creadordesensaciones
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Capítulo 12
Alguien quiere que caigas
MADRID 2019
Alberto volvía a estar frente a la verja de aquella gran casa.
- Buenos días Soy Alberto.
- Buenos día Señor, adelante.
La puerta inició su apertura chirriando y Alberto avanzó con su vehículo hasta aparcarlo bajo el mismo árbol del día anterior.
- Buenos días don Alberto.
- Buenos días Lucia, ¿Cómo está Elías?
- Parece que hoy está mucho mejor, pase, pase.
- Gracias.
- ¿Le apetece tomar algo?
- No gracias, de momento no.
- El Señor Elías está en el jardín, pase usted, que le espera.
Y Alberto volvió a atravesar aquella sala que daba acceso al jardín.
- Elías, Buenos días, ¿Qué tal te encuentras?
- Pues bien, un poco más mayor que ayer.
- Estás bien, no pierdes el sentido del humor.
- Si lo pierdo… ¿Qué me queda?
- Tienes razón.
Sanchís, se recolocó en su sillón de mimbre, se colocó las gafas y miró a Alberto.
- ¿Qué ha pasado?
- Nos abren expediente, por una obra…
- ¿Habéis hecho algo mal?
- Hemos hecho lo de siempre…
- Te lo dije, ten cuidado.
- Pero no sé de qué tengo que tener cuidado.
- Mira Alberto. El estudio ya no es aquel sueño de tres amiguetes arquitectos, ahora es una empresa que factura muchos euros, muchos.
- Ya, pero…
- Siempre que una empresa sea de lo que sea, venda huevos o venda melones, siempre que genere mucho beneficio, van a aparecer los buitres.
- Pero aquí no hay buitres… Miguel es...
- Miguel es un Buitre, que le da igual la arquitectura, las obras, los proyectos… a ese chico solo le interesa el dinero, cuanto más mejor.
- Pero su padre… a mí no se me ocurriría...
- Tú no eres Miguel, a ti te importan las obras, los proyectos, te gusta diseñar, te gusta crear espacios, tú eres arquitecto…
- Sigo sin entender a Miguel.
- Miguel es un empresario, su objetivo es ganar dinero, cueste lo que cueste. Él tiene que escurrir la vaca, sacarle toda la leche, y cuando no de más, vender la vaca y comprarse otra cosa, que le siga reportando beneficios.
- Muy bien, ¿y eso qué tiene que ver conmigo?
- Joder Alberto… Eres el jefe de la 7, el departamento que coordina proyectos, si te tiran a ti, se tambalea la estructura. Después será mucho más fácil dar un empujoncito y ver cómo se desmorona todo.
- ¿Y no se puede hacer nada?
- Claro que se puede, pero me tengo que morir jajajajaja.
- No jodas Sanchís.
- Jajajaja, no has abierto el sobre, por lo que veo.
- No, estuve tentado pero no.
- ¿Lo has traído?
- Claro.
- Ábrelo.
- Pero dijiste, y has dicho que da igual, que tú tienes…
- Alberto, hijo, ábrelo.
Alberto sacó el sobre del bolsillo interior de su cazadora y lo miró, como lo miró el día anterior.
- Ábrelo Alberto.
Alberto se inclinó sobre la mesa y cogió el cuchillo que Elías había usado para su fruta, lo limpió en una servilleta e introdujo la punta en una esquina del sobre. Lo rasgó y miró en su interior.
Sacó un pliego de papeles, los desplegó.
- ¿Qué es esto Elías?
- Lee, coño, y no preguntes estupideces.
Alberto fue leyendo en silencio. Iba pasando de una línea a otra… para cuando llegó al final, varias dudas le asaltaban.
- Creo entender, que el estudio es de los tres socios.
- Correcto.
- Que al faltar Salgado, su parte pasó a su hijo.
- Exacto.
- Y que las dos partes restantes, son de Nervión y tuya.
- Vas bien.
- Que si falta Nervión, su parte pasaría a ti, y viceversa. O sea que actualmente, las dos partes son tuyas…
- Eso es. ¿Qué más?
- Que el día que falten los dos socios, toda la parte correspondiente a ellos pasara a mí. ¿A mí?
- A ti Alberto, a ti. Por eso me tengo que morir ja ja ja.
- No lo digas ni en broma, jamás…
- Tranquilo, no te quiero tanto ja, ja, ja, como para morirme por ti.
- Entonces… Miguel solo tiene un tercio de la empresa…
- Sí, Sí, todo eso es correcto y las matemáticas dicen que dos es más que uno. Se me está secando la garganta, Luciaaaa, Luciaaaa.
Sanchís, carraspeó. Lucía salió al jardín…
- Dígame Señor.
- Tráenos dos cervezas, se me seca la boca de tanto hablar, la falta de costumbre.
- Claro conmigo no quiere hablar.
- Porque solo me hablas para decirme que no haga cosas…
- Ahora mismo se las traigo.
Sanchís volvió a mirar a Alberto que miraba al final del jardín, con la mirada extraviada.
- Lo que te decía, en las empresas, a veces, dos no es más que uno.
- Eso no lo entiendo…
- A ver Alberto, una cosa es quién sea el dueño… Pero luego está el consejo de administración, que decide sobre las cosas de la empresa.
- Pero si la empresa es vuestra, tuya…
- A ver las decisiones importantes, no las del día a día, las importantes, se votan. El consejo de administración se reúne, y llegan a un acuerdo o no, sobre su voto, pero es uno. Luego está el voto de cada una de las tres partes, total que hay cuatro votos.
- Entonces podría haber empate…
- No, en caso de empate, manda el voto del presidente.
- Miguel…
- Exacto.
- O sea, que si el consejo, está de parte de Miguel, da igual lo que tú digas.
- Pero el consejo no está de parte de Miguel, siempre, solo algunas veces, y ahí entra el Carlos ese de los cojones, que se dedica a presionar a los miembros del consejo.
- Joder que lío.
- No es un lío, es política.
- ¿Quiénes formas el consejo?
- Uff ahora mismo no lo sé, no me acuerdo, son siete, de distintas empresas afines al estudio.
- Claro, Lourdes me dijo, que ahora viajaba mucho más porque tenía que reunirse con socios…
- Lourdes es tu amiga ¿verdad?
- Sabes quién es Lourdes.
- Sí ya sé quién es Lourdes dijo Sanchís con tono de no soy tonto.
- Lo que te pregunto, Alberto, es si es TU AMIGA.
- Sí, es amiga mía…
- ¿Quedasteis bien?
- ¿Que si quedamos bien? ¿Cuándo?
- Alberto, ¿de verdad, tú crees que yo alguna vez en mi vida… He sido gilipollas?
Alberto le miró confundido.
- No, claro que no.
- Lourdes era tu pareja… antes de irte a Zaragoza.
- Sí, pero ¿eso qué tiene que ver?
- Pues te pregunto, ¿quedasteis bien?
- Sí, no éramos exactamente pareja, éramos…
- Vale, erais.
- Eso.
- Pues ahora va a tener que demostrarte si es muy amiga, un poco amiga, o no es de fiar.
- Mira me estoy perdiendo… Me estás contando, que voy a heredar el estudio…
- Dos partes de tres.
- Me da igual, que voy a heredar, que me tengo que pelear con siete personas del consejo de administración, para evitar que Salgado, se haga con el control y venda el estudio. ¿Lo he entendido?
- Casi.
- ¿Cómo que casi?
- Si alguna vez cometieras algún delito fiscal, si alguna vez se te condenaran por algún delito fiscal… No podrías pertenecer al accionariado de la empresa. Está en los estatutos.
- ¿A quién se le ocurrió eso?
- A mí, a Salgado y a Julio.
Alberto estaba atando cabos, estaba asimilando todo lo que le había contado Sanchís.
- Señor, las cervezas.
- Gracias Lucía.
Lucía se inclinó para dejarlas en la mesa, justo en el momento que Alberto salía de sus ensoñaciones, miró a Lucía, y vio la blusa de la mujer ahuecada, y sus dos pechos colgando en libertad dentro de la misma. Tenía unas tetas bonitas, no excesivamente grandes, con unos pezones súper oscuros. Fue un instante, alzó la vista, y los ojos de Lucía se clavaron en los suyos. Alberto apartó la mirada.
- Si no necesitan nada más…
- No Lucía, está bien.
Lucía miro a Alberto.
- ¿El señor tampoco?
- No, no Lucía Gracias.
Ella giró y volvió a entrar en la casa.
- Tienes que evitar, a toda costa que ese expediente llegue a buen puerto.
- ¿Y cómo hacemos eso?
- Cuando se abre un expediente, lo investiga un departamento de cuentas, luego las conclusiones llegan al consejo de administración, que decide qué solución dar.
- O sea que quien decide es el consejo…
- Por eso necesitas a tu amiga Lourdes. Necesitas conocer a los miembros del consejo, qué empresas lo forman…
- Madre mía, que jardín.
- Alberto, piensa que lo que está en juego, finalmente, no eres tú, es la empresa, tú eres el eslabón de la cadena que hay que romper…
Alberto se quedó pensativo, tras un rato en aquel jardín con Elías, decidió marcharse, había quedado a comer con José y Lourdes.
- Elías, me voy.
- Espero que sepas tomar buenas decisiones.
- Espero que sí. Si es por mí, esta empresa no va a caer, te lo aseguro.
- Ten cuidado Alberto. Ten cuidado.
Alberto se dio la vuelta entró en la casa y se dirigía a la salida:
- Ya se va Alberto?
- Sí, Lucía, gracias, cuídale.
Lucía se acercó a Alberto y le dio dos besos a modo de despedida, mientras le pegaba las tetas al cuerpo.
- Lucía…
- ¿No le ha gustado lo que ha visto?
- Yo, no… sí.
- Hasta otro día. Vaya con cuidado.
Salió de la casa, con la mente en las tetas de Lucía, en su insinuación y los muchos problemas que le venían encima.
José Alberto, sentado en la mesa, pidió una cerveza, mientras esperaba a sus amigos.
- Hola José, ¿No ha llegado Alberto aun?
- Lourdes, hola, no, debe estar al llegar.
- Has conseguido…
- Vais a flipar. Va-is-a-fli-par.
- Llevo toda la mañana preocupado. ¿Qué hemos hecho mal?
- Posiblemente nada.
En ese momento entraba Alberto en el comedor.
- Hola, ¿Qué tal?
- Estoy nervioso, no sé qué hemos podido hacer mal…
- Nada, no hemos hecho nada mal. Nos están buscando…
Lourdes lo confirmó con la cabeza y de su bolso sacó una carpeta.
- Mirad. Esto es lo que he conseguido de Buendía, y de Salgado por cierto.
- ¿De Salgado? Preguntó José
- Sí, de los dos, ya que tengo que hacer una ilegalidad, la hago bien ¿no?
Alberto abrió la carpeta y tras examinar los papeles miró a Lourdes poniendo cara de duda.
- Esto quiere decir…
- Esto quiere decir que Buendía lleva algún tiempo haciéndose con acciones de distintas empresas y Salgado también. Forman parte de los accionariados de muchas empresas, y de otras que no existen.
José escuchaba con los ojos abiertos como platos.
- ¿Son corruptos?
- Yo no diría corrupto, es una práctica habitual, te haces con activos de una empresa y luego consigues que esa empresa no funcione bien y la vendes.
- Madre mía, o sea que quieren vender…
- Pues si eso os flipa, yo me acabo de enterar de que soy heredero de esta empresa.
Lourdes le miró con asombro, mientras José, que estaba bebiendo, hizo el aspersor.
- ¿Cómo dices?
- Pues eso, que resulta que cuando Sanchís fallezca, su parte y la de Don Julio, serán mías.
Los dos amigos miraban a Alberto. Se debatían entre alegrarse, sorprenderse…
Fue Lourdes la que dijo:
- Pero… ¿Cómo que eres heredero?
- Que Don Julio y Sanchís, fueron hace años a una notaría y dejaron por escrito, que sus respectivas partes eran del uno o del otro y cuando falten los dos, mías.
- ¿Y lo dices como quien dice que ha visto un perro ladrar? Le preguntó José.
- ¿Y cómo quieres que lo diga?
- No sé, tío eres heredero de dos terceras parte de esta empresa, tío, ¿tú sabes el dinero que factura esta empresa?
- Es más complicado…
Y mientras comían, les fue dando detalles de la conversación con Sanchís, de los problemas que les acarrearía que un expediente llegara al consejo…
Lourdes pensativa preguntó:
- Entonces, ¿el expediente es para quitarse de en medio la7? ¿O para quitarte de en medio a ti?
- ¿No te entiendo? ¿Qué más da?
- A ver Alberto, si no llegas a heredar, se quitan un problema…
- Pero ellos no creo que sepan…
- Entonces, lo que quieren es hacer caer la7.
- Aun así, ¿qué diferencia hay? Preguntó José.
- Si la 7 cae, el expediente es para el departamento, no para Alberto. Por lo tanto, Alberto podría ser accionista…
- Y una vez dentro, destapar las tramas y…
- Y hacerles caer…
Alguien quiere que caigas
MADRID 2019
Alberto volvía a estar frente a la verja de aquella gran casa.
- Buenos días Soy Alberto.
- Buenos día Señor, adelante.
La puerta inició su apertura chirriando y Alberto avanzó con su vehículo hasta aparcarlo bajo el mismo árbol del día anterior.
- Buenos días don Alberto.
- Buenos días Lucia, ¿Cómo está Elías?
- Parece que hoy está mucho mejor, pase, pase.
- Gracias.
- ¿Le apetece tomar algo?
- No gracias, de momento no.
- El Señor Elías está en el jardín, pase usted, que le espera.
Y Alberto volvió a atravesar aquella sala que daba acceso al jardín.
- Elías, Buenos días, ¿Qué tal te encuentras?
- Pues bien, un poco más mayor que ayer.
- Estás bien, no pierdes el sentido del humor.
- Si lo pierdo… ¿Qué me queda?
- Tienes razón.
Sanchís, se recolocó en su sillón de mimbre, se colocó las gafas y miró a Alberto.
- ¿Qué ha pasado?
- Nos abren expediente, por una obra…
- ¿Habéis hecho algo mal?
- Hemos hecho lo de siempre…
- Te lo dije, ten cuidado.
- Pero no sé de qué tengo que tener cuidado.
- Mira Alberto. El estudio ya no es aquel sueño de tres amiguetes arquitectos, ahora es una empresa que factura muchos euros, muchos.
- Ya, pero…
- Siempre que una empresa sea de lo que sea, venda huevos o venda melones, siempre que genere mucho beneficio, van a aparecer los buitres.
- Pero aquí no hay buitres… Miguel es...
- Miguel es un Buitre, que le da igual la arquitectura, las obras, los proyectos… a ese chico solo le interesa el dinero, cuanto más mejor.
- Pero su padre… a mí no se me ocurriría...
- Tú no eres Miguel, a ti te importan las obras, los proyectos, te gusta diseñar, te gusta crear espacios, tú eres arquitecto…
- Sigo sin entender a Miguel.
- Miguel es un empresario, su objetivo es ganar dinero, cueste lo que cueste. Él tiene que escurrir la vaca, sacarle toda la leche, y cuando no de más, vender la vaca y comprarse otra cosa, que le siga reportando beneficios.
- Muy bien, ¿y eso qué tiene que ver conmigo?
- Joder Alberto… Eres el jefe de la 7, el departamento que coordina proyectos, si te tiran a ti, se tambalea la estructura. Después será mucho más fácil dar un empujoncito y ver cómo se desmorona todo.
- ¿Y no se puede hacer nada?
- Claro que se puede, pero me tengo que morir jajajajaja.
- No jodas Sanchís.
- Jajajaja, no has abierto el sobre, por lo que veo.
- No, estuve tentado pero no.
- ¿Lo has traído?
- Claro.
- Ábrelo.
- Pero dijiste, y has dicho que da igual, que tú tienes…
- Alberto, hijo, ábrelo.
Alberto sacó el sobre del bolsillo interior de su cazadora y lo miró, como lo miró el día anterior.
- Ábrelo Alberto.
Alberto se inclinó sobre la mesa y cogió el cuchillo que Elías había usado para su fruta, lo limpió en una servilleta e introdujo la punta en una esquina del sobre. Lo rasgó y miró en su interior.
Sacó un pliego de papeles, los desplegó.
- ¿Qué es esto Elías?
- Lee, coño, y no preguntes estupideces.
Alberto fue leyendo en silencio. Iba pasando de una línea a otra… para cuando llegó al final, varias dudas le asaltaban.
- Creo entender, que el estudio es de los tres socios.
- Correcto.
- Que al faltar Salgado, su parte pasó a su hijo.
- Exacto.
- Y que las dos partes restantes, son de Nervión y tuya.
- Vas bien.
- Que si falta Nervión, su parte pasaría a ti, y viceversa. O sea que actualmente, las dos partes son tuyas…
- Eso es. ¿Qué más?
- Que el día que falten los dos socios, toda la parte correspondiente a ellos pasara a mí. ¿A mí?
- A ti Alberto, a ti. Por eso me tengo que morir ja ja ja.
- No lo digas ni en broma, jamás…
- Tranquilo, no te quiero tanto ja, ja, ja, como para morirme por ti.
- Entonces… Miguel solo tiene un tercio de la empresa…
- Sí, Sí, todo eso es correcto y las matemáticas dicen que dos es más que uno. Se me está secando la garganta, Luciaaaa, Luciaaaa.
Sanchís, carraspeó. Lucía salió al jardín…
- Dígame Señor.
- Tráenos dos cervezas, se me seca la boca de tanto hablar, la falta de costumbre.
- Claro conmigo no quiere hablar.
- Porque solo me hablas para decirme que no haga cosas…
- Ahora mismo se las traigo.
Sanchís volvió a mirar a Alberto que miraba al final del jardín, con la mirada extraviada.
- Lo que te decía, en las empresas, a veces, dos no es más que uno.
- Eso no lo entiendo…
- A ver Alberto, una cosa es quién sea el dueño… Pero luego está el consejo de administración, que decide sobre las cosas de la empresa.
- Pero si la empresa es vuestra, tuya…
- A ver las decisiones importantes, no las del día a día, las importantes, se votan. El consejo de administración se reúne, y llegan a un acuerdo o no, sobre su voto, pero es uno. Luego está el voto de cada una de las tres partes, total que hay cuatro votos.
- Entonces podría haber empate…
- No, en caso de empate, manda el voto del presidente.
- Miguel…
- Exacto.
- O sea, que si el consejo, está de parte de Miguel, da igual lo que tú digas.
- Pero el consejo no está de parte de Miguel, siempre, solo algunas veces, y ahí entra el Carlos ese de los cojones, que se dedica a presionar a los miembros del consejo.
- Joder que lío.
- No es un lío, es política.
- ¿Quiénes formas el consejo?
- Uff ahora mismo no lo sé, no me acuerdo, son siete, de distintas empresas afines al estudio.
- Claro, Lourdes me dijo, que ahora viajaba mucho más porque tenía que reunirse con socios…
- Lourdes es tu amiga ¿verdad?
- Sabes quién es Lourdes.
- Sí ya sé quién es Lourdes dijo Sanchís con tono de no soy tonto.
- Lo que te pregunto, Alberto, es si es TU AMIGA.
- Sí, es amiga mía…
- ¿Quedasteis bien?
- ¿Que si quedamos bien? ¿Cuándo?
- Alberto, ¿de verdad, tú crees que yo alguna vez en mi vida… He sido gilipollas?
Alberto le miró confundido.
- No, claro que no.
- Lourdes era tu pareja… antes de irte a Zaragoza.
- Sí, pero ¿eso qué tiene que ver?
- Pues te pregunto, ¿quedasteis bien?
- Sí, no éramos exactamente pareja, éramos…
- Vale, erais.
- Eso.
- Pues ahora va a tener que demostrarte si es muy amiga, un poco amiga, o no es de fiar.
- Mira me estoy perdiendo… Me estás contando, que voy a heredar el estudio…
- Dos partes de tres.
- Me da igual, que voy a heredar, que me tengo que pelear con siete personas del consejo de administración, para evitar que Salgado, se haga con el control y venda el estudio. ¿Lo he entendido?
- Casi.
- ¿Cómo que casi?
- Si alguna vez cometieras algún delito fiscal, si alguna vez se te condenaran por algún delito fiscal… No podrías pertenecer al accionariado de la empresa. Está en los estatutos.
- ¿A quién se le ocurrió eso?
- A mí, a Salgado y a Julio.
Alberto estaba atando cabos, estaba asimilando todo lo que le había contado Sanchís.
- Señor, las cervezas.
- Gracias Lucía.
Lucía se inclinó para dejarlas en la mesa, justo en el momento que Alberto salía de sus ensoñaciones, miró a Lucía, y vio la blusa de la mujer ahuecada, y sus dos pechos colgando en libertad dentro de la misma. Tenía unas tetas bonitas, no excesivamente grandes, con unos pezones súper oscuros. Fue un instante, alzó la vista, y los ojos de Lucía se clavaron en los suyos. Alberto apartó la mirada.
- Si no necesitan nada más…
- No Lucía, está bien.
Lucía miro a Alberto.
- ¿El señor tampoco?
- No, no Lucía Gracias.
Ella giró y volvió a entrar en la casa.
- Tienes que evitar, a toda costa que ese expediente llegue a buen puerto.
- ¿Y cómo hacemos eso?
- Cuando se abre un expediente, lo investiga un departamento de cuentas, luego las conclusiones llegan al consejo de administración, que decide qué solución dar.
- O sea que quien decide es el consejo…
- Por eso necesitas a tu amiga Lourdes. Necesitas conocer a los miembros del consejo, qué empresas lo forman…
- Madre mía, que jardín.
- Alberto, piensa que lo que está en juego, finalmente, no eres tú, es la empresa, tú eres el eslabón de la cadena que hay que romper…
Alberto se quedó pensativo, tras un rato en aquel jardín con Elías, decidió marcharse, había quedado a comer con José y Lourdes.
- Elías, me voy.
- Espero que sepas tomar buenas decisiones.
- Espero que sí. Si es por mí, esta empresa no va a caer, te lo aseguro.
- Ten cuidado Alberto. Ten cuidado.
Alberto se dio la vuelta entró en la casa y se dirigía a la salida:
- Ya se va Alberto?
- Sí, Lucía, gracias, cuídale.
Lucía se acercó a Alberto y le dio dos besos a modo de despedida, mientras le pegaba las tetas al cuerpo.
- Lucía…
- ¿No le ha gustado lo que ha visto?
- Yo, no… sí.
- Hasta otro día. Vaya con cuidado.
Salió de la casa, con la mente en las tetas de Lucía, en su insinuación y los muchos problemas que le venían encima.
José Alberto, sentado en la mesa, pidió una cerveza, mientras esperaba a sus amigos.
- Hola José, ¿No ha llegado Alberto aun?
- Lourdes, hola, no, debe estar al llegar.
- Has conseguido…
- Vais a flipar. Va-is-a-fli-par.
- Llevo toda la mañana preocupado. ¿Qué hemos hecho mal?
- Posiblemente nada.
En ese momento entraba Alberto en el comedor.
- Hola, ¿Qué tal?
- Estoy nervioso, no sé qué hemos podido hacer mal…
- Nada, no hemos hecho nada mal. Nos están buscando…
Lourdes lo confirmó con la cabeza y de su bolso sacó una carpeta.
- Mirad. Esto es lo que he conseguido de Buendía, y de Salgado por cierto.
- ¿De Salgado? Preguntó José
- Sí, de los dos, ya que tengo que hacer una ilegalidad, la hago bien ¿no?
Alberto abrió la carpeta y tras examinar los papeles miró a Lourdes poniendo cara de duda.
- Esto quiere decir…
- Esto quiere decir que Buendía lleva algún tiempo haciéndose con acciones de distintas empresas y Salgado también. Forman parte de los accionariados de muchas empresas, y de otras que no existen.
José escuchaba con los ojos abiertos como platos.
- ¿Son corruptos?
- Yo no diría corrupto, es una práctica habitual, te haces con activos de una empresa y luego consigues que esa empresa no funcione bien y la vendes.
- Madre mía, o sea que quieren vender…
- Pues si eso os flipa, yo me acabo de enterar de que soy heredero de esta empresa.
Lourdes le miró con asombro, mientras José, que estaba bebiendo, hizo el aspersor.
- ¿Cómo dices?
- Pues eso, que resulta que cuando Sanchís fallezca, su parte y la de Don Julio, serán mías.
Los dos amigos miraban a Alberto. Se debatían entre alegrarse, sorprenderse…
Fue Lourdes la que dijo:
- Pero… ¿Cómo que eres heredero?
- Que Don Julio y Sanchís, fueron hace años a una notaría y dejaron por escrito, que sus respectivas partes eran del uno o del otro y cuando falten los dos, mías.
- ¿Y lo dices como quien dice que ha visto un perro ladrar? Le preguntó José.
- ¿Y cómo quieres que lo diga?
- No sé, tío eres heredero de dos terceras parte de esta empresa, tío, ¿tú sabes el dinero que factura esta empresa?
- Es más complicado…
Y mientras comían, les fue dando detalles de la conversación con Sanchís, de los problemas que les acarrearía que un expediente llegara al consejo…
Lourdes pensativa preguntó:
- Entonces, ¿el expediente es para quitarse de en medio la7? ¿O para quitarte de en medio a ti?
- ¿No te entiendo? ¿Qué más da?
- A ver Alberto, si no llegas a heredar, se quitan un problema…
- Pero ellos no creo que sepan…
- Entonces, lo que quieren es hacer caer la7.
- Aun así, ¿qué diferencia hay? Preguntó José.
- Si la 7 cae, el expediente es para el departamento, no para Alberto. Por lo tanto, Alberto podría ser accionista…
- Y una vez dentro, destapar las tramas y…
- Y hacerles caer…