Fantasías sexuales de las españolas 2º parte

De todos tus relatos, Amigo Luis, este es el más me está costando leer.
Tengo sentimientos diferentes: Rabia, pena y ganas de que la pillen de una vez.
Es una pena que no haya sabido ser fuerte y no recurrir a lo que ha recurrido al sentirse soja y rechazada.
Puedo entender que su familia se ha portado fatal con ella y Jaime ha dejado mucho que desear, pero no es nadie para hacer lo que está haciendo.
En fin, que va a terminar muy mal y no me va a dar pena.
Intuyo que viene una conexión entre todos los personajes pronto y confío en que la coja Miguel antes de que se cargue a alguien en Madrid.
 
De todos tus relatos, Amigo Luis, este es el más me está costando leer.
Tengo sentimientos diferentes: Rabia, pena y ganas de que la pillen de una vez.
Es una pena que no haya sabido ser fuerte y no recurrir a lo que ha recurrido al sentirse soja y rechazada.
Puedo entender que su familia se ha portado fatal con ella y Jaime ha dejado mucho que desear, pero no es nadie para hacer lo que está haciendo.
En fin, que va a terminar muy mal y no me va a dar pena.
Intuyo que viene una conexión entre todos los personajes pronto y confío en que la coja Miguel antes de que se cargue a alguien en Madrid.

Siento mucho el disgusto que te estoy dando pero es que este relato era un poco especial.

Amigo Carlos, tómatelo solo como una historia de ficción igual que si estuvieras viendo una peli de psicópatas. Nada más lejos de mi intención que alterarte negativamente el ánimo. A la novela no se va solo a reír, a excitarse o a soñar en positivo, también forma parte de la diversión pasar un poco de miedo, soltar alguna lágrima o para variar ponernos en la piel de un asesino. Al menos así lo veo yo. Solo deseo que disfrutéis de mis relatos y que no os dejen indiferentes y para eso a veces es necesario cambiar de registro, que uno ya está muy visto jajajaa.

La verdad es que me apetecía hacer algo de relato negro, no es casualidad que las dos historias más largas y yo creo que más completas de las dos series sean la de Esther y la de Paloma.

Tuve muchas dudas acerca de hasta donde debía narrar y qué tono debería darle a los personajes especialmente al de Elena Barrientos. Decidí que tenía que ser veraz y creíble y eso implica hacer el relato más duro entrando en detalles. El tono crudo y descarnado debía ser la guía para el personaje.

No sé si al final habré acertado o no, vosotros/as sois los que tenéis que opinar si os ha gustado.

Un abrazo y para la semana que viene, una vez finalice Esther, pongo su continuación y cierro ya por fin la serie de fantasías sexuales de las mujeres.
 
Siento mucho el disgusto que te estoy dando pero es que este relato era un poco especial.

Amigo Carlos, tómatelo solo como una historia de ficción igual que si estuvieras viendo una peli de psicópatas. Nada más lejos de mi intención que alterarte negativamente el ánimo. A la novela no se va solo a reír, a excitarse o a soñar en positivo, también forma parte de la diversión pasar un poco de miedo, soltar alguna lágrima o para variar ponernos en la piel de un asesino. Al menos así lo veo yo. Solo deseo que disfrutéis de mis relatos y que no os dejen indiferentes y para eso a veces es necesario cambiar de registro, que uno ya está muy visto jajajaa.

La verdad es que me apetecía hacer algo de relato negro, no es casualidad que las dos historias más largas y yo creo que más completas de las dos series sean la de Esther y la de Paloma.

Tuve muchas dudas acerca de hasta donde debía narrar y qué tono debería darle a los personajes especialmente al de Elena Barrientos. Decidí que tenía que ser veraz y creíble y eso implica hacer el relato más duro entrando en detalles. El tono crudo y descarnado debía ser la guía para el personaje.

No sé si al final habré acertado o no, vosotros/as sois los que tenéis que opinar si os ha gustado.

Un abrazo y para la semana que viene, una vez finalice Esther, pongo su continuación y cierro ya por fin la serie de fantasías sexuales de las mujeres.
Que va, para nada estoy disgustado.
Lo que pasa es que es una historia dura y difícil, distinta a lo habitual.
Lo que pasa es que me pongo en el punto de vista de ella y creo que ha escogido un camino muy equivocado y me da pena, porque para nada era una mala chica.
Pero no ha tenido a nadie que le apoye y le lleve por el buen camino y por eso creo que está haciendo cosas atroces.
Además yo veo las series de Series sobre asesinatos y eso como Crimen en el Paraíso o Crimen en el Trópico es algo que no me disgusta para nada.
Pero es lo que digo, me da mucha pena el camino que ha cogido la protagonista porque no es una mala chica, pero el poco cariño recibido le ha afectado y llevar a hacer cosas que con cariño y protección familiar, no hubiera hecho seguro.
 
De todos tus relatos, Amigo Luis, este es el más me está costando leer.
Tengo sentimientos diferentes: Rabia, pena y ganas de que la pillen de una vez.
Es una pena que no haya sabido ser fuerte y no recurrir a lo que ha recurrido al sentirse soja y rechazada.
Puedo entender que su familia se ha portado fatal con ella y Jaime ha dejado mucho que desear, pero no es nadie para hacer lo que está haciendo.
En fin, que va a terminar muy mal y no me va a dar pena.
Intuyo que viene una conexión entre todos los personajes pronto y confío en que la coja Miguel antes de que se cargue a alguien en Madrid.
No se pueden tener sentimientos por un/a psicópata, pero al conocer lo mal que lo pasó, la violacion y todo lo demás, empiezas a generar sentimientos hacia esa persona. Y se te cruzan los cables 😤😤😤😤.
Luis “juega” muy bien con el personaje. No te deja que lo odies del todo (como puedes odiarlo a muerte sabiendo por lo que ha pasado). Eso es lo que genera esa angustia.

Carlos te queda mucho relato todavía, terminar la primera parte y toda la segunda.
“Distánciate” un poco y disfruta de la escritura de Luis.

Y el que sea más largo de lo “normal’ me gusta mucho. Mas para disfrutar 😀😀😀😀😀

Como dije en una ocasión PURA NOVELA NEGRA.
 

Claudia​


- Miguel: voy a divorciarme.


Calalberche vuelve la cabeza hacia ella. Sus caras quedan muy cerca, están juntos en la cama, tumbados boca arriba y hasta ahora cada uno parecía pensar en sus cosas tras haber hecho el amor.


- ¿Cómo?


- Voy a divorciarme - dice ella convencida, asintiendo con la cabeza mientras pronuncia cada una de las palabras. Quiere transmitir seguridad, inevitabilidad y convencimiento a su amante.


- Pero ¿estás segura? vas a poner tu vida y la de tu hija patas arriba.


- Esto ya está hecho Miguel, no hay que darle más vueltas, ahora toca pensar en el próximo paso.


- ¿El próximo paso?


- Mañana se lo diré a mi marido, ya lo tengo hablado con la abogada. Me quedo con la niña y si no pone muchas pegas aceptaré la custodia compartida. Quiero irme de la casa así que o acepta venderla, o me busco un alquiler y tendrá que pagar parte. Quiero un piso cerca del trabajo. Si vendemos la casa puedo comprar un piso de tres o cuatro habitaciones, suficiente para nosotros.


- ¿A qué te refieres diciendo para nosotros? - pregunta un cada vez más inquieto Calalberche.


- Miguel ¿no te gustaría que viviéramos juntos?


Hasta la misma Claudia puede notar que se estremece la cama


- ¿Te refieres juntos como…?


- Sí, como marido y mujer.


- ¡No me jodas Claudia, a estas alturas! ¿Pero te estás oyendo?


- Pues claro que me estoy oyendo, eres tú el que no te escuchas. Miguel, necesitas estabilidad, un hogar, alguien que te quiera ¿no te gustaría que dejáramos de escondernos, que pudiéramos dormir juntos todas las noches? Y mírate, si estás siempre hecho una facha. Yo podría cuidar de ti: no te vistes bien, ni te alimentas bien, estás siempre desquiciado… podría darte estabilidad y tranquilidad.


- Claudia ¿y qué es lo que te daría yo a ti? no puedo darte nada.


- No seas tonto, claro que sí, ya me lo estás dando: me das cariño, me das placer, mi marido no me toca como me tocas tú, ni me hace el amor como tú, ni me siento tan viva salvo cuando estoy contigo en la cama… eso es lo que pido, nada más ¿te parece mucho?


Miguel se revuelve en la cama. Está inquieto y malhumorado, no le gusta ser el protagonista de una ruptura, la causa, el efecto. Lo de Claudia siempre ha sido un aparte, aunque tiene razón: le da estabilidad, le hace sentirse bien, pero nunca pensó que eso podía degenerar en la quiebra de su matrimonio.


- No quiero cargar con esa culpa ni con esa responsabilidad.


- Si dudas es que no me quieres.


- Claudia no me vengas con esas…


- Prométeme que lo pensarás Miguel, seguro que si lo piensas tranquilamente te darás cuenta que es lo mejor.


- Mira, no me hagas responsable de tus movidas con tu marido.


- No es eso, cariño...


De repente se instala un silencio incómodo entre los dos que finalmente acaba rompiendo Claudia.


- ¿Ves? te acabo de llamar cariño, me ha salido sin más, a ti es a quien quiero y estoy segura que tú me amas a mí ¿Qué hay de malo en todo esto Miguel? tenemos ya una edad ¿vamos a dejar que parta este tren sin subirnos? nos arrepentiremos toda la vida de haber dejado pasar esta oportunidad.


Él se incorpora y se sienta en la cama.


- ¿Dónde vas?


- A que me dé el aire y luego a mi casa.


- Miguel, necesito una respuesta.


- Tú ya has tomado tu decisión.


- Pero necesito saber si estás conmigo.


- No te puedo prometer nada.


- ¡Por Dios Miguel! simplemente prueba a dejarte querer…


Calalberche se levanta, se viste y se marcha apresurado, no le gusta el cariz que ha tomado la conversación. Es de los que nunca toma las decisiones en caliente y esa es una decisión muy importante.


Algo se remueve en su interior, algo que le recuerda el sexo bueno, intenso y rodeado de cariño que le profesa Claudia. Lo de antes le ha sonado a ultimátum ¿será capaz de vivir sin ella, sin estos momentos? El cuerpo le pide estabilidad, le pide un proyecto de futuro, le pide un regazo acogedor al que volver cada día, pero su mente está en otros parámetros. Él tiene una misión que da sentido a su vida, un orden que tiene que seguir y romper con todo eso le deja colgado del vacío. Sea lo que sea lo que decida, le va a suponer una movida.


Llega a casa y se sirve un vaso de leche fría. Miguel apenas bebe si exceptuamos la copa de coñac de los fines de semana. Tiene una botella de tinto abierta en el frigo (que ya se le habrá picado seguramente) y dos latas de cerveza que sobreviven de un pack de seis que compró hace una semana. Pasea la vista por su destartalado apartamento. Cocina con cacharros de por medio, paquetes de sopas rápidas y comida precocinada en la despensa, el salón lleno de polvo, las cortinas mugrosas...quizás Claudia tenga razón. Su vida es un desorden obsesivo. Lleva años persiguiendo un fantasma y se olvidado de vivir su vida. Bien es cierto que no tenía otras necesidades hasta ahora. Estaba a gusto con su trabajo y tan bien tratando de seguir la pista de José Marchena, que no ha echado de menos otras cosas hasta que Claudia entró en su vida. Una ventana abierta que aireó la estancia cerrada de sus sentimientos. Una aventura al principio. Sexo tranquilo pero intenso. Y luego sentimientos que a Miguel le cuesta identificar y clasificar, en eso está bastante oxidado, pero se deja guiar por ella, mucho más experta. Y ahora se siente un poco agobiado ¿ha sido todo una encerrona? ¿Lo está usando Claudia para cambiar su propia vida?


Hubiera preferido que todo siguiera igual, dos mundos distintos que solo se unen un par de horas para darse placer y para equilibrarse emocionalmente, y luego, vuelta a la rutina, bendita rutina. Miguel no acaba de verse compartiendo su vida las veinticuatro horas con Claudia, no por ella, sino por él: duda de que esté a la altura, de que pueda hacerla feliz, darle lo que necesita. Y además con una adolescente de por medio ¡Vaya repeluco! piensa mientras sacude la cabeza. No se imagina a una chica joven andando por casa, alterando sus rutinas, reclamando atención, quizás pidiéndole que adopte el rol de padre. Vamos, todo el pack completo.


Demasiadas cosas de golpe para un desconcertado Miguel, que ha hecho un arte de simplificar su existencia. Sacude su cabeza y se va al dormitorio donde se desviste y se pone cómodo con un chándal. Por un momento contempla la posibilidad de refugiarse en la habitación donde bucea entre archivos, analizando y revisando todo aquello que tiene del Chata, pero finalmente decide salir un rato a correr a ver si se despeja y consigue aclararse los pensamientos.
 
Miguel no puede ser tan egoísta y por una vez debe intentar formar una pareja.
Me ha parecido muy fea su reacción y espero que sepa a estar a la altura y acepte, porque Claudia ha sido muy valiente y se merece que él de el paso. Espero que no me decepcione.
 

Esther​


- Gracias por traerme - dice Esther.


- No hay problema - responde Maxim - Siempre que te esperes a que acabe te puedo acercar a casa. Oye ¿seguro que estás bien?


- Sí, sí, ya te he dicho que posiblemente solo sea una tontería. Últimamente estoy algo sensible y me da por pensar que alguien me sigue o que puedo tener un cuento mal encuentro. No sé por qué estoy así, antes nunca había tenido miedo de andar sola.


- Pero ¿hay alguien que te haya molestado en el bar o fuera?


- No, que va…


- Oye - murmura Maxim pegándose a ella quizá un poquito más de lo debido - ¿no será qué quieres invitarme a subir y no sabes cómo decírmelo?


- Para eso no tengo que montar tanto teatro, jajajajaa…


- Bueno no sé ¿tan segura estás de que voy a aceptar?


- Pues vamos a ver ¿quieres subir a tomar una copa?


- ¿A ti te gustaría que subiera?


- Quizás.


- A mí no me puedes comprar con un quizás, nena. Ya te dije en una ocasión que no subiría hasta que no estuvieras segura.


Esther arruga un poco la nariz, haciendo un mohín que no se sabe muy bien si quiere indicar enfado o desconcierto.


- Maxim, últimamente no estoy segura de nada. Pero me siento bien a tu lado. Me atraes, de verdad que me atraes, pero no sé cómo va a responder mi cuerpo. Tengo fantasías ¿sabes? pero luego, a la hora de la verdad temo rechazarte. Ya me pasó con Montse.


- ¿Con Montse? ¡Vaya, eso sí que no lo sabía!


- No se lo hemos contado a nadie, es nuestro secreto, pero un día volviendo del pub nos enrollamos en el coche.


- ¿Y qué pasó? - pregunta Maxim divertida.


- No te rías de mí, boba.


- Venga, va: cuéntamelo.


- Bueno, digamos que fue excitante en mi mente pero hubo un momento en que empecé a sentir rechazo a lo que estábamos haciendo. Dejé de sentir placer. Sus dedos… los tenía… en fin, los tenía dentro y comencé a sentir molestias. Tuvimos que parar.


- Quizás no fue delicada…


- Te puedo asegurar que sí, que tuvo un cuidado exquisito conmigo: Montse me quiere mucho ¿sabes? Fue mi cuerpo el que se rebeló, quizás es que todavía no estoy preparada para esto. Lo curioso es que luego me masturbo como una loca pensando en lo que sucedió y tengo unos orgasmos brutales.


- ¿Conmigo también?


- ¿Cómo dices?


Maxim se pega a ella, ahora ya hay contacto, no corre el aire entre las dos.


- Te pregunto si conmigo también te masturbas.


- Desde la primera noche que te conocí – responde impulsivamente.


Maxim la toma de la cintura y la aprieta contra sí. Acerca los labios a los suyos y en el último momento deja el beso colgado en el aire. Gira la cabeza y le roza el cuello con la boca, dándole un pequeño mordisco. Esther se deja. Nota que se humedece con la caricia, el cuello es su punto débil, y también con el contacto con el cuerpo duro y musculado de la camarera.


Esther se remueve un poco inquieta, están en la puerta del bloque dónde vive y aunque es tarde y no se ve a nadie por la calle, teme que algún vecino pueda verla.


- ¿Qué pasa? ¿Te da vergüenza?


- Bueno, es que la calle no me parece el mejor sitio para salir del armario - Contesta bromeando, aunque en el fondo le pone estar allí, en la puerta de su casa con Maxim metiéndole mano.


Ahora sí llega el beso con lengua, junto con dos manos que se meten entre la tela del pantalón y le agarran las nalgas, tirando de ellas hacia arriba mientras las chicas restriegan los pubis.


Esther nota como se moja. Una pegajosa humedad empapa sus bragas. Tira de Maxim hasta el portal, abre la puerta y entran, quedándose junto a ella. Se vuelven a besar y reparten caricias. La mano de la camarera se abre paso desabrochándole el pantalón y busca el sexo. Es una caricia dura, directa. El cuerpo rudo de la chica tampoco parece de mujer, es como si fuera un hombre el que le está metiendo mano. Esther va venciendo sus reparos, en esta ocasión su cuerpo sí que reacciona y su clítoris se hincha casi hasta dolerle ¡Vaya locura! Cuando la luz se apaga y el portal queda en la oscuridad, Maxim tira de ella a un rincón y le baja los pantalones hasta medio muslo tirando también de las bragas. La besa a la vez que le introduce un dedo y la masturba furiosamente. Ella empieza a gemir y a moverse buscando el contacto. Un segundo dedo en su vagina no le molesta, al contrario, se siente más llena y el roce aumenta el placer que siente. “Me está pajeando una tía”, piensa echando más leña al morbo.


Es demasiado para ella y el orgasmo le llega de súbito, casi sin avisar. Se corre de pie, hecha un sándwich entre la pared y Maxim mientras ella la besa en la boca. Es como una explosión en su sexo; el cerebro recibe una descarga brutal de endorfinas y adrenalina; las piernas le tiemblan y cree perder por un instante la conciencia. Maxim la sujeta contra ella, abrazándola e impidiendo que se tambalee.


Intenta recuperar el resuello, la cabeza contra el cuello de la chica, la boca casi en su pecho. Puede sentir el latir tranquilo de su corazón en contraste con lo acelerado del propio, que tarda todavía un rato en recuperar su ritmo normal.


- Uffffff… ¡Madre mía! - Exclama sonriendo pero todavía un poco ida, sin saber muy bien cómo continuar la conversación.


- Bueno pues parece que te has estrenado - dice Maxím mientras retira los dedos de su entrepierna y los observa de cerca, viendo como están chorreando de flujo.


Ella retira la mirada un poco avergonzada. Se separa de Maxim y trata de componerse ajustándose las bragas y subiéndose los pantalones.


- ¿Quieres que continuamos arriba?


- No sé si he tenido bastante por hoy, creo que tengo que digerirlo.


- Le das muchas vueltas a las cosas, Esther. Es solo sexo, no pasa nada. No te agobies ni pienses que a partir de ahora ya no te van a gustar los chicos.


- Es que contigo ha sido… no sé, ha sido diferente a Montse, tú pareces más...- duda si continuar la frase pero Maxim la anima.


- ¿Más…?


- Pareces más un hombre que una mujer, quizás por eso me ha gustado. No te comportas como una chica...


- Y eso te pone.


- Sí, me pone mucho – reconoce.


- ¿Entonces? ¿Continuamos en un sitio más cómodo?


- Bueno, si quieres subir...


Maxim cree detectar de nuevo la duda. Demasiado rápido todo para ella, de modo que le da un beso en los labios, suave, esta vez sin lengua.


- Hasta otro día, guapa.


- ¿Te vas?


- Te dije que no subiría hasta que no estuvieras segura del todo. No te preocupes, no tengo prisa. Merece la pena esperar… no lo hago por cualquiera ¿sabes?


Esther la ve abrir el portal y marcharse mientras le dedica una última sonrisa ¡Puff! resopla llevándose la mano al corazón. Vaya nochecita. Decide subir por las escaleras. Lo hace despacio, escalón a escalón, pensando en todo lo que acaba de suceder. Está un poco confusa pero contenta. Le ha gustado, ha sido un subidón. Y desde luego está dispuesta a repetir.


De repente se acuerda de Montse: ¿Debe decirle algo a su amiga o mejor callarse? ¿Se enfadará si se entera que ha preferido a Maxim? ¿Cómo explicarle que ella sí la hace disfrutar? Esther ha dado un primer paso de la fantasía a la realidad, pero ha tenido que ser de la mano de una chica un poco andrógina, jugando entre dos aguas. Las caricias dedicadas y sensibles de su amiga no acababan de hacerla entrar en situación. Quizás ahora que ha dado el paso, sea diferente. En cualquier caso mejor no hacer experimentos: si le está yendo bien con Maxim seguirá con ella a ver qué pasa, a ver dónde desemboca todo esto. Decide que de momento no le va a comentar nada a Montse y le pedirá a la camarera que sea discreta. Más adelante quizás… no quiere a Montse como amante sino como amiga.


Se quita la ropa y se mete en la ducha. Está sudada y con la entrepierna llena de restos de flujo. Justo antes de abrir el grifo oye el timbre de la puerta. Se pone un albornoz y sale rápido ¿quién será a esas horas? debe ser algún vecino pero ¿cuál? Con las prisas se olvida de mirar o de preguntar quién es, abre directamente.
 
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