. Apenas dormí cuatro horas y cuando me desperté, salí disparado de la cama…



Una hora de ejercicio y un bañito en el mar y me quedé como nuevo. Me encantaba esa tranquilidad y el estar solo en la playa, pero cuando ya empezaba a calentar el sol, regresé a la casa antes de quemarme con los primeros rayos.

La única que estaba levantada era Imelda y subí a la habitación para despertar a Sofía mientras me duchaba. Salimos juntos al jardín a desayunar y sobre las once y media decidimos bajar a la calita a pasar la mañana en la playa. Fiorella y Elvira todavía no habían dado señales de vida. Sobre la una regresamos a la mansión y, ahora sí, la italiana estaba en una colchoneta tomando el sol en la piscina completamente desnuda y bocarriba y Elvira ojeaba las noticias económicas en su tablet, resguardada en la sombra, pero con sus tetazas al aire.

Era el último día para disfrutar de las kilométricas piernas de la modelo, del culo de Elvira, del coñito de Fiorella o los piercings de los pezones de mi amiga. Jamás iba a olvidar esas vacaciones. Me hubiera gustado capturar esos recuerdos, pero me parecía demasiado violento fotografiarlas sin ropa, así que me tuve que aguantar las ganas.

Elvira estaba muy tranquila, como si no hubiera pasado nada la noche anterior, pero en cuanto la vi recordé la instantánea final, que se me quedó en la cabeza, cuando Fiorella acariciaba su precioso pelo, que acababa de salpicar con su orina, mientras mi amiga reposaba la cara sobre sus muslos.

Picoteamos algo los tres antes de comer. Fiorella ni se molestó en venir y todavía estuvo otra media hora metida en la piscina. Esperamos pacientemente a que saliera, pues no nos pareció muy buena idea bañarnos mientras tomaba el sol, y ella interrumpió su descanso dejándose caer al agua y después enfiló la escalera para venir hacia nosotros.

Desnuda, mojada y con un bronceado de playa muy bonito se acercó a Elvira mostrándonos su coñito de pija, se quedó de pie detrás de ella y solo se inclinó para que nuestra amiga le metiera un trozo de piña en la boca. Luego se recostó en la tumbona y ya se quedó allí, esta vez bocabajo hasta que llegó la hora de la comida.

Ese fue el instante que aprovechamos Sofi y yo para bañarnos antes de comer. Le había hecho una promesa a mi chica al principio de las vacaciones, y pensaba cumplirla. No quería irme de esa casa sin follármela en la piscina, pero entre unas cosas y otras no encontraba el momento para hacerlo. Y mucho menos pudimos llevarlo a cabo cuando Elvira se metió al agua con nosotros.

―¿Qué tal ayer?, ¿dormisteis bien? ―nos preguntó la muy zorra―. A mí es que después de salir de fiesta me cuesta horrores, ya no estoy acostumbrada.
―A mí me pasa igual ―contestó Sofía―, me tuve que tomar algo para dormir, además, tenía un dolor de cabeza que ufff, pero hoy me he levantado genial.
―¿Y tú, Adrián?
―Yo bien, eeeeh, sí, también me acosté y caí muy rápido…, pero me he despertado pronto, ¡es que me estaba meando mucho!, y luego ya he decidido bajar un rato a la playa a bajar el alcohol de ayer…

Elvira esbozó una sonrisa maléfica antes de sumergirse en el agua y hacer unos largos. Apenas pudimos disfrutar de la piscina porque enseguida llegó la comida y por la tarde, después de una breve siesta, bajamos a la playa los cuatro y allí nos quedamos hasta que se metió el sol.

Cenamos en la casa y alargamos la jornada hasta bien entrada la madrugada, tomándonos una copa en el mismo sitio donde habían follado la noche anterior Elvira y Fiorella. Por suerte nuestras anfitrionas nos dejaron solos cuando les dijimos que antes de acostarnos nos íbamos a dar un baño de despedida y entonces sí, pude cumplir mi promesa; penetré a Sofía de pie dentro de la piscina y descargué el nuevo calentón que me había pillado por la tarde viendo desnudas a las dos diosas.

Tan calientes nos pusimos en la piscina que solo nos percatamos de la presencia de Elvira al salir del agua. Al parecer había acompañado a Fiorella hasta la habitación y después volvió a bajar, pero nosotros de espaldas a ella ni nos enteramos de que estaba allí, así que le devolví el favor y ahora fui yo el que me follé a mi novia delante de Elvira. Eso sí, sin saberlo, lo que me dio rabia, pues hubiera sido muy morboso embestir a Sofía sabiendo que mi amiga nos estaba viendo.

Ya os podéis imaginar la cara de mi novia al salir del agua y ver a mi amiga allí, sentada en la mesita y mirando hacia la piscina. Le dio tanta vergüenza que no supo ni qué decir y envueltos en una toalla nos despedimos de ella y subimos corriendo a la habitación.

Al día siguiente Elvira nos llevó al aeropuerto a media mañana y se despidió con unos efusivos besos.

―Espero que lo hayáis pasado bien…
―Han estado geniales las vacaciones, muchas gracias por todo ―le contestó mi novia prometiendo volver si nos invitaba otro año.
―Cuenta con ello. Podéis venir cuando queráis…

El taxi del aeropuerto primero llevó a Sofía hasta casa de sus padres y después a mí hasta mi nuevo piso. A primeros de agosto ya me había mudado con lo justo y entré en nuestra habitación en la que solo había un enorme colchón en el suelo. Me pasé el día tirado en el sofá, viendo una serie hasta que me la terminé, cené un poco de leche, que era lo único que había en el frigo, y me acosté pronto, pues al día siguiente ya tenía que trabajar.

Entonces escuché unos tímidos gemidos que venían de la habitación de al lado. No cabía duda de que eran Sergio y Laura que estaban echando un polvete y de nuevo pensé que no había sido muy buena idea lo de comprarnos la vivienda pegada a la de ellos. No creo que para Sofía fuera muy agradable escuchar por las noches cómo follaban su hermano y su cuñada y viceversa; además que Sofía es de las que gime de manera escandalosa.

Cerré los ojos e inevitablemente pensé en Laura, en Elvira… y en Mónica. Tuve que meter la mano por dentro del calzón y en la calurosa habitación comencé a hacerme una paja con los recuerdos de todo lo sucedido en los tres últimos meses. Mi vida se había convertido en una locura en muy poquito tiempo y no sabía cómo iba a poder gestionarlo. Eyaculé justo cuando Sergio lo hizo dentro de su mujer y después me costó dormir.

Demasiadas emociones.

Apenas tuve unas horas de tregua en mi cabeza y el lunes por la mañana recibí la llamada que había estado esperando todo el verano. Mónica se puso en contacto conmigo y me preguntó cuándo podíamos vernos. Al final quedamos el miércoles por la tarde, y me dio la dirección de un hotelito nuevo que acababan de abrir a un par de kilómetros de donde ella vivía.

Ya solo tenía que inventarme una excusa con mi novia, pues en agosto no trabajaba por las tardes, y acudir a la cita con Mónica en un hotel. Otra vez los dos solos…


PARTE 3
Puede ser que se te haya quedado una parte sin enviar?
 
¡Hola!
Pues vamos a comenzar un nuevo hilo en el foro, la segunda parte de El inquilino universitario. Espero vuestra participación, como siempre.

¡Un saludo!
Acabo de leer que hay un nuevo relato tuyo y me he alegrado la hostia. Y te estoy escribiendo sin siquiera empezar a leerlo pero se que será muy bueno, muy excitante y estaré enganchado como siempre ha pasado. Gracias por regalarnos estos relatos.
 
PARTE 3



Capítulo 13



Mayo, 2012

Escuché voces en la cocina y ya no me pude dormir. No eran ni las nueve y Fernando y Mónica estaban desayunando. Los fines de semana me levantaba enfadado, rabioso y, sobre todo, muy excitado.

Me molestaba la presencia del marido de Mónica en el chalet, pues eso suponía que no podía estar con ella a solas, encontrármela en la cocina y sobar su culo, como si fuera mi chica, pegarme a sus glúteos y hacer que se me pusiera dura con tan solo entrar en contacto con ella; follármela en cualquier lugar de la casa sin importarnos la hora, solo para satisfacer nuestros instintos más primarios, que afloraban de manera constante.

Cuando estaba Fernando por casa, tenía que controlarme, a veces pasaba al lado de su mujer y me apetecía dejar la mano suelta para acariciar su culo con disimulo, pero tenía ese miedo constante de cometer un mínimo error y que él pudiera pillarnos. De momento, estaba claro que no sospechaba nada y me trataba con el mismo cariño de siempre, pero solo podía pensar en meter la polla dentro de su mujer; por ello, esos fines de semana, en los que estaba presente, me molestaba verlo por allí, pero a la vez me ponía muy cachondo, porque sabía que a la más mínima que nos dejara solos o se descuidara, como cuando se echaba la siesta en el salón, yo iba a aprovechar para follarme a Mónica.

Aquella mañana de sábado me levanté especialmente cachondo, me los encontré en el jardín desayunando, les saludé con un «buenos días» y no quise interrumpir su momento íntimo. Salí a correr una hora, pero ni aun así calmé la tensión que me invadió al despertarme. Subí al baño de arriba, me pegué una ducha y después desayuné tranquilamente yo solo en el jardín.

Al entrar en la cocina, Mónica estaba fregando y escuché a Fernando trasteando en el garaje. Me situé detrás de ella y dejé la taza en el fregadero, momento que aproveché para pegar mi polla a su culo.

―Hoy me he levantado con muchas ganas de follarte ―le susurré al oído.
―Para, Adrián, Fernando está por…
―Ya sé que está en el garaje, tranquila…, venga, vamos arriba y deja que te la meta… ―insistí frotándome de arriba abajo, incrustándome entre sus glúteos.

Apoyó las manos en el fregadero y cerró los ojos, se le escapó un pequeño gemido y tragó saliva. Mónica estaba igual que yo. O incluso más caliente.

―Noooo…, espérate, joder, quizás luego, si se duerme la siesta…
―¿Ah, sí?, ¿y vas a dejar que te folle mientras tu maridito está en el sofá? ―murmuré besuqueando su cuello.
―¡Eres un cabrón!
―Ya no puedes controlarte, ahora eres mía, Mónica, puedo hacer contigo lo que quiera…, y eso me encanta…
―Vale, para ya ―dijo en bajito, en una especie de suspiro, echando la mano hacia atrás para palparme el paquete, para después separarse de mí.

Unos minutos más tarde apareció Fernando en la cocina, yo hice como que ayudaba a Mónica a recoger y traté de disimular mi erección para que no se notara.

―Hoy tengo la mañana atareada, quería arreglar lo de la valla y poner bien el toldo ―nos anunció Fernando, que se había puesto su chándal viejo de hacer chapuzas por casa.
―Vaya, yo que te iba a pedir que si luego podíamos dar una vuelta con el coche y hacer unas prácticas, como acabo de aprobar el carnet…, ya sabes que ahora es muy importante conducir para que no se me olvide lo que he aprendido en la autoescuela…
―Ah, eeeh, eeeh… ―tartamudeó Fernando. La verdad es que era tan buena persona que no tenía ninguna duda de que era capaz de dejar de hacer lo que tenía pensado para acompañarme.
―No te preocupes, bajo yo con él y así aprovechamos para comprar cuatro cosillas en el súper y también para lavar tu coche ―intervino Mónica.

Al pobre Fernando se le iluminó la cara. Le parecía perfecto el plan que le acababa de proponer su mujer, y yo, al escuchar las palabras de Mónica, todavía me puse más cachondo.

―¿En serio no te importa? ―preguntó él.
―Claro que no, que hoy que te veo con ganas de hacer cosas por casa, no te vamos a dar facilidades para que te puedas librar ―bromeó su mujer dándole un piquito en los labios delante de mí.
―Ah, guay ―dije―, pues me preparo y en cuanto quieras nos vamos, yo también quería comprar algo de comida… ―Después salí de la cocina y subí nervioso por las escaleras hasta la habitación.

Esperé a Mónica en el pasillo de la planta alta y un minuto más tarde volví a escuchar a su marido en el garaje preparando las herramientas necesarias. Ella subió despacio, sabiendo que la estaba esperando allí, y se echó el dedo en la boca para que no hiciera ruido.

―Sssssh, vale, Adrián, vístete y nos vamos…
―¿Dónde quieres ir tú…?
―A ningún sitio, a comprar y volvemos rápido.
―¿Seguro? ―pregunté soltando la cuerda de mi chándal, para luego bajarlo lo justo hasta que mi polla salió despedida.
―Vale ya, paraaa… ―me pidió llegando hasta mí mientras se mordía los labios. Le echó una ojeada a la escalera y se puso delante apoyando una mano en mi hombro―. Aquí, no, Adrián, te lo pido por favor…
―Pues vamos a tu dormitorio, todavía no me has dejado follarte en tu cama…, y sabes que tarde o temprano eso va a pasar…

Me agarró la polla sin decirme nada y nos fundimos en un beso con lengua. Mónica tenía la boca llena de saliva, y eso todavía me ponía más cerdo, porque significaba que aquella MILF se encontraba muy cachonda. Más de lo que pensaba.

Y allí estaba la muy cabrona, comiéndome la boca y sacudiéndome la polla mientras su marido, ajeno a lo que pasaba en la planta alta de su chalet, se preparaba para hacer unas chapucillas en el patio.

Jadeaba a la vez que me masturbaba con fuerza, ya era adicta a mi polla y no podía separarse de ella. A pesar de que Fernando estaba en casa, su mujer y yo seguimos comiéndonos la boca por lo menos otro minuto más. Esta vez fue Mónica la que puso un poco de cordura y se separó de mí, pero sin dejar de mirármela.

Bajó la mano y me acarició los huevos, mordiéndose los labios, y volvió a emitir otro gemidito.

―Vale ya, tenemos que irnos, mmmm… ―me pidió.
―¿No prefieres que te folle ahora?, mira cómo me tienes, y seguro que si meto la mano por dentro de esos pantaloncitos de chándal gris, me voy a encontrar algo muy mojado, ¿verdad?… Hoy voy a ser bueno, pero otro día te follaré en esa camita que está ahí, ¿la ves?, sí, efectivamente, esa en la que te acuestas con tu marido… ―afirmé acercándome a su oído―. Y tú me terminarás suplicando que siga, que no me detenga hasta que me corra dentro…, joder, puedo ver tu cara y ya te estás derritiendo solo con pensarlo ―dije acariciando su coño por encima del chándal.
―No, eso no ―me pidió negando con la cabeza―. Eso no, Adrián, quedamos en que íbamos a respetar…
―Yo no voy a respetar nada, no puedo, es que te tengo delante y me dan ganas de follarte con todas mis ganas cada minuto… Te voy a destrozar en tu cama de matrimonio y me voy a correr como un animal dentro de ti, y tú pondrás la mano en mi culo para no dejarme escapar…, ¿quieres que te folle ahora?
―Noooo…
―¿Y por qué sigues aquí conmigo?, ¿y por qué no dejas de mirarme?, ¿has visto lo cachondo que me tienes?, estoy empalmadísimo, mira cómo apunta hacia el techo sin tan siquiera tocármela… Solo tendría que desabrocharte ese nudito de la cintura, darte la vuelta, bajarte un poco el pantalón y metértela; podría hacerlo…, y tú no me lo impedirías…

Avancé un paso y Mónica retrocedió hasta que se topó con el marco de la puerta. Yo seguí hasta que llegué a rozar en su entrepierna con mi erecto pene y ella me agarró la polla al verse acorralada.

―Si quieres, córrete ―suspiró comenzando a pajearme apresuradamente―, no me importa, pero…, por favor, no me…

Tiré del nudo de su chándal y sin ningún esfuerzo conseguí soltárselo. Mónica negaba con la cabeza y gimoteaba con la boca abierta «no, no, no, por favor», pero seguía aferrada a mi polla y me la meneaba de manera muy sensual, con un perfecto giro de muñeca cuando llegaba hasta el capullo.

―¡Córrete, por favor!

Metí las manos por dentro de su pantalón, le sobé el culazo a dos manos por encima de las braguitas blancas y le ordené que se diera la vuelta. Ella me miró suplicante. Su cuerpo había comenzado a temblar y yo le apreté los glúteos con ganas.

―He dicho que te des la vuelta ―Le comí el cuello un par de segundos y luego mordisqueé el lóbulo de su oreja―. Ahora te voy a follar…

Se le escapó un gemido cuando escuchó esas palabras y se giró apoyando las manos en el marco, para después sacar el culo hacia fuera. Ya era mía. No me dio ni tiempo a bajarle los pantalones, pues escuchamos un ruido en la parte de abajo y aquello nos hizo reaccionar. Me guardé la polla a toda velocidad y Mónica se metió en su habitación, cerrando la puerta sin mirar hacia atrás.

Había sido una falsa alarma, porque Fernando no subió a la habitación, pero ya lo dejamos correr, nos cambiamos de ropa y bajamos a comprar y lavar el coche. La estuve esperando unos minutos en la cocina, porque yo me cambié antes que ella y ayudé a su marido a llevar unas herramientas hasta el jardín.

Mónica apareció con un vaquero viejo, sudadera y un moño mal hecho, como si no quisiera ponerse nada atractiva, pero a mí me dio igual, yo seguía con unas ganas increíbles de follármela. Nos subimos en el coche de Fernando y me dejó conducir a mí. Esos, quizás, fueron los únicos momentos en los que no pensé en meter la polla en cualquier agujero del cuerpo de Mónica, me acababa de sacar el carnet y necesitaba estar muy concentrado, pues todavía no tenía automatizado lo de conducir, y en unos minutos llegamos hasta el centro comercial donde estaba el supermercado.

En cuanto paré el coche, acaricié uno de los muslos de Mónica y ella me retiró la mano.

―Ahora no hagas nada, aquí seguro que nos encontramos con algún conocido, así que, Adrián, te lo digo muy en serio…
―No te creas que se me ha olvidado lo de antes, me debes un puto orgasmo y lo quiero antes de comer…, así que tú verás cómo te las apañas…
―Vamos a comprar, cada uno por su lado y luego nos encontramos en la caja, ¿con cuarenta y cinco minutos tienes? ―me preguntó cambiando de tema.
―Con eso me sobra para hacer que te corras dos veces…

En el súper nos dividimos y cada uno hizo su compra, aunque nos cruzamos por el pasillo en repetidas ocasiones, incluso hubo un rato en que me quedé detrás de ella, a una distancia prudencial, sin que se diera cuenta para mirarla descaradamente.

¡Me ponía cachondo solo con ver cómo movía ese culazo al andar!

Como me había indicado Mónica, quedamos en la caja y salimos juntos hasta el coche. Fuera estaba el túnel de autolavado y, antes de meterlo, estuvimos sacudiendo un poco las alfombrillas y limpiando el polvo por dentro. Se me fue la mano un par de veces a su trasero, pero Mónica me regañó y, viendo que me estaba poniendo muy pesado, decidió dar por terminada la mini limpieza de interior.

Después nos situamos en la cola del túnel y teníamos unos siete coches por delante. Yo ya estaba que me subía por las paredes y le advertí a Mónica que me iba a sacar la polla.

―Ni se te ocurra…
―¿Por qué?, no puede vernos nadie.
―No, aquí no, Adrián…

Pero ella sabía cuándo decía las cosas en serio y a mis diecinueve años no podía controlar el calentón que llevaba encima. Estiré el brazo y acaricié su coño por encima de los vaqueros. Mónica miró por la ventanilla y se dejó hacer avergonzada, sin atreverse a girarse hacia mí.

―Antes, cuando te has cambiado de ropa en tu habitación, ¿tenías mojadas las braguitas?, y quiero que me digas la verdad…
―Para, Adrián, aaaaah ―gimoteó intentando apartar mi mano sin mucho entusiasmo.
―¿Y por qué no me detienes tú…?
―Está bien, pero al menos espérate a entrar en el túnel, allí haré que te corras ―dijo palpándome el paquete.
―Desabróchate el pantalón, quiero comprobar lo cachonda que estás.
―Adrián, para, aaaaah, aaaaah, deja de hacerme eso, mmmmm…
―Solo va a ser un poco, desabróchate el vaquero.

Se soltó el pantalón y se quedó expectante a ver qué es lo que iba a hacer. Me encantaba tenerla despatarrada en el coche de su marido mientras me sobaba la polla. Ahora sí me miraba a los ojos, con la boca abierta, su respiración se había agitado y ya había puesto esa carita de zorra que me excitaba tanto.

Conocía tan bien a Mónica que sabía que, en cuanto comenzaba a temblar, era porque ya estaba fuera de control.

Y le metí el dedo por el elástico de las braguitas y rocé su pubis. Ya solo teníamos cuatro coches por delante y muy despacito me deslicé hasta alcanzar su coño. Como me había imaginado, estaba empapado; y con el dedo corazón y la palma de la mano hacia su cuerpo traté de introducírselo un par de centímetros. Ella me apretó la polla con rabia, sin meneármela, y yo enseguida saqué el dedo y se lo pasé por la nariz.

―Seguro que hueles a zorra, estás que te derrites… ―Y traté de meterle el dedo en la boca para que me lo lamiera, aunque ella se resistió.
―Para, tenemos que controlarnos, Adrián ―me pidió soltándome la polla―. No podemos seguir así, joder… ¡Uf, qué calor hace aquí! ―resopló abriendo la ventanilla.
―Tienes razón, lo siento ―Y con un rápido movimiento me la saqué, dejándola extendida encima de mi vientre.
―¡¡¿Qué haces?!!, ¡¡¿estás loco?!!, anda, guárdatela, idiota…
―No pienso hacer eso…
―Ya nos va a tocar.
―Todavía tenemos tres por delante, nos quedan cinco minutitos para jugar…
―Adri, te estás pasando.
―Es que me tienes durísimo ―afirmé sacudiéndomela delante de ella.
―Te van a ver, ¡para!

Tiré de la camiseta y me cubrí la polla con ella, Mónica miró hacia abajo y esa visión de mi dura verga marcándose a través de la tela hizo que se volviera a morder los labios.

―¡Tócamela!, solo unos segundos, por favor, lo estás deseando…
―No.
―Venga, solo unos segundos y te prometo que ya paro…
―Unos segundos y te la guardas, eh…
―Sí, claro.

Estiró el brazo izquierdo y me agarró la polla por encima de la camiseta, miró nerviosa hacia los lados, como si alguien pudiera descubrir nuestro morboso juego, y luego me pegó unas cuantas sacudidas, aplastándomela contra mi propio cuerpo.

―Uf, joder, Mónica, ¡qué cachondo me tienes hoy!

Ahora el que coló la mano en su vaquero desabrochado, en un rápido movimiento, fui yo; y ella negó con la cabeza y se le escapó otro gemido.

―Aaaaah, aaaaah, Adrián, noooo, aaaaah, nooooo…

Esta vez no se lo tuve que pedir y ella misma metió la mano por debajo de mi camiseta y me agarró la polla directamente. Nos estábamos masturbando a la vez, y nos miramos a los ojos sacudiendo las caderas y deseándonos más que nunca.

Allí no podíamos hacer nada más. Solo pajearnos de la manera más discreta posible.

Pasó otro coche al lavadero y solo teníamos uno delante. El coño de Mónica ya rezumaba fluidos a lo bestia y a mí no me quedaba mucho para correrme. El chico que trabajaba limpiando los coches nos miró con la pistola de agua y notó que algo raro sucedía entre nosotros, aunque ya estaba tan cachondo que me dio igual. Mónica ni se enteró de que nos había descubierto y yo no le dije nada; me encantaba que el chico la viera así, abierta de piernas y sacudiéndome la polla por debajo de la camiseta.

―Ya nos va a tocar… ―tuve que avisar a Mónica para que se recompusiera.

Saqué la mano de su coño a toda velocidad y, cuando abrí la ventanilla para decirle al chico el tipo de lavado que quería y pagarle, tenía la polla fuera del pantalón, pero cubierta con la tela de la camiseta. Mónica, avergonzada, trató de abrocharse el botón de su vaquero, aunque ya era tarde.

Y por fin pasamos al túnel de lavado. No podía esperar más y en cuanto salió el primer chorro de jabón, cubriendo los cristales, me incliné sobre Mónica y le comí la boca en un muerdo rápido.

―Venga, haz que me corra ―la apremié volviendo a mi sitio y descubriendo mi polla.

Mónica se soltó el cinturón y se acercó a mí, se giró en el asiento, quedándose apoyada solo con el hombro, y me apartó la camiseta para agarrarme la polla con la mano derecha. Y con las tres primeras sacudidas tan duras y secas, ya me di cuenta de que no me iba a dejar escapar hasta que me derramara.

¡Qué manera de pajearme!

―¡Uf, qué rico!

Posó sus labios en mi cuello y empezó a darme besitos cortos a la vez que me ronroneaba en el oído. Su mano subía y bajaba firme por todo mi tronco y, amparados por la espuma del túnel de lavado, se apremió en destrozármela, pero sin aumentar la velocidad. Y la muy cabrona sonrió sabiendo que iba a conseguir su objetivo.

―La tienes durísima, mmmmm, me encanta… ―me susurró en la oreja.
―Me voy a correr, joder, joder ―exclamé tensando las caderas y levantando el culo.
―No manches nada, eh… ―me dijo―. Venga, no te resistas más, córrete…
―Mónica, Mónica…

Me agarró por el pelo y tiró de mi cabeza para acercarme a su cara, luego me incrustó la lengua hasta el fondo de la boca y aquello me hizo explotar definitivamente. Mi polla se puso más dura todavía y Mónica se apartó un par de centímetros para pasarme su lengua por el labio inferior y después el superior, en un gesto muy erótico. Me tapó la polla con la camiseta, aceleró un pelín y ocurrió lo inevitable.

¡La muy puta hizo que me corriera dentro del coche de su marido!

―Aaaah, aaaaah…
―Eso es, córrete, córrete, muy bien, córrete…

El coche salió medio minuto más tarde del túnel de lavado, había quedado reluciente y yo satisfecho del pajote que me acababa de hacer Mónica, que ya se estaba limpiando la mano con un pañuelo de papel.

―Esto no va a quedar así, eh ―le aseguré recorriendo con mi dedo su coño varias veces―. Esta tarde te voy a follar, me da igual si Fernando está en casa o no, cuando se eche la siesta me la vas a chupar en el pasillo y luego te voy a tener que tapar la boca para que no chilles… Quiero que te corras con mi polla dentro.
―Anda, aparca ahí y límpiate…
―Mira cómo la tengo, todavía no se me ha bajado…

Y Mónica me palpó la polla por encima de la camiseta con una sonrisa lasciva. Luego se acomodó el cinto y esperó paciente a que terminara de limpiarme antes de volver a casa…



Capítulo 14

Agosto, 2022


El sol me daba en la cara y me quedé medio dormido escuchando el chapoteo de los bañistas en la piscina.

―¡Ey, que te has quedado sobado! ―Sentí que Sergio me zarandeaba del brazo.
―Sí, sí ―Me incorporé somnoliento con una buena sudada encima.
―¡Qué facilidad tienes para dormirte!, qué envidia me das, no llevamos ni cinco minutos y ya estás frito.
―Todavía no me he acostumbrado al horario, estoy con la resaca de Ibiza.
―Ya me ha contado mi hermana esta mañana lo de las vacaciones. Dime que no ha exagerado ni un ápice, Elvira y la modelo italiana en topless todo el día y que en la playa hasta hizo desnudo integral, ¿en serio le viste el coño a esa tía?, te has puesto las botas, cabronazo…

«No solo eso, vi cómo se comían enteritas, cómo se frotaban los coños enganchando sus piernas e incluso contemplé a la italiana bañando la cara de nuestra mejor amiga».

Recordar eso hizo que me empalmara casi de inmediato. Con lo tranquilo que estaba yo en la piscina. Sergio me miraba impaciente para que le contestara, pero yo no tenía muchas ganas de hablar, pues solo podía pensar en Mónica y en el encuentro que íbamos a tener al día siguiente.

Por la mañana me había llamado al móvil y me dio una dirección para que la pusiera en el buscador. Al parecer, allí había un hotel modernito, en las afueras de la ciudad, y en coche se tardaba apenas diez minutos. De construcción reciente, se anunciaba en grandes carteles y en las RRSS como un sitio especialmente discreto para encuentros esporádicos.

Que Mónica me hubiera citado en un lugar tan peculiar me sonaba extraño, pero supongo que así pasaríamos desapercibidos y que también tendrían alguna manera de hacer el pago sin que quedara ninguna constancia, pues pude leer que era un tipo de hotel en el que podías alquilar las habitaciones por horas, y que ese tipo de lugares se utilizaban no solo para encuentros sexuales, sino también para reuniones o cuando alguien está de paso durante un viaje, para poder descansar un rato.

―Adri…, ¿te encuentras bien?, estás como ausente, tío…
―Sí, sí, perdona, y no, no te ha engañado nada tu hermana, allí han estado toda la semana con las putas tetas al aire…
―¡¡Joder!!, vamos, que te has puesto ciego, aunque a Elvira ya se las tenías muy vistas…, mmmmm, reconozco que en la universidad me sacaron muchas pajas esas tetas, y ahora está el triple de buena. Y la italiana, ufffff, ¿en serio le viste el coño?
―Sí, muchos días…
―No habrá fotos de eso, ¿no?
―Nos hicimos algunas con ellas, pero ahí no se ve nada…, son normales…
―Me las tienes que enseñar, tío, a ver si para otro año nos invitan también a nosotros, la verdad es que no me importaría pasar unos días en esa casa; ya me dijo Sofía que era enorme y tenía unas cuantas habitaciones libres… Cuando vea a Elvira se lo dejaré caer, como el que no quiere la cosa…
―Claro ―dije con poco entusiasmo y menos ganas de seguir hablando―. Voy a darme un bañito para estrenar la piscina.
―Espera, que voy contigo.

Era la primera vez que utilizaba la piscina de la urbanización. Me gustaba porque, aunque no era muy grande, estaba rodeada de jardines, una pista de pádel y todavía no había demasiada gente; y pocos chiquillos, la mayoría eran como nosotros, parejitas rondando los treinta que se acababan de comprar su primera vivienda.

―Aprovecha, porque seguro que dentro de unos años esto estará plagado de niños correteando por todas partes ―dijo Sergio como si pudiera leerme el pensamiento.

Nos picamos unos largos y a media tarde, cuando salimos del agua, nos encontramos a Laura en la toalla. No creo que le hiciera mucha gracia verme allí después de lo que había pasado en la casa rural, todavía seguía muy distante conmigo, pero tendría que acostumbrarse porque no solo íbamos a ser vecinos toda la vida, es que, en cuanto me casara con Sofía, también pasaría a ser mi cuñada oficialmente e incluso nuestros hijos, en un futuro, llevarían la misma sangre.

No es que fuera especialmente provocativa, tampoco iba a sorprenderme a estas alturas después de lo que había visto en Ibiza, pero me gustó ver a Laura con un simple biquini blanco. Me llamaba la atención el cuerpo tan pequeñito y armonioso que tenía, todo muy bien puesto, en su sitio, y es que Laura no era de las que solía visitar el gimnasio, y su rutina física se limitaba a salir a andar una hora a buen ritmo, cuatro o cinco días a la semana.

Un ratito más tarde apareció Sofía, que había alargado la siesta un poco más de lo habitual, lo que hizo que me relajara, pues no me apetecía estar solo con el reciente matrimonio y menos después de lo que sucedió entre Laura y yo. Mi chica sí que llamaba más la atención en la piscina con su voluptuoso cuerpo y sobre todo con esas enormes tetazas que amenazaban con desbordar la tela de su biquini negro.

Por la noche preferimos cenar en nuestra nueva casa, solos, a pesar de la insistencia de Sergio en que compartiéramos mesa los cuatro. Es verdad que en el piso apenas teníamos un sofá, una tele colgada de la pared, una mesita, dos sillas en la cocina y un colchón en el suelo de la habitación, pero con eso nos apañábamos de momento.

―Me ha sabido mal decirle que no a mi hermano…
―Que se vaya acostumbrando, que por vivir al lado no vamos a estar cenando o comiendo todos los días con ellos…
―Sí, claro, además hoy me apetecía… ―susurró Sofía tanteándome el paquete una vez que terminamos de cenar.
―¿Tienes ganas?
―Muchísimas…
―Mmmm, me encanta lo cachonda que estás estos días…, veo que te sigue durando el calentón desde que estuvimos en Ibiza.
―Ya sabes que el calor me pone mucho…
―Eso debe ser…
―Venga, vamos a la cama, que se nos hace un poco tarde y mañana hay que trabajar…

Y esa noche terminé follándome a Sofía en el enorme colchón. Era muy morboso follar así en el suelo y me encantó embestir a mi chica en un simple misionero, haciendo bambolear sus pechos, hasta que me corrí dentro de ella. Antes de irse a casa de sus padres, se despidió de mí desde la puerta, haciendo planes para el día siguiente, pero yo iba a estar muy ocupado.

Tenía la cita con Mónica a media tarde.

―Mañana vengo a la piscina también, intentaré venir más pronto… ―me dijo Sofía.
―No, es que mañana tenía que…, eh, bueno, que iba a ir al gimnasio, y tampoco quiero ir muy pronto con todo el calor.
―Pues, si no estás aquí, no me paso…, me voy a casa de mis padres directamente después de salir del curro.
―Vale, cuando salga te llamo y hablamos…

Luego se marchó y pasé la noche solo, como de costumbre. Ese día agradecí haber follado con Sofía, porque eso hizo que durmiera mucho mejor y no pensara tanto en el encuentro con Mónica, pero al día siguiente ya me levanté con esa sensación de nervios en el estómago. La mañana se me hizo eterna y, nada más comer, bajé a la piscina a pegarme un baño yo solo, antes de que Sergio me llamara.

Preparé la bolsa del gimnasio, me pegué una ducha y, con bermudas, camiseta y unas deportivas, cogí el coche hasta el extraño complejo hotelero situado a las afueras. Mónica me estaba esperando aparcada y al verme se subió rápido en mi coche.

―Entra por esa puerta ―me ordenó dándome una tarjeta para que la fuera pasando por los distintos lectores.

Metí el coche en una especie de parking privado individual, que estaba por una carretera a mano izquierda y llevaba directamente a la habitación. Más privado imposible, solo podías cruzarte con alguien si ibas en el coche al entrar o al salir del complejo hotelero, el resto del tiempo disfrutabas de una intimidad total.

La habitación era muy fría y moderno, casi de lujo, con una imponente cama en el centro y las paredes pintadas de blanco sin adornos. Todo minimalista.

Con el asunto de aparcar el coche y buscar nuestra habitación, ni tan siquiera me había fijado en Mónica. Esta vez no llevaba ropa deportiva, como yo, sino que se había puesto una mini falda vaquera que le llegaba por la mitad del muslo, una camiseta blanca de tirantes y zapatos veraniegos con cuña. Me ponía mucho que se hubiera recogido el pelo en una coleta, lo que le daba un aire más juvenil. Y sin tiempo que perder, sacó el ordenador de su funda.

Se sentó en la cama, se puso el portátil entre las piernas y la faldita se le subió unos centímetros, lo que hizo que me mostrara parte de sus muslos. Desde mi posición, allí de pie, delante de ella, fue una imagen muy potente; y me quedé contemplándola como un pasmarote. Me fijé en ella más detenidamente, en las arrugas de su cara, en sus tonificados brazos, en sus fibradas piernas… mientras Mónica rebuscaba las fotos en su ordenador. Ni tan siquiera se atrevió a levantar la mirada y me apremió para que me pusiera a su lado.

―Tenemos una hora exacta.

No me dio tiempo ni a contestar, porque enseguida comenzó a ponerme fotos del niño desde los cuatro años, justo en el punto en el que habíamos terminado el anterior encuentro. Analizando la situación desde fuera, todo era muy extraño: los dos en ese moderno hotel, escondidos como una pareja de amantes en esa habitación, con una enorme cama blanca en el centro, puesta allí con un solo propósito.

Follar.

Y nosotros sentados al borde, viendo fotos del niño mientras Mónica me contaba cosas de mi supuesto hijo. Aunque se notaba lo nerviosa que estaba. Su voz no era firme, no era esa mujer segura de sí misma que me acogió en su casa cuando era un simple estudiante. Ahora, la MILF intentaba concentrarse en la pantalla del ordenador para no pensar en que se encontraba en una habitación, a solas, con el universitario con el que había estado follando tres meses.

Pero esa tensión sexual, a pesar de estar hablando de algo tan tierno como nuestro hijo, se notaba en el ambiente. Yo atendía a lo que me contaba, sin quitar la vista del ordenador, aunque también estaba muy nervioso, sentado a su lado, echando de vez en cuando una mirada furtiva a sus piernas. La primera vez no me pilló, ni la segunda, ni la tercera…, así hasta que se dio cuenta de que llegó un momento en el que me encontraba casi tan pendiente de sus muslos como de la pantalla del portátil.

A pesar de la pillada no me dijo nada y siguió explicándome las fotos, abriendo una carpeta tras otra de celebraciones, de viajes… y yo comencé a pensar por qué se habría puesto Mónica esa minifalda vaquera. Es verdad que hacía mucho calor en pleno mes de agosto, pero ella tenía muchas faldas largas de esas ibicencas blancas o de varios colores, y justo el día que había quedado conmigo no podía llevar menos ropa.

La miré a la cara mientras seguía hablando y me fijé en ella, en el pelo recogido en una coleta, parecía que tenía unas ligeras gotas de sudor que perlaban su frente y el cuello. Ella se giró y volvió a sorprenderme, pero, en vez de regañarme por no estar pendiente de lo que me contaba, bajó la cabeza ruborizada y se colocó los caracolillos del pelo que se le habían encrespado por el sudor.

Su respiración todavía se volvió más agitada y durante unos segundos comenzó a balbucear, sin poder soltar ninguna frase inteligible, susurrando.

―¿Te encuentras bien, Mónica?
―Sí, lo siento, es que hace demasiado calor en esta habitación…
―Tienes razón, es un puto horno, espera, que enciendo el aire.

Se quedó sentada en la cama, abanicándose con la mano, y cuando encendí el aire acondicionado me senté de nuevo a su lado.

―¿Mejor? ―pregunté al llegarnos el primer chorro de frío.
―Sí, un poquito mejor, ¿te importaría traerme un poco de agua?
―Claro que no…
―Creo que debes pasar la tarjeta por el lector del frigo.
―Ah, vale…

Al pasar la tarjeta negra que Mónica me había dado se abrió la neverita y saqué dos botellas de agua.

―Es una tarjeta de recarga, tiene saldo de sobra ―me dijo Mónica al ver que dudaba sobre cómo íbamos a pagar esas consumiciones.

Le di la botellita de agua fría y Mónica le pegó un buen trago, todavía nos faltaba media hora y tuve serias dudas de si ella sería capaz de continuar. Cada vez la veía más nerviosa y me preguntó si me importaba coger a mí el ordenador, pues le estaba dando demasiado calor en las piernas.

―Sin problema…

Y ahora fui yo el que comenzó a pasar las fotos de Iker, en la carpeta de los seis años de edad. El portátil desprendía bastante temperatura y el hecho de liberarse de ese fuego que achicharraba sus muslos desnudos pareció tranquilizar a Mónica, que con dos tragos más de agua recuperó la respiración pausada.

La muy cabrona cruzó el muslo izquierdo sobre el derecho y con el dedo apuntó a la pantalla para irme contando detallitos de cada foto: dónde la habían hecho, fechas, quiénes eran los que salían…, pero ahora el que se puso de los nervios fui yo, al ver esa pierna, casi desnuda, delante de mis narices.

Mi erección fue casi instantánea, a la par que vergonzosa, pues no la pude disimular de ninguna manera y, de repente, un enorme bulto se levantó disparado justo donde terminaba el ordenador. Me removí inquieto en la cama y Mónica volvió a balbucear al comprobar lo que acababa de provocar.

Quizás no lo había hecho a propósito, o quizás sí, pero yo aguanté de manera estoica, escuchando sus explicaciones cuando las volvió a retomar unos segundos más tarde. Se me volvió a ir la mirada a sus piernas, y más cuando frotó de manera nerviosa un muslo por encima del otro, en un movimiento que le salió de manera espontánea, o eso pensé yo.

Seguí pasando las fotos, pero ya solo tenía ojos para sus piernazas. Comencé a tener mucho calor y, lejos de bajarse el empalme que llevaba, se me puso más dura todavía. No lo podía remediar y estuve a punto de decirle algo a Mónica sobre lo guapa que había venido a la cita.

No sabía si me estaba provocando y era lo que pretendía o es que me quería poner cachondo. Tenía que andarme con mucho ojo, pues ya me lo había dejado bien claro: a la primera insinuación o salida de tono, ella cogería el ordenador y nos olvidaríamos de esos encuentros para siempre; así que me aguanté las ganas de decirle lo cachondo que me ponía y seguí pasando fotos del chico mientras Mónica apuntaba a la pantalla con el dedo para darme explicaciones.

Cuando ya solo quedaban quince minutos para la hora, Mónica descruzó las piernas y miró el reloj como si de repente tuviera prisa. Me ponía muy nervioso tenerla así, a mi lado, en una habitación de hotel mientras teníamos esa cita clandestina. Yo estaba convencido de que entre nosotros podía volver a surgir esa pasión que se encontraba latente, pero ella ya parecía haber desconectado el modo sexy y se ciñó a hablar de nuestro hijo sin darme pie a nada.

Cinco minutos antes de que se cumpliera el tiempo, me pidió ir recogiendo. Yo seguía con una importante erección bajo el pantalón corto y le pasé el portátil para que lo guardara en su funda.

―¿Te está pareciendo bien esto? ―me preguntó Mónica mientras se ponía de pie.
―Eh, ¿perdona?, no entiendo lo que me quieres decir…
―Me dijiste que querías conocer cómo era Iker, lo que hacía, lo que le gustaba…
―Sí, sí, claro, y la verdad es que te lo agradezco mucho.
―Esto no está siendo fácil para mí, como comprenderás. Sinceramente, hubiera preferido que te desentendieras de Iker, no pensé que quisieras saber nada de él…
―¿Estás enfadada o he hecho algo que te haya molestado?
―No…, pero no sé qué estamos haciendo.
―¿Ahora tienes dudas?, yo creí que te parecía bien que al menos conociera al chico…
―Ya hemos visto fotos hasta los seis años, otro día terminamos hasta la fecha actual y después…, no sé, quizás no sea buena idea lo de seguir viéndonos…, así, a escondidas, me sabe fatal por Fernando y luego me siento muy mal conmigo misma. Es como si lo estuviera engañando de nuevo, me están viniendo a la cabeza demasiados recuerdos… Y sí, ahora me arrepiento de haberte dicho lo de Iker.
―Siento escuchar eso. Yo no te lo pedí, Mónica.
―Lo mejor sería cortar esto de raíz, antes de que te encariñes con el niño y en un futuro quieras tener un acercamiento con él, eso destrozaría a Fernando…
―Ya te dije que no iba a hacerlo, puedes estar tranquila, que Iker jamás sabrá que yo soy su padre, salvo que se lo digáis vosotros; y eso, ufff, me pondría en una situación muy comprometida, no creo que le hiciera mucha gracia a mi pareja el hecho de saber que tengo un hijo y no haberle dicho nada. Sofía tiene mucho carácter y es mejor que no se entere. Yo prefiero que quede entre tú y yo.
―¿Cuánto tiempo?, ¿vamos a estar viéndonos a escondidas toda la vida ocultándoselo a nuestras parejas?
―Tampoco es que vayan a ser encuentros muy regulares, podríamos vernos una vez al año o así y hablar un poco de él y ya está… Tampoco te pido tanto. Quizás incluso podría colaborar económicamente, si te parece bien…
―No…, bueno, vamos a dejarlo aquí, Adrián, cuando pase el verano quedamos otra vez y ya veremos lo que hacemos…
―Vale, me parece bien. Y muchas gracias por todo, Mónica.

Salimos juntos en mi coche y me pidió que aparcara frente al suyo para bajarse y montarse rápido, sin llamar la atención. Antes le eché una última ojeada a sus piernas y a su culo y me fui para casa con una extraña sensación de malestar.

Había sido una cita muy contradictoria. Mónica había venido con una minifalda vaquera y camiseta blanca de tirantes, en un look que había conseguido excitarme de verdad. Y ese cruce de piernas, en el que parecía insinuarse, me puso cachondo del todo, pero al final del encuentro, ella tuvo un ataque de moralidad y me trasmitió sus dudas acerca de seguir viéndonos.

Yo desde luego que también tenía mucha incertidumbre con lo que estaba haciendo, pero esos minutos en los que tuve a Mónica sentada a mi lado, mostrándome sus muslos de manera indecorosa, habían provocado en mi estómago unos nervios y una sensación que creí olvidados.

Y esa adrenalina que se te dispara, encendiendo tu fuego interno, es adictiva. Ya lo creo que lo es. Notas el calor recorriendo tu cuerpo, las pulsaciones se te disparan, te saliva la boca, se te encoge el estómago, te tiemblan las manos y la polla se pone a mil. Te dan ganas de ponerle la mano en el muslo y mirarla fijamente, esperando que ella te corresponda.

La chispa se prendería en unas centésimas y ya no habría vuelta atrás. Yo conocía en la intimidad a Mónica, sabía cómo era y cómo se dejaba arrastrar cuando el deseo la consumía las putas entrañas. Y eso no se puede cambiar con el paso de los años, por mucho que ahora tratara de aparentar otra cosa.

Quizás lo mejor era olvidarse de Mónica. Ya bastante había metido la pata en los últimos meses con lo de Elvira y Laura; y ahora, con la aparición de Iker, debía reconducir toda esa vorágine en la que se estaba convirtiendo mi vida.

Sin embargo, al entrar en casa no podía dejar de pensar en Mónica. Seguía nervioso y muy tenso, pero lo que más me preocupaba era el estado exagerado de excitación en el que encontraba. Otra vez esa sensación, ese sentimiento, ese fuego que solo ella podía provocarme.

El corazón me palpitaba con fuerza en el pecho y yo estaba convencido de que Mónica había llegado a casa en el mismo estado que yo. La suerte para nosotros es que íbamos a vernos de manera muy esporádica, pero también era verdad que lo que había pasado entre nosotros seguía ahí, latente, y que en cualquier momento podría encenderse esa mecha.

Podía ser una mirada, un roce, una palabra… Y si eso sucedía, Mónica y yo sacaríamos todo lo que llevábamos años guardándonos dentro.

Y me asustaba, joder, ya lo creo que me asustaba fantasear con eso…, pues lo que parecía imposible, con cada encuentro con ella lo veía más cerca, más real. La única duda que tenía era si realmente queríamos hacerlo o no. Si lo pensábamos racionalmente por las dos partes, era una locura. Yo llevaba muchos años con Sofía, nos acabábamos de comprar una casa y en menos de un año nos casábamos a lo grande en un bodorrio que ya habíamos comenzado a organizar; y Mónica ahora tenía una familia, Fernando le había perdonado el affaire que tuvo conmigo y ya no era esa mujer solitaria, frágil y encerrada en sí misma que había conocido cuando fui su inquilino.

Pero a veces lo racional no puede contener lo pasional. Y Mónica y yo sabíamos lo que pasaba cuando le dábamos rienda a nuestros instintos más primarios, ya habían pasado muchos años, pero esas cosas no se olvidan.

Jamás.
 

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